CUADERNOS DE HISTORIA DE LA SALUD PÚBLICA


El profesor Zoilo Marinello Vidaurreta (1919-1990) y las ciencias patológicas en Cuba

 

 

Por el Dr. Gregorio Delgado García

 


 

INTRODUCCIÓN

Agradezco profundamente a los organizadores de este II Taller Nacional sobre el trabajo de Extensión Universitaria en los centros de Educación Médica, por la oportunidad que me brindan de poder dictar una conferencia sobre el profesor Zoilo Marinello Vidaurreta, no solo porque es un justo homenaje de recordación a una de las eminentes figuras de la medicina cubana en las últimas 5 décadas sino también por la satisfacción que esto lleva a mi espíritu, ya que me unieron al profesor Marinello lazos profundo de admiración y afecto, nacidos primeramente en las aulas universitarias cuando tuve el honor de ser su discípulo y más tarde su amigo invariable durante casi 30 años.

Siempre recordaré que el 3 de octubre de 1972 cuando el acto de mi toma de posesión como Historiador Médico oficial del Ministerio de Salud Pública fue él, como presidente del Consejo Científico de nuestro ministerio, quien tuvo a su cargo el discurso de presentación y nunca le agradeceré bastante sus palabras de aliento y reconocimiento a mi humilde persona.

Con posterioridad siempre que solicitó información a mi oficina, para alguno de sus trabajos relacionados con la historia de la medicina, al recibirla pasaba invariablemente por mi casa para agradecerla personalmente, a pesar del poco tiempo libre que le dejaran los mucho y altos cargo que siempre desempeñó.

Fig. 20. Dr. Zoilo Marinello Vidaurreta (1919-1990).


En la presente conferencia expondré brevemente los orígenes de la ciencias patológica en nuestro País, dejando desde ahora bien sentado que entiendo por ellas la anatomía e histología patológicas y la oncología; el desarrollo de las mismas en los siglos XIX y XX, destacando algunas de sus más importantes figuras en la docencia e investigación; todo como marco histórico a la vida del profesor Zoilo Marinello y su extraordinario aporte en dichos campos de las ciencias médicas en Cuba, que será el objetivo principal de mis palabras.



ORÍGENES DE LAS CIENCIAS PATOLÓGICAS EN CUBA Y SU DESARROLLO EN EL SIGLO XIX

Desde la últimas décadas del siglo XVIII ya se realizaban en Cuba necropsias macroscópicas en fallecidos de fiebre amarilla, lo que puede ser demostrado documentalmente.

El Dr. Tomás Romay Chacón, en su "Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vómito negro, enfermedad epidémica en las Indias Occidentales", leída ante la Junta de Gobierno de la Sociedad Patriótica de La Habana, el día 5 de abril de 1797 y publicada ese mismo año en la Imprenta de la Capitanía General, que es considerada como la monografía que inicia la bibliografía médica cubana, expone en su capítulo II, "Descripción del vomito negro", el primer informe de una necropsia hecho en Cuba. Allí se dice:


Abierto en el hospital de San Isidro, el cadáver de un soldado, que tendría como 30 años de edad y habiendo fallecido 6 horas antes, á los 7 días de enfermedad, se halló la sangre contenida en los vasos del omento y de la vena porta, obscura y muy líquida.

El hígado poco mayor que en el estado natural, endurecido, amoratado y agangrenada la parte cóncava. Del mismo modo estaba el ventrículo, el duodeno, el íleo, y aquella porción del mesenterio más inmediata a este intestino. La vexiga de la hiel y el conducto choledoco se encontró lleno de una bilis espesa y negra como café fuerte. El pulmón y también el diafragma estaba inflamado por donde se aproxima al hígado. El pericardio derramó un licor seroso amarillo, demasiado espeso y abundante. El cutis se puso más amarillo que antes de morir y lleno de unas manchas moradas, que parecían contusiones.

Algunos de los facultativos que presenciaron esta disecación atestaron, que en la epidemia del año 80 [1780] habiendo abierto varios cadáveres encontraron los mismos fenómenos.


Por esta importante cita podemos afirmar que desde 1780 los médicos cubanos realizaban necropsias macroscópicas con la finalidad de aclarar en el cadáver su diagnóstico clínico hecho en vida del enfermo.

Dichas prácticas se continuaron, sin lugar a dudas, por lo menos en La Habana, en las siguientes décadas del siglo XIX pues los doctores Nicolás J. Gutiérrez Hernández y Agustín Encinoso de Abreu y Reyes Gavilán en su estudio sobre la primera epidemia de cólera sufrida en Cuba en 1833, titulado "Monografía histórica. Del cólera morbo en La Habana", publicado en dicha ciudad en 1843 incluye junto al estudio clínico de los enfermos, las descripciones anatomopatológicas de los órganos de los fallecidos.

Estas necropsias, sin embargo, no solo se hacían durante las epidemias y a fallecidos innominados sino también a notabilidades de la época como el Obispo de La Habana Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa a cuya muerte, ocurrida en La Habana el 24 de marzo de 1830, le realizó el Dr. Nicolás J. Gutiérrez una minuciosa necroscopía cuyo informe publicó muchos años después, 1879, en la Revista Crónica Médico Quirúrgica de La Habana y yo reproduje en mi libro sobre el Dr. Nicolás J. Gutiérrez, en 1984.

Pero lo que reafirma el conocimiento y la práctica de una rama cualquiera del conocimiento humano lo es, indiscutiblemente, su inclusión en la enseñanza superior. En el plan de estudios de 1863, segundo puesto en vigor en la Facultad de Medicina de la Real y Literaria Universidad de la Habana en el siglo XIX, es que se comienzan a impartir materias de anatomía patológicas en la Cátedra de Patología General, que a partir de entonces recibirá el nombre de Patología General con su Clínica y Anatomía Patológica, correspondiente al tercer año de la carrera.

En 1880 ocurre un hecho de gran importancia para el desarrollo de las ciencias patológicas en Cuba y fue que en el plan de estudios puesto en vigor ese año se incluyó en el séptimo de la carrera o período del Doctorado la asignatura Ampliación de la Histología Normal y Patológica y se le encargó su impartición al Dr. Felipe F. Rodríguez Rodríguez, verdaderamente el primer patólogo cubano.

El doctor Rodríguez Rodríguez, que desde 1870 venía desempeñando la Cátedra de Anatomía General e Histología fundó en La Habana, en 1877, el primer laboratorio de análisis clínico donde contó con un microscopio que había traído de París.

Aunque la primera referencia sobre el microscopio en Cuba que poseemos es de 1829 cuando en el Diario de La Habana se anuncia su exhibición en los portales de su imprenta, no poseemos ninguna noticia sobre su empleo al servicio de la medicina sino hasta 1858 cuando nuestro entonces joven investigador Dr. Carlos J. Finlay Barrés utiliza en sus iniciales estudios sobre fiebre amarilla el que había traído en 1855 a su regreso de los Estados Unidos.

Igualmente no poseemos ninguna noticia sobre la utilización del microscopio en el estudio de los tejidos humanos, sanos o enfermos, antes del adquirido por el Dr. Felipe F. Rodríguez, que fue sin lugar a dudas el primero que se empleó en la enseñanza universitaria en nuestro medio, pues en 1883, tres años después de tomar posesión de su Cátedra de Ampliación de la Histología Normal y Patológica solicitó permiso y le fue concedido del Gobernador Superior Civil para en su laboratorio particular completar a sus alumnos la enseñanza práctica de esta materia "sin mediar en ello otro interés que el de la difusión de la enseñanza de su asignatura" como se hace constar en un documento firmado por el Rector de la Universidad de La Habana.

En el plan de estudios de 1887 se suprime la Cátedra de Ampliación de la Histología Normal y Patológica en el período del Dotorado y se independizan estas materias de la Cátedra de Patología General con su Clínica en tercer año, para quedar constituida entonces una sola cátedra con dos asignaturas, Histología e Histoquímica 1er. curso, en primer año y Anatomía e Histología Patológicas en tercero, con cuya disposición llegará dicha enseñanza hasta el final del siglo XIX.

Los profesores encargados de su impartición lo serán los doctores Felipe F. Rodríguez y Francisco I. Vildósola González, este último brillante histoquímico, histólogo, patólogo y bacteriólogo cubano discípulo de Pasteur y Chantemesse en París.

Para dar una idea de la importancia que se le daba a lo histórico y conceptual en la enseñanza de la anatomía patológica en esta época diré que el programa de la asignatura en 1881, en sus primeras conferencias abarcaba:

Definición de la Anatomía Patológica. Su importancia y ventajas que reporta a la medicina. Historia de la Anatomía Patológica. Creación de ella por los Asclepíades. Sus progresos en Egipto. Trabajos de Herófilo y Erasistrato. Trabajos de Celso, Areteo y Galeno. Progresos de la Anatomía Patológica en la edad media. Época del renacimiento. Eminencias científicas que la perfeccionaron. Fuentes de la Anatomía Patológica. Progresos que ha dado a las ciencias médicas y a la Anatomía General el uso del microscopio. División de la Anatomía Patológica en general y especial. Subdivisión de la especial en Histología Patológica y Anatomía Patológica Topográfica. La microscopía y la química patológicas. Base de la clasificación que se debe adoptar para la agrupación de las alteraciones morbosas. Método de Andral. Diferencia del de Cruveilhier.


Otro hecho de extraordinaria importancia en el desarrollo de la anatomía e histología patológicas en Cuba lo constituyó, indiscutiblemente, la fundación, el 8 de mayo de 1887, del Laboratorio Histo-Bacteriológico e Instituto Anti-rábico de la Crónica Médico Quirúrgica de La Habana, por el Dr. Juan Santos Fernández Hernández en parte de la antigua Quinta de Toca, de su propiedad, situada en la actual avenida Salvador Allende.

Allí se formaron los verdaderos primeros patólogos de Cuba y entre ellos su principal figura el Dr. Julio San Martín y Carriere, que publicó en 1888 su notable "Tratado Elemental de Técnica Histológica" que según el sabio bibliógrafo Carlos M. Trelles Govín es el primer libro de su clase escrito en castellano y que fue texto en la Universidad de Buenos Aires.

La producción científica, tanto en histoquímica como histología y anatomía patológicas, producto de las investigaciones realizadas en dicho laboratorio apareció en la Revista Crónica Médico Quirúrgica de La Habana, también propiedad del sabio oftalmólogo cubano Dr. Juan Santos Fernández Hernández, el más fecundo de los publicistas médicos de Cuba.


Las ciencias patológicas en Cuba en el siglo XX

El plan de estudios de 1899, conocido como Plan Lanuza, llevó al frente de la Cátedra de Histología e Histoquímia y Anatomía e Histología Patológicas al doctor San Martín y Carriere, el cual fue ratificado en su cargo por el Plan Varona, puesto en vigor al siguiente año. Este eminente profesor llegó a escribir el primer texto cubano sobre la materia de su cátedra, parte del cual llevó a sus alumnos en forma de cuadernillos con el título de "Lecciones de Histología Normal y Patológica", pero su prematura muerte ocurrida en La Habana, el 18 de enero de 1905, impidió su publicación total e ilustrada.

La muerte del profesor San Martín fue una desgracia para la enseñanza de las ciencias patológicas en la Universidad de la Habana, de la que no se repondría hasta casi dos décadas después. En 1923 se dividió la cátedra en dos: Histología Normal impartida en primer año y Anatomía e Histología Patológicas, en tercero. Al frente de esta última ascendió el antiguo profesor auxiliar Dr. José E. Casuso y Oltra, notable cirujano general de grandes relaciones políticas, era Representante a la Cámara, quien logró por Ley del Congreso de la República que se creara el 24 de junio de 1924 el Instituto del Radium "Juan Bruno Zayas" o Centro Anticanceroso del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", aclarándose en la ley de su creación que el Director del mismo lo sería el Profesor Titular jefe de la Cátedra de Anatomía e Histología Patológicas.

A la muerte del doctor Casuso Oltra, el 19 de septiembre de 1928, después de casi 5 años de notable labor en la aplicación del radium en el Instituto por él creado, asciende a Profesor Titular jefe de la cátedra y Director del Instituto, la más brillante figura de las ciencias patológicas en Cuba en las siguientes 3 décadas, el Dr. Nicolás Puente Duany, autor de 6 libros, 7 monografías, 4 folletos docentes y 266 artículos científicos en publicaciones nacionales y extranjeras.

Sus libros "Notas sobre cáncer y tumores" (1931); "Compendio practico sobre la enfermedad de Hodgkin" (1936); "Linfosarcoma y linfosarcomatosis de los riñones" (1941); "Cáncer de la mama" (1945); "Técnica de Autopsias e Histo-patológicas", 5 ediciones hasta 1951 y su extraordinaria "Anatomía Patológica. General y Especial"en 2 volúmenes, 1 006 págS., 834 figuras, en casi su totalidad originales y 3 ediciones hasta 1953 y sus monografías "El grupo indeterminado de las afecciones malignas de los ganglios linfáticos" (1937); "Endoteliomas y aspectos endoteliomatosos de los ganglios linfáticos" (1938); "Herencia y constitución" (1938); "Linfosarcoma del estómago" (1940); "Linfosarcomas de las glándulas mamarias" (1941); "Monografía sobre estudios radiológicos del linfosarcoma gastrointestinal" (1947) en colaboración con el Dr. Gonzalo Elizondo Martell y "Siringocistoadenoma papilar" (1955), así como su producción científica total, constituyen la obra más acabada sobre anatomía patológica y oncología producida por un cubano.

Otra gran figura de la oncología en Cuba y el máximo exponente de la lucha contra el cáncer en nuestro país lo fue el Dr. Emilio Martínez y Martínez, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de la Habana de Patología Médica, fundador de las cátedras de Microscopia y Química Clínica y Enfermedades de la Laringe, Oídos y Fosas Nasales. Decano de la Facultad de Medicina, quien también ocupó los más altos cargos de la salud pública cubana de su tiempo: Director Nacional de Sanidad, Director Nacional de Beneficencia y Secretario de Sanidad y Beneficencia.

A sus esfuerzos se debió, en gran parte, la creación de la Liga Contra el Cáncer, bajo los auspicios del IV Congreso Médico Nacional, el 11 de marzo de 1925. Esta noble institución integrada por su Junta de Patronos, Junta de Gobierno y Comité de Damas, reunió en su seno altas personalidades de la burguesía más adinerada del país, logró desarrollar una labor de divulgación verdaderamente importante en folletos, carteles y su Boletín Científico, que se publicó mensualmente desde enero de 1926, fundado y dirigido por el profesor Emilio Martínez, constituyó una de las publicaciones médicas más importantes de Cuba y en él está recogida la casi totalidad de la bibliografía oncológica cubana de su época.

Fig. 21. Dr. Nicolás J. Gutiérrez Hernández (1800-1890).


El tratamiento de enfermos, bajo los auspicios de La Liga, se llevaba a cabo en el Pabellón No. 2 y en el Pabellón de la Cátedra de Enfermedades de la Laringe, Oídos y Fosas Nasales, que después llevaría hasta el presente el nombre del profesor Emilio Martínez, ambos en el Hospital "General Calixto García". La escasa cantidad de radium con el que se contaba era en gran parte adquirido por La Liga y en parte donado por el profesor Emilio Martínez y los médicos que colaboraban con él, del de su propiedad.

Tres años después fue creado, por decreto presidencial de 7 de marzo de 1928 e inaugurado oficialmente un año después, el 19 de mayo de 1929, el Instituto del Cáncer de La Habana, en un edificio construido para él en terrenos del Hospital "General Calixto García", que hoy ocupa principalmente la biblioteca de dicha unidad hospitalaria, bajo la dirección del profesor Emilio Martínez, quien estuvo estrechamente ligado a la institución que tanto había ayudado a fundar y que tanto amaba, hasta el día antes de su muerte, el 8 de diciembre de 1948, a la avanzada edad de 84 años.

El Instituto del Cáncer era una institución del Estado que funcionaba como un departamento especial, con plena autonomía para la admisión de enfermos y como una dependencia administrativa del hospital sede. En un local de su edificio se instaló la Secretaría de La Liga contra el Cáncer, para actuar estrechamente unidas las dos instituciones.

Esta eficiente cooperación se puso de manifiesto más que nunca cuando en 1933 el dictador Gerardo Machado Morales dispuso la clausura por economía del Instituto, lo que no llegó a realizarse por la rápida intervención de La Liga, la que cubrió desde entonces gran parte de los gastos impidiendo de ese modo su cierre.

En 1944, gracias a donaciones de miembros de su Comité de Damas, comenzó La Liga contra el Cáncer la construcción de un moderno Dispensario en terrenos cedidos por el Estado en la esquina de F y 29 en El Vedado. Ese mismo año en terreno contiguo en la calle 29 entre E y F, cedido también por el Estado y con los fondos obtenidos por dos sorteos de la Lotería Nacional, celebrados a favor de La Liga, se comenzó la construcción del Hospital del Cáncer.

Después de grandes esfuerzos y sin contar apenas con ayuda oficial, en 1949 cerró sus puertas el Instituto del Cáncer en su edificio del Hospital "General Calixto García" para trasladarse a sus nuevos locales del Dispensario de La Liga y el Hospital del Cáncer "Curie", al que se le agregaría después una tercera unidad en 29 y E, el Hospital "Francisco Domínguez Roldán", para enfermos con cáncer avanzado.

Al construirse en 1958 un nuevo local para el Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", actual "Comandante Manuel Fajardo", se construyó también un hermoso edificio a su lado para el Instituto del Radium "Juan Bruno Zayas", dependiente de la Cátedra de Anatomía e Histología Patológicas de la Universidad de la Habana y muy cerca de las anteriormente citadas unidades oncológicas.

Si agregamos a estas instituciones las clínicas de cáncer de Santiago de Cuba, Santa Clara y Camagüey, todos bajo la benefactora ayuda económica de La Liga contra el Cáncer, completamos el panorama de la oncología en Cuba antes del triunfo revolucionario, en el cual realizó gran parte de su formación científica y desarrolló los comienzos de su obra en el campo de las ciencias patológicas el profesor Zoilo Marinello Vidaurreta.


NACIMIENTO Y FORMACIÓN CIENTÍFICA Y DOCENTE DEL PROFESOR ZOILO MARINELLO VIDAURRETA

El tronco originario de los Marinello en Cuba lo constituyó Felio Marinello Fábregas, natural de Cataluña, quien establecido en la antigua provincia de Las Villas, en la segunda mitad del siglo XIX, logró una destacada posición económica, pues era dueño de extensas tierras, del ingenio azucarero "Pastora", en Jicotea, poblado próximo a Santa Clara y su casa de vivienda descollaba sobre el batey, única de mampostería y dos plantas.

Casado con Juana Vidaurreta del Valle, de antiguas raíces familiares villaclareñas, uno de sus hijos Juan Marinello Vidaurreta descolló desde su juventud como una de las figuras más importantes de la literatura cubana y latinoamericana de todos los tiempos y ejemplo de político dado por entero a sus ideales y al bienestar de su pueblo. Otro de sus hijos, Felio Marinello Vidaurreta, en sus días de estudiante, fue junto a Julio Antonio Mella uno de los más importantes promotores y dirigentes de la revolución estudiantil universitaria de 1923.

Hijo también de Don Felio, Zoilo Marinello Vidaurreta, continuador de las empresas paternas, casado con su prima hermana María Enriqueta Vidaurreta del Cañal, serán los padres del futuro oncólogo de prestigio internacional, que vino al mundo en la ciudad de Santa Clara en la casa familiar situada en la calle Martha Abreu No. 11, el 21 de agosto de 1919 y a quien se le puso por nombre Zoilo Enrique Juan Francisco Joaquín Marinello y Vidaurreta.

Realizó sus primeros estudios en su ciudad natal de Santa Clara y al trasladarse sus padres por motivos de negocios a Santiago de Cuba allí, los continuó y se graduó de bachiller en letras y ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de la capital oriental, donde se le expidió el título el 23 de septiembre de 1937.

Ese mismo año se traslada a La Habana para iniciar los estudios de medicina en una época verdaderamente convulsionada en la política del país y en la Universidad de la Habana. Muy vinculado a la casa de sus tíos Juan Marinello y María Josefa Vidaurreta del Cañal, la influencia que recibió de ellos fue mucho más cultural que política, aunque desde el primer año fue dirigente estudiantil como delegado de asignatura, miembro del Movimiento de Superación Estudiantil e integrante de la directiva del Comité Antifascista Estudiantil.

Los estudios de medicina los va a llevar a cabo por el plan de 1937, que aunque constaba de 5 cursos, por las frecuentes suspensiones de actividades docentes, demoró 6 años en graduarse. En 37 asignaturas, obtuvo 16 sobresalientes, 1 premio ordinario en Física Biológica, 6 notables, 7 aprovechados y 3 aprobados, sin suspensos ni desaprobados. Realizó los 3 ejercicios para el grado de Doctor en Medicina el 20 de julio de 1943 en los que obtuvo la nota de sobresaliente y se le expidió el título un día después.

Ese mismo año obtuvo por concurso, fundamentalmente por su expediente universitario, una plaza de médico interno del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes" y por relaciones familiares otra de médico del Departamento Nacional de Higiene Escolar del Ministerio de Salubridad y Asistencia Social.

Bien definida desde entonces su vocación por las ciencias patológicas y por la docencia presentó su currículum ante la Comisión Permanente de Adscripción la que elevó su propuesta favorable a la Junta de Gobierno de la Facultad de Medicina y fue aprobada en sesión de 27 de abril de 1944, ingresó en esa fecha en la carrera profesoral como adscripto a la Cátedra de Anatomía e Histología Patológicas.

Un año después, 1945, vencido su período como médico interno por expediente del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", abandona su cargo en Higiene Escolar y marcha a los Estados Unidos de Norteamérica donde en el Memorial Cancer Center de New York, prestigiosa institución en el estudio del cáncer, muy recomendada por el profesor Emilio Martínez, realiza los 2 años de residencia para especializarse en oncología.

A su regreso a La Habana continúa su labor docente ahora como Instructor de la misma cátedra y 2 años más tarde, el claustro de la Facultad de Medicina en sesión ordinaria de 8 de febrero de 1949, le otorgó certificado de aptitud como Instructor, para continuar desde entonces como asociado en la cátedra regenteada por su maestro el profesor Nicolás Puente Duany.

Fig. 22. Dr. Felipe F. Rodríguez y Rodríguez (1836-1897).


Sus méritos en ascenso lo llevan en 1950 a obtener una plaza de cancerólogo del Instituto del Radium "Juan Bruno Zayas" del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", lo que estrecha aún más sus relaciones en lo docente e investigativo, que serán de una gran importancia en su desarrollo científico, con el profesor Puente Duany y la Cátedra de Anatomía e Histología Patológicas y le permite completarse como una gran figura de la cirugía oncológica de nuestro país.

Pero el científico dedicado por completo a sus estudios y a sus enfermos no podía permanecer aislado, ajeno a la lucha que su pueblo sostenía contra la dictadura de Fulgencio Batista y así colabora, en la medida que las circunstancias se lo permiten, con la lucha insurreccional en el movimiento 26 de julio, liderado por el entonces joven abogado Dr. Fidel Castro Ruz.


Actuación en la vida pública y científica en el período revolucionario

Al producirse el triunfo revolucionario, el 1 de enero de 1959, el profesor Marinello desempeñaba su cargo de médico oncólogo del Instituto del Radium "Juan Bruno Zayas"; colaboraba en la docencia como asociado a la Cátedra de Anatomía e Histología Patológicas y ejercía, con muy buena acogida, la medicina privada en su consultorio y gabinete de radioterapia de la calle K, número 420, El Vedado.

En el ejercicio de estas funciones está cuando se produce el 29 de julio de 1960 la borrascosa reunión del claustro de profesores de la Facultad de Medicina en la que se declara en rebeldía contrarrevolucionaria gran parte del mismo al negarse a aceptar la sustitución del Consejo Universitario por la Junta Superior de Gobierno de la Universidad de la Habana, el establecimiento del cogobierno de profesores y estudiantes y la creación de Juntas de Gobierno en las Facultades en sustitución de los Decanatos.

Como consecuencia de ello son suspendidos de empleo y sueldo y se les inicia expediente de separación a los profesores declarados en rebeldía, entre los que se encontraban 4 de los 7 que integraban la Cátedra de Anatomía e Histología Patológicas. Un mes después, el 13 de septiembre, son nombrados para cubrir las plazas vacantes como profesores contratados, por concurso, los doctores Zoilo Marinello e Hilario Gómez Barry y, poco después, el Dr. Israel Borrajero Martínez, 3 de los grandes maestros de las ciencias patológicas en Cuba durante el período revolucionario.

Poco después al doctor Marinello se le confirma en propiedad como Profesor Titular y 3 años más tarde, convertidas las cátedras en departamentos, se les traslada al Departamento de Cirugía como Profesor Titular de oncología. En estos años es que se ponen de manifiestos sus notables cualidades docentes que hacen, que en sus explicaciones, las materias más difíciles lleguen a sus alumnos en forma precisa, clara y amena, para cumplirse en él la máxima cualidad de los grandes Maestros, que es enseñar deleitando.

Pero no solo se producían cambios en la Facultad de Medicina, en sus hospitales docentes la casi totalidad de los departamentos quedaban acéfalos al abandonarlos los jefes y muchos de sus facultativos. El profesor Marinello forma parte entonces de la Comisión de Interventores del Hospital “Nuestra Señora de las Mercedes” y asume en el propio año 1960 la Jefatura del Instituto del Radium “Juan Bruno Zayas”, que era el Departamento del Cáncer del mencionado hospital universitario e integra también la Comisión Técnica de Reestructuración del Sistema Hospitalario de la Universidad de la Habana.

Un año más tarde, 1961, es nombrado Director del Hospital del Cáncer “Curie” y comienza el profesor Marinello su labor de unificación de las 4 unidades oncológicas de La Habana, el Hospital del Cáncer, el Dispensario de La Liga Contra el Cáncer, el Hospital “Domínguez Roldán” y el Instituto del Radium, bajo el nombre único de Hospital Oncológico de La Habana, lo que lleva a su culminación en 1966 al lograr convertirlo en Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, cuya dirección mantendrá, no importa los múltiples cargos y responsabilidades que desempeñe en lo adelante, hasta el momento mismo de su fallecimiento.

A esta intensa actividad científica se unirá una no menos agotadora labor política. Ingresa desde su fundación en las Milicias Nacionales Revolucionarias. El, que se había mantenido alejado de la militancia partidista, a pesar de admirar profundamente la ejecutoria política de su tío el Dr. Juan Marinello, al frente del partido de la clase obrera, ahora al unirse en una sola entidad todas las fuerzas que habían luchado por el triunfo revolucionario, milita desde 1962 en las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), después Partido Unido de la Revolución Socialista y, por último, Partido Comunista de Cuba, en el cual llegará a formar parte de su Comité Central de 1975 a 1980.

El Ministro de Salud Pública, Comandante Dr. José R. Machado Ventura, lo solicita para que ocupe el importante cargo de Presidente del Consejo Científico del Ministerio de Salud Pública y al crearse los grupos nacionales de especialidades médicas lo nombra Jefe del Grupo Nacional de Oncología. Participa activamente en la reglamentación y categorización de las especialidades y en mayo de 1967 se le confiere la categoría superior de Especialista de II Grado en Oncología. Años más tarde su labor será también no menos importante en la oficialización de las categorías de investigadores y en la creación y reglamentación de la Comisión Nacional de Grados Científicos y en 1981 se le confiere, en reconocimiento a su obra científica y a sus grandes aportes a la oncología cubana, la categoría de Investigador Titular y el Doctor en Ciencias Médicas.

Hasta el triunfo de la Revolución, Cuba contaba con 4 academias reconocidas oficialmente, la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, fundada en 1861; la Academia de la Historia de Cuba y la Academia Nacional de Artes y Letras, fundadas en 1910 y la Academia Cubana de la Lengua, filial de la Real Academia Española de La Lengua, inaugurada en 1921.

En 1962 se crea la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias de la República de Cuba, que dará lugar más tarde a la Academia de Ciencias de Cuba y se declaran extinguidas 3 de las 4 antiguas academias, menos la Academia Cubana de La Lengua que continuará sus actividades sin reconocimiento oficial.

Estas antiguas instituciones seguían el concepto europeo occidental de sociedades científicas de muy alto nivel, a la cual pertenecían los científicos y hombres de letras de reconocido prestigio dentro y fuera del país, que presentaban ante ellas el fruto de sus investigaciones realizadas por su cuenta y en la casi totalidad sin ayuda estatal alguna. Sus miembros ostentaban la categoría de académicos, que era la más alta en el campo de las ciencias y la cultura en general a que se podía aspirar en Cuba.

La nueva academia, fundada por la Revolución, que abarcaba, entre otras, las ramas del conocimiento de las 3 suprimidas, seguía el concepto soviético de una institución estatal, de grandes recursos, encargada de la casi totalidad de las investigaciones del país. Sus institutos extendidos a lo largo de todo el territorio nacional desarrollaban investigaciones, formaban investigadores jóvenes y los preparaban para la obtención de grados científicos. La categoría de académico fue suprimida desde 1962 e inexplicablemente no se ha vuelto a restablecer en Cuba y este año se convirtió la Academia de Ciencias en Ministerio de Ciencia y Técnica, para dejar nuestro país de contar con un organismo como tal, después de algo más de 130 años de poseerlo, evidente error al cual ya en estos momentos se le trata de dar solución lo más adecuadamente posible.

Para dirigir institución de tan alta categoría científica debía escogerse una personalidad de indiscutible prestigio en el campo de las ciencias o de las letras, su fundador y primer presidente lo fue el Dr. Antonio Núñez Jiménez, de obra tan dilatada y profunda en el campo de la geografía cubana, que lo sitúa entre los primeros de América Latina.

Diez años más tarde nuevas funciones alejan al doctor Núñez Jiménez de la Academia y la dirección nacional de la Revolución piensa que nadie reúne las condiciones idóneas para dicho cargo como el profesor Marinello, a quien nombra en diciembre de 1972 Presidente de la Academia de Ciencias de Cuba, el más alto cargo no solo de las ciencias sino de la cultura en general del país.

En los 4 años que desempeña dicho cargo, el profesor Marinello dirige todos sus esfuerzos a desarrollar los numerosos institutos que integraban la Academia y que en ellos se lleven a cabo investigaciones de verdadera utilidad para el país, cuyos resultados se integren rápidamente a la práctica social, combatiendo lo que se venía haciendo con mucha frecuencia hasta esos momentos de investigaciones de muy corta utilidad nacional, solo encaminadas a la obtención de grados científicos, práctica esta que, entre otras causas, a tan dramática situación llevó el prestigio de las ciencias en la Unión Soviética.

Por dicha época ocupó también la responsabilidad de Representante Permanente de Cuba en el Comité de Colaboración Científico-Técnica del CAME y se le nombró miembro del Presidium del Comité Internacional del Premio Lenin por la Paz, que a mi juicio conllevaba casi tanto honor como recibir el premio.

Su sincera admiración por los indiscutidos logros de la Revolución de Octubre y su cariño por el país de los soviets lo hizo ocupar la presidencia de la Asociación de Amistad Cubano-Soviética, desde su fundación en septiembre de 1972 hasta su fallecimiento.

Fig. 23. Dr. Emilio Martínez y Martínez (1864-1948).


En 1976 se pone en vigor en el país la constitución socialista y el estado revolucionario cubano adopta una nueva estructura en la que aparecen organismos de gran importancia para la dirección económica y científica de la nación, entre los que se encuentra, con categoría ministerial, el Comité Estatal de Ciencia y Técnica, encargado de orientar dichas actividades en Cuba y de nuevo la dirección del país piensa que nadie como el profesor Marinello reúne la experiencia suficiente para desempeñar tan difícil tarea y lo nombra, en noviembre de 1976, ministro presidente de dicho organismo.

Su reconocido prestigio y su tacto en las relaciones humanas le permitieron sortear felizmente su labor orientadora desde su alto cargo, sin humillar a nadie, pero tampoco sin permitir que las indicaciones y observaciones de su organismo encontraran oídos sordos.

Y en dicho cargo estuvo hasta que por Decreto Ley No. 31 del Consejo de Estado, de 10 de enero de 1980, se declara extinguido el Comité Estatal de Ciencia y Técnica y puede entonces el profesor Marinello, ya liberado también desde ese año de sus funciones de miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, volver a sus investigaciones en el campo de la oncología y proseguir en sus funciones de Director del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, pues es bueno recalcar que nunca abandonó dichas funciones a pesar de tan agobiantes responsabilidades, sobre todo, desde 1972 y que tampoco dejó de ver enfermos y de mantener su turno quirúrgico una vez por semana durante todos esos años.


Aporte del profesor Zoilo Marinello a las ciencias patológicas en Cuba

Desde su regreso del Memorial Cancer Center de New York en 1947 comienzan sus grandes aportes a la oncología cubana. Ese mismo año realiza la primera aplicación en el país de la quimioterapia citostática. En 1950 ya como cancerólogo del Instituto del Radium del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes" introduce, los radioisótopos aplicados a la medicina y el tratamiento de rayos beta. En 1952 inicia en nuestro medio la curieterapia y en 1958 introduce la primera bomba de cobalto.

En el desempeño de la dirección del Hospital Oncológico de La Habana desde 1961, importa el primer microscopio electrónico en 1963 y a mediados de 1967, ya elevada la unidad a Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, participa de una manera determinante en la confección, aplicación y desarrollo del Primer Registro Nacional del Cáncer y en el Programa para el Diagnóstico Precoz del Cáncer Cérvico-uterino, al cual se suma 10 años después el del cáncer mamario, facilitado con la introducción de la mamografía.

A sus esfuerzos como investigador y Director del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología y Jefe del Grupo Nacional de Oncología se debieron grandes progresos científicos en la oncología en todo el país.

Se introdujo la técnica de detección de ultrasonido diagnóstico como tema de investigación, se evaluó su eficacia y se precisaron sus indicaciones para el diagnóstico de tumores del tiroides, de mama, de abdomen y de genitales internos femeninos y se confeccionó y publicó un "Atlas de ultrasonido", que ha servido de guía a los especialistas, su aplicación se extendió a todo el país.

En 1980 se puso en práctica la técnica de determinación del receptor estradiol de tumores de mama y la del receptor de progesterona en 1982.

A finales del quinquenio de 1978-1980 se elaboró en el Instituto el sistema de radioinmunoanálisis para la determinación del antígeno carcinoembrionario y en el siguiente quinquenio se llevó a cabo su evaluación mediante el estudio de más de 300 pacientes, estableciéndose así su sensibilidad en el diagnóstico de tumores del tracto digestivo y el adenocarcinoma del pulmón.

Se encontró en dicha investigación que los niveles del antígeno carcinoembriónico tenían significación para el pronóstico de enfermos de tumores digestivos, del pulmón y de la mama; se convirtió en una técnica de gran valor para controlar la eficacia del tratamiento según la evolución de los pacientes y diagnosticar tempranamente las recaídas. La producción de dicho reactivo en Cuba sustituyó desde entonces su importación.

En cuanto al diagnóstico precoz del cáncer, por su orientación, se puso en práctica en el país desde 1967 el del cáncer cérvico-uterino y en el quinquenio 1981-1985 se adicionaron el de la boca y el de la mama y se crearon las bases técnicas para el del colon.

En lo referente a la asimilación de la tecnología de producción de hibridomas y anticuerpos monoclonales, se contó con la producción de IOR-TI, que identifica los linfocitos T y que fue el primer anticuerpo monoclonal producido en Cuba.

Se introdujo en la práctica clínica la microscopía electrónica para precisar el diagnóstico diferencial entre tipos de tumores de partes blandas y se extendió el servicio a otras afecciones neurológicas no tumorales. Un conjunto de 30 técnicas de histoquímia se aplicaron a diferentes investigaciones, entre ellas la de la tinción de la plata amoniacal, en el diagnóstico de la enfermedad de Hodgkin.

No pocas sustancias con probada actividad antitumoral se evaluaron toxifarmacológicamente previas al ensayo clínico: una glicoproteína de coral, un polisacárido de algas y dos ditiocarbonatos sintéticos. Las dos primeras obtenidas en el Instituto a partir de invertebrados marinos, tienen actividad inmunomoduladora y ambas fueron detectadas por su capacidad de inducir el rechazo en tumores de ratones. Se evaluaron además otros 14 extractos de invertebrados marinos con actividad inmunomoduladora, un terpeno de esponja tumoral experimental y una toxina de plantas.

Durante sus últimos 15 años de dirección se asimiló y aplicó tecnología avanzada de diagnóstico como: la tomografía de emisión computarizada, las pruebas dinámicas de radioisótopos, el procedimiento digital de imágenes, la determinación de receptores hormonales, las técnicas de radioinmunoanálisis e inmunopatología y la patología ultraestructural.

Y durante su último decenio se incluyó un problema principal con 27 temas de investigación que cubrían todos los aspectos del estudio del cáncer, desde la prevención y diagnóstico precoz hasta las diferentes formas de tratamiento. También se elaboró y aplicó un nuevo Sistema de Registro Nacional del Cáncer con una mayor calidad y cantidad de la información epidemiológica.

Junto a esta labor extraordinaria en el campo de la investigación así como de la asimilación y aplicación en todo el país de la más moderna tecnología oncológica, se encuentra su producción bibliográfica, muy importante, que consta de 4 libros, sin incluir sus colaboraciones en obras de texto y un centenar de artículos científicos aparecidos en publicaciones foráneas y nacionales, estas últimas que van desde el Boletín Científico de la Liga Contra el Cáncer, donde vieron la luz los primeros, hasta la Revista Cubana de Oncología, fundada por él en 1985 y bajo su dirección hasta su fallecimiento, cuyos números guardan sus últimas producciones.

Pero solo me referiré brevemente a sus libros. En Cuba se ha extendido un mal que nos aplasta a los que publicamos libros y monografías científicas y es que aparecen los volúmenes y no se les dedica un solo comentario, favorable o desfavorable, en la prensa general o especializada. Solo en un país en el que no se lee la producción científica nacional y que no se ejerce el periodismo médico es posible que aparezcan libros como los del profesor Marinello y no se dé cumplida cuenta de ellos en nuestras revistas especializadas y lo mismo pudiéramos decir sobre la producción del resto de nuestros mejores publicistas médicos.

Los libros del profesor Marinello no constituyen unidades independientes, sino que son importantes fuentes del saber oncológico que se unen para darnos la más completa panorámica de la visión moderna sobre tumoraciones malignas, escrita por un cubano en la segunda mitad del presente siglo.

En "El complejo celular", Ed. Espax, Barcelona, 1974, nos entrega una acabada información sobre la célula, que va desde los fundamentos filosóficos para su estudio, a su aparición durante el largo proceso de desarrollo de nuestro planeta, hasta su estructura, componentes y funciones. Pero debemos tener en cuenta que todo ello lo escribe como introducción al estudio del cáncer, lo que continúa en "Nociones y reflexiones sobre el cáncer", Ed. Científico-Técnica, La Habana, 1983, donde nos brinda la historia de su conocimiento, las neoplasias benignas y malignas, la epidemiología oncológica, los factores bióticos y abióticos en los tejidos, para terminar con las teorías, sobre la patogenia de las neoplasias malignas. Al diagnóstico dedica una imprescindible obra, "El diagnóstico del cáncer", Ed. Ciencias Médicas, que obligó a 2 ediciones consecutivas, La Habana, 1989 y 1990, para completar el conjunto de su obra con el volumen, "Tumores y lesiones seudotumorales de partes blandas", Ed. Espax, Barcelona, 1975, en colaboración con el notable radiólogo, profesor Orlando Valls Pérez y el destacado patólogo, profesor Agustín Paramio Ruibal.

El lenguaje de sus libros recuerda su palabra en el aula y sus exposiciones en congresos y sociedades científicas, siempre preciso, claro, original, basado en el resultado del experimento feliz y de la información más actual.


BREVES CONSIDERACIONES FINALES

El profesor Zoilo Marinello dedicó sus 47 años de vida profesional a la investigación y tratamiento del cáncer, creó en nuestro país una importante escuela de oncología y formó generaciones de nuevos oncólogos que hacen imperdurable su obra en el tiempo. Por todo ello recibió reconocimientos y distinciones que no siempre se logran en la vida de un científico.

La indebida supresión en Cuba del grado de académico no impidió que lo fuera por 4 veces, de las Academias de Ciencias de la Unión Soviética, de la República Democrática Alemana, de Bulgaria y del Tercer Mundo.

Recibió condecoraciones de todos los países socialistas y la Cuba Revolucionaria, por la que tanto laboró, lo honró con todas sus medallas y distinciones en los campos de la ciencia, la educación y la defensa de la patria.

Al establecerse en nuestro país la más alta condecoración científica, la Carlos J. Finlay, otorgada por el Consejo de Estado de la República de Cuba a partir de 1981, en el primer grupo de los que merecieron figuraba el profesor Marinello y tuvo el honor de que la colocara en su pecho el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Dr. Fidel Castro Ruz.

Al fallecer en La Habana, el 4 de agosto de 1990, bien pudo merecer su vida las palabras que a él le dedicara al profesor Emilio Martínez y Martínez: "En este mundo y en nuestra profesión, más alto no se puede llegar".