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Crónica: “Memorias de un internacionalista”.

 

País: República de Pakistán y  República de Bolivia.

Autor: Dr. Rafael García Jiménez. Residente 2do año de MGI.

Concurso: Curar con el corazón.

Provincia: Ciego de Ávila.

 

A quienes tenemos el arte de curar y de amar, dedicado al 3 de diciembre, Día de la Medicina Latinoamericana y al trabajador de la salud.

Como dijera este proverbio escrito en un tejado de la Habana.

¡La mano escribe lo que el corazón manda!

 

“Creo que no hay obra más hermosa que la de salvar vidas humanas”.

 

Haciendo futuro,  por los caminos del bienestar y la salud de los pueblos se ha de llamar esta  página, la más hermosas de las cuales la vida me ha dejado escribir, es la primera página  de mis recuerdos, de mi experiencia vivida como internacionalista, las que nacieron  un 2 de agosto cuando fuimos llamados por la Patria para cumplir con el deber  de prestar ayuda a un país hermano. Siempre recordaré aquel 8 de octubre  de 2005 cuando se nos dio la tarea de cumplir con la honrosa misión de acudir a un país distante y hermano con una cultura, costumbres e idioma diferente al nuestro. Dimos el paso al frente para ayudar a quienes en ese momento habían sufrido el mayor de los desastres naturales, donde miles de personas lo habían perdido todo, sus casas, sus familias, hasta esa hermosa sonrisa que nace de entre labios y muestra dicha de  alegría y felicidad. Así comenzó nuestra primera tarea. Con nuestra llegada se  despertó el amor nuevamente a la vida y volvió la sonrisa en los labios de aquellos niños que perdieron sus padres, sus hermanos o quizás habían quedado con alguna secuela para toda la vida. Creo que desde nuestra llegada muchas esperanzas y muchos corazones se alzaron para ver la luz del día. Quien cuenta parte de este relato y plasma una de sus vivencias y anécdotas que con mucha firmeza y entrega como miembro del Contingente Internacionalista “Henry Reeve”, constituido el 19 de septiembre en la Cuidad Deportiva, La Habana, por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, me siento feliz por poder contar mi propia vivencia como ser humano y como miembro de este prestigioso y aguerrido Contingente. Arribé a Pakistán el 14 de noviembre del 2005 junto con un equipo  formado por 60 electromédicos y un grupo de médicos especialistas en medicina general integral y otras especialidades, luego de haberle dado ubicación a todos los demás se nos dio la tarea de pertenecer a la Brigada Central de Logística y aposentamiento de la misión médica. Desde entonces comenzamos a adiestrarnos en el despliegue de los hospitales de campaña hacia las zonas donde trabajarían nuestros galenos, ya para ese entonces se habían desplegado 12 hospitales  cuando comenzamos nosotros hasta que completamos 30 hospitales, era la primera vez donde los propios médicos éramos quienes guiábamos a nuestros propios colegas, era la primera vez que nos enfrentábamos a caminos tan difíciles  y a  un personal diferente a nosotros, enfrentando el gran frío y la nevada del crudo invierno. Entre tantas cosas hermosas que vivimos y  sufrimos, recuerdo algo interesante que pasó el día 4 de diciembre cuando salimos en la mañana temprano un gran equipo de trabajo hacia el poblado de Mallot, donde nos esperaban para darle traslado al hospital que allí se encontraba hacia otro lugar que reunía mejores condiciones de vida y de trabajo. Después de varios días de espera a que las fuerzas armadas pakistaníes decidieran para que lugar debíamos ir, de haber dormido en guaguas todos los cooperantes una de esas noches para poder partir al  día siguiente para el lugar escogido, haber cenado en la base militar y ver como en condiciones difíciles, casi cuando terminábamos de desarmar el campamento de presentó un mujer en trabajo de parto y las doctoras acompañadas por una ginecóloga  hicieron el parto trayendo al mundo a una hermosa bebé, a quien sus padres no tenían con que vestirla, en cuanto nos dijeron aquello hicimos una recolecta de dinero entre todos los médicos que allí nos encontrábamos y se le compró unas muditas de ropa para la recién nacida, sus padres llenos de agradecimiento y amor no sabían que decir, solamente gracias, y sus lágrimas salían de su ojos. Tiempo después en horas de la noche no apareció durante todo el día ni en la noche una grúa para poder montar en los camiones, las plantas eléctricas y con mucho esfuerzo todos juntos con mucha precaución para que nadie saliera lastimado de allí, tomamos picos y palas y comenzamos a cavar un hueco donde el camión pudiera meterse y bajar la parte trasera, pusimos tubos fuertes en el piso y con otros tubos levantando con todas nuestras fuerzas alrededor de 14 hombres pudimos meter las plantas eléctricas en los mismos. Así pudimos trasladar al hospital hacia su lugar de destino que era Fawar Kahuta. Así transcurrieron los días, nuevas anécdotas surgieron, nuevas experiencias avivaron nuestros corazones y nos quedó un profundo sentimiento de amor, hermandad y solidaridad por los pueblos que sufren.

Fue así como surgieron  otros sueños, 22 días después  de mi llegada de la hermana República Islámica, fui llamado para prestar mis servicios en la hermana República de Bolivia el 19 de junio del 2006, arribé a estas tierras con mucho orgullo de ser tan solo un joven recién graduado y ya daba mis primeros pasos por los surcos de nuestra historia de la medicina cubana y a su vez dando un digno ejemplo como miembro del gran ejército de las batas blancas que libran las batallas por la salud a todas aquellas personas que necesitan de nuestra atención en los lugares más intrincados y recógnitos de la geografía.

Hoy llevo en mi corazón un gran recuerdo que jamás se ha de apagar de mi memoria cuando recuerdo que he vivido momentos dolorosos de los que se pueden ver solo en un país capitalista. Recuerdo una mañana cuando me fue traído un niño a consulta de 7 años aproximadamente, el cual sufría de una fractura a nivel del antebrazo y después de haberle calmado el dolor, lo remití al hospital del municipio en Bolivia en el cual me encuentro trabajando  llamado Charagua, la madre del niño cuenta que  fue llevado a cuerpo de guardia donde fue atendido por el médico de guardia y el mismo ordenó rayos x y diagnosticó dicha fractura la cual tenía que ser operada de inmediato, cuya operación no podía realizarse en esos momentos por no contar el dinero que requería su hospitalización para hacerla, gracias a un seguro que le prestaron  para después con el cursar de los meses poder pagarlo y devolver el dinero prestado, pudo operar a su hijo y recuperarse de aquella fractura.

El amor sale de adentro, de ese pequeño sendero  que abre surcos y deja huellas, algunas que se quedan marcadas para toda la vida en cada recuerdo y en cada paso que damos, siempre recordamos lo hermoso que nos ha pasado y aquellas cosas amargas y tristes que se viven.

La salud es algo muy importante, porque sin salud no podemos hacer ni podemos crear, al igual que un paciente sin visión, la cual es la ventana mágica para ver el mundo, percibirlo y tocar lo realmente maravilloso que hay en él y dentro de él. Recuerdo que una mañana emprendimos camino mis compañeros de trabajo y yo hacia el municipio en cual hoy me encuentro realizando mis funciones, al llegar vimos primeramente un mercado donde oferta almuerzo, en el establecimiento las personas que estaban en él se quedaron mirándonos. Saludamos al llegar y nos brindaron asiento, una de las vendedoras se nos acercó y nos preguntó ¿quienes son ustedes?, nosotros les respondimos, ¡somos médicos cubanos!, volvió a preguntar, ¿que hacen por aquí?, volvimos a responderle, nosotros estamos prestando nuestros servicios en esta zona y la doña como así se le llaman cariñosamente y respetuosamente a las señoras de edad se puso muy contenta al vernos y saber que éramos médicos cubanos. Ya había oído hablar de nosotros y estaban locos por conocernos, les explicamos en que consistía nuestro trabajo y que era totalmente gratuito,  de inmediato con una sonrisa en los labios  y con una alegría inmensa de conocernos y saber de nuestra labor nos preguntó la señora que en cual  daríamos las consultas, le respondimos que teníamos que ir a ver a la alcaldía para saber, ella se ofreció y dijo que en su casa podíamos consultar. Sus rostros brillaban de alegría y sus mejillas se pusieron sonrosadas de aquella noticia que para ellos significaba mucho.

Hermoso es cuando se le devuelve la luz al alma cuando se siente oscura, hermoso es cuando se le devuelve a un corazón sin esperanzas las ganas de seguir latiendo, hermoso es cuando una persona ve brillar la luz y el resplandor del día cuando tiene a su lado quién le devuelva la felicidad perdida.  

Haciendo  énfasis en lo importante que es la vista y como trabajador a su vez de un pesquisaje activo y partícipe de la Misión Milagro en Bolivia. Recuerdo que me llegó una paciente de unos 64 años de edad con un bastón en sus manos y acompañada de su nieto, al revisarle la vista detecté que tenía un pterigión grado 4 el cual le ocluía la visión de ambos ojos, en ese mismo momento conversé con ella y le expliqué  de esta maravillosa obra que lleva nuestro país en diferentes partes del mundo y que le ha devuelto la vista a cientos de miles o millones de personas, le expliqué que era una operación gratuita, sencilla y que apenas requería de mucho tiempo para su recuperación, solo de muchos cuidados, la paciente entendió lo que le hablaba y me dijo que la llevara a operarse de la vista para recuperarla. Fue llevada a la clínica ubicada en Santa Cruz de la Sierra  donde fue chequeada y vista por nuestros oftalmólogos y fue operada a la cual se le devolvió ese día la visión de un ojo, para más adelante, después de pasado un mes, hacerle su segunda intervención en su otro ojo y así devolverle su visión completa, la paciente contenta con su ojito operado y viendo de nuevo  fue visitada por mí a su domicilio y otras veces asistió a consulta hasta que se le retiraron los puntos. Luego fuimos a visitarla a su casa el compañero que labora conmigo en estas tierras bolivianas  para llevarla a operar de nuevo  y la paciente debido a su nivel cultural nos decía que no que no iba a ir más que ya con un ojo operado ella veía bien y así se nos fue escondiendo y cada vez que la visitábamos nos decía que no podía, poniéndonos una simple excusa, hasta que una vecina la convenció de que fuera de nuevo, de que si ya se le había devuelto la vista de un ojo que acudiera para que sanara de una vez. Al pasar de los meses la paciente acudió y su visión fue recuperada totalmente. Hoy la paciente nos da las gracias y le da las gracias a nuestro Comandante por habernos mandado a esa tierra cuya población en general, principalmente la población indígena, necesita de la atención médica y necesita de nosotros, hoy muchos pacientes se sienten satisfechos y agradecidos por nuestra cooperación para con este pueblo y a su vez nosotros los galenos formadores de este gran ejército por la salud, nos ha tocado la gran tarea de llevar a cabo nuestra gran obra  que es la de salvar vidas humanas, de dar todo lo mejor de nosotros con el corazón pues  curar con el corazón es curar el alma de mucho dolidos y de muchas personas que sufren cada día en estos pueblos por no tener un sistema  de salud como el nuestro y por no contar con un personal médico calificado, o a veces porque nunca a sus lugares les ha llegado un médico para decirles, aquí estamos para ayudarte, y estrecharles las manos y que sientan que ahí estamos nosotros los médicos cubanos, que nos caracteriza todo el amor y todo el fervor revolucionario que hemos aprendido y nos han inculcado en nuestro quehacer diario, contamos con una hermosa tradición de lucha y un deber para con nuestros grandes héroes de la historia como lo es nuestro Guerrillero Heroico  Ernesto Ché Guevara. Guardo dentro de mí un recuerdo profundo lleno de anécdotas que siempre recordaré durante toda la vida.

Cuando hablemos de la salud es mucho lo que hay para contar y escribir, esto es poco para lo que se pueda decir y reflejar en un papel, porque se ha hecho, hemos hecho y seguiremos  haciendo por la salud de nuestros pueblos, de nuestros hermanos, de personas  que necesitan  ayuda médica y necesitan que galenos como nosotros les lleven a cada rincón una semilla de amor para que rían felices y tengan un nuevo amacener lleno de dicha sabiendo  que estamos allí donde cuando tienen una dolencia  y que son atendidos con  mucho  respeto,  amor,  simpatía y que damos lo mejor de nosotros para ellos.

Hoy los pueblos del mundo a los cuales les han llegado un granito arena se sienten contentos con nuestra obra, se sienten agradecidos de nuestra gran obra Revolución, se sienten agradecidos de Fidel y se han ganado también un pedazo de nuestros corazones, así como en sus corazones hemos sembrado una hermandad.

Siempre que hablo de sacrificio y hermandad hacia el prójimo veo en mí un reflejo de ello, recordando todo lo que en tan poco tiempo he vivido, lo que en tan poco tiempo he aprendido, y lo que aún falta por aprender. 

El curar el alma y el corazón que late y que duele por el sufrimiento del hombre que aqueja su dolor y no tiene remedio ni un médico que le estreche  su mano amiga para calmar su dolencia, es algo que duele a quienes en nuestro corazón llevamos el sentir del que sufre y en el alma el dolor de quienes aquejan.

Curar con el corazón es la alegría del paciente, es la satisfacción de quienes lo damos todos por salvar una vida, por aliviar el dolor del que sufre, es realizarle un sueño a quienes jamás en sus vidas han visto delante sus ojos un médico. Yo recuerdo algo muy interesante cuando en mi primera comunidad donde trabajé en Bolivia, personas que hablan el dialecto Guaraní y recuerdo en busca de transporte para ver cuando salía la guagua que allá se le llaman flotas y a los niños se les conoce como guaguas, y además la palabra coger para ellos es algo de erotismo, yo le pregunté a una anciana que estaba en la calle y le dije Doña donde es posible coger una guagua por aquí, la anciana malinterpretó mis palabras y me respondió que yo era demasiado grande para coger una guagüita. Yo le expliqué enseguida lo que para mi era una guagua y ella me entendió y sonrió con una de esas sonrisas de mirada extraña. Desde ese entonces comencé a preguntar sobre aquellas palabras que para ellos significaban algo que fuera más allá de nuestra interpretación y que para ellos tuvieran otro sentido. Nuestro mayor orgullo es la satisfacción del paciente para con nosotros, sentirnos útiles a la sociedad, a las personas a quienes brindamos todo sin recibir nada a cambio, tan solo ese gesto de decir ¡gracias!

Cada amanecer nos da una experiencia nueva, una anécdota que contar, y de tener una aceptación en la población, y creo que la ayuda de nuestro país ha significado mucho para ellos. En esta batalla por la vida y salud del hombre hay mucho camino que recorrer. Hoy doy gracias a   la Revolución y a nuestro Comandante por confiar en nosotros, los pinos nuevos, los cuales sabemos defender  nuestros ideales y cumplir con la tarea encomendada, doy gracias a mi mismo por sentirme orgulloso del deber cumplido, de cumplir como médico, de cumplir como revolucionario.

Así dejo sembrado  en mi corazón y en estas páginas, el recuerdo de muchas personas, me he llevado y me llevo el recuerdo más profundo de personas que supieron darnos todo su cariño, entrega y muestras de gratitud y que aún hoy siguen dándolas, me llevo el recuerdo de sus miradas, sus sonrisas y me he llevado la satisfacción del deber cumplido. Tanto en la República Islámica de Pakistán como en la hermana República de Bolivia donde aún cumplo como   internacionalista  y  como defensor de la salud y de la vida, vencedor del dolor y de la muerte.