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Los estudios sobre fiebre amarilla y dengue en Cuba: algunos aspectos históricos y bibliográficos*

Introducción

En el Curso Internacional “El dengue una amenaza a las puertas del 2000”, impartido en el Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí”, fui invitado a leer una conferencia en su última sesión de 3 de diciembre de 1999, que titulé “El doctor Carlos J. Finlay y su teoría metaxénica o del vector biológico en la transmisión de las enfermedades infecciosas” y tuve el doble honor de que dicha sesión se celebrara en el salón de actos del Museo de Historia de las Ciencias “Carlos J. Finlay”, antiguo local de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, primera denominación de la actual Academia de Ciencias de Cuba.

Hace escasamente un año, en el VIII Curso Internacional “El Dengue y la Fiebre Hemorrágica del Dengue”, impartido también en el Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourì”, en su última sesión de 22 de agosto del 2003 dicté otra conferencia con el título “El doctor Carlos J. Finlay y la teoría metaxénica de la transmisión de enfermedades infecciosas”.

Invitado nuevamente, esta vez en el II Congreso Internacional de Dengue y Fiebre Amarilla, he creído oportuno, para no repetirme, traer como tema de mi conferencia “Los estudios sobre fiebre amarilla y dengue en Cuba: algunos aspectos históricos y bibliográficos”, en la que me propongo exponer muy brevemente el desarrollo de dichas investigaciones en nuestro país desde finales del siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XX.

Los estudios sobre fiebre amarilla en Cuba

El desarrollo histórico de los estudios sobre fiebre amarilla en Cuba lo he dividido para su mejor comprensión, en tres etapas, tomando como eje central las investigaciones del doctor Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915), las que he nombrado: de estudios prefinlaistas, finlaistas y no finlaistas.

La primera etapa se remonta a los propios inicios de la bibliografía médica cubana. La Real Sociedad Patriótica de Amigos del País había sido fundada en La Habana el 9 de enero de 1793, por Real Decreto de Carlos IV de 6 de junio de 1792, precedida en el tiempo por la de Santiago de Cuba, creada el 13 de septiembre de 1787.

Esta importante corporación, representante de la clase de hacendados cubanos, tenía como principales miras el promover la educación pública, mejorar la industria y la agricultura y ofrecer medidas para aumentar el comercio. Desde sus primeros años se preocupó sobremanera por los dos problemas principales de la epidemiología del país, que frenaban su desarrollo económico, político y social, la viruela y la fiebre amarilla, por lo que encargó el estudio de ambas enfermedades en la Isla a su miembro de número el doctor Tomás Romay Chacón (1764-1849), iniciador del movimiento científico en Cuba, profesor de Texto Aristotélico y Vísperas de Medicina o Patología en la Real y Pontificia Universidad de La Habana y nuestra máxima figura médica en la época.1

Sus estudios sobre la viruela, conocida en la Isla desde los primeros años de la conquista, inspirados en los resultados obtenidos por el doctor Edward Jenner (1749-1823) en Inglaterra, van a culminar con el inicio de la vacunación antivariólica en el país en febrero de 1804 y con la creación de las Juntas de Vacunación ese propio año.

Sobre la fiebre amarilla, endémica en la Isla desde 1649, escribirá la primera monografía médica cubana con el largo título de Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente Vómito Negro, enfermedad epidémica en las Indias Occidentales, leída ante la Sociedad Patriótica el 5 de abril de 1797 y publicada en La Habana, Imprenta de la Capitanía General, ese mismo año.

En esta brillante monografía de 49 páginas, bajo los epígrafes de historia, descripción, causas, pronóstico, método preventivo y método curativo del vómito negro, resume todos los conocimientos de su época sobre la enfermedad, en un lenguaje científico impecable, pero además incluye sus propias experiencias clínicas, los primeros resultados de necropsias macroscópicas de la bibliografía médica cubana y criterios muy personales sobre la contagiosidad o no de la enfermedad.

El doctor Romay escribió además siete artículos sobre la fiebre amarilla, el primero publicado en el "Papel Periódico de La Habana" el 14 de julio de 1790 con el largo título de “La fiebre maligna contagiosa que ha dado motivo a la Proclamación inserta en el Periódico antecedente, no puede ser otra sino la fiebre amarilla” y el último “Observaciones sobre la fiebre amarilla” publicado en el “Diario de La Habana” el 20 de julio de 1830, en el cual se adhiere a las doctrinas del célebre médico francés Francois Joseph Broussais (1772-1831), quien sustentaba en ellas que todas las fiebres no serían sino manifestaciones de la inflamación del estómago e intestinos y la mayor parte de las enfermedades no más que flegmasías agudas o crónicas.2

Son de destacarse en esta primera etapa la “Memoria sobre la peste del Vómito Negro” del doctor Juan Francisco Pachón Moreno (1765-18?), profesor de Vísperas de Medicina en la Real y Pontificia Universidad de La Habana, escrita el mismo año que la del doctor Romay, la cual extraviada durante casi dos siglos, fue encontrada en 1985 en la colección de papeles inéditos del bibliógrafo doctor Francisco de Paula Coronado y Álvaro (1870-1946) y publicada con su verdadero título “Carta a la Dirección de la Real Sociedad Patriótica sobre Fiebre Amarilla” en la “Revista de la Biblioteca Nacional” en 1986;3 la tesis “De la fiebre amarilla” publicada en París en 1846 por el médico cubano doctor Luis Rey; la importante monografía El diagnóstico de la fiebre amarilla por la albúmina de la orina (1860) del doctor Félix Giralt Figarola (1826-1881), profesor de Clínica Médica de la Real y Literaria Universidad de La Habana, quien sostiene en ella que la fiebre amarilla es una gastritis especial y fue el primero que la diagnosticó en Cuba tomando en cuenta la albúmina de la orina4 la disertación “Relaciones entre la fiebre amarilla y la fiebre biliosa de los países cálidos” (1864) del doctor Nicolás J. Gutiérrez Hernández (1800-1890), fundador de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (1861), de la primera revista médica del país “Repertorio Médico Habanero” (1840), introductor en Cuba del estetoscopio y del método de la auscultación y continuador del doctor Romay como la figura médica más importante de su época en la Isla;5 el libro La fiebre amarilla en La Habana: su naturaleza y su tratamiento (1865), del médico franco-cubano doctor Charles E. Belot Lorents (1795?-1889), iniciador del mutualismo en Cuba;6 la monografía Enfermedades de los criollos: epidemia de 1865 de fiebre amarilla y remitente biliosa (1866) de los doctores Henri Dumont (1828-?), francés y Ramón Elcid (¿-1880), cubano; y “Nota sobre lesiones hepáticas en dos casos de fiebre amarilla” (1878), del doctor Joaquín García-Lebredo Lladò (1833-1889), que le valió a su autor ser nombrado miembro corresponsal de la Sociedad de Biología de Paris.6

La segunda etapa o de estudios finlaistas, sin dudas la de mayor significación, comprende un primer grupo de investigaciones basadas en las ideas contagionistas y miasmático-contagionistas, que llevaron al doctor Finlay a realizar concienzudos estudios sobre química con el profesor hispano-cubano José Luis Casaseca Silván (1800-1864) y de meteorología, con el sabio meteorólogo, también hispano-cubano, sacerdote jesuita Benito Viñes Martorell (1837-1893) y a publicar sus primeros trabajos: “Memoria sobre la Etiología de la Fiebre Amarilla”, escrita en 1865 y publicada en 1912, “Alcalinidad atmosférica observada en La Habana” (1872), trabajo de ingreso como académico de número de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, “Clima de la Isla de Cuba” (1878) y otros, todos encaminados a explicar la historia natural de la enfermedad.7

El prestigio alcanzado con estas investigaciones y su conocimiento clínico de la entidad nosológica, hicieron que el gobierno colonial español lo nombrara, entre otros, asesor de la I Comisión Americana para el Estudio de la Fiebre Amarilla (1879) y es entonces que tiene la oportunidad de estudiar integralmente la enfermedad desde los puntos de vista bacteriológico, anatomopatológico, clínico y epidemiológico y entrar en contacto con dos grandes figuras de la medicina en el continente, el bacteriólogo norteamericano doctor George M. Sternberg (1838-1915) y el patólogo y clínico cubano, entonces radicado en Filadelfia, doctor Juan Guiteras Gener (1852-1925), llamándole poderosamente la atención lo acucioso de las investigaciones histopatológicas en fallecidos de fiebre amarilla de este último.7

Tan importante bagaje de conocimientos que ya poseía y la lectura en el Tratado de Botánica del doctor Julius Saachs, en la traducción francesa de 1874, hecha por el famoso naturalista Philippe E. L. Van Tieghen (1839-1914), del ciclo evolutivo del hongo Puccinia graminis, agente etiológico del moho del trigo, que necesita para su completa evolución una planta intermedia, el agracejo (Berberis vulgaris)8,9, lo llevaron a pensar que algo semejante podía ocurrir con la fiebre amarilla y elabora entonces la teoría metaxénica del contagio de enfermedades infecciosas o del vector biológico, la que aplica para explicar su historia natural, pero como relaciona en el caso específico de dicha enfermedad un mosquito como vector biológico, estudia entomología con el sabio naturalista cubano licenciado Felipe Poey Aloy (1799-1891), profesor de la Real y Literaria Universidad de La Habana, apoyándose en la lectura de valiosas obras de esta especialidad, para así descartar una seiscientas especies y llegar a la conclusión de que sólo la hembra del hoy clasificado como Aëdes aegypti reunía dichos requisitos en nuestro medio.7

Nombrado por el gobierno colonial miembro de la Delegación de España, en representación de Cuba y Puerto Rico, ante la V Conferencia Sanitaria Internacional, por primera vez a celebrarse en América y con la presencia de delegados de países del nuevo continente, para tratar junto al tema permanente del cólera el de la fiebre amarilla, es en ella, con sede en Washington DC., que el 18 de febrero de 1881 da a conocer su entonces hipótesis con la lectura de su “Comunicación sobre la Transmisión de la Fiebre Amarilla por un Agente Intermediario”,10 pero sin dar aun el nombre del agente, lo que va a llevar a cabo cinco meses después, al tener reunido un primer grupo de inoculaciones satisfactorias, con la presentación ante la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, el 14 de agosto de 1881, del trabajo que habría de inmortalizarlo y al que modestamente tituló “El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla”.11

En este estudio, publicado en los "Anales" de la institución ese mismo año, expone una brillante relación de la historia natural de los mosquitos en general y del hoy clasificado como Aëdes aegypti en particular, que incluye su estudio biológico y a continuación describe las tres condiciones necesarias para que la fiebre amarilla se propague y que no son más que las mismas enunciadas en la V Conferencia Sanitaria Internacional, pero ampliadas con el nombre del agente transmisor.

  1. Existencia de un enfermo de fiebre, en cuyos capilares el mosquito pueda clavar sus lancetas e impregnarlas de partículas virulentas en el período de la enfermedad.
  2. Prolongación de la vida del mosquito entre la picada hecha en el enfermo y la que deba reproducir la enfermedad.
  3. Coincidencia de que sea un sujeto apto para contraer la enfermedad, alguno de los que el mismo mosquito vaya a picar más tarde.

Finalmente, después de demostrar que las tres condiciones estaban presentes en La Habana y de exponer algunas consideraciones históricas muy importantes sobre la enfermedad, explica en detalles los cinco casos de inoculaciones experimentales que tenía realizados hasta ese momento y cierra el trabajo con cuatro conclusiones que lo resumen, expuestas con brevedad y claridad.

Quedaba comprobada su teoría metaxénica o del vector biológico en la transmisión de enfermedades infecciosas, en el caso concreto de la fiebre amarilla, pero quedaba también abierto el camino para la explicación de todas aquellas que presentaban igual forma de transmisión como el paludismo, el dengue, las filarias, las leishmanias, las tripanosomiasis y otras que no tenían explicación por las teorías contagionista, anticontagionista y miasmático-contagionista en boga en aquella época. Comenzaban de esta manera los estudios de entomología médica en el mundo y al doctor Finlay se le considera como su iniciador.8

Estas investigaciones darán lugar a un segundo grupo de publicaciones finlaistas, muy numerosas, en las que se destacan sus monografías aparecidas en folletos: Patogenia de la fiebre amarilla (1882), Nuevos datos acerca de la teoría patogénica de la fiebre amarilla y transmisión de ésta por el mosquito (1883), Apuntes sobre la historia primitiva de la fiebre amarilla (1884), Nuevas consideraciones acerca de la historia de la fiebre amarilla (1885) y Fiebre amarilla. Estudio clínico, patológico y etiológico (1895), pero muy particularmente la titulada Patología Intertropical. Fiebre amarilla experimental comparada con la natural en sus formas benignas (1884), donde hace aportes con los que se anticipa a las investigaciones que Emil von Behring (1854-1917), Emile Roux (1853-1933) y otros eminentes investigadores hicieron más adelante en el campo de la inmunología y en sus conclusiones deja ya establecida la profilaxis de la fiebre amarilla, lo que resulta tanto más interesante cuanto que fueron formuladas a principios del año 1884 y representaban la síntesis de un trabajo suyo posterior, leído el 13 de noviembre de 1898 ante la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana,”El mosquito considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla y de la malaria”, en el que expuso las bases fundamentales que fueron utilizadas en 1901, por el doctor William C. Gorgas (1854-1920), cuando éste se decidió a poner en práctica el método culicidiano, que dio por resultado la extinción por vez primera (1902) de la fiebre amarilla en Cuba.9-12

Otros importantes resultados de investigaciones del doctor Finlay, casi todas llevadas a cabo con su único colaborador, el médico vasco-cubano doctor Claudio Delgado y Amestoy (1843-1916), constituyen un último grupo de publicaciones finlaistas sobre la etiología de la fiebre amarilla, por métodos bacteriológicos, con los que inició esta rama de la medicina en Cuba y que son: Cultivos de sangre y otros productos de fiebre amarilla (1886), Cultivos de sangre de enfermos atacados de fiebre amarilla (1886), Cultivos de fiebre amarilla (1886), Relación entre los cultivos recientes de fiebre amarilla y los observados el año anterior (1887), Colonias de tetrágenos sembrados por mosquitos (1887) y once trabajos más hasta 1895.12 Con estos estudios enriqueció las sesiones de la Academia, recogidos en sus Anales, los que produjeron sus notables polémicas con el profesor de Patología Médica de la Universidad de La Habana y discípulo de Louis Pasteur (1822-1895), doctor Diego Tamayo Figueredo (1853-1926).

En total la bibliografía activa del doctor Finlay cuenta con 264 publicaciones, de las cuales 244 son como autor único, 18 en colaboración con el doctor Claudio Delgado, una con el bacteriólogo cubano doctor Juan N. Dávalos Betancourt (1857-1910) y otra con los doctores Juan Guiteras Gener, Antonio Díaz-Albertini Mojarrieta (1865-1945) y Arístides Agramonte y Simoni (1868-1931). A fiebre amarilla corresponden 141, de las cuales 128 son como autor único y 13 en colaboración con el doctor Claudio Delgado.13,14 Toda esta obra fue recopilada por el académico Cesar Rodríguez Expósito (1904-1972), biógrafo de Finlay y fundador de la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública y publicada en seis tomos por la Academia de Ciencias de Cuba (1965-1981).

A la etapa no finlaista corresponden investigaciones realizadas en tiempos de la etapa finlaista y con posterioridad al fallecimiento del sabio cubano, llevadas a cabo por importantes figuras de la medicina cubana, como entre muchos, los doctores Juan Guiteras, Arístides Agramonte, Diego Tamayo, Enrique B. Barnet y Roque de Escobar (1855-1916), Jorge E. Le Roy y Cassá (1867-1934), Antonio Díaz-Albertini, José A. López del Valle Valdés (1875-1937), Mario García-Lebredo Arango (1866-1931) y Wilhelm H. Hoffmann (1875-1950).

Fig. 3. Dr. Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915).

De todas ellas sólo citaré los últimos trabajos del doctor Juan Guiteras, el más eminente infectólogo cubano después del doctor Finlay, profesor de Patología General e Intertropical de las Universidades de Pennsylvania y La Habana, Director Nacional de Sanidad y Secretario de Sanidad y Beneficencia15 “Profilaxis de la fiebre amarilla en Cuba” (1905), “Memoria sobre fiebre amarilla en Cuba” (1905), “Notas sobre la fiebre amarilla y la tuberculosis en Cuba durante los últimos años (1905-1908)” (1909), “Sintomatología y diagnóstico de la fiebre amarilla” (1910), “Una falsa alarma de fiebre amarilla” (1911), “Endemicidad de la fiebre amarilla” (1913), “Recientes observaciones sobre la fiebre amarilla” (1916) y “Expedición al África y estudios sobre fiebre amarilla” (1921). No puedo dejar de citar su original estudio “Algunas observaciones sobre la historia natural de la epidemia de fiebre amarilla, basada en un estudio de las estadísticas de mortalidad de la ciudad de Key West” (1888) en el que se expone un método estadístico ideado por él para descubrir la fiebre amarilla en una localidad, basándose para ello en el aumento de la mortalidad de los niños blancos y su monografía El Dr. Carlos J. Finlay. Apuntes biográficos (1911), que fue su trabajo de ingreso como miembro de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, en la que situó a su entrañable y admirado amigo en el lugar que le corresponde, en la historia de la medicina universal.16

También quiero citar las últimas investigaciones hechas en Cuba sobre fiebre amarilla, con las que el eminente investigador alemán Wilhelm H. Hoffmann, que fue traído a nuestro país por el doctor Guiteras y en el permaneció hasta su muerte, demostró la existencia de la forma selvática de la enfermedad en África.17 De sus 86 trabajos sobre fiebre amarilla escritos y publicados en Cuba y aparecidos en muy numerosas revistas de Europa y América, solo citaré: “¿Hay fiebre amarilla en África?” (1924), “La anatomía patológica de la fiebre amarilla” (1925), “La fiebre amarilla endémica en África” (1927) y “La fiebre amarilla africana” (1928).18

Los estudios sobre dengue en Cuba

Tres décadas después de publicada la monografía del doctor Romay sobre fiebre amarilla, ocurre en La Habana una epidemia diagnosticada como de dengue y ese año aparece el primer trabajo cubano sobre dicha enfermedad, la monografía Memoria sobre la epidemia que ha sufrido esta ciudad nombrada vulgarmente Dengue, Oficina de Gobierno y Capitanía General, La Habana, 1828, del doctor José Antonio Bernal Muñoz (1775-1853), médico natural de Santiago de los Caballeros, actual República Dominicana, pero que ejerció en nuestro país por casi medio siglo, último protomédico regente del Real Tribunal de Protomedicato de La Habana y profesor de Anatomía de la Real y Pontificia Universidad de La Habana.19

Sobre esta primera memoria nos ha dejado escrito el doctor Rafael A. Cowley Valdés-Machado (1837-1908), eminente historiador médico cubano del siglo XIX y profesor universitario de Terapéutica: “La memoria de Bernal sobre el Dengue la constituyen 26 páginas, consagrando 2 á su clasificación, 2 á las causas de la epidemia, una al método curativo, una á observaciones y las 19 restantes á epidemia y contagio, con unas proposiciones al final".

Clasifica Bernal "el Dengue de una fiebre mucosa o linfática y lanzándose a explicar el contagio da unas teorías y razones que à la verdad demuestran lo poco al corriente que estaba de los adelantos que se hacían en Europa y que se conocían aquí”.20

Ese mismo año ve la luz una segunda monografía Descripción de la fiebre Exantemo-reumática que reinó en la Isla de Cuba en la primavera del año 1828; Imp. Fraternal, La Habana, del doctor José Maria González Morillas (1804-1870), médico español, graduado en Cuba y de largo ejercicio profesoral en varias cátedras de la Real y Literaria Universidad de La Habana.21

El doctor González Morillas va a describir el dengue a través de las concepciones de la doctrina fisiológica, la que echaba raíces en esos momentos en el pensamiento médico europeo y la señala, por sus síntomas, como una fiebre exantemo-reumática, lo que va a producir una enconada polémica con el doctor Bernal Muñoz, quien sostenía todavía concepciones de las doctrinas de los humores, aunque afirma el doctor Cowley Valdés-Machado que quien verdaderamente sostuvo la polémica, aunque desde el anonimato, lo fue el erudito médico habanero doctor Simón Vicente de Hevia (1788-1849), catedrático universitario de Terapéutica, quien sostendría en 1835 otra sonadísima polémica con el doctor Bernal por las ideas expuestas por éste en su Memoria o nociones sacadas de los hechos y la experiencia sobre la enfermedad conocida con el nombre de vómito negro o fiebre amarilla, Imp. de D. Pedro Martínez Almeida, La Habana, 1835.

De esta última memoria expresaría el propio doctor Cowley que daba lástima ver impresa la obra del doctor Bernal en un tiempo en que las conclusiones que los doctores José Agustín Encinoso de Abreu y Reyes Gavilán (1797-1854), Ángel J. Cowley Alvirdes (1797-1859), Fernando González del Valle Cañizo (1803-1899), Nicolás J. Gutiérrez y Vicente A. de Castro Bermúdez (1809-1869) sostenían en la Real y Literaria Universidad de La Habana ”indicaban una verdadera revolución médica ventajosamente realizada”.20

Por no ser un verdadero problema de la salud pública en la Isla, la Escuela de Higienistas Cubanos de principios del siglo XX, con el doctor Finlay a su frente como Jefe Nacional de Sanidad, no incluyó al dengue entre las enfermedades estudiadas en su formidable obra Manual de Práctica Sanitaria, para uso de jefes e inspectores de sanidad, médicos, funcionarios, etc. de la República de Cuba, impresa en La Habana en 1905, pero al siguiente año publica el doctor Guiteras en colaboración con el médico infectólogo cubano doctor José T. Cartaya Zamudio (1881-1971) en la “Revista de Medicina Tropical” su notable trabajo “El Dengue en Cuba, su importancia y su diagnóstico con la fiebre amarilla”22 y ese mismo año el doctor Arístides Agramonte lee ante la American Society of Tropical Medicine su estudio “Notas clínicas sobre una epidemia reciente de Dengue”23, en el que afirma la contagiosidad de la misma y la evidencia de que el mosquito Aëdes aegypti es el agente transmisor.

En 1909 el doctor Joaquín L. Dueñas Pinto (1859-1910), maestro de pediatras cubanos y fundador del Servicio de Pediatría del Hospital “Número Uno” de La Habana (1900), actual Hospital Universitario “General Calixto García”, escribió el artículo “Dengue-Muermo” para el famoso Tratado Enciclopédico de Pediatría de los profesores alemanes Schoessman y Pfaundler.24 Por estos mismos años el bibliógrafo cubano Carlos M. Trelles Govìn (1866-1951) afirma que el doctor Ignacio Calvo Cárdenas (1860-1911), destacado bacteriólogo y laboratorista clínico, realizó valiosas investigaciones sobre el dengue en el Laboratorio Histo-bacteriológico de la “Crónica Médico Quirúrgica de La Habana”, pero parece no publicó sus resultados.4,25

El último trabajo aparecido en Cuba sobre dengue en la primera mitad del siglo XX lo es “Sobre un brote de dengue en La Habana” (1945)26 del sabio médico hematólogo y parasitólogo italo-español, de prestigio mundial, doctor Gustavo Pittaluga Fattorini (1876-1956), que vivió en La Habana la última etapa de su existencia (1942-1956) en la que desarrolló una notable obra científica y cultural, que consta de varios centenares de artículos y conferencias y de diez libros publicados. Colaboró con el doctor Pedro Kourí Esmeja (1900-1964) en la cátedra de Parasitología y Enfermedades Tropicales de la Universidad de La Habana y en múltiples instituciones de alta cultura de nuestro país.27

Consideración final

No es objetivo de esta conferencia comentar la bibliografía cubana sobre dengue producida en la segunda mitad del siglo XX, pero no puedo finalizar sin señalar la importancia de la aparecida después de la epidemia de 1977, en que la enfermedad se convirtió en una verdadera amenaza para la salud de nuestro pueblo y son de destacarse los libros, Dengue y dengue hemorrágico (1998),28 Premio Anual de Salud Pública en 1999, del doctor Eric Martínez Torres y Campaña por la esperanza. La lucha contra el dengue ”(2002)29 de los doctores Elia Rosa Lemus Lago, Gonzalo Estévez Torres y Juan C. Velásquez Acosta; las investigaciones y publicaciones de los doctores Pablo Resik Habib, Gustavo Kourí Flores, Pedro Mas Lago, María Guadalupe Guzmán Tirado, Héctor Terry Molinert, Nereida Cantelar de Francisco, Juan R. Vázquez Cangas, el técnico Armando Armada Gessa y otros, así como la revisión histórico-bibliográfica Historia del dengue en Cuba (2003), de los doctores Rosa M. Durán García y Roberto Capote Mir.30

Referencias bibliográficas

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  9. López Sánchez J. Finlay. El hombre y la verdad científica. Ed. Cient. Téc. La Habana. 1987.
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  30. Durán García R.M. y Capote Mir R. Historia del Dengue en Cuba. Ed. Estarcida. La Habana. 2003.

*Conferencia leída en la sesión inaugural de II Congreso Internacional de Dengue y Fiebre Amarilla. Palacio de las Convenciones. La Habana. Mayo 31 de 2004.

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