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Siglo XVI

Bojeo, conquista y colonización de Cuba. Las primeras villas. Primeras epidemias. Ataques de corsarios y piratas. Primeras noticias médicas de las Actas del Cabildo de La Habana

En 1508 tuvo lugar el bojeo de Cuba por Sebastián de Ocampo en cumplimiento de órdenes de D. Nicolás Ovando, gobernador de la Española. Por el bojeo se conoció que Cuba era una Isla, habitada por indios en número bastante considerable. Tres años después D. Diego Colón, hijo del Almirante Cristóbal Colón, que gobernaba La Española, ordenó a D. Diego Velázquez la conquista de Cuba. Este, acompañado por fray Bartolomé de Las Casas y otros, desembarcó en la parte oriental de la isla, con 300 hombres, para dar cumplimiento a lo dispuesto, y en seguida fundó la primera población española: Asunción de Baracoa, en la costa norte y oriental, en 1512. En el transcurso de la conquista que realizaron Velázquez, Narváez, Grijalva y Porcallo, acompañados por el bondadoso y humanitario padre Las Casas, quedaron fundadas las villas de Bayamo, Santiago de Cuba -donde se instaló la capital- Trinidad, Sancti Spíritus, Santa María de Puerto Príncipe (todas en 1514); y La Habana, en la costa sur -cerca de Batabanó- en 1515, iníciase también ese año la estancia de Vasco Porcallo, que dio lugar más tarde a la villa de San Juan de los Remedios. En la relación de la conquista de Las Casas no cita la presencia de ningún médico ni cirujano, pero es seguro que entre los soldados iría algún sangrador o curador de llagas y heridas. La escasez de médicos y cirujanos era tan grande que en 1518 el gobierno de la Metrópoli pidió: "Que vayan a las Indias físicos que los curen, si adolecieren, sean curados, o boticarios de todas las medicinas más necesarias, pagando todo, sin que le cueste cosa alguna".

Por esta fecha sólo había en Cuba "curadores de heridas" pues señala Fernández Castillo, en su Cronología Médica Mexicana (Gaceta Médica de México, de 31 de Dbre. de 1945) que en la expedición de Cortés para la conquista de México en 1519 iban soldados ignorantes que hacían de cirujanos como Juan "Catalán" que "santiguagua y embalsamaba heridas y descalabraduras"; Murcia, "barbero y boticario"; y Botella" nigromantico y astrólogo", que curaban las heridas con trapos sucios y diversas grasas. Y que con los expedicionarios de Narváez "iba el maestro Juan de Amezquita, cirujano que curaba algunas malas heridas y se igualaba en las curas". Como consecuencia de estas expediciones tuvo efecto la introducción de la viruela en Cuba por el negro Eguía, auxiliar de Narváez, cuando retornó a Cuba. Se sabe que en el 1523 se estableció el primer hospital en Santiago de Cuba, entonces capital de la Isla. Por tanto, debió residir allí, por lo menos, un cirujano, que atendiese a los enfermos en la casa de guano o bohío, pues de este material, y después de embarrado, fueron todos los hospitales primitivos de la isla de Cuba.

En 1527, la población española de la Isla era muy corta y estaba repartida de esta manera: En Trinidad 12 vecinos, en Sancti Spíritus 26, en Puerto Príncipe 20, Baracoa 12, Santiago de Cuba 20, y en La Habana y en el resto del país, unos cien españoles más. La población india había mermado de un modo notable por el maltrato a que fue sometida, por los suicidios y por las nuevas enfermedades que le afectaron. Según el doctor Manuel Villaverde, de La Habana, por esta fecha se encontraba en Cuba el médico Alcázar, que por 1533 residía en México; y el maese Pedro. En 1528 mandaba en La Habana D. Pedro Barba como segundo del gobernador de Santiago.

Los dos años siguientes fueron preñados de dificultades: Epidemia de viruela, en 1530, que afectó mucho a los indios; incendio de La Habana por los piratas franceses, ardió casi toda la población hasta la iglesia que se encontraba en un bohío (1537) y por este motivo se empezó a construir el primer castillejo de la Fuerza a la entrada del puerto que no se terminó hasta 1579. Nuevo ataque francés el 38 y salida de la expedición de Hernando Soto para la Florida, el 39, que se llevó casi todos los hombres, caballos y bastimentos de Cuba. No se tiene noticia del nombre del cirujano que iría con la fuerza. Mientras se hacían los preparativos para esta expedición se fundó la primera Universidad de América, la de la isla de Santo Domingo (1537) y se promulgó en España en 1538 una ley para que "ninguna persona aunque sea graduada pueda ejercer en las Indias de médico y cirujano sin que lleve licencia del Consejo de España". El 38 se dispuso la fortificación de La Habana.

Según Manuel Villaverde (Medicina Indígena y Medicina Española. Rev. de Med. y Cirug. La Habana, feb. 1936) por esta fecha existía un médico en Santiago de Cuba, llamado Bartolomé Ortíz, que embarcó para España en el año 1540. Pudo ser así, pues desde esta fecha empezó a decaer esa ciudad oriental ya que las armadas españolas empezaron a tocar en La Habana, cuyo puerto, en mejor situación, acortaba el viaje a la Metrópoli, a la Florida y a México y siendo también más estratégico que el de Santiago. La primera armada hispana tocó en La Habana en 1541. Con motivo de la expedición de la Florida y también con el objeto de alojar enfermos pobres se fundó el primer hospital por el gobernador Juanes Dávila (1544) en una pobre casa situada al fondo de la iglesia donde después se construyó el convento de Santo Domingo, demolido hace muy pocos años (Pezuela).

Nuevo saqueo del poblado habanero por el pirata francés Roberto Valt a pesar de la existencia del fortín de la Fuerza que alzó Aceituno por orden de Soto. Por entonces existía el hospital de Santiago de Cuba, el de Bayamo y puede ser que también lo tuvieran en forma de bohío Puerto Príncipe, Sancti Spíritus y Trinidad.

En 1556 Cuba tenía 3000 españoles cuando La Habana fue declarada capital. Con este motivo se empezaron a realizar mejoras en la misma y se inició la construcción de una nueva iglesia para que sustituyera a la de paja destruida por los piratas. Dice Pezuela: "Sobre los solares que hoy ocupa la Casa de Gobierno (en 1956 el ayuntamiento) se alzó pobremente, en la villa de La Habana su primera iglesia parroquial; primero de tabla y techumbre de guano, y después de incendiada la villa en 1538, fue de mampostería pero estrecha y reducida para el corto vecindario. Se empezó a mejorar en 1556 y se terminó en 1571; se reedificó en 1666; se incendió por la explosión del navío " invencible" el 30 de junio de 1741; después se demolió (era casi toda de embarrado) y se hizo en su sitio la Casa de Gobierno terminada en 1792".

En 1550 se iniciaron los libros del Cabildo habanero pues los anteriores fueron destruidos por los piratas. En 29 de agosto de ese año el Sr. Pérez de Angulo, gobernador por S.M. presentó un escrito ante el Cabildo " para que visto y sabido se pudieren e pusiesen en obra y efectos para hacer y edificar de piedra e tejas e de madera que mejor e más al servicio de Dios nuestro señor sea é pie é autoridad la iglesia de esta villa". Por esta fecha rodeaban La Habana montes con buenas maderas y el puerto casi siempre estaba concurrido con más de 20 navíos que viajaban entre España y el Continente Americano.

En un acta del Cabildo de fecha 26 de agosto de 1552 se dice: "Recibimiento de Juan Gómez. Este día sus mercedes del dicho señor Gobernador Justicias e Regidores recibieron por barbero e cirujano desta Villa a Juan Gomez estante en ella el cual es maestro examinado en el dicho oficio e habil e suficientemente para usar y exercer : e mandamos y mandaron por otra persona ninguna durante el tiempo que el dicho Juan Gomez viviese en esta dicha villa usando el dicho oficiono sea osado a usar del dicho oficio so pena de dos pesos de oro por cada vez que usaren del dicho oficio los cuales aplican para el dicho Juan Gomez barbero". Firman el Dr. Ángel Juan Rojas-Diogo de Soto-Antonio de Soto-Antonio de la Torre. El Lcdo. Avendaño-Pedro Blasco y Juan de Lobera.

A mediados de siglo La Habana, situada en la costa norte desde 1519, ya no era una pequeña línea de casas de guano situada sólo en una pequeña parte del oeste de la bahía. El poblado limitaba por el norte y este con el mar; por el sur con la llamada hoy calle de Pi Margall y por el oeste con la titulada de Mercaderes, extendiéndose un poco más al sur por la ribera del mar hasta la llamada Plazuela de San Francisco. Carente de alineación y de verdaderas calles, sus mejores casas estaban en la parte más alta, al sur del castillejo que estaba en un paraje costero que corresponde hoy día a un lugar situado un poco más al norte de la unión de las calles de Narciso López y Empedrado. Al sur de ese sitio estaba la Plaza Mayor (donde está hoy La Fuerza) y allí se empezaron a construir las mejores casas. En 1544 cuando llegó el gobernador Dávila, encontró empobrecida la naciente villa y para su vivienda se hizo construir una casa de piedra por el estilo de las que ya tenían los prominentes vecinos Rojas y Castaños en el lugar de la Plaza. Allí se encontraba además la iglesia de piedra y embarrado, en construcción; el hospital, a su fondo, que se amplió en 60 pies por el gobernador Pérez de Angulo, con su Capilla que servía entonces para las misas y reuniones del Cabildo, pues se carecía de Casas Capitulares y la iglesia aún no había sido concluida del todo. En sus proximidades estaba un local para carnicería, otro para cárcel, con las mejores casas del Gobernador y de los vecinos Rojas, Castaños y González.

Fig. 6. Chamán africano (Siglo XIX). Representante en Cuba de la Medicina de los pueblos del Golfo de Guinea (África).

Tal era el estado de La Habana en 1555 cuando en el verano del mismo desembarcó el pirata Sores, francés, con sus hombres, por la Caleta de San Lázaro, que existió hasta principios del siglo XX entre la antigua Batería de la Reina (donde está hoy el monumento a Maceo) y el pequeño torreón de San Lázaro. Sólo contaba la población con 40 vecinos españoles civiles. El gobernador Angulo con los vecinos prominentes se refugió en Guanabacoa y otros se ocultaron en los montes próximos. Sólo se defendió bravamente por espacio de dos días, el valeroso Juan Lobera, jefe de la pequeña guarnición del fortín de La Fuerza atacado tenazmente por Jacques de Sores que se parapetó en una buena casa de piedra próxima al fortín. Rendido éste, el francés saqueó e incendió la población retirándose por el mar. Nada se sabe si el barbero o cirujano Juan Gómez se encontraba en La Habana en días tan terribles. En tanto, en España, y en ese mismo año disponía el rey D. Felipe II que se hicieran los estudios en cuatro cursos o años.

Tantas desgracias impedían la llegada de nuevos facultativos que solo hubiesen encontrado a su arribo a La Habana el temor y la mayor pobreza. Por tanto solo llegaban, de paso, alguno de la tropa o de la marina de guerra, estos eran los más ilustrados y sólo permanecían días en La Habana o en Santiago para continuar surcando las aguas del Golfo y del Atlántico.

¿Cómo sería el estado de La Habana en 1556 cuándo en esa fecha la casa del Gobernador era de tabla y guano? Carecían hasta de agua potable pues el vecindario se surtía "de un algibe situado a la vera de un jagüey". Sin embargo, sobre las ruinas empezó la reconstrucción. Se empezó primeramente a edificar un verdadero castillo, la actual La Fuerza, en el lugar donde estaba la Plaza de Armas y la casa de Rojas, que tardó diez años en terminarse. El Cabildo se situó provisionalmente en una casa de tabla y guano.

En 1556, a pesar del estado lastimoso en que se encontraba La Habana fue declarada Capital de la Isla por su excelente situación geográfica y su resguardada bahía. Se empezó a construir una casa para Gobierno y Cabildo donde estaba la primitiva iglesia de guano y embarrado. Mazariegos, Gobernador General.

Dos años después (1558), volvió a sufrir un ligero ataque por un corsario holandés. Ese año dispuso el rey Felipe II que sólo existiese un Protomedicato y que sus examinadores fuesen nombrados por el Rey.

Las actas no citan más al barbero o cirujano Juan Gómez y en la relación de vecinos y moradores que residían en la villa cuando el ataque de año 55 no figura su nombre (V Cuaderno de Historia Habanera, No. 62 por E. Roig de Leuchsenring, pág 18). Por tanto ese día no se encontraba Gómez en La Habana.

En 1559 buscaba el Cabildo un sitio apropiado para establecer la nueva Plaza de Armas por haber sido ocupada la primera por el castillo de La Fuerza y se formó la Plaza Vieja donde estuvo tantos años el mercado de Cristina (La Prensa, julio de 1849). El agua se adquiría de un pozo con buen manantial situado donde está el Parque de la Fraternidad y se traía en bote desde el río de La Chorrera. Nueva Ley del 58, de la Corona, Felipe II, regulando los exámenes de médicos y cirujanos. Por esta fecha consumía la población habanera 800 reses vacunas al año, muchos cerdos, 50 pipas de vino y 50 quintales de jabón, tenía unos 2 000 habitantes. Se inició el proyecto de traer el agua de La Chorrera por medio de una zanja.

En 1566, con motivo de la expedición contra la Florida estableció el gobernador Pedro Menéndez de Avilés un Hospital, en una casa alquilada, que se dedicó especialmente a soldados y marinos pero en el cual también se admitían colonos; esta casa fue llamada de San Felipe pero se ignora el nombre del facultativo que la atendía. Según el periódico La Prensa en este año se empezaron a hacer cumplir las primeras Ordenanzas Municipales.

A partir de 1567 se empezaron a graduar médico de la Universidad de México, siendo Pedro Farfan el primero, acontecimiento que favorecía la llegada de nuevos facultativos a Cuba. Sin embargo, la situación de nuestro país era menos atractiva que la de México y por muchos años pocos médicos se decidieron a correr suerte en la Isla por su poca población y muy limitados recursos.

Nueva noticia encontramos en Acta del Cabildo de La Habana de fecha 28 de febrero de 1569: "Por haber mucha falta de boticarios, médicos y cirujanos y ansi para los vecinos como para muchas personas que ella ocurren en flotas y fuera de ella y porque el Lcdo. Gamarra que al presente está en esta Villa es graduado en Alcalá de Henares de todas las tres ciencias y concurren en el todas las cualidades que se requieren, sea obligado como se obliga, a hacer un asiento en esta dicha villa, y poner botica y servir los dichos oficios y sus oficiales suficientes, atento que en este dicho Cabildo le dan y ofrecen al dicho Lcdo. Cierta paga de un año; como consta por la lista que pasó entonces el presente escribano, y queda en poder de lo que cada uno da y le ha de pagar, lo cual nos la dicha justicia y regimiento se obligaron a hacer cumplir y guardar como más todas las personas que para adelante en ella se pusieren, el cual dicho Lcdo. se obligaba y obligó que a las dichas todas personas, como a sus mujeres e hijos y a todos los de su casa los curara y hará sangrar, dándoles en todos el mejor remedio que entendiese para su salud y haberle de ser pagadas la medicina que en esto gastase, como dicho es, tendrá dentro de un breve tiempo que será dentro de un año poco mas o menos pondrá su botica y en entretanto curará las enfermedades que se ofrecieran a los sobredichos con las medicinas y más remedios que hubiese en la dicha tierra, y los más vecinos que se quisieren curar que se le hubieren señalado ningun partido y las mas gentes y vivientes le pagaran lo que con los tales se concertase, y no se podrán curar con otra persona sino con él, y porque durante el tiempo que el quisiere residir en esta Villa y servir a dicho oficio no puede servirle por dinero, 'ni, sin él', ninguna otra persona Ldo. medico, cirujano, boticario, barbero, si no fuese con su licencia y especial consentimiento, so pena de pagar con el dobre la persona que asi se curasen con otro el hiciera la tal cura lo paguen tambien 'lo que hubiese recibido con el cuatro tanto' y durante el tiempo que el dicho Ldo. Gamarra sirviese el dicho oficio en esta Villa hubiera de hacer alguna ausencia ha de ser con licencia de la justicia y regimiento y ha de dejar en su lugar persona tal y a contento de la justicia y regimiento de esta dicha villa, y porque se cumplirá todo lo firmó dicho Ldo. Gamarra" ( Lo que fuimos y lo que somos e La Habana antigua y moderna por D. José María de La Torre, 1857, pág. 160 y 161).

En el período de 1570 a 1579 la población aumentó muy lentamente y se surtía de agua de pozos situados a una y otra banda de la bahía y de tanques curbatos y cisternas, etc. Llegaron noticias de la fundación de las Universidades de Lima y Bogotá y de una terrible epidemia de tifo en México y Guatemala. Se vieron en La Habana los primeros libros de medicina impresos en México. Reinó una epidemia de viruela introducida por los negros esclavos que reconstruían el castillo de La Fuerza el año 72. El siguiente año se refundieron en un barracón de San Felipe el hospital civil y el militar, a cargo de religiosos- como todos los de la época- con su colegio, en el lugar donde estuvo San Juan de Dios y tomando el nombre de San Felipe y Santiago. El 77 se abrió al culto la Iglesia de San Francisco y se inició la construcción de la Iglesia de Santo Domingo próxima a donde estuvo el primer hospital.

En un acta del Cabildo del 2 de mayo de 1578, encontramos: "Pidió petición Juan Diaz Aldeano vezyno desta villa, en que dize que a tres años que viuve en ella con su mujer e familia usando de su oficio de surujano o barbero, e que tiene necesidad se le haga merced de dos solares para hacer casa para biuienda". En un documento de Hernando de Parra escrito en 1846, se cita a los boticarios Sebastián Milanés y López de Alfaro como residentes en La Habana en 1578 pero sostiene Pérez Beato que tal documento es falso. En 1579 se encontraba en La Habana el Lcdo, Francisco Peláez, médico, (dato de Artiles, tomado de las actas capitulares).

En los últimos años del siglo se mejoró La Habana que fue declarada Ciudad en 1592. Conmovieron al vecindario los grandes terremotos de Santiago de Cuba de 1580. Gabriel Luján, que gobernó la Isla del 81 al 83 fue el primero que ostentó el título de Capitán General. Por esta fecha estaban mejorados los baluartes de La Fuerza, Peña Pobre, La Punta, el Morro y otros de menos importancia, emplazados en sitios estratégicos y encomendada la defensa de ellos a 200 soldados.

Hacia el año de 1585 se puso en pie de guerra la plaza por las amenazas de Drake. Se mejoró el abasto de agua por medio de una zanja que partía del río de La Chorrera y terminaba en el sitio donde hoy se encuentra la Plaza de la Fraternidad. En 1594 se llevaron al callejón del Chorro, Plazuela de la Catedral donde existe una tarja conmemorativa del suceso.

En los últimos años del siglo estuvieron en la ciudad los médicos: Jorge Rodríguez Tabares , de la armada, que prestó servicios en la Florida, citado en la Actas del Cabildo y un tal Ancona, de la flota, citado por Manuel Villaverde. En 1795 se tuvo noticia de la primera partera o "comadre de parir" María Inojosa, que bautizó a un niño el día 13 de agosto según el acucioso Pérez Beato.

Al finalizar el siglo (1593) y por Real Cédula del Rey de España se dispuso que los Protomedicos fueran tres en lugar de uno; por esta fecha Cuba dependía del Tribunal de México.

El gobernador general Juan de Tejada (1589-1594) terminó los castillos del Morro y de La Punta, el primero en 1589.

En 1598 se fundó el primer ingenio cerca de Regla y se llamó Guycanasi (Diario La Prensa, julio del año 1849).

Sobre la fundación del primer hospital de La Habana reina la mayor oscuridad. A nuestro juicio debió haberse establecido desde la constitución del poblado, como una necesidad y como una antigua costumbre española de establecer enseguida el Cabildo, la Carnicería, la Cárcel y el Hospital. Desde luego, estaría en un bohío de guano y sería una especie de asilo para enfermos. Hacia 1540 se había concluido una casa de embarrado y tejas con su capilla, al fondo del lugar oeste donde hoy se encuentra la casa ayuntamiento, que se dedicó a hospital. La terminación de la obra de la casa fue comunicada a S.M., en 1544 por el gobernador Dávila. El edificio debió haber sido destruido el año siguiente cuando la irrupción de J. de Sores después de haber sido ampliado en 50 pies por Pérez de Angulo, sirviendo su capilla para reuniones del Cabildo. En 1556 estableció Pedro Menéndez un hospital, más bien militar, para soldados y marinos de la Florida "en una casa alquilada". En 1573, según Pezuela, se refundieron en un barracón de San Felipe el hospital militar y el del pueblo y gente de color. Ese año, dice la escritora Wright "tenía el hospital dos salas y una capilla caída". En 1586 informó Diego Fernández de Quesada "que el hospital tenía altas y fuertes tapias que eran un peligro para la fortaleza".

Pérez Beato, Roig y la Wright, situaron primeramente el hospital primitivo en el sitio que ocupó la iglesia de Santo Domingo -O' Reilly y Mercaderes, demolida con su bella torre en 1919-. Después de nuevas investigaciones en el Archivo de Indias de Sevillla y comprobado la autenticidad del plano de Roda de 1603 Pérez Beato y la Wright ubicaron la casa hospital al fondo de la iglesia parroquial, es decir, entre la iglesia y la actual calle de Mercaderes, casi esquina a la de Obispo. El doctor Guillermo Lage, en un reciente trabajo acepta esta conclusión y estima que la fundación del primer hospital es anterior a 1545 (Ver Cuadernos de Historia Sanitaria No. 3, La Habana, 1952).

Al finalizar el siglo XVI sólo existía un hospital el de San Felipe el Real donde se atendían civiles y militares por religiosos y que estaba ubicado en el mismo lugar que ocupó el de San Juan de Dios como veremos al tratar del siglo XVII.

Resumen relativo al estado de la medicina en el siglo XVI

Durante el siglo XVI tuvo efecto el bojeo, la conquista y la colonización de Cuba. Se fundaron las primeras villas de Baracoa, Santiago de Cuba, Trinidad, Sancti Spíritus, Puerto Príncipe, La Habana y San Juan de los Remedios.

El gobierno general del Nuevo Mundo quedó formado por el rey D. Fernando en 1511. Las leyes que regían en Cuba las mismas que las de Santo Domingo. Los gobernadores, con residencia, primero en Santiago, tenían en La Habana un teniente a guerra y en las demás poblaciones un Cabildo con los Alcaldes, de primera y segunda elección, que hacían de justicia. La Audiencia de Santo Domingo era la mayor autoridad y contra sus fallos se podía apelar al Consejo de Indias residente en España.

El primer gobernador de la Isla, Diego Velázquez nombró a Pedro de Barba como primer teniente a guerra en La Habana. Como autoridad máxima en los asuntos comerciales fungía la Casa de Contratación de Sevilla. El gobernador general y capitán general, nombrado por el Rey, residía en Santiago, pero a partir de 1547, comenzaron a residir unas veces en esa ciudad y otras en La Habana. Así lo hicieron Chávez y Pérez de Angulo, hasta que en 1553 dispuso la Audiencia de Santo Domingo que el Gobernador General residiese en La Habana. Fue Diego de Mazariegos -que llegó a La Habana en 1556- el primero que fijó definitivamente su residencia en esta ciudad y por tanto quedó convertida en Capital. Los Ayuntamientos se regían primeramente por leyes especiales hasta 1641 en que se promulgaron las Ordenanzas Generales de Cáceres que estuvieron vigente muchos años. Los cabildos tenían grandes poderes tanto el legislativo como el ejecutivo y judicial. Eran presididos por los Gobernadores o sus Tenientes y daba fe un escribano público o de cabildo, etc.

Los indios casi desaparecieron por el mal trato que le dieron los conquistadores y por epidemias a las que no estaban acostumbrados. Ocurrieron diversos ataques de corsarios y piratas con graves daños en La Habana. Se fundaron los primeros hospitales y se presentaron las primeras epidemias de viruela que causaron muchas muertes en los indios. En fin, durante todo este tiempo Cuba sirvió más bien como base de aprovisionamiento para las flotas hispanas y sus soldados que iban y regresaban de Tierra Firme. Por tanto, fuera de este aspecto, quedaban agotados los recursos de la Isla, disminuidos sus habitantes que carecían de instrucción y educación. La población total de todo el país no pasaba de los 30 000 pobladores de los cuales la décima parte residía en La Habana.

Llegaron a sus playas, que sepamos, más "curadores de heridas" que cirujanos, como Juan "Catalán", Murcia, Botella, Juan Amezquita, Alcázar, Bartolomé Ortíz, Juan Gómez, Gamarra, Juan Díaz, Peláez, Rodríguez Tabares y Ancona. - Juan Catalán, santiguaba y embalsamaba las heridas y descalabraduras. Murcia, barbero y boticario. Botella, nigromántico y astrólogo. - Alcázar, estuvo poco tiempo pues pasó a México donde estaba en 1533. - Bartolomé Ortíz estuvo breve temporada.- Juan Gómez, que se encontraba en La Habana en 1552 era un sencillo barbero sangrador. El Ldo. Gamarra, graduado de Alcalá de Henares, famosa universidad en esa fecha, de más conocimientos usufrutuó de la profesión y de la botica por más tiempo que sus antecesores. - De Díaz y Peláez, no quedan recuerdos.- Los últimos, Rodríguez Tabares y Ancona, pertenecían a la Armada, tenían mayor cultura y estuvieron corto tiempo en Cuba. El cuadro facultativo, por lo tanto, no pudo ser más lastimoso.

En tanto en España la medicina rayaba a gran altura y gozaban renombre las universidades de Salamanca, Alcalá, Barcelona y Sevilla. Los estudiantes de medicina comentaban en el primer año los libros de Hipócrates y Galeno; en el segundo, se explicaban los de Galeno sobre el pulso y la orina; en total estudiaban las cuatro cátedras de medicina y dos de anatomía y cirugía; cada año hacían 25 disecciones sobre el cadáver y en los últimos efectuaban practicas de herborización, se explicaban los aforismos, el pronóstico, el libro de Victu Ratione y se aprendía la clínica al lado de algún médico distinguido. Los médicos afamados como Laguna, Mercado, Vallés, etc., conocían varias lenguas, mucha filosofía, literatura, botánica, química, teología, etc.; en una palabra, eran enciclopedistas y ocupaban altas posiciones sociales.

En Europa era la época de las pasiones turbulentas y de los médicos errantes. La edad de las investigaciones apasionadas. La medicina formaba parte de la enciclopedia escolástica, defendida por la Iglesia y la Universidad dominada por el tradicionalismo. Los espíritus investigadores se revolucionaban. El pueblo bajo se curaba con barberos y empíricos y al médico de más cultura no le quedaba más que la protección de algún Rey o de un noble que le situase en un circulo de eruditos o que le confiase algún alto cargo a ciertas misiones secretas.

Pero este siglo señala una nueva Era para la medicina. Al caer Bizancio en poder de los turcos (1543) los sabios orientales huyen a Italia y divulgan su ciencia griega entre los occidentales. Tuvo lugar en la historia general el Renacimiento y la Reforma Religiosa, que alcanzó también a la medicina.

En esta centuria llamada por antonomasia "de la anatomía" cayó de su pedestal el galenismo arabizado. Se distinguieron como anatómicos: Carpi, Herófilo, Benedetti, Vesalio, Falopio, Eustaquio, Ingrasias, Aracio, Aquapendente, Varolio y otros. El español Miguel Servet o Serveto, descubrió la pequeña circulación o pulmonar y fue quemado vivo en Ginebra por orden del fanático Calvino. Paracelso, suizo, rechazó la teoría humoral, hizo una nueva clasificación de las enfermedades y rompió con la tradición al asegurar que la medicina debía basarse en la observación y experimentación. El italiano Fracastori previó los microbios al asegurar teóricamente que los contagios se debían a "gérmenes" que no caen bajo nuestros sentidos.

La Cirugía alcanzó gran desarrollo con Ambrosio Paré o Pareo. Empezaron a hacer estragos la dífteria, el tifo, la influenza, la sífilis y la "peste" que fue citada por primera vez por Rufo Efeso. Se separó el sarampión de la difteria, se citó la parálisis infantil (poliomielitis), se describió el cáncer del estómago, se conocieron los cálculos biliares, se conoció mejor la fiebre amarilla que se confundía con otras "pestes" y Fenal introdujo en las fiebres la noción de la intoxicación. Se usaba la sangría, vomitivos, purgantes, quina, sudoríficos, baños fríos y calientes, poción Riverio, tónicos, sublimado corrosivo, antimonio, hierro, opio y Paracelso introdujo el nitrato de plata.

En resumen, fue un tiempo de escasa cultura y de mucho curanderismo. Entraron en acción Paracelso con la química biológica; Vesalio con la anatomía y Ambrosio Pareo con la cirugía. Las universidades italianas eran las más reputadas: en ellas, mientras el profesor explicaba en el anfiteatro-acabado de establecer- el barbero abría el cadáver. Se estudiaron las nuevas heridas por armas de fuego. Se mejoraron los libros y las láminas. Se adelantó algo en atención a las paridas. Se propagaron los lazaretos y los hospitales se hicieron con patio y en forma de cruz.

En Europa ocurrieron muchas "pestes" (Véase: Epidemiología, Cuaderno de Historia Sanitaria, No. 5, 1952): Gripe, sudor miliar, tifo, anginas membranosas, la bubónica de Hungría en 1566, viruela, etc.

En Cuba y en América: 1519 y 1520, viruela. 1521 viruela, más en La Habana. 1523, de tabardillo o influenza en México y Guatemala. 1530, la viruela causó grandes daños a los indios cubanos. 1572, otra de viruela en Cuba que introdujeron los negros trabajadores del castillo de La Fuerza y en 1576 la grave de tifus exantemático en México y Guatemala.

Apéncice

He aquí, por lo curiosa y satírica, la composición poética de Tirso de Molina de la comedia Don Gil de las Calzas Verdes: Caramanchel: Un mes serví, no cumplido, -- a un médico muy barbado,-- belfo, sin ser alemán; -- guantes de ámbar, gorgorán, -- mula de felpa, engomado,-- muchos libros, poca ciencia,-- pero no se me lograba-el salario que me daba, -- porque con poca conciencia-le ganaba su mercé;-- y huyendo de tal azar-me acogí con Cañamar.-( Da. Juana, mal lo gastaba ¿por qué?) responde Caramanchel: Por mil causas, la primera, -- porque con cuatro aforismos,-- dos textos, tres silogismos, -- curaba una calle entera, -- no hay facultad que más pida, -- estudios, libros, Galenos, -- ni gente que estudie menos,-- con importarnos la vida;-- pero ¿ cómo han de estudiar,-- no parando en todo el día?-Yo te diré lo que hacía-mi médico: al madrugar-almorzaba de ordinario-una lonja de lo añejo-(porque era cristiano viejo)-y con este lactucario-" Aquavitis", que es de vida-visitaba sin trabajo, -- calle arriba, calle abajo-los egretos de Madrid;-- volvíamos a las once ; -- considere al pio el lector, si podría el mi doctor, -- puesto que fuese de bronce,-- harto de ver orinales,-- y fístulas revolver, -- Hipócrates, y leer,-- las curas de tantos males.

Comía luego su olla, -- con un asado manido,-- y después de haber comido,-- jugaba cientos o polla;-- daban las tres y tornaba-a la médica atahona,--yo la masa y él la mona;-- cuando a casa llegaba-era de noche, acudía-al estudio deseoso- (aunque no era escrupuloso)-de ocupar algo del día-en ver los expositores-de sus Rasis y Avicenas:-- asentábase, apenas ojeaba dos autores, -- cuando doña Estefanía-gritaba: " ola, Inés, Leonor;-- id a llamar al doctor, - - que la cazuela se enfría"-respondía él:" en buena hora - no hay que llamarme a cenar; -- déjenme un rato estudiar: decida vuestra señora- que le ha dado garrotillo- al hijo de tal condesa, -- y que está la ginovesa-su amiga con tabardillo,-que es fuerza mirar si es bueno sangrarla, estando preñada, -- que a Dioscórides le agrada,-- más no lo aprueba Galeno".-Enfadada la dama,-- y entrando a ver su doctor, - decía: " Acabad, señor;-- cobrado habéis harta fama,-- y demasiado sabéis-para lo que aquí ganáis:-- advertid, si así os cansáis, -- que presto os consumiréis;-- dad al diablo los Galenos,-- si os han de hacer tanto daño: ¿qué importa al cabo del año-veinte muertos más o menos?-Con aquestos incentivos-el doctor se levantaba, -- los textos muertos cerraba,-- por estudiar en los vivos;-- cenaba, yendo en ayunas-de la ciencia que vio a solas :-- comenzaba en escarolas,- acababa en aceitunas y acostándose repleto,-- al punto del madrugar-se volvía a visitar, -- sin mirar ni un quodlbeto:-- subía a ver el paciente; decía cuatro chanzonetas; escribía dos recetas-dietas que ordinariamente-se alegan sin estudiar;-- y luego los embaucaba-con unos modos que usaba-extraordinarios de hablar: -- a la enfermedad que le ha dado,-- señora a vueseñoría son flatos y hipocondrías;-- siento el pulmón opilado-y para desarraigar - las flemas vítreas que tiene;-- con el quilo le conviene-(porque mejor pueda obrar la naturaleza) que tome-unos alquermes que den-al epate y al esplen-la sustancia que el mal come: en cajábale un doblón,-- y asombrados de escucharle, no cesaban de adularle-hasta hacerle un Salomón;-- y juro a Dios, que teniendo-cuatro enfermos que purgar,-- le vi un día trasladar-(no pienses que estoy mintiendo)-de un antiguo cartapacio-cuatro purgas que llevo escritas, fuesen o no-a propósito) a palacio,-- y recetada la cena-para el que purgarse había,-- sacaba una y le decía:-- " Dios te la depare buena"- ¿ Parécele a vuesasté,-- que tal modo de ganar, se me podía a mi lograr?-Pues por esto lo dejé.


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