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Fragmentos del acta de la sesión pública ordinaria de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana del 23 de febrero de 1912*

Presidente: Dr. Juan Santos Fernández

Secretario: Dr. Jorge Le-Roy

Académicos concurrentes.- De Número.- Dres: J. P. Alacán, G. Alonso Cuadrado, E. B. Barnet, T. V. Coronado, J. Diago, A. Díaz Albertini, F. Etchegoyen, C. Finlay, F. Grande Rossi, J. Guiteras, F. Méndez Capote, L. Plasencia, M. Ruiz Casabó, F. Torralbas, C. de la Torre, P. Valdés Ragués.

Se da cuenta de las siguientes comunicaciones:

De varios señores académicos proponiendo que la Academia acuerde presentar al Instituto Médico-Quirúrgico "Carolina", de Estokolmo, Suecia, los nombres de los Dres. Carlos J. Finlay y Arístides Agramonte, como candidatos conjuntamente al "Premio Nobel", de medicina, del año 1912.

De la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, participando que en la sesión celebrada el 22 de Febrero se acordó, por unanimidad, asociarse á las gestiones de la Academia para que se adjudicase el Premio Nobel á los Dres. Carlos J. Finlay y Arístides Agramonte.

Se dió lectura al acuerdo de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, que dice así:

Sr. Presidente de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.

Señor:

La Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, en sesión celebrada en el día de ayer acordó por unanimidad asociarse á las gestiones que viene realizando esa Academia de Ciencias; el Claustro de Profesores de la Escuela de Medicina y Farmacia de la Universidad; la Sociedad Económica de Amigos del País; etc., etc., para recabar del Instituto Médico Quirúrgico "Carolina" de Estokolmo, la adjudicación del Premio Nobel, á nuestros compatriotas, los Dres. Carlos J. Finlay y Arístides Agramonte por sus trabajos sobre fiebre amarilla, de todos conocidos.

Figura
Figura 11. Dr. Claudio Delgado Amestoy (1843-1916)
Se analizó en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana su candidaturas al Premio Nobel de Fisiología o Medicina junto a los doctores Finlay y Agramonte.

La Sociedad de Estudios Clínicos entiende que con ello realiza un acto de justicia, puesto que la obra del Dr. Finlay se complementa con la comprobación por la Comisión Americana, de la que el Dr. Arístides Agramonte es el único superviviente.

Habana, Febrero 23 de 1912

De Ud. atentamente,

El Secretario.
Dr. L. F. Rodríguez Molina.
Terminada esta lectura, el Secretario leyó igualmente la moción que dice:

Sr. Presidente de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales.

Señor:

Los infrascritos académicos, estimando que los beneficios aportados á las ciencias médicas y así á la humanidad, por los trabajos que acerca de la etiología de la fiebre amarilla han realizado sus compañeros los Dres. Carlos J. Finlay y Arístides Agramonte, son de tal magnitud que en justicia merecen que les sea adjudicado el Premio Nobel que anualmente y conforme á los términos del testamento del Sr. Alfredo Bernhard Nobel, sabio sueco, se viene otorgando á aquellos cuyos trabajos, "sometidos á la prueba de la experiencia, poseen la preeminencia necesaria" para merecer esa recompensa, proponen:

1° Que la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, acuerde presentar al Instituto Médico Quirúrgico "Carolina" de Estokolmo, Suecia, los nombres de los Dres. Carlos J. Finlay y Arístides Agramonte como candidatos, conjuntamente, al Premio Nobel, en Medicina del año 1912.

2° Que se nombre por el Sr. Presidente de la Academia, una comisión que se ocupe en reunir los datos necesarios dando curso á dicha propuesta en breve plazo.

3° Que se nombre de igual manera otra comisión, al efecto de que obtenga el apoyo del Gobierno Nacional, así como el de otras corporaciones científicas de la República y del extranjero.

Habana, Febrero 15 de 1912 Dres. Jorge Le-Roy, Juan Guiteras, Gabriel Casuso, A. Díaz Albertini, Enrique Núñez, Carlos A. Moya, J. Santos Fernández. Sometido á discusión, el anterior escrito, pide la palabra el Dr. Coronado para proponer se incluya también el nombre del Dr. Claudio Delgado, como colaborador del Dr. Finlay, en la propuesta que se eleve.

El Dr. Santos Fernández hace constar que el Dr. Delgado fué colaborador del Dr. Finlay, pero que éste fue el autor de la teoría del mosquito.

El Dr. Grande Rossi dice que Finlay trajo la idea; que Delgado fue su ayudante en los trabajos bacteriológicos; que la doctrina estaba incompleta por falta de comprobación experimental y esa fue la obra de la Comisión Americana.

El Dr. Coronado replica que si los errores tuviesen que compartirse, le tocarían por igual á Finlay y á Delgado; tratándose de la gloria ?por qué excluir al último?

El Dr. Torralbas manifiesta, que según el testamento de Nobel, el premio de su nombre, se discernirá á aquellos cuyos trabajos, sometidos á prueba, demuestren merecerlo. La concepción original fué de Finlay; Delgado, á parte de su alto concepto científico, honorabilidad y demás bellas prendas personales, que nadie discute, sólo fué su auxiliar, por consiguiente, es el nombre de Finlay el que debe ser propuesto, porque su gloria estriba precisamente en la concepción de su teoría; pero restaba la demostración experimental y esa fué la obra de la Comisión Americana, de la cual el único superviviente, es nuestro compañero el Dr. Agramonte, cuyo nombre debe acompañar al de Finlay en la propuesta y limitarnos á la moción tal como ha sido presentada.

Además, como dijo anoche en la Sociedad de Estudios Clínicos al apoyar la moción de los Dres. Guiteras y Le-Roy, sobre este asunto, entiende que, la Academia, en forma documentada y con todos los datos necesarios, sea la que se dirija á Estokolmo, ya que en el Consejo de Secretarios se ha excluido el nombre de Agramonte y se ha discutido la gloria de Finlay.

El Dr. Grande Rossi dice que la Academia debe ser muy seria en sus determinaciones y que permitir la omisión del nombre de Agramonte en la propuesta sería la mayor de las injusticias. No hace todavía muchos días demostró en el discurso de contestación al de ingreso del Dr. Agramonte en esta Academia, la parte activa y primordial que le pertenecía á Agramonte, por haber muerto Lazear, estar Carroll atacado de la fiebre amarilla y haber partido Reed al mitin de Indianápolis; teniendo en cuenta todo eso, no puede consentirse el que quiten el nombre de Agramonte de la propuesta que se haga.

El Dr. Coronado dice que en los ANALES de esta Academia consta todo el proceso de la fiebre amarilla, y propone que el nombre del Dr. Guiteras sea incluido en la petición; él, sin ayudantes realizó también la comprobación de las doctrinas de Finlay y de la Comisión Americana.

El Sr. Presidente hace constar que esta nueva propuesta altera lo que se pide en la moción presentada á la Academia, y que no conviene involucrar otras cuestiones. Añade, que si el Dr. Delgado estuviese presente sería el primero en oponerse á que su nombre figurase para nada, y recuerda con este motivo lo que ocurrió cuando el Congreso Internacional de Medicina, celebrado en Madrid: allí envió a buscar al Dr. Delgado, que estaba fuera de la capital, para que explicara y sostuviera las doctrinas aceptadas recientemente sobre la fiebre amarilla y el Dr. Delgado, con la honorabilidad que le caracteriza, se encargó de evidenciar los trabajos de Finlay y su comprobación ulterior por los demás experimentadores.

El Dr. Guiteras directamente aludido dice, que sólo sean los nombres de Finlay y Agramonte los propuestos. La idea genial fué de Finlay; genial y con experimentos bastantes para demostrar la transmisión por el mosquito; no los vimos porque no tuvimos ojos para ver y por eso no convencieron. Sin la comprobación experimental de la Comisión Americana, no se podía establecer sobre bases tan prácticas la doctrina, que la ha hecho útil al mundo entero, por consiguiente, todos los demás nombres están fuera de lugar. La generosidad, competencia, fidelidad, etc., de Delgado nada tienen que ver en este asunto en que se trata solamente de la concepción genial, que es de Finlay, y de su demostración, que pertenece á la Comisión americana. Como Agramonte es el único superviviente de ella, le pertenece compartir la gloria con Finlay.

El Dr. Grande Rossi dice que hace poco, en los Estados Unidos, se quiso quitar á Agramonte la gloria que le corresponde como miembro de la Comisión y un senador dijo que solo era un auxiliar en los trabajos realizados.

El Dr. Torralbas advierte, que en su reciente viaje á los Estados Unidos ha visto una estatua levantada á Lazear, en cuya base se dice que fué el descubridor de la transmisión de la fiebre amarilla.

El Dr. Santos Fernández dice que particularmente se ha dirigido ya á nuestro académico de mérito, el profesor Ramón y Cajal, interesándole que apoye, en su calidad de premiado, la candidatura de Finlay y Agramonte.

El Dr. Coronado quiere que conste que no se ha opuesto á nada y que solo ha añadido los nombres de Delgado y Guiteras á los propuestos en la moción.

El Sr. Presidente considerando suficientemente discutido el punto, somete á votación si se acepta ó no la moción presentada. Fué aceptada por unanimidad de votos, y se nombra una comisión compuesta de los Dres: Guiteras, Le-Roy, Barnet, Albertini y Núñez, para que se encarguen de reunir los antecedentes necesarios y preparar los documentos que han de servir para la propuesta de los Dres. Finlay y Agramonte.

El Dr. Le-Roy hace constar que, como firmante de la moción aprobada y nombrado ahora para formar parte de la Comisión, tiene que hacer una salvedad respecto á uno de los particulares á que se refiere la tercera parte de aquélla. Esta salvedad es que se obtenga el apoyo del Gobierno Nacional. Cuando firmó el documento, se contaba con dicho apoyo, más después, en el Consejo de Secretarios, en que se trató el asunto de la propuesta de candidatos para el "Premio Nobel", desgraciadamente imperó el criterio sustentado por dos de ellos, que desconociendo la historia científica de los hombres que con sus estudios han glorificado á la patria, borraron el nombre de Agramonte y hasta discutieron el de Finlay. Como todo el elemento intelectual del país, representado por sus corporaciones científicas, apoyan la petición de la Academia; y como entiende que esas opiniones valen mucho más que las de algunos hombres que forman el Consejo de Secretarios, se separa de sus compañeros en el sentido de que se prescinda del Gobierno, y que la Academia, con las otras corporaciones científicas, únicas que considera capaces de representar la intelectualidad del país, sea la que se dirija á Estokolmo presentando los candidatos de Cuba para el "Premio Nobel".

El Dr. Santos Fernández manifiesta que el Secretario de Sanidad y Beneficencia, que fué el que llevó al Consejo la propuesta de los Dres. Finlay y Agramonte, le había ofrecido que sus compañeros de Gabinete ratificarían el acuerdo, que tan mala impresión ha producido.

El Dr. Torralbas dice que el Gobierno ha tomado ya resolución sobre el asunto y aunque entiende que tenemos personalidad bastante para hacer directamente la propuesta, disiente del parecer del Dr. Le-Roy, y propone se nombre una comisión que se acerque al Ejecutivo y le haga comprender los errores sustentados por dos de sus Secretarios.

El Sr. Presidente hace constar que si se tomase ese acuerdo parecía desairado el Gobierno y hay que recordar que la Academia es una Corporación oficial. Propone que el Dr. La Torre se acerque al Ejecutivo y le haga entender la justicia de la propuesta.

El Dr. La Torre dice que si fuera un asunto de Historia Natural, el Gobierno tomaría en cuenta su apoyo, pero que tratándose de un asunto de fiebre amarilla, nadie mejor que el Dr. Guiteras, debe acercarse á esos señores, á los cuales puede explicarles lo que cada uno de los candidatos ha hecho y el resultado que se ha obtenido con la aplicación de sus doctrinas; y con sus explicaciones y con su prestigio logrará convencerlos para que rectifiquen.

El Sr. Presidente cree que es una cuestión de competencia personal y que debe tenerse mucho cuidado en que no se establezcan diferencias por esta causa entre el Ejecutivo y sus Secretarios.

El Dr. Guiteras propone que el Sr. Presidente lo sea de la Comisión que trate este asunto.

El Dr. Finlay dice que por tratarse de su padre no había querido tomar parte en la discusión; pero que va á presentar el asunto bajo el punto de vista administrativo. El Secretario de Sanidad y Beneficencia llevó la cuestión al Consejo de Secretarios y éste, de acuerdo con lo informado por dos de ellos, resolvió en el sentido que se publicó en los periódicos; si la Academia se dirige al Gobierno y éste rechaza la petición y no rectifica su acuerdo, no tendremos otro camino que declararnos en rebeldía y dirigirnos directamente á Estokolmo, haciéndose patente entonces la disparidad de opiniones entre el Gobierno y las corporaciones científicas.

El Dr. Guiteras hace constar que el Secretario de Sanidad sigue manteniendo su criterio de la propuesta á favor de Finlay y Agramonte.

El Dr. Díaz Albertini cree que se puede obtener resultado acercándose privadamente á los Secretarios y explicándoles á cada uno el asunto.

Sometido el punto á votación se acordó: acercarse á los Secretarios y esperar el resultado de esas entrevistas para obrar en consecuencia.

* Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. 48:538-544. La Habana 1911-1912.

Se respeta la ortografía del original.

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