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Cuaderno de Historia No. 84, 1998
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Profesor Celestino Álvarez LajonchereProfesor Celestino Álvarez Lajonchere, Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Salud Pública*

* Conferencia leida en homenaje al profesor Celestino Alvarez Lajonchere en acto solemne inaugural del Taller Científico Día Mundial de la Población. Aula Magna de la Universidad de La Habana, Julio 11 de 1996.

Introducción

La Sociedad Cubana de Salud Pública, antigua Sociedad Cubana de Administración de Salud, en su última asamblea general de asociados de mayo del presente año adoptó, entre otros acuerdos, el de otorgar la condición mayor de Miembro de Honor al eminente obstetra y salubrista cubano, doctor en ciencias Celestino Álvarez Lajonchere, uno de los valores más representativos de la medicina nacional en la segunda mitad del siglo XX.

Heredero de lo mejor de la Escuela Cubana de Obstetricia y Ginecología, supo como sus grandes figuras del pasado, los doctores Serapio Arteaga Quesada, Gabriel Casuso Roque, Eusebio Hernández Pérez, Enrique Núñez de Villavicencio y Palomino y Sergio García Marrúz, unir a sus grandes merecimientos científicos su plena dedicación a dar respuesta a graves problemas de la medicina social de su tiempo y echar su suerte con lo mejor de su pueblo en momentos de grandeza y peligro de nuestra historia.

Nada más justo, pues, que este homenaje de reconocimiento al viejo maestro de tantas generaciones de médicos cubanos al arribo casi de sus ocho fecundas décadas de vida, con algo más de medio siglo de ejercicio constante de la medicina.

Nacimiento y formación científica

El doctor Celestino Tomás Álvarez Lajonchere nació en La Moza, municipio de Manicaragua, actual provincia de Villa Clara, el 21 de diciembre de 1917, de ascendencia asturiana.1 Este último dato es muy significativo pues en reciente estudio2 hemos encontrado una gran frecuencia de descendientes asturianos entre grandes figuras de la medicina cubana y de ejemplos podemos citar, como familias de médicos, los González del Valle, García-Lebredo, Inclan, Presno y Llanio o individualidades como Federico Grande Rossi, José A. Valdés Anciano, José A. López del Valle, Ramón Grau San Martín, Antonio Rodríguez Díaz, Julio Martínez Páez y Rodrigo Álvarez Cambras, entre muchos.

El doctor Álvarez Lajonchere cursó sus estudios de bachillerato y de medicina en una época de grandes convulsiones políticas y revolucionarias que va desde la caída del dictador Gerardo Machado Morales hasta el final de la primera etapa presidencial del dictador Fulgencio Batista Zaldívar, no obstante lo cual, tanto los estudios preuniversitarios como universitarios los realizó con una brillantez extraordinaria.

Los primeros los llevará a cabo en el Instituto de Segunda Enseñanza de la ciudad de Santa Clara y por el entonces vigente plan de estudios que ostenta el nombre del filósofo y pedagogo insigne Enrique José Varona Pera, alcanzará en 17 asignaturas, 14 sobresalientes y 2 premios ordinarios en las materias de Historia Natural e Introducción a la Biología. Con igual brillantez pasa el cursillo de 60 días, obligatorio para los estudiantes que aspiran ingresar en la carrera de medicina y recibe felicitación especial por su participación en el funcionamiento de la biblioteca circulante. Durante casi todo ese tiempo trabaja como mecanógrafo en la impresión de conferencias en el Instituto y realiza otros trabajos de mecanografía para ayudar la economía familiar.3

Sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, que cursó por el plan de cinco años de 1937, fueron aún más brillantes. En 33 asignaturas obtuvo 27 sobresalientes, 5 notables, 1 aprobado y 12 premios ordinarios, lo que le permitió cursarlos con matrícula gratis. Durante algún tiempo laboró honorariamente en el laboratorio de la cátedra de Parasitología y Enfermedades Tropicales junto a los profesores Pedro Kourí Esmeja, José G. Basnuevo Artiles y Federico Sotolongo Guerra y al finalizar el tercer año de la carrera obtuvo por su expediente una de las pocas plazas de alumno interno del Hospital Universitario General Calixto García, entonces la posición más ambicionada dentro del estudiantado de medicina.

Los ejercicios para el grado de doctor los realizó, el 20 de diciembre de 1944, en el salón de actos y en el pabellón Gordon del Hospital Universitario General Calixto García, ante un tribunal integrado por los doctores Jesús L. Cornide Salvá, como presidente; José J. Pereda Carrera, vocal y Vicente Banet Pina, secretario. Obtuvo la calificación final, en los tres ejercicios, de sobresaliente y se le expidió el título un día después, el 21 de diciembre de 1944.3

Fácil le fue con tal expediente obtener uno de los escasos cargos de médico interno en el Hospital Universitario General Calixto García, que al igual que el de alumno interno, eran muy reñidos sus concursos y constituía su logro una verdadera consagración para el médico joven. Tanto uno como otro cargo eran por dos años improrrogables y en ellos se preparaba, el que los ocupaba, para la especialidad que escogiera y después estaba en mejores condiciones para los ejercicios de concurso-oposición a médico residente, por otros dos años, en los que completaba su formación como especialista, aunque al final de todo ese tiempo, que eran seis años, no recibía título alguno que lo acreditara como tal.

El obstetra eminente

El doctor Álvarez Lajonchere que ganó brillantemente sus ejercicios de concurso-oposición para médico residente en el Hospital Universitario General Calixto García, se mantuvo esos seis años en el pabellón" Doctor Enrique Núñez", de dicha unidad, donde radicaba la cátedra de Obstetricia con su clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana y uno de los servicios clínicos de la cátedra de Ginecología con su clínica.

Este pabellón, que había sido al construirse en 1920 sede del Hospital de Maternidad e Infancia Doctor Enrique Núñez, fue incorporado revolucionariamente en 1923 a la cátedra de Obstetricia con su clínica por el doctor Eusebio Hernández Pérez, gloria de la obstetricia continental y General de Brigada del Ejército Libertador de Cuba.4 En él se va a formar científica y docentemente el doctor Álvarez Lajonchere.

Cuando arribó a ella como alumno interno, la cátedra de Obstetricia era la única de la Facultad de Medicina que siendo doble tenía una sola asignatura y todos sus servicios -que eran: salón de partos, salón de cirugía, salón de legrados, 2 salas de gestantes, 4 salas de puerperio, servicio de radiología, cuerpo de guardia, consultas externas, salón de clases y Escuela de Comadronas- estaban en el pabellón Doctor Enrique Núñez, donde también radicaba el Departamento de Prematuros y Recién Nacidos Patológicos, perteneciente a la cátedra de Patología y Clínica Infantiles y las dos salas de ginecología que constituían el segundo servicio clínico de la cátedra de Ginecología con su clínica.

Los dos profesores titulares de las cátedras de Obstetricia lo eran los doctores Sergio García Marrúz (padre) y José M. Ramírez Olivella y los dos auxiliares los doctores Julio Ortiz Pérez y Francisco Vilalta Gandarrilla, todos obstetras eminentes que habían sido alumnos preferidos del profesor Hernández Pérez. De todos ellos recibirá el doctor Álvarez Lajonchere conocimientos imprescindibles, pero principalmente del doctor Julio Ortiz Pérez, su verdadero maestro, uno de los más completos obstetras cubanos de esos tiempos, formado en los servicios de obstetricia y cirugía del Hospital General Calixto García junto a su padre el doctor Julio Ortiz Coffigny, laborioso y cultísimo tocólogo y su primo el doctor Julio Ortiz Cano, uno de los cirujanos de mayor habilidad quirúrgica de su época.

Con el doctor Ortiz Pérez realizará las primeras esterilizaciones puerperales efectuadas en Cuba e igualmente asistirá como su ayudante a la primera cesárea televisada en el país. También junto a su maestro ingresará a la cátedra de Obstetricia con su clínica No. 15, como profesor adscripto, por acuerdo del claustro de la Facultad de Medicina de 3 de noviembre de 1950 y a propuesta de la Comisión Permanente de Adscripción.5

En la sesión de 1950 de la Escuela de Verano de la Universidad de La Habana toma un curso sobre Clínica Radiológica y en 1953 viaja a París, Francia, donde recibe un adiestramiento en la preparación psicoprofiláctica para el parto y a su regreso a La Habana publica un extenso artículo en la popular revista Bohemia con el título "La supresión del dolor en el parto normal", 6 de septiembre de 1953, en el que expone los fundamentos teóricos y aspectos prácticos de la psicoprofilaxis en el parto, para conocimiento de profesionales de la medicina y público en general. Esta fecha marca el inicio de tales estudios en nuestro país.

Otros aportes suyos a la práctica obstétrica en Cuba lo constituyen: la introducción de forceps de Luikart-Simpson (1947) en sustitución del viejo modelo de principios de siglo del profesor Pinard; su demostración radiológica de las ventajas del después llamado "parto vertical", cuyos resultados publicados en los artículos "Modificaciones de la presentación fetal a los cambios de posición materna" e "Influencia de los cambios posturales en el encajamiento y descenso de la cabeza fetal", ambos de 1952, constituyen de los primeros publicados en este siglo sobre las ventajas de las posiciones para el parto con el tronco de la parturienta erecto, según había sido costumbre en todos los pueblos primitivos; la modificación de las espátulas de Thierry (1955), diseño compartido con el doctor Juan A. Rodríguez-Feo López; una valva suprapúbica para la operación cesárea (1956), consistente en un diseño anatómico para separar vejiga y peritoneo, la cual puede articularse a un separador de Balfour y por último su estudio sobre la posibilidad de inducir el parto y también el aborto, por separación de las membranas ovulares de su inserción uterina, leído en la Primera Reunión de Obstetras y Ginecólogos Cubanos, La Habana, 1955, con el título "Informe sobre una técnica original por coriodiéresis". En un criterio similar al de esta técnica se fundamenta la de Y. Manabe, del Japón, para inducir abortos del segundo trimestre de la gestación, utilizándose solución de Rivanol para separar las membranas ovulares, técnica esta última introducida también en Cuba por el profesor Álvarez Lajonchere desde 1970, la que se mantiene en uso en la actualidad.

De 1948 a 1959 laboró como obstetra del Sanatorio Antituberculoso La Esperanza y también conoció la experiencia de trabajo en una institución mutualista como la Maternidad Privada del Vedado. Por estos años publica numerosos artículos científicos en importantes revistas especializadas del país como: Revista Cubana de Obstetricia y Ginecología, Archivos del Hospital Universitario, Revista Medicina Latina, Boletín del Sanatorio La Esperanza y otras. No son pocos, también, los congresos nacionales y extranjeros en los que participa con interesantes ponencias.6

Entre sus principales trabajos publicados entonces se encuentran: "Consideraciones sobre un caso de hidramnios" (1947); "Esquema de discusión de algunos problemas obstétricos de la tuberculosis" (1950); "Las anestesias subaracnoideas mínimas en la operatoria obstétrica de la vía vaginal" (1950); "Sickle-cells anemia complicando embarazo" (1950); "Sobre un caso de ascitis y embarazo" (1950); "Aborto uterino: conducta a seguir" (1950), también publicado en folleto; El riesgo quirúrgico en la tisiocirugía de la embarazada (1952); Sistema nervioso y gestosis (1952) y Consideraciones sobre una estadística de alumbramiento artificial manual (1952).

Al iniciarse en 1959 nuestro actual período histórico de Revolución Socialista era el doctor Álvarez Lajonchere, sin lugar a dudas, una de las figuras más importantes de la obstetricia cubana y ocupaba entre otros los cargos de: médico asociado a la cátedra de Obstetricia con su clínica, miembro titular de la Sociedad Cubana de Obstetricia y Ginecología, miembro correspondiente de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia con sede en Suiza, tocólogo del Sanatorio La Esperanza y la Maternidad Privada del Vedado, con una numerosa clientela en su consultorio de calle 23 No. 805 en el Vedado, La Habana.7

El sanitarista de prestigio internacional

Los cambios que experimenta la sociedad cubana con la toma del poder por la Revolución darán un nuevo rumbo al quehacer científico del profesor Álvarez Lajonchere, que de una práctica eminentemente asistencial de fuerte contenido creativo, como hemos dejado expuesto, adquirirá ilimitada dimensión de proyección social.

La crisis universitaria que tiene su culminación en la borrascosa sesión del claustro de la Facultad de Medicina de 29 de julio de 1960, lo lleva el 13 de septiembre siguiente a ser nombrado, en una de las cátedras de Obstetricia, profesor agregado por contratación, mediante concurso, por la Junta Superior de Gobierno de la Universidad de La Habana.8

Poco después las cátedras de Obstetricia y la de Ginecología se unen bajo la nueva denominación de Departamento de Obstetricia y Ginecología; se eleva la categoría docente del doctor Álvarez Lajonchere a Profesor, equivalente a Profesor Titular; se le nombra jefe de dicho departamento y miembro de la Comisión de Docencia de la Escuela de Medicina, para colaborar en la gran reforma universitaria de 1962 con la que se inaugura una nueva época en la enseñanza de la medicina en Cuba.

Ese año es llamado por el Ministro de Salud Pública, doctor José R. Machado Ventura, para que ocupe el cargo de Responsable Nacional de Obstetricia y Ginecología y comienza entonces su verdadera proyección en el campo de la medicina social, sin dejar por ello de continuar como jefe del departamento docente, cargo este último que mantendrá durante una década.

En su responsabilidad nacional aborda el problema de la mortalidad materna desde todos los ángulos. Con el fin de elevar el parto institucional y para garantizarlo en las gestantes que habitan en lugares aislados, crea el término de "parto geográfico" y orienta la fundación de hogares maternos en las cercanías de los servicios ginecoobstétricos.9

Por una de esas coincidencias de la historia quien hizo realidad esa orientación lo fue el doctor Francisco Rojas Ochoa, actual presidente de nuestra Sociedad Cubana de Salud Pública, al inaugurar en el propio año 1962 el primer hogar materno en la ciudad de Camagüey, donde ocupaba el cargo de director regional de salud pública. Este modelo de unidad, de carácter sanatorial, se extiende hoy por numerosos países del llamado "Tercer Mundo" y la experiencia cubana se fortalece y gana en perspectivas ante cada nueva coyuntura histórica de nuestra nación.

Con el fin de profundizar en las causas reales de las muertes maternas, durante numerosos años concurre personalmente a cada hospital o unidad del Sistema Nacional de Salud donde se produjeran estas defunciones con la finalidad de establecer un sistema de análisis homogéneo, de fuerte orientación educativa y profiláctica, que llegó a influir en el descenso de dicha mortalidad.

A partir de 1963, bajo su dirección personal, se comienza la preparación de las normas obstétricas y ginecológicas, que he llegado a pensar han sustituido el texto de dichas materias que el debió escribir, pero, sin embargo, seguro estoy que las tres ediciones de Normas de Obstetricia (1963, 1969 y 1974), volumen de 338 páginas y la edición de Normas de Ginecología (1968), volumen de 317 páginas, llenaron una función social superior al texto, al sentar las bases para que se redactaran normas en las demás especialidades y dichas obras, se corresponden mucho más con el sanitarista cabal que ya era en esos momentos.

Los estudios de mortalidad en estos años mostraban que mientras la mortalidad materna disminuía, las defunciones relacionadas con el aborto aumentaban y es entonces que bajo su orientación, previa oportunas gestiones para su legalización, se comienzan las interrupciones de embarazos en el medio hospitalario, como otra alternativa para aquellas mujeres que, por diferentes razones, no podían continuar su gestación. Esta solución de emergencia, para una población todavía insuficientemente preparada para ejercer medidas profilácticas más apropiadas, será paulatinamente complementada por el uso de medios anticonceptivos, que sentarán las bases de una justa planificación familiar, racional y científica.

Pero él sabe muy bien que la solución definitiva tiene que llegar por el camino largo y difícil de la educación sexual y valientemente afronta tal solución, para lo cual preside durante doce años el Grupo de Trabajo de Educación Sexual, y el profesor universitario convierte su cátedra de la Escuela de Medicina en cátedra de toda la juventud cubana y hace llegar su palabra sabia y mesurada a través de las más diversas formas de comunicación -la prensa escrita, la radio, la televisión, las organizaciones de masas-, en jornadas científicas, congresos nacionales, congresos foráneos y ante organismos internacionales.

Esta labor de verdadero apostolado médico social lo hizo fundar y presidir la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (1986) y lo llevó por extensión a los campos de la demografía, a la que ha dedicado tres décadas de estudios, los que han contribuido a aclarar muchas ideas acerca de las perspectivas demográficas de nuestro país.

Sin intentar siquiera comentar brevemente la totalidad de su obra en el período revolucionario, sólo citaremos algunos de sus trabajos más representativos como: "La contracepción intrauterina inmediata post-aborto "(1966), "Política de población "(1967), "La protección de la salud en el marco de la liberación de la mujer" (1968), "Bases para una política demográfica" (1969), "La juventud y la educación sexual " (1972), "La Gineco-Obstetricia: situación actual y perspectivas" (1973), "La atención a la madre en América Latina" (1973), "Población y salud "(1974), "El gineco-obstetra ante la problemática poblacional" (1974), "La población, la familia y el bienestar humano" (1974), "Mortalidad materna: como se estudia en Cuba" (1976), "Atención médica y factores socio-biológicos" (1976) y El embarazo en la adolescencia (1985).

No es posible, en el marco limitado de esta conferencia, dar una idea exacta de su proyección internacional en congresos y asesorías científicas, y los reconocimientos que ha recibido, pero solo diremos que si en nuestro país la Comisión Nacional de Grados Científicos le concedió, al crearse, su grado superior de Doctor en Ciencias Médicas (Febrero 10 de 1981) y la Sociedad Cubana de Obstetricia y Ginecología lo elevó a Miembro de Honor (Diciembre 18 de 1986), la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología, en la República Dominicana, lo nombró "Maestro de la Gineco-Obstetricia Latinoamericana" (Octubre 15 de 1984) y la Asociación Mundial de Sexología, ante representantes de prácticamente todos los países del mundo que se reunieron en su noveno congreso, Caracas, Venezuela (Enero de 1990), le hizo entrega de un merecido reconocimiento por su brillante carrera científica, haciendo constar en placa distintiva "sus importantes y valiosas contribuciones al desarrollo y proyección de la especialidad".

La Sociedad Cubana de Salud Pública, representante de la gran tradición del salubrismo cubano, que reconoce en el profesor Celestino Álvarez Lajonchere uno de los más destacados higienistas sociales del país en el presente, quiere cumplir la máxima martiana de honrarse honrándolo, al conferirle su categoría mayor de Miembro de Honor.

Recíbala Maestro.
Referencias bibliográficas
  1. Certificado de nacimiento del doctor Celestino Alvarez Lajonchere. En Exped. Est. No. 34431. Archivo Histórico. Universidad de La Habana.
  2. Delgado García, G.: Presencia de los asturianos en la historia de la medicina cubana. (Trabajo inédito en Oficina del Historiador del MINSAP).
  3. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. No. 34431.
  4. Ortiz Pérez, J.: Oración Anual "Dr. Eusebio Hernández". Trabajo leído ante la Sociedad Nacional de Cirugía. La Habana, febrero de 1950. (Copia mecanografiada en Archivos del Historiador del MINSAP).
  5. Boletín Oficial Universitario. 17(18). Diciembre 31 de 1950.
  6. Álvarez Lajonchere, C.: Curriculum vitae. (Copia mecanografiada en Archivo del Historiador del MINSAP).
  7. Directorio Médico-Social de Cuba. Ed. La Milagrosa. La Habana, 1958. P. 26.
  8. Designan Profesores. Periódico Revolución. La Habana, septiembre 14 de 1960.
  9. Delgado García, G.: Entrevista al profesor Celestino Álvarez Lajonchere en su hogar. La Habana. Julio 6 de 1984. (Versión mecanografiada en Archivo del Historiador del MINSAP).
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