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Cuaderno de Historia No. 84, 1998
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Influencia mexicana en la medicina cubana del siglo XVII y primer tercio del XVIII*

* Ponencia presentada ante el IV Congreso Nacional y III Iberoamericano de Historia y Filosofía de la Medicina. Veracruz, México, Octubre 31 de 1996.

INTRODUCCIÓN

Es bien conocida entre los estudiosos de la historia de Cuba la influencia que sobre ella ejerció la cultura mexicana en los siglos XVII y XVIII, principalmente a través de su organización eclesiástica y de la Real y Pontificia Universidad de San Hipólito de México.

Con respecto a la Iglesia resulta curiosa su influencia pues oficialmente nunca jerarquizó la nuestra. El Obispado de Cuba fue fundado en 1518 sufragáneo de la arquidiócesis de Sevilla, hasta 1547, cuando creado ya el Arzobispado de Santo Domingo, Primado de las Indias, quedó subordinado a éste y así se mantuvo hasta que la diócesis de Santiago de Cuba fue elevada a la categoría de arquidiócesis el 24 de noviembre de 1803, con las mismas facultades y prerrogativas del Arzobispado de Santo Domingo y se declararon sugragáneos suyos los Obispados de La Habana y Puerto Rico.1

El duodécimo obispo de Cuba, Fr. Alonso Henríquez de Armendáriz (1611-1623), mercedario, natural de Quito y descendiente de los reyes de Navarra, hombre de recio carácter que sostuvo enconados debates sobre cuestiones de la diócesis de Cuba con el gobernador Gaspar Ruiz de Pereda, a quien excomulgó en dos ocasiones, trató de que se estableciera la dependencia eclesiástica de Nueva España, haciendo para ello largas gestiones que siempre fracasaron, basando su petición en el tráfico continuo de La Habana con Veracruz y Yucatán.2

El obispo Armendáriz al ser promovido en 1623 al Obispado de Michoacán, fundó allí el Colegio de San Ramón Nonnato para jóvenes juristas de las dos diócesis que había desempeñado en el Nuevo Mundo, manteniendo becas permanentes para jóvenes cubanos. Sobre este colegio escribiría nuestro primer historiador José Martín Félix de Arrate: "Ha sido este insigne colegio el taller o turquesa de muchos célebres sujetos que han ilustrado las iglesias y Cancillerías del reino, con grande honor de esta ciudad (La Habana) y de toda la diócesis de Cuba".3

La ascendencia cultural de la iglesia de México que tuvo como centro de difusión ese colegio, continuó bajo los pontificados de los cuatro obispos mexicanos de Cuba en el siglo XVII: el doctor Leonel de Cervantes y Carvajal (1625-1630), descendiente del comendador Juan de Cervantes que pasó de Cuba a México con las tropas del conquistador Pánfilo de Narváez; el doctor Nicolás de la Torre (1650-1655), que fue tres veces rector de la Real y Pontificia Universidad de México, en donde había desempeñado diversas cátedras; el doctor Juan de Santo Matías Saénz de Mañosca (1662-1667), que ganó borlas doctorales en Lima y México y fundó la Universidad de Guatemala y el doctor Juan García de Palacios (1677-1682), quien ocupó cátedras de Leyes en la Real y Pontificia Universidad de México y en Cuba celebró el primer sínodo diocesano, cuyas actas publicadas en 1683 (244 págs.), con nueva edición en 1818, constituyen un documento de valor incalculable en la historia eclesiástica de Cuba.

También fue de gran ascendencia el obispo peruano, pero mexicano por su formación, el doctor Pedro de Reina Maldonado (1658-1660), distinguido como canonista y gramático. Su libro Norte claro de un perfecto Prelado, impreso en Madrid en 1658, lo coloca entre los clásicos americanos.1,2,4

De la iglesia mexicana nos llegó además, para traer métodos de renovación de la enseñanza en el Colegio de San José, de la Compañía de Jesús, el famoso jesuita mexicano Francisco Javier Alegre, considerado uno de los ingenios más notables de su tiempo.5

En la Real y Pontificia Universidad de México se van a graduar muchísimos cubanos, principalmente habaneros y varios de ellos fueron profesores de leyes, teología, medicina y matemáticas. Y de tan ilustrado foco cultural nos importarán los textos mexicanos con los primeros aires de la nueva filosofía que rompía con las exageraciones de la rutina del escolasticismo, tales como las obras de Juan Benito Díaz de Gamarra, Andrés de Guevara, Antonio Rubio y Pedro de Hortigosa.6

Toda esta gran influencia de la cultura mexicana en Cuba podrá ejemplificarse en la ejercida sobre uno de los padres de nuestra cultura, el historiador don José Martín Félix de Arrate.

El sabio don Juan José de Eguiara y Eguren, uno de los fundadores de la bibliografía mexicana con don José Mariano Beristaín y Souza, en su enciclopédica obra de largo título Bibliografía Mexicana, sive Eruditorium historia Virorum qui in America Boreli nati, vei alibi geruti in ipsam domicilio aut studiis asciti, quavis lingua scriptoaliquid tradiderunt, que fue publicada parcialmente en 1755, tiene la grandísima importancia para nuestra cultura de haber suscitado en Arrate el afán de hacer el saldo de la civilización habanera de mediados del siglo XVIII, como lo había hecho de México su ilustre inspirador.

El historiador cubano, que conoció la obra de su amigo el mismo año de su parcial publicación y que ya tenía a medio terminar en 1751 su obra Llave del Nuevo Mundo antemural de las Indias Occidentales. La Habana descripta: noticias de su fundación, aumentos y estados, le agregó las nóminas de las glorias locales, para manifestarse en tono exaltado como el primer escritor nativista cubano, con una obra que anuncia la aparición del espíritu criollo en nuestra sociedad y mostrarnos cómo antes de 1760 ya existía en la Isla como en México, una tendencia americanista frente al españolismo de los peninsulares, precursor del patriotismo y nacionalismo cubanos que constituirán la piedra angular de toda nuestra historia futura hasta el presente.

INFLUENCIA DEL REAL TRIBUNAL DEL PROTOMEDICATO DE LA NUEVA ESPAÑA Y DE LA REAL Y PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE MÉXICO EN LA MEDICINA CUBANA

El Real Tribunal del Protomedicato, primera institución de la administración de la salud pública española, fue creado por Ley Fundamental signada por los Reyes Católicos el 30 de marzo de 1477 y las Reales Pragmáticas de 1491 y 1498 vinieron a completar las ordenanzas de este organismo.7

En México esta importante institución de la salud pública fue fundada muy tempranamente como tribunal personal y el notable historiador mexicano del siglo XIX, don Francisco de Asís Flores y Troncoso, le da dos posibles fechas de origen, una primera recogida en un curioso diario de los primeros años de la conquista con el nombre de Apuntes de Sedano, donde se dice que el licenciado Barreras presentó el 8 de enero de 1527, ante el cabildo de México, las reales cédulas para el establecimiento del tribunal y una segunda cuando el doctor Pedro López, primero de este nombre, tres días después (11 de enero), presentó ante el mismo cabildo poderes de los protomédicos de Madrid que le permitieron entrar en funciones.8

De las dos fechas, la segunda nos parece más exacta pues en ella se presentaron poderes de los protomédicos de Madrid que le permitieron al doctor Pedro López entrar en funciones de protomédico y no por reales cédulas, creando el Tribunal del Protomedicato, pues la ley por la que se ordenaba nombramiento de protomédicos generales para las colonias de América fue decretada por el rey Felipe II el 11 de enero de 1570.

Lo que no parece tener dudas es que se fundó en enero de 1527 y que se reafirmó como tribunal personal por la ley de 1570. Al crearse en la Real y Pontificia Universidad en 1580 la cátedra de Prima de Medicina, primera del Nuevo Mundo, se especificó que quien la desempeñara ocuparía también el cargo de Protomédico de la Nueva España.

Vuelven a surgir dudas con respecto a la fecha en que se transformó en tribunal complejo y el doctor José Álvarez Amezquita y otros en su Historia de la Salubridad y de la Asistencia en México, México D. F., 1960, citan al doctor Ismael Prieto que da como fecha de fundación del tribunal el año 1628 y agrega que lo integraban tres protomédicos: uno primero, como presidente, el catedrático de Prima de Medicina; uno segundo, vocal, el catedrático de Vísperas de Medicina y uno tercero, también vocal, propuesto por los dos primeros.9 

Según Flores y Troncoso existen tres posibilidades más, para unos, fue en 1630, para otros, por Real Cédula de 19 de diciembre de 1639 y por último, por Real Cédula de 18 de febrero de 1646. El propio autor agrega que por reales cédulas de 31 de enero de 1792 y de 27 de octubre de 1798 se confirmó su existencia.10 Preferimos la dada por el doctor Ismael Prieto de 1628 pero no como la de fundación del Real Tribunal del Protomedicato de la Nueva España, sino como la de su transformación en tribunal complejo.

Para los historiadores médicos cubanos aclarar estas fechas tiene una gran importancia pues fue dicho Protomedicato también nuestro hasta 1711, en que se estableció la institución permanentemente en La Habana y a él debían ir a examinarse los que aspiraran en Cuba a ejercer la medicina en cualquiera de sus categorías, si no lo hubieran hecho ante alguno de los tribunales de España.

Precisamente por esa dependencia es que los regidores del Cabildo de La Habana acordaron en sesión de 23 de agosto de 1629 que los enfermos de lepra fueran enviados "a la casa u Hospital que hay en México"11 y no a otro lugar como La Española o Cartagena de Indias y que en la reunión del cabildo de 3 de septiembre de 1630 se acordara además "que cada vez que de este puerto saliera navío para la Nueva España se embién dos ayá y sus Hospitales hasta que se remitan todos..."12

La importancia que iba adquiriendo el puerto de La Habana para las flotas que partían del continente rumbo a España y la necesidad de mantenerlo en las mejores condiciones higiénicas posibles, seguramente hicieron que la petición del Cabildo de La Habana de que se estableciera en ella un Tribunal del Protomedicato, acordada en sesión de 6 de febrero de 1632,13 fuera atendida por la monarquía española y que el rey Felipe IV extendiera título de Protomédico al licenciado Francisco Muñoz de Rojas en 10 de mayo de 1633.14 Dicho médico fue recibido como tal ante el cabildo habanero en sesión de 9 de septiembre de 1634, para quedar en esta fecha establecido en Cuba, por primera vez, el Real Tribunal del Protomedicato como tribunal personal.15

El licenciado Muñoz de Rojas, peninsular, nos había llegado de la Nueva España donde fue "visitador de los médicos, cirujanos, barberos y boticarios de la ciudad de Veracruz y su distrito" y duró muy poco tiempo en su importante cargo, pues falleció en La Habana, según el doctor José A. Martínez-Fortún Foyo, el 28 de enero de 163716 y según el doctor José López Sánchez, el 28 de abril del propio año y que fue enterrado en el Convento de San Francisco, en La Habana.17 Desde entonces y hasta 1711 continuó la isla dependiendo del Protomedicato de la Nueva España.

Tanto como esta institución era nuestra también la Real y Pontificia Universidad de San Hipólito de México, pues a ella mucho más que a las universidades de España y que a la de Santo Tomás de Aquino de Santo Domingo, iban a estudiar los jóvenes nacidos en la isla hasta la fundación de la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Jerónimo de La Habana en 1728. 

En México encontraban los cubanos la facilidad de graduarse en la Universidad de bachilleres, Licenciados y doctores en medicina y de examinarse ante el Protomedicato para obtener los títulos de médico-cirujanos, médicos y cirujanos latinos, que les permitían ejercer legalmente la medicina, lo que no tenían en Santo Domingo en que no existía dicho tribunal y debían viajar entonces a España a legalizar sus estudios para poder ejercer.

Los que más dificultad tenían para ir a México eran los aspirantes a cirujanos romancistas, comadronas, boticarios, algebristas, flebotomianos, herbolarios y otros, que no poseían formación universitaria, los que por su condición humilde carecían de recursos económicos para el viaje y el sustento. Por eso se insistía en esa razón para pedir un protomédico en La Habana en 1632 y en el título de don Francisco Muñoz de Rojas se dice "que por su mucha distancia que hay de la dicha ciudad de la Habana a la de Méjico, donde están los protomédicos y ecsaminadores de dichas Facultades de Medicina y Cirugía, y no tener caudales para tan largo camino los que sean de ecsaminar usan los dichos oficios de médicos, cirujanos, boticarios y parteras sin ser capaces ni estar ecsaminados para ello en gran daño de los vecinos y pasajeros de la dicha ciudad de la Habana y su Ysla...".14

La necesidad de facultativos era tal y la imposibilidad de ir a México tan real que el Cabildo de La Habana nombró en 1622 a don Gabriel de Salas, cirujano romancista, para que "ecsamine a los barberos y cirujanos y de cuenta del que pueda o no usar"18 y hubo momentos verdaderamente dramáticos como en 1609 cuando el Cabildo de Santiago de Cuba nombró sin necesidad de examen, pues no tenía médico que lo hiciera, a la famosa curandera india doña Mariana Nava como médico de la población, prohibiéndole que se ausentara del lugar.19

Ya a mediados del siglo XVII comienza la formación de médicos cubanos en la Real y Pontificia Universidad de México, que cada vez irá en aumento. Documentalmente probado por el doctor José López Sánchez, el primero lo fue don Diego Vázquez de Hinostrosa que comenzó sus estudios de bachillerato en medicina en enero de 1649 para terminarlos en abril de 1651. Durante ese tiempo aprobó los tres cursos de Prima de Medicina, los cuatro de Vísperas de Medicina, los dos de Cirugía, los dos de Cirugía y Anatomía, el de Método Medendi y el de Astrología, para recibir su título el 2 de mayo de 1651 en la Universidad, realizar sus dos años de práctica y examinarse ante el Protomedicato el 6 de noviembre de 1653. Ante el cabildo habanero presentó sus títulos el 16 de abril de 1655.

De regreso a la Nueva España el bachiller Vázquez de Hinostrosa optó por los grados mayores y los obtuvo, el de licenciado en medicina el 14 de febrero de 1658 y el de doctor, el 24 del mismo mes y año. Establecido en México, este estudioso científico y humanista se convirtió en un tenaz opositor a cátedras en su Alma Mater. En 1665 se opuso a la de Temporal de Vísperas de Filosofía, un año después, a las de Propiedad de Retórica y Temporal de Artes y dos años más tarde, a la de Propiedad de Prima de Medicina, sin lograrlas, a pesar del gran número de votos que siempre acumuló. Finalmente, en 1670 obtuvo la de Temporal de Vísperas de Medicina, que desempeñó por cuatro años, como establecían los estatutos de la Universidad para las cátedras temporales.17

Graduado en México en 1675 lo fue el bachiller Luis de Baeza y Saavedra destacado como médico en La Habana.20 Muy importante lo será Marcos Antonio Riaño Gamboa y Vargas Machuca a quien nuestro erudito bibliógrafo don Carlos M. Trelles y Govín calificara como "un sabio cubano del siglo XVIII".21 Graduado de bachiller en 1678, a su muerte se escribió lo siguiente en la Gaceta de México: "Gamboa famoso médico de La Habana y Notario murió en 1729. Era sujeto de las primeras estimaciones... por su gran literatura, pues no sólo era aventajado Médico Galénico y chimico, sino insigne en las Matemáticas, y en la inteligencia de varios idiomas versadísimo".17

Amigo y compañero de estudios de Riaño Gamboa lo fue el habanero don José Escobar y Morales, que se estableció y después falleció en México en 1736 ó 1737, verdadero portento enciclopédico de su tiempo como médico, abogado, cosmógrafo, teólogo y helenista, sin dudas, el más importante aporte de Cuba a la enseñanza universitaria en el país azteca.2

Los médicos cubanos graduados en México van a constituir en el primer cuarto del siglo XVIII un factor determinante en la fundación de la enseñanza médica universitaria en la isla, por una parte, al hacer presión para que se incluyeran cátedras de medicina en la próxima a inaugurarse Universidad de La Habana y después, dando comienzo a dicha enseñanza.

Al habanero bachiller en medicina de la Universidad de México, don Francisco González del Álamo y Martínez de Figueroa, examinado ante el Protomedicato el 27 de mayo de 1700,22 cupo la gloria de iniciar en Cuba la enseñanza médica universitaria en el Convento de San Juan de Letrán de La Habana, de la Orden de Predicadores o Dominicos, cuando ya estos religiosos habían sido autorizados por un Breve Apostólico del pontífice romano Inocencio XIII para fundar en su convento una universidad, pero sin haberla erigido todavía.

Según el Libro de Estudios Conventuales de 1700 a 1774, hoy desaparecido pero citado por el historiador médico del pasado siglo doctor Rafael A. Cowley Valdés-Machado, el 12 de enero de 1726 comenzó sus cursos de medicina el bachiller González del Álamo, a quien se le va a unir el 26 de octubre del propio año el también bachiller en medicina de la Universidad de México, don Martín Hernández Catategui.23

Al ser inaugurada la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Gerónimo de La Habana, en el propio convento, el 5 de enero de 1728, el profesor González del Álamo fue nombrado para impartir la cátedra de Prima de Medicina, que pudo desempeñar muy poco tiempo, pues falleció en La Habana el 2 de marzo de ese mismo año.24

Se nombró entonces para sustituirlo, el 1ro de abril siguiente, al bachiller en medicina de la Universidad de México don Ambrosio de Medrano y Herrera, clérigo presbítero habanero, quien la desempeñó hasta su muerte, ocurrida en la capital de la isla en octubre de 1755.25

Es curioso que ante la ausencia de retratos de estos dos iniciadores de la enseñanza médica en Cuba, en sus títulos expedidos por el Real Tribunal del Protomedicato de México podamos recoger interesantes descripciones de sus físicos. De don Francisco González del Álamo se dice: "de buen cuerpo blanco de rostro pelo rubio ojos pardos nariz grande y en su extremidad un hoyo de biruela con una cicatriz en la oreja del lado derecho"22 y de don Ambrosio de Medrano: "que es un hombre de buen cuerpo y rostro pelo rubio y crespo con una mordida en el pie del lado izquierdo una cicatriz entre ceja y ceja al mismo lado y un diente de la boca de arriba quebrado en la parte alta".26

Con las fundaciones del Real Tribunal del Protomedicato de La Habana el 13 de abril de 1711 y de la Real y Pontificia Universidad de La Habana poco más de tres lustros después, comienza a declinar la influencia mexicana en la medicina cubana, la que será inexistente ya en la segunda mitad del siglo XVIII.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  1. Pérez Cabrera, J. M.: Serie cronológica de los obispos de Cuba. Almanaque de la Caridad.Directorio de la Diócesis de Cuba. Imp. Mario Reguera. La Habana, 1968. pp. 196-205.
  2. Martín, J. L.: Orígenes intelectuales de Cuba. San Hipólito de México, faro cultural de La Habana, en los siglos XVII y XVIII. Periódico El Nuevo Mundo. La Habana, enero 16 de 1949.
  3. Arrate, J. M. F.: Llave del Nuevo Mundo antemural de las Indias Occidentales. La Habana descripta: noticias de su fundación, aumentos y estados. Imp. Libr. Andrés Pego. La Habana, 1876. p. 427.
  4. Morell de Santa Cruz, P. A.: Historia de la Isla y Catedral de Cuba. Acad. Historia de Cuba. Imp. Cuba Intelectual. La Habana, 1929. pp. 230-236 y 268-284.
  5. Peña y Reyes, A.: Cubanos en México y mexicanos en Cuba. América Española. 1 (2): 125-138. La Habana, Marzo 15 de 1917.
  6. Argote, J. J.: Elogio de México. Tip. Universal. La Habana, 1949. pp. 39-40.
  7. Santovenia Echaide, E. S.: El Protomedicato de La Habana. Cuad. Hist. Sal. Pub. No.1. Pub. Ministerio de Salubridad y Asistencia Social. La Habana, 1953. p. 18.
  8. Flores y Troncoso, F. A.: Historia de la Medicina en México, desde la época de los indios hasta la presente. Edición facsimilar. Inst. Mexicano del Seguro Social. México. D. F. 1982. Tomo I. p. 168.
  9. Álvarez Amezquita, J.; M. E. Bustamante; A. López Picazos y F. Fernández del Castillo: Historia de la Salubridad y de la Asistencia en México. Secret. Salub. y Asist. México. D. F., 1960. Tomo I. p. 141.
  10. Ob. cit. (8). p. 169. 
  11. Acta del Cabildo de 23 de agosto de 1629. Libro 8, pp. 282-283. De los Libros de Actas Capitulares Trasuntadas del Ayuntamiento de La Habana.
  12. Acta del Cabildo de 3 de septiembre de 1630. Libro 9, pp. 5-7. De los Libros de Actas Capitulares Trasuntadas del Ayuntamiento de La Habana.
  13. Acta del Cabildo de 6 de febrero de 1632. Libro 9, p. 127 vuelta. De los Libros de Actas Capitulares Trasuntadas del Ayuntamiento de La Habana.
  14. Copia del título de Protomédico del Lcdo. Francisco Muñoz de Rojas. Libro 9, pp 282 vuelta -284 vuelta. Libros de Actas Capitulares Trasuntadas del Ayuntamiento de La Habana.
  15. Acta del Cabildo de 9 de septiembre de 1634. Libro 9, pp. 278-279. Libros de Actas Capitulares Trasuntadas del Ayuntamiento de La Habana.
  16. Martínez-Fortún Foyo, J. A.: Historia de la Medicina en Cuba. Fascículo II. Siglo XVII. La Habana, 1956. p. 18.
  17. López Sánchez, J.: Cuba. Medicina y Civilización, siglos XVII y XVIII. Ed. Científico-Técnica. La Habana, 1997. p. 251.
  18. Acta del Cabildo de 5 de enero de 1622. Libro 7, p. 251 vuelta. Libro de Actas Capitulares Trasuntadas del Ayuntamiento de La Habana.
  19. Pezuela Lobo, J.: Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la Isla de Cuba. Imp. del Establecimiento de Mellado, Madrid, 1863. p. 174.
  20. Acta del Cabildo de 1 de abril de 1680. Libro 15, p. 249. Libro de Actas Capitulares Trasuntadas del Ayuntamiento de La Habana.
  21. Trelles Govín, C. M.: Un sabio cubano del siglo XVIII. Anal. Acad. Cienc. Med. Fis. Nat. Habana. 59: 560-563. La Habana, 1923.
  22. Copia del título de Bachiller en Medicina del Dr. Francisco González del Álamo. Libro 17, p.p. 328 vuelta -330. Libro de Actas Capitulares Trasuntadas del Ayuntamiento de La Habana.
  23. Cowley Valdés-Machado, R. A.: Breves noticias sobre la enseñanza de la medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Gerónimo. Imp. Libr. A. Pego. La Habana, 1876. p. 82.
  24. Le Roy Gálvez, L. F.: Francisco González del Álamo. Precursor de la Enseñanza de la Medicina en Cuba. Vida Universitaria. 9(100): 11-13 y 19. La Habana, Noviembre-Diciembre de 1958.
  25. Parroquia del Espíritu Santo. Entierros de Españoles. Libro 5, folio 30 según el índice, Libro petrificado, abarca el intervalo 4 de junio de 1750 a 14 de julio de 1763.
  26. Copia del título de Bachiller en Medicina. Ambrosio de Medrano. Libro 17. pp 349 vuelta -351 vuelta. Libro de Actas Capitulares Trasuntadas del Ayuntamiento de La Habana.
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