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Algunos comentarios sobre bibliografía cubana de neurología en el siglo XIX*

Introducción

Constituye para mi un gran honor el haber sido invitado a participar en el presente evento Neurología 2004, para impartir una conferencia en la sesión dedicada a la historia de la neurología cubana, junto a compañeros tan destacados como el doctor Manuel López Martínez, reconocido estudioso del tema en nuestro medio.

He escogido como título para mi breve conferencia, “Algunos comentarios sobre bibliografía cubana de neurología en el siglo XIX”, pues sé que en la actualidad se lleva a cabo en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía en La Habana una investigación, por especialistas en informática, sobre las publicaciones en neurociencias en Cuba1 y como considero que es imprescindible el estudio de la bibliografía producida, pues constituye el documento primario fundamental, para el conocimiento de la historia de cualquier rama de las ciencias, quiero estimular ese empeño con el aporte de estos comentarios extraídos de mis anotaciones sobre bibliografía médica cubana en general del siglo XIX.

La aparición de la primera publicación periódica de medicina en Cuba, “Repertorio Médico Habanero” (1840-1843), fundada y dirigida por el doctor Nicolás J. Gutiérrez Hernández (1800-1890), una de las grandes personalidades de la medicina cubana, posibilitó extraordinariamente el desarrollo de la bibliografía médica en el país, pues abrió el camino que seguirían otras 44 revistas de su tipo hasta 1900 y si bien es cierto que la mayoría de ellas fueron de corta duración, hubo algunas de larga vida.

Entre estas últimas no puedo dejar de citar: “Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana” (1864-1958), órgano publicitario de nuestra más antigua Academia, dirigida en sus inicios (1864-1869) por el doctor Antonio Mestre Domínguez (1834-1887), prestigioso académico y profesor universitario; “Crónica Médico Quirúrgica de La Habana” (1875-1940), fundada y dirigida por el doctor Juan Santos Fernández y Hernández (1847-1922), el más eminente oftalmólogo cubano; "Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana" (1881-1954), órgano publicitario de la primera sociedad médica del país, fundada ésta por el doctor Serafín Gallardo y Alcalde (1834-1889), catedrático universitario gallego formado y radicado en Cuba y “Revista de Medicina y Cirugía de La Habana” (1896-1951), la última de las grandes revistas médicas nacionales del siglo XIX, propiedad del doctor José A. Presno Bastiony (1876-1953), Maestro de generaciones de cirujanos cubanos.

Gran parte de ellas recogieron en sus páginas numerosos artículos sobre neurología que es necesario rescatar del olvido y darlos a conocer a nuestros actuales neurólogos y neurocirujanos, así como también localizar los libros y folletos sobre la especialidad agrupados por el académico Carlos M. Trelles y Govín (1866-1951), nuestro más erudito bibliógrafo, en tres de sus imprescindibles obras: Biblioteca Científica Cubana. Tomo Segundo. Ciencias Médicas. Ingeniería (1919),2 Contribución de los médicos cubanos a los progresos de la medicina (Ojeada a la literatura médica cubana) (1926)3 y Bibliografía de la Universidad de La Habana (1938).4

A continuación me propongo comentar brevemente las bibliografías cubanas sobre neurología del siglo XIX que considero más importantes.

Algunas bibliografías cubanas sobre neurología en el siglo XIX

Evidentemente en la temprana producción bibliográfica cubana sobre neurología influyó la obra del neurólogo habanero de prestigio internacional doctor Manuel González Echeverría (1833-1898), considerado uno de los epileptólogos más notables de su época en el mundo, quien graduado de Doctor en Medicina en París en 1860, se trasladó dos años después a New York donde desarrolló lo más importante de su producción sobre neurología en general y epileptología en particular, para morir en La Habana el 26 de mayo de 1898. Su principal obra lo fue On Epilepsy. Anatomo pathological and clinical notes (1870), libro muy elogiado por Jean Martín Charcot (1825-1893), Charles Féré (1852-1907) y William R. Gowers (1845-1915).5

En 1845 el doctor Julio Jacinto Le Riverend Longrou (1794-1864), médico francés, figura importante de la medicina cubana de su tiempo y catedrático de Fisiología Humana en la Universidad de La Habana, funda la revista “Observador Habanero” (1845-1848), publicación de medicina y cirugía práctica y ese mismo año aparece en sus páginas el artículo del doctor Le Riverend “Lesiones dinámicas del sistema nervioso”, que es el primero que tengo en mis anotaciones. En su descendencia el doctor Le Riverend dio a Cuba grandes figuras del derecho y la historiografía nacionales en el siglo XX.2,6

El doctor Antonio Mestre Domínguez, primer médico cubano dedicado preferentemente al estudio de las enfermedades de la infancia al graduarse de Doctor en Medicina en París, presentó como tesis de grado “Estudio sobre los vértigos” (1861),7 de la cual diría el doctor Rafael A. Cowley y Valdés-Machado (1837-1908) que “es una tesis notable y erudita, escrita con meditado plan, acopio de datos y sana crítica”.8 El mismo doctor Mestre escribió en 1863 el artículo “Noticia sobre la paralysis agitans”, enfermedad descrita por el médico inglés James Parkinson (1755-1824), por lo que lleva su nombre, pero que fue publicado posmortem en la “Revista de Ciencias Médicas” en 1895.9,10 Esta revista fue fundada en su primera época (1866), por el doctor Benjamín de Céspedes y Santa Cruz (1858-1914) y reapareció en 1887 dirigida por el doctor Joaquín L. Jacobsen y Cantos (1862-1934).

En los años de la propia década de 1860 el doctor José Joaquín Muñoz y Díaz (1829-1882), académico numerario de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, publicó en “Anales de Medicina y Psiquiatría” de París en 1866 su artículo “Demencia paralítica”2 y dos años más tarde el doctor Aracelio Rafael de Escarrá, al graduarse de Doctor en Medicina en la Universidad de París presentó su tesis “Algunos fenómenos curiosos en los hemipléjicos” (1868).11

En la Sociedad Neurológica de New York el doctor Carlos M. Desvernine y Galdós (1852-1939), Padre de la Otorrinolaringología en Cuba, leyó en 1875 su trabajo “A Study on the diagnosis of the seat of cerebral lesions” 2 y este propio médico, de prestigio internacional, a finales del siglo XIX publicó su interesante artículo “Akinesia algera” (1899) en “El Progreso Médico”, revista fundada y dirigida, en sus dos épocas (1889-1896 y 1899-1902), por el doctor Gabriel Casuso Roque (1851-1923).2

El doctor Serafín Sabucedo y Varelo, médico gallego, miembro fundador de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, leyó en dicha institución su “Discurso sobre la importancia del estudio de la localización en la patología del cerebro” (1879).2

Ese mismo año el doctor Juan Guiteras Gener (1852-1925), una de las más importantes figuras de la medicina cubana de todas las épocas, en su etapa de profesor de Patología General y Especial de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pennsylvania reunió tres de sus lecciones clínicas impartidas en el Hospital de Philadelphia, los días 25 de octubre y 9 y 23 de noviembre de 1878 y las publicó, en inglés y español, con el título Lecciones acerca de la monoplejía facial. Estudio sobre localizaciones de las lesiones cerebrales (1879).12 Esta monografía fue enviada por él a La Habana y sirvió para su propuesta como académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y sobre la que escribió el académico y catedrático doctor Raimundo de Castro y Allo (1841-1902) su interesante “Informe sobre la Memoria del Dr. Juan Guiteras acerca de la monoplejía facial, ilustrando la cuestión relativa a las funciones y localizaciones del cerebro” (1879),13 en el que expone que su autor posee “profundos y extensos conocimientos de medicina”.

El doctor José L. Yarini Ponce de León (1843-1898), connotado anatomista cubano de finales del siglo XIX y catedrático universitario, presentó como tesis para el Doctorado en Medicina en la Universidad de La Habana la memoria “De las distintas teorías propuestas para explicar la patogenia de la atrofia muscular progresiva. ¿Cuál es la más aceptable?” (1879),14 la que mereció un profundo análisis del doctor Julio San Martín Carriere (1854-1905) publicado en la “Crónica Médico Quirúrgica de La Habana” con el título “Revista bibliográfica: Tesis para el doctorado, por el Dr. José L. Yarini”.15

El doctor San Martín, nuestro primer gran histólogo, publicó también su interesante experiencia “Parálisis agitante consecutiva a una herida del nervio radial en el brazo izquierdo. Breves consideraciones diagnóstico-etiológicas” (1880).16

Ante el Claustro Universitario en el acto de recepción solemne como catedrático de Ejercicios Prácticos de Osteología y Disección, el 28 de enero de 1885, leyó el doctor Yarini su importante trabajo “De la topografía cerebro-craneal bajo el punto de vista médico-quirúrgico”,17 el que fue publicado en ocho partes en la revista “La Enciclopedia” (1885-1887), fundada y dirigida esta por los doctores Carlos de la Torre Huerta (1858-1950) y Antonio González Curquejo (1847-1930).

El tema de la tesis doctoral del doctor Yarini, sirvió con igual propósito para su graduación al doctor Ángel Diez Estorino (1854-?), culto profesor auxiliar de la Universidad de La Habana en la que desempeñó diversas cátedras, quien también tituló su tesis “De las diversas teorías propuestas para explicar la patogenia de la atrofia muscular progresiva. ¿Cuál es la más aceptada?” (1880).18

Fig. 2. Dr. Manuel González Echeverría (1833-1898).

El médico matancero doctor Julián Rey Barreau (1857-1886), en el acto de su graduación en la Universidad de París, expuso su tesis “Contribución al estudio de la neuritis traumática” (1881),2 la que fue comentada elogiosamente en la “Crónica Médico Quirúrgica de La Habana”.

A dos años escasos de ejercicio médico el después Maestro de pediatras cubanos, doctor Joaquín L. Dueñas Pinto (1859-1910) publicó su interesante experiencia “Hístero-epilepsia. Ataques. Hemianestesia sensorial y sensitiva. Contracturas […]. Reflexiones” (1882).19

El culto doctor Gonzalo Aróstegui del Castillo (1859-1940), notable pediatra, escritor de fino estilo literario y amigo de José Martí Pérez (1853-1895), escribió la memoria “De la corea. Su historia y su relación con el reumatismo” (1883), que fue publicada muchos años después, en dos partes, en la “Revista de Medicina y Cirugía de La Habana” (1900).20

El doctor Carlos de la Torre Huerta, malacólogo de prestigio mundial y junto al licenciado Felipe Poey Aloy (1799-1891) nuestros dos más eminentes naturalistas, era además Doctor en Medicina y como tal publicó su interesante experiencia “Caso notable de catalepsia” (1885).21 Es de destacar que este trabajo lo publicó en su revista “La Enciclopedia” junto a otros14 sobre ciencias naturales en el mismo año.

Uno de los Maestros de la cirugía cubana y también dermatólogo notable, fundador de la cátedra de Enfermedades de la Piel y Sífilis en la Universidad de La Habana, doctor Raimundo García Menocal y García Menocal (1856-1917), dio a conocer un caso raro de “Epilepsia refleja producida por una neuritis del ciático” (1886)3 y un culto médico asistencial, el doctor Gregorio Pérez Piquero, estudió la “Hístero-epilepsia” (1888).3

Entre nuestros más destacados estudiosos de las enfermedades nerviosas y mentales se encuentra el académico doctor Gustavo López García (1860-1912), quien publicó numerosos trabajos sobre neurología de los que corresponden al siglo XIX los siguientes: “La afasia y la locura” (1889),22 “Nota clínica de un mielítico. Errores de diagnóstico. Astasia-abasia” (1894), 23 “Afecciones espasmo-paralíticas infantiles: dos casos clínicos” (1897),24 pero el de mayor repercusión lo fue Estado mental de los epilépticos (1890),25 trabajo leído en la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y publicado en folleto, que mereció una réplica del doctor Gonzalo Aróstegui del Castillo en su monografía Estado mental de los epilépticos (1890).26 Sobre esta última publicación comentaría el insigne filósofo y pedagogo doctor Enrique J. Varona y Pera (1849-1933) en su “Revista Cubana” (1885-1895): “Cuántos problemas, así de orden médico como jurídico, están presentados y desenvueltos con mucha erudición y juicio en estas páginas”.27

El notable anatomista y destacado poeta doctor José Varela Zequeira (1854-1938) publicó en la revista “El Progreso Médico” un interesante estudio “Paramyoclonus múltiplex” (1890)3 y otro notable anatomista, catedrático de la Universidad de La Habana, el doctor Francisco Millán y Guillen (1852-?), natural de Algatocin, Málaga, España, aportó la más importante obra sobre neurología publicada en Cuba en el siglo XIX, los tomos tercero y cuarto de su monumental Manual de Anatomía Humana y Embriología (1890, 1891 y 1895).28 Con el título común para los dos tomos de Tratado de Neurología Humana (1895),29 estudia en el tercero el sistema nervioso central y en el cuarto el sistema nervioso periférico. En la revista “El Progreso Médico” se dijo de ella: “La obra de Millán es el primer tratado serio de Anatomía publicado en Cuba. Contiene métodos y procedimientos originales, así como observaciones propias. Ha introducido reformas importantes en las clasificaciones y ha expuesto en castellano los descubrimientos de Cajal [Santiago Ramón y Cajal (1852-1934)] sobre el sistema nervioso central”.2

Fundador de una familia de grandes poetisas, el doctor Esteban Borrero Echeverría (1849-1906), médico, pedagogo, literato y patriota, antes de salir a la emigración revolucionaria dio a la imprenta su folleto Un síntoma poco conocido de las neuralgias (1892).30

El doctor Enrique Fortún André (1872-1947), eminente cirujano, catedrático universitario y miembro de una familia de científicos y patriotas, publicó en la “Revista de Ciencias Médicas” su artículo “Apoplejía histérica” (1894), que reprodujo “El Siglo Médico de Madrid” (1895).2

La familia Díaz-Albertini no sólo dio grandes figuras a la cultura cubana, como el violinista de prestigio internacional Rafael Díaz-Albertini (1857-1928) que mereció elogios de José Martí,31 sino también a la medicina del país, pues el doctor Antonio Díaz-Albertini Serrano (1830-1894) y su hijo el doctor Antonio Díaz-Albertini Mojarrieta (1865-1945) fueron notables clínicos, con muy numerosa obra científica. El segundo, a su regreso a Cuba después de graduado en París publicó su artículo “Hístero-traumatismo” (1896)32 y como tesis doctoral en la Universidad de La Habana presentó “Parálisis pseudo bulbar de origen cerebral (o parálisis labio-gloso-faríngeo)” (1899).3

Con dos tesis notables presentadas en la Universidad de La Habana para obtener el Doctorado en Medicina termina la bibliografía cubana sobre neurología en el siglo XIX. La del doctor Domingo J. E. Alfonso Álvarez (1875-?) “Contribución al estudio de la Siringomielia” (1900),33 de la que diría el tribunal examinador que por su método de exposición y presentar la primera observación de siringomielia en Cuba tenía carácter de originalidad y mérito científico”2 y la del doctor Rafael Pérez-Vento Nin (1875-1923) “El método anatomo-clínico en neuro-patología” (1900).34

El doctor Pérez-Vento, catedrático de Fisiología de la Universidad de La Habana, fue sin lugar a dudas el mejor neurólogo cubano de la primera década del siglo XX y de su numerosa obra científica solo citaré: “Ataxia cerebelosa experimental” (1903),35 “Hemiplejía y parálisis pseudo-bulbar por lesión unilateral del cerebro” (1904),36 “Polineuritis mecánica de la mujer” (1905),37 “Notas sobre la cromatolisis y las alteraciones cadavéricas de los centros nerviosos” (1906),38 “La corea de Sydenham en Cuba” (1906),39 “La ataxia tabética” (1907),40 “Contribución a la anatomía patológica de la idiotez” (1907),41 “Catatonia” (1909)42 y “Enfermedad de Friedreich” (1910),43 esta última descrita por el médico alemán Nicolaus Friedreich (1825-1882) y la corea por el médico inglés Thomas Sydenham (1624-1689), uno de los grandes de la clínica médica de todos los tiempos.

Consideraciones finales

La aparición en Cuba de las publicaciones periódicas médicas, a partir de 1840, dio un gran impulso al desarrollo de la medicina en el país y su estudio nos permite conocer como fueron recepcionándose los conocimientos sobre neurología por parte de importantes figuras de la medicina cubana, principalmente, quienes los expusieron en artículos, monografías, libros y en sus tesis de graduación en las Universidades de La Habana y París.

Todo ello sirvió de base para el desarrollo posterior de la neurología y neurocirugía en nuestro país en el siglo XX, cuyos principales momentos solamente quiero citar. La fundación de la cátedra de Patología y Clínica de las Enfermedades Nerviosas y Mentales (1906),44 con el notable neurólogo y psiquiatra doctor José A. Valdés Anciano (1867-1923) a su frente. Esta cátedra con el tiempo fue derivando su enseñanza más a la psiquiatría que a la neurología, pero en otras como las de Patología General, Patología Médica y Clínica Médica se enseñaba, desde la búsqueda de los signos y síntomas hasta el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades de los sistemas nerviosos central y periférico. Entre los grandes maestros que las desempeñaron no puedo dejar de nombrar a los doctores Federico Grande Rossi (1861-1942), Diego Tamayo Figueredo (1853-1926), Luis Ortega Bolaños (1872-1948) y Pedro A. Castillo Martínez (1896-?). En la enseñanza de la neuroanatomía se destacó el doctor Jesús L. Cornide Salvá (1902-1989), quien publicó su libro en dos extensos tomos Anatomía del Sistema Nervioso (1955), 1329 págs.,45 sin lugar a dudas la más importante obra de esa materia escrita en Cuba en el siglo XX.

Otro momento significativo lo es la fundación de la Sociedad Cubana de Neurología y Psiquiatría en 1925, revitalizada veinte años más tarde por el neuro-psiquiatra doctor Manuel Galigarcía Hernández (1894-?). A pesar de sus altas y bajas dicha organización permitió el intercambio de experiencias entre los médicos cubanos interesados en estas ramas de la medicina.46

El regreso a Cuba en 1937 del doctor Carlos M. Ramírez Corría (1903-1977) después de haber realizado estudios de especialización en neurocirugía en París con el profesor Clovis Vincent, fundador de la neurocirugía en Francia, representa otro gran momento, pues su futura labor en esta difícil disciplina quirúrgica lo convertirá en el Padre de la Neurocirugía en Cuba.47

Pero es en el período de Revolución Socialista de nuestra historia que la neurología y la neurocirugía se oficializan como especialidades médicas en Cuba (1962); se consolida su enseñanza de pre y posgrado y se extiende a todas las provincias del país; se eleva la calidad de las investigaciones con la fundación del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (1966), dirigido por el doctor José Rafael Estrada González (1921-1991),48 Maestro de generaciones de neurólogos cubanos y se llevan sus conocimientos, como parte de nuestra colaboración médica internacionalista, a los lugares más apartados de los países del mundo subdesarrollado.

Escribir toda esa historia es tarea futura para los neurólogos y neurocirujanos cubanos estudiosos de la historia médica de nuestro país.

Referencias bibliográficas

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*Conferencia leída en el Evento Neurología 2004. La Habana. Octubre 26 de 2004.

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