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Cuaderno de Historia No. 80, 1995

Primer Encuentro Iberoamericano de Historiadores de la Salud Pública

RELATO

En la Facultad de Salud Pública, en Ciudad de La Habana, entre los días 16 y 18 de febrero de 1994 se desarrolló el "Primer Encuentro Iberoamericano de Historiadores de la Salud Pública", en el marco del 90 Aniversario del acuerdo, tomado en la segunda Conferencia Internacional de Estados Americanos, efectuada en Washington en diciembre de 1902, de establecer con carácter permanente la Oficina Sanitaria Internacional, transformada y redenominada más tarde como Organización Panamericana de la Salud (OPS). Este evento fue patrocinado por el Ministerio de Salud Pública, la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina, la Sociedad Cubana de Administración de la Salud, el Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, la Facultad de Salud Pública, la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública y la Representación de la OPS/OMS en Cuba.

Objetivos

Este Primer Encuentro tuvo como objetivos:
  1. Analizar la presencia de la OPS en el desarrollo de la salud pública continental en el siglo xx.
  2. Analizar la vigencia y proyección de la salud pública continental en el Código Sanitario Internacional.
  3. Definir las bases para los trabajos interpaíses sobre historia de la salud plública continental y su proyección para el siglo xxi.

Participantes

El encuentro contó con los asistentes siguientes:

José Acosta, Cuba Pedro Llerena, Cuba

María del C. Amaro, CubaRamón Madrigal, Cuba

Anne-Emanuelle Birns, EUARafael O. Pedraza, Cuba

Juan F. Cabrera, Cuba Benito Pérez Maza, Cuba

Rafael Araujo, Cuba José Cobas, Cuba

Gregorio Delgado, Cuba Francisco Rojas Ochoa, Cuba

Everardo Duarte Nunes, BrasilNereida Rojo, Cuba

Eduardo Estrella, EcuadorRaúl Saa Vidal, Cuba

Fidel Ilizástegui, Cuba Ramón Syr Salas-Perea, Cuba

José B. Jardines, Cuba Elda Sevy, Cuba

Elena López Serrano, CubaJulio Suárez, OPS-Cuba

Juan Vela, Cuba Carlos Viesca Treviño, México

Como relatores generales del encuentro fueron designados los doctores Ramón Syr Salas-Perea (Cuba) y Everardo Duarte Nunes (Brasil).

Desarrollo del evento

Este encuentro se desarrolló sobre la base de la presentación de varias ponencias, seguidas por el análisis y discusión efectuados a través de debates realizados en sesiones plenarias.

La primera sesión contó con la Presidencia del doctor Juan Vela, Rector del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana; fungió como Secretario el doctor Francisco Rojas Ochoa, Presidente de la Sociedad Cubana de Administración de Salud y Vicerrector del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana.

El doctor Everardo Duarte Nunes, profesor del Departamento de Medicina Preventiva y Social de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Estatal de Campiñas, Sao Paulo, Brasil, presentó su ponencia titulada: Sobre la Historia de la Salud Pública en el Brasil: Revisión de algunos estudios.

Señaló de inicio, que el objetivo de su trabajo era el de trazar una primera aproximación sobre los estudios que han tomado como punto de reflexión la historia de la salud pública en Brasil, al considerar la importancia de las tendencias históricas del perfil epidemiológico; toma como referencia los trabajos que analizan de manera global el desarrollo de las prácticas sanitarias, en determinados períodos históricos, que decidió denominar historia social. Significó que, con algunas excepciones, la preocupación por estos estudios se iniciaron en la década del 70, y su mayor florecimiento, en los años 80.

Hace anotaciones interesantes de diferentes trabajos históricos de Blount, Luz, Machado, Carvalho, Lima, Oliveira, Mehry, Moraes, Costa, Filho, Mascarenhas, Junior, entre otros, que abarcan en lo fundamental el período de 1870 a 1930, denominado de la República Vieja, donde los estudios realizados apuntan que la cuestión de la salud en la formación brasileña adquiere contornos más nítidos y definidos que otras coyunturas, dada la particularidad del momento de cambios bruscos en el conjunto de la sociedad, que en el plano nacional, conllevó a la crisis del modelo imperial esclavista, mientras que el plano externo, se caracterizó por la redefinición de la hegemonía nacional del capitalismo.

Realizó diferentes consideraciones sobre la importancia creciente que tienen los estudios históricos con una producción que une el rigor de la pesquisa histórica con una perspectiva analítica que facilita la comprensión más completa de los contextos socio-políticos de donde surgen las prácticas sanitarias. Las Ciencias Sociales, al reorientar los estudios sobre la República Vieja, ya trajeron y podrán aún traer importantes contribuciones para las pesquisas en el área de salud con la finalidad de mostrar diferentes caminos, desde aquéllos que colocan el desarrollo de las prácticas sanitarias de la Primera República como una forma de asegurar la reproducción de la fuerza de trabajo, hasta los que evalúan al sanitarismo como ideología para la construcción de la nacionalidad, significándose que deben tomarse con la debida precaución tanto las "Historias Generales" como los "Estudios de Casos" cuando se trata de analizar la historia de la salud pública del país.

Señala que sin la perspectiva diacrónica con la relación del poder y de las respuestas sociales colocadas en la perspectiva de la "larga duración", sería imposible entender el significado de algunos fenómenos que vistos estructuralmente, exponen el divorcio entre el discurso especializado, la voluntad del gobierno y la aceptación general de las normas de tratamiento médico.

Para concluir recalca, que ha tomado como orientación general de su trabajo, trazar un cuadro de la bibliografía que elabora sobre la historia de la salud pública en Brasil, se ha destacado la relación de los trabajos que tratan sobre el tema hasta los años 30; y que queda para una próxima revisión los estudios que abarcan la historia de la salud pública a partir de 1930, aunque adelanta que esta última se caracteriza por una política nacional de salud, con la correspondiente creación, como parte integrante en la formación de un Estado burgués, pero con un carácter restricto en cuanto a la amplitud de su cobertura poblacional, así como en sus aspectos técnicos y financieros.

El doctor Gregorio Delgado, Historiador Médico del Ministerio de Salud Pública y Jefe del Departamento de Historia de la Salud Pública de la Facultad de Salud Pública de Cuba, presentó su ponencia Presencia Cubana en los orígenes de las Organizaciones Internacionales de Salud Pública .

Inició su exposición señalando que durante más de un siglo, la presencia cubana se ha hecho sentir en todas las organizaciones internacionales ya sean políticas, económicas, jurídicas, culturales, educacionales, de comunicaciones, de trabajo, de la salud pública y otras, y que en muchas de ellas, nos han representado de manera relevante grandes figuras de la historia, la cultura y de las ciencias cubanas. Centra la exposición sobre la presencia cubana en los orígenes de algunas de las organizaciones internacionales de salud pública.

Significó que la V Conferencia Sanitaria Internacional fue el primero de estos importantes eventos que se celebró en el continente americano y el primero también al que asistieron nuestros países. Como Delegado Especial por Cuba, participó el doctor Carlos J. Finlay Barrés, reconocido ya como un consagrado conocedor de la fiebre amarilla y miembro de número de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, cuya activa participación en esta Conferencia, tuvo una gran relevancia histórica, al postular por vez primera su hipótesis original sobre el modo de trasmisión de la fiebre amarilla, que seis meses más tarde daba a conocer completa en una sesión de la Real Academia.

Explicó cómo después de lograrse la independencia formal, aunque limitada por la Enmienda Platt, Cuba pudo enviar a la I Convención Sanitaria Internacional (2-5 diciembre de 1902), una delegación integrada por los doctores Carlos J. Finlay Barrés y Juan Guiteras Gener, que desempeñaban importantes responsabilidades en la salud pública cubana y que fueron nuestros fundadores de las Convenciones Sanitarias Internacionales de las Repúblicas de América. En ésta el doctor Guiteras fue electo vocal del Consejo Directivo de la Oficina Sanitaria Internacional, cargo por el cual fue reelecto en sucesivas convenciones, hasta el 20 de mayo de 1921 en que fue nombrado Secretario de Sanidad y Beneficencia de la República de Cuba. Otras personalidades cubanas brillaron en las primeras décadas de la Oficina Sanitaria Internacional, tales como los doctores Hugo Roberts Fernández, Mario García-Lebredo Arango, Arístides Agramonte Simoni y Francisco M. Fernández Hernández, entre otros.

Cuba también tuvo una importante y reiterada participación en los proyectos por la creación de un organismo único internacional de salud pública. Señaló el proceso que siguió a la constitución en París, en 1907, de la Oficina Internacional de Higiene Pública y de la Sección de Higiene de la Secretaría de la Liga de las Naciones (1919), y los esfuerzos que por su unificación efectuaron en diferentes eventos y momentos los doctores Arístides Agüero Betancourt, Rafael Martínez Ortiz, Cosme de la Torriente y Peraza y Domingo Ramos Delgado, sin que la misma pudiera materializarse.

Este viejo sueño de una organización internacional única de salud pública, podrá materializarse al concluir la Segunda Guerra Mundial, cuando en enero de 1946 comienza el proceso de integración de la Organización Mundial de la Salud, que culminó el 7 de abril de 1948.

Concluye su exposición señalando que en la XII Conferencia Sanitaria Panamericana, celebrada en Caracas en enero de 1947, comienza un proceso de reorganización de la Organización Sanitaria Panamericana, en los cuales tuvieron un papel preponderante los doctores Víctor Santamarina y Salanueva, Arturo Curbelo Hernádez y Pedro Nogueiras Rivero; y enuncia que éstas han sido a grandes rasgos algunas de las huellas de la presencia cubana en los orígenes de las organizaciones sanitarias internacionales.

El doctor Eduardo Estrella, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Quito, Ecuador, presentó su ponencia Estudios Históricos sobre la salud pública en Ecuador. Situación actual y perspectivas.

Inició su presentación enfatizando cómo en nuestros países de América, los estudios sobre la historia de la Medicina en general, y de la Salud Pública en particular, son actividades marginadas en el campo de los conocimientos. Cómo durante la última década estos estudios y las cátedras correspondientes, han ido perdiendo los espacios y lugares ganados durante muchos años por nuestros predecesores y cómo las técnicas y tecnologías —cada vez más sofisticadas— han ido a sustituir dichos espacios en la docencia de nuestras facultades de medicina.

Significó que la evolución histórica de la salud pública en Ecuador la puede enmarcar en dos etapas fundamentales. La primera de ellas, caracterizada por la incorporación de los estudios sobre la salud pública a los estudios generales de la Medicina en el país; y la segunda que surge a partir de la creación de la Sociedad Latinoamericana de Historia de las Ciencias, que permitió la confluencia de personalidades e instituciones y la apertura del campo histórico metodológico a los estudios e investigaciones sobre la salud pública continental; esto posibilitó en 1982, la creación del Museo Nacional de Medicina del Ecuador.

Esta institución ha enfrentado desde entonces la ardua tarea de identificar, rescatar (o localizar), clasificar, cataloguizar y conservar los documentos sobre la historia de la Medicina, por lo que constituye la necesaria fuente documental que posibilite el rescate de los triunfos de nuestra razón científica.

Ello les ha posibilitado identificar, en Ecuador a 27 instituciones y archivos depositarios de unas 250 colecciones que abarcan más de 1 500 documentos relacionados con la historia de las enfermedades infecciosas y la enseñanza sanitaria, que se han concretado en los estudios siguientes: Historia de la Malaria, Historia del Cólera, La Salud Pública de la Mujer y La Asistencia Pública, entre otros; en la actualidad existen diferentes proyectos que se encuentran en vías de desarrollo.

Fundamenta la necesidad de centrar nuestras perspectivas de trabajo hacia:

Concluye su ponencia enfatizando la necesidad de que la Universidad Latinoamericana se comprometa en conquistar los espacios docentes e investigativos en relación con la salud pública, su papel e historia.

Abierto el debate sobre las tres ponencias presentadas, se efectuaron diversas y valiosas intervenciones, cuyos elementos esenciales fueron aprobados por unanimidad y fueron los siguientes:

La segunda sesión contó con la Presidencia del doctor José B. Jardines Méndez, Viceministro a cargo de la Docencia del Ministerio de Salud Pública, fue Secretario el doctor Benito Pérez Maza, Jefe del Departamento de Administración de Salud de la Facultad de Salud Pública de Cuba.

La doctora Elena López Serrano, investigadora del Departamento de Historia de la Salud Pública de la Facultad de Salud Pública de Cuba, presentó su ponencia titulada Revistas Cubanas relacionadas con la Organización de Salud Pública.

En la introducción al tema señaló que no es posible realizar investigaciones de contenido histórico, sin conocer lo que se ha publicado en nuestro país en cualesquiera de la forma de prensa escrita, en relación con las diferentes ramas de las ciencias, a lo largo de nuestra historia. En Cuba, durante 148 años se han realizado valiosos aportes a la bibliografía nacional, en diversas temáticas, y los hombres que se dedicaron a desarrollar esta paciente y cuidadosa obra son hoy recordados con admiración y respeto. A continuación hace un esbozo de las principales publicaciones y de sus ilustres escritores e investigadores. Explica que desde hace más de 20 años ha venido trabajando en la confección de índices de autores y materias de las revistas médicas cubanas. Expone en detalles la metodología empleada en todo el proceso de selección, clasificación, ordenamiento e índice de materias. Las revistas estudiadas comprenden varias especializaciones y de ellas cuatro están relacionadas con la organización de la Salud Pública, y son de las que hará referencia en su trabajo.

La Primera que presenta es el Boletín de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia (1909-1940) que continuó con el nombre de Boletín del Ministerio de Salubridad y Asistencia Social (1940-1960). Significa que Cuba tiene el honor de haber sido el primer país del mundo que elevó a rango ministerial su organización de salud pública en el año 1909. Este boletín salió ininterrumpidamente durante todo este período y en él se clasificaron 4 900 fichas, correspondientes 219 a Circulares de Beneficencia; 925 a Circulares de Sanidad; 47 a Leyes; 18 a Reglamentos y 1 263 a Estasdísticas de Salud; siendo estas últimas de un gran valor científico e investigativo. La temática de sus artículos es variada, teniendo un gran peso las de Higiene, sobre todo escolar y de los alimentos; epidemiología; debemos resaltar la información que recoge sobre la creación y desarrollo de la Escuela Sanitaria "Carlos J. Finlay", con su reglamento y programa para la formación de salubristas.

Por orden de aparición le sigue el Boletín Médico Municipal de La Habana (1913-1916), fundado por el doctor José A. Clark Mascaró, con periodicidad mensual, con 249 fichas clasificadas con la firma de 21 autores. Su contenido fue eminentemente administrativo y estadístico. Merece señalarse las 142 Circulares de Sanidad y Beneficiencia publicadas, donde se daban orientaciones de las acciones a aplicar en la organización de salud, además de diferentes trabajos de interés relacionados con las casas de socorro y el Hospital de Emergencias "General Freyre de Andrade".

Otra publicación seriada dedicada al municipio de La Habana fue el Boletín de Sanidad y Beneficencia Municipal de La Habana (1941-1954). Su primer director fue el doctor Ricardo Regalado Regueiferos y su consejo de dirección lo integraban los directores administrativos de hospitales y dispensarios del municipio. Era una publicación trimestral, clasificada como revista médico-social, y cuyos artículos indizados alcanzaron la cifra de 545 firmados por 236 autores.

En su criterio lo más importante de esta publicación fueron los datos estadísticos de los servicios prestados por las casas de socorro, el control de los certificados de salud de los trabajadores, así como el control estadístico del Departamento de Sanidad y Beneficencia Municipal, del dispensario antituberculoso y el de los servicios de fisioterapia, higiene infantil, mental, ortopedia, forense y necrocomio.

Posteriormente hace referencia a la Revista Cubana de Administración de Salud, fundada en 1975 como Organo Oficial de la Sociedad Cubana homónima. En sus primeros 15 años fueron fichados 1 036 trabajos elaborados por 477 autores, tanto nacionales como extranjeros.

Su contenido es fundamentalmente sobre organización de salud, informes de investigaciones realizadas en el país, estudios estadísticos variados, además de informaciones de tipo general. En 1984 cambió su nombre por el de Revista Cubana de Salud Pública, y la calidad de los trabajos publicados ha sido reconocida internacionalmente, por lo que muchos de ellos han sido incluidos en diferentes revistas referativas de prestigio mundial.

Por últimio señala que Cuba tiene creadas las condiciones básicas para estudiar, elaborar y contribuir a la realización de un gran estudio en el capítulo correspondiente a la Historia de la Salud Pública Cubana.

La doctora Anne Emanuelle Bern, residente en Salud Internacional OPS/OMS, Washington y Faculty Associate del "Johns Hopkins" University, Baltimore, EUA presentó su ponencia Historia del imperialismo y la Salud Pública. La Fundación Rockefeller en México.

Señala la contradicción norteamericana sobre la necesidad del estudio histórico de la salud pública, así como la dificultad de establecer una línea divisora entre salud pública y medicina, y cómo muchos de los médicos y salubristas famosos se convirtieron en historiadores al jubilarse. Que los historiadores han ido progresivamente en la búsqueda de fuentes documentales, a partir de estudios laborales, contextualización social de las enfermedades y la educación salubrista entre otras.

Ahondando sobre el tema afirma que la historia social conlleva un reconocimiento social, donde la transformación del estado de salud es un gran reto social, que es necesario adaptar el punto de vista epistemológico, y que conlleva una base metodológica más vigorosa a fin de poder llegar a la verdad histórica, donde sus fuentes —modelos y paradigmas— son contradictorias en los análisis que realizan los científicos e historiadores.

Que al nivel conceptual hoy tenemos entendimientos de lo que representan los términos "salud pública" y "salud internacional"; donde "salud pública" es el campo que investiga y practica sobre cuestiones de salud a nivel poblacional en vez de personal y "Salud Internacional" es un término que fue utilizado por la Fundación Rockefeller quien transformó el campo con la creación de la Comisión Internacional de Salud en 1913, sacándolo por primera vez del contexto colonial. Los trabajos de los investigadores con frecuencia son sesgados por el contexto social y político y por las experiencias de los investigadores.

A continuación especifica los papeles que han representado diversas organizaciones en los análisis históricos del desarrollo de la salud pública en los Estados Unidos de Norteamérica y a nivel mundial, tales como: Asociación Norteamericana de Historiadores de la Medicina; Grupo de Historia en Salud Internacional (OPS); Grupo de Historia del Comite de Salud de la Liga de las Naciones (OMS); y la Red de Ciencias y Empirismo (Francia).

Especifica que muchos de los estudios históricos realizados sobre la salud pública han carecido de rigor científico, debido en ocasiones a las falacias de los propios historiadores sobre salud pública en los EUA. Argumenta en la necesidad de trabajar con el fin de contribuir a la conceptualización futura de nuestra historia de la salud pública yendo de la transición actual de la epidemiología norteamericana y europea hacia la de América Latina.

A continuación hace referencia a su trabajo sobre la historia de la salud pública mexicana y la Fundación Rockefeller. Señala que lo que se entiende como salud colonial o salud imperial también puede ser aplicado a la salud internacional, porque tiene lugar en condiciones de dependencia económica, social y cultural, o política.

Ejemplo de ello ha sido la relación que a principios del siglo xx se desarrolló entre México, la Fundación Rockefeller y los EUA. Primero, la salud militar significó un impulso para la intervención higienista, al tiempo que las medidas higiénicas impulsadas por el Servicio Norteamericano de Salud Pública coincidieron con la invasión militar del puerto de Veracruz en 1914. En segundo lugar, aquella relación demostró la necesidad de proteger la población del país imperial, ya que la fiebre amarilla podría atravesar fronteras y océanos e interrumpir el comercio internacional.

A fin de eliminar esta amenaza, la Fundación Rockefeller impulsó una enorme campaña mundial contra la fiebre amarilla; cambiando su enfoque, después de su erradicación, para dar mayor importancia a enfermedades como el paludismo y la uncinariasis, que en sí no constituían los problemas de salud más importantes en América Latina. Posteriormente, la Fundación participó en la organización del sistema gubernamental de salud públca, y con ese objeto ayudó a crear una infraestructura de salud que representaba los intereses norteamericanos. Los directivos de la oficina de Nueva York estaban muy contentos: "Si la infiltración del Departamento de Salubridad sigue... podemos mirar el futuro con verdadero optimismo".

El "desarrollo" alcanzado por México no sólo ha servido para empobrecer económica y políticamente, sino también cultural y espiritualmente. Los efectos sociales son más difíciles de investigar pero son muy importantes. La Fundación promovió la conceptualización biologista de la salud y la enfermedad, en vez de las consecuencias económicas y sociales donde los problemas se resolvían sólo con soluciones técnicas. La tarea de evaluar el efecto del imperialismo en términos de salud constituye un gran desafío. El reto de la nueva salud internacional es combinar los esfuerzos cooperativos en el campo de la salud pública con acciones bilaterales y multinacionales en los campos sociales, políticos y económicos.

El doctor Carlos Viesca Profesor del Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la Facultad de Medicina de la UNAM, México, presentó su ponencia: "Eduardo Liceaga y la participación mexicana en la fundación de la Organización Panamericana de la Salud".

Inicia su exposición con una referencia a los antecedentes de las primeras dos conferencias internacionales americanas, que habían versado sobre la necesidad cada vez más imperativa de un acercamiento entre las naciones del continente y de dar unidad a las medidas que fueran de interés común; significa cómo la segunda conferencia concluyó con la adopción de diferentes resoluciones que recomendaban la adopción por la república de diversas medidas relacionadas con la política sanitaria y las cuarentenas en los puertos marítimos. Señaló cómo desde 1890, cuando la Asociación Americana de Salubridad Pública invitó al Consejo Superior de Salubridad de México a formar parte de la asociación, se produjo un intercambio muy fructífero entre ambas partes, que posibilitó que el siguiente congreso se celebrara en México a finales de 1882, siendo electo presidente de la Asociación el doctor Félix Formentol, y el doctor Eduardo Liceaga en la Presidencia del Comité Local.

El doctor Liceaga rindió anualmente ante la Asociación un breve informe del estado de la campaña contra la fiebre amarilla en México y de los casos observados en el año correspondiente y de las localidades en que se encontraron. Estos trabajos fueron impulsados tras el descubrimiento por el doctor Carlos J. Finlay del agente trasmisor de la fiebre amarilla y llevó a cabo un exitoso control de la epidemia paulatinamente en diferentes poblaciones mexicanas, hasta declararla extinta en 1912. Detalle político, fue el nombramiento de miembro honorario otorgado en 1893 al Presidente Porfirio Díaz y más de carácter operativo el de Liceaga como Presidente de la Asociación en 1896, lo que le dio un viso internacional que sería corroborado con la Presidencia de Finlay en 1904. Se especifican muchas de las acciones que acometió Liceaga en dicha Asociación y en particular todo lo concerniente a la necesidad de concertar las relaciones entre las autoridades sanitarias de todos los países de América.

En la alocución de Liceaga el 2 de diciembre de 1902 en la Primera Convención Sanitaria Internacional, expresó sus criterios sobre las acciones y decisiones que deberían acometerse a corto plazo, en relación con el compromiso de la notificación obligatoria internacional de las enfermedades epidémicas y los términos comunes a aplicar en las cuarentenas portuarias y fronterizas acordes con los más modernos criterios científicos, las cuales después de intensas discusiones pudieron concretarse el 5 de diciembre. Liceaga fue designado Vicepresidente de la Oficina Sanitaria Internacional.

En el marco de la Segunda Convención Sanitaria Panamericana, Liceaga centró el ánimo de los delegados en dos puntos fundamentales: el incumplimiento de las resoluciones adoptadas en Washington y la obsolescencia de las cuarentenas tradicionales. Es realmente en esta ocasión donde quedaría definitivamente constituida la Oficina Sanitaria Internacional, a la que ahora se podía añadir el calificativo de Panamericana.

Finalmente explicó que se convocó una Tercera Convención que se celebró en México en 1907 bajo la Presidencia de Liceaga, donde se consolidarían los vínculos establecidos, se ampliaría la agenda de los temas a tratar, y a partir de la cual, la Oficina Sanitaria Internacional continuaría su labor por una mejor salud de los pueblos americanos.

Abierto el debate sobre las dos ponencias presentadas, se efectuaron múltiples intervenciones, cuyos elementos esenciales fueron los siguientes:

Todas estas consideraciones fueron aprobadas por consenso durante el desarrollo de la sesión plenaria.

El relato general del encuentro es sometido a la consideración de todos los participantes el cual es aprobado por unanimidad. Se acuerda anexar al relato final la dirección de los participantes en el encuentro, así como la elaboración de una carta de intención que recoja la esencia de las recomendaciones a fin de poder elaborar un plan inicial de acción conjunta a evaluar en un Segundo Encuentro Iberoamericano de historiadores de Salud Pública.

Ciudad de La Habana, 18 de febrero de 1994.

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