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Dr. Carlos J. Finlay Barrés

El doctor Carlos J. Finlay Barrés, al igual que el doctor Agramonte, nació en la ciudad de Santa María del Puerto Príncipe, actual Camagüey, treinta y cinco años antes, el 3 de diciembre de 1833 y a diferencia de éste en el seno de una familia extranjera, sin arraigo en nuestro país. Su padre fue el doctor Edward Finlay y Wilson, médico inglés, natural de la Ciudad de Hull, condado de Yorkshire y su madre, Marie de Barrés de Molard Tardy de Montravel, de origen francés, natural de la isla de Trinidad.

No obstante desenvolverse en dicho medio familiar, el doctor Finlay hijo, siempre se sintió muy cubano, dedicó toda su vida a dar solución a los grandes problemas del cuadro epidemiológico de nuestro país en su época, hasta llegar a convertirse en un verdadero símbolo de la medicina cubana y fundó una familia de gran arraigo nacional en la que sobresalen, en el pasado, sus hijos Carlos Eduardo, médico eminente, académico, Rector de la Universidad de La Habana y Secretario de Sanidad y Beneficencia y Frank Finlay Shine, que participó en la guerra independentista de 1895-1898 y en el presente, su bisnieto Carlos M. Finlay Villalvilla, médico investigador del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí de La Habana.

Aunque estudió parte de la instrucción primaria en Francia y Alemania, la enseñanza secundaria en el Liceo de Rouen, Francia y la carrera de medicina en el Jefferson Medical College de Philadelphia, Estados Unidos de Norteamérica, en Cuba es que se formó como investigador y donde realizó toda su obra científica, asesorándose en algunas etapas de su labor con grandes uras de las ciencias en el país, como el químico José Luis Casaseca Silván, el meteorólogo pbro. Benito Viñes y el naturalista Felipe Poey Aloy y contar como único colaborador con el doctor Claudio Delgado Amestoy.

Desde el 15 de marzo de 1857 en el que aprobó sus ejercicios de reválida en la Real y Literaria Universidad de La Habana hasta su muerte, los resultados de sus investigaciones, que aportaron descubrimientos de la importancia de la teoría metaxénica del contagio de enfermedades, el agente transmisor de la fiebre amarilla y las medidas epidemiológicas para la erradicación de la propia enfermedad, descubrimientos por los que fue propuesto para el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, así como la confirmación de la transmisión hídrica del cólera, fueron presentados ante las dos más importantes instituciones científicas del país, la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y se publicaron en las principales revistas médicas cubanas de la época como: Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana; Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana; Gaceta Médica de La Habana; La Enciclopedia; El Progreso Médico; Revista de Ciencias Médicas; Revista de Medicina y Cirugía de La Habana; Revista Médica de Cuba; Revista de Medicina Tropical y Revista de la Asociación Médico-Farmacéutica de la Isla de Cuba, lo que hace a esta obra científica profundamente cubana.

Figura
Figura 4. Dr. Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915)
Propuesto para el Premio Nobel de Fisiología o Medicina.

Muchos de sus artículos aparecieron también en importantes revistas de Europa y Norteamérica como: Archives de Medicine Navale de París; The Journal of the American Medical Association; National Board of Health Bulletin; The American Journal of the Medical Sciences; The Lancet of London; Boston Medical and Surgycal Journal; The Climatologist; Edimburg Medical Journal y The Philadelphia Medical Journal.

Lo más esencial de sus descubrimientos fue presentado en eventos internacionales tan importantes como: la V Conferencia Sanitaria Internacional, Washington en 1881; el Congreso de Climatología, Chicago en 1893; el VIII Congreso Internacional de Higiene y Demografía, Budapest en 1894; el III Congreso Pan-Americano, La Habana en 1901; el Congreso Sanitario Internacional, La Habana en 1902; la Conferencia de las Juntas de Sanidad de los Estados y de las Provincias de la América del Norte, New Haven, Conn en 1902; la I Convención General Sanitaria Internacional de las Repúblicas de América, Washington en 1902; la XXXI Reunión Anual de la Asociación Americana de Salud Pública, Washington en 1903; el IV Congreso Médico Pan-Americano, Panamá en 1905 y el XIV Congreso Internacional de Higiene y Demografía, Berlin en 1907. La más reconocida autoridad europea en fiebre amarilla, el doctor Louis J. Béranger-Féraud, comentó ampliamente y en forma elogiosa la obra del doctor Finlay en varios capítulos de su clásico libro Teoría y clínica de la fiebre amarilla, París, 1890. Todo lo cual permite afirmar que los descubrimientos del sabio cubano eran conocidos y valorados favorablemente en medios científicos extranjeros de muy alta calidad.

El doctor Finlay llegó a ocupar los más destacados cargos de la salud pública cubana de su época: Director Nacional de Sanidad, Presidente de la Junta Nacional de Sanidad y Jefe de la Junta Municipal de Sanidad de La Habana. En 1907 recibió la medalla "Mary Kingsley", la más alta condecoración de la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool, Inglaterra, indiscutiblemente la más importante institución de la infectología en aquella época en el mundo, al reconocerlo como descubridor del agente de transmisión de la fiebre amarilla; un año después el gobierno francés le otorgó la Orden de la Legión de Honor de Francia y el gobierno interventor de los Estados Unidos en Cuba lo nombró Presidente de Honor de la Junta Nacional de Sanidad y Beneficencia al jubilarse en 1908.

Parte de su obra científica fue publicada en volumen con el título Trabajos Selectos del Doctor Carlos J. Finlay, La Habana, 1912, con unos "Apuntes biográficos" escritos por el eminente sanitarista cubano doctor Juan Guiteras Gener. Entre dichos trabajos aparecían recopilados sus inmortales estudios: "El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla" (1882), "Nuevos datos acerca de la relación entre la fiebre amarilla y el mosquito" (1882), "Fiebre amarilla experimental comparada con la natural en sus formas benignas" (1884), "Estadísticas de las inoculaciones con mosquitos contaminados en enfermos de fiebre amarilla" (1891), "Transmisión del cólera por medio de las aguas corrientes cargadas de principios específicos" (1873), "Explicación del cuadro de casos de cólera observados en el Cerro desde noviembre 11 de 1867 hasta enero 29 de 1868" (1873) y otros.

Cargado de legítimas glorias científicas y con el reconocimiento agradecido de su pueblo y de la humanidad falleció en La Habana el 20 de agosto de 1915. Muchos años más tarde la Academia de Ciencias de Cuba publicaba sus Obras Completas, La Habana, 1965-1981, en seis tomos, lo que permite hoy el estudio exhaustivo de su producción total, sin duda alguna el aporte más importante hecho por un cubano en el campo de las ciencias médicas.

En 1904 el doctor Ronald Ross, médico inglés, que había recibido el Premio Nobel en 1902 por su descubrimiento del agente transmisor del paludismo, viajó al istmo de Panamá y sostuvo largas conversaciones con los doctores William C. Gorgas, Henry R. Carter, John W. Ross y otros que habían de alguna manera participado o eran testigos de los trabajos realizados en La Habana por la IV Comisión del Ejército Norteamericano para el Estudio de la Fiebre Amarilla y tuvo también conocimiento de la labor científica del doctor Finlay, por lo que propuso para el premio de 1905 al genial investigador camagüeyano y al doctor Henry R. Carter, descubridor del período de incubación extrínseca de la fiebre amarilla. El premio se le concedió al doctor Robert Koch, bacteriólogo alemán, junto a Louis Pasteur, las dos más grandes uras de la bacteriología mundial de todos los tiempos, descubridor entre otros de los bacilos de la tuberculosis y del cólera y de los postulados, que llevan su nombre, sobre si un agente biológico es capaz o no de producir una enfermedad infecciosa.

El coronel doctor John W. Ross, jefe de sanidad de la Armada de los Estados Unidos propuso el 27 de noviembre de 1905 al doctor Finlay para el premio de 1906 y un poco después el 9 de enero de 1906 incluyó al doctor Henry R. Carter. El premio se otorgó compartido a los doctores Camillo Golgi, histólogo italiano y Santiago Ramón y Cajal, histólogo español, por sus aportes al conocimiento de la estructura del sistema nervioso.

El doctor Carl Sundberg, miembro del Comité del Premio, repitió la propuesta de los doctores Finlay y Carter para el premio de 1907, pero ese año se le concedió al doctor Charles Louis Alphonse Laveran, inmortal médico francés, por su descubrimiento de uno de los hematozoarios o plasmodium del paludismo en 1880.

Para el premio de 1912 el profesor Braut Paes Lewe, de la Facultad de Medicina de Río de Janeiro, Brasil, propuso nuevamente al doctor Finlay y para ese mismo premio el doctor Laveran propuso a los doctores Finlay y Agramonte, a este último por ser el único sobreviviente en esos momentos de la IV Comisión Americana. Lo obtuvo ese año el doctor Alexis Carrell, fisiólogo y cirujano francés, por sus procedimientos hemostáticos de suturas de los vasos sanguíneos, sus tratamientos de las heridas, tratamiento para fijar injertos sobre una superficie ulcerada y por sus estudios sobre injertos de tejidos en general. El doctor Carrell también es autor del famoso libro La incógnita del hombre.

El doctor Laveran repitió su propuesta de los doctores Finlay y Agramonte para los premios de 1913, 1914 y 1915. La muerte del sabio cubano el 20 de agosto de ese último año hizo que el sabio francés cesara en sus propuestas y que el descubrimiento del agente intermediario de la fiebre amarilla dejara también de ser posible motivo de un premio Nobel. En 1913 se le concedió a Charles Robert Richet, fisiólogo francés, por sus estudios sobre anafilaxia, regulación térmica de los animales homotermos y por sus descubrimientos de las propiedades diuréticas de los azúcares; en 1914 al doctor Robert Bárány, otólogo y patólogo austríaco, por sus aportes en el estudio del aparato vestibular y los procesos o cuadros patológicos radicados en el mismo y no se concedió por la primera guerra mundial en 1915, ni tampoco en 1916, 1917 y 1918.

El erudito historiador médico cubano doctor Rodolfo Tro Pérez en su estudio "Las ideas del contagio de enfermedades a través de mosquitos. Carlos J. Finlay y sus precursores",7 afirma que el doctor Patrick Manson, tropicalista inglés de prestigio mundial, entre otros, por su descubrimiento del agente de transmisión de la filaria Wuchereria bancrofti, propuso también al doctor Finlay, sin mencionar el año, pero esta nominación no es citada por el doctor del Regato.

A continuación se transcriben algunos importantes documentos en los cuales se solicitaba el Premio Nobel de Fisiología o Medicina para el doctor Finlay y para éste y el doctor Agramonte, tal como aparecen en el tomo seis de las Obras Completas, La Habana, 1981, del doctor Carlos J. Finlay.

Solicitud del doctor Ronald Ross

15 de noviembre de 1904

Dr. Carlos J. Finlay

Querido señor:

Confío en que Ud. me excuse que le escriba sobre el siguiente asunto: en 1902 obtuve el premio Nobel en Medicina por mi trabajo sobre paludismo, y este me permite recomendar a quien yo quiera para un premio similar cada año. Hace mucho tiempo que estoy impresionado por su gran labor sobre la fiebre amarilla y durante una visita que hice a Panamá, pude, en mi conversación con otros médicos que lo han conocido a Ud. verificar mi impresión sobre el valor de su trabajo. Quisiera, por lo tanto, someter su nombre al Comité del premio Nobel de Medicina para el año 1905 y espero que Ud. me permita hacerlo. Si Ud. tiene la bondad de acceder a esto, le agradeceré me envié una lista completa de sus publicaciones sobre fiebre amarilla, y si es posible el mayor número de los trabajos mismos que Ud. pueda tener a mano. Esto debe hacerse cuanto antes y tanto la lista como los trabajos, serán enviados inmediatamente por mí al Comité Nobel, en Estocolmo.

Permítame, sin embargo, advertirle que sólo tengo el poder de proponer su nombre y que la adjudicación de los premios anuales, se encuentra exclusivamente en las manos del Comité.

Créame de Ud. fielmente.

(Fdo. ) Ronald Ross8
5 de enero de 1905

Estimado Dr. Finlay:

Debí haberle escrito antes para reconocer su carta. Sus publicaciones han sido enviadas al Comité Nobel en Estocolmo, y espero que le ayudarán a obtener el premio que Ud. tanto merece.

La suma del premio alcanza aproximadamente unas ? 8,000 y es entregado el 10 de diciembre de cada año al autor de la obra más merecida con relación a la medicina, realizada entre los años más previos a la misma. No es entregado a quien ha realizado grandes obras algún tiempo atrás, por lo que creo que hombres como Koch, Lord Lister, Laveran y otros están excluidos.(*)

Permítame felicitarle por sus excelentes reportes sanitarios que constantemente edita. Mi deseo sería que las autoridades británicas coloniales lo hicieran también.

Con muchos cumplidos, créame, fielmente suyo,

(Fdo.) Ronald Ross9

Solicitud del doctor John W. Ross

Clarksville, Tennesse. 27 de noviembre de 1905

A los miembros del Comité Nobel de Medicina,

Instituto Real "Carolina"

Estocolmo, Suecia.

Señores:

Correspondiendo a su estimada invitación de septiembre 1905, tengo el honor de proponer al Dr. Carlos J. Finlay, de la Habana, como candidato para el premio Nobel, Sección de Fisiología y Medicina, que se debe conceder durante el año de 1906. He opinado durante mucho tiempo que no hay nadie que tanto merezca el premio Nobel de Medicina como el Dr. Finlay, en reconocimiento de sus brillantes servicios a la ciencia y a la humanidad, al descubrir la manera de propagarse la fiebre amarilla, así como los medios de erradicar y evitar epidemias de tan tremendo flagelo. Tan atrás como el año 1881, el Dr. Finlay no sólo promulgó la teoría (hoy un hecho aceptado) de la transmisión de la fiebre amarilla por el mosquito, sino que llegó a determinar y señalar la especie que la transmitía (Stegomyia fasciata), pudiendo ser considerado este trabajo como la labor de un verdadero genio, que precedió por lo menos en dos o tres años a todos los descubrimientos relacionados con la transmisión del paludismo por el mosquito, debido a la virtud científica de Manson, Ross y otros.

Es más, Finlay presentó ante el Congreso Internacional de Higiene y Demografía, en Budapest el año 1894, un trabajo en el que especifica las medidas necesarias para evitar la propagación de la fiebre amarilla por el mosquito. Estas medidas eran prácticamente las mismas que con tanto éxito fueron llevadas a cabo en Cuba, por el coronel Gorgas, al limpiar la ciudad de La Habana de fiebre amarilla en el 1901, por lo cual obtuvo una fama mundial. La Conferencia de las Juntas de Sanidad Estatales y Provinciales de Norteamérica, en New Haven en el 1902, rindió un tributo a esta labor del coronel Gorgas con estas palabras: "Nosotros consideramos esto, como una de las más brillantes consecuencias de la aplicación de la ciencia sanitaria a la salud pública, que jamás hasta ahora ha sido realizada".

Yo conocí íntimamente, tanto en el orden profesional como en el personal al Dr. Finlay y al mayor Walter Reed, antes y después de la famosa labor de la Comisión de Fiebre Amarilla del Ejército Americano en Cuba del año 1900 a 1901.

De lo que personalmente he visto y he oído, de las circunstancias en que se realizó y de sus resultados, he llegado al convencimiento de que es justo concederle un total y absoluto crédito científico al Dr. Finlay, por su extraordinario descubrimiento de que era el mosquito el agente responsable de la transmisión de la fiebre amarilla en la raza humana; descubrimiento que ha salvado millares de vidas y que está destinado a limpiar la faz de la tierra de tan terrible enfermedad.

Las publicaciones que acompaño marcadas respectivamente A, B, C, D, E, F, G, H, I, J, K y L detallan los más importantes trabajos y períodos de desarrollo en la labor del Dr. Finlay sobre el mosquito y la fiebre amarilla; y sus resultados tan completos están perfectamente condensados en el adjunto trabajo marcado "L", por el Dr. Benjamín Lee, reconocido como una de las autoridades más eximias sobre cuestiones sanitarias en los Estados Unidos.

En carta dirigida a mí, con fecha noviembre 7, de 1905, el Dr. Finlay con su habitual modestia expone en ella los principales argumentos en favor de su tesis en la siguiente forma:

1° En cuanto yo conozco, soy el primero que sugirió y llevó a la práctica el empleo de mosquitos, que previamente habían picado a un enfermo de fiebre amarilla durante los primeros cinco días de su enfermedad, como un instrumento inoculador, al hacerlo picar después a otra persona no inmune y producir un ataque experimental de fiebre amarilla. (Junio 30, 1881).

2° Desde un principio había fijado el Culex Mosquito (Robineau-Desvoidy), ahora clasificado como Stegomyia fasciata Theobald, como la especie particular de mosquito por la cual la fiebre amarilla era transmitida en Cuba y probablemente en otros lugares.

3° Cualquiera que sean las objeciones que han sido opuestas a los resultados obtenidos por mi amigo el Dr. Claudio Delgado y por mí, en nuestros experimentos, basadas en que nuestros mosquitos no habían nacido en un laboratorio, no impiden que en un caso, por lo menos, he demostrado positivamente que un ataque de fiebre amarilla fue producido ocho días después, por la picada de un mosquito (Stegomyia) infectado, en un paciente que no fue expuesto a ninguna otra fuente de infección durante los dos meses precedentes a dicha experiencia. Me refiero al caso P. U. descrito detalladamente en mi trabajo "Fiebre amarilla experimental" y leído ante la Sociedad de Estudios Clínicos de la Habana, en Enero de 1884, y recientemente impreso por aquella sociedad (véanse pp. 25-30 del folleto que acompaño). En este caso, considerando la posibilidad de que el mosquito antes de ser capturado, ya hubiera picado a otro enfermo de fiebre amarilla, además de las dos en que se le había permitido intencionalmente saciarse, queda siempre firme el hecho de que la única fuente de infección a que se expuso P. U., fue la picada de mi mosquito infectado.

4° Otro punto es el hecho de que la final comprobación de mi teoría de la transmisión por el mosquito obtenida en una forma tal que llevó convencimiento a toda mente imparcial, sólo fue obtenida después de la aplicación práctica en la Habana, del principio por mí recomendado en el Congreso Internacional de Higiene y Demografía de Budapest, en 1894, en mis comunicaciones a la Academia de Medicina de la Habana en 1898, y al N. Y. Medical Record en mayo 27, de 1899. Finalmente ha sido necesaria la prueba crucial a la cual ha sido sometida mi teoría durante los cuatro últimos meses desde el 5 de julio del presente año, en New Orleans y otros puntos de los Estados del Golfo de la República Norteamericana, para aclarar los últimos datos, de manera que en la Conferencia de las Repúblicas Americanas celebrada en Washington en el año 1905, los delegados de toda la América aprobaron y votaron por unanimidad una resolución aceptando plenamente la teoría de que el mosquito es el único medio natural por el cual la fiebre amarilla es transmitida".

Con sinceras gracias por el alto honor conferido a mí por su petición, soy de Uds. respetuoso servidor.
(Fdo.) John W. Ross10
Director Médico U. S. N.

Solicitud de instituciones cubanas al doctor Charles Louis Alfonse Laveran para que proponga a los doctores Finlay y Agramonte

La Habana, 17 de abril de 1912

Doctor A. Laveran,

Profesor en Val-de-Grâce,

Miembro del Instituto

Señor:

La Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana en la sesión del 22 de marzo de 1912 acordó por unanimidad presentar los nombres de Carlos J. Finlay y Arístides Agramonte para el premio Nobel en Medicina. Así mismo, la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, y la Sociedad de Estudios Clínicos de la Habana se adhirieron a esta proposición.

La Academia designó la comisión que tiene el honor de dirigirse a Ud., para hacer las gestiones necesarias para la presentación de los candidatos.

Esta comisión estimó que Ud. es la persona indicada para hacernos el honor de presentar los nombres de nuestros candidatos ante el Instituto Real Méd. Chir. Carol. de Estocolmo para el premio de medicina de 1913: primero, porque Ud. es uno de los fundadores de la medicina tropical moderna y porque representa tan dignamente la raza latina entre los que han obtenido el premio Nobel.

Encontrará adjunto el argumento que la comisión presentó ante la Academia en apoyo de los candidatos Finlay y Agramonte.

Si tiene Ud. la bondad de aceptar, tendremos el honor de enviarle los ejemplares de las obras de Finlay y Agramonte.

Tenga Ud., profesor Laveran, con nuestro agradecimiento por adelantado, la expresión de nuestro más profundo respeto.

(Fdo.) Dr. Juan Guiteras
Dr. Jorge Le Roy, Dr. Enrique B. Barnet11
La Habana, 18 de abril de 1912

Doctor A. Laveran,

Profesor en Val-de-Grâce,

Miembro del Instituto

París.

Estimado y honorable Profesor:

La Academia de Ciencias, la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad Nacional, la Sociedad de Estudios Clínicos de la Habana, la prensa profesional y el Cuerpo Médico de la República de Cuba se pusieron de acuerdo para proponer los nombres del los Dres. Finlay y Agramonte para el premio Nobel, basándose en las razones que encontrará en la memoria adjunta.

Ya que la presentación de los candidatos deben hacerla ciertas instituciones determinadas o alguien que haya obtenido el premio, me permito dirigirme a Ud. como la persona más indicada por sus estudios sobre las enfermedades tropicales, para rogarle que acepte presentar a nuestros candidatos en el próximo concurso.

Si como lo espero, Ud. acepta, le enviaré las obras de los dos candidatos, cuando reciba su respuesta para que pueda juzgar la justedad de nuestra solicitud.

Tenga Ud., Profesor con mi más sincero agradecimiento, la expresión de mi más alta consideración.

Dr. Juan Santos Fernández12
Presidente de la Academia.

Respuestas del doctor Laveran

París, 5 de mayo de 1912

Dr. Juan Santos Fernández

Señor y honorable colega:

En respuesta a su carta del 18 de abril del presente, tengo el honor de hacerle saber que las presentaciones para el premio Nobel de Medicina (1912) ya están hechas. Conozco los hermosos trabajos de los Sres. Finlay y Agramonte sobre el papel de la Stegomyia en la propagación de la fiebre amarilla y estaría muy contento de contribuir a hacerles obtener el premio Nobel de Medicina que bien se merecen.

Reciba Ud., señor y honorable colega, mis saludos más distinguidos.

(Fdo.) A. Laveran13
París, 29 de septiembre de 1912

Dr. Juan Santos Fernández

Sr. Presidente y estimado colega:

Le doy sinceramente las gracias por haberme enviado los trabajos principales de los Sres. Finlay y Agramonte así como el informe del Dr. Guiteras. Me alegraría mucho si pudiese contribuir a que los Sres. Finlay y Agramonte obtuviesen el premio Nobel de Medicina que bien se merecen por el grande y hermoso descubrimiento que hicieron sobre el papel que desempeña la Stegomyia fasciata en la propagación de la fiebre amarilla.

Reciba Ud., mi estimado colega, la expresión de mi más alta consideración.

(Fdo.) Laveran14

Nota: En Apéndices de este Cuaderno se transcriben fragmentos de las actas de las sesiones públicas ordinarias de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, de 23 de febrero y 22 de marzo de 1912, en que se discutió y aprobó la propuesta como candidato al Premio Nobel de Fisiología o Medicina de los doctores Finlay y Agramonte. (G.D.G.).

Tro R. Las ideas del contagio de enfermedades a través de mosquitos. Carlos Finlay y sus precursores. Bol. Coleg. Med. Hab. 1960;11(12):459-466.

8 Finlay C. J. Obras Completa. La Habana. Ed. Científico-Técnica. 1981; 6: 301.

* Esta observación del Dr. Ross no es cierta (G. D. G.) 9 Finlay C. J. Obras Completas. La Habana. Ed. Científico-Técnica. 1981; 6: 303.

10 Finlay C. J. Obras Completas. La Habana. Ed. Científico-Técnica. 1981; 6: 314-316.

11 Finlay C. J. Obras Completas. La Habana. Ed. Científico-Técnica. 1981; 6: 324.

11 Finlay C.J. Obras Completas. La Habana. Ed. Científico-Técnica. 1981; 6: 326.

13 Finlay C. J. Obras Completas. La Habana. Ed. Científico-Técnica. 1981;6:328.

14 Finlay C. J. Obras Completas. La Habana. Ed. Científico-Técnica. 1981; 6: 334.

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