Osmany
Rodríguez Castro(1), Diana Rosa González Herrera(1), Mercedes Ravelo González(2),
María del Carmen Morales Morciego(3)
Se realiza la presentación de un caso de Epidermolisis Bullosa, en una recién nacida. La misma presentaba lesiones localizadas a las extremidades y superficies de roce. Gracias al cuidado extremo en su manejo no se lamentaron complicaciones sépticas. Se realizó una revisión sobre dicho tema, para concluir en el diagnóstico que presentamos en este trabajo.
Palabras claves: EPIDERMOLISIS BULLOSA/etiología.
1.
Especialista de I Grado en Neonatología.
2.
Especialista de I Grado en Neonatología. Instructor.
3.
Licenciada en Enfermería. Jefa de enfermeras de la sala de Neonatología.
La epidermolisis bullosa o ampollar es una enfermedad con trasmisión genética reconocida. Las distintas variantes de la epidermolisis se determinan según su expresión clínica, mecanismo de herencia y patologías, pero todas se caracterizan por la fragilidad capilar y la aparición de vesículas y ampollas cutáneas en los sitios de presión o trauma, las cuales pueden presentarse, además, en mucosa bucal, conjuntival, vaginal y del tubo digestivo (1,3). Algunos autores consideran que el defecto fundamental pudiera ser una alteración bioquímica en el sistema hialurónico-hialuronidasa (4). En años recientes ha habido mayores progresos en el entendimiento de su fisiopatología, hablando de desórdenes causados por mutaciones que afectan diferentes genes como el “plectin gene” (PLEC1) que codifica la síntesis de proteínas desmosomales (5,6,7,8).
Recién nacido producto de embarazo a término, por parto eutócico, recibe apgar 9/9, líqudoamniótico claro. No se recogen antecedentes patológicos personales o familiares de importancia. Al momento del nacimiento el neonatólogo de guardia notó la presencia de vesículas limitadas a los dedos pulgar y anular de la mano derecha. Dichas vesículas no contenían en su interior material purulento y/o hemático. Se decide su ingreso para estudio y tratamiento.
Ya en la sala, en los días sucesivos, comienzan a
aparecer vesículas y ampollas en las zonas de presión de manos y pies, específicamente
en los dedos; así como, ante mínimas presiones y roces, por ejemplo, al
retirar la banda adhesiva de la venoclisis, o al roce de las rodillas con los paños
de la incubadora.
El contenido de las mismas primero era seroso, y
luego se volvía hemático, pero nunca llegó a ser purulento. Estas lesiones no
dejaron cicatriz. El estado general de la niña se mantuvo siempre conservado.La
niña fue estudiada con los complementarios a nuestra disposición, para lograr
llegar a un diagnóstico presuntivo mostrando los siguientes resultados:
*Hb y Hto: cifras normales para su edad, aunque con
el transcurso de los días presentó anemia que fue necesario corregir.
*Leucograma con diferencial: Leucocitos dentro de limites normales, sin desviación izquierda en el diferencial. Se descarta sepsis.
*VDRL: No reactiva.
*Exudado de lesiones de piel: Sin crecimiento
bacteriano.
*Campo oscuro de lesiones de piel: No evidencia de
espiroquetas.
Para su tratamiento, además del higiénico-dietético,
se siguieron las indicaciones del Departamento de Dermatología; procediendo a
puncionar las ampollas, nunca a romperlas y luego aplicar Gentamicina crema y
Dexpantenol crema. Por último se procedía al vendaje gentil de dichas ampollas
y de las zonas expuestas al roce.
Para llegar a un diagnóstico positivo del caso, fue
necesario realizar, primero, un diagnóstico diferencial de varias enfermedades
que afectan la piel durante el período neonatal, tomando como punto de partida
la evolución clínica y los resultados de laboratorio.
*Sífilis congénita:
Su lesión característica en piel, la constituye el pénfigo sifilítico
palmo-plantar formado por flictenas amplias en las palmas de las manos y la
planta de los pies, con contenido purulento, achocolatado. Se descarta, además,
por presentar VDRL no reactiva y no hay evidencias de espiroquetas al campo
oscuro, en las lesiones de piel.
*Síndrome
estafilocócico de la piel escaldada: Constituye una sepsis grave de la piel
como órgano, causada mayoritariamente por el Estafilococo Áureo, por lo que al
cultivar las lesiones de piel estas darían el diagnóstico. En nuestro caso fue
negativo el examen (9).
*Impétigo
bulloso del recién nacido: Causado por el mismo germen y por esta razón se
descarta(9).
*Ictiosis:
En su evolución, no presenta vesículas ni ampollas, sus lesiones típicas son
hiperqueratósicas, con escamas grandes o pequeñas que decaman dejando una piel
denudada, fácilmente infestada secundariamente. Según su variedad o forma clínica,
puede afectar: manos, pies, regiones de flexión o no. Pueden ser localizadas o
generalizadas(9).
Como diagnóstico presuntivo queda pues, la Epidermolisis bullosa, de la cual se reconocen cinco formas clínicas bien diferenciadas y alrededor de veinte subtipos .
1-
Epidermolisis ampollar simple.
2- Enfermedad de Weber Cockayne.
3-
Epidermolisis ampollar letal.
4-
Epidermolisis ampollar distrófica recesiva.
5- Epidermolisis ampollar distrófica dominante.
Procedamos a un diagnóstico positivo de este caso,
respetando la clasificación anterior y la clínica de la paciente.
La epidermolisis bullosa se refiere a un grupo de
defectos hereditarios caracterizados por ampollas intraepidérmicas o subepidérmicas
producidas por traumatismos leves. Se pueden dividir en dos grupos principales:
las lesiones que curan completamente sin cicatriz y las que inevitablemente
producen cicatriz. Microscópicamente hay pequeñas ampollas epidérmicas y
subepidérmicas con ausencia de tejido elástico (2,3,9-11). En nuestro caso,
según el cuadro clínico de la niña, no hubo cicatriz, por lo que podemos
descartar las dos últimas formas clínicas de la anterior clasificación.
Ahora
bien, la Epidermolisis bullosa no cicatrizal se trasmite en dos formas:
autosómica recesiva (bullosa letal)
y autosómica dominante (bullosa
simple y Weber Cockayne) (10,11).
*Epidermolisis
bullosa letal: Generalmente
se manifiesta desde el nacimiento. Se desprenden hojas de epidermis después de
traumatismos mínimos dejando erosiones húmedas en cualquier zona del
organismo. Frecuentemente se pierden las uñas. También se producen lesiones
anales y esofágicas. Muchas lesiones curan espontáneamente, pero las lesiones
grandes pueden infectarse y ulcerarse. La septicemia y la anemia refractaria
complican el curso clínico. El estado general es precario, mueren a los pocos
meses o sobreviven pocos años, con gran retardo en el crecimiento. Se recoge el
antecedente entre los progenitores de numerosos partos prematuros con feto
muerto (9,10,11). Por la explicación descartamos que sea la forma clínica
presentada por la pequeña.
*Enfermedad de Weber Cockayne: Las vesículas suelen limitarse a manos y pies aunque
en ocasiones se encuentran en todas partes del cuerpo. Este tipo de
epidermolisis, generalmente no se ve durante el período neonatal, por lo que se
descarta (10,11).
*Epidermolisis bullosa simple o pénfigo hereditario traumático:
Puede manifestarse
desde el nacimiento o aparecer poco después de él, en zonas de traumatismo
relacionadas con el parto. La frecuencia de aparición aumenta en los primeros
meses de vida cuando la vida de relación del niño lo somete con gran
frecuencia a múltiples roces o traumatismos, aunque puede aparecer en la
juventud y la madurez. Las ampollas pueden contener sangre, aunque rara vez se
infestan. Generalmente las uñas no están afectadas. El tratamiento se limita a
la protección de la piel evitando los traumatismos, mantener las lesiones
limpias y erradicar la infección secundaria (10,11). Por el parecido clínico a
la forma presentada por la niña, preferimos aceptar este diagnóstico.
The
case of a neonate with Epidermolysis bullosa is presented. The patient showed
localized lesions in the extremities and chafe areas. Thanks to the painstaking
care taken, no septic complications ocurred. Such a theme was reviewed so as to
reach the aforementioned diagnosis propounded in the present work.
Key
words: EPIDERMOLYSIS BULLOSA/etiology/
1-
Bastián ML, Agüero DA. Epidermolisis bullosa y atresia pilórica.
Presentación de 1 caso. Rev Cubana Pediatr 1987; 59(4): 671-4.
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