TRABAJOS DEL DR. CLEMENTE INCLÁN y COSTA

 

La Pediatría Cubana: lo que fue en el pasado, lo que es en el presente y lo que debe ser en el porvenir*

 

 


 

 

A la grandiosa justa científica que iniciamos en esta inolvidable noche, pletórica de alborozo y confraternidad, le cabrá el privilegio de producir un triple efecto de satisfacción, honor y regocijo a tres distintos e importantísimos sectores: a nuestra Patria, a nuestra amada Sociedad Cubana de Pediatría y a nuestros Médicos Pediatras.

Honor a nuestra patria, porque nos contempla a todos, reunidos armónicamente, sin reservas mentales, sin credo político, sin discrepancias malsanas, con el pensamiento en alto y con la mente libre, para discutir los problemas que afectan al corazón mismo de nuestra nacionalidad: al niño cubano.

Regocijo pleno a nuestra Sociedad Cubana de Pediatría, porque ha sabido reunirnos en esta Jornada fraternizante, a la cual concurrimos sin distingos ni diferencias, guiados sólo por el ferviente y apostólico empeño de alcanzar el bienestar físico para la humanidad doliente.

Satisfacción a nuestro médico, porque, reunidos en fraternal e íntima armonía, desprovistos los espíritus de todo egoísta intento de superación individualista, e inspirados sólo en el noble empeño de levantar nuestro nivel científico y cultural, a través de un amplio y sincero intercambio de conocimientos, será fácil realzar y darle firme y sólido marco en justa abierta, pero fraternal, al intrínseco valor de la Pediatría nacional.

La contemplación del hermoso cuadro que a nuestra vista ofrece tan valiosa, distinguida y selecta concurrencia, en la que, junto a las más altas Autoridades de nuestra República, advertimos a la máxima figura y a los Profesores de nuestra amada Universidad, percatando al lado de tan positiva representación del humano saber, a los altos valores de nuestra clase intelectual; esta bellísima visión, repito, hace a mi corazón resurgir la fe vislumbrando días científicos muy dichosos en nuestra querida Patria.

A vosotros, Delegados, representantes de las hermanas Repúblicas, que habéis traspasado los mares para acudir a esta Jornada Pediátrica, nuestro más profundo reconocimiento y la misión de llevar a los países de vuestra procedencia, un mensaje de amor, hecho del sentir de nuestros corazones, que expresa con el ritmo acelerado de su latir, el contento de los cubanos todos, por vuestro valioso concurso.

Recibid, pues, ilustres y meritísimos delegados, embajadores de la ciencia, nuestro más profundo respeto y consideración, extensivos a cuantos desde lejanos lares han acudido a esta cita. Para todos, la efusiva salutación de la Sociedad Cubana de Pediatría, que os recibe en su nombre y en el de todos los compañeros de la Provincia de La Habana, que estiman y agradecen vuestra presencia.

Hermosa y feliz noche ésta en que reunidos no para discutir problemas internacionales ni empresas bélicas, ni asuntos políticos, no para derimir viejas querellas ni recrudecer ancestrales agravios, sino para que, entrecruzándose nuestros brazos y mezclándose nuestras palabras, surjan, al calor de nuestro suelo y nuestros corazones, un concierto de intercambios científicos, capaz de producir positivos beneficios a la humanidad.

En esta Sexta Jornada Pediátrica, que ha correspondido celebrarse en la Provincia de La Habana, luego de haberlas realizado en las de Oriente, Camagüey, Santa Clara, Matanzas y Pinar del Río, nos propusimos –y nuestros empeños han sido coronados por el más franco éxito– concentrar en su seno a todos los Pediatras de la República, para que aporten generosamente su valiosa experiencia y sus profundos conocimientos, en un provechoso y meritísimo intercambio de ideas y de planes.

Y por eso, que estamos todos reunidos por vez primera tal vez, permitidme que aproveche en un esfuerzo de síntesis tan bella ocasión para pasar una mirada sobre el panorama de la Pediatría cubana; lo que fue en el pasado, lo que es en el presente y lo que debe ser en el porvenir.

Los médicos cubanos han sido en todos los tiempos los paladines de las causas justas, los espíritus superiores, prestos al sacrificio, y ha sido nuestra querida Universidad la fragua donde se templaron tan nobles esfuerzos.

Es tan extenso el índice de cubanos notables, graduados en la Universidad de La Habana, precursores y mártires de la Independencia, forjadores de la Patria, que no es posible ajustarlo a los estrechos límites de este trabajo, escrito con inusitada rapidez; pero lo que sí no podemos dejar de consignar es que fue ésta –nuestra querida Universidad– el motor que impulsó la ciencia pediátrica en Cuba, y fue ella, como escribiera en otra oportunidad el que os habla, empeñado en igual demostración, "quien en el pasado, en el presente y en el porvenir, fue fragua y yunque de ideales, troquel de héroes, progenitora de sabios, semillero de ciudadanos, noble matrona que amamantó en su seno los hijos más esclarecidos de Cuba".

Es imposible relatar minuciosa e íntegramente los nombres de médicos que engrandecieron nuestra Pediatría en el pasado, ya que, de los numerosísimos trabajos que referente a la especialidad de niños aparecen publicados, advertimos que casi todos fueron escritos por compañeros dedicados a medicina general, los cuales, en el continuo bregar del ejercicio médico, enfrentábanse, a veces, con la necesidad de atender dicha materia, como sucede aún hoy, en aquellos lugares en donde todavía no ha llegado el Médico Especialista.

Desde remotas épocas se explicaban en nuestra bicentenaria Universidad las enfermedades de la Infancia, en una asignatura que se titulaba "Obstetricia, Ginecología e Infancia", a cargo del Profesor Dr. Valencia, cuyas explicaciones eran puramente teóricas; pero revisando nuestra literatura científica, encontramos que ya en el año 1845, el Dr. Juan José Hevia, segundo Ayudante del Cuerpo de Sanidad Militar, Médico Homeópata, escribía un Tratado de las Enfermedades de los niños y modo de curarla.

Tenemos que remontamos al año 1891 para demostrar como ya en esa época se intensifica el estudio de la medicina infantil, luego de creada en la Universidad -en el año 1887- la Cátedra que con el nombre de "Curso Especial de Enfermedades de los Niños con su Clínica", había de explicarse como una asignatura aparte en la carrera de medicina.

Rememoremos aquí la vida, tanto social como científica, rindiéndoles un homenaje mental y fervoroso y ofrendándoles las más fragantes flores de nuestro admirativo recuerdo, a los insignes Pediatras:

Doctor Antonio Jover, que ejerció en La Habana durante varios años, primero la medicina general y después la especialidad de niños. Le cupo la gloria de ser el primer Catedrático de Enfermedades de la Infancia, que explicó dicha asignatura, como especialidad, en la Universidad habanera, Cátedra que como ya en párrafo anterior expuse, fundóse en el año 1887 con el título de "Curso Especial de Enfermedades de la Infancia con su Clínica".

 


Nació el Dr. Jover en Cataluña en el año 1818. Este distinguido profesor, de extensa cultura médica, orador de talla, de preparación insuperable, de vastísimos y generales conocimientos, realizó en nuestra Universidad tres oposiciones: la primera a la Cátedra de Patología Médica, en donde demostró, tras brillantes pruebas, su admirable preparación, ejercicios que fueron anulados después de haber desempeñado y explicado dicha Cátedra durante cinco años. En recuerdo de ellos, sin embargo, escribió el Profesor de Clínica Médica en aquella época, Doctor Raimundo de Castro: "... aquella brillante oposición vivirá imperecedera en la memoria de profesores y alumnos de esta real Universidad, que desde entonces vienen considerando al Doctor Jover como Catedrático por derecho propio".

La segunda oposición la verificó en la asignatura de Clínica Médica, teniendo de contrincante al eminente médico y profesor Dr. Raimundo de Castro, y al no menos distinguido médico Doctor Montalvo. Los ejercicios de oposición desarrollados en esta oportunidad por el Dr. Jover fueron de tal magnitud, de tan extrema belleza en su dicción, y revelaron tan profundos conocimientos, que su antagonista el Dr. Castro lo reconoció pública y generosamente, y en la propia oposición, manifestó su otro contrincante el Dr. Montalvo, hubo de declarar: "... jamás hallé un rival más fuerte en las objeciones ni más caballeroso con su contrario".

La tercera oposición fue a la Cátedra de Enfermedades de los Niños con su Clínica, la que pasó a ocupar después de realizar ejercicios de brillantez tal, que impulsaron al Dr. Raimundo de Castro, como Miembro del Tribunal que juzgara dichas oposiciones, y al contestar el ritual y magnífico discurso de toma de posesión del Dr. Jover, pronunciado en el Aula Magna de la Universidad, el día primero de Junio de 1882 a repetir públicamente en su disertación, las frases que ya anteriormente vertiera en el seno del expresado Tribunal: "... con ser mucho lo que esperábamos del Dr. Jover, nos dejó sorprendidos con sus conocimientos en una especialidad, que no sabíamos le hubiera nunca dedicado atención preferente; por lo que no es de extrañar que todos los que componíamos el Tribunal, le designásemos unánimemente para el primer puesto".

La demostración plena de que el Dr. Jover no se dedicaba a la especialidad de niños, está en el hecho de que con anterioridad a las referidas oposiciones, todos los trabajos por él publicados, versaban sobre medicina general. Fue, pues, posteriormente a esa época, que él comenzó su especialización. Poseía el Dr. Jover suficiente talento y sobrada preparación científica para lograr rápidamente su objetivo, y así vemos que en 1883, o sea dos años después de las anotadas pruebas opositorias, escribió un texto que tituló "Lecciones de Enfermedades de los Niños preparadas en la Universidad de la Habana", obra que fue dedicada –según consta en la misma– a sus queridos alumnos de esta máxima Institución docente.

Se consagró desde esa época a laborar por el mejoramiento de la enseñanza de medicina infantil. Sus explicaciones eran teóricas, y la grave dificultad con que tropezaba en sus demostraciones clínicas, fue uno de los temas del brillante discurso que pronunció en la toma de posesión de esa Cátedra y que intitulara "Concepto de la Pediatría y lugar que le corresponde en el cuadro docente". En tan magistral disertación comenzó por demostrar la necesidad de cambiar por el de Pediatría, el nombre dado a su asignatura, "pues el actual no me parece ni filosófico ni conveniente" –declaró él– como igualmente arguyó, en su tesonera lucha por obtener la creación de una Clínica de Niños: "enseñar clínica sin enfermos, es enseñar geografía sin mapa". Admirable, en verdad, fue la batalla librada en este sentido –con tanto tesón como escaso éxito– por el Dr. Jover o quien aferrado en su noble empeño incitaba, argüía, solicitaba por todos los medios, presentaba planes de Enfermerías modestas, dotadas sólo de 20 camas, conformándose con una policlínica para la enseñanza en cualquier lugar de La Habana, sin suntuosidades, sin grandes edificios, modesta, diciendo a este respecto en una parte de su discurso: "... ¿no tratamos nosotros de niños? Pues no pretendemos que nazca grande nuestra Enfermería; aceptémosla pequeña; ya irá creciendo y desarrollándose; no queremos contravenir las leyes de la naturaleza; sólo los monstruos nacen desproporcionados...".

Como se desprende de lo anteriormente relatado, señores, este Profesor de Pediatría luchaba y se desvelaba ya en aquella época por la creación de una Clínica Infantil, y con una perfecta visión del porvenir de la Pediatría en Cuba, sostenía que era de imprescindible necesidad la enseñanza práctica, para encauzar los conocimientos pediátricos nacidos en nuestra Universidad con caracteres propios, y de ahí que, con su característico acierto, con su gran sentido de observador sagaz razonaba:

... la asignatura que por primera vez alcanza los honores de su enseñanza aparte en esta real Universidad, está llamada a despertar y cultivar el gusto en la juventud médica por esta clase de estudios; y sólo pido para los jóvenes alumnos en ella matriculados, que se les facilite la adquisición previa de los conocimientos ya repetidos, y que puedan disponer de una Enfermería, modesta como de lujo, pero rica, riquísima, como fuente inagotable de enseñanza clínica.


Datos biográficos todos estos, señores, que tienden a demostrar –como se ha encargado ya de confirmar plenamente el decurso de los años– que el avance logrado en el estudio de la especialidad pediátrica, la debemos a la rigurosa preparación verificada en nuestros Hospitales.

El insigne Dr. Jover vio defraudadas sus legítimas aspiraciones, insatisfechos sus nobles empeños, sin que le fuera dable saborear la gloria de que plasmaran en feliz realidad sus tesoneras gestiones y entusiastas proyectos. Hubo de resignarse a continuar explicando su asignatura en un Aula de Química de la vieja Universidad de la Calle de O 'Reilly, hasta que, por renuncia, en 27 de Enero de 1899, cesó de ser Profesor, trasladándose a España a raíz del triunfo de nuestra Guerra Emancipadora.


Doctor José R. Montalvo,
distinguido y estudioso médico de vastísima cultura, profesó igualmente la especialidad de Infancia. Sustituyó en la Cátedra al Dr. Jover cuando éste –como acabamos de exponer– se trasladó a España tras la instauración de nuestra República; pero su permanencia en dicha Cátedra –desgraciadamente– fue bastante efímera, puesto que falleció a los dos años de desempeñarla. El tiempo que ocupó ésta, comprendió el período de la Intervención Americana, comenzando sus tareas docentes en el Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", como Auxiliar de dicha Asignatura. Luchó incansablemente para la obtención de unas cuantas camas para sus explicaciones. Publicó un gran número de trabajos de medicina general y algunos de medicina infantil. Desempeñó durante algunos años la plaza de médico de visitas de la Casa de Beneficencia. Fue Académico de número, en donde se distinguió notablemente por su excelente labor, pronunciando algunos discursos y conferencias en esta Academia, y en la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana. Su disertación sobre el Beriberi fue –para aquella época– un trabajo magnífico. Estaba perfectamente identificado en los estudios de Antropología; estudió con los Dres. Carlos de la 'I'orre y Luis Montané el cráneo del Lugarteniente General Antonio Maceo en el año 1899. Pronunció también distintas Conferencias en la Sociedad Antropológica de Cuba, siendo opositor brillante a la Cátedra de Clínica Médica, poniendo de relieve su vasta cultura y perfecta preparación, legándonos, finalmente, la huella de su saber y acrisolado patriotismo.

Lo sustituyó en la Cátedra el Dr. Reol, que desempeñaba conjuntamente con él la plaza de Ayudante, pero fue poco tiempo ocupada ésta por dicho Profesor, por haberlo sorprendido la muerte inesperadamente.

 


Doctor Manuel Delfín,
nació en Baracoa, Oriente, el 28 de febrero de 1849. Cursó sus primeros estudios en la Escuela Pública de su ciudad natal, dirigida por el Profesor Don Manuel Borges, fusilado por causas políticas en la Guerra del 68. Estudió la enseñanza media en Santiago de Cuba, y se graduó en la Facultad de Farmacia y Medicina de la Universidad de Madrid. Ejerció durante doce años en la provincia de Pinar del Río, trasladándose más tarde a esta Capital, donde encontró albergue y trabajo en la Crónica Médico Quirúrgica, refugio cariñoso y acogedor de gran número de médicos cubanos. Laboró intensamente en la Sección de Medicina Legal, siendo sus primeros trabajos dedicados a la Química, ingresando en esta Academia de Ciencias Médicas Físicas y Naturales, en la Sección de Farmacia, llegando por sus méritos a ser Secretario de tal Institución. Posteriormente, fundó el periódico La Higiene y Vulgarización Científica, publicando en el transcurso de doce años, más de cincuenta artículos dedicados a la higiene y saneamiento. Su dedicación a la especialidad de Infancia y su vocación a todos aquellos problemas de la Puericultura, fueron puestas de manifiesto en todas sus publicaciones, fieles exponentes de su interés científico. Publicó y repartió con profusión en el año 1890 un Manual que tituló "Higiene Popular", fascículo dedicado a la divulgación de los más elementales preceptos de higiene. Lo escribió con palabras fáciles, comprensibles, sin tecnicismo, al alcance, de este modo, de todas las inteligencias.

 


Comenzaron aquí, indiscutiblemente, sus primeros ensayos de divulgación. Labor loable, elevada, de mérito sin par, la realizada en aquel período de nuestra vida científica por el Doctor Delfín, como lo testimonian en el prólogo de dicha obra, la siguientes palabras, escritas por el patriota ilustre y distinguido médico cubano, prestigio en todo momento de nuestra Profesión, Dr. Diego 'I'amayo, Profesor de Patología Médica de nuestra Universidad: "… lo que sí necesito demostrar es que realiza una obra buena y meritoria", añadiendo: "la historia científica de nuestro país es muy corta: ha nacido ayer", palabras éstas a través de la cuales vislúmbrase el efecto que produjo en su espíritu de patriota sin par, la publicación de referencia.

Es innegable, señores, la razón que asistía al Dr. 'I'amayo cuando, con valentía y claridad, y refiriéndose a aquella época por la que atravesaba nuestra patria, escribiera:

...indudablemente, la manera de ser social y política de nuestro país, influía y determinaba aquel estado científico de horizontes tan estrechos. Cuando el hombre no puede manifestar libremente sus ideas, nace el retórico, cargado de metáforas y de locuacidad. El medio social y político ha cambiado bastante, por eso el aspecto científico ha variado. Sin embargo todavía la enseñanza científica en nuestros Establecimientos docentes es puramente oral y encadenada a un programa que comprime al alumno y limita al Maestro; de este modo la independencia y la originalidad no pueden existir y se atrofia la natural inclinación a pensar por sí misma.


Si nos detenemos en un amplio examen de aquel momento que padecía nuestro pueblo, en que el abandono de los más elementales preceptos de higiene era absoluto, total, en que los niños morían de múltiples y graves infecciones –no obstante los titánicos esfuerzos de nuestros hombres de ciencia, pese al pobre medio en que se desenvolvían– si atendemos a las frases que, sobre nuestro estado sanitario escribiera el Dr. Tamayo: "...La Habana, la populosa Capital, es un estercolero que vive bajo el imperio de una plétora excrementicia…"; si analizado todo esto, vemos que en instantes de angustiosa situación, de múltiples dolores de nuestras madres cubanas, el Dr. Delfín trabaja asiduamente, escribiendo y dedicando a éstas artículos de higiene, tendremos que convenir, señores, en que merece, por su obra, por sus actividades, el calificativo de salvador. Insatisfecho aún de su anterior obra, publica posteriormente en el año 1895, un fascículo intitulado "Elementos de Higiene Práctica", en lenguaje sencillo, comprensibles aún para aquellas mentalidades de menos preparación, en el estilo de preguntas y respuestas.

Pero su meritísima obra en pro de la niñez, no está sólo en la vastísima literatura publicada. Está en sus hechos caritativos, en sus obras benéficas, pues en el año 1909, fundó, inaugurándolos el 12 de Noviembre del mismo año, los Dispensarios "La Caridad" y "La Casa del Pobre", en donde recibían los niños, no solamente cuidados científicos, sino medicinas y alimentos. Antes de morir este insigne benefactor de la niñez, fundó en el Barrio de Luyanó la Granja que lleva su nombre, dedicada al niño desvalido, institución que perpetuará su amado recuerdo, y conservará latente, la gratitud de la Sociedad cubana.


Joaquín Dueñas
y Pinto, descendiente del gran educador Joaquín Andrés de Dueñas. Nació en el año 1859, graduándose de Licenciado en 1880. Desde estudiante disfrutó de un bien ganado prestigio entre sus compañeros, como lo evidencia el hecho de haber sido designado por éstos unánimemente para pronunciar el discurso de ciencias en su Graduación, trabajo que intituló "El Cerebro ante la Ciencia Moderna". Sus primeros tiempos los dedicó con gran entusiasmo a los estudios Antropológicos, existiendo valiosas publicaciones de él sobre tal materia, y desempeñando en el año 1883 el cargo de Conservador del Museo de la Sociedad Antropológica.

Poseía el Dr. Dueñas vastísima cultura. Era un profundo conocedor de los intrincados problemas de la medicina, reuniendo además excelsas cualidades, a las que hubo de aludir el Doctor Federico Grande Rossi –en un trabajo que publicara sobre los médicos cubanos contemporáneos– con estas encomiásticas y elegantes frases:

...no posee una cualidad que sobresalga entre las otras; todas son igualmente notables en el ilustrado e inteligente especialista; no ha fijado su atención a un solo punto, ni ha dirigido sus actividades a un objeto determinado; ha perseguido con empeño honrado y noble, con amor acrecentado en los obstáculos de la carrera médica en Cuba, la justa fama que ha logrado. Iguala las curvas de la inteligencia, de la constancia y de la honradez profesional; es entre nosotros notable médico, excelente clínico y estudiante asiduo...


Difícil, ciertamente, es encontrar aunadas en un solo individuo tan bellas cualidades, tan excelentes dotes personales, y más difícil aún que a tanto mérito se sumen las virtudes de la modestia y la sencillez, que fueron las características más salientes del Dr. Dueñas.

De sus datos biográficos vemos que fue después del año 1891 cuando se dedicara a la Pediatría, consagrando a ésta todos sus conocimientos, sus empeños todos, su dedicación plena. Por ello lo vemos en esta época –27 de Octubre de 1891– acudir a las oposiciones de aspirantes a Profesor de la Cátedra titulada entonces "Curso Especial de Enfermedades de la Infancia con su Clínica", teniendo por contrincante en tales oposiciones, al Doctor Antonio Jover, que venía desempeñando en la Universidad de La Habana, la Cátedra de Patología Médica, y aunque sus esfuerzos no fueron coronados por el éxito, esta contrariedad no lo desalentó, puesto que muy posteriormente a esa fecha, continuo dedicado de lleno a la rama de la Pediatría. A ese respecto, y en el trabajo del Dr. Grande Rossi, anteriormente aludido, leemos:

...fué opositor a la Cátedra de Enfermedades de Niños. Algunos dicen que fue vencido; nosotros sostenemos que fue vencedor. Salir de la sombra, de la nada y subir a la tribuna de las oposiciones, el puesto más peligroso en que puede, entre nosotros colocarse un médico; deslumbrar a fuerza de juicio e ideas propias, desarrollar con maestría de viejo profesor todas las cuestiones; enseñar ciencia propia, hecha por él mismo, sin copiar, sin doblar el cuello ante el Magister Dixi, y todo esto frente a un adversario formidable, bien armado, precedido de fama merecida, brillante orador, avezado a la tribuna y amañado en la Cátedra; hacer todo esto es vencer...

 


Siempre tuvo el Dr. Dueñas inclinación a la enseñanza. Formó parte del Cuerpo Médico en la Escuela Libre de Medicina, fundada en La Habana por el Dr. José Pereda, teniendo a su cargo la explicación del curso de Enfermedades de la Infancia. Antes de desaparecer dicha Institución le fué confiada la Conferencia Inaugural del Curso de Verano, escribiendo para ese acto un trabajo que intituló "La Fiebre en los Niños y el Diagnóstico de las Enfermedades de éstos".

Pero lo que nos pone de relieve su alcance, su clara visión y su talento, es su trabajo, leído en la Sociedad de Estudios Clínicos sobre las Fiebres reinantes. En él expuso el Dr. Dueñas con una visión pasmosa, sorprendente, las avanzadas ideas de su privilegiado cerebro, haciendo resaltar con caracteres tan claros como precisos y evidentes que estas fiebres tenían similitud con la Tifoidea, considerándolas de forma atípica y sosteniendo el criterio de que no eran de origen palúdico. Concepción tan luminosa de este proceso médico, fué confirmada un año después por Achard y Besaundé, que dieron a conocer, con la publicación de sus primeros trabajos, la existencia de los Bacilos Paratíficos, agentes etiológicos de dicha enfermedad.

Perteneció a la Sociedad de Pediatría de París, constituyendo esto el logro de sus más caras y justas aspiraciones, de sus más vivas ansias, y para su ingreso en la cual leyó un trabajo titulado "Aspecto 'I'ropical de las Enfermedades gastro intestinales de la Infancia".

Conocí al Dr. Dueñas en las postrimerías de su ejercicio profesional, cuando pasaba visitas en la Sala de Niños del Hospital No. 1. Lo sustituí en ella cuando él se trasladó a Paris, ¡y, oh designios inescrutables de la vida! ¡Cuán lejos estábamos de imaginar que al regreso a su Patria, a esta patria que con tanto ardor amara, pletórico de satisfacción, cubierto de laureles y presto a emprender nuevamente, con sus innatos entusiasmos la senda recorrida, traía ya contados los días de su preciosa existencia abandonándonos definitiva, fatalmente, el 6 de Diciembre del año 1910!


Doctor Domingo Madan Bebeagua
, nacido en Matanzas, hijo amantísimo del austero patriarca Quintín Madan. Fue uno de aquellos grandes médicos cubanos que pasó casi inadvertido fuera de su pueblo natal, que dedicó todos sus esfuerzos y gran corazón al estudio de la medicina, especialmente la Pediatría. Fue en aquella era cubana, uno de los pediatras que brilló con luz intensa y propia; observador sagaz, estudioso incesante, diario, sin distracciones ni disculpas. Fue un gran Internista ante de ser Pediatra. Dedicó algunas de sus actividades médicas a la Oftalmología, aunque nunca hizo la parte quirúrgica de esa especialidad. Era un médico filántropo. No acumuló dinero, porque no supo ni quiso cobrar. Por eso dijo de él el Dr. Grande Rossi, su discípulo y amigo: "...si la caridad entre nosotros ha tenido símbolos humanos, Madan fue el mejor". Siempre llevaba abierto los bolsillos para el socorro del necesitado, y la acogedora sonrisa que iluminaba su cara llana y sonrosada de santo. En medio de las terribles tribulaciones de aquella época, a pesar de contemplar a diario la inenarrable situación de los cubanos pacíficos, el libro médico, como los Evangelios para el fanático, era sostenido hasta el sueño por aquella mano que parecía dispuesta para hacer milagros y bendecir. "En la muerte del Dr. Madan no hubo diferencias raciales, ni distinciones de nacimiento para las mejillas; por todas, como fruto de la enorme siembra de bondades, corrieron las lágrimas del más puro sentimiento, y hoy, al cabo de muchos años, aún está vivo el recuerdo del gran médico de niños, filántropo, patriota y justo".

Las publicaciones del Dr. Domingo Madan son tan innumerables como interesantes. Sus trabajos sobre enfermedades de la Infancia, revelan clínica pura, mostrándonos al observador meticuloso, al maestro sagaz, que expone, valoriza el síntoma, interpreta el cuadro clínico y lleva al ánimo del que los lee la seguridad absoluta, la firmeza plena de su enjuiciamiento. No es posible en este trabajo enumerar, separar, valorar, cuál de sus publicaciones es mejor. Todas, absolutamente todas, encierran un caudal de enseñanza clínica.

 


Fundó en su ciudad natal el primer Dispensario para niños pobres que hubo en Cuba, en el año 1894. Su pueblo, que lo amaba, que lo veneraba sin distinción de clases, colocó el primero de Noviembre de 1903, una tarja en la casa donde él naciera, inscribiendo lo siguiente, como un recuerdo y un ejemplo para nuestra juventud:

...aquí nació el 5 de Septiembre de 1856, el filántropo médico Domingo L. Madan, fundador del primer Dispensario de niños pobres establecido en la Isla, y del Asilo de Niños Huérfanos de esta ciudad. Contribuyó además a la creación del Laboratorio bacteriológico de La Habana y fué Concejal activo y entusiasta. Por su inagotable caridad y amor a la niñez conquistó un puesto en el corazón de sus conciudadanos. Falleció el 24 de Julio de 1898. El Ayuntamiento de Matanzas consagra en 1903 este recuerdo a su memoria.


En esa manifestación de duelo, inolvidable para el pueblo de Matanzas, hizo uso de la palabra otro hombre que fué su compañero, amigo íntimo y constante colaborador, el talentoso médico, también matancero, Dr. Vicente Tomás, Internista muy instruido, literato de sana envergadura, crítico de arte, que resumió, en bellas palabras, todo lo que significaba el Dr. Domingo Madan para el pueblo de Matanzas en particular, y para los cubanos en general.


Doctor Gonzalo Aróstegui y del Castillo,
médico notable, distinguido, de vastísima cultura general, caballero de sólidos prestigios, y consagrado, también, a la pediatría. Este distinguido compañero, nació en la Ciudad de Puerto Príncipe, Camagüey, el 2 de Junio de 1859. Fue desde muy pequeño, la encarnación del estudio. Se graduó en la Universidad de Madrid, estudiando más tarde, en viajes de ampliación de sus estudios, en la Universidad de París, y posteriormente en la de los Estados Unidos. Se dedicó en sus primeros tiempos, con especial cuidado, a las enfermedades del sistema nervioso, muy especialmente a la Psiquiatría para luego dedicar fervorosos y ardientes empeños a la Pediatría, llegando a ocupar entre nosotros un lugar preferente al lado de sus demás compañeros de aquella época. Dedicó más de 47 años a su asistencia diaria a la Casa de Beneficencia, prestando su valioso concurso y esmerada preparación, al cuidado de aquellos niños. Su amor a aquella Institución palpita en las siguientes frases vertidas, en contestación a un discurso pronunciado por el Dr. Cándido Hoyos, con motivo de un homenaje de gratitud y simpatía que le fuera tributado en dicho Centro Benéfico, "solo aspiro en correspondencia a tan señalado honor, seguir visitando hasta el día de mi desaparición este mi segundo hogar, que si me llena de recuerdos en esta edad de mi vida, no ha borrado todavía las esperanzas de la alborada".

Gozó en nuestra Sociedad de merecido prestigio; lanzó sendas publicaciones, tanto de medicina infantil como literarias, que sería empeño ímprobo tratar de enumerar en este trabajo.

Dijérase, señores, que en esta Academia sus compañeros de trabajo tuvimos la intuición de su próxima muerte. En este mismo sitio, esta Academia, la Sociedad de Estudios Clínicos, y la Sociedad Cubana de Pediatría, ofreciéronle en sesión solemne, un homenaje por sus méritos, hace apenas unos meses. Aún resuenan en mis oídos sus frases, al dar las gracias por el alto honor que se le confería. Fue la última vez que en público hiciera uso de la palabra, palabra amena, fácil, elegante, siempre inspirada en el ferviente anhelo de su alma, de procurar el mayor beneficio para sus semejantes.

Ha sido el último de aquellos grandes médicos de la medicina pediátrica, cuya desaparición no nos parecerá nunca suficientemente llorada.

El duelo por su muerte, fue una demostración palpable de la profunda admiración y cariño que supo captarse en todas las clases sociales.

En nombre, señores, de la Sociedad Cubana de Pediatría, y en recordación de aquel, los grandes e ilustres hombres que pasaron a la eternidad, como señal muda pero elocuente de reconocimiento a sus vidas ejemplares, plenas de sacrificios y abnegación en pro de la humanidad doliente, pido a esta selectísima concurrencia que me escucha, un instante de fervoroso recogimiento, poniéndonos de pie en recordación de aquellos ilustres desaparecidos. Muchas gracias.


Nuestros médicos, paladines de la Pediatría del presente, se afanan dentro del límite de sus fuerzas, por ponerse a tono con la nobleza de su pasado.

La Pediatría ha avanzado en los cortos años de nuestra República, lo que tal vez no avanzó en largos años pretéritos. Verdad es que Cuba, en sus cortos años de existencia, ha tenido un avance sorprendente en todos los órdenes; pero preciso es reconocer que la Pediatría no ha quedado a la zaga en este progreso. Los estudios pediátricos han dado pasos de gigantes, que no percibimos tal vez a plenitud, como no se percibe el crecimiento del niño cuando lo vemos a diario, y sin embargo crecen incesantemente. Más, es incuestionable, que este avance, que, este progreso de esta rama de la ciencia, se debe en su mayor parte a la labor realizada desde su Cátedra por el Prof. Dr. Arturo Aballí, porque en ella, como lo previera el Dr. Antonio Jover, nació el estímulo y la vocación al estudio de la especialidad de niños.

El Dr. Aballí ocupó la Cátedra de Enfermedades de los niños, por rigurosa oposición, después de la muerte inesperada del Profesor Reol. Es este insigne médico natural de Matanzas, desde los comienzos de su carrera demostró condiciones excepcionales de estudiante laborioso, adornado con excelsas cualidades, poseedor de inteligencia poco común, obteniendo un gran número de premios en el curso de su carrera. Ocupó la plaza de Ayudante disector en la Cátedra de Anatomía Descriptiva, como un medio económico de continuar sus estudios, terminados los cuales, y en posesión de su título de doctor en medicina, obtuvo la primera beca creada por nuestra Universidad, honor que se le confería sólo a aquellos alumnos que ocuparan el primer lugar por su buen expediente universitario.

Trasladado al Extranjero, estudió en los mejores centros científicos, primero de Estados Unidos y después de Europa, pasando el mayor tiempo de su beca en Alemania y Francia, perfeccionando allí sus estudios, firme y concienzudamente. Acude a las Salas de Niños, desde los cuales remite interesantes trabajos y regresa a su patria después de dos años de ausencia, con un bagaje de conocimientos que muy pronto esparce entre nosotros. Fue –también por oposición– Ayudante de la Cátedra de Anatomía Patológica, laborando intensamente en ella con una perfecta preparación, ejerciendo, conjuntamente la medicina infantil, hasta que, vacante la Cátedra de Infancia, la obtiene tras brillante ejercicios de oposición.

 


Es aquí, señores, a mi entender, cuando comienza la brillante perspectiva de nuestra Pediatría, donde se intensifica, continuándose así la huella de nuestros médicos especialistas del pasado.

El Dr. Aballí, ya en posesión de esta Cátedra, la transforma de una manera sorprendente en poco tiempo. Obtiene la creación de la Sala de Clínica Infantil "San Vicente" en el Hospital de "Nuestra Señora de las Mercedes" y comienza desde ese momento la verdadera enseñanza clínica. Se afana por reunir a su alrededor a aquellos de sus alumnos que él considera capaces de secundar su labor. Amplía su enseñanza y obtiene la cooperación de algunos médicos jóvenes, aprovecha su preparación en determinadas materias en relación con la medicina infantil, y así vemos como utiliza los conocimientos del Dr. Alberto Inclán, alumno también becado de nuestra Universidad, que había estudiado en los Estados Unidos la especialidad de Ortopedia, confiándole algunas lecciones de su programa relacionadas con esta especialidad. Funda, de su peculio particular, laboratorios en la Cátedra; amplía sus servicios valiéndose de sus relaciones sociales y funda el Dispensario anexo a su Clínica para aprovechar la enseñanza que proporcionar pudieran los casos ambulatorios. Conectado el Dispensario con la Clínica, proporciona a sus alumnos una enseñanza positiva, pero no es esta sola la labor rendida por el Dr. Aballí. Al mismo tiempo que pronunciaba conferencias, escribía trabajos sobre medicina infantil, tomando participación en los Congresos cubanos a los que llevaba ponencias interesantísima: sobre enfermedades de la infancia, despertando así entre sus alumnos el interés por el estudio de la Pediatría, observándose rápidamente cómo en nuestros barrios rurales y capitales de provincias, surgían médicos preparados para la asistencia de los niños.

Al ocupar la Cátedra de titular, vislumbra un amplio panorama para el engrandecimiento de la medicina infantil en Cuba. Creada la Cátedra de Auxiliar de Enfermedades de la Infancia, obtiene por rigurosa oposición dicha Auxiliaría el Prof. Dr. Félix Hurtado, alumno igualmente becado por nuestra Universidad, quien inspirado en los estudios del Maestro, estudia con unción en los grandes centros científicos de Francia, al lado de aquellos sabios Profesores Pediátricos la especialidad de niños.

 


Ocupada por el Dr. Hurtado dicha Cátedra después de enaltecedores ejercicios de oposición, coopera con entusiasmo al lado de su querido Maestro al engrandecimiento en Cuba de esa rama de la medicina.

Han contribuido igualmente al avance inusitado de la Pediatría, la legión de médicos jóvenes, que con su amor al estudio, sus ansias de progreso y su espíritu de superación, tan devota como brillantemente, han sabido seguir el ejemplo y secundar la obra de su querido Maestro el Dr. Aballí. Imposible resultaría el intento de enumerar aquí los nombres de nuestros jóvenes médicos, y más imposible aún separar ni distinguir las diferencias de sus méritos científicos; estas palabras, plenas de admiración y gratitud, y que brotan de lo más profundo de mi corazón, van dedicadas a todos, sin excepción alguna.

En estas condiciones, la labor realizada, conjuntamente por los Poderes Públicos, creando nuevos Servicios de Medicina Infantil en los Hospitales, vemos así como ya desde épocas anteriores el Dr. Joaquín Dueñas ocupaba el cargo de Médico de Visitas de la Sala de Niños del Hospital No. 1. El avance incesante de nuestra Sanidad, hizo que en esta grandiosa obra de superación, ocuparan puestos en la Secretaría de Sanidad y Beneficencia, hombres como el Dr. Enrique Núñez, eminente cirujano, pero con marcado amor e inclinación a la niñez. Funda por ello el Servicio de Higiene Infantil en la Secretaría a su cargo, a cuyo frente labora también en sus comienzos el Doctor Joaquín Dueñas. Incita a las madres cubanas al cuidado de sus niños y crea los Concursos de Maternidad, labor incruenta, de plausibles beneficios, porque despierta el estímulo no solo en las clases menesterosas, sino también en las acomodadas. Estos concursos tenían una doble finalidad científica: estimular a las madres, no sólo al cuidado e higiene de sus niños, sino también llevar a su ánimo los beneficios inmensos que en ellos produce la lactancia materna. Estos premios se hicieron nacionales y el Jefe Local de Sanidad de cada pueblo cooperaba a esta gran obra iniciada por el Dr. Enrique Núñez, labor secundada igualmente por los médicos especializados y no especializados.

Es indiscutible que la creación de múltiples Servicios de Niños en los Hospitales provinciales; la fundación de Institutos, Dispensarios, Creches, Preventorios, Colonias Infantiles, Consultas especializadas, la publicación en periódicos de interesantes artículos sobre esta materia, la aparición de Revistas Científicas como medio de llevar a los lugares más apartados nuestros últimos conocimientos, y la cooperación que en algunas Ciudades como en La Habana, ha proporcionado el Municipio, han sido factores decisivos y eficaces al engrandecimiento y mejora de nuestra medicina infantil.

Es imposible, señores, en un trabajo de síntesis como el que os leo, y dado el avance vertiginoso que ha alcanzado la Pediatría en Cuba, intentar siquiera la narración somera de las distintas causas que han contribuido a nuestro auge científico en la especialidad; pero no quiero terminar el estudio de nuestro presente, sin dedicarles unas frases a dos grandes innovaciones de estos últimos tiempos; primero a la Sociedad Cubana de Pediatría, Organismo que tenía que nacer del seno de la Cátedra de Enfermedades de la Infancia, labor fecunda e iniciativa superior que hizo vislumbrar al compañero Dr. Félix Hurtado, como una necesidad imperiosa, la creación de esta Sociedad que hoy patrocina esta Sexta Jornada Pediátrica.

Esta Sociedad Cubana de Pediatría, fundada hace doce años, presidida por primera vez por el Profesor Dr. Arturo Aballí, ha servido para fundir en un solo y compacto núcleo a todos los médicos especializados de Cuba; ha servido para obtener el contacto, para demostrar el afecto, para intercambios de conocimientos entre todos los componentes de esta familia pediátrica. Las Jornadas realizadas en nuestras distintas provincias: Oriente, Camagüey, Matanzas, Pinar del Río, han intensificado nuestra unión indestructible, y hoy contamos con un centenar de médicos asociados. Ha surgido también, de la creación de la Sociedad Cubana de Pediatría, la fundación del Boletín, que como órgano de la Cátedra de Pediatría, sirve para divulgar los conocimientos de la medicina infantil, y ha culminado, señores, en esta gran Concentración que es la Sexta Jornada pediátrica que estamos celebrando. Posteriormente se ha constituido, con iguales fines e idénticos entusiasmos, la Sociedad de Pediatría de Santiago de Cuba, la cual contribuye, intensamente, al progreso de la medicina infantil. Sus miembros, especializados, contribuyen continuamente a la publicación de interesantes trabajos, que aportan positivos beneficios a la lucha por el engrandecimiento de esta Ciencia en Cuba.

Finalmente, quiero ocuparme del establecimiento en La Habana del Hospital Municipal de Infancia. Ninguno de los Servicios Infantiles, tanto del Hospital "Ntra. Sra. de las Mercedes", como del "Calixto García", han dejado de sentir el beneficioso impulso de los médico pediatras, a tal extremo, que últimamente se ha inaugurado en el primero de los citados Hospitales un Laboratorio Dietético, última expresión de nuestros adelantos en lo que se refiere al cuidado de la dietética infantil.

La necesidad tan sentida de la construcción de un Hospital Municipal de Infancia, ha sido obtenida. Nuestro Hospital Infantil constituye un orgullo, no sólo del Municipio de La Habana, sino de todos los cubanos. Esta Institución ha sido admirada por cuantos médicos extranjeros nos han visitado, y en él se labora con intensidad por el progreso científico.

Y en cuanto a la Pediatría del porvenir, podemos afirmar que se enfrenta con un extenso panorama; lo hecho tal vez resulte nada, comparado a lo que queda por hacer.

El futuro de la Pediatría en Cuba ha de ser la Puericultura, ciencia de donde tenemos que arrancar nuestros mejores frutos, por corresponder a ella el estilo y la investigación de las causas relativas a la conservación y al mejoramiento de la raza humana. Se interesa ésta no sólo por el niño ya nacido, sino que se ocupa de él antes de nacer y aún antes de ser concebido; de modo que puedan quedar cumplidas y garantizadas las mejores condiciones de su vida y de su salud; es decir, que tenemos que preocuparnos de la vigilancia del niño, antes de ser concebido, cuando ha sido engendrado, en el momento de su nacimiento, inmediatamente luego de nacido, y por último, señores, en todas y cada una de las etapas de su desarrollo y su desenvolvimiento. De ahí que tengamos que ocuparnos de la Puericultura preconcepcional, de la Puericultura intra-uterina y de la Puericultura postnatal.

Son estos los puntos cardinales de nuestra labor futura. Es necesario unir los eslabones disgregados para formar una fuerte e indestructible cadena, que ate todas estas particularidades, a fin de que nuestra misión sea altamente cumplida. Es necesario proteger al niño en todas sus fases, modificando la estructuración de los Servicios de Higiene Infantil. Estos no deben ser Dispensarios de niños enfermos solamente. Precisa que estos Organismo se conviertan en centros dedicados en su mayor parte a prevención profiláctica. Es necesario evitar las enfermedades antes que curarlas, y he aquí la alta misión de la Puericultura moderna.

En tal sentido ha de ser la Cátedra, la Sociedad Cubana de Pediatría, las Autoridades del Estado y la acción privada, las que conjuntamente impulsen esta hermosa labor. La Sociedad Cubana de Pediatría aspira a ser un Órgano consultivo en todos y cada uno de los problemas de la Infancia, para lo cual, se propone desarrollar un programa, una plataforma perfectamente estudiada por su Junta de Gobierno. Ha de desarrollarse en su seno la creación de una Biblioteca de la Especialidad, contando para su enriquecimiento con innumerables revista extranjeras y cubanas; ha de llevar a vía de hecho un índice bibliográfico de los trabajos realizados en Cuba sobre materia de Infancia, por entender nosotros que es imprescindible que nuestras publicaciones se citen y los positivos valores de la Pediatría cubana se den a conocer. Allí encontrarán los médicos cubanos los datos suficientes para mencionar en sus trabajos a los grandes de nuestra Patria.

Hemos de intensificar por medio de Conferencias, de escritos, de panfletos, la divulgación de todos los preceptos que la Puericultura moderna nos proporciona. Para ello contamos con todos y cada uno de los integrantes de esta nuestra amada Sociedad de Pediatría. Hemos de laborar incesantemente por la constitución, perfectamente organizada, de una Escuela para la preparación de niñeras, pues es a nuestro juicio indispensable, no solamente para la madre pobre que necesita vigilar y cuidar personal y científicamente a sus niños, sino imprescindible, igualmente, la preparación de niñeras que han de atender el cuidado de éstos en las clases acomodadas.

Trataremos también de obtener del Estado, si no Hospitales, por lo menos la instalación en todos los de la República, de Servicios de Clínica Infantil, y mejoramiento de aquellos.

Con el gran número de médicos especializados que tenemos, y que han estudiado algunos en el Extranjero, y otros venidos a tomar curso de Post -Graduados en los Hospitales "Nuestra Señora de las Mercedes" y Municipal de Infancia, contamos con un rico material esparcido por toda la Isla, encargando a tales médicos la misión de trabajar y laborar en esos Centros. De esta manera, señores, sin género de dudas, y en un futuro cercano, la Pediatría en Cuba ha de ser, por su grandeza, nuestro más legítimo orgullo.

Una gran fe y esperanza en el porvenir de la niñez cubana, inunda mi espíritu en estos momentos. Ocupa actualmente el Ministerio de Salubridad y Asistencia Social, el Dr. Demetrio Despaigne. A su lado, y laborando intensamente, tenemos al compañero Dr. Félix Hurtado, ambos inspirados de las mejores intenciones y en un fervoroso anhelo de superación, secundados, en tan nobles sentimientos, por el Honorable señor Presidente de la República, Coronel Fulgencio Batista, joven figura, que en todos los momentos ha demostrado su amor a la niñez. En estas condiciones –tan felices a mi entender– nos hallamos en estos momentos. La labor que ha de realizarse es ímproba; pero tenemos ya un gran camino recorrido hacia el engrandecimiento de esa obra, contando, además con los elementos para ello imprescindible. Unámonos todos, cooperemos todos los cubanos de buena voluntad a la consecución de tan bellos ideales, y de esta manera llegaremos al final tan anhelado, obteniendo ciudadanos –puesto que el niño de hoy será el ciudadano del mañana– fuertes, saludables, capaces de una gran obra, vigilantes y amantes de nuestra Patria, y en condiciones de conducirse como tales ciudadanos.

Es indispensable obtener esa buena generación, que constituye el ideal de la medicina preventiva. De ahí, el nacimiento de la nueva ciencia denominada Eugenesia, que no es otra que el estudio de los factores que bajo la dirección de la Sociedad, pueden mejorar o empeorar los caracteres raciales de las generaciones futuras, tanto en el aspecto psíquico como en el físico. Es necesario, pues, como una labor no sólo médica, sino patriótica, ver en el niño de hoy al ciudadano del mañana, procurando por todos los medios imaginables prepararlo para que, cuando arribe a la edad adulta, sea un ciudadano útil a su patria, sin estigma, modelo de vigor, de mente sana y cuerpo hercúleo, preparado para concebir generación perfecta, capaz de toda obra grande y en aptitud de llegar, más tarde, a través del tiempo, a consolidar una Patria venturosa.

Y para terminar, en nombre de la Sociedad Cubana de Pediatría, quiero dejar testimoniado mi más profundo reconocimiento por la valiosa cooperación que nos habéis prestado, y hacer votos porque, en esta reunión de hombres de ciencia, con el espíritu en alto, se piense en el porvenir de nuestra niñez. Si obtenemos esto en provecho de nuestra Patria, nos consideraremos plenamente compensados por el esfuerzo rendido y satisfechos en la consecución de nuestras más caras aspiraciones.

 



* Arch Med Inf. La Habana. 1941;10(1):6-27.