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Cuaderno de Historia No. 82, 1997

EL LUGARTENIENTE GENERAL ANTONIO MACEO Y LOS MÉDICOS CUBANOS

"El General Antonio Maceo y los médicos mambises"

* Trabajo escrito con motivo del Centenario de la muerte en combate del General Antonio Maceo por encargo del periodista Luis Sexto de la Revista Bohemia, agosto de 1996. Publicado en Revista Bohemia 89 (9):64-66. abril 24 de 1997.
** Historiador Médico del Ministerio de Salud Pública.
por el
Dr. Gregorio Delgado García

De sobra conocida es la importancia de la labor rendida por los médicos revolucionarios cubanos en las guerras por nuestra independencia contra el gobierno colonial español, no sólo en su práctica profesional, indispensable en la guerra, sino también como combatientes y activos políticos. Nadie como nuestro genial José Martí advirtió el papel estratégico que podían jugar los médicos como conspiradores por su función dentro de la sociedad, de ahí sus proféticas palabras al médico de Jagüey Grande, doctor Martín Marrero Rodríguez, después coronel mambí, recogidas por Gonzalo de Quesada Miranda en su libro Anecdotario Martiano: "Los médicos son los mas apropiados y por lo tanto, serán los mejores delegados. Sus pasos en ninguna parte llaman la atención; siempre son bien recibidos . Todos le deben algo: unos la vida, otros dinero. El médico es quien mejor conoce los secretos de todos: por eso, está será la revolución de los médicos."

Y no lo hicieron quedar mal, catorce de ellos encontraron la muerte en las filas del Ejército Libertador en la guerra que el propiciara; once alcanzaron los grados de general; ocho fueron constituyentes en Jimaguayú y La Yaya; cinco integraron el Consejo de Gobierno de la República en Armas y catorce ocuparon cargos de miembros de la Asamblea de Representantes del Ejército Libertador, por solo citar los mas sobresalientes.

Por eso no resulta extraño que en su larga vida de combatiente revolucionario, en que recibió mas de 25 heridas de bala y una de sable, sostuviera el Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales estrechos vínculos, en algunos casos de profunda compenetración y cariño, con numerosos profesionales de la medicina cubana.

Durante la Guerra de los Diez Años, historiadores y biógrafos de Maceo de la importancia de Fernando Figueredo Socarrás y José Luciano Franco Ferrán, han relacionado el cuidado facultativo del Titán con "los doctores Félix Figueredo, Brioso y Rosas [o Rozas]. "De los dos últimos no se ha podido comprobar que fueran graduados en medicina, pero sí parece cierta su condición de sanitarios eficientes. José Martí al describir el estado de ánimo de las mujeres de la familia ante la gravedad de las heridas recibidas por el Lugarteniente en el combate del potrero de Mejía el 7 de agosto de 1879 pone en boca de doña Mariana Grajales la frase: "¡Fuera, fuera faldas de aquí! ¡No aguanto lágrimas! Traigan a Brioso." Tampoco se ha podido conocer el nombre y el segundo apellido, pero sí el afecto que por ellos sintió Maceo. De la lealtad de los sanitarios a la causa de la independencia patria dice mucho la presencia de ambos en la Protesta de Baraguá junto a su inmortal jefe.

Félix Figueredo Díaz, bayamés, estudió la carrera de medicina en las Universidades de Barcelona, Madrid y Cádiz. Desde el inicio de la Guerra Grande se unió a las tropas de Donato Mármol. Su actuación como médico y soldado fue intensísima durante toda la epopeya, hasta alcanzar el grado de general de brigada y participar de manera destacada y polémica en los mas arduos momentos políticos de la misma. De Antonio Maceo fue médico, consejero y amigo entrañable. Es de gran importancia histórico médica su informe al generalísimo Máximo Gómez sobre las ocho heridas de bala recibidas por el Titán en el potrero de Mejía. En la Protesta de Baraguá participó activamente en las conversaciones con Martínez Campos y poco después salvó la vida de su jefe y amigo, al obtener del Gobierno de la República en Armas, que lo comisionara para ir a Jamaica en busca de refuerzos y seguir la guerra contra España.

General Doctor Félix Figueredo Díaz
FIGURA 9. General Doctor Félix Figueredo Díaz (1829-1892).

En New York, donde se encontraba como emigrado revolucionario, el doctor Federico Gálvez Alfonso, una de las figuras mas importantes de la cirugía cubana de la época, al conocer la Protesta de Baraguá, integró el comité designado en la convención popular celebrada el 3 de marzo de 1878 para unificar la emigración, apoyar a los protestantes y su voz fue de las que mas exaltó la posición adoptada por el general Maceo.

Una vez el lugarteniente en Jamaica recibe una carta del doctor Juan Guiteras Gener, patólogo, clínico y sanitarista cubano de prestigio internacional, donde a nombre de los emigrados de Filadelfia le ofrece los fondos que tienen recaudados y lo invita a visitar esa ciudad para levantar los ánimos.

En la propia isla de Jamaica entre los hombres que los secundan en su intento de llevar nuevamente la guerra libertadora a Cuba se encuentran los doctores José Ramón Alvarez Chacón, médico santiaguero, ferviente patriota y Eusebio Hernándes Pérez, la mas alta personalidad de la obstetricia cubana de todos los tiempos. El doctor Hernández Pérez llegó a sentir una gran devoción por el héroe mambí y fue no sólo su más íntimo consejero en decisiones estratégicas del movimiento revolucionario independentista entre los años 1880 a 1887, sino también la persona mas allegada a quien confiar asuntos familiares muy delicados. El doctor Hernández será el médico de toda la familia Maceo y quien realizará el parto de su único descendiente directo, el después ingeniero, Antonio Maceo Marryat. Juntos continuaron el general y el galeno sus trabajos revolucionarios en Honduras y tanto en Kingston como en Tegucigalpa, compartieron por muchos meses la misma habitación. De esta profunda amistad de tanta importancia en la historia de Cuba, quedaron como documentos históricos las 35 cartas conocidas que se cruzaron entre ellos y la conferencia del doctor Hernández, El período revolucionario de 1879 a 1895, publicada en la Revista de la Facultad de Letras y Ciencias en julio de 1914, e incluida en su libro Dos conferencias Históricas, La Habana, 1935.

En la guerra independentista de 1895-1898, Eusebio Hernández alcanzó el grado de general de brigada y fue miembro de la Asamblea Constituyente de La Yaya, del Consejo de Gobierno de la República en Armas y de la Asamblea de Representantes del Ejército Libertador. En la paz fue candidato a la vicepresidencia de la República junto al mayor general Bartolomé Masó Márquez, profesor eminente de la Universidad de La Habana, académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y académico fundador de la Academia de la Historia de Cuba, se unió a los estudiantes en la revolución universitaria de 1923, por cuyo gesto Julio Antonio Mella lo llamó Maestro y la postrer manifestación pública de su larga vida de combatiente la constituyó su presencia en el acto celebrado en el local de la Liga Antimperialista con motivo del traslado a La Habana de las cenizas del gran líder estudiantil.

En la última de nuestras guerras independentistas contra España el general Maceo fue atendido de grave afección cuando se encontraba en la jurisdicción de Holguín por el doctor Guillermo Fernández Mascaró, médico puertorriqueño, coronel de la Sanidad Militar.

En las primeras etapas de la gloriosa invasión a Occidente uno de los oficiales mas destacados junto a los generales Gómez y Maceo lo será el estudiante de tercer año de medicina José Luis Robau López, quien mas tarde ocupó el cargo de jefe de la Brigada de Sagua con el grado de general de brigada. Otro destacado lo fue el doctor Nicolás Alberdí Golzarri, coronel de Sanidad Militar, que no sólo actuaba como hábil cirujano de campaña sino también como soldado en las tropas del general de brigada Juan Bruno Zayas Alfonso, de las mas apreciadas por el general Maceo. El general Zayas, médico distinguido, sobrino de dos de los fundadores de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, fue uno de los jefes mas estimados por Maceo en la campaña invasora y con el llegó hasta su final, para ser de los dos galenos firmantes de la histórica acta de terminación de la epopeya en el Ayuntamiento de Mantua el 23 de enero de 1896. El otro facultativo lo fue el doctor Simeón Carbonell Miranda, médico del municipio. Apenas seis meses mas tarde moría el general Zayas en combate cuerpo a cuerpo contra el enemigo en la finca La Jaima, Quivicán, como uno de los soldados mas temerarios de la patria.

En la campaña de Occidente se incorporan a la columna invasora dos facultativos de gran prestigio los doctores Francisco Díaz Vivó, que se cubrió de gloria en el combate de Ceja del Negro en la curación de heridos en las más difíciles condiciones, ayudado solamente por la insigne patriota, capitana Adela Azcuy Labrador y Modesto Gómez Rubio, hijo de la capitana Isabel Rubio Díaz, mártir de la enfermería mambisa, que figuró entre los ayudantes del general Maceo y terminó la guerra con el grado de coronel.

Una mujer cuyo comportamiento en pleno combate de Río de Auras hizo gritar al General Maceo, "¡Viva la Reina de Cuba!", la patriota y enfermera mambisa, capitana Luz Noriega, estaba casada con el teniente coronel doctor Francisco Hernández y Hernández-Ramos, médico agregado al Estado Mayor del Titán, que fue posteriormente macheteado por el enemigo en el hospital de campaña Las Llanadas, donde se encontraba gravemente enfermo de paludismo y disentería, bajo el cuidado de su esposa.

El médico personal de Maceo durante casi toda la campaña invasora lo fue el doctor Hugo Roberts Fernández, ilustre sanitarista cubano, general de brigada del Ejército Libertador. En el combate de Mal Tiempo el general Maceo lo ascendió a coronel y llegada a Mantua la columna invasora quedó como jefe de sanidad del Departamento Occidental. Herido gravemente en la acción del ingenio San Gabriel de Lombillo el 13 de junio de 1896 tuvo que separarse del Lugarteniente, de quien se despidió al cruzar éste la trocha de Mariel a Majana. En la paz como jefe de Sanidad Marítima durante mas de cuatro décadas demostró ser de los mas sabios y probos funcionarios del sistema de salud estatal de Cuba.

Para sustituir al doctor Hugo Roberts como médico personal de Maceo fue nombrado el 15 de junio de 1896 el doctor Máximo de Zertucha y Ojeda. El teniente coronel Zertucha asistió al general Maceo de la herida recibida en la acción de Tapia, ocho días después de ser nombrado su médico y tuvo el triste privilegio de estar a su lado en el combate de San Pedro y certificar su muerte. Con breves palabras escribió para la historia: "Certifico: como ha fallecido el día siete del corriente el Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales a consecuencia de hemorragia interna provocada por una herida de arma de fuego en la región del cuello. Así mismo certifico que el cadáver de dicho superior jefe presentaba otra herida de la misma clase, situada en la región del hipocondrio derecho. Y a petición del Sr. Jefe de Estado Mayor D. José Miró Argenter espido la presente en S. Pedro (Prov. Habana) a siete de Dbre. de 1896."

Terminada la guerra los restos de Maceo fueron exhumados el 17 de septiembre de 1899 y se nombró una comisión encargada del estudio antropológico de su esqueleto, compuesta por tres médicos eminentes los doctores Luis Montané Dardé, la mas importante personalidad de la antropología cubana; Carlos de la Torre Huerta, naturalista de prestigio mundial y José R. Montalvo Covarrubias, notable pediatra y clínico, todos fundadores de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba y fervientes patriotas. En el detallado informe que emitió la comisión se hace la curiosa observación de que el cráneo, de líneas muy armoniosas, presentaba en la región occipital un hueso interparietal supernumerario conocido como hueso incae o del inca, por ser muy frecuente entre los primitivos habitantes de Suramérica. Muy interesante resultan las tres conclusiones de dicho informe: "1a. Como ya lo hemos visto en más de un punto en el curso de estas investigaciones, muchos caracteres antropológicos reintegran a Maceo como en el tipo negro, en particular, las proporciones de los huesos largos del esqueleto. 2a. Pero se aproxima mas a la raza blanca, la iguala, y aún la supera por la conformación general de la cabeza, por el peso probable del encéfalo, por la capacidad craneana, lo que permite definitivamente afirmar en nombre de la antropología. 3a. Que dada la raza a que pertenecía y el medio en el cual ejercitó y desarrolló sus actividades, Antonio Maceo, puede con perfecto derecho ser considerado como un Hombre Realmente Superior."

Y esa grandeza como figura histórica, ningún testigo de su tiempo la transmitió a la posteridad con la nitidez de uno de sus mas leales colaboradores en la última de nuestras guerras independentistas contra España, el ex-estudiante del segundo año de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, general de división José Miró Argenter en su imprescindible libro Cuba. Crónicas de la guerra, La Habana, 1909.

El Lugarteniente General Antonio Maceo (de pie al centro) con los doctores José Álvarez Chacón
FIGURA 10. El Lugarteniente General Antonio Maceo (de pie al centro) con los doctores José Álvarez Chacón (sentado a la izquierda) y Eusebio Hernández Pérez (sentado al centro). Kingston, Jamaica, 1886.
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