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La contribución de los hogares maternos de Cuba a la salud maternoinfantil

Los hogares maternos se han desarrollado en Cuba en forma continuada por más de 30 años y han contribuido a lograr que todos los nacimientos se realicen en los hospitales. Este ha sido, al menos, su resultado más inmediato y constituyó un importante paso de avance que se fue produciendo simultáneamente con la ampliación de los hospitales maternos y servicios ginecoobstétricos en los hospitales generales. Estos hogares representaron el complemento adecuado para erradicar en tiempo relativamente breve los nacimientos domiciliarios practicados por personal con baja calificación y en condiciones deficientes. Concurrentemente, las zonas aisladas, de donde provenía la mayor parte de los ingresos de los hogares eran generalmente las de más baja escolaridad y de menores recursos económicos. Con los nacimientos institucionales se elevaba su calidad y se daba oportunidad a la embarazada de que el parto se realizara con los recursos científicos de los servicios obstétricos y el recién nacido recibiera las atenciones pediátricas que se ofrecen en los hospitales.

Aunque luego los casos de aislamientos geográficos se redujeron notablemente, siempre queda un margen de población que vive en tales condiciones y al mismo tiempo, en la práctica del trabajo diario de estas instituciones se han ido encontrando necesidades de aplicación que no habían sido previstas.

Para explicar por qué aumenta el número de hogares maternos cuando ha cedido el aislamiento geográfico, debemos situarnos en el decenio de los años de 1960, en el que se logran notables cambios socioeconómicos en el país que imprimen a la atención médica en Cuba características particulares y coincidentemente se produce un crecimiento de dichas unidades.

Como puede comprenderse, las situaciones a las que nos estamos refiriendo se presentan con frecuencia relativa, en relación con el problema geográfico o no, y en mayor número de casos ajenos a este último. Es aquí precisamente donde paulatinamente se abrió un nuevo campo que fundamentó la continuidad y crecimiento de los hogares. Mientras tanto, el propio desarrollo socioeconómico que se genera por el cambio revolucionario, hace reducir los lugares aislados en forma significativa.

Es también oportuno señalar que la organización de la salud no afrontaba limitaciones presupuestarias que impidieran un crecimiento controlado de dichas unidades, que por demás, resultaban poco costosas y de fácil improvisación cuando se les comparaba con el elevado costo de construcción, equipamiento y sostenimiento de los hospitales.

En la tabla 20 se muestra la serie histórica de datos estadísticos donde podemos seguir, simultáneamente con otros indicadores, el crecimiento de los hogares maternos y su número de camas desde la creación del primero de ellos en 1962, hasta el final de este estudio en 1994. También se incluye información que muestra conjuntamente la proporción de nacimientos hospitalarios durante esos años. Entre otros indicadores puede estudiarse la secuencia, durante tal lapso de tiempo, de la reducción de la mortalidad materna e infantil. Aunque no se pretende establecer una relación de causa-efecto es de interés seguir la evolución de dichos parámetros durante esta etapa en la que guardan una determinada relación y en alguna magnitud deben haber intervenido los hogares maternos.

Cuando se creó el primero de ellos en Cuba, los nacimientos institucionales cubrían apenas el 60,0 % del total, las muertes maternas se elevaban a 117,9 por cada 100 000 nacimientos y la mortalidad infantil era de 47,7/1 000. Diez años más tarde, en 1972, se habían creado 37 hogares maternos en las 7 provincias existentes y, dentro de ellas, en las zonas con mayor población en lugares alejados. En ese año, los partos institucionales se habían elevado al 97,6 %, las muertes maternas se redujeron a 52,0/100 000 nacimientos, al mismo tiempo que la mortalidad infantil descendió a 28,7/1 000. Una década más tarde, o sea, a los 20 años de iniciada la experiencia de estos hogares, el número había llegado a 85 y contaban con 1 359 camas. Los nacimientos institucionales se elevaban al 98,9 % del total, y las muertes maternas se redujeron a 48,2/100 000 nacidos vivos.

Tabla 20. Indicadores maternoinfantiles relacionados con los hogares maternos

Año

Hogares
maternos
Hog. camas

Nacimientos
en hospitales (%)

Muertes maternas/
100 000
nacidos vivos

Mortalidad neonatal precoz* (>7 d)

Mortalidad
neonatal tardía*
( 7-27 d)

Mortalidad postneonatal*
(28 d a 11 meses)

Mortalidad infantil* (>1año)

1962

1 20

-

117,9

13,0

7,3

21,2

41,5

1963

2 36

63,2

113,0

11,8

8,2

17,1

37,1

1964

3 52

63,5

109,7

12,9

7,3

17,2

37,4

1965

5 101

72,6

106,9

13,5

8,1

16,2

37,8

1966

8 122

77,4

90,9

21,2

5,5

10,6

37,3

1967

10 184

78,3

90,1

15,4

5,8

15,2

36,4

1968

13 241

84,7

84,7

16,5

6,2

15,6

38,3

1969

15 280

89,3

85,0

16,9

8,7

21,1

46,7

1970

23 413

91,5

70,4

17,7

6,1

15,0

38,7

1971

28 574

95,8

63,9

16,1

5,8

14,1

36,1

1972

37 725

97,6

52,0

15,6

3,5

9,6

28,7

1973

41 783

98,0

54,4

15,9

3,5

10,2

29,6

1974

47 848

97,6

55,6

15,9

3,0

10,4

29,3

1975

56 949

98,7

60,1

14,8

2,6

10,1

27,5

1976

74 1099

98,1

42,2

12,4

2,7

8,2

23,3

1977

64 1099

97,0

49,2

12,8

2,5

9,6

24,9

1978

65 1120

98,2

45,2

12,3

2,3

7,8

22,4

* Por 1 000 nacidos vivos. Continúa

Tabla 20. (Conclusión). Indicadores maternoinfantiles relacionados con los hogares maternos

Año

Hogares maternos Hog.camas

Nacimientos
en hospitales
(%)

Muertes
maternas/
100 000 nacidos vivos

Mortalidad neonatal precoz*
(>7 d)

Mortalidad neonatal tardía*
(7-27 d)

Mortalidad
postneonatal*
(28 d a 11 meses)

Mortalidad infantil*
(>1año)

1979

69 1133

98,3

51,5

11,2

2,0

6,1

19,4

1980

75 1219

98,5

52,6

11,2

2,0

6,5

19,6

1981

82 1336

98,9

40,4

10,6

1,9

6,0

18,5

1982

85 1359

98,9

48,2

9,7

1,8

5,8

17,3

1983

89 1412

98,4

31,5

9,0

1,7

6,1

16,8

1984

99 1531

98,7

31,3

8,5

1,5

5,1

15,0

1985

111 1769

98,8

30,8

8,1

2,1

6,3

16,5

1986

125 1978

99,3

37,3

7,0

1,7

4,9

13,6

1987

135 2178

99,4

34,0

7,2

1,9

4,2

13,3

1988

142 2306

99,8

26,1

6,1

2,0

3,8

11,9

1989

150 2471

99,8

29,2

5,4

1,8

3,9

11,1

1990

153 2526

99,8

31,6

4,6

1,8

4,3

10,7

1991

158 2586

99,8

36,2

4,7

1,9

4,1

10,7

1992

167 2727

99,8

33,0

4,6

1,7

3,9

10,2

1993

175 2875

99,8

26,9

3,9

1,8

3,7

9,4

1994

182 2956

99,8

44,1

4,0

2,1

3,7

9,9

*Por 1 000 nacidos vivos.
Fuente: Ministerio de Salud Pública. Informes anuales (1973-1994). Habana 1974-1995.

Los componentes de la mortalidad infantil, o sea las que concurren dentro de los primeros 7 d, y las de 7 a 27 y las comprendidas entre los 28 d y 11 meses sufren oscilaciones hasta 1970, pero a partir de este año su reducción ya se produce con regularidad. En dichos cambios influyeron los deficientes registros estadísticos existentes antes de la revolución y que paulatinamente fueron perfeccionados.

La calidad de los registros de salud y más especialmente los de nacimientos y defunciones, se perfeccionaron con gran rapidez. Estos cambios permitieron que ya en 1972, Cuba pudiera participar conjuntamente con Estados Unidos, Inglaterra, Suecia, Austria, Hungría, Japón y Nueva Zelanda en un estudio de colaboración internacional de mortalidad perinatal, realizado por la OMS.46 En esta investigación se incluyó un grupo de países que ofrecían alta confiabilidad de la calidad y cobertura de los registros estadísticos de las edades perinatales. Por tales razones señalábamos que, si bien hasta 1970 las cifras estadísticas de mortalidad infantil y sus componentes ofrecían oscilaciones como resultado de las deficiencias de los registros, ya después de esa fecha son consistentes con la realidad.

De la relación de los hogares maternos con los resultados señalados solamente pudiera atribuirse a estas unidades su contribución decisiva al incremento del parto institucional, para lo que fueron creadas. En relación con el resto de las variables, o sea las de la mortalidad materna e infantil, si bien no puede apreciarse qué proporción debe atribuirse a la acción de los hogares, tampoco puede negarse que en las reducciones logradas en dichos rubros, de alguna manera ellos deben haber contribuido, aunque en función de la información que poseemos esto no pueda ser demostrado y únicamente un estudio prospectivo con los controles adecuados pudiera evidenciarlo, donde los estudios de la morbilidad serían los de mayor interés.

Los hogares maternos que solamente registran sus actividades más generales no aportan información que contribuya a profundizar en el análisis de sus resultados ni tampoco han sido objeto de estudios científicos en sus más de 30 años de existencia en Cuba. Pudiera resumirse que su contribución a la salud de la madre y el niño va a sumarse a todas las acciones que han logrado en Cuba, país que por su economía pertenece al Tercer Mundo, indicadores de salud maternoinfantil semejantes y aún superiores a los de algunos de los países desarrollados.

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