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Cuaderno de Historia No. 82, 1997

Melena del Sur y sus hombres Máximo de Zertucha y Eugenio Molinet

por
Gregorio Delgado Fernández

Forjadores de la conciencia patriótica de que tantas y tan altas muestras ofreció Melena en su oportunidad más culminante, fueron estos dos médicos ilustres, radicados en la municipalidad desde mucho antes de que se vislumbraran, por el horizonte de la Patria, los resplandores primeros de la gloriosa gesta del 95. No eran de este pueblo, pero como también otro médico y patriota ilustre, el Dr. Gustavo Pérez Abreu, vivieron y sintieron en su seno las palpitaciones acogedoras del medio, y fueron centro de sus actividades, y en la modesta, pero noble y sincera sociedad pueblerina, constituyéronse en factores propulsores de cuanto significó progreso y vida.

El Dr. Máximo de Zertucha y Ojeda había nacido en La Habana el 18 de noviembre de 1855, hijo de vizcaino, D. Isidro Domingo Zertucha y Landabur, y de cubana, Doña Isabel Ojeda y Alfonso, natural de La Habana. En esa capital hizo sus primeros estudios, graduándose de Bachiller en el Instituto de Segunda Enseñanza, y cuando en unión de su hermano Isidro hallábase cursando la carrera de Medicina en nuestra Universidad, fué sorprendido por los sucesos inolvidables en los cuales vióse envuelto Isidro Zertucha y Ojeda, hoy médico muy estimado en Bejucal y único superviviente de aquel drama doloroso, en que ocho jóvenes estudiantes como él, fueron vilmente asesinados por el Gobierno español, la tarde del 27 de noviembre de 1871. Máximo pudo huir y refugiarse en México, en cuya Universidad se licenció en Medicina y Cirugía, doctorándose más tarde en la Universidad de La Habana, de cuya ciudad pasó a Melena, donde se radicó hasta su muerte.

Simpático, servicial como pocos, periodista enérgico y valiente, maravilloso tirador, ferviente patriota, idólatra del inmortal Antonio Maceo, excelente Médico, hombre de múltiples y profundos conocimientos, en Melena fué todo lo que quiso ser, y aunque violento a veces en su carácter, apasionado en la política, por todos era respetado y querido, y nunca se negó al bien, aún cuando fuese para prodigarlo a sus mismos adversarios.

Fué, con Ramón Cantón García, Mariano Samsó Llambés, Julián Alfonso Marrero, el Farmacéutico Antonio Morales y Camps, el Médico Antonio Fernández de Velasco, Juan Ponce de León, Martín Zaldivar Arredondo, Francisco Blanco Bacallao y otros, propulsor de la instauración del primer Ayuntamiento melenero, en 1879; y aunque no se contó entonces entre sus componentes, más tarde forma parte de la Corporación como regidor; en 1885 es electo Alcalde Municipal, y en sucesivos períodos, que entonces eran de dos años solamente, continúo desempeñando ese cargo hasta mediados de 1887, en que le sucede el Sr. José Perea Puñales. A Zertucha debió Melena, primero como Alcalde y más tarde como Jefe de Sanidad, el saniamiento del pueblo, ordenando la apertura de las Zanjas que hasta hace poco existían a cada lado de las calles prohibiendo las cercas "cardón", que mandó destruir; la rotulación de las calles, clasificándolas por números, tal como hoy se conocen; la adquisición de la Casa Ayuntamiento, ignorada actualmente esa propiedad, y envuelto en el misterio de lo desconocido su expediente; y otras no menos utilidades públicas, como el ensanche notable de la población, que había sido comenzado por D. Ramón Cantón, su antecesor, abriéndose en la época del Dr. Zertucha las hoy llamadas calles Uno, Dos, Cuatro y Seis; la Tres, desde la esquina con la número Ocho hasta el Paradero, y la Cinco, desde la esquina con la número Diez, hasta el potrero "Melenita".

Del cargo de Alcalde pasó al de Vocal de la Junta Local de Sanidad, que ocupó varias veces, como el de Médico Municipal. Por esta época llega a Melena, recién graduado de Médico y muy joven aún, pues había nacido en Güáimaro, Camagüey, el 27 de marzo de 1865, el Dr. Eugenio Molinet y Amorós, traído por su tío, rico colono, residente en Melena hasta su muerte, D. Gregorio Molinet y Casademón.

Con el Dr. Molinet comenzó Zertucha, desde entonces a compartir la hegemonía de que gozaron en cuanto significaba actividad, así en la sociedad como en la gobernación municipal del término.

En 1892 el Dr. Molinet funda la Sociedad de Instrucción y Recreo (hoy Liceo) de la que fué su primer Presidente; y en el mismo año pasa a ocupar el cargo de Médico Municipal, así que el de Juez era cubierto por el Dr. Zertucha. En contacto ambos con el movimiento separatista que desde 1895 se venía desarrollando en toda la Isla, comienzan a la vez en Melena, por ese año sus comprometedoras funciones como conspiradores, sembrando de esta suerte el entusiasmo patriótico en la localidad. El 6 de junio se ve impelido Molinet a abandonar el pueblo precipitadamente, amenazado de ser preso y remitido a la fortaleza de La Cabaña; y el 14 del mismo mes y año de 1895, ya en su provincia del Camagüey, ingresa en las fuerzas insurrectas con el grado de Coronel, pasando más tarde a la Jefatura de Sanidad del Tercer Cuerpo de aquel Ejército alcanzando el grado de General. Zertucha, en cambio, no pudo esperar el paso de la Invasión de Gómez y Maceo por Melena, el 3 de enero de 1896, y pocos días después, incorporado a las fuerzas del General Pedro Díaz se lanza a los campos de la Revolución, donde fué Médico y Ayudante del General Antonio Maceo; pasó con él la trocha de Mariel a Majana, y lo vió caer, herido de muerte en Punta Brava, cuya defunción certificó, el inolvidable 7 de diciembre de 1896. Este hecho, que tan hondamente acongojó al noble Dr. Zertucha, hízolo apartarse, profundamente decepcionado, de las luchas de la guerra, acogiéndose a indulto en San Felipe, dos días más tarde de la caída del Gran Titán, que fué su ídolo único. El 19 del mismo mes concede Zertucha una entrevista al redactor del periódico "La Lucha", Ricardo Arnautó, sobre los pormenores de la muerte del jefe insurrecto; y este acto, y el de su presentación, dieron pábulo a los españoles para vituperar, con algunos cubanos, su conducta de valientísimo patriota, ataques a los cuales supo oportunamente responder con la energía y claridad con que estuvo siempre revestido su íntegro carácter.

Los meleneros testigos fueron de sus afanes constantes en favor de la causa de Cuba; y patriotas tan puros como los hermanos Braulio, Arturo y Marcos Delgado, Miguel García Pérez, que aún vive, y otros, vieron llorar a aquél noble y valiente médico de Maceo, en la botica de Massot, en este pueblo, por la inesperada desaparición del gran mulato. Y no pretendemos reinvindicarlo nosotros ahora, pero si reafirmaremos, por encima de toda sospecha bastarda y mendaz, que el Dr. Zertucha fué un patriota sincero, un intachable cubano, cuya única falta, acaso no fué otra que la de su ilimitado cariño y admiración por el General Maceo, afectos a los que supo éste corresponder en todo instante, y ello tal vez si fué el motivo del disgusto que lo mantuvo siempre distante del General Miró, tan devoto del amado Jefe como lo fué Zertucha.

El 23 de junio de 1897 ocupa de nuevo la plaza de Médico Municipal, que renuncia poco después, para volverse a hacer cargo de ella en el mes de diciembre, haciéndose cargo, a la vez, de la asistencia de los múltiples atacados de viruelas que a fines de 1897 y principios del 98, existían en Melena. Desde entonces figura como miembro de la Corporación municipal; en 1899,y bajo la administración del Alcalde Coronel Luis de Cárdenas y Herrera, ocupa la plaza de Jefe de la Policía, cuyo Cuerpo reorganiza con elementos procedentes de las fuerzas libertadoras. Ejerce después como Jefe de Sanidad, y para ocupar el mismo puesto, pasa a Güines en 1904. De nuevo en Melena, se refugia en el seno de su hogar, para morir, víctima de cruelísimos padecimientos, el 26 de octubre de 1905.

Hoy nada sabe la generación presente de lo que fueron, en el ayer lejano, esos dos médicos y patriotas ilustres en Melena; y aunque con respecto al Dr. Molinet, probó, con su visita a este pueblo, cuando era Secretario de Agricultura en el gobierno del Presidente Machado, cuan desmemoriado es, olvidando, al presentárseles para saludarlo, a aquellos que aquí fueron sus más íntimos amigos; no así obró nunca el Dr. Zertucha, que desde Güines retornó a morir junto a sus viejos camaradas de otros tiempos,y yace en nuestro cementerio su olvidada tumba, sin que ninguno de los pasados gobiernos municipales, ni el actual, dé su nombre a una de nuestras calles, que constituiría, aunque sencillo, meritísimo homenaje a su memoria, en justa reciprocidad a cuantos beneficios, como gobernante y como patriota, reportó a Melena.

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