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Cuaderno de Historia No. 82, 1997

Opinión del Coronel Orestes Ferrara Marino*

*Le Roy Gálvez, L. F.: Máximo Zertucha y Ojeda. El último médico de Maceo. Separata de la Revista de la Biblioteca Nacional. Año IX. No. 1. Octubre-Diciembre. 1958. pp. 30-33.

Hotel Meurice
228 Rue de Rivoli
Paris

12 de diciembre de 1953

Estimado Dr. Le Roy

He recibido su carta y el fascimil del Acta del Consejo de Gobierno de la Revolución. El retraso se debe a que ando por el mundo como un cristiano errante, y que mis cartas (las que recibo) me siguen aún con mayores rodeos.

Podría contestar su pregunta fácilmente si en la Revolución yo hubiera recibido del Consejo de Gobierno un solo papel oficial. Ni uno solo llegó a mis manos, a pesar de haber concurrido a múltiples consejos de guerra. Tuve durante meses un pequeño libro que contenía unas leyes generales; luego habiéndolo perdido en una acción de guerra, me servía en los procesos de otro ejemplar que poseía Enrique Villuendas.

Pero este documento que usted me envia u otro que tratara del perdón de los presentados, si es que lo hubo, no llegaron a mis manos, ni al tiempo del proceso Bermúdez, ni después.

Ahora ¿por qué hago referencia en "Mis relaciones con Máximo Gómez" a un perdón general dado por el Consejo de Gobierno (o el Gobierno como decíamos entonces)-. Porque el General Máximo Gómez lo proclamó ante las fuerzas reunidas, y el General José M. Gómez hizo circular la noticia en Sancti Spiritus. Además porque muchos presentados volvieron a las fuerzas de la división primera del Cuarto Cuerpo, en la cual estaba, sin que se les hiciera nada. Y de manera especial vino uno que había sido coronel, el cual creo que vive aún, un valiente por cierto. No hago su nombre porque lo estimo mucho. Este preguntó antes de venir si sería admitido. Pero todo esto no hubiera sido suficiente, ni yo lo hubiera recordado, si todo el proceso (no sé si el escrito o el no escrito) no hubiera girado sobre este perdón ni la realidad revolucionaria de entonces si no hubiese existido un perdón general, y el Gen. Bermúdez mata a un presentado que encuentra por el camino o en cualquier parte, no se le hace proceso de ningún género. Cuando hablé con Bermúdez, el alegó este punto de que se trataba de un traidor, y yo le repliqué, sí, pero perdonado.

El proceso escrito, no lo recuerdo; pero, le repito, lo escrito circulaba poco; y si en el proceso figura el asesinato, simplemente por haber matado a un hombre, sin los dos extremos principales, de ser el muerto un presentado, y surgir la culpabilidad de Bermúdez del hecho que los presentados habían sido invitados a volver a las filas, fué por razones impuestas, probablemente, por la próxima victoria, que exigía un buen parecer que no siempre tienen los revolucionarios en la hora peligrosa. Espero haberle satisfecho. Siempre suyo con toda consideración.

Orestes Ferrara

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