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Antecedentes de los hogares maternos

Antecedentes en los países desarrollados

El 19 de mayo de 1891 el profesor Adolphe Pinard pronunció en la Sorbonne, París, su discurso, “De l'assistance des femmes inceints” (“De la atención a las mujeres embarazadas”) con el que dio a conocer sus primeros esfuerzos en favor de las gestantes pobres.

Ese mismo año funda en la calle Main, de la capital francesa, una casa para albergue de mujeres embarazadas, sin recursos económicos, para ingresarlas allí en las últimas semanas de su embarazo y que el profesor Pinard y sus colaboradores de la Clínica Baudelocque se encargaran de hacerles los partos. Para asombro de los médicos franceses notaron que los niños de estas casas nacían saludables y eutróficos, como los de las madres acomodadas que ellos atendían en sus establecimientos privados.28

El profesor Pinard fue también uno de los precursores y promotores de todo un movimiento de estudios sobre eugenesia, que comprendía la protección de la mujer embarazada pobre, el cual se extendió por un gran número de países, algunos, incluso, de América Latina. Sin embargo, su modelo de hogar materno que tuvo similares en Suecia y Estados Unidos de Norteamérica, parece que desapareció del todo al finalizar el siglo XIX.

En Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial, el “Ejército de Salvación” (Salvation Army), organización religiosa cristiana protestante de caridad, fundó casas de albergue de embarazadas sin recursos económicos, cerca de hospitales con servicios de obstetricia, cuyos médicos les realizaban los partos en las propias casas albergues y los hijos de las madres solteras o de las que no podían mantenerlos, se quedaban en las instituciones y se entregaban a matrimonios pudientes sin hijos.

Los hogares maternos en los países en desarrollo

La gran población rural de los países en vías de desarrollo, que alcanza como promedio el 80,0 %, así como la alta mortalidad materna demostrada en regiones donde es difícil el acceso a los hospitales, han llevado a algunos de esos países, desde los años de la década de 1950, a la creación de residencias para embarazadas, maternidades de espera u hogares maternos en las inmediaciones de los centros de salud u hospitales, para alojar allí a las gestantes de las zonas rurales con problemas.

Nigeria, África Subsahariana, ha sido uno de los países en los que primero se pudieron palpar los resultados del establecimiento de dichas instituciones cuando en una de sus provincias, Ituk Mbang, por los años de la década de 1950 se logró reducir la tasa de mortalidad materna en los hospitales de 10 a menos de 1 por cada 1 000 partos y la tasa de mortalidad infantil de 116 a 20 por cada 1 000 nacidos vivos.29

Otros países reportan también buenos resultados. En América Latina: Colombia con una Casa Hogar en Jamundí, cerca de Cali; Nicaragua, con hogares en Ocotal y Estelí; Brasil, en Sao Paulo y Ceará y Chile, en Puerto Mont30 y Traiguén, en este último lugar le llaman a la institución “Centro de la Protección de la Embarazada Rural”, más conocida como Casa de la Embarazada Rural y se fundó como primera en el país en 1976.31

En África existen hogares maternos en Kenya, Liberia, Zaire, Etiopía, Malawi, Tanzania, Bostwana y Uganda. Los 5 últimos fueron incluidos entre los 31 estados más pobres del planeta por la Conferencia de Naciones Unidas sobre los Países Menos Adelantados, que se celebró en la sede de la UNESCO, en París, en septiembre de 1981.32

A manera de ejemplo ilustrativo, referiremos muy brevemente la experiencia de una de estas maternidades de espera u hogares maternos en el continente africano.

El hospital de Attat, establecimiento rural de 55 camas, en Etiopía Central, cuenta con una zona de influencia inmediata de 300 000 hab. Por las difíciles condiciones en que realizan los viajes al hospital y el alto número de urgencias obstétricas, en 1976 se inauguró una residencia para embarazadas con problemas obstétricos. Fue construida cerca del hospital en el estilo de las casas rurales del país o tukul, vivienda circular de madera con techo en forma de cono, fabricado con paja trenzada. Las comunidades de las aldeas vecinas suministraron la mano de obra y la mayor parte del material de construcción cuyo costo ascendió a $ 1 000. Posee 15 camas y su promedio de estadía es de 15 d. Las mujeres alojadas en la residencia van acompañadas de un familiar y deben llevar su propia comida y comprar la leña para su preparación en el lugar. Durante su estancia, la embarazada es atendida en la clínica prenatal del hospital y una de las enfermeras de dicho servicio visita el tukul una vez al día.

En 1987, la institución ingresó 151 embarazadas de las cuales 35 tuvieron que viajar menos de 20 km; 54, entre 20 y 40; 55, de 41 a 60 y 7, mucho más de esa distancia. Como antecedentes de riesgo obstétrico presentaban: cesárea previa, feto muerto previo, ruptura previa de útero, estatura baja, gran multípara y primigrávida. Ese mismo año hubo 13 muertes entre las mujeres ingresadas directamente en el hospital, pero ninguna entre las que pasaron por el tukul y la tasa de mortalidad entre las ingresadas directamente en el hospital fue casi 10 veces mayor que la registrada entre las mujeres del tukul: 253,5 y 28,2 por 1 000 nacimientos.29

Antecedentes en Cuba de los hogares maternos

El hogar materno concebido como institución no hospitalaria para dar protección a la mujer embarazada próxima al parto tiene en nuestro país su antecedente más remoto en los primeros años del siglo XVIII, cuando al inaugurarse en La Habana en 1711 la Casa de Niños Expósitos o Casa Cuna, se crea en ella, una sala de Partos Secretos33 con la finalidad de asistir a las madres solteras que sin contar con recursos económicos suficientes para ocultar su “deshonra” tenían que ingresar en dicho establecimiento, de manera oculta, para parir su hijo, permanecer allí el tiempo más breve posible y dejar al recién nacido en la institución.

Refundido este asilo en 1852 con la Real Casa de Beneficencia, fundada en 1792, y a partir de entonces con el nombre de Real Casa de Maternidad y Beneficencia de La Habana, en ella, según el Dr. Jorge Le Roy Cassá, no solo encontraban albergue “los infelices infantes abandonados” sino también “las mujeres que secretamente iban a dar a luz”.34

En 1888 viaja a París el profesor Eusebio Hernández Pérez, la más destacada figura de la obstetricia cubana, y desde el siguiente año trabaja con el profesor Pinard, primero en el Hospital Lariboisiere y después en la Clínica Baudelocque y es testigo de la gran reforma que el maestro francés lleva a cabo en la concepción de los cuidados a la mujer embarazada.

El deseo de que en Cuba se conocieran estas nuevas ideas hace que el profesor Hernández envíe a La Habana una numerosa correspondencia que aparece publicada en la revista Crónica Médico Quirúrgica (1891), bajo el título común de “Progresos de la obstetricia contemporánea en Francia. Enseñanza del profesor A. Pinard ”.35

Tan influido queda el profesor Hernández por dichas ideas que al nuevo servicio docente –asistencial de obstetricia que funda en el Hospital Nuestra Señora de las Mercedes en 1902 pone por nombre el del insigne tocólogo de París y en 1910, envía al Secretario de Sanidad y Beneficencia un detallado informe “fundamentando la creación de una nueva ciencia llamada Homicultura”.

En el informe está contenido el concepto general de hogares maternos al proponerse la fundación de 2 tipos de instituciones, uno, “asilos para embarazadas o sanatorios de embarazo” y se sugería que alguno de ellos pudiera establecerse en el hospital de partos que desde entonces se proyectaba construir en La Habana y otro, “asilo para recién paridas, donde permanecerían las recién paridas pobres mientras encontraran dónde colocarse como nodrizas u otros trabajos,” a esta labor se les “dejaría ir un mes después de paridas”.36

En 1911, el profesor Hernández y su discípulo el Dr. Domingo F. Ramos Delgado publicaron más ampliadas sus ideas en el libro “Homicultura”,37 pero a pesar de tan nobles intenciones no se logró la creación de las instituciones propuestas, aunque sí la de un Negociado de Homicultura en la Secretaría de Sanidad y Beneficencia bajo la jefatura del doctor Ramos Delgado y que se incrementara en Cuba el movimiento eugenista que va a tener su mayor auge en los años de las décadas de 1920 y 1930.

Uno de los discípulos más fieles al pensamiento científico del profesor Hernández, el profesor José Ramírez Olivella, creó en el Hospital de Maternidad Municipal “América Arias” de La Habana, durante su período de director de la institución, una sala con el nombre de Hogar Materno que, años más tarde, recordaba el profesor Juan Castell Moreno con 4 camas destinadas al ingreso de madres solteras que, después de parir en la institución, no tenían vivienda a la que regresar con su hijo, pues por lo general eran trabajadoras domésticas que perdían su empleo, donde vivían, en los últimos meses del embarazo y permanecían en la sala hasta que obtuvieran uno nuevo o una habitación donde vivir. Este servicio, según el propio autor, se mantenía de “la caridad o donaciones que hacían personas o instituciones comerciales” y no tenían programado pase de visitas médicas.38

Origen de los hogares maternos en Cuba en el período revolucionario

En 1960 se da inicio a un activo plan de incremento del parto institucional en toda la nación, en el que se reflejaba la enorme preocupación del gobierno cubano por el bienestar de la futura madre.

Al profesor Celestino Álvarez Lajonchere, experimentado tocólogo, le correspondió la responsabilidad de atender lo relacionado con la ginecoobstetricia en el país. En el desenvolvimiento de sus funciones notó que en algunas provincias una gran parte de las embarazadas que concurrían a dichos servicios no iban finalmente a parir en ellos.

Para buscar una explicación a esta conducta, en sus visitas a las unidades, el profesor interrogaba a las embarazadas acerca de las dificultades que las mismas pudieran presentar para concurrir a parir en los servicios en los que recibían la atención e, invariablemente, le respondían que la gran distancia a la que se encontraban sus viviendas y las vías de comunicaciones y transporte eran sus principales inconvenientes. Ante estas respuestas, recomendó en los distintos lugares en que ello fuera posible que se adaptaran viviendas con el fin de llevar a cabo lo que el llamó “ingresos geográficos”.39

Siguiendo esta orientación fue como el Dr. Francisco Rojas Ochoa, en aquellos momentos Director Regional de Salud Pública de Camagüey, al presentársele la oportunidad, fundó el primer hogar materno en 1962 en una amplia vivienda familiar, que hasta entonces había servido de local a un círculo infantil, en las afueras de la ciudad. Este primer hogar materno llevó el nombre de “Casa Bonita” que era el del círculo infantil que le precedió.40

Fig. 10. Hogar materno de Las Tunas, provincia Las Tunas.

En una crónica escrita por el periodista José Gil de Lamadrid sobre la institución pionera de los hogares maternos en Cuba, y que apareció en la revista Bohemia el 22 de mayo de 1964, primer trabajo publicado sobre estas instituciones en nuestro país, el citado periodista expone que se había creado el hogar materno ante la necesidad surgida por la frecuente llegada al hospital de Camagüey de mujeres embarazadas en supuesta urgencia de parto, las que permanecían por largo tiempo en dicha unidad, “hasta dos o tres meses”, antes de que este ocurriera, pues no era conveniente el regreso “a un hogar remoto en la provincia o a un sitio relativamente lejos de un centro obstétrico” y agregaba que las procedencias de sus ingresadas lo eran “de Esmeralda, de Florida, de Morón, y hasta de la remota Punta Alegre”.

De las ventajas y actividades del hogar materno escribe el propio periodista:

“[…] en adición a la atención científica y humana que les brinda un eficiente y simpático personal, que incluye dos comadronas –en permanente turno de 12 horas diarias, cada una de ellas– reciben rica y balanceada alimentación, abundante en leche, huevos, carnes, legumbres y pescado […] la comadrona las examina periódicamente y ante cualquier síntoma o anuncio de parto se llama la ambulancia, que habría de llevarlas al cercano hospital. A las siete de la mañana se levantan [...]; aseo y desayuno alrededor de las ocho; prácticas de gimnasia para el parto sin dolor; lectura colectiva y redacción de cartas a sus familiares. A las diez, clases sobre el cuidado del niño; paseo por los lindos jardines de ‘Casa Bonita’ como pre-almuerzo. Almuerzo temprano y abundante. Siesta a la una. Y nueva reunión de lo que pudiéramos llamar ‘colectivo de futuras madres’ en la tarde. !Ah!, y no les falta la televisión”.41

Al preguntarle el que esto escribe al profesor Álvarez Lajonchere, si era posible que en su idea de crear este tipo de institución hubiera intervenido su conocimiento de la labor del profesor Pinard en París y de los proyectos del profesor Eusebio Hernández en Cuba, respondió que no había pensado en ellos y que solo lo motivó la necesidad de dar solución a un grave problema social de causa básicamente geográfica, el cual incidía en la morbimortalidad del país.39

En 1963 se fundó un segundo hogar materno en Santiago de Cuba y al siguiente año otro en Baracoa, pues aunque en numerosos trabajos aparece que fue en Guantánamo,20,38,42 no es exacto, pues en dicha ciudad se inauguró el primero en 1971. Los hogares maternos citados fueron los 3 existentes en Cuba en 1964. Un año después se contaba con 6, para terminar la década con el cuádruplo de esa cifra, 24.43

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