CUADERNOS DE HISTORIA DE LA SALUD PÚBLICA

 

 

APUNTES PARA UNA HISTORIA DEL CÁNCER

 

INTRODUCCIÓN

 

Antes de entrar en la materia propia del libro, en los datos para la historia del cáncer en Cuba, creo oportuno y útil hacer unas observaciones y una reseña muy breve sobre el desarrollo de la medicina y del cáncer universalmente.


Algunas generalidades sobre el cáncer

El cáncer es una enfermedad terrible que padece el ser humano desde que apareció en este planeta. Ha azotado y azota a la humanidad inmisericordemente. En nuestros días es la segunda causa de incidencia y de muerte en casi todo el mundo, superada solamente por las enfermedades cardiovasculares. Es una enfermedad crónica, no es infecciosa, no es contagiosa ni estacional, ocurre en cualquier estación, en cualquier latitud, en países fríos y cálidos, en cualquier raza y sexo, en cualquier edad y en cualquier localización anatómica. Raramente tiene una causa única. Puede curar cuando se diagnostica tempranamente y se trata adecuadamente. La epidemiología es muy importante en su estudio.2

Algunos autores sostienen que el cáncer es una enfermedad de la civilización, que su aumento sigue el curso de esta, a medida que la raza humana ha cambiado sus modos de vida y hay un gran número de causas que influyen en el aumento de la enfermedad. Que la civilización ha traído un abuso en los hábitos alimentarios, se come más, la alimentación se ha ido alejando de sus formas primitivas, las comidas son compuestas, se consumen carnes y otros alimentos congelados, enlatados y en conserva. Se emplean alimentos preparados en grandes cantidades de manera artificial con procedimientos industriales químicos a los cuales se les agregan grasas e irritantes. A todo esto la vida moderna añade más consumo de alcohol, tabaco y, de manera alarmante, drogas, aun en etapas tempranas de la vida. Todo esto introducido por la civilización.

En otras enfermedades, el problema de la información no es tan seria y aparecen más datos como sucede con las epidemias, la peste, el cólera, la fiebre amarilla, el paludismo, la lepra y otras sobre las que encontramos más hechos recogidos en los siglos pasados.


Antigüedad del cáncer

Esta enfermedad que ha padecido el hombre siempre, no es privativa de él, ni apareció con él. Existió en los vertebrados antecesores del hombre, en los dinosaurios. Se han encontrado lesiones patológicas en huesos fósiles de vertebrados del período geológico pleistoceno y en cuevas de Europa.3 De la era mesozoica o edad de los reptiles (hace 6-12 millones de años) se hallaron huesos de monosaurios que revelan lesiones de osteomas, osteosarcomas y hemangiomas óseos. Las huellas de cáncer en los huesos aumentaron en los períodos geológicos siguientes durante las eras cenozoica y holozoica. Esto es una prueba evidente de que el cáncer es más antiguo que el hombre primitivo y que los mamíferos.4,5

En una investigación, Francisco Guerra6 refirió que en huesos pertenecientes a habitantes de diferentes culturas precolombinas se encontraron nuevas alteraciones atribuidas a la presencia de cáncer, sífilis y tuberculosis. Aunque hay otros que lo ponen en duda y han negado la existencia del cáncer en la América anterior a la llegada de los europeos. Pero muchos paliopatólogos, mediante estudios serios, lo han comprobado. Hirdlicka (1914) identificó osteomas craneales pertenecientes a la cultura nazca (200-600 años de nuestra era); McCurly publicó un osteosarcoma gigante parietal en Machu Picchu (1 400 años después de nuestra era); Weiss (1961) encontró cráneos con múltiples huellas de metástasis tal vez de un cáncer de mama y un osteoma del conducto auditivo; Morse identificó huellas de mieloma múltiple; Luna Calderón (1977), reportó huellas de un tumor de células gigantes y también se han señalado metástasis craneales en una momia de Tihuanaco. En las Antillas, en esqueletos taínos y de otras etnias no se han encontrado señales de cáncer, hasta hoy.


Cáncer en los animales

El cáncer se observa en todo tipo de vertebrados. En Cuba, el veterinario doctor M. Mendoza publicó artículos muy interesantes sobre el tema, en el Boletín de la Liga Contra el Cáncer.7 El profesor N. Puente Duany publicó varios estudios histopatológicos de tumores en animales. Estos tumores se observaron en animales domésticos que son los que conviven con el hombre y también en algunos animales salvajes, en piezas de cacería.

Los primeros trabajos sobre el tema se publicaron alrededor de 1840 por autores franceses (Dupuy, Gasparini, Lebline). Se han estudiado en roedores (Morau) epiteliomas y sarcomas en mama, lengua y estómago; en el riñón del conejo (Labarth), en pulmón y páncreas (Petit), en útero y testículos (Peyron); también en gatos.8 En aves son más raros, pero se han descrito en la cresta y en el tarso del gallo, así como en el perico.

En los reptiles se ha observado en ovario de serpientes, en tiroides de tortuga, en testículo y piel de salamandra (Murray). En peces de mar y ríos (Plenn). En larva de Drosofila (Brodgt). Mendoza refirió haber atendido perros con sarcomas, fibrosarcomas, edenocarcinomas, seminomas, todos con biopsias hechas por el patólogo Nicolás Puente Duany. Mendoza dijo que las afecciones linfoideas malignas más frecuentes en animales, en su experiencia, fueron: en hígado, bazo, pulmones, tracto digestivo y ovario (en una serie que publicó, de 18, 16 eran machos y 2 hembras).


Cáncer en las plantas

Se ha demostrado la existencia de cáncer en el reino vegetal, en el mundo y también en nuestro país. El doctor A. Dominguez Roldán, en Cuba, realizó estudios en cáncer del zapote y del mango y publicó experimentos sobre el tema. Envió muestras de los tumores vegetales al Buró de Agricultura de Washington, donde confirmaron su naturaleza cancerosa.9 En 1950, el profesor Jensen, en la Conferencia Internacional de Cáncer de París, presentó sus primeras investigaciones sobre cáncer en la remolacha. El profesor Smith descubrió la bacteria Tumefaciens en tumores vegetales.


Panorama histórico mundial del cáncer

Los hallazgos, investigaciones y estudios arqueológicos realizados hasta hoy nos permite afirmar que el cáncer es más antiguo que el hombre.

En tiempos tan remotos como el año 1500 a.n.e., según el papiro de Ebers (Papilus Ebers, C. Byron, 1930), existió el cáncer y en las inscripciones de Nínive en el año 800 a.n.e. aparece una referencia sobre el cáncer de mama.10 En restos humanos encontrados en necrópolis de Gizeh (Egipto) que parecen corresponder a los años 2000 a.n.e. y en otras tumbas de diferentes sitios del mundo se han encontrado huellas patológicas en huesos que solo las produce el cáncer. Estas huellas se han encontrado en materiales óseos porque son las únicas piezas anatómicas humanas que desafían la acción destructiva del tiempo y permanecen intactas por siglos. No se han localizado en otras vísceras porque estas solo pueden conservarse un corto tiempo después de la muerte y, además, en el proceso de momificación de los egipcios se evisceraban los cadáveres previamente, si no, de seguro hubieran aparecido huellas de cáncer en diferentes órganos de la economía humana. En investigaciones de tumbas en Egipto, la India, Asia y otros lugares se encontraron señales de cáncer óseo.

Heródoto contó que Darío Hystespis, gobernante del imperio más grande de su tiempo, el imperio persa, en el año 570 a.n.e., en una de sus correrías bélicas, hizo prisionero a un famoso médico griego llamado Hemocedes, que estaba como esclavo prisionero de guerra en Persia.

Un día, Darío al desmontarse de su cabalgadura se dislocó un tobillo que los médicos egipcios de su ejército no lograron curar. Enterado del médico griego tomado como rehén, mandó llamarlo y este resolvió su problema ortopédico, ganó la gratitud del guerrero y obtuvo su libertad.

Darío tenía una hija llamada Atossa que había padecido durante años una afección mamaria que se había convertido en un absceso y que ella ocultaba. Fue llamado Hemocedes, que la examinó y convencido de que su enfermedad era incurable huyó de Persia temiendo represalias por no poder curar la enfermedad de la princesa. Los historiadores de la medicina sospechan se trataba de un cáncer. Pero todo esto no es más que una especulación.

De ser cierto este dato, sería el testimonio más antiguo de un cáncer de mama femenino.

Hipócrates, el famoso griego, considerado el mejor médico de la antigüedad, que vivió en Grecia en el siglo IV a.n.e., fue el que le dio el nombre a la enfermedad llamándole carcinos y carcinoma por la semejanza de los infiltraciones de esta enfermedad con las patas de un cangrejo, según él; llamó sarcomas a aquellas lesiones que tenían aspecto de carne de pescado. Hipócrates se refirió a la gravedad de su pronóstico y recomendó que no había que hacer nada en su tratamiento, dijo: "los cánceres ocultos es mejor no curarlos pues así duran más". El creyó que la bilis negra uno de los cuatro elementos biológicos de aquella época, era el agente etiológico del cáncer del bazo y del estómago. Describió una recidiva de cáncer del cuello después de un tratamiento con cauterio. Leónides (Alejandría), en la segunda mitad del siglo II a.n.e., realizó la primera disección quirúrgica de un cáncer de mama. Galeno, otro de los grandes de la época, creía igual que Hipócrates, que la bilis negra era la que producía el cáncer. Propuso una clasificación para los tumores que fue aceptada durante varios siglos.

En Roma, la profesión médica se consideraba una cosa denigrante, Julio César, en el año 46 d.n.e., le concedió a los médicos todos los derechos de que gozaban los demás ciudadanos de Roma. Celso en el año 30 d.n.e., describió la amigdalectomía de manera análoga a como se hace hoy. Este médico señaló las cualidades que debe tener el cirujano:

1. Ser joven o de primera madurez.

2. Dotado de mano fuerte y ligera.

3. Tener habilidad con la mano derecha y con la izquierda.

4. Vista clara y rápida.

5. Serenidad.

6. Deseos de curar al enfermo.


Avicena
(Abn Ali Ibn-Sina) fue otro grande de sus tiempos (986-1037), llamado el príncipe de la medicina árabe. Él habló del cáncer y propuso que los tumores había que extirparlos por fuera de sus bordes y prolongaciones y, después, quemar el fondo con hierro candente.

Después hubo un colapso muy grande en el conocimiento del cáncer, durante varios siglos no apareció nada sobre esta enfermedad. La práctica de la cirugía estaba desacreditada, solo la practicaban los médicos ambulantes de baja condición. El Consejo de Tours (1162) prohibió el ejercicio de la cirugía. Los municipios del norte de Francia, a principios del siglo XIII, no aceptaban como miembro de la municipalidad a las personas que padecían enfermedades incurables, el enfermo de cáncer perdía sus derechos civiles, era abandonado por el municipio, por la familia, tenía que trasladarse a los campos, hasta perder la vida a causa de la enfermedad.

En el siglo XIV, el médico Johns Ardeume reconoció cuidadosamente el cáncer del recto e hizo una descripción precisa y admitió que su tratamiento podía ser solamente paliativo; también recomendó para la epilepsia escribir las palabras Melchor, Baltasar y Gaspar con sangre del dedo meñique en una hoja de papel que debía llevar el paciente consigo durante un mes y rezar diariamente tres padres nuestros y tres avemarías.

En el Renacimiento ocurren ciertos inventos que influyen en el estudio de los tumores.

En primer lugar, el invento de la imprenta por Gutenberg, tan útil para todas las ciencias y para la civilización. Otro invento notable para el estudio del cáncer fue el microscopio. Con el desarrollo de este, Schleidem y Schwan dieron a conocer la estructura celular y un gran impulso al estudio del cáncer. En 1560, el alemán Thildamusw hizo la primera disección axilar en un cáncer de mama. Severines, en 1580, distinguió los tumores benignos de los malignos en la mama. En el transcurso de los años y los siglos muchos médicos de diferentes culturas antiguas y medievales como Hipócrates, Galeno, Celso y, más recientemente, Avicena, Falopio, Paré, Morgagni, entre otros, escribieron sobre el cáncer. En 1701, Morgagni hizo estudios en cadáveres y escribió la obra "Morborumpu anatomens indagatus."11

Los primeros intentos para luchar socialmente contra el cáncer comenzaron en el siglo XVIII. En esta época, el canceroso era un apestado en aquella sociedad, obligado a vivir en lugares aislados, lejos de familiares y amistades.

En 1740, el religioso francés, Jean Godinet, de la Catedral de Rheims, donó parte de su fortuna para establecer un hospital para cáncer con 12 camas fuera de la ciudad dirigido por el personal del Hotel Dieu.

Este se considera el primer hospital para cáncer del mundo. Bichat (1771-1802) fue el primero que dio una descripción microscópica bastante exacta de los tumores. En 1791, el Doctor J. Howard, del Hospital Middlesex, de Londres, abordó por primera vez la cuestión de la lucha contra el cáncer y propuso crear centros para atender a enfermos con cáncer. Johannes Muller (1801-1858) fue el primero en estudiar los tumores en el microscopio y publicar sus observaciones. En la cuarta década de este siglo, la señora Garnier Chabat fundó en Lyon, Francia, la Asociación Damas del Calvario cuyo objetivo era albergar y curar a mujeres con cáncer. Virchow llegó a la conclusión de que toda célula procedía de otra célula. En la época de Pasteur, que tanto contribuyó al desarrollo de las ciencias y la medicina, se creía que el cáncer era de origen exógeno, causado por un parásito o un microbio. En 1830, Verger demostró que las células cancerosas invaden las paredes de los vasos sanguíneos que atraviesan el tumor. Schmidt presentó varios casos en los que encontró émbolos microscópicos de cáncer pulmonar.

En Rusia aparecieron las primeras informaciones sobre neoplasias malignas en el siglo XVIII, sobre cáncer externo, de tegumentos, de piel, de partes blandas y de hueso, pues como no se practicaba la disección no apareció nada sobre tumores internos. Las observaciones sobre tumores viscerales, sus infiltraciones, su propagación y metástasis aparecieron más tarde. A finales del siglo XVIII, incluyeron las hierbas y otros curativos en su tratamiento. Se trató de dividir el cáncer de acuerdo con su localización en tumores de la cara, tumores de la cavidad bucal, de los órganos genitales externos, etc.

Veamos ciertas observaciones hechas por algunos autores del siglo XVIII. En 1713, Ramazine observó que el cáncer de mama era más frecuente en las religiosas.

En 1719 apareció un escrito en Rusia donde se aclaraba que la pupa de la boca era igual a la pupa de la encía y que la pupa era llamada cáncer por los médicos. En un Manual de Medicina ruso de la época de Pedro I (Pedro el Grande), llamado Manual de la Ciencia Médica, cuyo autor no se señala se refirió:

"El cáncer se dividió en cáncer oculto, cuando está todavía cubierto por la piel, y en cáncer abierto, cuando se convierte en úlcera".12


En cuanto a su curación dice:

"Sus causas ligeras son la irritación externa de esos endurecimientos por rozamientos. Comprensión y resentimientos prolongados del alma."12 En su tratamiento se empleaban hierbas y raíces vegetales en infusión. Se recomendaba cuidarse de sustancias pegajosas y viscosas, no irritantes, sin rozamientos, evitar alimentos calientes, bebidas condimentadas, picantes y calientes, la intranquilidad del alma, el movimiento fuerte del cuerpo, las constipaciones y usar productos conocidos contra el cáncer."12


En otro documento del año 1738 apareció sobre el tratamiento de esta afección lo siguiente: "La curación actual del cáncer se realiza con más certeza empleando la prematura excisión, pero cuando está avanzado o cuando aparece por causas internas, cuando los jugos se han estropeado, el paciente es débil y no muy fuerte, cuando el cáncer no está en lugar adecuado, de tal forma que no puede ser extirpado hasta la base, entonces esta operación pocas veces y en ultima causa, nunca tiene el efecto deseado."12

Todo esto ocurrió en Rusia en el siglo XVIII.

Otra faceta importante en la lucha contra el cáncer es el aporte de Rigoni-Sterm (1770-1835), en Viena y, posteriormente, el de Franchou, en París, donde se estudiaron por primera vez datos estadísticos y se consideraron los factores edad, sexo y profesión, entre otras características, anticipándose a los estudios epidemiológicos modernos en materia de cáncer. Observaron que el cáncer aumentaba con la edad; que el cáncer mamario tenía una relación inversa con la frecuencia del cáncer uterino en los diferentes grupos etarios, que las solteras tenían mayor riesgo de cáncer del útero; que el cáncer era más frecuente en la ciudad que en el campo y que las diferentes localizaciones podían tener diferentes causas.13,14


Datos cronológicos sobre el desarrollo de la lucha contra el cáncer

1809 - Mc Donald resecó un tumor óseo de l0 kg de peso.

1850 - Biltroth realizó la primera laringectomía en cáncer laríngeo. También realizó cirugía de estómago, esófago y vejiga. Publicó una obra notable titulada Chirurgisch Klinic Wien que influyó en la cancerología.

1867 - J. Líster estableció los principios de la antisepsia.

1878 - R. Von Volkan operó un cáncer de recto.

1890 - W. Storrn - Holste reportó metástasis pulmonares en un cáncer del recto.

1895 - C. W. Roentgen descubrió los rayos X.

1896 - A. H. Berquerel descubrió la radiactividad natural.

1898 - Los esposos Curie descubrieron el radium.

1898 - R. Villard descubrió los rayos gamma.

1899 - Racamier fundó el Hospital Saint-Michele en París y el Asilo San Vicente para Cáncer.

1899 - T. Sjogram trató con rayo X un epitelioma de la mejilla que curó rápidamente.

1899 - Se observó el primer cáncer producido por rayos x.

1899 - Se empleó el radium en un carcinoma basal de la piel.

1902 - G. Helzknecht presentó el primer dosímetro.

1903 - Pertes estableció la relación que existe entre la radiación ionizante y las células neoplásicas.

1903 - C. Jensen estudió el sarcoma en el ratón.

1904 - H. Young realizó la prostatectomía radical.

1906 - Tribondeau y Bergognie publicaron las leyes generales de la radiosensibilidad.

1907 - Chevessu y Taylor publicaron un estudio sobre cáncer de testículo.

1908 - Dominic estudió los filtros de la radiación.

1908 - W. Miles realizó la resección abdomino-perineal en el cáncer del recto.

1910 - F. Soddy sugirió la posibilidad de usar los isótopos en RT.

1911 - Rutherford propuso una teoría atómica en la que la masa positiva del átomo estaba concentrada en el núcleo.

1912 - V. Hess descubrió los rayos cósmicos.

1912 - S. Martib empleó la cordectomía en el tratamiento del dolor por cáncer.

1913 - T. Turch inició la resección esofágica (esofagectomía).

1913 - N. Bohr sugirió un modelo atómico.

1913 - Sterm realizó los primeros trabajos epidemiológicos sobre cáncer en Inglaterra.

1914 - Wertheim dio a conocer la técnica quirúrgica del cáncer de cérvix que lleva su nombre.

1915 - Hoffman, miembro de una compañía de seguros americana, publicó una recopilación estadística de la mortalidad por cáncer en Estados Unidos.

1916 - Lane Claypon publicó las diferencias que encontró en la historia natural y reproductiva de las enfermas y predisposición familiar al cáncer de mama comparados con casos de control.

1916 - DeWaard observó diferencias en el cáncer de mama entre la mujer premenopáusica y la posmenopáusica.

1934 - R. Paterson y H. Parker introdujeron su sistema de dosis en RT de rayos gamma.

1937 - El V Congreso Internacional de Radiología aceptó el roentgen como Unidad de RX.

1940 - D. Krest construyó el betatron.

1945 - Julio K, explotó en Nuevo México la primera bomba atómica y en agosto 6 se lanzó en Hiroshima y en agosto 15 en Nagasaki.

1948 - E. Gardner y colaboradores produjeron mesones artificiales (partículas subatómicas).


Creación de grandes centros anticancerosos

Después de concluida la I Guerra Mundial que tanto atrasó las ciencias y entre ellas el estudio del cáncer y su tratamiento, cuando ya no se necesitaba tanto dinero para invertir en armamentos que destruyeran ciudades, escuelas, iglesias, monumentos etc., y luego de cercenar millones de vidas humanas, solo entonces, se hicieron otras inversiones económicas y se empezaron a crear grandes centros anticancerosos dirigidos por científicos notables y equipados con modernos equipos de radiumterapia y rayos X.

Así surgieron centros como:


Terapéutica del cáncer a través del tiempo

En tiempos anteriores al descubrimiento de las radiaciones ionizantes, antes de que comenzaran a aplicarse estas en el tratamiento del cáncer, se usaban sustancias cáusticas tratando de producir la necrosis tumoral. Recordemos que en el siglo X d.n.e., Avicena recomendaba el uso de hierro candente después de su resección. Entre estas sustancias se usaban el ácido sulfúrico, el ácido nitroso, el arsénico, el cloruro de zinc, el ácido acético, el mercurio y otros. En el siglo XIX se usaban otras sustancias como el formol, el bicromato de potasio, el cloroformo, el nitrato de plata y otras. Además, algunas pastas, entre estas de arsénico. En bioterapia se emplearon inyecciones de tripsina, sueros inmunizantes de Schmith, sueros de animales inyectados con gérmenes productos de la enfermedad, la vacuna Doyer, macerados de tumores (Vaughan, Fichera, Pinkus).

Vacunas de Coley a base de Estreptococos erisipeloides y bacterias patógenas. También se utilizó la homeopatía. Pero antes de estos tratamientos que tenían una base por lo menos lógica, propios de aquella época, existió la terapéutica primitiva de los primeros siglos de la historia, que arrastró la humanidad en los siglos XVI, XVII y casi hasta nuestros días donde se empleaban para controlar el cáncer cosas increíbles, que no nos caben en nuestras cabezas de hoy como veremos a continuación.


El cáncer en Cuba

Antes del siglo XIX, aparecen escasos datos con categoría histórica definida, creo que solamente uno, como veremos más adelante. Pero esto no solo ocurre en Cuba, ocurre en todo el mundo. Por la escasez de datos parece que su incidencia en el pasado no fue tan masiva como lo es actualmente (me refiero a los siglos XVI, XVII y XVIII).

Como cubano y como médico estimo mucho y me siento maravillado de los conocimientos y la preparación científica y técnica de nuestros estudiantes y médicos; de su formación médica de acuerdo con modernos y bien elaborados planes de estudio, conducidos por un profesorado idóneo.

Pero considero que los conocimientos sobre historia de la medicina son pobres entre nuestros colegas, tanto jóvenes como viejos y, por consiguiente, su información sobre personajes médicos y hechos históricos relacionados con ellos es deficiente, y este conocimiento es necesario, tanto desde el punto de vista de la cultura médica como de la cultura general. Todos los médicos conocen el nombre de Hipócrates, el padre de la medicina y algunos de sus útiles aforismos, que se mencionan en casi todos los textos sobre medicina, pero no saben en qué consistió su grandeza y cuáles fueron sus fallos y equivocaciones que como ser humano tuvo; en qué tiempo vivió, si nació en Atenas, en Samos, en Alejandría o en Cos. Su pensamiento médico que ha sido pilar de la medicina durante siglos, a pesar del gran desconocimiento y falsas interpretaciones de muchas cosas que hoy nos parecen tan elementales. Igual sucede con Galeno, Paracelso, Avicena y otros muchos.

Volviendo a Cuba, la historia de la medicina cubana es brillante y los médicos y estudiantes deben leerla.

Hay una gran cantidad de sabios médicos cubanos de siglos pasados cuyas biografías nos maravillan y enorgullecen y que muy pocos conocen; se recuerdan sus nombres solamente por la encomiable y buena costumbre, que mucho nos satisface y por la cual queremos felicitar, sobre todo al Hospital Universitario "General Calixto García" y algunos centros regionales antiguos y hoy facultades de medicina que, en vez de nombrar a sus pabellones y salas con letras del alfabeto o números arábigos, les han puesto los nombres de esos gloriosos sabios cubanos, y así vemos nombres grandes y bien visibles, Pabellón Gutiérrez, salas Cowley, Albarrán, Díaz Albertini, Weis, Landeta, Yarini, Costales, Mestre, Lebredo, Emilio Martínez y otros, esto en el Hospital "General Calixto García". Así se les rinde homenaje de recordación a esos patriarcas de la medicina cubana que permanecerían olvidados si no fuera por esa costumbre.

Esos hospitales se honran, honrando a sus sabios. Referente a la oncología, que es el objetivo de este libro, muy pocos, por no decir ninguno de los residentes actuales saben quiénes fueron Emilio Martínez, los Domínguez Roldán, Aróstegui, por solo citar algunos de los eminentes cubanos que se ocuparon del cáncer en el inicio de esta especialidad, hace solamente tres cuartos de siglo. El busto del doctor Emilio Martínez y Martínez estuvo situado junto a un servicio sanitario durante años hasta que la Sociedad Cubana de Oncología gestionó situarlo a la entrada del salón de actos, en lugar adecuado, pero aún no tiene identificación en su base y la gente pregunta ¿de quién es esta estatua? Quizás la culpa de estas cosas la tengamos los viejos que no hemos sabido avivar la llama del recuerdo en los jóvenes.

Hay que estudiar duro, tesoneramente, la ciencia y la técnica, ser cada vez más científicos y más técnicos, pero también esforzarnos por ser más cultos y sapientes intelectualmente y eso lo conseguimos leyendo de todo, disfrutando de ese placer extraordinario que es la lectura y conociendo la historia sobre tantos compatriotas ilustres. Seamos muy científicos y técnicos, pero también más cultos y recordemos, con ese gran corazón que tenemos, el esplendor de nuestra ciencia, que se proyecte profundamente en nosotros e impacte hondamente a todos los que nos conocen dentro y fuera de Cuba.


Algunas recetas para tumores anteriores al siglo XVII en Cuba

Tratamientos a base de recetas tan ridículas y risibles se practicaban apenas hace dos siglos y nos demuestran, por una parte el atraso tan notable de la cultura y la civilización del hombre y, por otra, el gigantesco avance de la civilización en los dos últimos siglos. Estos tipos de recetas han perdurado casi hasta nuestros días y se utilizan en algunos sitios, sobre todo en el campo donde la ignorancia del campesino y la influencia del curanderismo son grandes.

Señalaremos algunos remedios citados por el historiador de la medicina doctor César Mena15 y el escritor y folclorista Samuel Feijóo.16 Las de Mena son las siguientes:

Se toman dos libras de zarza, dos de raíz de ateje y dos de aserrín de guayacán. Se hacen 15 partes para tomar una cada día. Se hierve la cantidad diaria en dos botellas de agua hasta que queda reducida a una botella. Se toma como agua común. Después de hervidas las raíces de zarza, ateje y el guayacán, se guardan para preparar el medicamento para otros 15 días. Después de tres o cuatro días de cura se vierte en una botella de ron con una onza de goma de guayacán, se deja al sol y sereno tres días y se le agregan cinco gramos de sublimada corrosivo y se toman tres cucharadas diarias.

PARA ABORTAR TUMORES: "Aplíquese ungüento de rana y tomar purgantes salinos".


Vamos a ponerle la tapa al pomo con la receta que publicó Samuel Feijóo para tumores secos: "Fricasé de porquería de puerco acabada de cagar para aprovechar el calorcito".

"Para tumores de las piernas, estiércol de buey o vaca, boñiga de ternero, hacerlo freír en una sartén con flores, rosas y melisas y aplicarlas sobre el tumor". Y pensar que esto ocurrió solamente unas décadas atrás.

En mi niñez campesina allá por los años 1920-40 conocí tratamientos increíbles sino los hubiera visto, pero en otras enfermedades.