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Cuaderno de Historia No. 83, 1998
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Octavio de la Concepción y de la Pedraja. El cirujano de la guerrilla.*

Por Elsa Blaquier

* Publicado en: Periódico Granma, octubre 14 de 1997.

"Es difícil concebir un buen cirujano que sea capaz de mantener el carácter a través de pruebas duras para los de su oficio". Con este comentario y la calificación de muy bueno evalúa el "Che" a Octavio de la Concepción y de la Pedraja el 11 de marzo de 1967, a los tres meses exactos de su llegada al campamento guerrillero de Ñacahuazú.

Ganado por la jocosidad y capacidad profesional del médico cubano, probada ya durante la campaña internacionalista en el Congo, el Guerrillero Heroico incluye otra vez a Octavio entre los combatientes que lo acompañarán en su nuevo empeño por alcanzar la plena independencia de los oprimidos de América.

El hombre afable, risueño, amigo de la jarana, pero explosivo ante lo mal hecho emprendía el camino de la lucha como lo hizo a finales de 1958, cuando deja trunco sus estudios de medicina y marcha a encontrarse con las fuerzas del segundo frente "Frank País" para luchar por la libertad de Cuba.

No porque a Octavio le agrade la guerra, sino por encontrar en ella una vía efectiva para eliminar las abismales diferencias que separan a los hombres. Desde muy niño sintió cómo en carne propia las injusticias que veía cometer contra los obreros y campesinos de Tacajó, a donde sus padres, Hilda y Octavio, lo llevaron a vivir poco antes de que él cumpliera los dos años.

Había nacido el 16 de octubre de 1935, en La Habana, época en que los de la Concepción y de la Pedraja tenían una farmacia, pero la crisis económica les hizo marchar hacia el central Fernando de Dios, en Tacajó, actual provincia de Holguín, a probar suerte en la única farmacia de la zona.

Hoy, con increíble vitalidad para sus 86 años, recuerda Hilda la experiencia que significó para ellos la época pasada en Tacajó. Allí Tavito estudia hasta el sexto grado en la escuela pública y pasa la infancia compartiendo juegos con los muchachos del batey, monta caballo y bicicleta, caza y se percata de la ayuda que prestan los padres a los enfermos más necesitados.

A los ocho años recibe con gran alegría el nacimiento de su hermano Oscar que también será médico. Al culminar el sexto grado marcha a La Habana a cursar el bachillerato en el Colegio de Belén. Por esa etapa observa con malestar las grandes diferencias entre los muchachos pudientes y sus amigos de la infancia, compañía que busca en cuanto regresa de vacaciones.

Matricula la carrera de medicina en la Universidad de La Habana en 1952, año en que la Patria comienza a sufrir los horrores del segundo golpe de estado de Fulgencio Batista, contra el cual se levanta el estudiantado revolucionario en cuyas filas está Tavito.

En la sala Enrique López del Hospital General Calixto García, donde trabaja gratuitamente mientras estudia la carrera, Octavio conoce al actual miembro del Buró Político del Partido, José Ramón Machado Ventura, ya próximo a graduarse. Sobre las relaciones que mantuvo con el entonces alumno de tercer año, Machado destaca la disposición del compañero para colaborar en todas las tareas. Podía llamársele a cualquier hora para salir a clínicas del interior de La Habana y Pinar del Río o para prestar servicios en la sala del Calixto García. Además de su interés por aprender, Tavito se relaciona con el problema social de cada enfermo. Igual disposición muestra cuando se organizaban mítines de protesta, manifestaciones y sabotajes.

Al cierre de la Universidad, el joven decide volver a Tacajó, donde se vincula a las acciones del Movimiento 26 de Julio, y presta asistencia médica en el hospitalito del Central hasta su definitiva incorporación al Ejército Rebelde.

A principios de noviembre de 1958, durante el primer ataque a San Luis, Octavio vuelve a encontrarse con el Dr. José R. Machado Ventura, quien es responsable del Departamento de Sanidad. De inmediato Tavito se convierte en auxiliar de cirugía y, durante la ofensiva, el joven estará en cada combate prestando auxilio a los heridos.

Con su actitud se hace merecedor de los grados de segundo teniente y al triunfo de la Revolución es designado jefe de Sanidad Militar en la zona de Baracoa, Guantánamo y Yateras. En febrero de 1959 regresa a sus estudios, mientras labora en el Hospital de la Policía Nacional Revolucionaria. Después hace el internado en el Hospital Carlos J. Finlay y vuelve a Baracoa para cumplir su servicio social, lugar donde alcanza la militancia del Partido Comunista de Cuba.

En 1963 vuelve al Hospital General Calixto García para cursar la especialidad de cirugía, sin abandonar su condición de médico militar, hasta que el deseo de colaborar con la libertad de otros pueblos, le lleva a sumarse a las fuerzas internacionalistas comandadas por el "Che".

María Josefa Gómez, la esposa, recuerda la primera despedida, a mediados de agosto de 1965; Octavio Manuel, el mayor de los hijos, era pequeño y Luis Oscar sólo tenía 45 días de nacido. Dijo que marcharía a cumplir una misión, pero no explicó dónde. Cuando se despidió a fines de noviembre de 1966, quería darle el reloj que había usado en el Congo, a su hermano Oscar, pero después dijo: "mejor no, porque eso me huele a herencia y yo voy a regresar".

Tras su partida de la Nina, finca donde se concentró el grupo de cubanos para salir hacia Bolivia, el Moro viaja junto a Arturo (René Martínez Tamayo) por varios países y llegan a la Paz el 9 de diciembre. Se alojan en el hotel Copacabana y anota en su diario las impresiones de esa noche en que sufren los efectos de la altura. Al otro día atraviesan el altiplano, suben aún más y pasan por lugares de hielo perpetuo hasta llegar a Cochabamba a las seis de la tarde. Siguen hasta Santa Cruz atravesando una zona fría y de niebla permanente, llamada La Siberia, por la cual el vehículo sólo puede avanzar a diez kilómetros, con las luces encendidas.

En la noche del 11 de diciembre arriban al campamento que Octavio describe así: "Se trata de un lugar de monte sin agua cerca, con gran cantidad de jejenes, guasasu y bichos de toda clase, así como sus víboras de vez en cuando; por la noche hay que taparse y por el día el calor casi es irresistible, si te quitas la camisa te pican los jejenes, si te tapas y te metes en la hamaca te ahogas de calor, en fin, que ahora comprendo perfectamente lo que nos decía nuestro máximo líder: `si logran adaptarse al medio, triunfan."

A partir de ese día, el "Che" le llamará en el Diario, indistintamente, Moro, Morogoro, Muganga o Médico; será el responsable de los servicios médicos y uno más para realizar exploración, cazar, pescar, cocinar, hacer caminos, buscar un lugar seguro para cuidar de los enfermos y, cuando es necesario, combatir. Plasma sus impresiones en un diario del cual sólo se han podido conocer algunos fragmentos y no pierde el carácter jaranero que lleva al jefe guerrillero a llamarle la atención sobre la "tendencia a exasperar a los compañeros con sus chanzas."

Durante 11 meses Moro se mantiene firme en la lucha aunque su estado de salud va en franco deterioro. El primero de febrero enferma de paludismo. No obstante, realiza largas marchas y atiende a compañeros y heridos enemigos. En la madrugada del 30 de julio cuida del "Che", afectado por un fuerte ataque de asma; mientras hace el café, detecta la presencia del Ejército y es Tavito quien inicia el combate. Tarde en la noche asiste a Pacho y Ricardo, este último herido de muerte.

En el mes de agosto el asma golpea duro al Comandante Guevara, quien mejora gracias a una dieta estricta y la respiración artificial que le da el médico cubano con la ayuda de Arturo. El 21 de agosto el "Che" anota el empeoramiento de la salud del Moro, por una crisis de lumbago; a partir de ese momento será él quien le brinde asistencia y protección.

Los días que siguen resultan duros para el enfermo. El 26 de septiembre, después del combate en que mueren Coco Peredo, Miguel (Manuel Hernández) y Julio (Mario Gutiérrez), el Guerrillero Heroico anota: "Salió la vanguardia para tratar de llegar a Jagüey y allí tomar una decisión sobre el médico".

Realizan marchas en extremo fatigosas a alturas que superan los dos mil metros. El 8 de octubre la intención del "Che" es romper el cerco durante la noche y dirigirse al río Piraypani para llegar a Valle Grande buscando el camino a Puerto Breto. Durante el desigual combate de ese día el jefe guerrillero y un reducido grupo de compañeros aguantan heroicamente el ataque del Ejército para que el Moro, Eustaquio (Lucio Edilberto Galván) y Chapaco (Jaime Arana), también en malas condiciones, puedan salir escoltados por Pablito (Francisco Huanca).

Después de tres jornadas de caminata continua, sin alimentos y con sed, éstos llegan el 12 de octubre a la confluencia de los ríos Mizque y Grande, punto custodiado por tropas para evitar que puedan obtener agua. Cuando los guerrilleros tratan de llegar al río en busca del necesario líquido, los soldados abren fuego. Ellos ripostan y continúan decididos su avance hasta que todos caen acribillados por las balas enemigas.

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