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Cuaderno de Historia No. 82, 1997

Habla Zertucha*

*La Discusión. La Habana, martes 7 de febrero de 1899.

Habana 28 de enero de 1899

Señor Director de La Discusión

Muy señor mío.

En el número del períodico La Lucha, correspondiente al día 8 de Diciembre vió la luz un suelto titutado "El doctor Zertucha", "Reivindicación ante la patria", cuyo rubro, lo mismo que el preámbulo contenido en el primer párrafo, fué obra de la Redacción de aquel diario y no mía, al solicitar la inserción de un oficio del Mayor General José María Rodríguez, que extractado se lee en el resto del suelto aludido.

Y digo que aquel titulado no fué obra mía, porque nunca he pensado que necesitaba reivindicarme, y porque no lo necesitaba, no hubiera usado jamás la palabra "reivindicación ante la patria".

Inmediatamente después que el suelto de referencia se publicó, los doctores Hugo Roberts y Gustavo Pérez Abreu dirijieron un telegrama en que, protestando del contenido de aquel, expresaron que para contestar recojían documentos.

Y a ese trabajo se habían dedicado seguramente todo el espacio de tiempo transcurrido desde el ocho de diciembre hasta el día de ayer en que han dado a la luz en el diario de su digna dirección, una carta que autorizan aquellos doctores y otros más, relatando los documentos recojidos para probar la inexactitud de lo dicho en una comunicación oficial, no por mí, sino por el que es jefe mío, tanto como lo es de ellos.

Pero interesado yo en aclarar ante el público el valor de esos documentos, y valiéndome al efecto de la amabilidad de usted que me presta las columnas de su ilustre periódico, he de combatirlo ferozmente, para que quede el asunto de que tratan perfectamente diáfano como quedará mas adelante conocido el origen -del que nunca he querido hacer mención- de esta controversia.

Es el primero un certificado del Jefe de Sanidad, en que hace constar que no pertenezco á dicho cuerpo desde el ocho de diciembre de 1896, en que deserté, y que jamás he figurado como coronel en su escalafón.

En cuanto á mi separación de las filas el 9 de diciembre del 96 -y no el 8 como equivocadamente se dice- de 8 á 9 de la noche y a que por ello no figuro en el escalafón desde aquella fecha, debo hacer constar, que no debía figurar en el espacio de tiempo que media desde el 9 de diciembre citado hasta mi reincorporación, pero si he debido figurar después y hasta la fecha, si se tiene en cuenta como ha debido tenerse los particulares siguientes:

El 20 de Abril de 1898 presenté una instancia al jefe del Departamento Militar de Occidente en la que solicitaba que en el acto de mi comparecencia se me formase consejo de guerra, pues yo no había sido traidor a la patria por ningún concepto, y si cometí una falta al separarme, lo hice en tales condiciones, que habían circunstancias casi eximentes para ello.

El Cuartel General del Departamento en comunicación registrada al número 227 se sirvió acceder á mi petición en 24 del mismo mes.

Ingresé presentándome al Jefe de Sanidad de la segunda División del quinto cuerpo, teniente coronel Francisco Anciano, el que tomó nota de la fecha de mi ingreso, y después á propuesta del Mayor General J. M. Rodríguez quedé como médico propietario del Cuartel General del Departamento, pasando a Jefe se Sanidad de la segunda brigada el doctor Francisco Acosta, capitán de Sanidad, que lo desempeñaba interinamente.

Si no figuro, pues, en el escalafón después de mi reintegro, culpa será de quien haya debido incluirme y no mía porque por algo y para algo existe la Ley, y también los Jefes del Ejército que cumpliendo aquella dictan sus disposiciones.

En lo que se refiere á que jamás figuré como coronel en el escalafón, diré que figuraba en él como teniente coronel, y con el empleo de jefe de la 3o División del 5o Cuerpo, del que era jefe el Dr. Hugo Roberts: que mi ascenso á coronel lo obtuve por la ley y por nombramiento del Lugarteniente A. Maceo, lo primero; al ser baja por herida recibida en la escaramuza de San Gabriel el 13 de junio el Dr. Hugo Roberts, recibí una orden del Cuartel General para ocupar su puesto, y claro está que al hacerlo, la ley de organización de Sanidad Militar previene que cuando un inferior ocupe el empleo superior ese sólo hecho le da derecho al nuevo grado, y lo segundo, por habérmelo conferido el general A. Maceo el 14 de Agosto, después que le asistí y curé de las heridas que recibió el 24 de junio en el combate de Tapia, y tan es verdad que se me reconocía como tal coronel desde esa fecha, que además de poderlo manifestar los entonces ayudantes Nodarse, Cosío, Ahumada, Herrera, Portela, Peña y otros que hoy tienen empleos superiores, lo comprueba el hecho de haber remitido al señor Agramonte en el cuartel del general Lacret, la relación de los individuos que formaban el Cuerpo de Sanidad en la 3o División, cumpliendo la orden contenida en el oficio que dirijió desde el campamento Voladora en 20 de junio, registrando al número 15 y que me fue entregado por el General Maceo para su despacho.

Mas aún: después del paso de la Trocha de Mariel Majana nos visitaron en el campamento de Baracoa del coronel Baldomero Acosta, los señores Perfecto Lacoste y Villanova, y á este último le fué dada por el coronel Nodarse, jefe del E.M. interino, entonces, una relación de los que acompañábamos al general y ella decía al número 5, Coronel Máximo de Zertucha-Médico.

El segundo, de los que llamaremos capítulo de cargos, se refiere en primer lugar, á que me incorporé a su Brigada en 4 de febrero del 96 y no en 6 de enero, cosa cierta, pero que solo puede estimarse a un error de fecha, sin importancia.

También es cierto que al general Díaz no le consta la enemistad personal de ningún jefe hacia mí, extremo que á muchos tampoco le consta, sin que esto signifique que porque otros no conozcan un hecho, deje de ser cierto.

El general Pedro Díaz, de quien siempre he tenido toda clase de atenciones, á quien conozco perfectamente y que es, a mi juicio, el jefe mas prestigioso de la revolución después del general Gómez, por su corrección, disciplina, moralidad y valor probado hasta el extremo de haberle dicho al general Maceo, que estaba "hermoso" defendiendo las posiciones del Rubí contra Weyler, no me desmentirá al manifestar yo, que el no podía saber desde el 14 de junio, mi grado, puesto que estaba a las ordenes directas del Lugarteniente A. Maceo; pero que puede atestiguar, si yo certifiqué como tal coronel al dar los dos atestados que entregué al general Miró, después del combate de Punta Brava, en el campamento Loma del Hambre, en los que manifestaba las causas de la muerte de Maceo y Panchito Gómez.

Es perfectamente exacto que yo no pertenecía al comité separatista de que era secretario el ciudadano Arturo Delgado; pero no desmiente su certificado la verdad de lo expuesto, pues jamás he dicho que pertenecía a ese club ó cosa así, ni nunca pasó por mi mente formar parte de él, porque conocedor de Delgado, personalidad improvisada, en virtud de ese documento, y solo por ese documento, mis trabajos buenos o malos, y más o menos importantes no los hubiera realizado nunca en el club de que se dice secretario el ciudadano Delgado.

En cambio, con autorización escrita del jefe de la zona de Melena, teniente coronel Luis de Cárdenas Herrera, se constituyó un comité separatista, del que era presidente el Doctor Horacio Acevedo, tesorero Domingo Brito y yo secretario. Dicho comité tomó la forma, para las autoridades españolas, de comité autonomista, con el propósito de impedir á la vez al partido de ese nombre que hiciera sus trabajos y demostrase que representaba la opinión del país.

Así logré impedir las votaciones en Melena y Guara, llegando el caso de protestar por los dos únicos votos que obtuvieron en la Diputación a Cortes ante el juez municipal á falta de notario, y hubiera derrotado al candidato Sr. Cueto en las elecciones de Representantes, sino hubiera recibido orden de incorporarme a las filas activas.

Es, por lo tanto, cierto, que pedí auxilio a mi estimado amigo el doctor Ferrer para que con su influencia en Los Palos y Nueva Paz hiciera votar en blanco, a última hora, a todos los electores.

Si duda, pues, pudiera haber respecto a mi conducta, por la seguida en ese club, duda podían inspirar los demás sobre todo el señor Brito, del cual nadie que le conozca podrá decir una palabra acerca de su patriotismo acrisolado, y que verdadero agente de la revolución en Melena, recibía todos los efectos que a su nombre le eran remitidos por la Central de la Habana, la correspondencia oficial y pública que lo mismo que los efectos le eran consignados con todo su nombre y apellido por el Dr. Mario.

En cuanto al último párrafo de los cargos formulados, contenido en un documento "privado" y que pertenece el dominio público hace cerca de tres años el hecho es el siguiente:

Con noticias en La Habana -donde me encontraba en unión de Saturnino Lastra, ex-Secretario de Hacienda- y que podía estimar fidedignas, pues me las facilitó una persona de mi confianza, de que "sería detenido, pues yo era el cabecilla" de los que se habían marchado de Melena, me presenté al Sr. Julián Solórzano, a quien conocía por ser dueño del ingenio Armonía de Melena, solicitando de él me recomendare al general Arderius y me facilitase el uniforme y algún dinero pues tenía que ingresar en el Ejército, porque ya no se podía trabajar en el campo.

Dicho señor atento siempre á sus amigos así lo hizo. El uniforme dí orden me lo remitieran á la morada de don Enrique Pascual, calle de San Miguel esquina a Aguila. Esto ocurrió a las 3 de la tarde. Por la noche relaté a Saturnino Lastra la coartada y me la aprobó.

Al día siguiente hubo trenes hasta San Felipe y embarcándome para ese pueblo, allí pedí un caballo al celador Castillo y fuí al central Merceditas donde á la noche siguiente me marché con 16 hombres armados incorporándome á las fuerzas del general Pedro Díaz en el ingenio Teresa.

Hasta hoy no sé qué forma tenía el uniforme.

Esa, que es la historia que conocen muchos, que podía decir que el público conoce como yo, se ha sacado por los señores firmantes de la carta que contesto, de un documento "privado", como si se tratare de un secreto, de algo que envuelve una grave acusación y que solos han conservado, siendo aquella la primera vez que se dice al público.

Yo entiendo que me hace mayor honor mientras mas conocida sea la "grave acusación" del documento "privado".

Hasta aquí, pues, en cuanto concierne á los hechos consignados en la primera parte de la carta autorizada por los señores Alvarez, Molinet y demás que figuran en el número de La Discusión a que me refiero.

De aquellos, contestados con detalles minuciosos, constantes de documentos que conservo en mi poder y que podría publicar separadamente, y de otros de que son testigos personas prestigiosas de la Revolución, deducen una protesta dichos señores como si se tratara del que mayores daños ha podido causar á esta tierra.

¿Hay méritos para ella?

¿Están en relación las causas y sus efectos?

¿Mi falta al separarme del Ejército es mayor que la que han cometido 5 000 hombres que después se han reincorporado y aún han obtenido dos o tres ascensos?

Dícese que ha sido examinado el asunto desapasionadamente y es inexacto.

Si hubieran juzgado sin apasionamiento, de seguro que otro procedimiento -el legal- que tenían y tienen expedito hubieran adoptado esos señores; pero han escogido el de las cartas á los periódicos para llevar la duda al público, que desconoce las intimidades, puede decirse, de la Revolución.

Pudiera, comparar además, con lo que han estimado crimen, con lo que consideran un "ultraje", los servicios prestados a mi patria en las dos campañas. Pudieran no haber saltado por ellos para ir a buscar datos en una "taberna" de Melena que se dice Club y que algún español cubanizado o extranjero naturalizado les diera documentos privados.

Pudieran haber presentado mi conducta en la acción de San Pedro en Punta Brava en la que murió en mis brazos en medio de las balas enemigas mi Jefe el inolvidable Antonio Maceo.

Tal parece que en cada uno de mis actos en ambas épocas de mi vida en campaña, no he cometido más que faltas, y que no he servido en nada á mi país, porque de otro no se explica el tono de la protesta á que me contraigo.

Y tal parece también, que esa protesta tiene por objeto hacer presión en el Ejecutivo para que resuelva en un sentido diverso de aquel que la justicia reclama.

Deberes de patriotismo y disciplina me impiden en la actualidad señalar el origen de esa protesta, bastándome refutar los hechos en aquella consignados, para que el público cubano, ageno á cuestiones individuales, juzgue de parte de quien están la razón y la justicia.

Pero día llegará en que ese origen se conozca, lo mismo que, minuciosamente, la acción de Punta Brava.

Por lo demás, no he de entrar en discusiones de grados o servicios porque fuí a la Revolución solo por amor a mi país: terminada la lucha y obtenido el ideal que aquella defendía, me queda la satisfacción de haber cumplido con mi deber de cubano, sin los beneficios personales por otros obtenidos de ocupar empleos que no necesito desde, que otro grado alcanzado en las Universidades y que nadie me discute, me dio derecho á trabajar para vivir.

M. Zertucha.

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