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Cuaderno de Historia No. 81, 1996

Conferencia Siete

La salud pública en Cuba en el periodo de la república burguesa

Rasgos principales de la evolución histórica de la República Burguesa (1902-1958). Carlos J. Finlay, Jefe de la Sanidad Cubana (1902-1909). La Junta Superior de Sanidad. El Departamento de Beneficencia de la Isla de Cuba. En la conferencia anterior explicamos cómo ocurrió la intervención norteamericana en nuestra última guerra independentista contra España, y que a partir del 1ro de enero de 1899 se estableció su impuesto gobierno de ocupación en Cuba, para quedar abiertas desde ese instante las puertas del país a una intensa penetración económica que continuaría después de su retirada oficial el 20 de mayo de 1902 y se mantendría durante todo el período de la república burguesa.

Expusimos a continuación cómo se organizó la administración de salud pública, por el gobierno interventor, a punto de partida de la completa destrucción en que quedó la organización de salud pública colonial española después de la guerra; hablamos de sus enérgicas y bien dirigidas campañas de saneamiento, para terminar con la explicación de cómo el doctor Carlos J. Finlay concibió, desarrolló y comprobó experimentalmente su teoría metaxénica de la trasmisión de enfermedades infecciosas, en el caso concreto de la fiebre amarilla. Como este descubrimiento genial del cubano trató de ser escamoteado por el naciente imperialismo norteamericano, quien pretendió adjudicárselo a la Cuarta Comisión Médica del Ejército Americano para el Estudio de la Fiebre Amarilla, con el propósito evidentemente político de justificar, con el saneamiento de nuestro país, sus planes expansionistas en el Caribe, Asia y Oceanía.

En la conferencia de hoy expondremos brevemente los rasgos principales de la evolución de la república burguesa cubana (1902-1958), incluiremos en este período la segunda ocupación norteamericana (1906-1909), para pasar a continuación a explicar el papel desempeñado por el doctor Carlos J. Finlay en la dirección y organización de la administración de la salud pública cubana en la etapa del período republicano-burgués, comprendida desde la terminación de la primera ocupación norteamericana (1902) a la culminación de la segunda (1909). Expondremos brevemente el estudio de sus dos instituciones principales, la Junta Superior de Sanidad y el Departamento de Beneficencia de la Isla de Cuba.

RASGOS PRINCIPALES DE LA EVOLUCION HISTORICA DE LA REPUBLICA BURGUESA (1902-1958)

Al retirarse oficialmente el Gobierno Interventor Norteamericano de Cuba el 20 de mayo de 1902 y dejar la administración de la naciente república en manos del Licenciado Don Tomás Estrada Palma, su candidato victorioso en unas fraudulentas elecciones generales, en modo alguno Cuba arribaba a su completa independencia, ya que constitucionalmente permanecería ligada a la nación norteamericana por un apéndice constitucional, la llamada Enmienda Platt; por el cual quedaba el gobierno de los Estados Unidos facultado a intervenir en nuestros asuntos políticos internos y externos cuando a su juicio, lo creyera necesario y en lo económico, permanecía el país completamente bajo su dependencia.

Los intereses dominantes norteamericanos ambicionaron siempre la posesión de Cuba, por lo que trataron de adquirirla por diversas vías, incluso su compra a la metrópoli española, sin lograrlo. No obstante esto, desde principios de la segunda mitad del siglo XIX, habían comenzado a desarrollar sus relaciones comerciales con la colonia. Ya para 1878 controlaban nuestro comercio exterior, por lo cual intervinieron en la última de nuestras guerras independentistas contra España para tratar de asegurar tan codiciada presa.

La primera ocupación militar norteamericana ofreció a los monopolios de dicha nación la posibilidad de realizar sus aspiraciones de dominio sobre la Isla. Durante sus cuatro años se sentaron las bases para el cambio de antigua colonia española, en una semicolonia de los Estados Unidos. Así se inició en 1902 la historia de casi cincuenta y siete años de república burguesa, en los cuales el control real de nuestra vida económica, política y cultural lo ejerció Estados Unidos, al llevar a cabo una labor sistemática encaminada a deformar la conciencia nacional de nuestro pueblo.

A partir de entonces se desarrollaron las relaciones capitalistas de producción pero en condiciones de dominio y subordinación a los intereses de los monopolios norteamericanos; lo que si bien condujo a un cierto crecimiento de nuestras fuerzas productivas, significó también la consolidación y acentuación de la estructura deformada de nuestra economía y el fortalecimiento del subdesarrollo.

Para que esta penetración económica y política se llevara a cabo, tuvo que contarse con la colaboración de clases y grupos nacionales. Ese papel le correspondió a las fuerzas sociales que constituían la oligarquía nacional dominante y que eran: los latifundistas, la gran burguesía azucarera, la gran burguesía comercial importadora y el sector más rico de la burguesía agraria.

Para el mantenimiento de su dominio era necesario ir en contra de los intereses de la nación, por lo que sus actividades estuvieron encaminadas a impedir la liquidación del latifundismo, el desarrollo industrial del país, la diversificación de la economía y todo cambio en nuestra condición de país subdesarrollado.

Por otra parte la que podía considerarse como nuestra burguesía industrial no azucarera y la burguesía agraria media, que estaba objetivamente interesada, para alcanzar su desarrollo, en romper la estructura económica impuesta, carente de fortaleza económica y de voluntad política, no fue capaz de cumplir su deber histórico.

La pequeña burguesía, que en Cuba tuvo un apreciable volumen, muy sensible, en su conjunto, a los grandes males de nuestro país, no obstante, sus naturales vacilaciones, su sector radical mantuvo su presencia activa en todas las luchas de nuestro pueblo.

La gran masa de campesinos pobres y medios se desarrolló en las condiciones de país con fuertes ataduras semifeudales. La mayor parte de ellos vivía en condiciones de permanente miseria.

El grado de explotación a que estaba sometida y la inseguridad económica que afectaba incluso a los que eran propietarios de sus parcelas, puso en ella un elemento de rebeldía, enfrentándola, en ocasiones de modo violento, a la oligarquía gobernante.

La clase obrera logró un notable desarrollo numérico, organizativo y político a partir de la tercera década del siglo. Consecuente con su papel histórico, constituyó la base principal de las luchas por las radicales transformaciones que exigía nuestra realidad económica, social y política.

Como resultado de todo lo expuesto, la república burguesa cubana se caracterizó por el atraso económico, el monocultivo, el desempleo crónico, el analfabetismo, la descomposión moral y la corrupción política y administrativa.

Para poder seguir el desarrollo de la administración de salud pública en este período de república burguesa vamos a dividirla en tres etapas; una primera que abarca desde el 20 de mayo de 1902, inicio de la república, hasta el 28 de enero de 1909, final de la segunda ocupación norteamericana, durante todo este tiempo dirigirá la administración de la salud pública nacional el doctor Carlos J. Finlay; la segunda comprenderá desde la última de las citadas fechas, restauración de la república, hasta el 10 de octubre de 1940, en que se puso en vigor una nueva constitución, en estos algo más de 30 años la administración de salud pública elevada su organización a categoría ministerial, primer país del mundo en hacerlo, estará regida nacionalmente por la Secretaría de Sanidad y Beneficencia y la tercera desde la instauración de la Constitución de 1940, que cambió la estructura y denominación de la antigua secretaría por la de Ministerio de Salubridad y Asistencia Social, hasta el triunfo de la Revolución Socialista el 1ro. de enero de 1959.

CARLOS J. FINLAY: JEFE DE LA SANIDAD CUBANA (1902-1909). LA JUNTA SUPERIOR DE SANIDAD

Al quedar instaurada la república burguesa el 20 de mayo de 1902 la organización de la administración de salud pública estaba integrada por Departamentos y Juntas de Sanidad en cada municipio; sufragados sus gastos por los correspondientes ayuntamientos, menos el de La Habana que corría por cuenta del gobierno central; pero sin una dirección nacional a su frente, ya que la Orden No. 159 que creaba la Junta Superior de Sanidad no entraría en vigor hasta que fueron nombrados sus miembros y sufrido algunos cambios en enero de 1903.

También formaban parte de la administración de salud, pero adscriptos a la Secretaría de Estado y Gobernación el Departamento y la Junta de Beneficencia de la Isla de Cuba, los que tenían a su cargo los hospitales, los asilos de niños y ancianos y las escuelas de oficios y correccionales del país, cada uno de los cuales poseía Juntas Administrativas Locales de Beneficencia, dependientes de la Junta Central. Hemos de agregar que los gastos de estas instituciones estaban a cargo de los ayuntamientos en los que estuvieran enclavadas dichas dependencias.

Otros organismos de la administración de salud pública lo eran la Sanidad Marítima y el Departamento de Inmigración, pertenecientes ambos a la Secretaría de Hacienda. Los Servicios de Vacuna, de Muermo y Tuberculosis en el Ganado y de Higiene Especial eran regidos por comisiones especiales sin relación entre sí.

Por Decreto Presidencial No.11 del mismo 20 de mayo de 1902 se dispuso que todos los servicios de sanidad y beneficencia pasasen a la recién creada Secretaría de Gobernación, al frente de la cual se había nombrado al ilustre médico doctor Diego Tamayo y Figueredo.

Este notable profesor y académico al que hemos citado con anterioridad en el curso de nuestras conferencias, tuvo el extraordinario acierto de nombrar al doctor Carlos J. Finlay como Jefe Nacional de Sanidad, con cuyo cargo se trataba de darle una dirección central a la sanidad cubana. También se designó al doctor Finlay en la Jefatura del Departamento de Sanidad Municipal de La Habana, que comprendía además los municipios de Marianao, Guanabacoa y Santiago de las Vegas.

La oficina del primer jefe de la sanidad cubana fue instalada en el local central de la Secretaría de Gobernación, en la planta alta del antiguo edificio de la Maestranza. Fueron nombrados como sus más cercanos colaboradores los doctores Enrique B. Barnet, jefe de Despacho; José A. López del Valle, jefe del Servicio de Desinfección; Jorge Le Roy, jefe de Demografía y Honoré Lainé, jefe del Servicio de Veterinaria.

Figura 8
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Una de las primeras disposiciones del doctor Finlay fue la de hacer que por resolución del Secretario de Gobernación se cambiara el nombre de la Comisión de Fiebre Amarilla, que él presidiera hasta esos momentos, por el de Comisión de Enfermedades Infecciosas, ampliándole sus funciones para el estudio de otras enfermedades transmisibles. Como presidente se nombró al doctor Juan Guiteras, como secretario al doctor Arístides Agramonte y vocales a los doctores Antonio Díaz Albertini y Emilio Martínez.
Figura 9
Figura 10.

Por Decreto Presidencial No.40 de 11 de junio de 1902 se dispuso que el servicio de Sanidad Marítima que estaba a cargo de la Secretaría de Hacienda, pasase a la de Gobernación con el fin de unificar, en lo más posible, poniéndolas en una misma Secretaría la sanidad terrestre y la marítima. Esta medida de indiscutible provecho fue anulada más tarde por una ley del Congreso que obedecía a intereses personales ajenos al bienestar de la salud del pueblo.

El doctor Finlay para tratar de que tan importante aspecto sanitario no quedara fuera de la supervisión de su jefatura, logró que por medio del Decreto Presidencial No.97 de 16 de agosto del propio año 1902, se reorganizara el Servicio de Cuarentena que pertenecía al Departamento de Sanidad de La Habana, cambiándole el nombre por el de Servicio de Sanidad Marítima de la República de Cuba. Con ello logró desde los mismos inicios de su mandato no dejarse interferir, en lo que eran sus deberes con la salud pública, por elementos sin escrúpulos de la naciente politiquería nacional.

Por Decreto Presidencial No.1 de enero de 1903, fueron nombradas las personas que debían integrar la Junta Superior de Sanidad. En este Decreto se disponía, además, que la Junta actuara como una dependencia de la Secretaría de Gobernación y que el Secretario recomandara al Poder Ejecutivo las medidas que convinieran adoptar para establecer el régimen y las funciones de la Junta en armonía con la Constitución. Aquí desde luego se observa un acto de soberanía del Ejecutivo ya que él no tenía por qué poner en vigor una ley que si bien era beneficiosa no se hizo de acuerdo con la constitución cubana, por lo que tenía que ser adaptada a ésta para que pudiera actuar en el país; pero sin embargo, al poner la Junta como dependencia de la Secretaría de Gobernación, le quitaba su independencia a la sanidad cubana y la subordinaba a un organismo estatal que muy lejos de ser eminentemente técnico estaba sujeto, como siempre lo estuvo, a los rejuegos políticos de la época.

La Junta Superior de Sanidad quedó constituida por cinco vocales efectivos y seis honorarios, estos últimos carecían de voto en las deliberaciones. Ocuparon esos cargos los siguientes médicos, todos verdaderas notabilidades: como vocales efectivos, el jefe de Sanidad de la Isla de Cuba que debía ser el Presidente y Oficial Ejecutivo de la Junta, el doctor Carlos J. Finlay; dos vocales residentes en la ciudad de La Habana, uno de ellos debía ser el Presidente de la Comisión de Higiene Especial, el docor Joaquín L. Dueñas y el otro lo fue el doctor Enrique B. Barnet; dos vocales representantes de las partes occidental y oriental de la Isla, por la occidental el doctor Juan Guiteras y por la oriental el doctor Ambrosio Grillo Portuondo. Como vocales honorarios debían ser, el que ocupa el cargo de Médico Primero del Puerto de La Habana, el doctor Hugo Robert Fernández, General de Brigada del Ejército Libertador y jefe también del Servicio de Sanidad Marítima de la República de Cuba; un miembro de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, el doctor Juan Santos Fernández, que era el presidente de dicha corporación; un miembro de la Universidad de La Habana, el doctor José Varela Zequeira, ilustre profesor de Anatomía; un vocal de la Junta de Educación, el doctor Gonzalo Aróstegui y del Castillo; el presidente de la Liga contra la Tuberculosis, doctor Joaquín L. Jacobsen y Cantos y un abogado, profesor de la Facultad de Derecho, el sabio civilista doctor José A. del Cueto y Pazos.

Por la nueva estructura de la administración de salud pública las Juntas Municipales de Sanidad fueron sustituidas por las Juntas Locales de Sanidad a las que se le confiaba la parte administrativa y la ejecutiva de todos los asuntos sanitarios dentro de cada municipio, por lo que asumían la totalidad de las facultades, poderes y funciones que radicaban anteriormente en los Departamentos de Sanidad, los cuales quedaron suprimidos, menos el de la ciudad de La Habana que continuó en sus funciones hasta el 20 de septiembre de 1905, cuando por Decreto del Secretario de Gobernación quedó constituida la Junta Local de Sanidad en la capital de acuerdo a lo dispuesto en la Orden No. 159 (adaptada a la Constitución de la República), pero mantenía a su cuidado al igual que el extinguido Departamento, los municipios Marianao, Guanabacoa y Santiago de las Vegas.

Las Juntas Locales de Sanidd estarían integradas por tres vocales: el Jefe de Sanidad del Ayuntamiento, el Oficial de Cuarentena y el Jefe de la Sección de Higiene Especial, en donde tales funciones existieran; en los ayuntamientos donde no los hubiere, debían ser nombrados esos vocales por el Consistorio Municipal siempre con la aprobación de la Junta Superior de Sanidad.

De esta forma quedaba estructurada la Sanidad Cubana en todo el país. Finlay ocupaba entonces los cargos más importantes: Jefe de Sanidad de la Isla de Cuba, Presidente de la Junta Superior de Sanidad y Jefe del Departamento de Sanidad, primero y después Jefe de la Junta Local de Sanidad de La Habana.

Al frente de lo que ha dado en llamarse Escuela Cubana de Higienistas se dio a la tarea de formar científica y administrativamente a los que a lo largo de todo el país ocuparían los cargos de jefes locales de sanidad, para lo cual se publicó en 1905 en una tirada de tres mil ejemplares, para ser distribuidos gratuitamente, la formidable obra Manual de Práctica Sanitaria. Para uso de jefes de sanidad, médicos, funcionarios, etc. de la República de Cuba, volumen de 1 114 páginas de extraordinario valor desde todo punto de vista, dirigida por el doctor Enrique B. Barnet y en la que colaboraron el doctor Finlay y otros treinta y tres notables sanitarios cubanos, todos funcionarios de distintos niveles de la organización de la salud pública.
Figura 9
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Además de esta obra, hasta 1905, se habían publicado y repartido treinta y ocho folletos y monografías sobre distintos temas de capital importancia, algunos como Fiebre Amarilla. Instrucciones populares para evitar su contagio y propagación e Higiene de la primera infancia. Instrucciones populares sobre la manera de cuidar a los niños en tiradas de 50 000 ejemplares. Se editaron también los Informe Mensual Sanitario y Demográfico de la Ciudad de La Habana y la villa de Guanabacoa, Informe Anual Sanitario y Demográfico de la Ciudad de La Habana y Boletín mensual de las defunciones ocurridas en La Habana.

Pero, tan importante como el anterior empeño lo fue el de sentar sobre bases legales la actividad sanitaria de la organización, al redactar y aprobarse por Decreto Presidencial de 22 de febrero de 1906 el primer código sanitario cubano, las Ordenanzas Sanitarias. Este contenía un rigor técnico a la altura de los mejores de su época en el mundo.

El doctor Finlay, por el respeto que inspiraba su prestigio científico internacional y por su rectitud y honradez acrisoladas, logró mantener la sanidad cubana fuera de los vicios y podredumbres que ya exhibía la recién estrenada república burguesa; sin permitir jamás un nombramiento si este no venía avalado por la competencia del aspirante para el cargo y no admitió imposiciones politiqueras de ningún género, de todo lo cual existen pruebas documentales.

Cuando estalló la guerra civil de agosto 1906 de inmediato hizo constituir en el Castillo de la Punta las brigadas de la Cruz Roja para atender a los heridos y prestar auxilio en caso de emergencia bajo la supervisión de la Jefatura Nacional de Sanidad. Dirigió una circular a todas las Juntas Locales de Sanidad del País, instruyéndolas para que prestaran servicios médicos y de atención en todos los órdenes a los heridos que se reportaran de los frecuentes choques entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes. Significándose en el texto de la circular que no se tuviera distinción alguna en la prestación de los servicios a unos y a otros. Para el sanitario -según el criterio de Finlay- no había bandos a que atender, sino heridos cubanos exclusivamente.

Al producirse la segunda ocupación norteamericana el 29 de septiembre de 1906, a pesar de que al doctor Finlay se le ratificó en sus cargos, se creó una plaza de Consultor Sanitario, a la que le conferían las atribuciones que con respecto a los organismos sanitarios tenía la Secretaría de Gobernación, nombrándose al médico del ejército norteamericano mayor Jefferson R. Kean en dicho cargo. Esta situación de duplicidad, creada de facto, fue manejada por el sabio cubano con habilidad y rectitud admirables, lo cual junto al respeto que infundía su personalidad científica, hicieron que la sanidad cubana saliera de aquella vejaminosa etapa con su prestigio y dignidad intactos.

A pesar de esta situación se logró la promulgación del Decreto No. 894 de 26 de agosto de 1907, por el cual se creó el Departamento Nacional de Sanidad, nombrándose en su dirección también al doctor Finlay.

De esta manera se daba el primer paso en firme para la centralización de toda la sanidad cubana en un Departamento Nacional, pues ese día y por el mismo Decreto, todas las Juntas Locales de Sanidad pasaron de la administración de los Municipios a la del Estado, bajo la dirección del Departamento Nacional. Se nombraron en sustitución de las Juntas, Jefes Locales de Sanidad en todos los Municipios, incluso en los de Marianao, Guanabacoa y Santiago de las Vegas que de esta forma quedaban separados de la Jefatura de La Habana.

Por Decreto No.1187 del Gobierno Interventor de 22 de noviembre de 1907 se completó el anterior No.894, con la unificación de los servicios de Sanidad Terrestre y Marítima, colocándolos también bajo la dirección del Departamento Nacional de Sanidad.

Quedaba pues la sanidad cubana, hasta el final de la segunda ocupación norteamericana, estructurada de la siguiente manera: un Departamento Nacional, bajo cuya dirección estaban los Jefes Locales en cada Municipio y la Sanidad Marítima, asesorado por la Junta Superior de Sanidad y toda la organización subordinada a un Consultor Sanitario norteamericano, con la atribución jerárquica que antes tuviera el Secretario de Gobernación.

EL DEPARTAMENTO DE BENEFICENCIA DE LA ISLA DE CUBA

Al finalizar la primera ocupación norteamericana, el ramo de Beneficencia de la administración de la salud pública en nuestro país estaba integrado por el Departamento de Beneficencia de la Isla de Cuba, dirigido por el Comité Ejecutivo de la Junta Central de Beneficencia de la Isla de Cuba.

Este Comité Ejecutivo lo formaban cinco miembros designados por la Junta Central, escogidos entre sus integrantes; además de un letrado consultor; un superintendente, que lo fue el médico militar norteamericano, mayor Jefferson R. Kean, que en la segunda ocupación sería nombrado Consultor Sanitario de la sanidad cubana con poderes omnímodos y un vicesuperintendente y oficial pagador.

A cargo del Departamento de Beneficencia y su Junta Central quedaban los hospitales estatales, los asilos de niños y las escuelas correccionales con Juntas de Patronos en cada uno de ellos; así como las Juntas Administrativas Locales de Beneficencia en cada municipio en los que hubieren de las citadas instituciones nombradas por los ayuntamientos respectivos, con la aprobación de la Junta Central. Tanto el Departamento como la Junta dependían de la Secretaría de Estado y Gobernación.

Al quedar instaurada la república burguesa el 20 de mayo de 1902, por el Decreto Presidencial No.11 de ese día, los servicios de Sanidad y Beneficencia pasaron a depender de la Secretaría de Gobernación ya que la anterior de Estado y Gobernación había quedado separada en dos de nueva creación.

La estructura del Departamento de Beneficencia y su Junta Central quedaron en la misma forma, pero su Comité Ejecutivo sustituyó sus cargos de Superintendente y vice, por el de secretario ejecutivo, nombrándose en él a quien había sido el alma de la Junta hasta ese momento, el doctor Manuel Delfín Zamora, ilustre higienista cubano.

Las oficinas centrales del Departamento y la Junta quedaron situadas al igual que las de la Junta Superior de Sanidad en el local de la Secretaría de Gobernación, antiguo edificio de la Maestranza de Artillería, en las esquinas de las calles Cuba y Chacón en La Habana.

Bajo la dependencia del Departamento de Beneficencia quedaron, desde la instauración de la república burguesa hasta el final de la segunda ocupación norteamericana el 28 de enero de 1909, cuatro hospitales y el dispensario Tamayo en la ciudad de La Habana; cinco hospitales en el resto de la provincia La Habana; dos en Pinar del Río; cinco en Matanzas; ocho en Santa Clara; dos en Camagüey y seis en Santiago de Cuba (Oriente), así como cuatro asilos-escuelas para menores.

Durante la segunda ocupación no fueron nombrados como en la primera, Secretarios de Despacho cubanos al frente de las Secretarías de Gobierno, sino Consejeros norteamericanos. En la dirección de la Secretaría de Gobernación, a la que siguió adscripto el ramo de la Beneficencia pública, se nombró al comandante Edivin St. John Greble, el cual se tomó atribuciones que fueron más allá de las que le otorgaba la legislación vigente, como eran sancionar los acuerdos de la Junta Central y los nombramientos de sus miembros; además de dar órdenes a funcionarios de la Junta sin tener en cuenta la autoridad de la dirección de la misma, lo que provocó repetidas fricciones entre dicho funcionario extranjero y la Beneficencia cubana, integrada esta última en su totalidad por nativos del país, entre los que figuraba como uno de sus miembros más activos, en los cargos de vicepresidente de la Junta Central y vocal en ella por la provincia de La Habana, el doctor Carlos E. Finlay Shine, hijo del sabio. El cual llegaría años después a ocupar las más altas posiciones en la Secretaría de Sanidad y Beneficencia.

La Beneficencia cubana contó como órgano publicitario desde 1901 a 1909 con el Boletín Oficial del Departamento de Beneficencia de la Isla de Cuba, donde aparecen recogidas todas las actividades de la organización.

BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA

  1. Barnet Roque de Escobar E. et al. Manual de práctica Sanitaria. Publicación del Departamento Nacional de Sanidad. La Habana, 1905.
  2. Boletín Oficial del Departamento de Beneficencia de la Isla de Cuba. Publicación del Departamento Nacional de Beneficencia. La Habana, 1901-1909.
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