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Cuaderno de Historia No. 82, 1997

Declaraciones del doctor Máximo Zertucha ante el Consejo de Guerra que se le celebró el día 21 de abril de 1898*

*Le Roy y Gálvez, L. F: Sobre la muerte del capitán Francisco Gómez Toro. Imp. Cárdenas y Compañía. La Habana, 1952. pp. 105-114.
Al C. Mayor General J. M. Rodríguez

Máximo de Zertucha y Ojeda, Dr. en Medicina y Cirugía, ex-jefe del 4 Cuerpo de Sanidad del E. Libertador. Médico que fue del Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales ante V. comparece manifestándo que deseando volver a prestar sus servicios en el ejército le suplica que en el acto de su comparecencia se le forme Consejo de Guerra, que a su clase corresponde por haberse presentado a indulto el 10 de diciembre de 1896, quedando de ese modo salvo su honor como cubano tanto en el ejercicio del cargo antes dicho, como en las trincheras Españolas donde ejerce el cargo de vocal Serto. del Comité Separatista Patria y Libertad en Melena á 21 abril de 1898.

(fmdo.) D. Zertucha
Abril 24/898

Pase a la Jefata. de E. Mayor y previa información me dé cuenta pa. su resolución.

El Mayor Gral.
(fmdo.) J. M. Rodríguez

En cumplimiento del anterior decreto, el que suscribe, há abierto la información indicada acerca de los servicios prestados en Campaña por el solicitante y la conducta que el mismo haya podido observar durante el tiempo que há permanecido fuera de nuestro Ejército, después de su presentación. Según informes facilitados por el Coronel Alberto Nodarse, Jefe de la 4a Brigada, resulta que el Dr. Zertucha prestó buenos servicios mientras estuvo a las ordenes del Lugarteniente Gral. Antonio Maceo y que por referencia supo que dicho Dr. ofrecía sus servicios desde la población en que se encontraba.-

Otros informes adquiridos, hacen más luz sobre lo que se interesa, resultando de ellos que ha realizado sus ofrecimientos, prestando últimamente servicios al Ejército Libertador. -Entre líneas- últimamente- Vale.

Lo que informo según se ordena.- fecha ut supra.-

El jefe into. de E, M. del Depto.
Tte. Coronel,
(fmdo.) Miguel Iribarren
(Sello de la Jefatura del Estado Mayor)

Decreto:

Abril 24/98

Vista las informaciones que anteceden, este Ctel. Gral. accede á lo solicitado, y oficiese en tal sentido al interesado -P. y L.-

El Mayor Gral.
(fmdo.) J. M. Rodríguez.

Pasada la comunicación que se ordena, registrada al No. 227 del Libro de Comunicaciones.- fecha ut supra-

El Jefe into. de E. M. del Depto.
T. Coronel
(fmdo.) Miguel Iribarren
(Sello de la Jefatura del Estado Mayor)

Declaración del Dr. Máximo de Zertucha y Ojeda ante la comisión nombrada para investigar las causas de su acogida a indulto el 9 de Diciembre de 1896 y presidida por el General de división Alejandro Rodríguez.

Máximo de Zertucha y Ojeda, Dr. en Medicina y Cirugía, y médico propietario que fué del Cuartel General del Mayor General Antonio Maceo Grajales, natural de la Habana, casado de cuarenta y tres años de edad jura por su honor decir la verdad en cuanto manifiesta en la presente declaración y espone que ingresó en las filas del ejército libertador en 6 de Enero de 1896 con el grado de Capitán, y en las fuerzas de la Comisión del Tte. Coronel Betancourt; que en tres de febrero se incorporó en el Ingo. Teresa, de Melena del Sur, a las fuerzas mandadas por el Ber. Pedro Díaz, donde se le dió el mando de la brigada de Batabanó a la Habana, con el grado de Comandante; que en trece de Mayo fué ascendido a Médico Mayor con el grado de Tte. Coronel con mando en la estinguida división de Pinar del Río y en 6 de Agosto se le nombró Coronel con mando interino del 5to. Cuerpo por heridas del propietario Dr. Hugo Roberts que así mismo fué nombrado Médico del Mayor General Antonio Maceo en 15 de Junio del 96 cuyo cargo desempeñó hasta el 7 de Diciembre del mismo año; que en 9 de Diciembre a las 9 de la noche se acogió a indulto en el Ingo. Mercedita, donde se puso en comunicación con las fuerzas cubanas, prestándole toda clase de auxilios y actuando de Srio. del Comité Separatista hasta el 1o. de Mayo en que se incorporó a las fuerzas de la 2 brigada del Ber. Nodarse, haciéndolo a este cuartel general en 1o. Junio donde prestó sus servicios interinamente hasta el mes de Julio en que fué nombrado Médico del Cuartel General en propiedad; que durante el tiempo que ha estado en el servicio activo del Ejército, organizó los servicios sanitarios de la Brigada de Batabanó, y así mismo los de la división de Pinar del Río fundando en dicha provincia los Hospitales del Rubí, Brujo, Rangel y Sabana de Morqui, ha asistido y prestado sus servicios en las acciones de guerra siguientes S. Antonio de Las Vegas, Toma de Jaruco, Moralito, El Gato, S. Anto. de Veitía, Neptuno, Galopes, Frias, Labory, Cayajabos, Loma del Toro, Vigia de Cabañas, La Guásima, Loma del Chivo, Consolación (del Sur), S. Diego de los Baños, S. Claudio, Las Pozas, S. Miguel, El Lechuzo, Espedición del Competidor, Cacarajícara, Manuelita, Quiñones, cinco combates en el Campamento de Tapia, Las Animas, en 24 de Junio donde fué herido el Mayor General Antonio Maceo a cuya asistencia, estuve encomendado hasta el 1o. de Agosto que fué dado de Alta; asistiendo después a sus ordenes inmediatas a los combates de Taco-Taco, Bacunagua, La Esperanza, Dima, Los Arabos, S. Felipe de Montezuelo, Tumbas de Estorino, S. Franco. y Manajo, S. María Sumidero y Cabezas, Ceja del Negro, Guayabito, El Rosario, Los Chumbos, en el Rubí, Bejarano, La Gobernadora, paso de la trocha, y Combate de S. Pedro en la pa. de la Habana.-: que contestando la pregunta de como acaeció la muerte del Mayor G. A. Maceo manifiesta: que acampados en el Potrero de S. Pedro en Punta Brava serían como las dos de la tarde, hacía una hora que habíamos almorzado juntos como de costumbre el General, el Ber. Miró y el que declara; el Gral. Maceo padeciendo de una reuma articular a consecuencias de sus dolores, se había recostado en su hamaca, sin botas ni zapatos, yo estaba durmiendo a su lado en el suelo: repenti- un rumor seguido de gran alarma en el campamento me despertó.Vi al General de pie ayudado por el asistente Benito, el Ber. Miró y el Comandante Jústiz, su ayudante poníendose apresuradamente las botas; ya mi asistente tenía mi caballo preparado a mi lado, y acto continuo montó el Gral. siguiéndole nosotros, dirigiéndonos en medio de grupos de gentes de la fuerzas hacia el lado isquierdo del campamento sin que se oyese un solo disparo de arma de fuego. Llegamos al Camino Real de S.Pedro y el General dió órdenes a Pedro Díaz, a Nodarse y Jústiz y volviendo sobre sus pasos seguimos el camino hasta llegar a un portillo por el que penetró el General con el Ber. Miró, yo y el Dr. Guás, quien me acompañaba, por orden mía al preguntarme donde era su puesto en la acción. Al salvar el portillo nos encontramos en un cuartón limpio de llerva de Guinea, cuyo frente está cercado por una cerca de piedra y detrás un palmar, a la izquierda seguía la cerca y monte- a la derecha un espeso Guayabal sin cerca y por detrás donde estaba el portillo, el Camino Real.- El General detuvo el caballo a unos 12 metros del portillo hacia el centro del cuartón teniendo a su derecha al Ber. Miró y a su izquierda al declarante, el Dr. Guás se había quedado atrás cerca del portillo: pocos momentos antes de penetrar por el portillo, se rompió el fuego por descargas del enemigo, que se había posecionado de la cerca del frente y flanco isquierdo; a los dos minutos poco más o menos de estar en dicha posición, el General mirando hacia la esquina de unión de las dos cercas, se inclinó de lado del Ber. Miró y tocandole el hombro con la mano que empuñaba el machete le dijo: !Esto va bien!! y acto continuo cayó herido como por un rayo entre mi caballo y el suyo lanzando el machete hacia delante, me desmonté enseguida, sostuve su cabeza en mi brazo izquierdo procuré averiguar donde estaba herido: del lado derecho de la mandibula inferior junto al mentón, un chorro de sangre indicaba el punto de la herida, reconocí la mandibula, encontrándola fracturada. El punto de herida no explicaba los fenómenos generales que se presentaban, -pérdida del habla, el ojo derecho, sin vida, no así el isquierdo, en que se aumentaba la espresión, la cara cada vez más pálida y la aljides, me hizo temer un término fatal; habiendo pasado una grave enfermedad en Pinar del Río días antes del paso de la trocha, me encontraba sin fuerzas de ninguna especie, y no podía ni aun siquiera volver el cuerpo para poder reconocer la parte posterior del cuerpo del herido; un joven oficial que no conocía, por serme desconocidas las fuerzas de la Provincia de la Habana, me ayudo a volverlo y entonces me encontré otra herida del mismo proyectil por su dirección, que se encontraba en la parte posterior del lado derecho de la espalda, entre el homoplato y la columna vertebral; la dirección de la herida y los fenómenos general me hicieron temer una hemorragia interna como realmente resultó, muriendo en mis brazos al minuto poco más o menos de ser herido. -Cuando cayó el General Maceo, grité al Ber. Miró, en medio del ruido de las descargas lo que pasaba pues él vuelto de espaldas no lo había visto; dió dos o tres gritos ininteligibles y después de volver su caballo, dió otro bien claro diciendo que estaba herido, que iba en busca de auxilio y se retiró a escape, quedando solo yo con el cadáver: en aquel momento se presentó el Tte. Francisco Gómez Toro, que se encontraba herido en el hombro isquierdo en el combate del 1o. de Noviembre en la Gobernadora, en unión de dos o tres individuos que no recuerdo: me dijo, yo lo vengo ayudar Dr. y cargamos el cadáver, en el caballo moro del mismo General, pero al volver dicho animal en dirección al portillo, recibió un balazo que le atravesó el tórax destrozando el codo del brazo izquierdo en su salida, hice una cura con un algodón y un pañuelo de seda que todavía conservo; varios individuos se habían reunido, yo viendo ya muerto al Gral. y a Panchito sin auxilio me dirigí a un caballo alazán que estaba comiendo cerca del lugar y montando, crucé el portillo y me dirigí en busca de fuerzas, encontrándome a los pocos momentos al Ber. Sánchez quien enterado, me manifestó que no tenía fuerzas, que buscara a Díaz, así lo hice y en el camino me encontré al Coronel Nodarse gravemente herido. El General Díaz ya venía en auxilio, y yo me dirigí a curar por su orden al Cmte. Jústiz y otros heridos que estaban graves, el tiempo que improvisé camillas curé los heridos y sería el de una hora. Cuando me dirigía al lugar de la acción, llegaban a una casa de paja del Potrero Lombillo los cadáveres de Antonio Maceo y Francisco Gómez Toro.

Allí reunidos estaban el Ber. Sánchez, el Coronel Sartorio, el Ber. Díaz, los jefes Juan Delgado, Baldo. Acosta y otros que no recuerdo así como los ayudantes del General Piedra y Sahubanel teniendo que practicar el reconocimiento de los cadáveres para dar el certificado que debía remitirse al Cuartel G. del General en Jefe, y no estando presente el Ber. Miró, se le mandó a buscar por orden del Ber. Díaz, tardando media hora en llegar, por estar con los heridos en la impedimenta.

Presente todos, practiqué los reconocimientos en la siguiente forma.

1o. El General Antonio Maceo.

Una herida contusa de proyectil de arma de fuego de 9 milímetros de diámetro situada en la región mentoniana derecha a unos dos centímetros de la sínfisis del hueso maxilar inferior con fractura del mismo. Otra de la misma clase y dimensión, situada en la región interescapular derecha a unos tres centímetros de la columna vertebral y al nivel de la unión del tercio superior y medio del hueso homoplato. Otra de la misma clase y dimensión situada en el hipocondrio derecho. Otra de la misma clase y dimensión en el hipocondrio izquierdo.

Francisco Gómez Toro.

Herida de proyectil de arma de fuego de nueve milímetros de estensión, situada en el hombro izquierdo, en vías de cicatrización, con orificio de entrada al nivel de la incisión del deltoides y con otra de salida en la parte superior y posterior del mismo músculo.

Una herida por instrumento cortante situada en la región posterior del cuello que dividia por completo los músculos de dicha región, hasta dejar en descubierto la columna vertebral. Otra herida pérforo-cortante situada entre la tercera y cuarta costilla del lado izquierdo a unos 4 centímetros del borde del esternón penetrante de pecho. Otra herida de arma de fuego que se encontraba situada entre la 7 y 8 costilla en la región lateral izquierda del tórax con orificio de salida entre la 8 y 9 del lado derecho, destrozando el proyectil en su salida el codo del brazo del mismo lado.

Recogí el algodón y el pañuelo ensangrentado que como apósito tenía el cadáver de Francisco Gómez Toro y pedí autorización para estraer una bala que el General tenía enquistada en la espalda de la Guerra de los 10 años autorisados por el Ber. Miró y el Gral. Díaz la estraje la que consevo en mi poder así como un peine que usaba para el bigote, que tembién me fué donado como recuerdo de mi Jefe.

Al practicar el reconocimiento del cadáver del General, en un bolsillo interior, tenia unos documentos los que acto continuo de sacarlos se los entregué al Ber. Miró a presencia del Gral. Díaz y demás Jefes presentes.

Concluída mi misión, y habiendo terminado el cumplimiento de mi deber, me dirigí al Ber. Miró para ver la herida y curarla, que me había manifestado en el acto que cayó herido el Gral. Maceo; al principio se negó a ello, pero a mis instancias, lo hice, viendo que era una simple contusión que no le impedía para nada seguir en el campo de batalla.

En estos momentos, se presentó el Comandante Ahumada a pedirme, le devolviese su capa y su hamaca que se encontraban en el caballo que yo había cogido en el campo de batalla: se las dí pero no el caballo pues el mio había sido muerto en el mismo sitio de acción.

Los cadáveres fueron amarrados en un mulo y conducidos en dirección a Loma del Hambre, y en el trayecto fueron enterrados, manifestándome el Gral. Díaz donde se habían enterrados.

Acampamos en Loma del Hambre el día ocho a las 9 de la mañana y en el pabellón del General, a su presencia, entregué al Ber. Miró, Certificación para remitir al General en Jefe, de los cadáveres de Antonio Maceo y Francisco Gómez así como también acta de lo ocurrido a mi presencia durante la acción.

Junto al pabellón del Ber. Miró como a las 2 de la tarde conversando con Nicolás Sahuvanel Ayudante y ahijado del General Maceo increpé duramente al General Miró por la conducta que había observado en la acción y haciéndolo culpable de la muerte de Francisco Gómez. Mi conversación fué oída por dicho Jefe y supe por su asistente llamado Manuel que había dicho que había en necesario hacerme desaparecer pues yo me presentaría y haría mucho daño a la revolución.

Al tener conocimiento de semejante juicio, unido a las dudas que en mi ánimo existían por las heridas del Ber. una revolución se verificó en todo mi espíritu.

Yo que creía siempre haber cumplido con mi deber, ya que siempre había sido subordinado a mis Jefes, yo que había abandonado familia (e) intereses para servir a mi patria, había venido a servir de instrumento a quien, debiendo todo lo que era, siendo considerado, y estimado por la sombra pura y respetable de nuestro General, yo ya debía morir ignorado por una bala perdida para que no fuese testigo fiel de los sucesos, de la cobardía, de la ingratitud de un hombre, lleno de egoismo que así pagaba todos los bienes que le había dado su patria adoptiva, entonces quise conservarme para en su día vengar la muerte del General mi Jefe; y comprendí todos los males que me habían de resultar, por supuesto, pero que día llegaría en (que) la luz se hiciese. Fuí por recoger todos mis documentos y pruebas plenas lo que verifiqué, y conservo en mi poder.

Al acampar en Loma del Hambre, el día 8 a presencia del Brigadier Pedro Díaz, estendí y entregué al Brigadier José Miró Argenter los siguientes documentos, con destino al Cuertel General del General en Jefe.

1o. Certificación detallada de los reconocimientos de los cadáveres del General Maceo y Tte. Gómez Toro.

2o. Acta de los sucesos ocurridos en el Combate de S. Pedro, por la muerte del General Maceo, en la que se especificaba todo lo que a mi presencia resultó.

El día dies al llegar al Navio donde acampamos, recibí carta de mi familia, en la que me enteraban del estado de miseria y abandono en que estaban, sin auxilio de ninguna clase y obligado uno de mis hijos a vender licores a las columnas de paso por el término de Melena.

La muerte del General Maceo produjo en mí, un estado de aplanamiento y confusión que trastornó por completo mi cerebro hasta el punto de creer se atentaba a mi vida y me lanzó al lado de mi familia no solo para cumplir el sagrado deber de su sustento, sino para desde allí continuar sirviendo por todos los medios posibles la causa de la revolución con un intermedio de dos meses que estuve convaleciendo de lo rudo de la campaña como pueden atestiguarlo los Jefes locales de la zona de Güines y Melena del Sur.

Presento pues para mi descargo los servicios siguientes:
- Organisación de la Brigada de Batabanó a la Habana, a las órdenes del Ber. Díaz.
- Organisación de la división de Pinar del Río a las órdenes del General Maceo.
- Fundación de seis Hospitales.
- Haber prestado sus servicios en cincuenta acciones de guerra antes enumeradas.
- Haber estado siempre al servicio de la causa de la Revolución, con mi vida, mis rentas y mi poca inteligencia, antes y después de la falta cometida.
Campaña. P. y L. Julio 7 de 1898

(fmdo.) Máximo Zertucha

General:

Cumpliendo el delicado encargo que se sirvió V. conferirme por medio de comunicación fecha 20 de junio último para dictaminar en la solicitud del Dr. Zertucha al efectuar su reincorporación al Ejército el esclarecimiento de las circunstancias que en su conducta para con la revolución concurren, tiene el honor de esponer: Que por ausencia de los T. Coroneles Loinaz é Iribarren designados para dictaminar conmigo habré de emitir mi criterio personal en el asunto que es como sigue:

El Dr. Zertucha con fecha 20 de abril último ocurre a V. suplicándole, en el acto de su reingreso en el Ejército, se esclarezcan los hechos que le indujeron a acogerse al indulto enemigo el 10 de diciembre último, digo, de 1896 y su conducta durante sirvió en el Ejército y después en el pueblo de Melenas donde fijó su residencia para salvar su buen nombre y honor de cubano. Este Cuartel General accedió a la solicitud y dispuso lo necesario para que se inquiriesen los particulares conducentes a ese fin, nombrando una comisión presidida por mi que dictaminase después en vista de ellos.

Resulta de los informes adquiridos, verbales algunos y otros escritos que el Dr. Zertucha ingresó en la revolución el 6 de Enero de 1896 en clase de Médico y que tanto se distinguió en el desempeño de los cargos que se le confiaron que llegó a ser Coronel del Cuerpo de Sanidad y Médico particular del Lugarteniente Antonio Maceo a quien asistió hasta los momentos de su muerte.

Que el día 10 de Diciembre de 1896 se acojió a indulto pasando a residir al pueblo enemigo de Melena del Sur, donde se negó a recibir cargos retribuidos que le ofrecían los españoles y entró a formar parte de la junta Separatista de Melena en clase de Secretario en cuyo puesto prestó importantes servicios a la Causa de la Independencia con sus escasos recursos pecuniarios hasta su vuelta a la guerra.

Que en cuanto a las causas que motivaron su deserción de nuestras filas, se explica perfectamente con la fuerte sacudida que produjera en su espíritu el cuadro imponente de la desaparición del malogrado General Maceo -su Jefe- a quien hasta entonces parecía respetar la muerte. Y si a eso se agrega la noticia que recibiera Zertucha, a raiz del infausto suceso, de la estrema miseria a que se hallaba sumida su familia, no es estraño que en un temperamento esquisitamente nervio, asaltado por toda clase de temores y disgustos concluyera por caer en la locura de acogerse al indulto que por aquella época habían ofrecido los españoles: fatalísima resolución muy de lamentar en una personalidad de muy buenos antecedentes personales y que hasta aquellos momentos había sido una persona útil a la causa de Cuba, habiéndolo patentizado con el acto de que a pesar de su estravío no variaron sus sentimientos patrióticos.

Es cuanto tengo el honor de informar a Ud.

Campamento La Jaula, Agosto 12 de 1898.

El General de División,
(fmdo.) Alejandro Rodríguez

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