CUADERNOS DE HISTORIA DE LA SALUD PÚBLICA

 

 

HISTORIA DE LA ATENCIÓN DEL CÁNCER EN CUBA

 

Este es un tema amplio y complicado que globalmente comprende cinco siglos y se extiende desde el inicio de la colonización de Cuba hasta nuestros días. Además, es una tarea difícil por la escasez de datos al respecto, sobre todo en los primeros cuatro siglos, pero es necesario abordarlos para tratar de aportar datos sobre la historia de la atención de los pacientes con neoplasias malignas en el país. Para estudiar este aspecto hemos subdividido el tema en tres períodos históricos, utilizando fechas históricas relevantes. El primer período es muy amplio, comprende casi cuatro siglos, los otros dos son muy cortos en espacio, comprenden alrededor de medio siglo cada uno.

1. Primer período.

Se extiende desde el inicio de la colonización española de la isla (1510) hasta que esta finalizó en 1898.

2. Segundo período.

Desde el inicio de la Primera Intervención Militar Norteamericana, hasta el final de La República, en diciembre de 1958.

3. Tercer período.

Se extiende desde el triunfo de la Revolución, en 1959, hasta la actualidad.


Primer período de atención del cáncer en Cuba

Este período se inició en los primeros años del siglo XVI, con la colonización de la Isla. Suponemos que a pesar de los pocos colonizadores y de la población indígena que era más numerosa en esos momentos, pudo presentarse algún caso de cáncer, aunque no existe ningún dato que lo acredite.

Es oportuno recordar que hubo épocas en algunos lugares de la tierra que a los enfermos de cáncer se les consideraba apestados y el cáncer era visto como un estigma, un castigo divino y era un hecho denigrante tener a un enfermo de cáncer en la familia, por lo que se ocultaba. Se dio el caso, en el norte de Francia, que se les obligaba a abandonar las ciudades, a mantenerse alejados de los familiares y amistades, perdían, inclusive, el derecho de pertenecer a las municipalidades. Eran abandonados a su suerte. Esto ocurrió hasta que un religioso de la Catedral de Reims, llamado Godinot, adquirió una finca y alojó a varios cancerosos. Este fue el primer lugar que se ocupó de atender a los cancerosos por la piedad de un prelado. Se considera que fue el primer hospital de atención de cáncer en la historia.

En Cuba, los pacientes de diferentes enfermedades, sobre todo los pobres, se atendían en hospitales que comenzaron a edificarse desde la época de los inicios de la colonización. En esas épocas, los hospitales cubanos eran locales donde se brindaba asistencia sanitaria a las personas enfermas, esta atención la ofrecían personas con cierto adiestramiento o conocimientos empíricos en estos menesteres, porque en nuestro país había gran escasez de médicos hasta bien entrado el siglo XVIII. En ocasiones, los cabildos autorizaron a curanderos para atender a los enfermos, como fue el caso de Mariana Navas, curandera india que fue autorizada por el Cabildo de Santiago de Cuba a ejercer de médica del lugar en 1517.94 Estos hospitales de los primeros tiempos eran construcciones rústicas, como todas las construcciones de las ciudades en ese momento, maderas, techadas con hojas secas de guano (sabel paviflora) y forradas sus paredes con yaguas, obtenidas de las palmas reales (raytona regia), el piso era de tierra humedecido con agua y apisonado, a veces lo cubrían con cenizas. Eran bohíos. Al avanzar el tiempo, las técnicas de construcción se modificaron y las paredes se hicieron con una mezcla de barro llamada de "embarrada".

Los médicos en estos primeros años eran cirujanos-barberos, examinados por el Real Tribunal del Protomedicato de España o de México (nosotros no tuvimos esta institución hasta 1711), una vez llegados a Cuba para ejercer tenían que ser autorizados por los Cabildos o Ayuntamientos. En años posteriores, los médicos cubanos tenían que graduarse en las Universidades de México o España y examinarse también ante estas instituciones, nosotros no tuvimos Universidad hasta 1728.

Los medicamentos que usaban para el tratamiento de cualquier enfermedad eran a base de hiervas medicinales, hojas, raíces, que se empleaban como emplastos de la materia vegetal ligados con grasa animal, otras coas increíbles, en unión de oraciones religiosas y a veces, en casos de epidemias, rogativas a determinados santos y procesiones. Proliferaban los curanderos por los pueblos y las ciudades.

El primer hospital de que se tiene noticias entre nosotros existió en Santiago de Cuba en 1522, posiblemente funcionó alguno en Baracoa, ciudad primada de la isla, pero no hay datos de su existencia. El segundo se creó en La Habana, en 1538. Según el historiador César Mena (Tomo I), en La Habana se construyeron cuatro hospitales en el siglo XVI:

1. El Hospital Antiguo o Viejo (1538).

2. El Hospital del Barracón o Casa de Alquiler (1555).

3. La casa para militares y marinos (1568).

4. El Hospital de San Felipe y Santiago (1570).


En el siglo XVII se crearon seis hospitales:

1. Hospital de San Juan de Dios (1602).

2. El Hospital de Mariño en la casa del Obispo Valdés (1663).

3. Hospital de Leprosos, Caleta de Juan Guillén (1663).

4. Casa de Convalescientes de San Sebastián de la Cruz (1678).

5. Hospital de Leprosos, Estancia de Los Pontones (1681).

6. La Casa Cuna del Obispo Compostela (1685).


En el siglo XVIII se erigieron ocho hospitales y fueron ellos:

1. Hospital de Leprosos Estancia Brito u Hospital de San Lázaro (1704).

2. Hospital de Convalescientes de Belén (1704).

3. Casa Cuna fundada por el Obispo Valdés (1710).

4. Casa de Recogidas San Juan Nepomuceno (1743).

5. Hospital San Carlos de la Caridad.

6. Hospital Nuestra Señora del Pilar.

7. Hospital Cementerio Espada (1792).

8. Casa de Beneficencia.


En el último tercio del siglo XIX se fundó en La Habana el mejor hospital cubano de su época, el "Reina Mercedes". Era un hospital moderno de mampostería, salas amplias, ventiladas y soleadas, con grandes ventanas de vistosos vitrales. Era mostrado con orgullo a visitantes extranjeros, pero le faltaba una verja que lo separara de los terrenos vecinos, el famoso torero español Mazantini, de visita en la ciudad, ofreció una corrida de toros a beneficio del hospital y así este tuvo su verja que lo separaba de las calles aledañas. Estaba situado en El Vedado, en la manzana que en nuestros días comprende las calles 23, K, L, y 21, donde se encuentra hoy la heladería Coppelia. A partir de la Primera Intervención Norteamericana, en 1899, el nombre de este hospital cambió por "Nuestra Señora de las Mercedes".

Además, funcionó el primer centro anticanceroso de Cuba, el prestigioso Instituto del Radium "Juan Bruno Zayas", esto ocurrió en 1924.

En el año 1896, un año después de estallar la Guerra de Independencia, el gobierno de la Colonia habilitó unas barracas de madera donde estaba situada la Pirotecnia militar, en las faldas del Castillo del Príncipe, como Hospital Militar de Guerra con el nombre de Hospital Alfonso XIII. Terminada la guerra y durante la Primera Intervención Norteamericana, en 1899, se le llamó Hospital Militar No. 1. En 1900 cambió su nombre otra vez por Hospital Municipal No. 1 y en 1917, por el de Hospital Nacional "General Calixto García", que aún conserva. Fue el mayor y mejor hospital de Cuba, cuna y cátedra de distinguidos médicos cubanos que brillaron en el panorama nacional e internacional, gozó de justa fama y del cariño de gran parte del pueblo cubano.


Segundo período de atención del cáncer en Cuba

Este período comprende las dos Intervenciones Militares Norteamericanas, la primera de 1898 a 1900 y la segunda de 1906 a 1909, y la República de 1900 hasta 1958.

La Primera Intervención Militar Norteamericana (1898-1900) tuvo como primer gobernante al General Brook, quién fue sustituido por el General Wood, que era médico militar y dio un buen impulso a la sanidad pública con un programa sanitario dirigido fundamentalmente a la ciudad de La Habana y sus alrededores y otras ciudades importantes como Santiago de Cuba, que estaban muy abandonadas por el gobierno de la colonia. Nombró Secretario de Sanidad al doctor Gorgas, conocido por los cubanos por su lucha contra la fiebre amarilla. Se crearon las Ordenanzas Sanitarias y se hizo una gran propaganda para la instalación de las letrinas sanitarias. Estas medidas dieron buenos resultados, la mortalidad disminuyó de 109 000 personas en 1898 a 25 000, en 1902. Desde luego que esta significativa disminución en la mortalidad se debió fundamentalmente a la terminación de la guerra y la reconcentración del general Valeriano Weyler, así como a las medidas de higiene y saneamiento introducidas en las ciudades.

Tomás Estrada Palma fue el primer Presidente de la República de 1902-1906, muy honesto y austero en el manejo de la hacienda nacional, ahorró 20 millones de pesos. En lo relacionado con la sanidad, siguió las pautas dictadas por los norteamericanos. Decidió reelegirse y esto costó la Segunda Intervención Militar Norteamericana (1906-1909), entregó así, nuevamente, nuestra soberanía a los vecinos del norte. El primer gobernador de este período fue el Secretario de Guerra de los Estados Unidos William Taft, que dirigió a nuestro país solo por breves días y entregó el mando al señor Charles Magoon, quien recibió en las arcas del Tesoro los 20 millones de pesos ahorrados por Estrada Palma, pero cuando entregó el mando en 1909 no había nada en las arcas de la República y lo dejó con una deuda pública de ocho millones de pesos. Bajo su administración se realizó el Primer Censo de la República en 1907, que arrojó una población de dos millones 68 890 habitantes.

Magoon entregó el mando al general José Miguel Gómez (1909-1912). En este período se creó la Academia de la Historia, pero relativo a la salud pública no hubo ningún avance.

El tercer Presidente fue el General Mario García Menocal y Deep, de 1912 a 1921, un aristócrata graduado de ingeniería de una universidad americana; en su gobierno se produjo la etapa de bonaza económica conocida como "las vacas gordas" y posteriormente la crisis a la que se llamó "las vacas flacas" y el crack bancario que arruinó la economía cubana. En relación con la salud pública, creó dispensarios anticontagiosos, dominó rápidamente un brote de peste bubónica, nombró Hospital "General Calixto García" al antiguo Hospital No. 1 y al final de su mandato, rubricó una Ley donando 1 000 pesos para la creación del Instituto del Radium, primer centro anticanceroso de Cuba.

A Menocal lo sustituyó en la Presidencia de la República el doctor Alfredo Zayas Alfonso, que gobernó de 1921 a 1925. Electo por una coalición política, su período estuvo dominado por una crisis económica grande heredada del gobierno anterior y una gran corrupción política. Formó un Gabinete de la Honradez propuesto por el general Enoch Crowder, asesor político norteamericano. No se registró ningún avance en la salud pública.

El siguiente Presidente fue el general Gerardo Machado Morales, de 1925 a 1933, el de él fue un gobierno sangriento que se transformó en una dictadura, muy cruel en sus últimos años. Fue reelegido por una alianza política llamada Cooperativismo, para lo cual modificó la Constitución de la República, lo que permitió elegir presidente sin elecciones. Tuvo un Secretario de Sanidad y Asistencia Social muy activo, el doctor Francisco María Fernández, que creó el Instituto del Cáncer en 1921.

Machado abandonó la presidencia el 12 de agosto de 1933; huyó del país bajo el empuje de la lucha popular y la llamada Mediación (asociación de políticos y el embajador norteamericano Summer Welles), se maniobró para que todo siguiera igual.

El general Alberto Herrera, Jefe del Ejército, renunció y fue nombrado Secretario de Estado, cargo desde el que tenía capacidad para tomar provisionalmente la Presidencia y designar a un nuevo Presidente. Fue escogido el doctor Carlos Manuel de Céspedes Quesada, hijo del Padre de la Patria, quien fue derrocado por un movimiento revolucionario integrado por estudiantes universitarios y militares (sargentos, cabos, soldados, sin participación de oficiales), llamado la revolución del 33; entonces, se designó un Gobierno colegiado de cinco miembros, conocido como la Pentarquía, compuesto por los profesores universitarios Ramón Grau San Martín y Guillermo Portela, el banquero Porfirio Franca, el economista José M. Iribarri y el periodista Sergio Carbó. Esta Pentarquía recomendó a Fulgencio Batista Zaldívar, uno de los líderes militares, para la Jefatura del Ejército. Días después, debido a la gravedad de la situación política y económica imperante, renunciaron los miembros de la pentarquía y se designó Presidente de la República al doctor Ramón Grau San Martín, que gobernó solo 100 días. En enero renunció Grau y se designó en su lugar al ingeniero Carlos Hevia que se mantuvo solo tres días y lo sustituyó el Coronel Carlos Mendieta Montefur, quien gobernó un día menos que su antecesor.

Esta fue la etapa en la que el Gobierno Norteamericano impuso la Enmienda Platt. El coronel Batista y la Embajada Norteamericana fueron los ejecutores principales de todos estos cambios. Después de los dos días de la presidencia de Mendieta, se nombró a José A. Barnet que gobernó hasta 1936, cuando se celebraron elecciones generales, que ganó Miguel Mariano Gómez y se nombró, además, un Congreso, que no existía desde la época de Machado. Hubo pugnas entre Batista y el Presidente, por lo que el Congreso se constituyó en tribunal, destituyó al Presidente y lo sustituyó por el Vice doctor Federico Laredo Brú. Se eligió una Asamblea Constituyente que redactó la Constitución de 1940. Este año se hicieron elecciones generales, de las que resultó electo el general Batista. En 1944 aspiró nuevamente Grau San Martín y salió electo hasta 1948 cuando ganó las elecciones Carlos Prío Socarrás, derrotado el 10 de marzo de 1952 mediante un golpe militar dirigido por Batista.

En 1958 hubo nuevas elecciones presidenciales, las que ganó fraudulentamente Andrés Rivero Agüero, pero no pudo ocupar la primera magistratura porque triunfó la Revolución que desde diciembre de 1956 se venía desarrollando en la Sierra Maestra, con gran respaldo popular.

En este período histórico republicano se lograron algunas cosas positivas para la atención del cáncer, como fueron la creación y puesta en funcionamiento del Instituto del Radium, en 1924, y del Instituto del Cáncer, en 1929. El nuevo edificio para el Instituto del Radium que se inauguró en 1958 y el Hospital "Domíguez Roldán" para enfermos avanzados y tres dispensarios para atención de enfermos de cáncer en las provincias de Santiago de Cuba, Camagüey y Santa Clara.

En abril de 1949 se inauguró el Hospital "Curie", el más completo que existió en Cuba, con un dispensario.


Tercer período de atención del cáncer en Cuba, la Revolución

Comienza con el triunfo de la revolución en 1959. Este período se caracteriza por grandes logros sociales, en el campo de la educación y de la salud principalmente, en lo económico, en lo relacionado con la salud pública se inició un proceso de grandes transformaciones y ampliación de los servicios médicos que culminaron, al final de la década de los 60, con la creación de un Sistema Nacional de Salud único, estatal, que se caracterizó desde el primer momento por la lucha contra las enfermedades epidémicas, programas masivos de vacunación, reducción de la mortalidad infantil y general, ampliación de los servicios médicos a los lugares más intrincados del país, desarrollo y fortalecimiento de la asistencia primaria, construcción de centros hospitalarios en todo el país, desarrollo de técnicas de vanguardia que llevaron al país al desarrollo de una potencia médica, después estos logros se perfeccionaron con la puesta en práctica del sistema de atención primaria del médico de la familia, que ha llevado este nivel de atención a todos los lugares del país, prácticamente cuadra a cuadra; este sistema es el de mayor tasa de médicos por habitantes al nivel mundial.

La atención del cáncer contó en este período desde sus inicios con la figura del doctor Zoilo Marinello Vidaurreta, que influyó decisivamente en el desarrollo de la oncología. El hecho de la proximidad geográfica de los centros anticancerosos de La Habana: el Instituto del Radium y los hospitales "Curie" y "Domínguez Roldán", separados cada uno por unos simples metros, con distintas direcciones y administraciones, hacían que los recursos fueran menos eficaces. Los tres centros se unieron entonces y resultó el beneficio de fines comunes. Así se hizo y surgió el Hospital Oncológico de La Habana. Posteriormente, en 1966, se creó el Instituto Nacional de Oncología, que además de su destacado nivel de atención especializada a los pacientes, tiene grandes logros en la docencia y la creación de la especialidad médica de Oncología, además del desarrollo de las investigaciones en esta disciplina.

Al inicio de este período ya se constataba un aumento en el número de profesionales interesados en la especialidad por el desarrollo alcanzado en los institutos del Radium y del Cáncer, el desarrollo ascendente de los conocimientos sobre el cáncer mundialmente y el aumento del número de enfermos que asistían a las consultas especializadas, heredados del período anterior. Esta situación obligó a la ampliación de dichos centros, el primero en crecer fue el Instituto del Cáncer, que en 1949 pasó al Hospital "Curie", en un nuevo edificio en D y 29, en El Vedado, y se construyó el Hospital "Domínguez Roldán". Ambos se dedicaron fundamentalmente a la asistencia médica. El mayor refuerzo y ayuda económica a la atención del cáncer lo realizó una entidad privada, la Liga Contra el Cáncer, que con una organización similar a la de otros países, realizaba recaudaciones y colectas monetarias públicas y peticiones a comerciantes e industriales, así obtuvo ciertas cantidades de dinero que administró escrupulosamente: compró aparatos de Rx, radioterapia, cantidades de radium para tratamientos; realizó actividades de divulgación científica y popular; construyó edificios, adaptó locales y, además, pagó algún personal paramédico, de oficinas, etc. A todas luces, esta ayuda, aunque era importante, resultó insuficiente para el desarrollo de un programa perfecto y mantenido con un respaldo económico y científico que redundara en beneficio permanente de todo el país.

Resumiendo, el panorama de la atención del cáncer al asumir la Revolución el control de la nación era el siguiente: tres hospitales situados en las proximidades unos de los otros, cada cual con una filosofía de trabajo propia, para tratar una misma enfermedad y con una dependencia económica casi absoluta de la LCC. No había entre estos hospitales una actividad cooperativa, era más bien competitiva, lo cual no ayudaba al desarrollo de la oncología que, por su importancia, requería desarrollo en sus aspectos asistencial, de investigación y docente. En estas condiciones, el Minsap adoptó el criterio de unificar las tres instituciones señaladas en una monolítica y fuerte, bajo una sola dirección, administración y filosofía de trabajo y así se fundó el Hospital Oncológico de La Habana, con el personal médico, paramédico y administrativo de aquellos tres; se nombró director al doctor Marinello. Desde ese momento, todos los gastos que sufragaba la LCC fueron abolidos por el gobierno revolucionario. Los fondos de que disponía la LCC, obtenidos por colectas públicas, donaciones y otros medios se utilizaron en el mejoramiento y construcción de nuevos departamentos de oncología, entre ellos:

- Ampliación del comedor. Se construyó una sola unidad para profesionales y empleados.

- Traslado de la Biblioteca para un lugar mayor.

- Traslado del almacén, recuperación del sótano.

- Ampliación del área del Laboratorio Clínico.

- Ampliación del área de Farmacia.

- Nueva área de Archivo.

- Nueva área para la Administración.

- Nueva área para costura.

- Adaptación de los locales de la LCC para Laboratorio de Citología.

- Adaptación de locales del dispensario para Pre Consulta.

- Adaptación de los dormitorios del Hospital "Domíguez Roldán" para internado de médicos y para la Escuela de Auxiliares de Enfermería.


La LCC, de manera espontánea, decidió su disolución como organismo social, al ser ya inoperante. Algunos de los miembros de la Junta de Gobierno participaron en la nueva planificación de la lucha contra el cáncer en Cuba.

Junto con la creación del Hospital Oncológico surgió una serie de cambios básicos en la metodología del trabajo que modificaron los aspectos asistenciales y le dieron importancia a la investigación científica.

En 1962 se fusionaron los tres centros anticancerosos habaneros en el Hospital Oncológico, en 1963 se oficializó la especialidad en oncología por parte del Minsap y se creó la residencia de oncología. Se recibió una buena ayuda de los países del campo socialista en aparatos de Rx, de Co60, Cesio137, medicina nuclear y, además, se recibieron los primeros medicamentos citostáticos. Así las cosas, ya el hospital fue desarrollando las condiciones que le permitirían transformarse en un instituto de investigaciones, hecho que ocurrió el 26 de noviembre de 1966, cuando el Minsap creó los primeros de estos centros en el país. Desde ese momento, pasaron a ser el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR), que tanto prestigio ha dado a la oncología cubana.