GRANDES DE LA MEDICINA CUBANA

 

El Rector Clemente Inclán, eminente pediatra*

 

 

Por el Dr. Diego González Martín

 

 


 

 

EL doctor Clemente Inclán, Rector de la Universidad de la Habana, eminente pediatra, es una de las figuras más connotadas de la medicina cubana. Graduado de bachiller en el curso de 1895-96, en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, y de médico en 1901, ingresa ese propio año en la vida académica universitaria al obtener, por oposición, el cargo de Ayudante Graduado de la Cátedra de Bacteriología y Patología Experimental, en la que vino a ocupar, sucesivamente, y en virtud de pruebas y ejercicios semejantes, las posiciones de Profesor Auxiliar y Profesor Titular. Desde sus primeros años de estudiante, de los que recuerda la indeleble huella que dejó en su formación profesional el doctor Benigno Souza, entonces Ayudante de la Cátedra de Anatomía Descriptiva, hasta el presente, la vida del Rector Clemente Inclán ha sido la de un perseverante e infatigable servidor de la ciencia y de empeños en pro del mejoramiento de la Universidad, cuya más alta representación asume desde 1944, fecha en que hubo de renunciar la presidencia de la Comisión Atlética Universitaria.

Sus trabajos en el campo de la Pediatría y sus actividades profesorales y profesionales le han hecho acreedor de señaladas distinciones, Académico de Número y Vicepresidente de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, miembro de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, presidente de la Sociedad Cubana de Pediatría por 3 períodos consecutivos, del Retiro Médico desde su fundación, del Auxilio Médico, de la Comisión Encargada de la Vacunación del BCG en Cuba, y otras numerosas entidades; miembro, así mismo, de la American Academy of Pediatrics, de New York, de la Sociedad Colombiana de Pediatría, y otras organizaciones científicas del extranjero. Es jefe de los servicios infantiles del Hospital "Gral. Calixto García" y de la Sala F del Hospital Municipal de la Infancia. Ha sido condecorado con la Orden Mexicana del Águila Azteca, la de "Carlos Manuel de Céspedes", "Carlos Finlay", y otras; es autor de numerosos trabajos científicos y ponencias presentadas en distintos congresos sobre Medicina Infantil.

 


Respuestas a preguntas del doctor Diego González Martín

Tal parece que el ser yo pediatra obedeció a un designio del destino... Fue una niña recién nacida, un prematuro, el primer caso con que inicié mis funciones de médico recién graduado, y eran pequeños pacientes desde el comienzo de mi ejercicio profesional, los que integraban día a día el mayor porcentaje de turnos en mi consulta. Y también al Profesor Arístides Agramonte, que terminó mi educación, disciplinándome en el más exacto cumplimiento del deber, debo igualmente imperecedera gratitud por haberme inclinado a la Pediatría, por entender él que armonizaba con mi preparación y carácter...

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¡Vaya si recuerdo los incidentes de ése, mi primer caso! Fue en el año 1901 pocos días después de abandonar las aulas universitarias. Fui llamado por una familia amiga de la mía para que examinara una niñita procedente de Cabañas. Y acudí presuroso al llamamiento, gozoso por mi debut profesional... Pesaba tres libras, macilenta, con su carita simiesca, por lo arrugada, con las manitas entre los labios: ¡era un cuadro enternecedor! Hice participe a la familia del fatal desenlace si no se administraba a la niña leche de pecho... Y el caso lo vi después en consulta con el reputado especialista doctor Gonzalo Aróstegui. ¡Imagínese mi preocupación y ansiedad de médico novel ante la perspectiva de esa junta!...

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Establece un paralelo entre el estado de los conocimientos pediátricos de la época de sus estudios universitarios y el presente: "en 1887, el doctor Antonio Jover explicaba Pediatría y sus enseñanzas eran teóricas por no existir Salas de Niños ni Dispensarios" y al hablar de los progresos logrados en esa disciplina en Cuba, dice que "se deben en su mayor parte a la labor de la Cátedra del Profesor Aballí, porque en ella, como soñara Jover, nació el estímulo y la vocación de la especialidad".

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También la carrera nos depara instantes de dolor... como aquel en que llamado urgentemente, porque mi madre había sufrido un síncope, al acudir veloz la encontré agónica, comprendiendo la impotencia de mi ciencia y la inutilidad de mis desesperados esfuerzos por volver a la vida a aquel ser tan entrañablemente amado, que fatal e inevitablemente moría en mis brazos, incapaces para retenerla e impedir su marcha a la eternidad y su definitiva separación de cuantos tan hondamente la adorábamos...

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Mi deporte favorito es el 'base-ball'... Siempre he sido, soy y seré ferviente admirador del 'Club Habana'... ¿Qué porqué?... ¡No me lo pregunte!... He luchado siempre por la Cultura Física y los Deportes en nuestra Universidad, por estimar que son la mejor vía de educación social de la juventud. Al mismo tiempo que se ejercita el músculo, la mente se ejercita y desvía al joven de cuanto pueda influir nefastamente en su estado físico y moral. ¿El momento más emotivo de mi carrera profesional?: cuando obtuve por oposición mi Cátedra de Bacteriología y Patología Experimental...


Al interrogársele sobre la Medicina Preventiva, manifiesta al tiempo de levantarse para tomar un tomo de su biblioteca:

Quisiera leerle algo a ese respecto. Dice De Tony: "La ciencia de la salud va adquiriendo predominio sobre la de la enfermedad, precisamente porque vuelve a ser justamente apreciado su valor social-económico-político y hasta ético y estético... El capital humano es el elemento fundamental, vital, de cualquier empresa; el médico del mañana será indudablemente un consejero de salud al mismo tiempo que un curador. El consejo de Galeno, de que la crianza del niño debe ser dirigida por el médico, es fundamental en la Pediatría de todos los tiempos...

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Nuestros jóvenes médicos no debieran jamás olvidarse de repasar la historia de aquellos insignes pediatras, cuyas existencias ejemplares, consagradas al estudio, se captaron el cariño y la admiración profunda de todas las clases sociales, y sus vidas sinceras, puras, fértiles y útiles, debieran constituir el espejo en que se miren las generaciones médicas del presente y del porvenir...

 

Ese fundamental principio ha inspirado mi infatigable empeño tendiente a llevar al ánimo colectivo oficial la necesidad de crear en Cuba el Instituto Nacional de Puericultura, en cuyos dispensarios, que son centros de prevención y guía de las madres, puedan estas adquirir las nociones más importantes e indispensables para el perfecto cuidado de sus hijos, evitándose además, que los hospitales continúen siendo ocupados por niños abandonados, carentes de una dirección científica, y poniéndose fin a ese pavoroso número de dolencias que aumentan la morbilidad y mortalidad infantiles...

 

*Rev Bohemia. La Habana. Diciembre 9 de 1959.