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Cuaderno de Historia No. 81, 1996

Conferencia Dos

La salud pública en Cuba durante el periodo colonial español

La Iglesia Católica como administradora de la asistencia médica hospitalaria (1522-1833). El Real Tribunal del Protomedicato, primera institución de la administración de la Salud Pública en Cuba (1711-1833). Sus diferentes funciones. La enseñanza de la medicina en la Real y Pontificia Universidad de La Habana (1728-1842). En la primera conferencia explicamos muy brevemente los rasgos principales de la evolución histórica de la colonia (1509-1898); nos detuvimos, también brevemente, en la forma en que se llevaba a cabo la práctica médica en Cuba durante los siglos XVI, XVII y XVIII y dedicamos el final de la clase a exponer cómo los cabildos o ayuntamientos administraron las escasas medidas de salud pública y en qué consistieron éstas, las cuales se realizaron en nuestro país desde la fundación de la institución del gobierno municipal en 1511, hasta que de manera definitiva quedó establecido en La Habana en 1711 el Real Tribunal del Protomedicato; primera verdadera institución de la administración de la salud pública en Cuba.

En la presente conferencia veremos cómo esta responsabilidad fue compartida durante todo este tiempo y aún más, hasta 1833, con la Iglesia Católica, sobre todo en la asistencia hospitalaria; después explicaremos en qué consistió la institución del Real Tribunal del Protomedicato, cómo fue traída a América y su llegada a Cuba en fecha muy temprana, cuál era su estructura, cuáles sus funciones y durante qué tiempo estuvo vigente, para terminar la clase con la explicación de la enseñanza de la medicina en la entonces Real y Pontificia Universidad de La Habana, desde su fundación en 1728 hasta su secularización en 1842.

LA IGLESIA CATOLICA COMO ADMINISTRADORA DE LA ASISTENCIA MEDICA HOSPITALARIA (1522-1833)

Si bien habíamos dicho que a falta de una institución propia para la administración de la salud pública, fue el gobierno municipal quien tuvo a su cargo dichas funciones desde la instauración de la estructura estatal administrativa colonial, la Iglesia Católica, que formaba parte con el gobierno civil de la monarquía española, paralelamente estableció su estructura, con su institución de base correspondiente o parroquia, sostén ideológico de la monarquía, creada en cada municipio y que compartiría con el gobierno municipal las funciones de administración de la salud pública desde la fundación de los primeros hospitales.

Por lo tanto, por tener estas funciones la Iglesia, el emperador Carlos V ordenó al obispo de Cuba Juan de Ubite o Witte, en 1522, que fundara el primer hospital de la isla en Santiago de Cuba junto a su catedral, lo que parece que se hizo en ese propio año o en 1523. Después le continuaría uno en La Habana probablemente en 1538, uno en Bayamo en 1544 y ese mismo año otro en La Habana.

Estos primeros hospitales eran fundamentalmente instituciones de caridad con muy poca ciencia médica y sus edificaciones eran de tablas y yaguas de palma, con techos de guano, como las demás de las poblaciones o villas.

Sin intentar seguir la cronología de la fundación de los hospitales de Cuba, sí diremos que no fue hasta el siglo XVII que se comenzaron a fundar hospitales en distintas poblaciones a las ya referidas (Santiago de Cuba, La Habana, Bayamo), y que fueron las primeras: Sancti Spíritus (1712), Remedios (1721), Puerto Príncipe, actual Camagüey (1728), Guanabacoa (1755) y Bejucal (1776).

También se fundaron, administradas por la Iglesia, las llamadas convalescencias, donde se atendía a los enfermos que eran dados de alta de los hospitales sin haber logrado su completa curación; leprosorios, hospitales emergentes, originados por las epidemias y los asilos o casas de recogidas, de maternidad y beneficencia.

Es posible conocer las funciones de la Iglesia relacionadas con los hospitales por los estudios de sus archivos parroquiales, que incluyen los registros de nacimientos y muertes en sus libros de bautismo y asentamientos de fallecidos y por los informes enviados al rey sobre las visitas pastorales de los obispos de Cuba. En ellos se recogen los recorridos de inspección a iglesias, conventos y hospitales de toda la Isla a partir de la primera realizada en 1544 por el obispo fray Diego Sarmiento. Estas funciones fueron: fundación y atención a hospitales civiles o de caridad; cultivo de plantas medicinales para los hospitales; establecimiento en Cuba de órdenes religiosas masculinas y femeninas especializadas en el cuidado de enfermos para laborar en los hospitales; registros de nacimientos y fallecidos; fundación y atención de asilos para niños, mujeres y ancianos; enterramientos en las iglesias; establecimiento y administración de cementerios y medidas frente a las epidemias.

Figura 1
Figura 1.

El control absoluto de la Iglesia sobre hospitales, cementerios y asilos fue mermado al crearse la Junta de Beneficencia de La Habana en 1823, con motivo de los cambios constitucionales ocurridos en la Metrópoli; pero esto duraría muy poco tiempo, pues con la implantación nuevamente del poder absoluto en la península, por el infausto rey Fernando VII, cerraría sus puertas la Junta de Beneficencia doce meses después, para no abrirlas de nuevo hasta 1833, con motivo de la epidemia de cólera de ese año en que quedó establecida definitivamente.

EL REAL TRIBUNAL DEL PROTOMEDICATO, PRIMERA INSTITUCION DE LA ADMINISTRACION DE SALUD PUBLICA EN CUBA (1711-1833). SUS DIFERENTES FUNCIONES

El ejercicio de la medicina en todas sus manifestaciones estuvo regulado en España por los municipios, cabildos o ayuntamientos hasta el reinado de Juan II de Castilla (1406-1454). Dicho monarca extendió mediante real cédula de 1422, el título de protomédico (médico primero del reino) con autorización exclusiva para actuar contra "los crímenes y excesos que cometían los médicos, cirujanos, licenciados, farmacéuticos, etc. en el ejercicio de la profesión y con la autoridad suficiente para castigar conforme a derecho". Estas sentencias no eran apelables ante ninguna otra autoridad, ni ante el monarca.

Por la Ley Fundamental del Real Protomedicato decretada por los Reyes Católicos (1474-1516) el 30 de marzo de 1477, se daba forma al Real Tribunal del Protomedicato, primera institución de la administración de la salud pública española y las Reales Pragmáticas de 1491 y 1498 vinieron a completar las ordenanzas de dicho organismo.

El Protomedicato en su constitución y dada su naturaleza, podía afectar la forma de tribunal complejo y de tribunal personal. Sus funciones fueron variadas y pueden agruparse para fijar su estudio en: didácticas, correctivas y económicas.

Caían dentro de la primera denominación aquellas que tenían a su cargo la dirección de la enseñanza y demás asuntos relativos a la medicina y a la farmacia; se les consideraba correctivas a las que administraban justicia y su tribunal especial castigaba las faltas y excesos cometidos por los facultativos y perseguía el curanderismo, y por último, eran económicas, pues fijaban aranceles en las visitas a efectuar a las boticas y en los exámenes. Los fondos producto de estos ingresos se distribuían entre sus miembros o se les daba la aplicación que más convenía.

Las necesidades sanitarias de las colonias de América, cuya importancia económica era cada vez mayor para la metrópoli, hicieron que los reyes de España se ocuparan de estos asuntos en las llamadas Leyes de Indias, decretándose la Ley de 11 de enero de 1570 en la que se ordenaban nombramientos de Protomédicos generales para las colonias americanas.

Mediante esta ley quedó establecido el Protomedicato en América en los Virreinatos de México y Perú. Dos siglos después, en 1776 al constituirse el Virreinato del Río de la Plata, se fundó uno de estos tribunales en Buenos Aires y, lo mismo ocurrió en 1786 en Santiago de Chile. Otros Protomedicatos fueron fundados en Cumaná, La Florida, Louisiana, Panamá, Santa Fe y Veracruz.

Quizás por su importancia geográfica con respecto a la ruta comercial entre las colonias españolas del continente americano y su metrópoli, y no por el desarrollo alcanzado en la isla, Cuba fue una de las primeras colonias hispanas en ser favorecida con esta institución.

El 6 de febrero de 1632 el médico español, licenciado Francisco Muñoz de Rojas, presentó ante el cabildo de La Habana una petición para que dicho organismo solicitara al rey de España su nombramiento como protomédico de la ciudad de La Habana e Isla de Cuba, ya que nuestro país dependía entonces del Protomedicato de México. En esta sesión se aprobó hacer la solicitud a la corona.

Dos años y medio después en la sesión del 9 de septiembre de 1634, dicho facultativo presentaba ante el cabildo habanero la merced por la que el rey lo nombraba para tan importante cargo. Quedaba constituido ese día el Real Tribunal del Protomedicato en Cuba como tribunal personal, pues sólo contaba con el licenciado Muñoz como miembro.

Por muy poco tiempo ejercería su cargo el licenciado Muñoz, pues falleció en La Habana en 1637 sin que conozcamos ninguna de las actividades que realizó en tan breve tiempo.

Setenta y cuatro años tendrían que pasar para que se reinstaurara esta institución en Cuba; ocurrió hecho tan importante el 13 de abril de 1711, cuando el doctor Francisco Teneza y Rubira presentó ante el Cabildo habanero su título de Protomédico Real de la ciudad de La Habana y su jurisdicción, en cuya fecha prestó juramento del cargo.

El doctor Teneza, que alcanzaría renombre en estas funciones, era doctor en medicina y derecho y familiar del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, desempeñó el cargo de protomédico durante treinta y tres años, matizados por célebres pleitos que le dieron justa fama como persona altamente conflictiva, pero muy celoso guardián de las prerrogativas de su cargo.

Integrado al principio por un protomédico, más tarde lo constituyeron un protomédico primero, uno segundo y un fiscal y en sus últimos tiempos un protomédico regente, uno segundo, uno tercero, un fiscal propietario y uno sustituto. También llegó a contar esta institución en la casi totalidad de las ciudades y pueblos del país, con delegaciones, regidas por un facultativo y encargadas de supervisar el ejercicio de la medicina y las farmacias.

Desde su inicio tuvo el Protomedicato de La Habana además de las facultades de regulación del ejercicio médico en todas sus ramas y de la fiscalización de las farmacias, todo lo relacionado con las orientaciones sobre medidas sanitarias y sobre los hospitales, que antes habían desempeñado los ayuntamientos, ejemplo de los cuales aparecen recogidos en las Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana.

Otros organismos, que se fundaron producto del desarrollo de la organización de la salud pública en Cuba van a tomar en sus manos estas múltiples funciones; así las Juntas Central y Subalternas de Vacunación se encargarán de la aplicación de la vacuna antivariólica a partir de 1804, cuando se erigió la Junta Central en La Habana con el fin de propagar el descubrimiento de Jenner, hasta 1849 en que fueron incorporadas a las juntas de sanidad. Las Juntas Superior, Provinciales y Locales de Sanidad tendrán a su cargo todas las acciones de higiene pública o epidemiológicas a partir de 1813, de forma definitiva; y por último, las Juntas General y Municipales de Caridad y Beneficencia se encargarán de los hospitales y asilos desde 1833 hasta el final de la dominación española.

Con sólo su facultad de regulación del ejercicio médico en todas sus ramas, aunque participaban sus miembros en las deliberaciones de las otras instituciones antes citadas, continuó este tribunal hasta el 24 de diciembre de 1833 en que delegó esta última función en las Reales Juntas Gubernativas de medicina y cirugía y de farmacia, para cerrar con ello definitivamente sus puertas.

En resumen podemos decir que la institución del Real Tribunal del Protomedicato se fundó en España por Ley Fundamental de los Reyes Católicos en 1477 y se trasladó a América por Ley Primera de Indias de 11 de enero de 1570; que en las primeras colonias en que funcionó este Tribunal en América fueron los Virreinatos de México y Perú; que en Cuba fue fundado oficialmente por primera vez el 9 de septiembre de 1634 y dejó de existir con la muerte de su iniciador en 1637, fue restablecido el 13 de abril de 1711 y cerró sus puertas definitivamente el 24 de diciembre de 1833; sus funciones fueron la regulación del ejercicio médico en todas sus ramas y la supervisión de las farmacias, durante toda su existencia y las de orientación de medidas sanitarias y otras relacionadas con los hospitales antes de la fundación de organismos propios para estas funciones.

Es innegable el paso de avance que significó la instauración y funciones de este tribunal en el desarrollo histórico de nuestra salud pública en su período colonial español.

LA ENSEÑANZA DE LA MEDICINA EN LA REAL Y PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE LA HABANA (1728-1842)

Como dejamos expuesto en la primera conferencia la gran necesidad que tenía el país de médicos graduados en universidades y que poseyeran los conocimientos científicos de la época, todo ello unido a la presencia en la Isla de la Orden de Predicadores o Dominicos que habían fundado las primeras universidades del continente americano, determinó que se gestionara desde el siglo XVII la fundación de una institución docente de este tipo en La Habana.

La primera enseñanza médica impartida en Cuba parece corresponder a la brindada por los Hermanos de la Orden de San Juan de Dios en su Hospital de San Felipe y Santiago de La Habana, a los aspirantes a cirujanos romancistas en fecha aún no precisada, pero posterior a la reinstalación del Real Tribunal del Protomedicato en 1711, pues era ante él que se podían graduar estos facultativos menores de la medicina.

La enseñanza con categoría universitaria no comenzaría hasta 1726 en el convento de San Juan de Letrán de los Dominicos, también en La Habana, impartida desde el 12 de enero de ese año por el cubano bachiller en medicina de la Real y Pontificia Universidad de México, don Francisco González del Alamo y Martínez de Figueroa.

A esta enseñanza se le dió inicio cuando ya la Orden de Predicadores había sido autorizada por el Papa para fundar una universidad en dicho convento, pero sin haberla erigido todavía. No fue hasta el 5 de enero de 1728, dos años depués, que se funda e inaugura la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Gerónimo de La Habana; con ella quedaron formalmente establecidos los estudios médicos en nuestro país.

No es sin embargo, hasta 1734 al ser aprobados los estatutos y reglamentos de la nueva institución que entra legalmente en vigor el primer plan de estudios médicos de Cuba. Este contaba con cuatro asignaturas que eran: Anatomía, que también comprendía la Cirugía, hasta 1824 en que se creó esta asignatura independiente como quinta del plan; Fisiología o Prima, que recibía este último nombre porque era la primera que se explicaba en la mañana y que abarcaba un amplio estudio de las ciencias naturales; Patología o Vísperas, cuya segunda denominación se debía a ser la última en explicarse en la tarde y Methodus Medendi o Terapéutica. También tenían que aprobar la de Astrología, que era en realidad Astronomía, por la relación estrecha que desde entonces se tenían de las enfermedades con respecto al clima.

Estas asignaturas, que por cierto son los cuatro grandes pilares del conocimiento médico, eran enseñadas en cuatro años de la siguiente forma: Fisiología y Patología en el primero, estas dos y Anatomía en el segundo, las dos primeras y Terapéutica en el tercero y de nuevo Fisiología y Patología en el cuarto.

Esa distribución aunque parezca ilógica tenía su razón de ser. A los alumnos graduados ya de bachilleres en artes, que era el título que les permitía ingresar a los estudios médicos, se les daba desde el inicio de su formación superior conocimientos de las enfermedades y de las ciencias naturales en sus semejanzas con las funciones del cuerpo humano, se les explicaba después la estructura de este último y en años sucesivos se profundizaba más en sus funciones y enfermedades, a los que se agregaba el conocimiento de su terapéutica.

Una vez aprobados estos estudios se exigían dos años de práctica junto a un médico de reconocido prestigio profesional, para con cuya certificación, se le expidiera previa realización de los ejercicios de grado, el Título de Bachiller en Medicina, con el que debía presentarse a examen ante el Real Tribunal del Protomedicato, para poder ejercer entonces como médicos con algunos de los títulos que extendían en dicha institución.

Los graduados de bachilleres en medicina con dos años más de práctica podían realizar los ejercicios correspondientes a los grados mayores expedidos por la Universidad y que eran los de licenciado y doctor, pero es preciso recalcar que los títulos universitarios no tenían valor legal para el ejercicio de la medicina si no se examinaban sus poseedores ante el Protomedicato.

Hemos de decir también que para ingresar a la Universidad el aspirante debía probar documentalmente que pertenecía a la raza blanca, a la religión católica y que no era hijo natural, pues de no poseer alguno de estos requisitos la férrea discriminación racial, religiosa y social de la colonia le impedía su acceso a la misma.

El plan de estudio referido estuvo vigente en nuestro máximo centro docente hasta 1842 en que este fue secularizado, o sea pasó la institución de manos de los religiosos a manos de seglares.

La enseñanza de la medicina en esta etapa de Real y Pontificia Universidad de La Habana tenía el enorme defecto de carecer de todo tipo de aprendizaje práctico y sufrir un atraso considerable en lo teórico, que había sido superado ya por numerosas Universidades de Europa y algunas de América. Su enseñanza era verbalista, formal, anticientífica y dominada por el espíritu escolástico de la Edad Media. Contra ella alzaron sus voces, en el momento del despertar de la conciencia nacional los más preclaros cubanos, entre ellos el doctor Tomás Romay Chacón, la más alta figura científica del país en el campo de las ciencias médicas en la época y que había desempeñado por seis años la asignatura de Patología.

No obstante estas verdades, la fundación de la Universidad de La Habana en 1728 y como consecuencia de ello, el inicio de la enseñanza superior de la medicina en Cuba, representó para el país un avance tan extraordinario que no es posible ser comparado con ningún otro ocurrido en todo el período colonial español.

BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA

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