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Cuaderno de Historia No. 81, 1996

Conferencia Cinco

La salud pública en Cuba durante el periodo colonial español

Importancia de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana en la Salud Pública. La organización de la sanidad militar española y mambisa durante las guerras independentistas. La fundación de las primeras Sociedades Científicas y Laboratorios de Investigación en el período entre guerras (1880-1894). Deterioro de la organización de la Salud Pública Colonial en la guerra independentista de 1895-1898. Hasta este momento tenemos ya explicado el desarrollo de la administración de la salud pública en Cuba durante todo el período colonial español. En esa breve explicación que abarca cuatro siglos de la historia de nuestro país expusimos primeramente el papel que jugaron los cabildos o ayuntamientos y la Iglesia Católica cuando no existían organismos propios de la administración de salud; pasamos después a describir muy escuetamente el origen y desarrollo de estos organismos. Comenzamos por el Real Tribunal del Protomedicato, seguimos con las Juntas Central y Subalternas de Vacunación; las Juntas Superior, Provinciales y Locales de Sanidad; las Juntas Central y Municipales de Beneficencia y Caridad, para finalizar con las Juntas Superiores Gubernativas de Medicina y Cirugía y de Farmacia.

Agregamos, además, el papel tan importante que jugaron, como ayuda en muchos sentidos a la administración de salud pública, la Real Sociedad Patriótica de Amigos del País de La Habana; la prensa periódica médica y no médica, señalamos en ellas la aparición de la bibliografía médica cubana y la Universidad de La Habana, en la que destacamos su etapa de Real y Literaria, y su contribución a la formación de un médico acorde a las necesidades de la organización de la salud pública del país, para terminar con la exposición, muy breve, de cómo a causa de la insuficiente asistencia médica hospitalaria y ambulatoria que brindaba el sistema colonial surgieron la medicina privada y el mutualismo con sus casas de salud. Ellos constituyeron dos verdaderos subsistemas que se acrecentaron considerablemente en el período siguiente de la república burguesa, como una compensación del régimen capitalista al deterioro del subsistema de salud estatal, en el sistema de salud republicano.

En la presente conferencia completaremos el estudio del período colonial con la explicación de la importancia de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana en la salud pública; nos detendremos en la organización de la sanidad militar española en la paz y conjuntamente con la mambisa, durante las dos guerras independentistas; destacaremos la importancia de la fundación de las primeras sociedades científicas y laboratorios de investigación en el período entre guerras (1880-1894), para finalizar con una breve exposición sobre el deterioro de la organización de la salud pública colonial en la guerra de 1895-1898, con la que terminaremos el período que estudiamos.

IMPORTANCIA DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS MEDICAS, FISICAS Y NATURALES DE LA HABANA EN LA SALUD PUBLICA

Como una manifestación más del surgimiento de nuestra nacionalidad se forjó en la mente de algunos médicos cubanos la idea de establecer una Academia de Ciencias Médicas "en donde reunidos los profesores de más concepto en los ramos de medicina, cirugía, farmacia, química e historia natural trabajen de consenso, comunicándose las ideas, sometiéndolas a la discusión, publicándolas cuando conveniere y entablando las más importantes correspondencias con otras Sociedades y Academias literarias, sobre todo con las que reportan más interés al laudable objeto de asegurar la salud en este suelo y de comunicar mayores grados de esplendor a la Medicina Cubana".

Cupo la gloria de ser los iniciadores de esta empresa en 1826 a los doctores Nicolás J. Gutiérrez y Francisco Alonso Fernández, los que redactaron unos estatutos o reglamentos que enviaron al gobernador y capitán general de la Isla Francisco Dionisio Vives, así como una brillante exposición redactada por el doctor Tomás Romay al rey Fernando VII, sin que se obtuviera el resultado esperado.

Vendrían después más de treinta años de gestiones constantes del infatigable doctor Nicolás J. Gutiérrez y otros médicos cubanos que darían como fruto, después de la redacción de otros nuevos estatutos y una histórica exposición a la reina Isabel II, de los doctores Gutiérrez y Ramón Zambrana Valdés, enviados a ésta por conducto del gobernador general José de la Concha; que la soberana española dispusiera por Real Decreto de 6 de noviembre de 1860 el establecimiento de la "Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana".

El 19 de mayo de 1861 quedaba inaugurada la más alta institución científica del país bajo la presidencia del doctor Gutiérrez, que se mantuvo como tal en ella hasta su muerte ocurrida en 1890. Su inauguración se llevó a cabo en la antigua Iglesia de Santo Domingo, en aquel momento capilla de la Real y Literaria Universidad de La Habana, en el lugar que hoy ocupa el edificio central del Ministerio de Educación.

La Real Academia estaba dividida en sus inicios en tres secciones: una de Medicina y Cirugía con veinte miembros, una de Farmacia con cinco y otra de Ciencias también con cinco. Estos treinta miembros fundadores constituían, sin lugar a dudas, el grupo más eminente entre los hombres de ciencias del país en la época.

En ella discutieron y depuraron sus ideas científicas verdaderos sabios de renombre internacional como entre otros, los naturalistas Felipe Poey Aloy y Carlos de la Torre y Huerta, el meteorólogo Andrés Poey Aguirre, el agrónomo Alvaro Reynoso Valdés, los médicos Carlos J. Finlay y Juan Santos Fernández y el ingeniero Francisco de Albear y Fernández de Lara, en el período colonial.

Esta notable institución serviría durante el período que estudiamos como organismo consultivo a la administración de salud pública en materias de higiene, epidemiología, terapéutica y hasta sanidad vegetal; como en el caso del estudio del agente productor de la gran epidemia en los cocoteros de Baracoa y medidas a tomar para erradicarla, en que dictaminó una comisión presidida por el doctor Carlos de la Torre y Huerta. No menos sería utilizada también como organismo consultativo, por la organización colonial de justicia en lo referente a emitir informes médico-legales en casos sumamente difíciles.

Todos sus dictámenes en estos aspectos están recogidos en su órgano publicitario Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, ya mencionada en la conferencia anterior como la más importante de nuestras revistas científicas.

LA ORGANIZACION DE LA SANIDAD MILITAR ESPAÑOLA Y MAMBISA DURANTE LAS GUERRAS INDEPENDENTISTAS

La asistencia médica necesaria a soldados y marinos españoles fue brindada desde los primeros años de la colonia por los hospitales de caridad y en las épocas de epidemias, en casas especiales habilitadas con ese fin, atendidas por facultativos civiles y por los pocos existentes en los barcos, en el ejército y por los frailes juaninos.

La sanidad militar española fue creada en 1837 por la Reina Gobernadora con arreglo al Decreto orgánico de 30 de enero de 1836. Nueve años después fue reorganizada por Real Decreto de 7 de septiembre de 1846. Durante todos estos años se crearán e incorporarán hospitales de acuerdo con las necesidades de la Sanidad Militar, pero continuarán bajo la autoridad de las Juntas de Beneficencia y Caridad.

Por Real Orden de 27 de junio de 1837 y por ley decretada por las Cortes Constituyentes sancionadas por Real Orden de 21 de noviembre de 1855, se dispuso que los hospitales militares de la Isla quedaran en el aspecto médico bajo la dirección del Cuerpo de Sanidad Militar. Desde ese mismo año dicho Cuerpo pudo contar, según la clasificación de la época, con un hospital de primera clase en La Habana, el Hospital Militar de San Ambrosio, sin lugar a dudas, el de mayor calidad de la Isla; dos de segunda clase, en Santiago de Cuba y Puerto Príncipe; nueve de tercera y trece de cuarta, en total veinticinco, sin contar los llamados de quinta clase que consistían en pequeñas instalaciones para atender soldados enfermos.

Si tomamos en cuenta que en esa misma época (1859) figuraban en el presupuesto de las Juntas de Beneficencia veintiocho hospitales de caridad en todo el país, correspondientes al subsistema de salud estatal y diez y seis casas de salud en los subsistemas privado y mutualista, llegamos a la conclusión de que la Sanidad Militar constituía dentro del sistema colonial un verdadero cuarto subsistema.

Su personal quedó compuesto en la Isla, por Real Orden de 27 de junio de 1863, por un sub-inspector médico de primera clase, como jefe del Cuerpo; un sub-inspector médico de segunda clase; tres médicos mayores; veinticinco primeros médicos; treinta y cinco primeros ayudantes médicos; diez y ocho segundos médicos ayudantes; un primer farmacéutico; ocho primeros ayudantes farmacéuticos y ocho segundos ayudantes farmacéuticos.

Además de estos oficiales médicos efectivos, el Capitán General nombraba a propuesta del jefe de la Sanidad Militar, todos los facultativos civiles que fueran necesarios para la asistencia del personal de los Regimientos, Batallones, Fortalezas y Destacamentos, los cuales desempeñarían estos empleos gratuitamente con el cargo de médicos de entrada bajo las órdenes, en estas funciones, del jefe de la Sanidad Militar en los mismos términos que los oficiales efectivos.

El Cuerpo de Sanidad Militar español en la Isla contaba como podemos apreciar, con una buena organización y suficiente número de facultativos y hospitales en tiempo de paz, a pesar de que durante las dos guerras independentistas pudo convertir en hospitales de sangre cuantas iglesias y edificaciones necesitó y de recibir todos los recursos del gobierno colonial, fue incapaz para atender con la calidad deseada, la mayor hecatombe epidemiológica a que fuera sometido ejército colonialista alguno en América. No en balde dijera el generalísimo Máximo Gómez que sus mejores generales lo eran los meses de junio, julio y agosto, en los que el aumento de mosquitos al inocular con sus picadas fiebre amarilla y paludismo, paralizaban prácticamente las operaciones del ejército monárquico.

Para tener una idea de lo que representaron para el ejército español las enfermedades tropicales en Cuba, sólo diremos que de 150 000 soldados que envió en la Guerra de los Diez Años (1868-1878) 10 000 murieron solamente de fiebre amarilla, según el historiador médico doctor José A. Martínez-Fortún y en la Guerra de 1895, desde este año hasta 1897, murieron 13 808 por la misma enfermedad y para tener también una idea de la presión asistencial a que estuvo sometida su sanidad militar, sólo expondremos que de 200 000 soldados que mantuvo España en la Isla en la última guerra, el más numeroso ejército enviado por una potencia colonial europea a América, casi la cuarta parte (44 828) fueron atendidos en 1897 por padecer de enfermedades tropicales, solamente en el hospital Alfonso XIII de La Habana, actual "General Calixto García", que contaba con 27 médicos y 170 practicantes para su asistencia y en el hospital de Remedios se ingresaron como promedio ese año 1 000 soldados enfermos por mes.

Es importante agregar que hasta mediados de 1897 España había enviado a la Isla 600 médicos, cifra fabulosa en la época, de los cuales cincuenta murieron de fiebre amarilla y sólo cuatro de balas.

La Sanidad Militar mambisa contó, a pesar de sus escasísimos recursos con una magnífica organización, regulada en ambas guerras por Leyes de Organización Militar, como fueron la dictada el 9 de julio de 1869 y la del 28 de febrero de 1874 que mejoró la anterior, en la Guerra de los Diez Años.

El farmacéutico licenciado Pedro Manuel Maceo Infante que tuvo la gloria de ser el iniciador, desde su farmacia, del glorioso incendio de Bayamo, incorporado a las fuerzas libertadoras, fue el primero en ocupar la jefatura de la Sanidad Militar mambisa. Por Decreto del presidente de la república en armas Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo de 7 de abril de 1870, se nombró un Jefe Superior de Sanidad y un Jefe de Sanidad por cada uno de los tres estados en que quedó dividida la República en Armas por la Constitución de Guáimaro: Oriente, Camagüey y Las Villas.

Figura 5
Figura 5.

En la Ley de Organización Militar de 1874 quedaron fijados entre otros, referentes a la sanidad, los siguientes preceptos:

En la guerra de 1895-1898 el Cuerpo de Sanidad estuvo regulado por la Ley de Organización Militar de 1 de diciembre de 1897 en sus artículos 121 al 140, ambos inclusive. En ellos quedó plasmado que: Los médicos que formaban la Plana Mayor se distribuían como sigue: un brigadier, Director Jefe; un Jefe de Sanidad con el grado de coronel, por cada cuerpo de ejército (había seis cuerpos de ejército); un teniente coronel por cada división; un comandante por cada brigada; capitanes por cada regimiento o batallón; y un médico para los Cuarteles generales del General en Jefe, Lugarteniente General, Jefes de los Departamentos Militares, Inspección del Ejército y Consejo de Gobierno.

La Plana Menor o Brigada Sanitaria la componían: tenientes, que eran los ayudantes; alférez, los practicantes de primera clase; sargentos, los practicantes de segunda clase y soldados, que lo eran los simples practicantes.

Entre los deberes del cuerpo de Sanidad Militar estaba el de "tratar a los enfermos y heridos en (1) los campamentos, (2) en las marchas, (3) en los campos de batalla y (4) donde quiera que hubiera necesidad de los servicios sanitarios".

Es decir, que contaba con un servicio sanitario "móvil" en los campamentos, marchas y campos de batalla y otro "fijo" en hospitales, farmacias y comisiones especiales.

Para la curación de las heridas producidas en los combates y en los hospitales de campaña por practicantes y enfermos, se confeccionó la Cartilla Instructiva de 10 de enero de 1897.

El 10 de abril de 1898 se puso en vigor el Reglamento de Sanidad del Ejército Libertador que ayudó a mejorar la organización del citado cuerpo en los finales de la guerra.

Es de resaltar que en la Guerra de los Diez Años murieron, pertenecientes al Ejército Libertador, trece médicos, seis farmacéuticos y tres estomatólogos y en la Guerra de 1895 ofrendaron sus vidas catorce médicos, once farmacéuticos y cinco estomatólogos cuyos nombres junto al de Isabel Rubio, mártir de la enfermería mambisa, integran el cuadro de honor de la página más hermosa de la épica de nuestra medicina.

LA FUNDACION DE LAS PRIMERAS SOCIEDADES CIENTIFICAS Y LABORATORIOS DE INVESTIGACION EN LA ETAPA ENTRE GUERRAS (1880-1894)

En la etapa entre guerras (1880 a 1894) que no puede ser considerado de paz absoluta, pues fueron incesantes los alzamientos y las conspiraciones independentistas hay sin embargo, un gran resurgimiento de las ciencias médicas en Cuba, ajeno completamente al sistema de salud colonial y sí implicable al médico cubano en general que de regreso, en gran número, de su larga expatriación en Europa y Norteamérica, formado o especializado en sus universidades y centros científicos, se instala en su ejercicio profesional privado e incorpora a éste, los adelantos de las ciencias médicas, principalmente de la francesa.

El 26 de julio de 1877 se había fundado en La Habana la primera asociación científica cubana, la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, correspondiente de la española de Madrid. Esta institución integrada en su inmensa mayoría por médicos, funcionó durante todo el período entre guerras para desaparecer en 1895. Los valiosos trabajos presentados en ella, sobre todo los del sabio antropólogo y médico cubano doctor Luis Montané y Dardé, están recogidos en la revista Crónica Médico Quirúrgica de La Habana del doctor Santos Fernández uno de los fundadores de la sociedad que le sirvió de órgano publicitario y en el Boletín de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba del que sólo aparecieron siete números. Esta última colección se encuentra en el Museo "Montané" de Antropología de la Universidad de La Habana. Las actas de sus sesiones fueron publicadas en un volumen, en 1966, por la Comisión Nacional Cubana de la UNESCO, prologada por el doctor Manuel Rivero de la Calle.

El 12 de marzo de 1879 quedó inaugurada la primera Sociedad Odontológica, bajo la presidencia del doctor Francisco Justiniani Chacón, la cual contó en diferentes épocas con su propia revista Anales de la Sociedad de Odontología.

Pero fue el 11 de agosto de 1879 que se fundó la primera asociación médica cubana, la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, por el entusiasmo del profesor universitario español doctor Serafín Gallardo Alcalde.

Esta institución tuvo desde sus inicios una característica que mantuvo durante toda su larga existencia, ya que se extinguió en los primeros años de nuestro actual período revolucionario, y era que en ella presentaban sus trabajos no sólo las más encumbradas figuras de la medicina cubana, sino también los médicos jóvenes y los profesionales de la medicina que ejercían sus funciones alejados de los centros de la capital.

Un año después de su inauguración y a propuesta del doctor Carlos J. Finlay, la Sociedad de Estudios Clínicos echó sobre sus hombros la responsabilidad de fundar una Comisión de Fiebre Amarilla encargada del estudio permanente de esa enfermedad, que constituía el problema principal de nuestra epidemiología.

La comisión presidida por el doctor Finlay constaba de cuatro secciones: una de hospitales, integrada por los directores de los hospitales, militar de "San Ambrosio", civil de "Nuestra Señora de las Mercedes", de mujeres de "San Francisco de Paula", los de las casas de salud "Garcini" y "La Integridad" y del inspector de sanidad del puerto de La Habana; una sección de Clínica Experimental compuesta por cuatro patólogos, dos urólogos, dos clínicos, otros tres médicos y cuatro farmacéuticos auxiliares; una sección de Estadísticas y otra de Bibliografía.

Figura 6
Figura 6.
Sin ayuda oficial alguna tuvo que luchar la Comisión con serios obstáculos desde su fundación; no obstante lo cual realizó interesantes trabajos sobre clínica, urología, anatomía patológica y estadísticas de la fiebre amarilla, que aparecieron publicados en la revista de la institución, Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana.

Otro gran aporte de esta sociedad fue el de haber dado inicio a los congresos médicos en nuestro país, aún en plena era colonial, al organizar y celebrar, a iniciativas del destacado oftalmólogo doctor Enrique López Veitía, el primer Congreso Médico Regional de la Isla de Cuba, llevado a cabo en La Habana del 15 a 20 de enero de 1890. Desde esa fecha hasta el triunfo de nuestra Revolución fue la propulsora de todos los congresos médicos nacionales celebrados en Cuba.

El 5 de junio de 1891 fue creada la Sociedad de Higiene de La Habana, por el doctor Antonio González Curquejo, última de las sociedades médicas fundadas en el período colonial en la que desarrolló notable labor el destacado higienista cubano doctor Manuel Delfín Zamora, fundador y director de la revista La Higiene, de muy apreciada obra en su especialidad.

En esta etapa de resurgimiento de las ciencias médicas en Cuba se van a instalar algunos pequeños laboratorios privados como los de los profesores Felipe F. Rodríguez y Rodríguez y Enrique Núñez Rossié; pero ninguno tendrá la importancia del Laboratorio Histobacteriológico e Instituto Anti-rábico de la Crónica Médico Quirúrgica de La Habana, fundado por el doctor Juan Santos Fernández, el 8 de mayo de 1887 en parte de la antigua Quinta de Toca, de su propiedad, en la actual avenida Salvador Allende.

Un año antes el Gobernador General de la Isla había designado una comisión de médicos cubanos integrada por los doctores Diego Tamayo Figueredo, Francisco I. Vildósola González y Pedro Albarrán Domínguez, para que estudiaran la vacunación anti-rábica con Louis Pasteur en París para su aplicación posterior en Cuba. La Comisión no sólo estudió ese proceder y trajo la vacuna; la cual aplicó por primera vez en humanos en la Isla, en el Laboratorio de la Crónica, el 25 de abril de 1887, trece días antes de la inauguración oficial de esta entidad, sino que también los doctores Tamayo y Vildósola tomaron cursos sobre bacteriología y dieron inicio en nuestro país a estos estudios de una manera sistemática, en la propia institución científica, con los recursos necesarios.

A pesar de que en distintas oportunidades se trató de oficializar esta institución, el gobierno colonial de la Isla nunca le dió su reconocimiento, ni le prestó la menor ayuda económica; no obstante, los trabajos tan notables que se realizaron en ella sobre tuberculosis, difteria, muermo y otros de indiscutible ayuda a la labor de la administración de salud pública colonial.

DETERIORO DE LA ORGANIZACION DE SALUD PUBLICA COLONIAL EN LA GUERRA INDEPENDENTISTA DE 1895-1898

Al comenzar nuestra última guerra independentista contra España el sistema de salud colonial como hemos explicado, contaba con cuatro verdaderos subsistemas: uno estatal, que disponía de las Juntas de Sanidad y las de Beneficencia y Caridad que comprendían la organización sanitaria y hospitalaria dependientes directamente del gobierno colonial; uno militar, con su propia organización y red de hospitales; uno mutualista, integrado por casas de salud dependientes de las llamadas asociaciones regionales de inmigrantes españoles y trabajadores del comercio en su mayoría hispanos y otro privado, compuesto por casas de salud propiedad de médicos que de esa forma brindaban servicios a la población que podía pagarlo.

Comenzada la guerra gran parte de los médicos cubanos va al exilio o se integra a las fuerzas mambisas, por lo que se debilita considerablemente todo el sistema de salud. El subsistema estatal queda subordinado casi por completo al militar, quien contará con todos los recursos de la monarquía y los subsistemas mutualista y privado vegetarán como puedan mientras dure el cruento conflicto bélico.

A la Facultad de Medicina, aunque no es clausurada la Universidad, se le nombran médicos militares en muchas cátedras y su movimiento se torna muy pobre. Las demás instituciones científicas o cierran o disminuyen sus actividades temporalmente.

La reconcentración de la población rural en los pueblos decretada por el sanguinario Capitán General Valeriano Weyler aumentará a cifras increíbles la mortalidad por enfermedades infecciosas, acrecentadas además por el hambre en toda la Isla como consecuencia de la destrucción de la agricultura y en el último año, por el bloqueo de la flota de guerra norteamericana.

Para tener una idea de lo que fue la mortalidad en Cuba en esa época citaremos las cifras dadas por el historiador médico doctor José A. Martínez Fortún, solamente en el partido judicial de Remedios en la antigua provincia de Las Villas, que contaba con una población de 65 000 habitantes al comienzo de la guerra y que presentó en 1895, 1 742 defunciones (26,80 por mil habitantes); en 1896, 2 848 (43,80); en 1897, 7 796 (127,70) casi cinco veces la del primer año y en 1898, 6 964 (107,13) principalmente de disentería, enteritis diversas, fiebre amarilla, paludismo, fiebre tifoidea y viruela. Demuestra además este historiador que la mortalidad en dicho partido judicial en 1897 (127,80) fue mayor que la asignada por el doctor Jorge Le Roy al año 1649 (121,72), cuando la llegada de la primera epidemia de fiebre amarilla a Cuba y que es considerada la más alta de nuestra historia; todo esto sin olvidar lo difícil que era llevar las estadísticas en la época y en las condiciones de la guerra.

Como es de suponer la población más afectada lo fue la infantil, ya que sólo contaba para su atención a los niños desvalidos, aparte de las Casas de Maternidad y Beneficencia, con un dispensario, fundado este en 1894 en la ciudad de Matanzas por el destacado pediatra doctor Domingo Madan Bebeagua. Comenzada la guerra se fundó el segundo en la ciudad de Santa Clara, por la benefactora cubana Marta Abreu y en pleno apogeo de la reconcentración se crearon tres en La Habana, por la tenaz iniciativa de los médicos cubanos doctores Antonio de Gordon Acosta y Manuel Delfín Zamora.

Completamente diezmada la población del país y en la mayor insalubridad todas las ciudades y pueblos de la Isla, abandonaba su antigua colonia la metrópoli española, con su sanidad militar destrozada. Las Juntas de Sanidad y Beneficencia quedaron en tal estado de desorganización que eran prácticamente inexistentes y sin recursos los hospitales de Caridad.

En mejores condiciones quedarían las casas de salud mutualistas y privadas que desde luego, brindarían sus servicios de salud a la burguesía y a los inmigrantes españoles que pudieran pagarlos. La masa del pueblo cubano, incluida en ella la inmensa mayoría del ejército mambí y sus sufridas familias, permanecerán sin poder contar con asistencia hospitalaria y condiciones sanitarias, ni medianamente aceptables.

Prácticamente sin administración de salud pública arribará Cuba el 1 de enero de 1899 al gobierno de la primera ocupación norteamericana, para comenzar con él, un período neocolonial que durará exactamente sesenta años.

BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA

  1. Delgado García G. El ciento quince aniversario de la fundación de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Cuad Hist Sal Pub No. 66. Publicación del Consejo Científico del MINSAP. Ciudad de La Habana, 1983. p. 84-95.
  2. ---: La Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana. Cuad Hist Sal Pub No. 72. Publicación del Consejo Nacional de Sociedades Científicas. Ciudad de La Habana, 1987. p. 95-115.
  3. ---: Desarrollo histórico de la administración de la salud pública en Cuba en su etapa colonial española. Cuad Hist Sal Pub No. 72. Publicación del Consejo Nacional de Sociedades Científicas. Ciudad de La Habana, 1987. p. 7-22.
  4. Guía de Forasteros de la Siempre Fiel Isla de Cuba para el año de 1864. Imp. Gob. General, La Habana, 1864.
  5. Martínez Fortún JA. Cronología Médica Cubana. Contribución al estudio de la Historia de la medicina en Cuba. Edición mimeografiada, La Habana, 1947-48.
  6. ---: Epidemiología. Síntesis cronológica. Cuad Hist San No. 5. Publicación del Ministerio de Salubridad y Asistencia Social, La Habana, 1952.
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  10. Varona Guerrero M. La Guerra de Independencia de Cuba. Tomo II. Ed. Lex, La Habana, 1946.
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