Indice Anterior Siguiente
Cuaderno de Historia No. 84, 1998
Formato .PDFFormato .PDF

El doctor Fermín Valdés-Domínguez, hombre de ciencias y su posible influencia recíproca con José Martí*

* Trabajo leído en Mesa Redonda "Valdés-Domínguez, hombre de ciencias y posibles influencias mutuas con José Martí ",Centro Superior de Estudios Martianos. La Habana, noviembre 20 de 1993.

El doctor Fermín Valdés-Domínguez y Quintanó recibió su formación médica en cuatro universidades, casos como el suyo son verdaderamente raros y me viene a la memoria otro muy singular, el del doctor Tiburcio Pérez de Castañeda y Triana, médico y abogado pinareño, I Marqués de Taironas, que se graduó de licenciado en medicina en Madrid, de licenciado en derecho civil en Barcelona, de doctor en medicina en París, de cirujano en Londres y de doctor en derecho civil y canónico y medicina y cirugía en La Habana.

Valdés-Domínguez va a cursar sus estudios de medicina de una manera extraordinariamente irregular por sus actividades revolucionarias, en parte junto a Martí, desde su etapa en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana.

Con el título de bachiller en artes recién expedido el 28 de octubre de 1870, después de un año de cárcel, matricula la carrera de medicina en la Real y Literaria Universidad de La Habana para el curso de 1870-1871. El plan de estudios vigente entonces en Cuba para dicha carrera era el de 1863 y comprendía tres etapas: la de premédica o curso de ampliación, de un año; la de bachillerato en medicina de cuatro; de licenciatura en medicina de dos y la de doctorado, en un año final. Por lo tanto de haber seguido normalmente sus estudios debió graduarse en 1877 de licenciado y en 1878 de doctor en medicina.

En junio de 1871 aprobó las tres asignaturas del año de ampliación, que eran: Química General, Física Experimental e Historia Natural, esta última comprendía a su vez Zoología, Botánica, Minerología y Geología. Casi a mediados de curso, el 15 de enero de 1871, salió Martí deportado para España.

El 19 de octubre de ese propio año matricula Valdés-Domíguez las tres asignaturas del verdadero primer año de la carrera: Anatomía Descriptiva 1o. Curso, Ejercicios de Disección 1o. Curso y Ejercicios de Osteología.

Los sucesos del 27 de noviembre, recién empezado el curso 1871-1872 y su posterior encarcelamiento hasta su final salida de Cuba el 30 de mayo de 1872, interrumpen violentamente sus estudios de medicina. No obstante, ya en Madrid junto a Martí, en junio de ese año, va a realizar algo verdaderamente increíble al matricular en la Universidad Central de Madrid, por la enseñanza libre, no sólo las asignaturas del curso que ya tiene casi perdido, sino también dos asignaturas del siguiente, Anatomía Descriptiva y Ejercicios de Disección, ambas del segundo curso.

Muy intensamente debió estudiar toda la anatomía humana Valdés-Domínguez en los próximos seis meses, pues en diciembre de ese año, en busca de un medio ambiente más saludable y económico que les permitieran continuar sus estudios y mejorar sus estados de salud se trasladan Martí y Valdés-Domínguez a Zaragoza y en su universidad, en exámenes extraordinarios por la enseñanza libre, aprueba todas las asignaturas de anatomía. De esta época es posible que se despertara en Martí el interés por dicha rama de la ciencia, ya que pocos años después, en 1875, en su famosa polémica en México sobre "Materialismo y Espiritualismo" afirmara haber leído libros de anatomía comparada.

En Zaragoza se enfrasca febrilmente Valdés-Domínguez, asesorado indiscutiblemente por Martí, en la redacción de su libro, denuncia de los hechos del 27 de noviembre de 1871. En el se sigue el mismo objetivo desarrollado por nuestro Héroe Nacional en su libro El Presidio Político en Cuba, publicado en Madrid, Imprenta de Ramón Ramírez, 1871, o sea la denuncia testimonial, dramática, descarnada, de crímenes monstruosos del gobierno colonial español en la Isla, escrita en primera persona, por quien los había vivido y sufrido en carne propia.

Sus estilos literarios son tan parecidos que se puede decir que fue Valdés-Domínguez el primer escritor influido decisiva y permanentemente por la prosa martiana.

Con el título de Los voluntarios de La Habana en el acontecimiento de los estudiantes de medicina firmado con el seudónimo de "por uno de ellos condenado a seis años de presidio", se edita el libro en Madrid, Imprenta de Segundo Martínez, 1873, epilogado con el largo poema épico-elegíaco de Martí, "A mis hermanos muertos el 27 de noviembre", publicado por primera vez el año anterior. Tan rápidamente se agotó la edición que cuatro meses después se publicaba la segunda bajo igual seudónimo.

Ganado un año de estudios, en el curso 1872-1873, Valdés-Domínguez matricula, siempre por enseñanza libre, en la Universidad de Zaragoza la asignatura que le queda del segundo año, Fisiología Humana y las tres del tercero: Higiene Privada, Patología General y Anatomía Patológica y Anatomía Quirúrgica, Apósitos y Vendajes. Para aprobar las tres primeras en Zaragoza y la cuarta en Valladolid.

En el siguiente curso 1873-1874, último que estudia en compañía de Martí, va a realizar un esfuerzo verdaderamente titánico dando muestras de una notable inteligencia. En dicho curso matriculó todas las asignaturas que le faltaban para graduarse de licenciado en medicina y cirugía, cinco en Zaragoza y seis en Madrid. En la primera aprobó: Terapéutica, Materia Médica y Arte de Recetar y Obstetricia y Patología General de la Mujer y de los Niños. En la segunda no examinó, sino en Valladolid, donde aprobó nada menos que: Patología Médica, Patología Quirúrgica, Clínica de Obstetricia, Clínica Médica 1° Curso, Clínica Quirúrgica 1°. Curso, Higiene Pública y Medicina Legal y Toxicología y le quedaron pendientes solamente los segundos cursos de Clínica Médica y Clínica Quirúrgica.

En los dos años académicos de 1872 a 1874 Valdés-Domínguez al cursar las asignaturas de Higiene Pública y Privada entra en contacto con la gran Escuela de Higienistas de Cataluña, en pleno apogeo desde años antes, que dejará su evidente huella no sólo en él sino también en José Martí.

Las tres grandes figuras de esta escuela en su primera etapa lo fueron los doctores Pedro Felipe Monlau y Roca, Rafael Rodríguez Méndez y Juan Giné Partagás. Pedro Felipe Monlau, el higienista español por excelencia, hizo llegar sus concepciones novedosas sobre prevención de enfermedades infecciosas e higiene ambiental en uno de los más brillantes estilos de prosa castellana, en el campo de las ciencias, producido hasta la fecha.

En 1846 apareció en Barcelona la primera edición de su obra Elementos de Higiene Privada, en un tomo y al siguiente año Elementos de Higiene Pública, en tres tomos, las que en sucesivas ediciones fueron consideradas de texto desde 1853 en todas las universidades españolas. A estas obras siguieron otras de no menor importancia como Higiene Industrial (1856), Higiene del Matrimonio (1858), considerada superior a todo encomio por el historiador médico español doctor Luis Comenge Ferrer, Higiene de los Baños (1860) y su revista popular El Monitor de la Salud.

A Monlau le seguirán Rafael Rodríguez Méndez, profesor de Higiene Pública y Privada de la Universidad de Barcelona con el Tratado de Higiene Pública y Privada, en 4 tomos y Juan Giné Partagás, profesor de Clínica Quirúrgica de la Universidad de Barcelona, con el Curso Elemental de Higiene Pública y Privada, en 4 tomos, obra muy gustada, de texto y de consulta desde 1871.

Y es de preguntarse sino vendrá de este contacto, aunque de cierta forma indirecto a través de Valdés-Domínguez, con la obra extraordinaria de la Escuela de Higienistas Catalanes, que se forjan en Martí sus claros conceptos de una medicina preventiva por encima de una medicina curativa, con los que gratamente nos ha sorprendido siempre en sus escritos.

Alejado de Martí desde finales de 1874, Valdés-Domínguez cursa, las dos asignaturas que le quedan pendientes, Clínica Médica y Clínica Quirúrgica segundos cursos, que aprueba en Zaragoza (1874-1875), para realizar y aprobar los ejercicios del grado de licenciado en medicina y cirugía el 26 de noviembre de 1875, en la Universidad Central de Madrid, dos años antes de lo que normalmente debió ser, a pesar de las muchas dificultades sufridas.

Durante el siguiente curso, 1875-1876, matriculó las asignaturas del año del doctorado, que eran: Historia de las Ciencias Médicas, Análisis Químicos aplicados a las Ciencias Médicas y Ampliación de la Histología Normal y Patológicas, pero abandonó estos estudios para regresar a Cuba, lo cual se produce en La Habana el 2 de enero de 1876. No aparece en su expediente de estudios No. 14144, antiguo, de la Universidad de La Habana que examinara las asignaturas del doctorado ni que hiciera los ejercicios de tal grado, pero siempre apareció como doctor y no como licenciado en la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y en la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, a las que perteneció y en sus publicaciones médicas en la Revista de la Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana y Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana.

Si accidentados fueron sus estudios no menos lo será su ejercicio profesional en muy diversos lugares. Desde el 2 de enero de 1876 en La Habana, tendrá que esperar hasta el 5 de junio de 1878 que se le incorpore su título en la Universidad de La Habana para poder ejercer la profesión. En ese tiempo se casa, el 25 de febrero de 1876, con su prima materna María Consuelo Quintanó y Ramos; está en contacto con Martí cuando éste se presenta secretamente en La Habana del 6 de enero al 24 de febrero de 1877, pues con cartas de recomendación de su padre para amigos influyentes y mil pesos que además le regaló éste para su futuro matrimonio con Carmen Zayas Bazán, partió el Apóstol para Guatemala y el 4 de septiembre de 1877 fue propuesto y admitido Valdés-Domínguez miembro de número de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba.

En ejercicio de la profesión el médico revolucionario en La Habana, de regreso Martí el 2 de septiembre de 1878 con su esposa en avanzado estado de gestación, va a vivir a casa del "amigo del alma" y allí nacerán la única hija de Valdés-Domínguez, el 11 de noviembre siguiente y once días después el único hijo de Martí, José Francisco. Deportado a España el Héroe Nacional cubano el 25 de septiembre de 1879, al siguiente día, fallece la niña de Valdés-Domínguez.

En 1881 va a ejercer su profesión a Santiago de las Vegas, de donde regresa en1883 a La Habana y es en esta nueva etapa, en la capital de la isla, que publica algunos trabajos médicos entre 1885 y 1886, que comentaremos en breve, para en un inesperado cambio establecerse al otro extremo del país, en Baracoa, con su esposa y allí ejercer la medicina en general y en particular la medicina forense y realizar algunos estudios de arqueología, antropología y sanidad vegetal en 1890, que también comentaremos y se separa en 1893 de su primera esposa.

Por su labor profesional en la ciudad primada de Cuba el Ayuntamiento le extendió título de mérito, en el que se hacía constar "las más satisfactorias muestras de estimación, y muy especialmente por los relevantes y humanitarios servicios que ha prestado en esta jurisdicción exponiendo su propia vida en diferentes ocasiones por asistir a los enfermos y practicar reconocimientos y autopsias judiciales en épocas de abundantes lluvias, atravesando con su cabalgadura ríos a nado y caminos intransitables por llenar su deber y salvar la vida de los enfermos que reclamaban su asistencia".

Dr. Fermín Valdés-Domínguez y Quintanó (1853-1910)
Figura 3. Dr. Fermín Valdés-Domínguez y Quintanó (1853-1910).

Emigra a Estados Unidos, con breve tránsito en Venezuela, y ya en la etapa final de preparación de la última guerra independentista contra España, ejerce la carrera en Cayo Hueso. El 14 de junio de 1895 regresa a Cuba como médico mambí y entre otros importantes cargos ocupó las jefaturas de la Sanidad Militar del Cuarto Cuerpo de Ejército en Las Villas y del Primer Cuerpo de Ejército de Oriente, con el grado efectivo de coronel.

Terminada la guerra y obtenido su divorcio, se casa en Tampa el 26 de diciembre de 1898, con Asunción Castillo y Camus, hija de un patriota cubano emigrado en Estados Unidos y va a ejercer su profesión, pobre y honestamente, como lo había hecho siempre, al apartado pueblo de Viñales, en la provincia de Pinar del Río, donde escribió numerosos artículos en la prensa local, hoy totalmente desconocidos, en los que volcó su pensamiento revolucionario muy radicalizado social y políticamente, atacó la ingerencia norteamericana en nuestros asuntos y todo lo malo de aquella primera etapa de la república liberal burguesa. Muy enfermo, casi paralítico regresó a La Habana, donde vivía en 1905, para fallecer en ella el 13 de junio de 1910.

El primer trabajo científico que conocemos del doctor Fermín Valdés-Domínguez se titula "Causas de algunas de las enfermedades de los obreros elaboradores del tabaco", que apareció en la revista Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana, tomo 2, páginas 470-476, de 1885. Este artículo es sin lugar a dudas un precursor de los estudios sobre higiene del trabajo en Cuba y no es raro que Valdés-Domínguez tuviera estas inquietudes médico-sociales, pues en el medio científico hispano en que se formó estaba presente, como ya dejé citado antes, la Escuela de Higienistas Catalanes, una de las precursoras en el mundo de estos estudios en el siglo XIX.

En 1852 la Real Academia de Medicina y Cirugía de Barcelona publicó "Consideraciones sobre los inconvenientes que irrogan a la salud de los jornaleros y a la pública de Barcelona las fábricas y en especial las de vapor y sobre la ventaja de trasladarlas a la llanura de Casa Túnez" del doctor Joaquín Font y Mosella, a la que siguieron la obra más famosa en medicina del trabajo en los primeros años de la Escuela Catalana, Higiene del Tejedor del doctor Joaquín Salarich, memoria premiada con medalla de oro por la Academia de Medicina de Barcelona en 1857 y publicada un año después; el opúsculo Higiene del operario de una fábrica de Albayalde, del entonces estudiante de medicina Antonio Prats y Bosch, que apareció en igual fecha y el formidable libro Higiene Industrial, publicado en 1856, del profesor Pedro Felipe Monlau y Roca. Es importante decir que muchas de estas obras aparecen casi simultáneamente con las de Villerme en Francia y las de Percival y Thackard en Inglaterra con las que comienzan dichos estudios en la época de la industrialización en Europa.

El artículo "Causas de algunas de las enfermedades de los obreros elaboradores del tabaco" lo inicia Valdés-Domínguez con palabras que dicen mucho de sus grandes preocupaciones sociales; "No se esconden para el médico los dolores y las miserias que sufren nuestros nobles obreros, esos hijos del trabajo que son los mantenedores del progreso y bienestar de los pueblos que viven triste vida de penas físicas y morales y mueren como héroes cambiando sus débiles cuerpos por un pedazo de pan con que alimentar a sus pobres hijos". Describe después la acción del tabaco sobre los fumadores, como síntomas generales, faringitis y amigdalitis crónicas, cáncer de los labios, la lengua y el estómago, este último por la costumbre de mascar tabaco. Se pregunta ¿Podrá dudarse de que una atmósfera saturada por las emanaciones de las hojas del tabaco por la maceración para ser torcidas sea la causa de profundos trastornos en el organismo de los que tienen que trabajar durante todo el día bajo su venenosa acción?".

Nombra entre otras afecciones a la que llamó Paul Tolly nicotismo agudo y al referirse a la tabacosis y otras neumoconiosis lo hace con opiniones del Maestro de Barcelona y continuador de Monlau en la Escuela Catalana, el profesor Rafael Rodríguez Méndez. Algo muy importante además, es que cita la memoria que veinticinco años antes había presentado el doctor Joaquín Muñoz Díaz, ante la Real Sociedad Económica de La Habana, en la que pedía la sustitución de las mesas que entonces se usaban, y que seguían en uso, para la elaboración del tabaco, porque las mismas predisponían a posiciones viciosas en los obreros, que los llevaba a la adquisición de afecciones pulmonares y termina su artículo proponiendo, como el doctor Muñoz, modificaciones a dichas mesas que ayuden a solucionar tal problema.

El 8 de julio de 1886 presenta su trabajo de ingreso como miembro titular de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana "Contribución al estudio de la etiología de la tuberculosis", que aparece en el libro 3ro. de actas de la Sociedad, a folio 29. En este trabajo Valdés-Domínguez abunda sobre sus planteamientos hechos en el artículo anterior y trata de probar que la posición forzada que son obligados a adoptar los obreros tabacaleros es una de las causas predisponentes más importantes de la tuberculosis pulmonar en ellos.

El autor se fija sobre todo en la actitud viciosa que toma el cuerpo, que a largo plazo produce semiatrofia de ciertos músculos torácicos por inmovilidad y como consecuencia compresión pulmonar. Incluye cuatro de sus observaciones clínicas y finaliza proponiendo la modificación de las mesas de trabajo.

Por estos dos artículos, insisto, Valdés-Domínguez puede ser considerado, sin lugar a dudas, como un precursor en nuestro país de los estudios de Higiene del Trabajo.

El 2 de septiembre de 1886 presenta una nueva comunicación ante la propia institución, "Tétanos infantil. Curación. Apuntes para una observación clínica", que apareció en la revista Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, tomo 1, número 5, diciembre 15 de 1886. En él expone una corta observación clínica de un niño de dos días de nacido atacado de ligera inflamación del cordón umbilical y hemorragia leve, que presentó más tarde contracciones tónicas en el lado izquierdo, trismo, retención de orina y temperatura de 38,5°. A pesar del tratamiento con bromuro de potasio y cloral el niño se siguió agravando, por lo que se consultó al doctor Raimundo de Castro Allo, que confirmó el diagnóstico de tétanos infantil de pronóstico funesto, si no se modificaban favorablemente los síntomas. Se insistió en mayores dosis de bromuro de potasio así como enemas, y mejoró poco a poco hasta el punto de desaparecer todos los síntomas menos el sopor producido por la medicación.

En ese estado lo vio también el doctor José R. Montalvo Covarrubias, que declaró haber pasado el peligro y propuso leche de burra. La mejoría se acentuó cada vez más y al día siguiente fue dado de alta.

El trabajo fue comentado favorablemente por los doctores Joaquín L. Dueñas Pinto y Francisco Royero y Zahonet. El doctor Carlos J. Finlay Barrés, en una sagaz observación expuso sobre el mismo que era permitida la duda en el diagnóstico en casos como el referido en que no se presentaba con toda claridad el cuadro sintomático de la enfermedad.

A finales de 1870 se presentó una grave plaga en los cocoteros de la región oriental de la isla que trajo como consecuencias grandes pérdidas económicas. La Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana nombró una comisión integrada por los doctores Felipe Poey Aloy, Juan Vilaró Díaz y José E. Ramos Machado la que elevó a la corporación una primera comunicación leída el 12 de septiembre de 1880, con el título de "Destrucción de los cocoteros y otras plantas del país". Dos años después presentaba su informe final la comisión con el título de "Historia del Uredo cocoivoro" en que se daba como causante de la plaga a este hongo del género Uredíneo o Rolla. La memoria fue ampliamente discutida por los académicos doctores Carlos J. Finlay Barrés, Atanasio Hernández Izaguirre, Manuel Montejo Borrero, Juan Orus Presno y por Ramos Machado que la defendió. La exposición de Finlay sobre el tema "Patología vegetal: enfermedad de los cocoteros", mereció una replica especial del doctor Ramos, "Respuesta a las observaciones del doctor Finlay al Informe sobre la enfermedad de los cocoteros", que produjo nueva discusión sostenida por los doctores Finlay; Orus; Federico Gálvez Alfonso, que señaló como causante un díptero y Ramos Machado.

Ante tantas dudas la Academia nombró unos años después una nueva comisión integrada por los doctores Carlos de la Torre Huerta, Vilaró Díaz y Ramos Machado, la que presentó sus conclusiones en 1889 en su "Informe sobre la enfermedad de los cocoteros de la Isla de Cuba", la que fue discutida extensamente por los académicos doctores Juan Santos Fernández Hernández, Diego Tamayo Figueredo y los tres miembros de la Comisión. El doctor Tamayo Figueredo presentó a su vez el resultado de sus propias observaciones en "Investigaciones sobre los parásitos de las palmeras y la enfermedad de los cocoteros", que motivó la respuesta del doctor de la Torre en "Observaciones al trabajo del Dr. Tamayo sobre parásitos de las palmeras y enfermedad de los cocoteros". 

Para dar fin a la polémica el doctor de la Torre emprendió estudios por su cuenta desde el 28 de agosto de 1890 en los cocoteros de Baracoa, auxiliado por el doctor Valdés-Domínguez para comprobar ambos que el verdadero productor de la plaga no era un uredo sino un hemíptero de la familia de los Cóccidos, lo que reportó el sabio malacólogo con el título de "Comunicación a la Academia de Ciencias sobre plaga de los cocoteros" y un año después Valdés-Domíguez enviaba a la propia corporación su "Memoria sobre la enfermedad de los cocoteros de Baracoa".

En el periódico La Lucha, noviembre de 1889, se informó que "el doctor Carlos de la Torre declaraba que el doctor Fermín Valdés-Domínguez, en Baracoa había descubierto que el destructor de los cocoteros en un insecto de la familia Coccidios (Cochinilias o Güagüas) el mismo que anunció como díptero el doctor Federico Gálvez en 1882". También en el periódico El País del 1 de noviembre de 1889 se hace una referencia a este hecho, firmada por el doctor Arístides Mestre Hevia.

La colaboración entre de la Torre y Valdés-Domínguez los llevó a estudios arqueológicos y antropológicos en los que el segundo aportó como punto de partida a los mismos, el hallazgo de cuatro cráneos deformados y varios huesos humanos, así como numerosos utensilios de barro encontrados por él en una cueva próxima al Faro de Maisí. Durante estos estudios el doctor de la Torre encontró un ejemplar de Papilio gundlackianus, mariposa descubierta por el doctor Juan Gundlach, sabio naturalista germano-cubano, en Aguadores, cerca de Santiago de Cuba y no encontrada en otro lugar hasta entonces. En su informe a la Academia con el título de "Conferencia científica acerca de un viaje a la parte oriental de la isla de Cuba", el doctor de la Torre cita numerosísimas veces a Valdés-Domínguez y éste en su trabajo "Excursión científica del doctor Carlos de la Torre", publicado en el periódico El País, en octubre 29 de 1890, al referirse al agente causal de la enfermedad de los cocoteros, afirma que fue don Carlos "el que escribió en el libro de las Ciencias la última palabra sobre este asunto, al clasificar y describir en todas sus fases el Cóccido destructor".

En 1960 en la revista Patria, bajo la dirección de nuestro inolvidable Maestro, el profesor Gonzalo de Quesada Miranda, apareció publicado un artículo del señor Jesús Fernández Lamas con el título de "El Día de la Amistad", en el que se dice que Valdés-Domínguez "No pudiendo sentir de cerca los dolores de los cubanos sin tratar de ayudarlos se va de Cuba, recorre toda la América, ampliando sus estudios sobre enfermedades tropicales, que había dejado truncos, en manos de Carlos de la Torre", para agregar "Es curioso apuntar que Valdés-Domínguez experimentó con Don Carlos de la Torre el origen de la transmisión de la Fiebre Amarilla, cuando no lo había hecho aún nuestro Finlay".

Esta cita, evidentemente cargada de inexactitudes mezcla erróneamente los trabajos antes referidos con otros no bien dilucidados hasta ahora y que pudo haber realizado Valdés-Domínguez en fiebre amarilla con el doctor Casimiro Roure Bofill, pero no sobre el origen de la transmisión de la enfermedad sino sobre su sospechado, entonces, origen bacteriano.

En la sesión solemne del 14 de octubre de 1886 presenta Valdés-Domínguez su último trabajo ante la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, a la que sin embargo seguirá perteneciendo hasta el 20 de agosto de 1899. Este estudio titulado "Enfermedades de origen bacteriano" que va a ver la luz en la revista Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana, tomo 12, páginas 589-598, encierra para mí una gran importancia pues el mismo se presentó en los inicios de las investigaciones sobre bacteriología en Cuba.

En agosto de 1886 es que los doctores Finlay Barrés y Claudio Delgado Amestoy comienzan sus experiencias bacteriológicas sobre fiebre amarilla y en septiembre de ese año realizan los doctores Diego Tamayo Figueredo y Francisco I. Vildósola González estudios sobre bacteriología con Chantemesse y practican la vacunación antirrábica con Pasteur, en París, para después iniciar sus investigaciones en el Laboratorio de la Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana. Por lo tanto, sin la influencia de estos grandes maestros de la bacteriología cubana, Valdés-Domínguez presentó su trabajo el 14 de octubre del propio año, en el que defiende la teoría bacteriana del origen de enfermedades infecciosas en contra de los que sólo aceptaban los fenómenos químicos de la fermentación como su causa y que lo coloca entre los precursores en Cuba de estas ideas.

En dicho trabajo hace un minucioso recuento del estado de los conocimientos bacteriológicos en aquel momento en el mundo y cita a cincuenta y un autores de Europa y América y tres cubanos. Entre los primeros menciona a Gustav Henle, verdadero autor de los llamados principios de Koch; a Justus von Leibig, sostenedor de los fenómenos químicos de la fermentación como causa de las enfermedades infecciosas; los estudios de Alexander Ogston sobre estreptococos y estafilococos; el microbio pyogenes de Louis Pasteur; los estafilococos aureus y flaveus de Víctor Babes; los estafilococos pyogenes albus y citreus de Passet; el micrococcus pyogenes tenuis de Rosembach y aportes de autores hoy inmortales como Saturnin Arloing, Benjamín Lowenberg, Emile Duclaux, Cornil, Edwin Klebs, Carl Eberth, Robert Koch, Ernest von Leyden, Marchiafava, Van Kempen, Albert Neisser, Albert Frankel y otros. No nombra, sin embargo, a Jaime Ferrán, maestro de la bacteriología española de la época que ya comenzaba sus investigaciones junto a Pasteur.

Pero no sólo estos valores tiene a mi juicio el trabajo sino, que en él se citan las investigaciones realizadas en Cuba por el doctor Casimiro Roure Bofill en el campo de la bacteriología, anteriores a los estudios del doctor Finlay, que hasta el presente hemos tenido como los primeros sobre cultivos bacterianos y les da el valor que ningún historiador médico nacional hasta ahora les ha concedido.

Su cita textual es como sigue:

"Ya en otra sesión solemne de esta Sociedad y ocupando su tribuna el erudito Dr. D. Francisco Cabrera Saavedra, cuyo talento y laboriosidad todos conocéis y estimáis tanto como yo, expuso, este dignísimo compañero, sus ideas y observaciones sobre la fiebre amarilla, y si fuera yo a registrar esas observaciones; todo lo que se ha trabajado, tanto en Europa como en América, para descubrir cuál es y dónde se desarrolla el microbio que las produce y las ideas emitidas aquí en diversas sesiones, necesitaría escribir, señores, un libro, y ese libro nada os diría que no supieráis; pero ese libro aparecerá, no escrito por mí, que nada valgo, sino por mi amigo y compañero Dr. D. Casimiro Roure, que durante años enteros viene dedicándose a estos estudios, habiéndose visto en la necesidad, en sus distintos viajes por Río de Janeiro y otros países americanos, de inventar aparatos para el cultivo de las bacterias, tratando siempre de comprobar por el propio examen las diversas ideas que se han emitido sobre la existencia de organismos en la sangre, en el hígado, en los riñones y en otras vísceras, de los individuos atacados de la fiebre amarilla". Para agregar más adelante: "Y son notables señores los estudios del Dr. Roure por la crítica que en ellos hace de los trabajos de Freire..." El autor a que se refiere es Domingo Freire, del Brasil, quien había presentado al mundo médico, por primera vez en 1880, un posible germen causal de la fiebre amarilla en el hongo al que llamó Cryptococcus xanthogenicus. Y continúa Valdés-Domínguez: "El Dr. Roure estudió el bacilo de Freire, y lo encontró en todas las enfermedades que causan albúmina en la orina, en todas las afecciones virulentas y hasta en distintos casos de caquexias paludeas. El doctor Caminhoa (sabio médico y botánico brasilero) que vió las preparaciones del Dr. Roure certificó que el micrococcus que se observaba en ellas era, por su aspecto físico, exactamente igual al que Freire tenía por tipo de la fiebre amarilla". Valdés-Domíguez no cita, sin embargo, el libro del doctor Roure publicado dos años antes Consideraciones sobre la Fiebre Amarilla y reglas higiénicas para preservarse de esta enfermedad, Imp. del Gobierno, La Habana, 1884, en el que éste niega la inoculabilidad de la enfermedad y afirma su contagiosidad, el cual enviado a la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, para aspirar a miembro de la institución, fue contestado y rebatido en muchas de sus afirmaciones por el doctor Finlay en su "Informe acerca de una Memoria sobre Fiebre Amarilla con opción al título de Socio Corresponsal", leído el 8 de febrero de 1885.

Este conocimiento que demuestra Valdés-Domínguez de las investigaciones del doctor Roure, que no habían sido publicadas y que no hemos encontrado aparecidas con posterioridad en ninguna publicación científica cubana del pasado siglo, nos lleva a pensar en una posible colaboración de Valdés-Domínguez con el doctor Roure al que llama "mi amigo y compañero", pues estas palabras no las justifican sino una relación estrecha de trabajo, ya que nada más alejado de la vida de Valdés-Domínguez que la de este médico español, graduado de licenciado en medicina y cirugía en la Universidad de La Habana el 19 de febrero de 1864, médico mayor del Cuerpo de Sanidad Militar y secretario de la Dirección de Sub-Inspección del mismo, que se mantuvo en campaña durante toda la Guerra de los Diez Años y que por sus méritos militares y su amistad con el sanguinario Gobernador y Capitán General Blas Villate de las Heras, Conde de Valmaseda, mereció de éste la gracia de realizar los ejercicios del grado y ser investido de doctor en medicina y cirugía en la Universidad de La Habana el 12 de enero de 1876, cuando el propio Conde había suspendido ese derecho a nuestro alto centro de estudios desde el 10 de octubre de 1871, injusticia que se mantuvo hasta el 10 de diciembre de 1878. El doctor Roure, como médico de la Capitanía General, falleció en La Habana el 24 de diciembre de 1892 y cuatro años después se hizo en la capital de la isla una reedición de su libro mucho más abreviada.

Sin pretender exagerar los méritos científicos del doctor Fermín Valdés-Domínguez y Quintanó, esta rápida ojeada de su corta obra científica nos demuestra, que de habérselo permitido su azarosa vida de revolucionario consecuente y firme con sus ideas, no tenemos la menor duda de que su nombre figuraría no sólo como un precursor sino como un destacado hombre de ciencias de su época en nuestro país.

Bibliografía consultada

  1. Archivo Histórico de la Universidad de La Habana. Exped. Est. No. 14144, antiguo (Fermín Valdés-Domínguez y Quintanó).
  2. Archivo Histórico de la Universidad de La Habana: Comunicación al doctor Luis F. Le Roy, fechado en Madrid a 7 de noviembre de 1969, que contiene extractado el expediente de estudios médicos de Valdés-Domínguez en las universidades de Madrid, Zaragoza y Valladolid. Esta comunicación está unida al expediente de estudios No. 14144, antiguo.
  3. Artigas Raventos, V.: Las epidemias barcelonesas de fiebre amarilla en el siglo XIX y su influencia en la reforma sanitaria de la ciudad. Medicina e Historia. 31: 7-26. Barcelona, enero de 1974.
  4. Carreras-Roca, M.: Sobre medicina social e higiene del trabajo. Siglo XIX. Medicina e Historia. 6:1-16. Barcelona, octubre de 1971.
  5. Delgado García, G.: En el ciento treinta aniversario de su nacimiento. Fermín Valdés-Domínguez, médico revolucionario y hombre de ciencias. Cuad. Hist. Sal. Pub. 72: 221-230. La Habana, 1987. 
  6. Le Roy y Gálvez, L. F.: Fermín Valdés-Domíguez y Quintanó. En: "A cien años del 71. En el fusilamiento de los estudiantes" por Luis F. Le Roy y Gálvez. La Habana, 1971. Pp. 291-296.
  7. Riera, J.: Historiografía médica catalana ochocentista. Medicina e Historia. 8: 1-16. Barcelona, 1971.
  8. Riera, J.: Luis Comenge y Ferrer (1854-1916) y la historiografía médica catalana. Medicina e Historia. 47: 1-15. Barcelona, 1975.
  9. Roloff, C.: Índice alfabético y defunciones del Ejército Libertador de Cuba. Imp. Rambla y Bouza. La Habana, 1901. P. 935.
  10. Teuma, E.: Fermín Valdés-Domíguez. Conferencia pronunciada en el Ateneo de La Habana el 22 de enero de 1922. Cuba Contemporánea. 29(113): 11-24. La Habana, mayo de 1922.
  11. Comisión Nacional Cubana de la UNESCO: Actas de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba. La Habana, 1966. Pp. 20, 84 y 222.
Indice Anterior Siguiente