Carmen Barredo Garcés (1),
Volfredo Camacho Assef (2)
1. Especialista de
Segundo Grado en Anestesiología y Reanimación. Especialista de Segundo Grado en
Medicina Intensiva y Emergencias. Profesor Asistente.
2. Especialista de
Segundo Grado en Medicina Interna. Especialista de Segundo Grado en Medicina
Intensiva y Emergencias. Profesor Auxiliar.
Años atrás al estrés postraumático solía
llamársele “fatiga de combate”, y los estudios realizados se centraban casi
siempre en los veteranos de guerra. En la actualidad la situación es muy
diferente: no hay que ser soldados para que se nos diagnostique tal enfermedad,
sino simplemente supervivientes de un suceso traumático. A esta
situación son particularmente sensibles los niños, especialmente aquellos que
son sometidos a una intervención quirúrgica sin una adecuada preparación psicológica.
Entre los detonantes de esta afección
figuran desde una guerra hasta un accidente automovilístico, pasando por un
intento de violación o una intervención quirúrgica. Un informe del National
Center for PTSD (Centro Nacional del Trastorno de Estrés Postraumático) de
Estados Unidos lo expresa así: “Para que se emita un diagnóstico de esta
índole, la persona tiene que haber sufrido una situación traumática” que haya
“puesto en peligro real o potencial su integridad FÍSICA”.
El terror repentino que experimenta el
niño hace que ciertas hormonas se disparen, lo que ocasiona un estado de
hipervigilancia. Los niveles hormonales suelen volver a la normalidad cuando ya
no hay peligro, pero se mantienen altos en los que padecen el trastorno, este
desorden “es una reacción frecuente.
observada en infantes normales que han
vivido una situación aterradora con relación a la cirugía y la anestesia, sobre
la que no tenían control”,sin embargo, el hecho de que sea frecuente no
significa que todos los niños reaccionen así.
Los síntomas más frecuentes del
trastorno de estrés postraumático son:
·
Pesadillas
·
Tendencia a
sufrir grandes sobresaltos ante un ruido fuerte o cuando alguien se les acerca
inesperadamente por la espalda
·
Temblores y
sudoración
·
Palpitaciones
y problemas para respirar
·
Malestar
psicológico intenso cuando algo que ven, oyen, palpan, huelen o gustan les
recuerda la situación traumática
·
Ansiedad o
temor: la sensación de volver a estar en peligro
·
Problemas
para controlar emociones como la ansiedad, la ira y la irritación, al exponerse
a hechos que recuerdan el suceso traumático
·
Dificultad
para concentrarse o pensar con claridad
·
Dificultad
para conciliar el sueño o dormir
·
Agitación y
constante estado de hipervigilancia
·
Evasión de
estímulos o embotamiento emocional
·
Dificultad
para sentir amor y emociones intensas
·
Sensación
de que el entorno es extraño o irreal
·
Pérdida de
interés en actividades de las que antes se disfrutaba
·
Dificultad
para recordar aspectos importantes del hecho traumático
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