El Dr. Carlos Finlay, amante de la cultura física y los deportes*

 

 


 

 

Nos reunimos una vez más en este Paraninfo de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana que me honro en presidir para celebrar un nuevo 3 de diciembre en cumplimiento fiel de un acuerdo adoptado con motivo de la propuesta que el Dr. Horacio Abascal, distinguido compañero, secretario de esta corporación, hiciera en el seno de la Asociación Médica Panamericana, reunida en Dallas, Texas, durante los días del 21 al 25 de marzo de 1933, en el sentido de que el día 3 de diciembre, fuera instituido el Día de la Medicina Americana, propuesta que mereció la mejor acogida e interés por parte de distintas corporaciones científicas y hecha suya por esta institución.

El tema de todos los trabajos y escritos publicados sobre Carlos Finlay ha sido siempre su brillante y maravilloso descubrimiento de la transmisión de la fiebre amarilla por la picada del mosquito, descubrimiento que exclusivamente a él corresponde; tal parece, por ello, que Carlos Finlay no tenía otro mérito científico que esa portentosa concepción; cuando es lo cierto que Finlay, a más que un eminente investigador, fue un clínico sobrenatural, cuyos grandes aportes a la medicina cubana no se concretaron solamente a sus meritorios y conocidos trabajos, sino que también hubo de ocuparse, con gran interés y devoción a divulgar otros tópicos interesantísimos, entre ellos, el relativo al necesario desarrollo físico, mental y moral del joven cubano. En tal sentido publicó en el año 1878, en la Gaceta Médica de La Habana, un trabajo titulado "Utilidad de los ejercicios corporales en los climas cálidos y su conveniencia para fomentar el desarrollo físico de nuestra juventud". Este trabajo suscitó vehementes discusiones y acerbas críticas a tal extremo que en las páginas de la revista La Propaganda Científica en el mes de abril del propio año en que Finlay publicó su trabajo se censuraban acremente los ejercicios corporales y se combatía con calor el juego de pelota conocido por base ball, que tanto auge y entusiasmo alcanzó entre nosotros.

Los argumentos que Finlay esgrimió para defender su tesis se basaban en su criterio de que "el ejercicio corporal aun en días de calor, al sol y a la intemperie, lejos de ser perjudicial, favorece el desarrollo físico y robustece al habitante de estos climas y solo haré observar –añadía– que los hombres más sanos, más robustos y más activos entre nosotros son nuestros guajiros, los trabajadores del campo, los cargadores del muelle, los carretoneros, etc., y por lo contrario, los tipos menos desarrollados se encuentran en los talleres de industrias sedentarias, que privan a sus operarios del ejercicio muscular tan necesario en nuestro clima.

A más de estas argumentaciones de tanto peso, y con aquella seguridad absoluta que él imprimía siempre y en todos los casos a sus asertos añadía "... en vista de tales ejemplos, aconsejar a nuestra juventud que siga practicando ejercicios corporales al aire libre y principalmente aquellos en que, a la par que robustez física, puede adquirir hábitos de disciplina moral, agilidad y destreza en los movimientos y serenidad de ánimo de presencia de los peligros eventuales que traen casi todos los ejercicios de esa especie y son como el complemento inevitable de toda educación varonil".

Es admirable ciertamente, la visión tan exacta que ya en aquella época (año 1878) tuvo Finlay de esta disciplina, tan rotundamente acatada en nuestros días, en que sus asertos han sido plenamente comprobados, puesto que es indudable que la educación física constituye una educación social, quizás la más beneficiosa de las educaciones, tanto para el niño como para el adolescente, porque no puede negarse que ella actúa no solo sobre el desarrollo físico, sino que influye también gravemente, en la inteligencia, ya que va acompañada de una educación moral indiscutible.

 


Vamos a analizar estos tres puntos que constituyen, a mi juicio, la base fundamental de la educaci6n física y los deportes.

Es necesario intensificar la práctica de esta disciplina en el niño, en el joven, y en el adolescente porque no admite discusión el hecho de que en el niño, donde hay que templar también el alma, se crea con esta práctica el ideal, a la par que el desarrollo y la fortaleza física.

Han sido muchos los cubanos, principalmente médicos, que han divulgado su pleno convencimiento respecto a los beneficios que reporta la cultura física y los deportes en el ser humano.

Tan es así, que ya en el año 1909, el doctor Gabriel Casuso, en trabajo que hubo de presentar en la apertura de curso de la Universidad de La Habana, abogó con gran entusiasmo y fervor, porque se implantara e hiciera practicar la cultura física y los deportes en todas las escuelas, en los institutos y en la Universidad y fue, impulsado por esta convicción, que cuando ocupó el Rectorado de la Universidad de La Habana, su primer empeño fue dirigido a la adquisición de los terrenos que ocupa hoy el stadium universitario. Con esto queda demostrado, el gran interés que hubo de despertar la educación física entre nuestros hombres de ciencia, convencidos de que esta actividad docente disciplina al individuo, haciéndolo respetar las leyes y obedecer las reglas que rigen la cultura física y los deportes, creando en él, en definitiva el exacto sentido de la caballerosidad.

Por eso, en cierta oportunidad hube yo de emitir, entre otros, el siguiente concepto al respecto: "...el ejercicio físico actúa como una educación social en el estudiante, disciplinándolo y cultivando en él la caballerosidad y el respeto mutuo".

De modo, que figuro entre los convencidos de los beneficios que reporta la cultura física y los juegos deportivos en la colectividad.

Otros distinguidos intelectuales han escrito distintos artículos sobre este mismo tema. En el año 1914, el doctor José Sixto de Sola, publicó una monografía titulada "El Deporte como factor patriótico y sociológico", sosteniendo que "los deportes contribuyen, con los demás factores sociales, al mejoramiento colectivo".

En igual forma, el gran filósofo cubano Enrique José Varona, escribió en el año 1887 sobre los deportes, propiciando su introducción en nuestras costumbres "como un elemento juicioso de regeneración física y moral".

En el Primer Congreso Nacional de Puericultura organizado por la Sociedad de Puericultura de Buenos Aires, presidido por el doctor Pascual R. Cervini, se presentó un trabajo sobre educación física de la infancia, cuyo autor, el doctor Pedro Reggi, dice en el mismo, que este capítulo de la educación física, por su importancia, debe ser considerado de la medicina infantil, alegando los principios en que se basa para su inclusión en aquella rama de la medicina. La razón primordial estriba en que la educación física "ejerce una beneficiosa influencia sobre el crecimiento y desarrollo de los niños y además porque puede y es capaz de prevenir y corregir anomalías del desarrollo o defectos morfológicos".

En ese trabajo, el doctor Reggi plantea y propugna "que la educación física, en primer lugar, repercute en la salud y en la higiene, como se desprende de la enunciación de sus propósitos y de los medios de que dispone para lograrlo. Al impartirse la enseñanza, deberían tenerse en cuenta la capacidad, el interés y las necesidades de los niños con criterio pedagógico y con modernos conocimientos técnicos".

Aconseja, finalmente, a los poderes públicos, instituciones oficiales y particulares, contemplar especialmente los tres aspectos: médico, pedagógico y técnico de la educación física en los planes que se propongan desarrollar.

El problema por él planteado en dicho trabajo, es el siguiente:

... que conservar o mejorar la salud, promover el desarrollo físico armónico, crear un concepto higiénico de la vida mediante el contacto con la naturaleza, merced a una racional y científica prescripción y dosificación de las actividades físicas y de una obra higiénica que enseña cómo se debe comer, descansar, trabajar, etc., es una función de índole estrictamente médica.


De ese Congreso Nacional de Puericultura, se obtuvo el siguiente voto:

... la educación física puede cumplir cuando se imparte en forma racional y de acuerdo a una orientación médica y a una importante función higiénica preventiva y correctiva. La prescripción y dosificación de las actividades físicas en el niño debe hacerse con profundo conocimiento de sus características orgánicas e intelectuales.


Con los datos anteriormente transcriptos y otros muchos que pudiéramos enumerar, queda demostrada la necesidad de que a esta parte de la educación se le otorgue en nuestro medio un mayor interés y se le conceda la importancia que tiene, no mirándolo como un problema secundario y de menor significación que otras enseñanzas que se imparten en nuestros centros educacionales.

Son tres los elementos que tienen que estar íntimamente unidos para su beneficiosa aplicación: el pedagogo, el médico y el profesor de cultura física y deportes.

Creo igualmente necesario e imprescindible, que se le preste mayor atención entre nosotros a la puericultura, rama importantísima de la medicina infantil, puesto que imparte por su significado etimológicamente, "cultura o cultivo del niño". Es la ciencia eminentemente preventiva o profiláctica, destinada a la protección y cuidado de la vida del niño sano, aplicándose, a tal finalidad, un conjunto de conceptos, tanto fisiológicos como higiénicos y educativos. De ahí su diferencia de la pediatría, cuya misión, por el contrario, consiste en la asistencia y cuidado del niño enfermo.

A tal finalidad, debíamos contar con un Centro de Puericultura Nacional, que tendría a su cargo el estudio de tres periodos importantísimos: el pre-concepcional, el pre-natal y el post-natal.

Pudiera ser que empleando los métodos puestos en práctica por la puericultura, se evitara seguramente en el futuro, la construcción de tantos hospitales y consultorios que tan cuantiosos gastos significan para el erario nacional. Es necesario evitar y no curar, decimos los médicos. La medicina preventiva, cuyo lema es "conservar la salud" es la más bella de las obras humanas.

No existe duda alguna, pues, respecto a las ideas emitidas por el doctor Finlay en el trabajo a que hemos hecho alusión, ya que las mismas, a través del tiempo, han quedado plenamente confirmadas, haciéndonos comprender que lo que su genial pensamiento concibió y su sabia visión sostuvo ya desde el año 1878, nos dio un índice del valor y significado de los ejercicios físicos y los deportes en la educación de nuestro pueblo.

La simiente que en terreno tan fértil por cierto, sembraran un día las ideas del doctor Carlos Finlay, ha germinado exuberante, siéndonos dable ver en nuestros días a hombres dotados de un hondo sentido de lo que significa esta educación, habiéndose instituido entre nosotros una organización fundada y valorizada por el señor Roberto Maduro cuya idea fue apoyada con todo entusiasmo por el Club de Leones de La Habana e instituciones patrocinadoras, bajo la denominación "Los Cubanitos" llamada a influir decisivamente en la niñez, impartiéndole, no solamente instrucción intelectual, sino también, conjuntamente, educación social.

Desde este sitial de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, yo abogo porque se incremente entre nosotros este medio educacional y se generalicen con cálido interés y gran entusiasmo, los conceptos sustentados por nuestro gran Carlos Finlay, porque ello significará, sin duda alguna, el fiel cumplimiento por parte nuestra, de uno de sus más bellos ideales.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Vida Universitaria. Págs. 11 - 23 y 24.

2. Anal Acad Cien Med Fis Nat. Habana. La Habana. 1953-1954;92:111-5.

 



* Rev Vida Universitaria. Universidad de la Habana. La Habana. Enero-Marzo 1957. p. 11,23,24.