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El empacho en América Latina y Cuba 

Introducción

El empacho es una enfermedad gastrointestinal que con facilidad se le reconoce en los estratos populares de origen iberoamericano que residen en Canadá y Estados Unidos de América hasta los confines patagónicos de Argentina y Chile, pasando por las islas de la constelación antillana. Se trata de la enfermedad popular de origen natural más frecuente en toda nuestra América Latina. En México, después del “mal de ojo” es la más conocida por los terapeutas tradicionales (Zolla, 1988). En Cuba es de uso tan cotidiano que la expresión más usada es la relacionada con su tratamiento mediante masajes, es decir “pasando la mano.”

El presente trabajo tiene por finalidad presentar la información general sobre el empacho en América Latina con especial énfasis en Cuba. En una segunda parte, se presentan los textos originales sobre el empacho producido en la isla cubana, o bien, que hayan tenido alguna influencia en la práctica médica o doméstica en Cuba. 

Esta recopilación de textos forma parte de una investigación más amplia sobre la presencia antigua y actual del empacho en América Latina.  El autor revisó los  fondos bibliográficos y hemerográficos de la  Biblioteca del Museo Histórico de las Ciencias Médicas “Carlos J. Finlay,” la  Biblioteca Nacional “José Martí” y la Biblioteca “Elvira Cape”, las 2 primeras en La Habana y la tercera, en Santiago de Cuba. Asi mismo se encontró un texto en la Biblioteca Nacional de México, otro en la Biblioteca Nacional de España y varios trabajos en internet. 

Si bien toda la información obtenida sobre el empacho no es exhaustiva, sí constituye una muestra representativa en términos históricos, geográficos, clínicos y multidisciplinarios.

Se hallaron 26 textos acerca del tema: 8 del siglo XIX, 13 del  XX y 5 del XXI. Algunos fueron editados en Europa, pero usados en la academia y práctica clínica locales, o en su defecto elaborados por facultativos extranjeros residentes en la Isla. Abundan materiales provenientes del rico folclore médico cubano, sobre todo después del triunfo de la Revolución (cuadro 1).

Desde el punto  de vista geográfico, la documentación  recolectada contempla  desde el occidente (La Habana, Matanzas) y centro (Santa Clara, Sancti Spíritus, Camagüey) hasta el oriente del país (Santiago de Cuba).

Cuadro 1. Textos con referencias al empacho, producidas o utilizadas en Cuba (por año de edición, 1821-2004)

Año

Autor

Obra y editor

1821

DJA.F y C

Prontuario medical y colección de los principales medicamentos que debe contener un botiquín…Imprenta de la Real Sociedad Económica, Barcelona

1851

Raspail FV

Manual de la salud para 1851 ó medicina y farmacia domésticas. Librería de Sanz, La  Habana

1854

Chateusalins HB de

El vademecum de los hacendados cubanos o guía práctica para curar la mayor parte de las enfermedades. [s.n.], La Habana

1860

Bramón J

Opúsculo de medicina homeopática doméstica. Imprenta El Ferrocarril, Matanzas

1864

Grosourdy R

El médico botánico criollo. Flora médica y útil de las Antillas. Librería Brachet, París

1868

Callejas y Asencio W

Manual de homeopatía.  Imprenta de Espinal y Díaz. Santiago de Cuba

1881

Navarro y Villar JJ

Manual popular de medicina homeopática. Ravelo y Hermanos Editores, Santiago de Cuba

1900

Seguí D

Ojeada sobre la flora médica y tóxica de Cuba. La Propaganda Literaria, La Habana

1928

Martínez-Moles M

Contribución al folklore.  Editora Cultural, La Habana

1931

Martínez-Moles M

Contribución al folklore  (tomo 3). Editora Cultural, La Habana

1936

Martínez-Martínez R

Oriente folklórico.  Imprenta Ros, Santiago de Cuba

1945

Roig y Mesa JT

Plantas medicinales, aromáticas o venenosas de Cuba. Ministerio de la Agricultura, La Habana.

1962

Seoane Gallo J

Remedios y supersticiones en la provincia de Las Villas. Universidad Central de Las Villas, La Habana

1965

López Ojeda M

Remedios caseros de ayer. Islas, Santa Clara

1982

Feijoó S

Humor, fantasía y superstición en los remedios populares cubanos. Signos, La Habana

1982

Carreras A

Remedios empíricos recogidos en la antigua provincia de Camagüey. Signos, La Habana

1982

Cabrera L

La medicina popular cubana. Revista de la Universidad de México, DF

1987

Castellanos I

El curanderismo en Cuba. El Militante Comunista, La Habana

1988

Seoane Gallo J

El folclore médico de Cuba. Provincia de Camagüey. Editorial Ciencias Sociales, La Habana

1993

Martínez F

Creencias populares. Publicigraf, Santa Clara

1995

Santiesteban  A

Uno y el mismo (Notas de folklore cubano…). Ediciones Unión, La Habana

2000

Cárdenas, Tristá y Reinhold

Diccionario del español en Cuba. Editorial Gredos

2000

Coronel Carbajal C

Problemas identificados en el manejo de la enfermedad diarréica aguda. Rev Cubana Med Gen Integr 16(4):340-5

2001

Cervantes I, Bosch M y Armero G

Valoración del conocimiento de las madres sobre las diarreas y su prevención. Rev Cubana Enfermería  17(1): ........

2004

Puello A

Cubanerías. Notas de costumbres y humor cubanos [http //www.adpuello.com/cubanerias.htm]

2006

Castillo MR

Reyita: The Life of a Black Cuban Woman in the Twentieth Century.
http://archive.salon.com/health/books/2000/10/19/cuba/print.html

Fuente: Recopilación histórica en Cuba, 1821-2006.

Fig. 1.  Cooperativa de plantas medicinales en Santiago de Cuba.

Las principales  descripciones clínicas del empacho corresponden a profesionales médicos, especialmente homeópatas, entre ellos: Honorato de Chateusalins, Joaquín Bramón, Wenceslao Callejas y José Joaquín Navarro, pues el desarrollo de la homeopatía cubana fue relevante durante el siglo XIX.

También existen  contribuciones de un farmacéutico que solo se identifica con sus iniciales  (DJAF y C), varios botánicos (Renato Grosourdy, Domingo Seguí, Juan Tomás Roig), múltiples folcloristas (Manuel Martínez-Moles, Ramón Martínez- Martínez, José Seoane Gallo, Samuel Feijóo, Andrés Carreras, Florentino Martínez, Argelio Santiesteban), escritores (María López Ojeda, Lydia Cabrera y Andrés Puello) e incluso un interesante testimonio personal de Israel Castellanos, militante del Partido Comunista de Cuba.

Conviene  puntualizar que la calidad y cantidad de lo publicado es muy desigual, pues algunos autores han escrito 1 o 2 párrafos sobre el tema, en contraste con la rica y extensa información obtenida por José Seoane Gallo en la provincia de Camagüey. En otros casos, el empacho aparece en forma secundaria y como una práctica que debe ser desterrada y aniquilada por el personal profesional de salud (Carlos Coronel), sin que exista la duda razonable sobre la eficacia de las prácticas terapéuticas usadas desde cientos de años en Cuba y toda América Latina.

Concepto

De acuerdo con el Diccionario producido por la Real Academia Española de la Lengua, el empacho es definido  como una "indigestión de la comida" y, a su vez, el término indigestión es considerado como un "trastorno que por esta causa padece el organismo," cuando existe un alimento o alguna substancia "que no se digiere o se digiere con dificultad" (Diccionario de la Lengua Española,1992).

Desde el punto de vista médico nos interesa destacar por su uso clínico, la palabra dispepsia, que el mismo Diccionario de la Lengua Española define como una "enfermedad crónica caracterizada por la digestión laboriosa e imperfecta" coincide con la definición técnica ofrecida por el Diccionario Terminológico de Ciencias Médicas (1983) que relata el origen griego a partir de las partículas dys, mal y pepten, cocer, o sea, nuevamente una "digestión difícil y laboriosa de carácter crónico  (1983).

Podemos concluir que existe una sinonimia terminológica entre empacho y dispepsia, y que otras palabras equivalentes o asociadas son ahíto, repleción gástrica, crudeza estomacal, hartazgo y embarazo gástrico (Sainz de Robles, F, 1969).

Desde un punto de vista histórico, vale la pena mencionar que la palabra empacho, proviene del latín  ìmpèdìcáre, y luego del francés antiguo, empechier, que se traduce como estorbar o embarazar // ahitar, causar indigestión (Diccionario Enciclopédico UTEHA, 1951).

Si bien, se reporta que la palabra empacho es poco usada en España (Moliner, María, 1979), la utilización por mestizos y criollos de toda América Latina es generalizada y cotidiana, no obstante, existen palabras amerindias que son propias y similares, por ejemplo, Fray Alonso de Molina (1970) en su vocabulario de lengua castellana y mexicana, reporta moxouitiqui para el que está ahitado, y temamatiliztli o tepinauiliztli a la enfermedad del empacho.

En Bolivia se reconoce al empacho como una entidad morbosa,  pero es considerada como una forma parcial de obstrucción intestinal que se traduce en problemas de estreñimiento.

En el nordeste de Argentina, los pueblos guaraníes consideran que es una enfermedad "natural" o "de Dios" pues "se origina de una mala digestión o bien por el estado físico de la persona" (Pérez-Samaniego, 1988).

En Cuba, durante la segunda mitad del siglo XIX se le consideró sinónimo de indigestión, dispepsia y embarazo gástrico; en todos los casos descrito como una alteración funcional del aparato digestivo, donde los alimentos no son aprovechados por la inactividad del estómago (Chateusalins, 1854). En el siglo pasado, los campesinos camagüeyanos insistían en que el empacho es una “mala digestión” que se agrava porque el alimento “no pasa”, “no baja”, “se queda (…), no se va”; e incluso que se trata de una “mala digestión encabronada, que no quiere bajar para el intestino”, “que se halla estancada y permanece 'jodiendo' en el estómago” (Seoane-Gallo, 1988).

En la historia médica latinoamericana tenemos reportes sobre el empacho desde el siglo XVI y su continuidad en términos teóricos y prácticos hasta la actualidad, por ello su inclusión en este artículo en los principios del siglo XXI simplemente refleja la importancia, trascendencia y vigencia de una enfermedad de predominio infantil que se ha mantenido en los compartimentos de la medicina popular, y que requiere de una nueva revisión y valoración por las ciencias médicas (Campos - Navarro R, 2000).

Causalidad

Son múltiples las causas que pueden provocar un cuadro de indigestión o empacho. Según Zolla y otros (1988) se pueden reconocer 4 agrupaciones de causas:

1. Calidad de la ingesta

a) Ingestión de sustancias no alimenticias: tierra, chicle, papel, basura.

b) Ingestión de frutos no maduros

c) Ingestión de alimentos de difícil digestión: cáscaras de frutas, cuero de cerdo, tortillas crudas, y en el caso de los lactantes, frijol.
d) Alimentos en descomposición: arroz agrio.
e) Alimentos fríos (el caso más comúnmente reportado es el enfriamiento de la madre al   lavar o bañarse, fenómeno que repercute en la calidad de la leche materna al lactar).

 f) Ingestión de alimentos calientes: fruta caliente.

g) El ingerir la saliva (la "baba") durante el periodo de la dentición.

2. Ingesta excesiva

  Comer en exceso cualquier tipo de alimento.

3. Oportunidad de la ingesta.

a) Comer a deshoras, generalmente después de los horarios habituales; esta ingesta ansiosa provoca que se coma también excesivamente.

b) Comer inmediatamente antes de dormir.

4. Condiciones o comportamientos ante la ingesta.

a) Comer inmediatamente después de haber "hecho un coraje", padecido un "susto" o haber "hecho bilis".

b) Comer rápido, con precipitación, desordenadamente.

Con respecto al primer grupo, los médicos mexicanos del siglo XIX diferenciaban a grosso modo, entre alimentos alíbiles (es decir digeribles por el organismo) y los no alíbiles, que son parcial o totalmente imposibles de ser degradados por las enzimas contenidas en el tracto gastrointestinal. Entre estas últimas estarían los cabellos, los chicles, y los hollejos de diversas frutas y legumbres como el jitomate, manzana, pera, frijol, uvas, maíz palomero, etc.

Igualmente se considerarían aquellos elementos alimenticios que se encuentran insuficientemente cocidos como la masa de panes y pasteles, las pastas de sopas sin cocer, las tortillas de maiz que se encuentran todavía crudas. Las frutas que no están "a sazón", es decir, que aún estan sin madurar.

Existe el supuesto que la ingesta de los alimentos debe ser armónica y equilibrada en relación con las características intrínsecas frías y calientes de los elementos que se consumen. Es por ello, que frutas consideradas "frías" como las naranjas y las sandías no deben ser consumidas por las mujeres embarazadas cuya naturaleza en ese momento es "caliente." En este mismo sentido, la ingestión de alimentos "fríos" o "calientes" en la madre que amamanta puede provocar que la leche "se corte" y dañe al lactante, del mismo modo que si asolea en exceso o sufre un "enfriamiento" cuando lava o se toma un baño. Consecuencia de lo anterior es el llamado "enlechamiento", variedad de empacho que se genera cuando el niño ingiere la leche materna en las condiciones antes anotadas, o bien, la mamá ofrece su leche de manera muy frecuente, en exceso, a "deshoras", o después de sufrir un evento sorpresivo (susto) o un fuerte coraje (muina). En todos lo casos, la leche se encuentra en grumos, "cortada" o "cruda" (Zolla, 1994).

En los infantes lactantes es importante mencionar que la excesiva producción de saliva durante la aparición de la dentición se ve acompañada de trastornos gastrointestinales, y esas modificaciones son atribuidas al empacho. También es causa de empacho el consumo de la leche que se dejó en biberón durante varias horas y luego se ingiere.

En relación con el segundo grupo, son universalmente reconocidos los daños que corresponden al excesivo consumo de uno o varios alimentos, y esta es la forma más conocida de empacho por hartazgo.

En el tercer grupo aparecen causas relacionadas con la irregularidad en el consumo de los alimentos que conducen a situaciones contrastantes como la escasa ingesta o al contrario, comer en exceso. Tambien causa de empacho es dormir inmediatamente después de comer e incluso, otros médicos desde siglos atrás, establecen como causal la realización del acto sexual sin que medie un prudente y aconsejable periodo de reposo posprandial.

Finalmente, en la cuarta agrupación aparecen causas provocadas por otras enfermedades dependientes de la cultura frecuentes en América Latina, nos referimos a los empachos que se producen a consecuencia de sustos y corajes (antes mencionados para las mujeres que lactan) y los "derrames de bilis" desencadenados por fuertes e intensas experiencias emotivas relacionadas con los corajes, muinas e incluso, penas y tristezas.

En Venezuela, la gente cree que esta enfermedad puede ser "puesta" por alguna hechicería. (Pollak-Eltz, 2002).  En México, sólo tenemos un reporte aislado precedente de la sierra de Sinaloa donde se le atribuye la causalidad a "una bruja o al Diablo" (Werner D, 2000).

En Cuba, la información histórica al respecto permitió conformar 4 grandes grupos  de causas potenciales de empacho, ordenadas de acuerdo con su frecuencia (cuadro 2):

I.    Ingestión de alimentos indigestos
II.   Ingestión excesiva de alimentos
III.  Ingestión de alimentos insuficientemente cocidos
IV. Alteración e interrupción de la función digestiva

Cuadro 2. Productos mencionados como causantes de empacho en Cuba  (1821-2006)
(Anotados en orden  de frecuencia)

1

Fruta inmadura (también podrida, con “sazón pasmada”)

2

Carne de puerco

3

Ajonjolí

4

Arroz

5

Maíz, incluidas las “rositas de maíz”

6

Maní (cacahuate)

7

Agua

8

Coco

9

Melón

10

Mamey amarillo de Santo Domingo

11

Amasijo de pastelería

12

Mezclas nocivas: alimentos agrios y leche

Fuente: Recopilación histórica sobre empacho en Cuba, 1821-2006.

En el primer grupo se incluyen  alimentos poco digeribles, o bien normales,  pero consumidos en circunstancias especiales; acerca de ello, un habitante  de Camagüey detalló el “empacho de agua,” que  se produce “cuando uno está muy sofocado y toma agua con mucha rapidez” (Seoane-Gallo, 1988). Otro campesino expuso: “En una ocasión yo cogí  un empacho malísimo de melón. Habían pasado tres días y yo me sentía la barriga  llena de melón, eructando el sabor a cada momento […]”  (Seoane-Gallo, 1988).

Cabe mencionar que, según varias  personas entrevistadas, esos alimentos indigeribles contribuyen a formar la denominada “bola o pelota del empacho” en el tracto gastrointestinal, que por  lo general se adhiere a las paredes del tubo digestivo y provoca un tránsito intestinal lento, pesado e incluso con parcial o completo estancamiento.

El  segundo grupo contempla un excesivo consumo de  alimentos, más grave aún  cuando se trata   de un mismo elemento;  sin embargo, el ejemplo por excelencia es la “gran comida cubana” de Nochebuena, ocasión en la cual se  consume  “lechón asado, arroz y frijoles negros, yuca con mojo, ensalada,  plátanos, pollo, pescado, vino tinto y  vino blanco” (Puello, 2004).

En el tercer grupo figuran los  alimentos poco  cocidos, inadecuadamente preparados  y de mala calidad, o aquellos  que se ingieren  cuando aún no ha concluido la digestión previa.   Una opinión femenina asevera que: “Cualquier alimento que se come en  exceso produce el empacho, pero hay algunos que tienen predestinación como el ajonjolí, el maní y el arroz, cuando no están bien cocinados”  (Seoane-Gallo, 1988).

En el cuarto y último  grupo se altera o interrumpe la digestión por múltiples causas: eventos  sorpresivos que asustan a las personas, práctica de ejercicios violentos, vivencia de fuertes emociones (disgustos, pesares, sufrimientos morales y otras),  trabajo intelectual intenso o prolongado, consumo excesivo de bebidas  alcohólicas, dietas severas, ingestión de comidas con apuro, mala digestión “pasmada”, abuso de placeres y uso de un corsé muy ajustado. (Navarro y Villar, 1881).

Patogenia

En la península ibérica, desde el siglo XVIII, el Diccionario de Autoridades relata que el ahitarse es sufrir "embarazo en el estómago con el exceso grande de la comida, o de viandas no fáciles de digerir" y más adelante señala que "la vianda se pega al estómago, y está allí fija" (1976).

Del mismo modo, en América Latina, de acuerdo con el saber popular, aquello que causa el empacho queda detenido en el tracto gastrointestinal (se dice que se ha "pegado" a las paredes) y esto podríamos interpretarlo como un cuadro oclusivo parcial (suboclusión), y en casos extremos, oclusivo completo. 

Estos cuadros de oclusión parcial o total, así como las complicaciones secundarias, explicarán los signos y síntomas que sufre el paciente. En Cuba, el descubrimiento de una tumoración abdominal (una "pelota" o "pelotica") se constituirá en el signo clínico por excelencia.

Epidemiología

Se trata de una enfermedad que afecta a todas las personas, sin importar su edad, género o grupo social. Se ha constituido como una entidad patológica dependiente de la cultura propia de la población latina de América.

Es mucho más frecuente en la edad infantil, sobre todo de 1 a 5 años. La morbilidad es mayor durante los meses de abundancia de frutas, y en el hemisferio norte, coincide con la época de lluvias correspondiente al verano.

En la costa del Pacífico en Guatemala se presenta por igual en adultos que en niños (Weller et al, 1992), mientras que en el Chaco argentino es más frecuente entre los niños porque se considera que ellos tienen su "estómago más débil" (Samaniego C, 1988).

En Cuba, el empacho es un trastorno común que afecta a todas las personas, pero predominantemente a los niños.  Chateusalins apunta que: “Apenas se despecha a los niños, cuando ya las madres se apresuran a darles alimentos con tanta profusión o de tan mala calidad, que ocasionan los empachos o indigestiones”.   En 1854, ese mismo autor sostenía que en las fincas cubanas representaba la segunda causa de muerte de sus empleados, por lo que: “Todo hacendado que quiera conservar a los criollitos, debe más bien procurar prevenir las indigestiones, que curarlas.”

Es interesante añadir lo relatado por una informante que vivió durante la  Guerra de Independencia: “[…] se daban muchos casos de empacho, porque la gente alzada contra España tenía que comer de lo que hubiera, y a veces lo que había era fruta de monte, que muchos ni sabían si se podía comer ni si estaba en sazón”. (Seoane-Gallo, 1988).

Su mortalidad es desconocida, pero estudios estadísticos de fallecimientos en San Jacinto, una parroquia ubicada al suroeste del Valle de México durante el periodo que va de 1834 a 1867 se encontró ocupando el noveno lugar de la mortalidad general, diferenciándose de enfermedades digestivas como diarreas, disenterías y cólera. En esa misma investigación encontramos que afectaba más a los infantes, sobre todo menores de 5 años; que aumentaba en los meses lluviosos del verano y que no había diferencia significativa por género, pues lo mismo enfermaban y morían los niños que las niñas.  (Campos - Navarro y Vargas, 2002).

 Signos y síntomas

Desde el punto de vista clínico es importante la distinción popular que se hace entre empacho "seco" y empacho "húmedo." En el primero, los datos se agregan alrededor de un cuadro de estreñimiento o constipación, mientras que en el segundo, la diarrea es el signo fundamental. Por ello, se invalida la catalogación simplista del empacho como una   gastroenteritis caracterizada por la disminución de la consistencia y aumento en la frecuencia de las evacuaciones digestivas.

Existe otra diferenciación clínica entre empachos recientes y antiguos, donde los primeros se manifiestan en forma aguda y abierta mientras que los segundos se encontrarían ocultos, enmascarados y aparecerían como un hallazgo cuando se efectua alguna eventual manipulación terapéutica.

Si entendemos el empacho como un síndrome con una variada causalidad, también podemos comprender su diversa configuración clínica. Pueden variar desde un sencillo y pasajero dolor abdominal hasta múltiples alteraciones orgánicas que ponen en riesgo la vida del paciente.

Un hartazgo digestivo suele acompañarse de signos y síntomas gastrointestinales: dolor de estómago, mareos, náuseas, vómitos y agruras. Si no se resuelve pueden añadirse alteraciones diversas como dolor de cabeza, malestar general, pérdida del apetito, fiebre, en algunas ocasiones el estreñimiento y en otras,  la diarrea.

Una investigación en Guatemala señaló que en 26 casos de empacho, los síntomas más frecuentes fueron diarrea (12), ausencia de apetito (9), cefalea (7), vómitos (5), dolor de estómago (5), distensión abdominal (3), fiebre (2), náusea (2) y otros. (Weller et al, 1992).

En el nordeste de Argentina se considera que un empacho puede complicarse si no es atendido en forma oportuna por los curadores populares (y no por el doctor que desconoce el tratamiento específico que requiere la enfermedad). De tal modo que el empacho, "se queda adentro, no sale y se va subiendo hasta la cabeza, y ahí ya es peligroso, puede dar hasta meningitis"  amenazando la vida del paciente.

En este sentido, cabe mencionar que los médicos mexicanos del siglo XIX reconocían 4 grupos clínicos en el empacho. En el primero sólo existen alteraciones debidas a la excitabilidad gastrointestinal, en el segundo se presentan datos de obstrucción intestinal, en el tercero hay datos neurológicos, y en el cuarto, otras manifestaciones o "accidentes extraños que pueden desfigurar la expresión de la enfermedad" (Vargas G, 2000).

En el caso cubano, la presencia de un tumor abdominal, denominado como “bola” o “pelota” de empacho, es el signo más sobresaliente del cuadro clínico, seguido por  el dolor abdominal de tipo cólico,  cefalea, pérdida parcial o completa del apetito, náuseas y vómitos, diarrea (a veces con alimentos a medio digerir), sensación de fatiga, desgano y debilidad, fiebre (sobre todo cuando se prolongan las manifestaciones clínicas), eructos con olor a  huevo podrido, gases y ventosidades, así como malestar general (cuadro 3).

Cuadro 3. Signos y síntomas del empacho en Cuba (1821-2004)
(Anotados en orden de frecuencia)

 

                            Signos y síntomas

No. de referencias

1

Tumor abdominal  (“pelota” o “bola” del empacho)

12

2

Dolor abdominal                                                                      

6

3

Cefalea                                                                                    

5

4

Pérdida de apetito 

4

5

Náuseas     

4

6

Vómitos     

4

7

Diarrea

4

8

Debilidad, fatiga y desgano 

4

9

Fiebre

3

10

Eructos

3

11

Ventosidades

3

12

Malestar general 

3

Fuente: Recopilación histórica sobre empacho en Cuba, 1821-2006.

Ya en la segunda mitad del siglo XX, los campesinos trataban de distinguir empíricamente qué tipo de trastorno gastrointestinal se había producido.  He aquí una descripción representativa: “La diferencia que hay entre un empacho y una mala digestión es que el empacho hace que se tranque en el estómago lo que hizo daño y forme una pelota. Hay 2 clases de empacho, el benigno y el rabioso. El benigno es cuando no se forma la pelota […]. El rabioso es cuando se forma la pelota”  (Seoane-Gallo, 1988).

Otra manera de diagnosticar el empacho es mediante la técnica de la medida: “Tómese una cinta roja y mídase 3 veces la distancia que hay entre el hueso de la parte inferior del codo y el dedo mayor de la mano, es decir, la punta, cortando la cinta por ese lugar. Dígasele al paciente que sostenga una de las puntas de la cinta sobre su ombligo y la otra llévese al extremo del brazo estirado. Si hay empacho, el brazo resultará más largo que la cinta, y  no lo hay en caso contrario”  (Feijoó, 1982).

 

Fig. 2.  Secuencia de fotos sobre el tratamiento del empacho en Cuba mediante la “cinta de medir,” en este caso con un par de cinturones.

Fig. 3.  Tratamiento del empacho mediante la “cinta de medir”. Medición desde la punta de los dedos hasta el codo.

Fig. 4.  Tratamiento del empacho mediante la “cinta de medir”. Se marcan tres medidas del codo hasta la punta de los dedos.

Fig. 5.  Tratamiento del empacho mediante cinturones articulados, iniciándose con una marca que se logra al medir 3 longitudes de antebrazo. Se solicita al enfermo que coloque una punta en su epigastrio. Del otro extremo la curandera inicia el dignóstico- tratamiento santiguándose.

Fig. 6.  Tratamiento del empacho mediante una cinta (cinturones articulados). Midiendose de codo a punta de dedos.

Fig. 7.  Tratamiento del empacho mediante una cinta (cinturones articulados). Segunda medición de codo a punta de los dedos.

Fig. 8.  Tratamiento del empacho mediante una cinta (cinturones articulados). Tercera medición  de codo a punta de dedos. Se llega a tocar el epigastrio. La persona no está empachada. Solo si se pasa la mano hacia tórax existe la enfermedad.

Fig. 9.  Tratamiento del empacho mediante una cinta (cinturones articulados). Es una variación donde de nuevo se toman las 3 mediciones.

Fig. 10.  Tratamiento del empacho mediante la cinta (cinturones articulados). Los dedos llegan a la superficie donde el paciente sostiene la otra punta. No hay empacho.

Fig. 11.  Tratamiento del empacho mediante la cinta (cinturones articulados). No hay empacho.
En caso de que se “pasara” la mano, no solo es diagnóstico de empacho sino también es el tratamiento y debe repetirse al día siguiente por 3 d.

Diagnóstico

Si partimos de los elementos clínicos de la medicina académica (o biomedicina) para construir un diagnóstico basándonos en el interrogatorio y la exploración (que abarcan la inspección, la palpación, la percusión y la auscultación), con el empacho podemos utilizar esas mismas herramientas de auxilio.

De hecho, el interrogatorio es uno de los principales instrumentos para la elaboración diagnóstica, pues se pregunta a la madre sobre los antecedentes en la ingesta de alimentos. Y así podremos conocer la frecuencia, la regularidad, los excesos, sus propiedades frías o calientes (de acuerdo con la clasificación popular), la frescura y madurez de frutas y verduras, el grado de crudeza y cocimiento, la presencia o ausencia de hollejos (cáscaras), su condición de digeribilidad, enfermedades asociadas como susto o haber "hecho bilis". Igualmente, podremos saber si hubo la ingesta de elementos no ingeribles como el papel, textiles, cabellos, chicles, tierra u otros.

En la inspección encontramos a un pacientito inquieto, llorón, con facies dolorosa, palidez de piel y tegumentos, con datos compatibles con la deshidratación (piel húmeda y fría, hundimiento ocular, fontanela deprimida, etc.). En algunos casos podremos observar el abdomen distendido y en ocasiones una deformidad abdominal por presencia de tumoración.

A la palpación podremos corroborar presencia de taquicardia y  diaforesis debidas a una hipertermia y, en algunas ocasiones, la palpación de una tumoración abdominal en alguna sección del tubo digestivo. Los médicos mexicanos del siglo XIX señalaban en orden decreciente: íleon, ciego, colon transverso, intestino delgado y por último, el estómago. (Vargas, 2000). En Cuba,  la mayoría de la gente basa el diagnóstico en la presencia de una "bola" o "pelota" en el abdomen (Seoane-Gallo, 1988). En Honduras se refiere que: "Aparecen ciertas masas redondeadas como del tamaño de un nance, en grupos de 3 o más [...] eran detectadas en todo el cuerpo pero fundamentalmente en los brazos" (Maldonado, 1980).

Durante la percusión, se escuchará un sonido de matidez o submatidez, en el lugar donde se ha detectado o palpado la tumoración digestiva.

En la auscultación se escuchará un aumento en la frecuencia de los ruidos intestinales cuando se trate de un empacho "húmedo" que se relaciona con evacuaciones diarréicas, o bien su disminución en caso de empacho "seco". Si existiera un problema de oclusión o suboclusión intestinal, la auscultación corresponderá a presencia de los ruidos antes del sitio afectado, y su ausencia (ileo paralítico), en secciones posteriores.

Fuera del paradigma biomédico, en Argentina se construye el diagnóstico de empacho mediante la "medida de la cinta" que se transcribe a continuación:
           
Se utiliza una cinta de tela (no elástica) de unos 2 cm. de ancho y una longitud 3 veces la medida del antebrazo del que cura, desde el codo hasta los dedos. [...] El paciente toma un extremo de la cinta y lo coloca sobre el epigástrio o "boca del estómago", el curandero toma el otro extremo, se santigua, y lo pone bajo su codo derecho, estirando este brazo hasta coger la cinta con la mano del mismo brazo. El punto de la cinta donde ha llegado la mano es colocado nuevamente bajo el codo y se repite la acción 3 veces en total. A la tercera vez, si no está empachada la mano quedará en el epigastrio del consultante, pero si es un Empacho la cinta "se acortará mágicamente" y la mano queda en el pecho, cuello o cabeza del enfermo. Cuanto más alta quede la mano más grave o avanzado será el Empacho. Tres veces se repite la medida completa de la cinta haciendo tres cruces en el punto de llegada al paciente. El curandero durante toda la operación susurra ininteligiblemente una oración, que es la que tiene el verdadero poder de curación, mientras que la cinta posee el del diagnóstico (Pérez-Samaniego, 1988).                                                                       

En México, la "tronada o quebrada del empacho" (que se describe en detalle más adelante) constituye diagnóstico diferencial: si se escucha el chasquido o tronada, se confirma que se trata de un empacho (y con esta maniobra hecha por el curandero o la madre de familia, se curará). Si no se escucha no es empacho y entonces mejor "llévatelo con el doctor". Por ello se requiere establecer una discriminación diferencial con respecto a otras patologías gastrointestinales como parasitosis, disenterías, colitis amebiana, gastritis y gastroenteritis de origen infeccioso

Tratamiento

Los tratamientos relativos al empacho suelen ser realizados por las madres de familia, y en casos más complicados o graves por los curanderos, existiendo en Argentina los especialistas denominados como "medidores o quebradores de empacho".

En toda nuestra América existen una enorme gama de recursos terapéuticos y sus combinaciones para curar el empacho, no obstante su objetivo es el mismo: desalojar y limpiar el tubo digestivo en cualquiera de sus secciones. Por ello aparecen remedios vegetales y sintéticos de carácter calmante y evacuante como los vomitivos, los purgantes y laxantes, digestivos y carminativos e incluso enemas. 

A propósito de tratamientos con elementos farmacológicos de patente, es creencia popular generalizada que se deban evitar medicamentos que reduzcan la movilidad intestinal como los antidiarréicos de tipo astringente (por ejemplo, la caolín y pectina) y los derivados de la butil hioscina.

Además de la limpieza digestiva, se realiza un masaje o “sobada” en la superficie abdominal. Las manos del curador se recubren de manteca de puerco, aceite de comer, sebo de variados animales (gallina, pollo, carnero, cabrito, toro, entre otros), “pan puerco” (pomada grasosa que se hace en México, y que puede contener entre otros elementos la raíz de jalapa). En Honduras se usa también la brillantina. En Cuba, los orines humanos y el cocimiento de hojas de chamico; y en Venezuela, la mantequilla, aceite de almendras, manteca de cacao mezclados con infusiones de flor de rosa y hojas de col. En algunos casos, se suele dejar un emplasto, siendo los más famosos en la época colonial, la hoja del tabaco, y que ahora ha sido sustituido por la hoja de col o el papel de estrasa.

Quizá la manipulación terapéutica más espectacular y específica del empacho corresponde a la tronada o quebradura de empacho, que también se conoce como “tirar del cuerito.” Contamos con reportes de su utilización en México, Cuba, Argentina y Chile. La persona afectada se le acuesta, se le masajea (con la técnica particular de cada curador), y luego se le pone en decúbito ventral, se le soba la espalda, y se le jala la piel ubicada en la región paralumbar, escuchándose un tronido o chasquido, es decir, un sonido seco e intenso, que es específico de la curación del empacho.

Esta técnica provoca aumento del peristaltismo gastrintestinal por estimulación de las raíces nerviosas correspondientes al plexo solar, y obliga al paciente a evacuar en forma inmediata. Otra explicación, desde el modelo de la acupuntura tradicional china, es que la zona donde se le “tira del cuerito” corresponde a canales y meridianos que controlan órganos internos con función digestiva, aumentado su actividad (Chévez, 2000).

Sean las plantas medicinales, las sales minerales, los medicamentos de patente, las purgas o las técnicas manuales, se busca el incremento de la actividad gastrointestinal, la salida de aquello que está provocando el empacho, y la máxima prueba demostrativa es visualizarlo en las heces fecales o –en otros casos- encontrarse con evacuaciones extraordinariamente fétidas.

A pesar de la infinita cantidad de remedios con cierta eficacia, es aconsejable prohibir el uso de algunas sustancias relacionadas con el plomo y el mercurio, nos referimos a la greda, albayalde y azarcón, que aún se suele utilizar en algunas partes del continente americano (Geffner y Sandler, 1980; Montoya, 1984; Trotter, 1985; Baer y Ackerman, 1988; Baer, García de Alba, Cueto, Ackerman y Davison, 1989). 

En Cuba, se han venido utilizando numerosos remedios, desde los más sencillos hasta los más complejos (cuadro 4). 

Cuadro  4. Tipos de tratamiento para el empacho en Cuba (1821-2006)

1

Uso de plantas medicinales

2

Masajes en abdomen y extremidades

3

Remedios religiosos: oraciones, rezos, plegarias

4

Remedios diversos

5

Maniobras especiales: quebradura, medición del empacho y otras

6

Combinación de las anteriores

Fuente: Recopilación histórica sobre empacho en Cuba, 1821-2006.

Cuadro 5.  Recursos más empleados en el tratamiento combinado para el empacho en Cuba (1821-2006)

1

Masajes abdominales (“pasar la mano”)

2

Oraciones

3

Plantas medicinales

4

Purgante

5

Quebradura del empacho

6

Lavativa

Fuente: Recopilación histórica sobre empacho en Cuba, 1821-2006.

En  Santiago de Cuba, la  técnica de medición con cinta se acompaña invariablemente de una oración secreta que solo puede ser transmitida al mediodía de un Viernes Santo.

Por otra parte, la mayoría de los entrevistados por José Seoane Gallo (1988) en la provincia de Camagüey afirman que los tratamientos suelen ser tan eficaces, que se ablanda y disuelve la “pelota” del empacho, desciende por el intestino y en menos de una hora ya se está arrojando aquella masa pestilente. 

Cabe destacar que todavía en los primeros años posteriores a la Revolución, en esas mismas zonas rurales de Camagüey se continuaban (y seguramente perviven) los rezos, oraciones, masajes con la señal de la cruz en la superficie abdominal y el uso asociado de purgantes. Una campesina relata:

Lo malo que tiene el empacho es la pelota que se forma, que hasta que uno no la hace bajar se está empachado. El remedio que conozco es que otra persona se embarra una mano en aceite y se la va pasando al empachado por la barriga para localizar la pelota. Cuando la tiene localizada, la otra persona dice la oración:

Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Y hace una cruz en la pelota. Esto lo hace y lo dice tres veces. Después, con las dos manos empuja la pelota hacia abajo, para hacerla bajar para el intestino y dice la oración:

Igual que Pilatos a Jesús empujó
este empacho maldito lo empujo yo.

Entonces se le da al enfermo una taza de agua con sal y una cucharada de aceite de comer (Seoane-Gallo, 1988).

En México, muchas madres de familia inician los tratamientos populares e incluso, con medicamentos de patente con la fórmula: “En el nombre sea de Dios […]”

Prevención

De acuerdo con la multicausalidad del empacho antes mencionada, la prevención es particular y específica. La mayoría de las medidas preventivas son transmitidas en el ámbito doméstico por la vía del género, es decir, a partir de la cadena femenina compuesta por la abuela-madre-hija embarazada.

Nuestras observaciones sobre la transmisión de saberes y prácticas médicas populares señalan el período de embarazo como la etapa inicial donde las mujeres son aleccionadas por otras de mayor experiencia sobre lo que deben y no deben hacer durante el embarazo, el parto, el puerperio y los cuidados del recién nacido. Son precisamente sus mamas, suegras, abuelas, tías y vecinas, las encargadas de brindar de manera espontánea los conocimientos basados en sus propias experiencias.

Por ejemplo, en la alimentación de los lactantes con ablactación se suele recomendar -entre otros elementos- el uso del frijol,  pero siempre indicándose quitar el hollejo que envuelve a las semillas, no siempre explicándose las razones de tal práctica pero ya nosotros sabemos, que corresponde a una medida para evitar el sufrimiento de empacho.

Siguiendo este mismo razonamiento, se debe evitar la ingestión de sustancias no alimenticias como el papel, la tierra, las hebras textiles, los cabellos, los chicles, entre otros. Igualmente no permitir la ingestión de frutas inmaduras o que tengan cáscara; los alimentos insuficientemente cocidos (sopas de pasta, la masa con que se preparan galletas, panes y pasteles); alimentos en proceso de descomposición; aquellos que son localmente reconocidos como demasiado fríos o calientes para el estado corporal de los niños que los consumen; y que los bebés con reciente dentición no ingieran la saliva que ya salió de su boca (que se conoce en México como "baba"). 

Por supuesto, no comer en forma excesiva, precipitada y en desórden; hacerlo en forma regular con horarios cotidianos; y no dormir inmediatamente después de cenar, ni tampoco comer de manera inmediata después de haber sufrido un coraje o un susto.

En Cuba,  Chateusalins indicaba que la prevención pasaba por la vigilancia estrecha de los niños criollos: “[…] se asegurará personalmente de cuáles son sus alimentos y cuáles sus cualidades; no permitirá que les den de comer sino a horas arregladas y, sobre todo no cargar sus débiles estómagos de frutas como mangos, aguacates, mameyes, etc., etc.”

Epílogo

El estudio del empacho en América Latina es una parte relevante de las investigaciones contemporáneas relativas a la denominada epidemiología sociocultural. Este enfoque requiere de la creatividad del investigador, así como de una amplia visión científica que evite los caminos del pre-juicio y el rechazo a priori de saberes y prácticas curativas que han sido insuficientemente estudiadas por la biomedicina.

En Cuba se deben emprender investigaciones para conocer más sobre la medicina doméstica y la medicina popular-tradicional que subsisten pese al desarrollo enorme y afortunado de la medicina científica.

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