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Cuaderno de Historia No. 82, 1997

Opinión del doctor Luis Felipe Le Roy y Gálvez, Profesor Titular de Análisis Químico de la Facultad de Ciencias (1937-1966) e Investigador Histórico de la Universidad de la Habana (1966-1979). Máximo Zertucha, víctima de la calumnia*

*Patria. 23(12):4. Diciembre de 1967.
 
Máximo Zertucha y Ojeda, el último de los tres médicos que tuvo Maceo, se incorporó a la Revolución a principios de 1896, y a mediados de ese año quedó nombrado médico del caudillo. Cuando este último cayó en San Pedro, Zertucha se hallaba junto a él y le atendió de inmediato. Desconcertado por la muerte de su jefe, maltratado de palabra por Pedro Díaz, amenazado de muerte por Miró Argenter que le detestaba por celos de cuartel, y enterado que sus hijos pasaba hambre, cometió la locura de desertar dos días después y acogerse al indultó español.

Como convenía a los intereses de la guerra que Maceo apareciera asesinado alevosamente, la deserción de Zertucha se aprovechó para propagar esa especie mediante la prensa norteamericana, donde se le presentó como traidor y asesino de Maceo, en convivencia con el realmente inofensivo segundo cabo español Marqués de Ahumada. Desde entonces ese estigma le persiguió toda su vida, a pesar de haber sido exonerado de dicha acusación ante corresponsales norteamericanos en la propia manigua.

Al reintegrarse a la Revolución en 1898 y ser públicamente rehabilitado de todo cargo infamante, sus colegas médicos levantaron una ola de protestas que arreció al terminar la guerra, cuando más galenos clamaron contra su reivindicación. A esa terrible campaña difamatoria puso fin, como por ensalmo, la réplica firme, viril y concluyente de Zertucha, que publicó "La Discusión" el 7 de febrero de 1899. En ella terminaba el médico, aludiendo al origen de la protesta, con estas palabras sibilinas: "Pero día llegará en que ese origen se conozca, lo mismo que minuciosamente, la acción de Punta Brava".

En la República ocupó el cargo de jefe local de Sanidad, del cual fue malignamente destituido en 1904, al chocar su intransigente rectitud con los intereses creados. Amargado, envejecido y enfermo, murió el 26 de octubre de 1905 en Melena del Sur, donde siempre residió y reposan sus restos.

No debe confundirse a Máximo Zertucha, como sucede algunas veces, con su hermano Isidro, médico también, que siempre vivió en Bejucal y nada tuvo que ver con Maceo.

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