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Cuaderno de Historia No. 80, 1995

El médico José Fernández Madrid, prócer de la independencia colombiana y su solidaridad con Cuba1

Por el Dr. Gregorio Delgado García2
  1. Trabajo presentado ante la Conferencia Científica Internacional Historia de la Solidaridad de y con Cuba. Siglos XIX y XX. Instituto de Historia de Cuba, La Habana, Noviembre 28 de 1994.
  2. Historiador Médico del MINSAP y Jefe del Departamento de Historia de la Salud Pública de la Facultad de Salud Pública.

Introducción

No fueron pocos los revolucionarios latinoamericanos en el siglo XIX que enfrascados en las luchas independentistas de sus países llegaron a nuestras costas en momentos difíciles de sus azarosas vidas para encontrar refugio pasajero y punto de apoyo a nuevas acciones que les permitieran alcanzar lo que entonces era el destino mayor de los pueblos de habla hispana: la completa independencia de la metrópoli ibérica.

En los años finales de la década de 1810 y primera mitad de la de 1820 vivieron en Cuba cuatro figuras importantes de estas luchas, que es preciso ahondar en sus actuaciones en la capital de la colonia y en Puerto Príncipe (Camagüey) y reafirmar su importancia en los primeros movimientos independentistas cubanos. Ellos fueron el poeta argentino José Antonio Miralla, el escritor ecuatoriano Vicente Rocafuerte, el jurista y político peruano Manuel José Vidaurre y el médico y poeta colombiano José Fernández Madrid.

En el presente breve estudio me propongo exponer algunos datos de la vida y obra del doctor Fernández Madrid destacando su actuación en Cuba.

Nacimiento, origen de clase y estudios

José Luis Fernández Madrid y Fernández de Castro nació en Cartagena de Indias, Colombia, el 19 de febrero de 1789. Su ascenden cia por ambas ramas familiares era de la más rancia aristocracia española en sus colonias americanas.

Su padre don Pedro Fernández Madrid y Rodríguez de Rivas, natural de Guatemala, llegó al Virreinato de Nueva Granada en 1777 y allí desempeñó altos cargos: Intendente General, Director de Rentas y superintendente de la Real Casa de la Moneda. No menos importante lo fue su abuelo paterno, don Luis Fernández Madrid, que ocupó los puestos de Miembro del Consejo del Rey de España, Caballero de la Orden Calatraba y Oidor de las Audiencias de Guatemala y México. Un antecesor suyo en el siglo XVI, don Alonso Fernández Madrid, fue desde la ciudad de Toledo corresponsal de Erasmo de Rotterdam.

Por la rama materna, su progenitora doña Gabriela Fernández de Castro era hija de don Diego Fernández de Castro que fue gobernador, Capitán General y Presidente de la Real Audiencia de Guatemala.1

Instalada la familia en Santa Fe de Bogotá, el joven Fernández Madrid ingresa en 1800 en el famoso Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario de la propia ciudad, donde se van a poner de manifiesto sus extraordinarias cualidades intelectuales. Por esta época su incansable afán de lecturas lo llevó a reunir una extensa biblioteca con las obras de los mejores autores españoles y franceses, entre estos últimos y como sus preferidos los enciclopedistas.

Terminados los cursos de humanidades continuó en el propio Colegio Mayor de la Orden de los Dominicos, con categoría de Real y Pontificia Universidad, en sus facultades correspondientes, los estudios de cánones y medicina, para graduarse de doctor en ambas carreras antes de cumplir los veinte años de edad. En medicina recibió el grado el 21 de enero de 1809 y se le extendió el título el 16 de febrero siguiente.2

En estos años de estudiante en Bogotá participó en la famosa Tertulia del Buen Gusto, donde se reunían los principales intelectuales y científicos del momento y publicó poemas en el periódico El Alternativo del Redactor Americano dirigido por el pardo bayamés Manuel del Socorro Rodríguez, iniciador en Colombia del periodismo con El Semanario, cuyo primer número vio la luz el 1 de enero de 1781.3 También colaboró en el Seminario del Nuevo Reino de Granada del sabio polígrafo colombiano Francisco José de Caldas, donde dió a la estampa su "Oda a la noche", de la que se ha dicho que es de los primeros indicios de la reacción literaria contra el neoclasicismo que entonces imperaba en todo el continente.1

Recién graduado publicó su primer trabajo científico con el título "Memoria sobre la naturaleza, causas y curación del Coto" en el semanario de Francisco José de Caldas, quien le dedicó entusiastas elogios.

Actuación independentista en Colombia

La formidable obra de modernización de la enseñanza llevada a cabo por el gaditano José Celestino Mutis, en materias de astronomía, medicina y matemáticas; la expedición botánica y los Viajes por Nueva Granada de Alejandro de Humboldt y Aimé Bonpland que completaron en cuanto a conocimientos de estas tierras, los realizados en la primera mitad del siglo XVIII por Carlos María de La Condamine, Pedro Bouguer y Luis Godin; las consecuencias políticas del fracaso de la Revolución de los Comuneros del Socorro que terminó con el suplicio de José Antonio Galán, representante de las masas populares, traicionado, engañado y finalmente ahorcado y descuartizado el 1 de febrero de 1782 y la presencia de una de las figuras más apasionantes de la historia de la revolución hispanoamericana, Antonio Nariño, todo esto contribuyó a revelar la riqueza potencial de la Nueva Granada y a llevar al ánimo de los criollos cultos la convicción de la necesidad de independencia de la metropoli española para lograr su completo desarrollo político, económico y cultural.

Los actos revolucionarios se sucedieron y la presión de las masas obligó al Virrey Antonio Amar a convocar cabildo abierto. De este cabildo saldrá, el 20 de julio de 1810, la delcaración que, si bien por una parte reconoció derechos condicionados a Fernando VII, por otra, creó una Junta Suprema, impuso el respeto a la voluntad popular y exigió que se conservara la libertad e independencia de Nueva Granada. El acta de aquella sesión, redactada por el regidor Acevedo y Gómez, es considerada por todos los colombianos como el acta de su independen cia.

La marea independentista se iniciaba con fuerza y ya no podrá ser detenida. El joven doctor Fernández Madrid participa en todos estos actos. La Junta Suprema de Santa Fe desconoce al Consejo de Regencia de la ya ex-metrópoli y propone la convocatoria de un congreso y la creación de un gobierno con representación de las provincias. Surge entonces el choque entre las viejas tendencias localistas de las provincias y el espíritu centrista de la capital, deseosa de conservar su autoridad sobre aquellas. Cartagena proclama su independencia absoluta y crea su propia Junta el 11 de noviembre de 1811 y otro tanto hacen las demás provincias desconociendo a la Junta Suprema de Santa Fe.

Aparece así el odio entre centralistas y federalistas, como había surgido en México, Centro América, Venezuela, Río de la Plata y en casi todas partes de América. La figura principal del centralismo lo será Antonio Nariño y del federalismo Camilo Torres.4 Fernández Madrid fue al principio centralista junto a su amigo Nariño y más tarde convencido federalista.

Por esta época fundó con el ilustre patriota colombiano Manuel Rodríguez Torices el semanario El Argos, de innegable importancia política y literaria, donde publicó los poemas patrióticos que le dieron celebridad, como entre otros, "A los libertadores de Venezuela de 1812" y "A la muerte del General Anastasio Girardot" y en él aparecen también sus primeros artículos políticos.1

La guerra civil desangra y desintegra a la Nueva Granada. España interviene. Nariño traicionado es hecho prisionero y enviado a las cárceles ibéricas. Simón Bolivar vuelve a Nueva Granada en 1814 y Fernández Madrid es de los que con mayor vehemencia se pronuncia a favor del nombramiento del Gran Libertador como Capitán General Jefe del Ejército destinado a la conquista de Santa Fe de Bogotá. La ciudad es liberada y se establece una unidad precaria sobre base federal, bajo el gobierno de un triunvirato provisional integrado por Manuel del Castillo Rada, Joaquín Camacho y José Fernández Madrid.5 El médico encuentra tiempo para contraer matrimonio en 1815 con su compatriota Francisca Domínguez Roche, que será su fiel compañera y lo seguirá siempre a todas partes.

Ante dolorosas incomprensiones Bolivar abandona Nueva Granada y marcha a Jamaica. Un poderoso ejército es enviado por Fernando VII al mando del sanguinario general español Pablo Morillo. El triunvirato es sustituido por Camilo Torres como presidente de las Provincias Unidas y al siguiente año, 1816, es nombrado presidente Fernández Madrid, en circunstancias gravísimas y con la certeza de que no era el hombre que podía llevar a feliz término tan difícil tarea.

Con 27 años escasos de edad, sin medios de resistencia, divididas las opiniones, sin autoridad, sin prestigio militar para reunir siquiera los restos del ejército desmoralizado y derrotado, marchó el presidente Fernández Madrid con muy pocos leales al sur. Al llegar a Popayán renunció su alto cargo ante la Comisión Legislativa permanente, que aceptó su dimisión y nombró al General Custodio García Rovira.

Morillo mientras tanto, iba ahogando en sangre la primera independencia de los colombianos. Entre sus víctimas figuraron el bravo Camilo Torres y el sabio Francisco José de Caldas, ambos amigos entrañables de Fernández Madrid y el último además, su maestro.

Después de cuatro meses de sitio, Cartagena cae en manos de Morillo no sin antes dejar escrita una de las páginas más heroicas de la historia de América. El 6 de mayo de 1816 es invadida por los realistas Santa Fe de Bogotá.

Perseguido después de la derrota en Chuchilla del Tambo, emboscado y sin recursos en ásperas montañas, cae prisionero Fernández Madrid en la población de Chaparral, cuando buscaba una salida hacia la selva de los Andaquíes. Es entonces que comete el error del que se lamentará el resto de su vida. Profundamente abatido, perdida toda esperanza, dirige al criminal vencedor una misiva implorando su generosidad y ofreciendo adhesión a la causa del rey, pero sin comprometer antes ni después a ninguno de sus compatriotas con infame delación. De este suceso comentará el escritor y político colombiano don Miguel Antonio Caro, muchos años después también presidente de la República: "Pecó contra su propia gloria, no contra la salud de la patria".1

Llevado a Santa Fe de Bogotá ante el propio general Morillo, este le perdona la vida, lo condena a destierro en España y le dice: "Dentro de tres días marchará usted a la Corte. Vaya usted a aprender lealtad de sus parientes" y agregó, "No piense usted que me engaña, usted es insurgente y lo será hasta morir".1 Y no se equivocó el tristemente célebre "pacificador" de la Nueva Granada.

Obra científica y literaria en Cuba

A finales de 1816 sale deportado Fernández Madrid para España acompañado de su esposa y de su hermano menor, el coronel del ejército neogranadino Francisco Fernández Madrid. La nave que los conducía estaba en tan malas condiciones, que haciendo aguas por todas partes y a punto de naufragar, llegan a un lugar desconocido que resultó ser la Bahía de Cochinos, en la Ciénaga de Zapata, al centro y sur de Cuba, de donde fueron después llevados al Surgidero de Batabanó.

El comandante de la guarnición, un joven habanero de amplias relaciones entre los hacendados de la zona, les hizo la estancia muy agradable a los desterrados y unos días después, los trasladó a La Habana con cartas para sus amistades de la capital de la colonia.

En La Habana, sus nuevos amigos mueven influencias y su salida para la península se va postergando hasta el límite de no llegar a producirse nunca y dársele por cárcel la ciudad y sus alrededores.

Los trámites de examen ante el Real Tribunal del Protomedicato de La Habana los realiza en enero y febrero de 1817. El 25 de febrero pide a dicho Tribunal que le autorice a ejercer la medicina sin presentar sus títulos de "Médico, de Doctor y otros documentos" por habérseles extraviado; sin embargo, en el Archivo Histórico de la Universidad de La Habana, en el expediente de estudios antiguo 4 426, correspondiente a la documentación de Fernández Madrid en el mencionado Tribunal, aparece en latín el original de su título de Doctor en Medicina.2

El 27 de febrero de 1817 el referido tribunal habanero le extendió certificación de médico lo que le permitía ejercer su profesión en la isla, al principio se encargó de los esclavos recién desembarcados en los barracones en las afueras de la ciudad, en lo que es actualmente el Paseo del Prado y el barrio de Colón, pero el buen éxito de su ejercicio hace que soliciten sus servicios las principales familias de la capital y fueron muy comentados sus tratamientos en la curación del Capitán General Juan Manuel Cagigal, su esposa venezolana y la hija del Comandante General de Marina Miguel de Gastón.

Sus relaciones se van ampliando cada día más sobre todo entre los miembros de la Real Sociedad Patriótica de Amigos del País, donde gana valiososo protectores, entre ellos, el progresista Obispo de La Habana Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, lo que hace que se le nombre como médico en los hospitales de caridad de la ciudad.

Desde su llegada al país Fernández Madrid va a desarrollar una brillante labor científica. En las Memorias de la Real Sociedad Patriótica publica en el propio año 1817 su Memoria sobre la disentería en general y en particular sobre la disentería de los barracones.

En 1821 publica su valiosa monografía agrónoma Memoria sobre el comercio, cultivo y elaboración del tabaco en esta Isla. Imp. Fraternal, con la que obtiene premio de la Real Sociedad Patriótica y una segunda edición aumentada al siguiente año. En 1821 ve también la luz su Ensayo analítico sobre la naturaleza, causas y curación de las calenturas Thermo--Adynámica y Thermo-Atáxica, llamada calentura amarilla de América, vómito prieto, etc. en que se da idea de la naturaleza y curación de las demás calenturas. Imp. Fraternal.

En este estudio Fernández Madrid opina que la principal causa del desarrollo de dicha enfermedad es la acción intensa del calor sobre los sistemas muscular y nervioso muy a tono con las ideas médicas climatológicas de su tiempo. Traducida al francés por el doctor Lando y mucho más extensa (216 pág.), fue publicada en París en 1822 y es el único libro cubano citado en la monumental obra del doctor Antonio Fernández Morejón Historia bibliográfica de la Medicina Española , Tomo VI, Madrid, 1850.6

El año anterior a su partida de Cuba publicó el estudio que había presentado ante la Real Sociedad patriótica el 16 de diciembre de 1822, su famosa Memoria sobre el influjo de los climas cálidos y principalmente del de La Habana en la estación del calor. Imp. del gobierno y Capitanía General, 1824, 117 págs., en que estudia las enfermedades febriles que se presentaban en la capital de la isla entre los meses de mayo a octubre y principalmente de junio a septiembre, incluyendo ubicación topográfica, posibles causas, observaciones clínicas, métodos curativos y modos de evitarse. En ella se da, por primera vez en la literatura médica cubana, una clara descripción clínica de la malaria o paludismo. Esta noble memoria le valió a su autor el diploma de socio de mérito de la Real Sociedad Patriótica de La Habana.7

Alternaba estas publicaciones de verdadero rigor científico con poesías en la prensa que causaron gran influencia en la juventud intelectual que repetía sus poemas La hamaca, A mi bañadera, Las Rosas o Comida en un cafetal, llenas de un humorismo ligeramente melancólico y A la restauración de la Constitución Española, celebrada más tarde por el eminente crítico venezolano Andrés Bello y reproduci da, con otras, en la América poética de Valparaíso.

En 1820 con el título de Las Rosas, Imp. fraternal, publicó un tomo de versos que según Francisco Calcagno es lo mejor de su obra poética8 y tradujo el libro del poeta francés Jacobo Delille Los tres reinos de la naturaleza. En 1822 publicó su tragedia en versos, en tres actos, Atala, Imp. Fraternal y ese mismo año su libro Poesías , Imp. Fraternal, 183 págs.9

Su obra poética recibió duras críticas de don Marcelino Menéndez y Pelayo, mas que por su calidad por su contenido político independen tista y de Domingo Delmonte, nuestro erudito crítico literario cubano-venezolano. Fue amigo íntimo de los poetas Manuel de Zequeira y Arango, Ignacio Valdés Machuca y Prudencio Hechevarría y O'Gaban, influyó en José María Heredia que lo conoció y frecuentó desde su regreso a La Habana en 1821 y también sobre Francisco Iturrondo, que en 1830 lloró su muerte en una bellísima elegía.

Actuación revolucionaria de solidaridad con Cuba

Su condición de intelectual revolucionario que había tomado parte activa en las luchas independentistas neogranadinas, indiscutiblemente le granjeó desde su llegada a Cuba la simpatía de la clase de hacendados cubanos donde ya se venía forjando la incipiente conciencia nacional.

El 15 de abril de 1820 el pueblo habanero unido con determinados elementos revolucionarios dentro del propio ejército español obligó al Capitán General Juan Manuel Cagigal a jurar la Constitución proclamada en España en virtud de la rebelión militar del general Rafael del Riego y Núñez en Cabezas de San Juan. En esa peligrosa ocasión la oratoria vibrante del poeta revolucionario argentino José Antonio Miralla logró calmar los ánimos del pueblo lo que permitió que el Capitán General saliera a los bajos del Palacio para jurar la Constitución.

Fernán dez Madrid, a pesar de sus relaciones profesionales con el general Cagigal publicó en la prensa su poema Al ciudadano Miralla con motivo de haber sosegado el furor del pueblo el 15 de abril de 1820, en el que elogia la valiente actitud de su amigo y la puesta en vigor de la Constitución.

El 5 de julio ve la luz el primer número del semanario El Argos , periódico fundado por Fernández Madrid en unión de sus inseparables compañeros de destierro José Antonio Miralla y el escritor revoluciona rio ecuatoriano Vicente Rocafuerte, en recuerdo del periódico fundado en su país por el médico neogranadino en 1810 con el patriota Manuel Rodríguez Torices. El periódico se mantendrá hasta el 15 de mayo de 1821 en que apareció su número 34.10

En El Argos va a volcar Fernández Madrid su pensamiento político americanista y su apoyo a la independencia de Cuba. En el primer número comentando una noticia aparecida enun periódico norteamericano sobre la posibilidad de que Cuba pasase por compra a manos inglesas, afirma el médico suramericano que eso pudo ser en el pasado lejano, pero no en los días que corren, en que esa posibilidad estaba descartada.

En el segundo número escribe el artículo España en 1808 y en 1820 en el que expone que el "fuego de la libertad prendido en España se prolongaría al norte y acaso no bastarían a detenerlo los hielos eternos de la Rusia".11 Y nos preguntamos si el intelectual colombiano tan al tanto del movimiento liberal en Europa no tendría noticias de las inquietudes revolucionarias en la tierra de los zares que llevarían unos años después (1825) a la conspiración de los decembristas.

Otro artículo que llama la atención es su estudio biográfico-crítico sobre el polígrafo liberal francés Constantino Volney, autor que se leía entonces con mucho entusiasmo por la juventud habanera y del que apareció impreso en La Habna en los primeros días de 1821 su pequeño libro La Ley Natural o Principios Físicos de la Moral, traducido por autor anónimo, que es casi seguro sea Fernández Madrid. También por esa época tradujo José de la Luz y Caballero, del mismo pensador francés, Viaje por España y Siria.

En otro número Fernández Madrid publica un Proyecto de Confederación Patriótica en el que examina la atrevida idea de lo poderosa que resultaría la unión de los pueblos independientes del continente americano, unidos a la propia España libre, y dedica todo un artículo sobre la convivencia del establecimiento inmediato de la forma republicana en España.

Cuando el libertador Agustín de Itúrbide se hizo proclamar emperador de México, los tres amigos lo atacaron tenazmente defendiendo los ideales republicanos encarnados en las figuras de Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero.

El Argos fue sin lugar a dudas uno de los periódicos en que más claramente se expuso el pensamiento revolucionario americano de la época en Cuba y su influencia en la nueva generación se hizo sentir rápidamente con la aparición de otros nuevos periódicos, aprovechando la libertad de prensa, editados por jóvenes habaneros como El Indicador Constitucional (1820-1823), El Americano Libre (1822) y El Revisor Político y Literario (1823), lo que les ganó la arremetida de los periódicos más reaccionarios que circulaban entonces como El Español Libre y La Concordia Cubana. 12

Pero no sólo con la forja de conciencias desde sus artículos en la prensa ayudaba Fernández Madrid a sentar las bases para la futura independencia de Cuba, sino con actividades encaminadas a viabilizarla de alguna manera.

Vicente Rocafuerte, en sus artículos autobiográficos recopilados por José Antonio Fernández de Castro y publicados en México D.F. (1947) bajo el título de Un Americano Libre,13 afirma que en tiempos de la proclamación en la isla de la constitución española, en abril de 1820, existía en La Habana, en correspondencia con otras de Caracas una sociedad secreta presidida por Fernández Madrid. Esta sociedad la integraban además, Miralla, Rocafuerte, otros emigrados de Colombia y Venezuela y numerosos habaneros, los que se reunían para estudiar la forma de favorecer la causa común independentista y de tratar de evitar, detener o retardar los auxilios que desde la isla se enviaban a los ejércitos de España, evidentemente tomaron los miembros de la sociedad participación decisiva en los sucesos del 15 de abril de 1820, al proclamarse en La Habana la constitución española, suceso sobre el que publicó Fernández Madrid su famosa oda A la restauración de la Constitución Española, de la que según el bibliógrafo Carlos M. Trelles se hicieron tres ediciones por aquellos días6 y que fue muy celebrada por Andrés Bello.

Se iniciaba en forma callada, pero muy activa la conspiración de Soles y Rayos de Bolivar la que incrementaría su auge cuando las tropas del rey de Francia, Luis XVIII cruzaron la frontera española en 1823 para disolver las Cortes y restaurar con poder absoluto en la península a Fernando VII, quien no se conformó con reprimir sangrientamente toda manifestación liberal, sino que impulsó el viejo proyecto de reconquistar las colonias de América, para lo cual se utilizaría a Cuba como base importante de operaciones militares.

Fernández Madrid actuó entonces con gran sigilo y se sumergió en su ejercicio profesional, en apariencias desvinculado de las actividades revolucionarias, para poder así ayudar a los perseguidos a embarcarse antes de ser detenidos o a evadirse de las prisiones en caso de que fueran encarcelados y en las noches, en solitario, a escribir encendidos versos revolucionarios como Canción a los pueblos de Europa y Canción Satírica, esta última dada a conocer cuando se restableció el poder absoluto en La Habana en 1824.

En medio de esta situación difícil para él y al comprender lo inútil que sería su permanencia en la isla para el movimiento independentista de los pueblos de América, salió de La Habana a mediados de 1825, sin que todavía se halla podido aclarar cómo, en dirección a su patria. Años más tarde al ser descubierta la conspiración de Soles y Rayos de Bolivar, a pesar de que en el largo proceso que se les siguió a los detenidos nunca se mencionó su nombre, el Capitán General Francisco Dionisio Vives en carta al exdiputado integrista Tomás Gener le afirmaría que "sabe muy bien que Miralla, Fernández Madrid y Tanco son el alma de la conspiración y que siempre han trabajado por la independencia".11

Los años finales de su vida

Con su esposa y tres hijos, que habían nacido en Cuba, se instala en Cartagena de Indias, su ciudad natal, donde se enfrasca en dolorosas polémicas sobre su actuación al caer prisionero de Morillo, y a su favor se levanta la voz de su amigo José Antonio Miralla que desempeñaba en esos momentos el cargo de Oficial Mayor de la Secretaría de Gobernación de Colombia y redactor de El Constitucional.

El 25 de marzo de 1826 fue nombrado Fernández Madrid Agente Confidencial de la República de Colombia en Francia, en cuyo cargo realiza una notable labor ante la corte reaccionaria francesa en pro del reconocimiento de su país y se relacionó con grandes figuras del liberalismo galo.

Por lo beneficioso de los resultados de su trabajo es ascendido en 1827 al cargo más importante de la diplomacia colombiana, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Gran Bretaña, con sede en Londres. Allí se encuentra con su entrañable amigo Vicente Rocafuerte que es Embajador de México ante la corte británica.

Publica sus Elegías Nacionales Peruanas que comprende composicio nes motivadas por hechos de la historia de los Incas y su libro Poesías , en que reúne casi toda su obra en versos e incluye su tragedia Guatimozin, escrita en La Habana, pero no publicada hasta entonces y su Oda a Bolivar. Con el conocimiento de sus poesías completas, ahora leídas serenamente, Rocafuerte le llama "el canoro cisne de Colombia".14

Con Cuba siempre en la memoria y en lo mejor de sus sentimientos, al saber que Bolivar anda en proyectos para su liberación, le escribe al Libertador:
 

"Hay mucha, mucha opinión en favor de la independencia de la Isla de Cuba, pero la empresa no es tan fácil como tal vez la pintaban a usted. Es necesario contar con que dentro de la Plaza de La Habana hay más de 6 000 soldados y más de 12 000 españoles de armas llevar. Destruir la isla es cosa facilísima; hacerla libre y feliz no es tán fácil, pero no es empresa digna de usted y necesaria".15

Muy delicado de salud y profundamente abatido por la muerte de sus dos pequeñas hijas se instala en 1829 en Barnes, pequeño poblado a pocas millas de Londres, donde recibe la consoladora visita de su amigo, el maestro y filósofo cubano, José de la Luz y Caballero y allí muere a los 41 años de edad, a pesar de los cuidados de notables médicos ingleses y de su abnegada esposa, el 28 de junio de 1830.

Félix Varela y José Antonio Saco, en El Mensajero Semanal de New York, escriben sentida necrología sobre el médico neogranadino. Domingo Delmonte, emocionado, enumera sus cualidades humanas, sus ideas liberales y su amor a Cuba y América. El poeta Francisco Iturrondo interpretando el sentir de todos los que lo conocieron en la isla, lo llora en su Elegía en la muerte de José Fernández Madrid.

Referencias bibliográficas

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  7. fernández Madrid J. Memoria sobre el influjo de los climas cálidos y principalmente del de La Habana en la estación del calor. Imp. del Gobierno y Capitanía General, La Habana, 1824, 117 págs.
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  10. Llaverías Martínez J. Contribución a la historia de la prensa periódica. Bol arch Nac Cuba 1925;enero-diciembre 24(1-6):14-31.
  11. Fernández de Castro JA. el revolucionario colombiano José Fernández Madrid y su actuación en La Habana. Rev Univers de La Habana 1942;40-42 (enero-junio): 27-48.
  12. Quintana Rodríguez J. Indice de extranjeros en el Ejército Libertador de Cuba. Pub Arch Nac de Cuba Tomo I. la Habana, 1943,388 págs.
  13. Rocafuerte V. Un Americano Libre (Artículos autobiográficos con prólogo y notas de José Antonio Fernández de Castro). Biblioteca Enciclopédica Popular, Secretaría de Educación Pública, México D.F. 1947, 92 págs.
  14. Fernández de Castro JA. Ensayos cubanos de historia y de crítica. Jesús Montero Ed. La Habana, 1943, 178 págs.
  15. . . Esfuerzos de un diplomático-poeta americano por la libertad de Cuba. Rev. Univ. de La Habana 1942;43-45(julio-dic):7-18.
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