Alocución presidencial*

 

 


 

 

Señores Académicos,
Señoras y Señores:

Los cargos públicos exigen a veces, de sus servidores, sobrehumanos esfuerzos en la consecución de objetivos, inasequibles al alcance mental de quienes lo desempeñan.

Tal mi trance en esta noche memorable, llamado por mi condición de Vicepresidente de esta nuestra prestigiosa Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, a reemplazar a su insustituible Presidente, el querido compañero Dr. José Antonio Presno, de cuya presencia nos ha privado un lamentable quebranto en su salud, impidiendo ello, que enaltezca desde este sitial, con su cálida y sentida palabra, como en anteriores ocasiones, esta Sesión Solemne, organizada para conmemorar el LXXXVII Aniversario de la Fundación de esta meritísima Organización Científica, inicialmente denominada Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, coronándose, con ello, al fin, los esfuerzos de su insigne fundador, el Dr. Nicolás José Gutiérrez, que, tras dos fracasados intentos en unión primero del Dr. Francisco Alonso Fernández y secundado después por Don Ramón Zambrana, logró al cabo, en el año 1861, la realización de uno de sus más ardientes y apasionados empeños.

No fueron, ciertamente, miras egoísticas ni personales las impulsadoras de los ingentes empeños encaminados a fundar esta Academia, sino el noble anhelo de un grupo de médicos consagrados, de destinar la misma a acrecentar nuestros conocimientos y cimentar, mediante la experiencia y discusiones científicas, los que procedían del Extranjero para poder, con ello, impartir auge e incremento mayor a las ciencias médicas, físicas y naturales de nuestra Patria.

 


El máximo anhelo de su Fundador, consistía en dotar a Cuba de esta Institución, a través de la cual, nos ha sido dable recoger valiosos frutos científicos, y tornarnos en admiradores de su gran obra. Este ideal de su alma, traslúcese de la lectura de uno de los párrafos de su emocionado discurso inaugural, al decir:

...en medio del contento y del entusiasmo que este acto me inspira al ver ya realizados mis más ardientes deseos, bien pudiera exclamar como el anciano del Templo de Jerusalén, teniendo en sus brazos al Mesías por quien tanto había suspirado: "Señor, despide ahora a tu siervo". Sí, señores, porque he temido morir antes de haber podido legar a mi patria una Institución útil, provechosa, necesaria y ofrecer a la ciencia que abracé con fe, y he ejercido con amor y entusiasmo, este homenaje de gratitud y de reconocimiento.


Nada más natural y razonable que fuera el Dr. Nicolás J. Gutiérrez el primer Presidente electo para regir los destinos de esta Institución, y traer a colación aquí las emocionadas palabras por él vertidas en tan trascendental momento de su vida, representa, a mi entender, el tributo más cálido que ofrendársele pueda, a aquel gran hombre de ciencia, que ejerciera como un sacerdocio su profesión médica y cumpliera con fidelidad absoluta sus deberes ciudadanos.

Puede reposar tranquilo nuestro admirado compatriota. La Institución que él fundara, ha sido para los cubanos todos como una obra propia, y cuantos han ocupado sucesivamente la Presidencia de la misma, han tratado y luchado con tesón, por mantenerla a la altura por él soñada, y con ahínco fervoroso, ha sido en todo momento prestigiada por los grandes que han integrado en nuestra Patria la ciencia y el intelecto. No se ha desmayado un solo instante en una labor ingente e intensiva, encaminada a su conservación, y pese a los vaivenes sufridos por esta Academia como reflejo de los difíciles momentos vividos por nuestra Patria, esta Institución ha soportado todos lo embates de la suerte, firme en sus propósitos e inmaculada en sus principios, y ha elevado con sus discusiones, con sus trabajos, con sus investigaciones, el nivel cultural y científico de nuestro país, llenando así con fidelidad absoluta, el objetivo para que fuera creada.

Difícil ha sido, ciertamente, por razón de las grandes dificultades apuntadas, el mantenimiento de este venerado recinto, acogedor albergue de los cubanos; pero todo ha sido soportado con valentía y abnegación, no sólo por los profesionales que como Académicos la mantienen, sino también por sus empleados, que le han dedicado sus mejores años, como si de cosa propia se tratara.

Por ello es que, al celebrarse hoy los ochenta y siete años de su fundación, aún permanezcan latentes los anhelos y subsistan las propias orientaciones de aquel que tanto luchara por legarnos esta Institución, y justo es reconocer que a pesar de todos los pesares, la Academia se mantiene en la misma forma, con iguales principios e idénticas ideas.

Tócales a mis estimados amigos y compañeros, Dres. Raimundo de Castro, en su carácter de Secretario, y Mario C. Martínez Azcue, Decano de la Facultad de Odontología de la Universidad de La Habana, en su condición de Académico de Número, seguirme en el uso de la palabra y a través de sus interesantes tópicos, nos será dable conocer, tanto las actividades de esta Institución durante el Año Académico 1947-48, como la historia de esta Academia, mediante el interesantísimo trabajo que nos leerá el Dr. Martínez Azcue, intitulado: Apuntes sobre el pasado, presente y futuro de la Academia de Ciencias Médicas; Físicas y Naturales de la Habana.

Réstame sólo agradecer la benevolencia tenida para con quien os habla, y formular fervientes votos porque el próximo año, al reunirnos nuevamente con motivo de tan tradicional y solemne acto, en la vida de esta nuestra Institución, tengamos entre nosotros a nuestro actual Presidente, completamente restablecido de la dolencia que hoy nos hace echar de menos su dignificadora presencia, y quiera el destino concedernos que en definitiva, podamos vencer ciertas dificultades que en la actualidad confrontamos, a fin de que los años venideros sean mejores para esta Academia a la cual todos por igual queremos.

 



* Sesión solemne del 19 de mayo de 1948, aniversario de la fundación de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana. Anal Acad Cien Med Fís Nat. Habana. La Habana. 1948-1949;87:1-3.