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El doctor Jorge E. Le Roy y Cassá (1867-1934), padre de las estadísticas sanitarias en Cuba*

Introducción

Se ha hecho bien en escoger para el Día del Estadístico de la Salud Cubana el 30 de septiembre, pues un día como ese del año 1867 nació en La Habana el doctor Jorge Eduardo Le Roy y Cassá (1867-1934),1 sin lugar a dudas el Padre de las Estadísticas Sanitarias en Cuba.

Bien es cierto que en el siglo XIX hubo algunas destacadas figuras que hicieron valiosas contribuciones a las estadísticas sanitarias en el país, como el doctor Ambrosio González del Valle Cañizo (1822-1913) con sus justamente célebres “Tablas Obituarias”, publicadas en La Habana entre 1870 y 1882, pero nada puede igualarse a la obra desarrollada por el doctor Le Roy.2

Su personalidad científica y su labor en general, se han reconocido ampliamente en Cuba y en el extranjero, pero quizá la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública ha sido en nuestro país quien con más persistencia ha contribuido a la divulgación de su vida y obra.

En 1968 el académico César Rodríguez Expósito (1904-1972), primer historiador del Ministerio de Salud Pública, le dedicó el Cuader no de Historia de la Salud Pública No. 37, con el título Centenario del nacimiento del Dr. Jorge E. Le Roy y Cassá, por haberse conmemorado el año anterior tal efemérides, con la autoría del doctor Raimundo de Castro y Bachiller (1878-1954), eminente médico legista, académico y catedrático universitario.

Casi una década después, bajo mi dirección en los Cuadernos, se le dedicó el número 61 con el título Bio-bibliografía del doctor Jorge E. Le Roy y Cassá (1976), erudita obra, escrita por su hijo el doctor Luis F. Le Roy y Gálvez (1910-1979), acucioso investigador de la historia de las ciencias en nuestro país y también académico y catedrático universitario.

En estas dos obras está contenida la información necesaria no sólo para conocer su vida, sino para poder penetrar en la inmensidad de su bibliografía, después de la del eminente oftalmólogo doctor Juan Santos Fernández Hernández (1847-1922), la más numerosa producida por un científico cubano y valorarla en las diferentes ramas de las ciencias médicas de nuestro país, en que la misma es imprescindible.

Y hace sólo dos años dedicamos el Cuaderno No. 92, con el título de Dr. Arístides Agramonte y Simoni (1868-1931) (2002) a tan importante y discutida personalidad de nuestra medicina e incluimos en él, el ensayo biográfico escrito por el doctor Jorge Le Roy, profundamente crítico, pero muy justo, así como el índice bibliográfico en el que recoge toda la obra científica del profesor Agramonte, por lo que le adjudicamos al doctor Le Roy la autoría del Cuaderno.

En la presente conferencia me propongo exponer brevemente los orígenes familiares del doctor Le Roy, su formación científica, lo notable de su quehacer en la docencia universitaria y asistencia médica, la magnitud de su labor científica en general y destacar la importancia de su obra en el campo de las estadísticas sanitarias en Cuba.

Origen familiar y formación científica

Los Le Roy constituyen una familia de origen francés que llegó a Cuba en los años finales del siglo XVIII y el primero de ellos cubano lo fue Luis Florencio Le Roy y Giraud (1803-1856), abuelo del doctor Jorge Le Roy, que nació en Ceiba Mocha, Matanzas en 1803. Su hijo Luis Juan Le Roy y Rouviere (1828-1881), es el primero de la familia, natural de la Isla, que estudió una carrera universitaria y lo hizo en las Universidades de París y La Habana, para graduarse en esta última de Bachiller (1858) y Licenciado en Medicina (1859) con la tesis “El estado moral del paciente sugiere al médico modificaciones en el tratamiento de las enfermedades”.3

El licenciado Le Roy Rouviere va a ejercer su profesión en La Habana hasta su fallecimiento el 27 de enero de 1881. Casado con su prima hermana Francisca Josefa Cassá Rouviere (1837-1874), de su matrimonio nacerán cuatro hijos: Ernestina, Alberto (1859-1881) que falleció cuando cursaba en la Universidad de La Habana el cuarto año de la carrera de medicina, Rosa y Jorge Eduardo.

Huérfano de madre a los seis años y de padre a los trece, Jorge Eduardo queda, al cuidado de sus dos hermanas, las que gracias a la ayuda económica recibida de un familiar acaudalado, don Juan Salvador Elizalde Giraud, mantienen su hogar y logran completar los estudios del hermano menor.

En el afamado Colegio “La Gran Antilla”, bajo la dirección del prestigioso pedagogo don Lorenzo Mestres y Más, a quien Jorge Eduardo siempre llamará “mi primer mentor intelectual”, cursa la enseñanza media, para graduarse de Bachiller en Artes o Filosofía en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, con nota de sobresaliente, el 27 de septiembre de 1882, aunque el título se le expidió el 14 de febrero de 1883.

Ingresa en la Real y Literaria Universidad de La Habana, como su padre y hermano, para estudiar la carrera de medicina, en este caso por el plan de estudios de 1880, que comprendía el Período de la Licenciatura, que constaba de seis años y uno final correspondiente al Período del Doctorado.

En el curso de 1882-1883 aprueba el primer año y siempre con altas calificaciones logra graduarse de Licenciado en Medicina el 22 de septiembre de 1888 y se le extiende el título el 5 de octubre siguiente. Este diploma lo capacitaba legalmente para el ejercicio de la medicina sin limitación alguna.4

Junto con sus estudios en la Facultad de Medicina, en el “Hospital de Mujeres de San Francisco de Paula” comenzó a trabajar como practicante el 2 de julio de 1883, al inicio mismo de la carrera y se mantuvo en el cargo hasta el 25 de septiembre de 1888, en que lo renunció al recibir el título de licenciado en medicina. También laboraba, para ayudar a sufragar sus estudios, como escribiente de la Secretaría del Gobierno General, cargo que obtuvo por oposición en 1885 y que mantuvo hasta 1891.

Las asignaturas correspondientes al Período del Doctorado las aprobó con notas de sobresaliente en el siguiente curso de 1888-1889. Realizó los ejercicios de grado, en los que presentó su tesis “Vómitos incoercibles de las mujeres embarazadas”, el 18 de noviembre de 1890 y recibió igualmente la calificación de sobresaliente. La investidura solemne se llevó a cabo en el Aula Magna de la Real y Literaria Universidad de La Habana el 23 de abril de 1892. Culminaban así, brillantemente, sus estudios médicos en Cuba, pero sus ansias de saber no estaban satisfechas.4

Tres días después de la solemne investidura recibía su título de Doctor en Medicina y cuatro días más tarde embarcaba para Europa, con el fin de ampliar sus estudios, donde va a permanecer por espacio de año y medio. En la Facultad de Medicina de París estudió con grandes maestros de la medicina francesa: Obstetricia con Adolphe Pinard (1844-1934) y Constant Budin (1846-1907) en la Clínica Baudeloeque; Histología, Microscopía Clínica y Bacteriología con Latteux e Isidore M. Strauss (1845-1896); Ginecología en el Hospital Loucirne-Pascal con Samuel J. Pozzi (1846-1912); Medicina Interna con George Dieulofoy (1839-1911) y Maurice Débove (1845-1920); Medicina Legal con Brouardel y Vibert, autores de los famosos tratados de Medicina Legal y de Toxicología y Urología con el genial cubano Joaquín Albarrán Domínguez (1860-1912) en el Hospital Necker.5,6

En París se hizo construir por la Maison Charriere-Collín, en septiembre de 1892, un fórceps ideado por él para el estrecho superior y para la excavación, que consistía en una modificación del de Elliot, en su mango y de los de Pajot y Tarnier, en sus cucharas, desmontables y utilizables en las aplicaciones en el estrecho superior y en el inferior. También le fabricaron, de su autoría, un estetoscopio desmontable y aplicable a la auscultación del vientre, del corazón y de los pulmones. Del fórceps ideado por él la casa Collin le construyó dos modelos, uno grande y otro pequeño, que se conservan en la actualidad en el Museo de Historia de las Ciencias “Carlos J. Finlay” de La Habana.7

Ejercicio de la docencia y la asistencia médicas

A menos de un mes de graduado de licenciado en medicina, el doctor Le Roy fue nombrado por Decreto Rectoral de 12 de octubre de 1888 ayudante facultativo de la Clínica de Obstetricia de la Facultad de Medicina de La Universidad de La Habana, con sede en el "Hospital de Mujeres de San Francisco de Paula", cargo en el que fue confirmado por decretos anuales, hasta que a su regreso de París, por los conocimientos adquiridos y por la labor docente tan encomiable que había realizado con anterioridad como ayudante facultativo se le designó, el 30 de diciembre de 1893, catedrático auxiliar supernumerario.

Este nuevo cargo docente conllevaba el desempeño de cualquier cátedra que vacara por ausencia transitoria de su propietario, lo que ponía a prueba la preparación general de los jóvenes catedráticos. El doctor Le Roy en los cuatro años que lo ocupó dictó, con singular eficiencia, las cátedras de Histología y Anatomía Patológicas, de Enfermedades de la Infancia y la de Clínica de Obstetricia.

Fue tan convincente su labor que el 18 de agosto de 1897 se le nombró por decreto del Gobernador General, catedrático de Medicina Legal y el 8 de noviembre del propio año se le designó, por Real Orden de dicha fecha, catedrático interino de Medicina Legal y Toxicología.8

Fig. 4. Dr. Jorge E. Le Roy y Cassá (1867-1934).

El curso académico de 1897-1898 fue el primero y a la vez el último que desarrolló el doctor Le Roy en la enseñanza de esta disciplina a él encomendada y que explicó con el entusiasmo y empeño con que sólo sabe hacerlo quien tenga verdadera vocación para la docencia. Su claridad didáctica y habilidad para transmitir los conocimientos se lo comentaron en repetidas ocasiones a su hijo y biógrafo, el doctor Luis F. Le Roy y Gálvez, algunos médicos eminentes que fueron sus alumnos, como los doctores Benigno Souza Rodríguez (1872-1954) y Clemente Inclán Costa (1879-1965).

El 24 de agosto de 1898 terminó oficialmente la última de nuestras guerras independentistas contra España (1895-1898) y el 1 de enero de 1899 comenzaba, también oficialmente, la primera ocupación militar de los Estados Unidos de Norteamérica en nuestro país (1899-1902).

En la Universidad de La Habana se van a producir grandes cambios, en 1899 se pone en vigor un nuevo plan de estudios, conocido como Plan Lanuza, por ser en esos momentos Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, el eminente profesor universitario doctor José A. González Lanuza (1865-1917), quien fue además su principal inspirador y un año después se llevaba a cabo una profunda reforma de estudios que comprendía desde la enseñanza pre-escolar a la universitaria y que se conoce con el nombre de Plan Varona, por haber sido su autor, entonces Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, el eminente pedagogo y filósofo positivista doctor Enrique J. Varona y Pera (1849-1933).9

Nuevos nombramientos ratificaron en sus cargos a numerosos antiguos catedráticos y llevaron a la enseñanza universitaria a jóvenes profesores, pero el doctor Le Roy no fue ratificado en el suyo y esta evidente injusticia, producto de las bajas pasiones humanas, privó a la juventud cubana de recibir las enseñanzas, seguramente por tres décadas más, de un erudito médico y consumado docente.

Junto con esta labor en la enseñanza superior y con posterioridad a ella, va a realizar el doctor Le Roy una no menos importante labor médica asistencial. El 19 de diciembre de 1888 se le nombra médico interno de la prestigiosa institución mutualista Quinta del Rey en la que permanece hasta el 28 de febrero de 1890.

Sin lugar a dudas, por el entrañable cariño que siempre sintió por el "Hospital de Mujeres de San Francisco de Paula" y por el cargo docente que en él desempeñaba, es que el doctor Le Roy aceptó el nombramiento de médico honorario, del mismo, el 7 de julio de 1890 y en él va a pasar por las diferentes escalas de la carrera hospitalaria de la época, como médico de entrada, médico segundo y médico propietario hasta el final de su vida.

Como prueba fehaciente de su lealtad y cariño por la institución nos dejó su libro Historia del Hospital San Francisco de Paula (1958), obra de 567 páginas y 55 valiosas láminas, modelo de historia de la atención médica secundaria en nuestro país, que fue publicada por su hijo como obra póstuma y en el que se narra no sólo la historia del hospital sino también la de la ermita y la iglesia unidas a él.10

Un aspecto poco destacado de su labor asistencial es el que se refiere a su interés por la hidrología y la climatología médicas, producto de la influencia francesa en su cultura científica, lo que hizo que ocupara la plaza de médico director de aguas minero-medicinales de San Vicente, en la provincia de Pinar del Río, por un año (1895-1896), con el sacrificio que su traslado a ese lugar representaba para él y que después ocupara igual plaza en las de Santa Rita, Guanabacoa, también por un año (1896-1897).

A pesar de los numerosos cargos que como salubrista desempeñó, nunca dejó el doctor Le Roy de ser médico del Hospital de San Francisco de Paula, del que llegó a ocupar su dirección y además ejercer, por corto tiempo, en otras instituciones de la atención médica secundaria, como la Casa General de Enajenados de la Isla de Cuba (1896) y la Casa de Salud “La Purísima Concepción” de La Habana (1926).

Obra científica

La bibliografía médica producida por el doctor Le Roy no sólo es la segunda más numerosa publicada por un científico cubano, sino que es de las más valiosas de nuestra medicina y por la importancia de sus estudios biográficos, bibliográficos e históricos se hace imprescindible para el conocimiento de la historia médica cubana.

El índice bibliográfico recopilado por su hijo11 comprende 3 libros, 27 folletos y 634 artículos, ponencias, ensayos, informes, índices bibliográficos, elogios y otros trabajos. Sus libros, además del ya citado sobre la historia del Hospital de San Francisco de Paula, su obra póstuma, lo son: Desenvolvimiento de la Sanidad en Cuba durante los últimos cincuenta años. 1871-1920 (1921)12 con introducción de uno de los sanitaristas más importantes de Cuba y América, el doctor Juan Guiteras Gener (1852-1925), una breve síntesis del estudio fue publicada en la “Revista de Medicina y Cirugía de La Habana”, en el Boletín de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia y en "The Journal of Public Health Association de Chicago" y Bibliografía del Dr. Juan Santos Fernández (1916),13 en el que demuestra la extensión de la obra de una de las figuras más eminentes de nuestra medicina, al recopilar 928 títulos bibliográficos de su autoría.

Desde los días de estudiante de medicina, su dedicación a la obstetricia lo llevó a producir sus primeros trabajos científicos, como el titulado “¿Los vómitos incoercibles del embarazo dependen de las modificaciones que sufre el útero en su evolución fisiológica o entran otros factores a los que racionalmente debe atribuírseles el fenómeno?” (1887). Esta importante complicación del embarazo le servirá de tema para su tesis doctoral, ya citada.

Otros trabajos suyos sobre obstetricia de esta primera época, lo son los dedicados a septicemia puerperal: “Notas clínicas sobre septicemia puerperal” (1895), “Un caso sobre septicemia puerperal; curación” (1896) y “Un caso de paludismo puerperal de forma larvada” (1892), trabajo de ingreso en la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana. Pero el más importante de sus estudios en la especialidad lo es “Presentación de tronco. Ruptura uterina. Operación de Porro” (1900), en el que da a conocer la primera vez que se practicaba en Cuba la operación cesárea, seguida de extirpación de útero, ovario y trompas, por la técnica de Eduardo Porro (1842-1902), connotado ginecólogo italiano, la que fue llevada a cabo por el doctor Le Roy, ayudado por el notable tocólogo doctor Ernesto Aragón Muñoz (1868-1920).14

La culminación de su profunda vocación por la obstetricia nos la dio en su trabajo de ingreso como académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana “Apuntes para la historia de la obstetricia en Cuba” (1903), anuncio de una obra mayor que nunca llegó a terminar, de la que nos dio otro aviso en su artículo “Sobre la Historia de la Obstetricia en Cuba” (1903).

Su sólida formación médica en general le permitió publicar sobre afecciones de muy diferentes especialidades: “Fístulas uretro perineo escrotales” (1888); “¿A qué está obligada la Administración Pública en los casos de viruela?” (1888); “Cáncer atrófico de la mama izquierda, extirpación, curación” (1895); “Notas clínicas sobre un caso de paludismo grave” (1899); “Analgesia quirúrgica intrarraquídea por inyección de clorhidrato de cocaína” (1901); “¿Existe en La Habana la fiebre recurrente?”(1901); “Elefantiasis del pene” (1903); “Las aguas del manantial de la cantera de San Francisco de Paula” (1906); “Psiquicultura; estudio sobre los anormales” (1913); “Estudio geo-físico y climatológico de la Isla de Cuba” (1922) y hasta de teratología vegetal “Presentación de un monstruo vegetal: Bromelia ananas. Lin. Piña” (1904)

Su interés por la infectología y dada la importancia que tenía para Cuba, lo hizo estudiar concienzudamente la fiebre amarilla, sobre la que publicó 22 trabajos 11, entre los que quiero destacar: “Fiebre amarilla: parto, hemorragia, septicemia puerperal, curación” (1887), “Un año completo sin fiebre amarilla en La Habana ” (1902), Segundo aniversario de la extinción de la fiebre amarilla en La Habana (1903) (folleto), “Fiebre amarilla: acerca de su transmisión por el mosquito” (1903), “Sobre la fiebre amarilla y su origen telúrico” (1907 ) La primera epidemia de fiebre amarilla en La Habana en 1649 (1927) (folleto) y “Nuevos datos etiológicos de la fiebre amarilla” (1928).

Por todo ello, pocos como él para defender la gloria del descubrimiento de su Maestro y amigo el doctor Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915), sobre el que escribió 26 importantes estudios, 11 de los que sólo citaré: “Bibliografía del Dr. Carlos J. Finlay” (1912), “Elogio del Dr. Carlos J. Finlay” (1918), “ La Doctrina de Finlay en la fiebre amarilla” (1924), “Reivindicación de la gloria de Finlay” (1927), “Otra omisión de Finlay. ¿Ignorancia o mala fe?” (1930) y “Honremos un apóstol de las ciencias” (1932).

Y no lo fue menos su vocación y preparación en medicina legal, de la que dio muestras en su larga labor de peritaje en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y otros informes, que ascienden a 54 bibliografías 11 y de las que sólo diré que su memoria “¿Quo tendimus?. Estudio médico-legal sobre el suicidio en Cuba durante el quinquenio de 1902- 1906” (1907), fue laureada con el Premio “Dr. Antonio de Gordon” de Medicina Legal, en el concurso de 1907 celebrado por la propia Academia.

Pero quizá una de las ramas del conocimiento médico que más se benefició con su incansable poder de creación, fue la historiografía médica cubana, a la que aportó estudios biográficos, en forma de elogios, de los doctores Ignacio Plasencia y Lizaso (1843-1913), Gustavo López García (1860-1912), Antonio M. Gordon y Acosta (1848-1917), Enrique B. Barnet Roque de Escobar (1856-1916), Vicente de la Guardia Madán (1850-1919), Arístides Agramonte y Simoni y Nicolás J. Gutiérrez Hernández (1800-1890) y estudios bibliográficos sobre la obra de los doctores José E. Díaz Martínez (1854-1911), Enrique Acosta Mayor (1861-1911), Gustavo López García, Antonio M. Gordon Acosta, Luis M. Cowley Valdés-Machado (1833-1917), Raimundo G. Menocal y G. Menocal (1856-1917), Francisco Paradela Gestal (1846-1918), Vicente de la Guardia Madán, Guillermo J. Benasach Espinosa (1848-1921), Antonio M. Gordon Bermúdez (1870-1922), Gabriel Casuso Roque (1851-1923), Juan Guiteras Gener, Octavio Montoro Saladrigas (1891-1960) y Arístides Agramonte y Simoni, así como otros estudios históricos.11

Padre de las Estadísticas Sanitarias en Cuba

Su obra mayor, la que lo ha inmortalizado en la historia de la medicina cubana, lo es sin lugar a dudas la que realizó durante tres décadas en el campo de la demografía y la estadística sanitarias de nuestro país.

Establecida la primera ocupación militar de los Estados Unidos de Norteamérica en Cuba (1899-1902), se crea la Comisión de Fiebre Amarilla presidida por el doctor Carlos J. Finlay, quien conocedor de los méritos científicos del doctor Le Roy, lo nombró Secretario de la misma el 2 de septiembre de 1901 y comienza desde entonces su estrecha colaboración con el genial investigador cubano, que se mantendrá hasta la jubilación de éste en 1908.

Independizado formalmente nuestro país y establecida la República Liberal Burguesa el 20 de mayo de 1902, el Secretario de Gobernación, doctor Diego Tamayo Figueredo (1853-1926), médico eminente, académico y catedrático universitario nombró al doctor Finlay Jefe Nacional de Sanidad, pues no existiendo aún la Secretaría de Sanidad y Beneficencia, la organización de la salud pública estatal dependía de la Secretaría de Gobernación.15

El doctor Finlay, a quien le cupo también la gloria de haber fundado como salubrista la organización de la salud pública republicana, va a ser el creador de la Jefatura de Estadística, cargo que inaugura con el nombramiento a su frente del doctor Le Roy, el 23 de febrero de 1903.

A esta nueva actividad, reconocida desde entonces en Cuba como una responsabilidad absoluta de la organización sanitaria estatal, va a dedicar el destacado tocólogo todo el poder de su gran talento. En el Manual de Práctica Sanitaria, publicado en 1905, máxima expresión de la Escuela Cubana de Higienistas de principios del siglo XX, redacta el capítulo sobre “Estadística Demográfica” y ese mismo año en el I Congreso Médico Nacional celebrado en La Habana del 20 al 23 de mayo, presenta como tema oficial del evento su brillante informe “Estadística sanitaria en Cuba”, en el que recoge la labor realizada hasta ese momento en la Jefatura, así como su trabajo Contribución al estudio de la mortalidad producida por el tétanos en la República de Cuba, ambos con cuadros y gráficas, este último publicado en folleto y los dos reproducidos en la Revista Médica Cubana.

Después de la segunda intervención militar de los Estados Unidos de Norteamérica en Cuba (1906-1909), el 28 de enero de 1909 surge nuevamente la República y ese día entra en funciones la Secretaría de Sanidad y Beneficencia, primer Ministerio de Salud Pública del mundo.15

La Jefatura de Estadística va a cambiar su nombre por el de Jefatura de Demografía Sanitaria Nacional y años más tarde se le denominará, Negociado de Demografía Sanitaria Nacional. Con todos estos nombres se mantendrá a su frente el doctor Le Roy, al que respetaron siempre todos los gobiernos, ya fueran liberales o conservadores o revolucionarios en 1933 a la caída de la dictadura del General Gerardo Machado Morales (1871-1939), a pesar de no haber pertenecido a ningún partido político.

La nueva Secretaría contará como órgano publicitario con el Boletín de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia y en él aparecerán los “Informes Sanitarios Demográficos de la República de Cuba” redactados por el doctor Le Roy y sus colaboradores. Los primeros serán: “Estadística sanitaria y demográfica de la República de Cuba, correspondiente al año 1908” e “Informe anual sanitario y demográfico de la República de Cuba, año 1909, con datos estadísticos correspondientes al decenio 1900- 1909”, ambos publicados en el Boletín en 1910.

Otro de sus primeros trabajos que considero de gran significación es “Estadística demográfica sanitaria; importantes reformas” en el que reproduce el informe presentado al Jefe Nacional de Sanidad, doctor Finlay, en diciembre 2 de 1907, acerca de la necesidad de reformar el servicio estadístico de la República de Cuba, basándolo en los boletines unipersonales para los matrimonios, nacimientos y nacidos muertos, semejantes a los usados para las defunciones, publicado en el Boletín de octubre de 1909.

Las “Estadísticas sanitarias y demográficas de la República de Cuba” serán de frecuencia mensual a partir de septiembre de 1909, con resúmenes del año, las que aparecerán en el Boletín hasta 1929 y a partir de 1930 permanecerán inéditas las últimas redactadas por él. El doctor Le Roy ocupó también, por muchos años, la dirección de tan importante publicación periódica oficial de la salud pública cubana, como lo fue el Boletín de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia.

Muy numerosos fueron los trabajos sobre estadística y demografía presentados por el doctor Le Roy en eventos médicos nacionales, internacionales y extranjeros o publicados en la prensa especializada del país o foráneas, de los que solo citaré: “Paludismo en Cuba; estudio demográfico” (1910), “La Difteria en Cuba; notas estadísticas” (1914), “La mortalidad infantil en Cuba; notas demográficas“ (1914), “Estadística sanitaria en Cuba; estudio de su población” (1915), “Longevidad en Cuba, estudio demográfico” (1917), “Fenómenos observados en la vida de los cubanos. Considerable aumento habido en el número de los matrimonios” (1918), “Notas demográficas sobre gripe en La Habana” (1918), “Mortalidad por cáncer en Cuba durante los últimos veinte años, 1900-1919” (1921), “Cuba ha tenido la más baja mortalidad mundial en 1927-1928” (1928) y “Mortalidad y morbilidad infantiles en Cuba” (1928).

La obra total del doctor Le Roy sobre demografía y estadística sanitaria reúne 192 bibliografías11 y es suficiente para escribir la historia de tan imprescindible rama de la salud pública de 1900 a 1934 y en su monografía Desarrollo de la estadística demográfica en la Isla de Cuba (1915), una síntesis de la cual fue presentada en el II Congreso Científico Pan-Americana, Washington DC., el 30 de diciembre de 1915, nos da la más acabada visión de los orígenes y desarrollo histórico de las estadísticas sanitarias en Cuba hasta ese año.

Su prestigio fue reconocido ampliamente por las dos más importantes organizaciones sanitarias internacionales de la época, la Oficina Sanitaria Panamericana y la Sección de Higiene de la Liga de las Naciones, de las que fue muy apreciado asesor.

Reconocimientos y muerte

Desde los inicios de su ejercicio profesional el doctor Le Roy fue llamado a colaborar con importantes instituciones científicas nacionales y extranjeras. El 21 de marzo de 1892 fue nombrado miembro de número de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana, en la que ocupó diversos cargos en las secciones de Ciencias, Geografía, Historia, Estadística de Cuba y Asuntos Sociales. Cuando a esta institución se le dio carácter de academia se le designó con el primer lugar entre sus Socios de Número.

El propio año 1892, el 5 de abril, ingresó como miembro titular de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, en la que realizó una meritoria labor como Vicesecretario (1894-1899) y Secretario (1899-1907), pero principalmente en el cargo de director de su órgano publicitario Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana (1899-1907). Al final de su vida ostentaba la categoría de Miembro Fundador.

A los treinta y tres años de edad y doce de ejercicio profesional, ingresó el 16 de diciembre de 1900 como académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, la más renombrada institución científica del país y con las dos anteriores las tres de mayor relieve en nuestra historia. Su labor académica hubiera bastado para inmortalizarlo en nuestra cultura científica: Vicesecretario (1901-1907), Secretario (1907-1934) y director de su órgano publicitario Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (1902-1934). El 15 de abril de 1932 recibió la más alta distinción que otorgaba la Academia, al ser elegido por unanimidad de votos como Académico de Mérito.

Sus informes, memorias, elogios, discursos de contestación, artículos y otros trabajos, publicados en los "Anales de la Academia" pasan ampliamente de los dos centenares, pero sólo quiero destacar los referentes a su historia y bibliografía: "Contribución a la Historia de la Academia de Ciencias de La Habana. Papeles importantes" (1926), de un extraordinario valor documental, que yo reproduje en el Cuaderno de Historia de la Salud Pública No. 67 (1984);16 Historia abreviada de la Academia de Ciencias de La Habana (1928); “Recuerdos históricos a propósito del septuagésimo aniversario de la fundación de la Academia de Ciencias de La Habana” (1931) y “Bibliografía de los Anales de la Academia de Ciencias de La Habana” (1915).

Durante su viaje de estudios a París estableció intercambio científico con diferentes instituciones hispanas, de las cuales tres de ellas lo nombraron miembro corresponsal en 1893: la Sociedad Española de Higiene, la Academia Médico Quirúrgica Española y la Sociedad Ginecológica Española. Ese mismo año participó en París en el IV Congreso Francés de Cirugía.

A lo largo de su vida numerosas instituciones foráneas lo eligieron miembro correspondiente extranjero, entre ellas: American Health Association, New York, EE.UU. (1923); Sociedad Médico Quirúrgica del Guayas, Guayaquil, Ecuador (1926); Sociedad Científica “Antonio Alzate”, México (1929); Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, México (1929); Academia Nacional de Medicina de Lima, Perú (1932); National Geographic Society, Washington D.C., (1932) y la Academia de Medicina de México, México (1933).

En Cuba perteneció, además de las ya citadas, al resto de las sociedades científicas, participó en todos los Congresos Médicos Nacionales y fue fundador de los Congresos de la Prensa Médica de Cuba y su principal figura. Su presencia en múltiples eventos científicos internacionales y extranjeros fue siempre muy destacada.

Entre las numerosas distinciones y condecoraciones que recibió, tuvo especial preferencia por la Orden Nacional de Mérito “Carlos J. Finlay”, la que se le otorgó en los grados de Comendador (1930) y Gran Oficial (1933) y posmortem en el grado superior de Gran Cruz el 3 de diciembre de 1950.17

Por último, el doctor Le Roy fundó un hogar modelo con su esposa María Gálvez Guillem, de cuyo matrimonio nacieron tres hijos, dignos herederos de la cultura del padre: María Georgina, doctora en Derecho Público; Mario José, doctor en Derecho Civil, que por muchos años fue Secretario del Instituto “Finlay” y Luis Felipe, citado varias veces en esta conferencia, que acumuló los títulos de doctor en Ciencias Físico-Químicas, en Ciencias Físico-Matemáticas, en Ciencias Naturales y en Farmacia y le faltaron pocas asignaturas para graduarse de Ingeniero Electricista.

En el seno de ese hogar falleció el doctor Le Roy en La Habana, en momentos de gran inestabilidad política de nuestra historia, el 22 de febrero de 1934. Su cadáver fue tendido en el paraninfo de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y en el Cementerio “Cristóbal Colón” fue depositado en el panteón familiar, ante representantes de las corporaciones a las que perteneció, de la Sanidad cubana y de la Comisión “Finlay”. Las palabras de despedida de duelo fueron pronunciadas por su gran amigo, el doctor José A. Presno Bastiony (1876-1953), presidente de la Academia. Un busto suyo, obra del escultor italo-cubano Doménico Camporino perpetúa su memoria en el Salón de los Bustos del Museo de Historia de las Ciencias “Carlos J. Finlay”, antiguo local de su querida Academia.7

Referencias bibliográficas y documentales

  1. Partida de Bautismo de Jorge Eduardo Le Roy y Cassá. En Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. Ant. 7304.
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*Conferencia leída en I Encuentro de Asociados de la Sección de Información, Informática y Estadísticas de la Salud. La Habana. Septiembre 30 de 2004.

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