CUADERNOS DE HISTORIA DE LA SALUD PÚBLICA 109

 

Memorias del Servicio Médico Social Rural. Período 1963-1965.
Municipio de Baracoa. Oriente Sur

 

Por el Dr. Humberto Sainz Cabrera

 

 

 


 

Nuestra promoción se graduó a finales del mes de junio del 1963. El número de graduados quedó muy por debajo de lo esperado debido a numerosas deserciones causadas por las campañas de la contrarrevolución de la época.

La promoción fue la primera del plan de estudios ya de 6 años que cumplió un 6to. Año como Internado con 2 opciones: Vertical en una Especialidad o Rotatorio por las 4 especialidades básicas.

Fue también el primer grupo de graduados que partió hacia el Servicio Médico Social Rural por un período de 18 meses que posteriormente se extendió hasta 30 meses, debido a las históricas decisiones tomadas por los graduados del curso de 1964. En esa época, las fechas de las graduaciones eran variables y terminaban los cursos de la carrera de Medicina después de julio y alguno llegó a terminar hasta en diciembre.

En esa época, con mayor conocimiento de las necesidades que se presentaban en el área rural, se había constituido por el compañero Ministro Dr. José Ramón Machado Ventura, la Dirección del Servicio Médico Social Rural al frente de la cual se encontraba el Dr. José M. Miyar Barruecos, cariñosamente conocido por "Chomi", el cual organizaba reuniones en diferentes hospitales de la capital donde mostraba vistas en diapositivas sobre localidades aisladas de todo el país a donde era necesario que fuéramos a cumplir con nuestro deber médico revolucionario. A estas reuniones muy agradables que terminaban con buenas meriendas, la muchachada las llamó "CHOMINIT" por el parecido a promociones turísticas. Fue una muy buena idea pues en ellas el doctor Miyar respondía las interrogantes de los futuros doctores que procedíamos mayoritariamente de zonas urbanas. Personalmente, yo nunca había viajado al Este de la ciudad de Santa Clara ni al Oeste de La Habana, por tanto, lo que más conocía era Cienfuegos, mi ciudad natal y el trayecto hacia La Habana por la Carretera Central o el Circuito Sur.

A solicitud personal del doctor Miyar que me llamó la tarde previa a nuestra fiesta de graduación para solicitarme que fuera a Baracoa, en la provincia de Oriente, junto a otros 7 médicos del mismo curso y una estomatóloga, marché hacia esa ciudad para hacerme cargo del Hospital General donde ya, desde 2 cursos anteriores, el Servicio Médico Social Rural cubría las necesidades de asistencia médica de la Ciudad Primada.

El viaje me tomó 3 días por carretera desde La Habana (incluido un choque de automóviles en Holguín), con otros 2 colegas que iban para Oriente Norte en su auto. Debo decir que en esa época a Baracoa se podía llegar solamente por avión en un DC 3 de Cubana con patín de cola pues se aterrizaba en un potrero de unos 600 m después de atravesar el desfiladero entre 2 colinas; al tocar tierra el avión, el piloto apagaba los 2 motores y corría hasta el final de la pista donde estaba la casa del Aeropuerto un bungalow de madera, tipo americano o por la vía marítima de goletas o por una carretera en construcción que después del año 1967 se convirtió en el "Viaducto de la Farola", una de las 7 maravillas de la ingeniería cubana.

Después de Holguín, seguí viaje por carretera, en auto de "boteros", a Santiago de Cuba donde un administrador revolucionario y solidario, al saber que iba para las montañas me dio alojamiento en el Hotel Casa Granda; al día siguiente fui con otro "botero" a Guantánamo donde me esperaba impaciente el Coordinador del Distrito Guantánamo, Yateras, Baracoa (GUAYABA) Dr. Ángel Luis Torres que un día después nos despachó en un jeep todo terreno del Hospital de los Llanos "Patricio Sierra Alta", en un viaje increíble por una carretera llena de barrancos y precipicios que duró mas de 7 horas, llegué totalmente cubierto de polvo al Hospital General de Baracoa que se encuentra en la llamada "Pasada" y que en aquella época, pintado de verde olivo, parecía más un cuartel militar que un hospital. Como en esos tiempos eran frecuentes por esa zona el vuelo pirata y las amenazas de invasión de la contrarrevolución, le pintamos una CRUZ ROJA en el techo.

Es simpático señalar que al arribo a Baracoa de los 2 primeros médicos nuestros; el grupo a relevar allí se encontraba celebrando, en una boda, la alegría de ser relevados y nos recibieron como a héroes. Entre ellos se encontraba el inolvidable compañero Octavio de la Concepción y de la Pedraja cuyo nombre de héroe de la Guerrilla del Che en Bolivia prestigia al Hospital General actual. Recuerdo que nos aconsejó que no lleváramos con nosotros a nuestros hijos pequeños por lo insalubre del lugar.

Allí nos reunimos en pocos días un grupo de 8 médicos, seleccionados entre compañeros de la promoción de 1963, algunos por su experiencia en cada perfil, por los años de trabajar en clínicas y hospitales, tenían un nivel alto de calificación para ser recién graduados, además de probada integración a la Revolución.

Ese grupo estuvo formado por los doctores: Arnoldo Payares Vera, nombrado Director, a cargo de la Pediatría; Octavio del Sol y Castañeda, cirujano general, a cargo de la Vice Dirección primeramente y después Director, cuando el doctor Payares fue llamado por el INDER para fundar el Instituto de Medicina Deportiva; Juan Entenza Surí, a cargo de la Ortopedia y la Traumatología; Jesús Escar Peña, a cargo de la Obstetricia y la Ginecología; Diógenes Pérez Roque, a cargo del Laboratorio y del Banco de Sangre; Zenaida Valdés, a cargo de la Medicina General; Sergio Sánchez Sánchez, a cargo de la Zona de Salud y el que suscribe, a cargo de la Enfermería, del Salón de Operaciones, la Anestesia y, posteriormente, de la Vice Dirección del Hospital. Completó el grupo de profesionales, la Dra. Rosa Leonard, a cargo de la Estomatología del Policlínico que mas tarde sería reforzada con otros 3 excelentes estomatólogos rurales. Posteriormente se nos uniría la doctora Aixa Fanjul y en 1964, el Dr. Guillermo Barrientos (Willy) que se hizo cargo de la Zona de Salud.

El hospital, construido pocos años atrás, poseía 120 camas y cubría una población de más de 85 000 personas del municipio que contaba además con 2 hospitales rurales periféricos: en el caserío de Imías y de Los Llanos de Gran Tierra en Maisí, atendidos por otros 4 compañeros del mismo curso, y un policlínico para consultas donde también radicaba la administración de la Zona de Salud.

Como no existían facilidades de alojamiento permanecimos mas de un año alojados en los llamados cuartos de pensionistas dentro del hospital hasta que entre la JUCEI , el MINSAP y nosotros, construimos 4 casitas y 2 albergues, uno para médicos solteros y otro mayor para las Enfermeras y Auxiliares de Enfermeras que procedían de Guantánamo. Casi la totalidad de los enfermeros que encontramos allí eran "empíricos".

El cuadro higiénico sanitario de la ciudad y región era negativamente impresionante. La ciudad fundada por el Adelantado Diego Velásquez, en 1511, permanecía aislada del resto de Cuba, entre el mar y las montañas. No se escuchaba la radio ni nacional ni de provincia, mucho menos se veía la televisión nacional y la prensa escrita llegaba con retraso. Con razón decíamos que estábamos en "Territorio Libre de Haití", nación a solo 70 km de distancia y cuya radio se escuchaba perfectamente junto a "Radio del Caribe" del Generalísimo Rafael L. Trujillo de República Dominicana y completaba nuestro dial, Radio Swan; Radio Netherlands y la Voz de las Américas.

El "baracoeso" de aquella época no conocía la televisión ni la telefonía automática, nunca había visto un tren o una locomotora, tampoco conocía los ómnibus de pasajeros y su única vía de información, pues eran minoría los que habían salido a Guantánamo, Santiago o La Habana, estaba en el solitario Cine Baracoa. Contaba con 2 hoteles muy pequeños, el mejor, el famoso "Hotel de la Rusa" y la telefonía de central telefónica (de cuerda).

A poco de nuestra llegada y cuando combatíamos la campaña contrarrevolucionaria de que éramos "médicos cinco picos" y no médicos de verdad, sufrimos los embates del ciclón Flora. Nuestro aislamiento no nos permitió prepararnos y durante 5 días de lluvias incesantes y vientos huracanados atendimos la población donde fuera, con la ayuda de un excelente jeep y chofer que penetraba por cualquier lodazal o inundación.

El terraplén que atravesaba la Farola se derrumbó en múltiples sitios y la ciudad quedó incomunicada durante casi 2 semanas. Nuestro compañero, ya fallecido, el doctor Payares Vera junto al Jefe del Puesto Militar y el Secretario Municipal del Partido atravesaron la loma de la Farola a pie por el firme, para informar del estado en que había quedado la ciudad.

Fuentes de trabajo muy pocas: fábrica de chocolate construida y recién inaugurada por el Cmdte. Guevara, la fábrica de aceite de coco, la de bebidas alcohólicas y comercio en pequeña escala, aparte de la producción de plátanos (guineos), café, cacao y cocos.

La mayor parte de la región, a excepción de la ciudad cabecera, no contaba con fluido eléctrico ni acueductos, alcantarillados, ni carreteras.

Recuerdo que en mi primera guardia médica nos remitieron, nuestros compañeros de Los Llanos, una caso de distocia céfalo pélvica, para ser operada de cesárea. Colocaron la camilla con la embarazada delante de mi en el piso y cuando la voy a examinar advierto que tiene la mirada fija hacia el techo y que pestañaba a penas, pensé en un posible cuadro de preeclampsia o eclampsia cuando me doy cuenta que la señora miraba fijamente la lámpara de luz fría que pendía del techo del Cuerpo de Guardia. Entonces al interrogarla supe que era la primera vez en su vida que veía la luz por electricidad.

El paludismo era endémico como el parasitismo intestinal, los poliabcesos gigantes, la desnutrición infantil hasta llegar al síndrome de Kwashorkor (muy frecuente); el retraso mental y pondoestatural por desnutrición, las secuelas de sordomudez y otras anomalías congénitas por la promiscuidad sexual y la vida familiar en clanes. El parto mayoritariamente extrainstitucional a cargo de "parteras" populares, etc., mostraba el deficiente estado higiénico sanitario de la zona.

La incultura era impresionante, el nivel de escolaridad era tan bajo que al iniciarse el registro de los jóvenes para el SMO todos los médicos y los ingenieros de la fábrica de chocolate, junto a algunos oficiales del Fuerte de Seboruco, cuyo Jefe en aquellos tiempos era el Teniente Sixto Batista Santana, tuvimos que hacernos cargo de realizarlo.

La incultura nutricional para la alimentación de los lactantes y los niños en general era lo que predominaba, con la terrible consecuencia de las distrofias severas. La falta de higiene comunal facilitaba el desarrollo de los mosquitos Anopheles y el paludismo era endémico y nos vimos muy involucrados en la lucha contra la enfermedad con el Sistema Nacional de Erradicación del Paludismo (SNEP) en su lucha antivectorial. Como alumnos de medicina nunca habíamos visto en La Habana un caso de paludismo y allí nos convertimos en expertos. La parasitosis intestinal masiva por Ascaris lumbricoides, tricocéfalos y la muy peligrosa por Necator americanus, nos llevó inclusive a tratar insuficiencias cardiacas por anemias increíblemente severas, peritonitis por perforaciones intestinales causadas por los Ascaris, etc.

El tétanos mereció una atención muy particular pues el neonatorum era muy frecuente, dado el parto extrainstitucional por parteras sin conocimientos ni concepciones de asepsia y antisepsia, la lejanía de los asentamientos poblacionales, lo agreste de la selva con múltiples pasos de ríos y ausencia de puentes y lo que era peor, el desconocimiento total de la gravedad de las enfermedades. El morir joven era lo frecuente y los ancianos, escasos.

El matrimonio como establecimiento social era conocido pero poco practicado, el "aplazamiento" era lo que acostumbraban; el "machismo" más rampante era la costumbre y la no inscripción de los nacimientos, lo habitual. Tuvimos necesidad algún tiempo después de abrir una consulta médica para determinar las edades de niños, jóvenes y adultos para poder inscribirlos en el Registro Civil y de hacer campañas por Radio Baracoa acerca de la asepsia, la antisepsia, la alimentación, los hábitos de higiene, la necesidad de emplear los sanitarios que se instalaban en las nuevas viviendas que ya se construían; la prevención del tétanos, de la importancia de las vacunaciones y realizarlas, de la cura de las heridas, etc.

Los suministros se enviaban desde el Distrito de Guantánamo o de la Regional Oriente Sur, según la organización existente del MINSAP de aquella época, las aves para la alimentación se enviaban vivas, lo cual era muy problemático para administradores locales totalmente incapacitados, y la evacuación de pacientes hacia Guantánamo o Santiago de Cuba, muy difícil; todo ello nos llevó, sin darnos cuenta, a una dedicación total y exclusiva a nuestros pacientes y realizar una medicina general totalmente integral y audaz. Comentábamos que practicábamos una medicina de "piel y su contenido". Todos atendimos abscesos múltiples en la piel, que nunca habíamos visto antes, con gérmenes, por lo demás, muy sensibles a los antibióticos, como no he vuelto a ver en mi vida; levantamos cadáveres y ejercimos la medicina forense en juicios y crímenes, atendimos niños neonatos y de todas las edades y padecimientos, atendimos traumas, extrajimos cuerpos extraños, suturamos heridas de todo tipo, atendimos partos complicados, operamos cesáreas y aplicamos fórceps, realizamos, entre todos, operaciones generales desde la cabeza hasta los pies, en el mas amplio sentido de la palabra "cirugía general" pues a excepción de operaciones cardiovasculares, oftalmológicas y de los oídos, realizamos todas las demás que se llevaban acabo en cualquier centro y especialidad del país, incluyendo craneotomías de emergencia y lo mas interesante y sorprendente, con resultados muy buenos teniendo en cuenta el nivel de conocimientos, los recursos y las condiciones concretas, pero el amor a la profesión y la compasión por toda aquella población olvidada por siglos nos dio fuerzas y valor para tomar decisiones atrevidas y emprender tratamientos que no hubiésemos realizados de haber permanecido en hospitales de ciudades. Todos los que tuvimos el enorme privilegio de formar parte de ese Servicio Medico Social Rural que se prolongó hasta el 20 de diciembre de 1965 (30 meses) consideramos que aquella experiencia fue nuestra gran escuela donde nos formamos como hombres, como médicos y como revolucionarios. Hoy todos los que sobrevivimos somos profesores de sólido prestigio y por encima de todo MÉDICOS fieles a la Revolución y a la Patria.

Cuarenta años después, por iniciativa de nuestro Ministro de que volviéramos a la "Semilla", tuvimos oportunidad de volver a visitar aquel hospital y la Ciudad de Baracoa.

De aquel hospital de mediados de los años 1960 solo queda el núcleo central del edificio.

Hoy es el Hospital General Docente "Tavito de la Concepción" con más de 300 camas, con todos los servicios, a excepción de Neurocirugía y Cardiovascular, con una Unidad Nefrológica moderna. Cuenta con varios quirófanos y una Unidad de Cuidados Intensivos y todo ello con una dotación de unos 105 especialistas de Primer y Segundo Grados, una pirámide docente que permite formar médicos "in situ" sin necesidad de trasladarse a estudiar a Santiago de Cuba o Guantánamo. La región cuenta con más de 400 galenos ubicados en policlínicos, hospitales rurales y consultorios distribuidos por toda aquella difícil geografía, de los cuales más de 100 prestan colaboración internacional en múltiples países.

Los indicadores de salud muestran un avance impresionante en el parto institucional y por consiguiente en la disminución de la mortalidad materna y de los menores de 1 a 5 años e incremento de la expectativa de vida de la población. Nos impresionó el conocer la tasa de natalidad en descenso en una región donde la multiparidad exagerada era la norma.

El paludismo fue erradicado hace años, el parasitismo ha cambiado y ya no hay más miseria, hambre y desnutrición. Toda la población infantil y adulta está vacunada.

La ciudad de Baracoa, atrasada, insalubre, aislada e inculta ha evolucionado a una ciudad moderna, aunque fácilmente reconocible, turística, con buenos hoteles, museos, restaurantes, cafeterías y demás facilidades de una ciudad moderna.

Se ven todos los canales de la televisión nacional y por satélite; se escucha toda la radio y cuentan con acceso al correo electrónico y a Infomed.

Calles asfaltadas con cine clubes, clubes de video, Casas de Cultura, estadium para deportes, telefonía digital e inalámbrica, moderno aeropuerto donde aterrizan naves de porte medio y facilidades portuarias; acueducto y alcantarillado. Carreteras en todas las direcciones y un viaducto maravilloso que cruza por pueblos asfaltados que anteriormente eran caseríos y aldeas como Imías y San Antonio del Sur, que son atendidos por médicos autóctonos en policlínicos que cuentan con excelente equipamiento.

El cambio socioeconómico, educacional, sanitario y cultural que ha experimentado la región es impactante y muestra lo que nuestra REVOLUCIÓN ha hecho por los desposeídos y olvidados de nuestra Patria. La que imaginó José Martí "con todos y para el bien de todos".

Me resta expresar todo mi agradecimiento a la Oficina del Ministro por la hermosa idea de devolvernos a la "semilla" de nuestras vidas profesionales y revolucionarias así como a la ingeniera Liliana Wong por todo su empeño en hacer una realidad exitosa la bella iniciativa que se puso en sus manos.