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Cuaderno de Historia No. 84, 1998
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Instituciones no oficiales y academias privadas para la enseñanza de la medicina en Cuba*

* Trabajo presentado en Jornada Conmemorativa XL Aniversario de la fundación de la Oficina del Historiador de la Salud Pública. Facultad de Salud Pública. Diciembre 13 de 1991.

Introducción

A lo largo de tres siglos de nuestra historia lo insuficiente de la enseñanza oficial de la medicina impartida en la Universidad de La Habana, única en Cuba con Facultad de Medicina hasta 1962, determinó desde el siglo XVIII, que instituciones oficialmente no docentes trataran de poner remedio a ese mal, con la creación de verdaderas escuelas de medicina en las que se enseñara con metodología moderna ciencia más actualizada.

En la segunda mitad del siglo XIX son iniciativas personales las que van a fundar academias privadas de medicina, la última de las cuales dejará una profunda huella en su época, por la calidad de su enseñanza y el patriotismo de sus profesores, a pesar de su corta existencia.

En el presente siglo, a partir de los años de la década de 1920 y hasta 1960, van a fundarse academias privadas donde se repasaban las materias de la carrera que con más deficiencia se enseñaban en la Facultad de Medicina por esos años.

En nuestro trabajo nos proponemos en forma breve exponer la existencia de estos centros de enseñanza, para hacer notar las causas que determinaron su fundación, los profesores que la impartieron, las materias explicadas y la calidad de la docencia.

Primera institución no oficial para la enseñanza de la medicina en Cuba

Con el restablecimiento de manera permanente de la institución del Real Tribunal del Protomedicato de La Habana, 1711, se abrió para los cubanos la posibilidad de graduarse en la isla en algunas de las cuatro categorías médicas que oficialmente existían en España y sus colonias: médico-cirujano, médico, cirujano latino y cirujano romancista.

Por no estar fundada entonces la Real y Pontificia Universidad de La Habana, los que aspiraban a las tres primeras categorías debían adquirir los conocimientos necesarios en las Reales y Pontificias Universidades de Santo Domingo, primada de América o de México. Pero los que aspiraban a la de cirujano romancista, por no exigirse para ella conocimientos teóricos profundos de medicina, ni de lengua latina, idioma en que se realizaban entonces los estudios universitarios y sí conocimientos prácticos de cirugía, podían adquirir dicho título, con un entrenamiento dirigido por un cirujano graduado ante el Tribunal del Protomedicato, que les permitiera vencer el examen correspondiente.

Para facilitar estas últimas graduaciones los Hermanos de la Orden Religiosa Hospitalaria de San Juan de Dios, que tenían a su cargo el Hospital de San Felipe y Santiago de La Habana desde 1603, comenzaron a impartir lecciones de cirugía teórico-práctica a los aspirantes a dicho grado, en fecha, no precisada, comprendida entre 1711, en que se restableció el Protomedicato y 1726 en que se iniciaron las lecciones de los frailes Dominicos en su convento de San Juan de Letrán, donde dos años más tarde se fundó la Universidad de La Habana.

La inauguración oficial de la Facultad Mayor de Medicina de nuestra primera institución superior docente, el 5 de enero de 1728, no impidió que los hermanos juaninos continuaran su enseñanza, pues siendo la universitaria completamente teórica, la que ellos impartían, que era eminentemente práctica, la completaba.

En las primeras décadas del siglo XIX a sus lecciones de cirugía agregaron cursos teórico-prácticos de Neurología y Esplacnología, explicadas por el doctor Vicente Antonio de Castro Bermúdez, introductor de la anestesia quirúrgica en Cuba, el que poco después incluyó otros de Anatomía General y Patología, todos en fecha anterior a que dicho profesor obtuviera por oposición, en 1835, la cátedra de Anatomía en la Universidad de La Habana. Esta enseñanza anatómico-práctica la desarrollaría después el distinguido médico habanero doctor Gonzalo Jorrín y Bramozio.

Aún después de cesar la Orden de San Juan de Dios en la administración del hospital desde 1793, de haberse extinguido ésta en 1820 por Decreto de la Corona, sus bienes sacados a remate e implantada la gran reforma de estudios de 1842, que secularizó la Universidad y llevó la enseñanza práctica a la Facultad de Medicina, los hermanos, ya exclaustrados, continuaron en la impartición de sus clases, como lo asegura el historiador médico doctor Rafael Cowley Valdés-Machado, quien fue alumno del médico juanino doctor Luis Castillo y Oduardo en sus clases del Hospital de San Felipe y Santiago en los cursos de 1852-1853 y 1853-1854.

El historiador doctor Cowley también cita como profesores a los juaninos Álvarez, Madrid, Ordoñez, Zaldívar y Pacheco sin decir los años en que ejercieron la enseñanza.1 Ignoramos cuando finalizaron estos cursos pero de lo expuesto se infiere que existieron durante cerca de siglo y medio.

La Real Sociedad Patriótica de La Habana y la enseñanza no oficial de la medicina

La Real Sociedad Patriótica de La Habana, representación más alta de la naciente burguesía de comerciantes y hacendados de la isla, que tenía entre sus objetivos el promover la educación pública, preocupada por lo defectuosa de la enseñanza de la medicina en la Universidad de La Habana y sobre todo por la ausencia de disección anatómica, logró que por Real Orden, se autorizara la creación de una cátedra de Anatomía Práctica en el Hospital Militar de San Ambrosio de La Habana,2 la que fue inaugurada en abril de 1797, impartida por el médico español, licenciado Francisco Xavier de Córdova y Torrebejano.

Fueron, sin embargo, tantos los obstáculos con los cuales se tuvo que luchar, que a pesar de los esfuerzos desplegados al cabo de algún tiempo renunció su primer profesor y lo sustituyó el también médico español, licenciado Antonio González, quien no pudo evitar su cierre, aún cuando era opinión general lo beneficioso de su actividad.

Años más tarde, aprovechando la presencia en Cuba del destacado médico y anatomista italiano José Tasso, la Real Sociedad Patriótica logró reabrir la cátedra de Anatomía Práctica en el Hospital Militar de San Ambrosio, el 8 de enero de 1819, regenteada por el doctor Tasso. A ella, que también comprendía la enseñanza de la fisiología, se le unió en octubre del propio año una asignatura de Química. Junto a esta múltiple cátedra, de la que se separó la química al marcharse de Cuba en 1821 el doctor Tasso, se fundó, en 1823, un museo anatómico y se le agregó el estudio de las grandes operaciones.

Desde su nacimiento la cátedra instalada por la Real Sociedad Patriótica en el Hospital Militar de San Ambrosio, debido a su enseñanza eminentemente práctica, fue muy superior a la cátedra de Anatomía de la Real y Pontificia Universidad de La Habana y en vista de esto, el claustro universitario, dispuso que para optar por el título de bachiller en medicina se acompañasen, como requisitos indispensables, certificaciones acreditativas de haberse cursado las asignaturas de anatomía práctica y grandes operaciones explicadas en el hospital militar.

Al doctor Tasso lo sustituyó, temprana y desventajosamente para la enseñanza, el médico militar español, doctor Antonio María Castro, quien desempeñó dicha cátedra hasta que fue sustituido en 1823 por el notable médico militar, también español, doctor Francisco Alonso y Fernández.

Al año siguiente de la regencia del doctor Alonso se incorporó a la cátedra el entonces bachiller en medicina Nicolás J. Gutiérrez Hernández, más tarde una de las grandes figuras de la medicina cubana de todos los tiempos. Alonso y Gutiérrez elevaron la calidad de la enseñanza teórica y práctica de la Anatomía y la Cirugía hasta niveles insospechados en su medio. Enriquecieron el museo anatómico con numerosísimas piezas de gran calidad, muchas de ellas preparadas por el propio Gutiérrez y en mayo de 1825 el doctor Alonso le agregó una nueva cátedra, la de Obstetricia, cuyo estudio no se había tratado entre nosotros, con demostraciones sobre los cadáveres, esqueletos y un maniquí que construyó al efecto.

Esta nueva cátedra daría paso a que el 7 de junio de 1828 y bajo el patronato de la propia Real Sociedad Patriótica se inaugurara una Academia de Parteras en el Hospital de Mujeres de San Francisco de Paula, cuya dirección y enseñanza desempeñaría el doctor Domingo Rosaín Castillo, médico habanero, que seguirá funcionando hasta 1833, en que desapareció por haberse utilizado el salón de clases para el ingreso de enfermos de la epidemia de cólera que en aquel año asoló la población. Sin embargo, el doctor Rosaín continuó por algún tiempo impartiendo las lecciones en su casa.3

En junio de 1833 el ejemplo dado en La Habana, al fundarse la Academia para Parteras, fue imitado en Puerto Príncipe (Camagüey) al instituirse, en el Hospital de Mujeres Nuestra Señora del Carmen una clase de arte de partear dirigida por el licenciado José de la Luz Castellanos.

El doctor Alonso Fernández continuó en el desempeño de sus cátedras hasta 1838, en que por sus altas responsabilidades en el Cuerpo de Sanidad Militar tuvo que ser sustituido por el doctor Gutiérrez que acababa de llegar de París, donde había realizado estudios de especialización durante dos años (1836-1838) en clínica médica, cirugía y obstetricia, primer médico cubano en hacerlo.

Instalado Gutiérrez en la cátedra, va a impartir en 1839 tres cursos de notable importancia para el desarrollo de nuestra medicina: uno de obstetricia, otro de clínica quirúrgica y un tercero sobre grandes operaciones de cirugía con demostraciones en el cadáver. De este último se recogieron sus lecciones en un volumen de 270 páginas, titulado Breve Manual de Medicina Operatoria, dispuesto en lecciones para el curso del año 1839, que se usó de texto durante mucho tiempo en el Hospital Militar y en la Universidad.

Gutiérrez mantuvo una extraordinaria labor docente en estas cátedras hasta la reforma universitaria de 1842, en que éstas fueron incorporadas a la Universidad de La Habana.

Desde 1816 propuso el Intendente del Ejército Alejandro Ramírez y Blanco, ante la Real Sociedad Patriótica de La Habana, la creación de una cátedra de clínica médica y se designó, a mediados de 1818, al doctor Tomás Romay Chacón para que trazara el plan de ejecución, a fin de establecerla en el Hospital Militar de San Ambrosio.

El doctor Romay redactó un magnífico informe titulado "Plan para el establecimiento de una escuela de medicina clínica en el Real Hospital Militar de San Ambrosio de esta ciudad" (1818). Pero lamentablemente tendría que esperarse hasta 1834 para que esta cátedra de clínica médica se inaugurara, regentada por el propio doctor Romay, la que tuvo una lánguida existencia, hasta 1842, en que se incorporó también a la Universidad de La Habana con el nombre de Clínica Interna o Médica.

Otras cátedras de enseñanza médica no oficial

En el Hospital San Felipe y Santiago de La Habana, fundó en 1821 la primera cátedra de cirugía médica de Cuba el entonces bachiller en medicina Fernando González del Valle y Cañizo, miembro de una familia que le dió días de esplendor científico y cultural a nuestra antigua universidad.

Esta cátedra que preveían los estatutos universitarios de 1734 y que desde entonces se venía postergando su fundación, por gestiones del profesor González del Valle fue incorporada al alto centro de estudios superiores habanero en 1824 y la obtuvo, en brillantes ejercicios de oposición, el propio González del Valle. Como catedrático fundador la desempeñaría, con su denominación de Cirugía Médica, hasta la reforma de 1842.

En el convento de San Ramón de La Habana, más conocido con el nombre de su iglesia Nuestra Señora de la Merced, el 14 de septiembre de 1839, el doctor José de la Luz Hernández Sardiñas, dió inicio a los primeros cursos de higiene pública y privada que se impartieron en Cuba. Por la calidad alcanzada en los mismos se les dió validez académica y se les exigió a los alumnos que debían examinarse de cirujanos latinos, una certificación de haberlos cursado y aprobado.

Otra actividad docente que se inició por esos años fueron los cursos de Medicina Legal, que comenzó a impartir en el Real Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio de La Habana, en 1839, el médico español doctor José de Lletor y Castroverde,4 quien fue uno de los miembros de la comisión que redactó la reforma de estudios de 1842 y ocupó el Decanato de Medicina a partir de esa fecha. El doctor Lletor, iniciador en Cuba de esos estudios, fue también el fundador de la cátedra universitaria de Medicina Legal, en 1842.

Academias privadas de medicina en La Habana en el siglo XIX

La primera academia privada de medicina en Cuba fue la fundada por el médico italiano José Chiappi quien en 1818 elevó una solicitud al Ayuntamiento de La Habana, que fue leída en sesión de 3 de abril de ese año, en la cual pedía permiso "para poner a la expectación pública por un corto tiempo y extipendio un Curso Completo de Anatomía dividido en diez y seis urnas, comprendiendo la primera la disecación de todo el cuerpo humano, la segunda una mujer con el vientre abierto donde se demuestran todas las partes, intestinos y posición del feto y las restantes, diversas preparaciones por separado del mismo cuerpo humano".5

Con fecha de 10 de abril de ese año se le concedió autorización por el Cabildo y en el Diario de La Habana, en su edición de 4 de julio siguiente, se anunciaba un curso que comenzaría a impartir el propio profesor italiano en su casa de la calle San Ignacio número 31, autorizado por el Gobernador General, con el visto bueno del Real Tribunal del Protomedicato de La Habana. Estos cursos que contaban como medios auxiliares de la enseñanza con las famosas figuras de cera del museo del doctor Chiappi, se mantuvieron por varios años de la década de 1820. Las figuras de cera fueron adquiridas finalmente por la Real Sociedad Patriótica de La Habana e incorporadas a la cátedra del Hospital Militar de San Ambrosio y después de la reforma de estudios de 1842 pasaron a la Universidad. El doctor Chiappi algunos años más tarde ejerció su profesión de médico en San Antonio de los Baños, donde falleció a los setenta años de edad, en 1834.

Después de finalizar la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y ante el estado de abandono en que se encontraba la enseñanza de la medicina en la Real y Literaria Universidad de La Habana, algunos médicos cubanos a su regreso de Europa trataron de dar a conocer los adelantos de la ciencia en instituciones como la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba. El doctor Diego Tamayo Figueredo, médico eminente y patriota, no conforme con esto, al año siguiente de su llegada del destierro (1880) abrió una Escuela Libre de Medicina en La Habana, la que a pesar de tener todo el apoyo del ilustre doctor Nicolás J. Gutiérrez, en esos momentos presidente de la Real Academia y Rector de la Universidad de La Habana, sólo pudo mantenerla abierta dos años.6

El doctor Tamayo después de su regreso de París en 1887, donde estudió al lado de Pasteur y Chantemesse, impartió clases de bacteriología, en el Laboratorio Histo-químico-bacteriológico e Instituto de Vacunación Antirrábica de la Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana.

Pero el esfuerzo más serio que se llevó a cabo en este sentido lo fue el realizado por el doctor José Pereda Gálvez, quien después de titánicos esfuerzos, en unión de un grupo de destacados jóvenes valores de la medicina cubana de la época, en gran parte con sólida formación francesa, logró fundar su Escuela Práctica de Medicina el 29 de diciembre de 1893, "donde se enseñaban las mismas materias que en la Universidad pero obedeciendo a un plan más práctico y económico".7 El primer curso fue inaugurado el 12 de febrero de 1894.

Esta escuela preparatoria o libre de medicina contó, también con una revista mensual que con el nombre de Escuela Práctica de Medicina apareció los días 15 de cada mes y vió la luz desde junio de 1894 hasta enero de 1895. En sus páginas están recogidas muchas de las conferencias y lecciones impartidas en la citada escuela.

En enero de 1896 cerró su segundo curso y definitivamente sus puertas esta institución docente, cuyos fundadores y gran parte de sus profesores fueron a cumplir con su deber patriótico en la emigración o en los campos de batalla de nuestra última guerra emancipadora contra España. Como paradigma de ellos y símbolo revolucionario del profesorado médico cubano de esta época, lo fue el doctor Rafael Cowley y Odero, quien murió en las montañas de la Cordillera de los Órganos en Pinar del Río, como comandante mambí, fiel al ideal independentista al que entregó su prometedora existencia.8

Academias privadas de medicina y profesores repasadores en los dos primeros tercios del siglo XX

Lo insuficiente de la enseñanza en gran parte de las asignaturas básicas y preclínicas en la Facultad de Medicina y en particular de las de anatomía, hizo que a partir de los años de la década de 1920 y hasta 1960 aparecieran academias particulares de medicina, en las que se repasaban diversas asignaturas de la Facultad.

Por los años 1940 y 1950, fueron muy conocidas la de los doctores Juan A. Simón Gutiérrez y Armando Ruiz Leiro y la del doctor Pedro M. Baeza Vega. Fueron también conocidos como profesores repasadores en diferentes locales o academias los doctores Octavio Alonso Rodríguez, Ignacio Macías Castro, Reinaldo Muñiz Cano, Alejandro Carrió Caballero, José Jordán Rodríguez, Armando F. Cárdenas Aranguren, Andrés J. García Gómez, José M. Rodríguez González, Pedro G. Nario García, José M. Reyes Díaz, Eduardo Fernández Domínguez, Salomón Mitrani Russo, Eugenio Ballesteros Golás y otros, casi todos por aquella época adscriptos o instructores en diferentes cátedras de la Facultad de Medicina, algunos de los cuales llegaron a ser notables profesores después del triunfo revolucionario. En el Centro de Estudios Médicos de la Asociación Católica Universitaria también se repasaron diferentes asignaturas.

Indiscutiblemente la más antigua y popular lo fue la Academia Anatómica Isidro Hernández, situada en la calle San José No. 626 entre Gervasio y Escobar, propiedad del estudiante de medicina y ex-alumno ayudante disector de la cátedra de Anatomía Topográfica señor José Isidro Hernández López.9

Fundada en 1926, la academia existió hasta los primeros años de la década de 1960. Al principio sólo se repasaba en ella anatomía, siempre enseñada por su propietario, pero después se incluyeron cursos de Química Biológica, Física Biológica, Histología Normal y Embriología, impartidas por otros profesores contratados con esa finalidad.

El señor José Isidro Hernández, llegó a ser una verdadera leyenda para todos los que cursamos estudios de medicina durante las casi cuatro décadas de su enseñanza particular. Hombre de una memoria asombrosa, inculcaba en sus alumnos el aprendizaje memorístico, dada por una enseñanza repetitiva hasta el agotamiento.

Esta academia constituyó un negocio considerable, con imprenta propia, donde se editaban a bajo precio para el alumnado los libros de textos de todas las asignaturas de la carrera y otros libros que obsequiaba a quienes pagaban con puntualidad el importe del curso de anatomía, que ascendía a $150, pagaderos en ocho plazos. Sin embargo, es justo decir que muchos alumnos, como el que estas líneas escribe, recibieron sus cursos sin costo alguno y esto, al igual que las anécdotas simpáticas que de él se contaban, lo convirtieron en un personaje popular y querido en la enseñanza de la medicina de su época.

En 1960, Isidro Hernández, aprobó tres de las cinco asignaturas que le faltaban para concluir sus estudios de medicina, comenzados en el curso 1920-192110 y algún tiempo después se marchó de Cuba, sin terminar la carrera, para establecer el mismo negocio en Venezuela, donde falleció años después.

Prof. José Isidro Hernández López (1903-?)
Figura 7. Prof. José Isidro Hernández López (1903-?).

Consideraciones finales

Como acabamos de exponer, durante algo más de doscientos treinta años, paralelos a la enseñanza oficial universitaria en Cuba y como consecuencia de sus deficiencias, surgieron no pocas cátedras, escuelas y profesores no oficiales o privados que trataron de dar solución a dicho mal.

Después de la reforma universitaria de 1962, con la inauguración ese año del Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas "Victoria de Girón", la gran mejoría de la enseñanza de las ciencias médicas básicas, hizo innecesaria la existencia de esos esfuerzos particulares.

A partir de entonces, la creación del sistema de becas universitarias; la enseñanza superior gratuita; la rebaja del precio de los libros de texto, primero y después su entrega temporal sin costo alguno; la fundación de Escuelas de Medicina en todas las provincias del país, hasta la cifra de veintiuna en la actualidad; la incorporación de la mayoría de las unidades del sistema nacional de salud a la docencia; el aumento del número de profesores e instructores, lo que trajo como consecuencia la disminución de la proporción alumnos por docente; la puesta en vigor de planes de estudio que erradicaron la concepción enciclopédica y memorística de nuestra enseñanza médica, que acentuaron su carácter integrado y que han dado en cada momento el médico acorde a las necesidades del desarrollo de la salud pública del país, todo esto, ha sumido en el olvido la larga etapa de la enseñanza no oficial en Cuba, como solución a las deficiencias de la docencia universitaria.

Referencias bibliográficas

  1. Cowley Valdés-Machado, R.: Breves noticias sobre la enseñanza de la medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Jerónimo. Imp. y Librería de A. Pego. La Habana, 1876, pág. 160.
  2. Delgado García, G.: Historia de la enseñanza superior de la medicina en Cuba. 1726-1900. Cuad. Hist. Sal. Pub. No. 75. La Habana, 1990, pp. 42-46.
  3. Le Roy Cassá, J.: Apuntes para la historia de la Obstetricia en Cuba. Cuad. Hist. Sal. Pub. No. 37. La Habana, 1968, pp. 39-40.
  4. Lletos y Castroverde, J.: Discurso inaugural que para la apertura solemne del primer curso de Medicina Legal y Jurisprudencia Médica, pronunció el día 24 de noviembre de 1839 en el Real Colegio de San Carlos de La Habana, D. José de Lletor y Castroverde, profesor de Medicina Legal y de Jurisprudencia Médica. Imp. de R. Oliva. La Habana, 1839, pág. 54.
  5. Martínez-Fortún Foyo, J. A.: Cronología Médica Cubana. Fascículo Segundo. (1801-1825). La Habana, 1949, p. 48.
  6. Valverde Maruri, A. L.: Elogio del Dr. Diego Tamayo y Figueredo. La Habana, 1903, p. 28.
  7. Obra cit. en (3). pág. 25.
  8. Delgado García, G.: Doctor Rafael Cowley Odero, único docente universitario muerto en las guerras por la independencia de Cuba. Cuad. Hist. Sal. Pub. No. 66. La Habana, 1983, pp. 96-103.
  9. Academia Anatómica Isidro Hernández. San José 626. La Habana, sin fecha (Folleto de propaganda), 4 páginas.
  10. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. No. 30203.
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