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Apuntes biográficos sobre el General de Brigada Angel del Castillo Agramonte.

Biographical notes about Brigade General Angel del Castillo Agramonte.

Kenia Téllez Frandín(1), José R. Moya Sosa(2), Odania Mondejo(3), Manuel Zada González(4).

Resumen

Realizamos una investigación sobre la biografía de Angel Del Castillo Agramonte, estomatólogo que se incorpora a la guerra del 68 abandonando su profesión, con el objetivo de conocer anécdotas de su vida y grandes hazañas que realizara en las provincias de Camagüey y Ciego de Avila. Para la realización del mismo utilizamos fuentes bibliográficas y documentales que abordaron esta temática. Fue uno de los primeros conspiradores por la independencia de Cuba, siendo un hombre de excepcional abnegación y acendrado carácter, destacándose en todas las acciones combativas en que participaba; alcanzó el grado de General de Brigada, alto rango que ostentaba al morir.

Palabras claves: HISTORIA DE LA MEDICINA, BIOGRAFÍA.

  1. Especialista de Primer Grado en MGI. Profesor Instructor.
  2. Especialista de preparación Táctica General. Profesor Instructor.
  3. Licenciada en enfermería.
  4. Estudiante de 4to año de Medicina.
Dirección: Carretera Morón. Circunvalación Norte.

INTRODUCCION

Carlos Manuel de Céspedes proclama la independencia el 10 de octubre de 1868. Los hechos históricos demostraron que aquella decisión era necesaria, pues iba a prender precisamente la chispa de una heroica guerra que duró diez años, una guerra que se inició sin recursos de ninguna clase por un pueblo prácticamente desarmado, que desde entonces adoptó la clásica estrategia y el método para abastecerse de armas, que era arrebatárselas al enemigo, donde quedó demostrado una vez más que un pueblo rebelde, aunque pequeño, cuando siente fervorosas ansias de justicia y libertad puede sostener la lucha contra fuerzas superiores por poderosas que éstas sean. Este acontecimiento histórico marca el inicio de más de cien años de luchas revolucionarias en nuestro país, proceso que continúa en la actualidad con las acciones combativas frente al imperialismo norteamericano y por la construcción de una sociedad enteramente justa.

En estas luchas por la independencia de Cuba se destacaron muchas personalidades, entre ellas Angel Del Castillo Agramonte quien contribuyó con su valor y heroísmo desde los primeros momentos a la libertad de la

Patria esclavizada y supo en el momento preciso responder ante el llamado de la patria y ofrendar todo cuanto tenía: talento, valor, coraje y patriotismo, destacándose como un hábil oficial para conducir a aquellas tropas que sin adiestramiento alguno, mal armados y peor alimentados obtenían gloriosas victorias en el campo de batalla.

Era joven, tenia constituido una familia de la que podía sentirse orgulloso. Su familia poseía todo, era inmensamente rico, tenía prestigio profesional, había viajado, conocía idiomas y era respetado. Tenía todo lo que para un hombre puedieran constituir incentivos para aferrarse al orden de cosas establecido, en él sin embargo se convirtieron en acicate para ir a la manigua a cumplir con su deber. Sentía esa tranquilidad de espíritu que le da al hombre el saber que su patria vive en la angustia de la ausencia de libertad.

Con la realización de este trabajo nos proponemos conocer anécdotas y hechos relevantes de su vida en la guerra del 68.

Angel del Castillo Agramonte nació en Puerto Príncipe, hoy Ciudad de Camagüey, el 14 de agosto de 1834. Su padre, Martín del Castillo Quesada era de familia camagueyana, su madre Doña Angela Rufina Agramonte pertenecía a la familia del Bayardo. De aquel matrimonio nacerían varios hijos, los cuales todos se destacaron en la lucha por la emancipación de Cuba.

Realizó sus primeros estudios en la ciudad de Puerto Príncipe. Como la familia pertenecía al grupo de los grandes terratenientes cubanos no le fue difícil mezclar el cultivo de la mente y del espíritu con el músculo, haciéndose un excelente jinete. Con la cultura y la vida libre que llevaba, este joven fue advirtiendo la gran tragedia cubana en toda su hondura.

En el año 1853, cuando el gobierno colonial acababa de liquidar en medio de una gran orgía de sangre los últimos intentos del General Narciso López, la familia de Angel lo envía a los Estados Unidos, dirigiéndose a New York donde se entrega completamente a los estudios odontológicos. El 8 de Septiembre de 1854 el Colegio Dental de New York le expide el Título de Cirujano Dentista.

El 16 de Septiembre de 1855 se embarca de New York regreso a La Habana, instalándose provisionalmente en la capital, solicita a las autoridades que se le permita incorporar su título a fin de ejercer legalmente su profesión. Una vez que resultó este anhelo, se traslada a Puerto Príncipe, donde contrajo matrimonio con la joven Carmen Bages Monteagudo. Su vida se desliza en el cuidado de su hogar, en el cariño de su esposa y la atención de los negocios de la familia, principalmente de su ingenio "La Unión". Al poco tiempo la esposa fallece y el joven viudo se dedica por entero a su trabajo. Hacia 1862 conoce a una mujer de belleza esplendorosa, se llamaba Ignacia de Quesada, con ella se casa en segundas nupcias, de esta unión nacieron cinco hijos, algunos de los cuales lograron distinguirse en la Guerra de Independencia.

El 10 de Octubre de 1868 Carlos Manuel de Céspedes se subleva en su ingenio La Demajagua, liberando a los esclavos de su propiedad y dando a conocer un documento en el cual se expresaban las razones que asistían a los cubanos para separarse de España y la necesidad de la abolición de la esclavitud. Es la claridad que con tanto fervor y entusiasmo agranda el patriota Angel del Castillo.

Desde 1867 los patriotas camagueyanos se preparaban para actuar llegada la hora y constituyen la Logia Tínima a la que perteneció Angel. Fue uno de los primeros conspiradores por la independencia de la patria y con el núcleo camagueyano se incorporó a la Guerra de los 10 Años el 4 de Noviembre de 1868 después de dar la libertad a sus esclavos. Este alzamiento marca oficialmente el inicio de la guerra de los camagueyanos. Ese mismo día se reunieron todos los compatriotas y Angel fue designado séptimo ayudante del segundo pelotón que tenía como jefe a Ignacio Mora, esta reunión terminó con la declaración el 5 de Noviembre formalmente contra el Gobierno Español e inmediatamente Angel salió a operar con sus pequeñas fuerzas.

El día seis cruzó por el ingenio perteneciente a su familia, procediendo a sublevar todas las dotaciones de esclavos con los cuales logró engrosar las filas del ejército libertador. El día nueve salió de su finca San Francisco dirigiéndose a atacar el ferrocarril que corre de Nuevitas a Camagüey, llevando solo 20 hombres. Con aquel pequeño grupo de patriotas detuvo el tren, arrestando a sus pasajeros y ocupando varias toneladas de mercancía, pero los más buscado por él eran las armas, las que no se pudieron encontrar y procedió inmediatamente a liberar a los prisioneros y devolver la mercancía así como liberar además a un general del Ejército Español el cual había hecho prisionero.

El capitán general de la isla, Francisco Lensundi envío de inmediato a Camagüey un crecido numero de fuerzas con la misión de ahogar la insurrección en sus inicios y evitar que se pusiera en contacto con los focos independentistas de Oriente. Los jefes españoles trataron de sobornar a los dirigentes de la insurrección a fin de que depusieran las armas.

El 12 de Noviembre estando acampado en San Antonio recibe la visita de Napoleón Arango que había sido designado Jefe Militar de los camagueyanos. Angel reúne a sus fuerzas, presenta al Jefe y declara desde ese momento su acatamiento leal y sincero.

El 15 de Noviembre cuando se preparaba a salir con sus tropas al encuentro del Conde de Balmaseda que trataba de llegar a Camagüey, el General Napoleón Arango le ordenó suspender la operación. Contra su voluntad Castillo obedeció y el jefe español pudo llegar a Puerto Príncipe el día 17 sin contratiempos. El 18 de Noviembre Arango propone a todos los patriotas acatar al Gobierno español, a cambio de la promesa de éste de extender a Cuba los beneficios de la revolución española. Fue Angel del Castillo uno de los voceros más destacados en esta reunión, oponiéndose a las proposiciones de Arango. Convocó a una segunda reunión en Minas donde desenmascaró la traición de Napoleón al movimiento independentista e invitó a todos los patriotas a no luchar por otra idea que no fuera la independencia de la patria.

Pocos días después en Punta Piedra se apodera del Jefe de Guerrillas Españolas apellidado Rubí, al que logra detener personalmente, el cual acababa de realizar siete asesinatos y se encontraba organizando fuerzas para realizar nuevas fechorías. Sin perder tiempo Castillo lo sometió a un proceso sumarísimo ejecutándolo inmediatamente.

El 27 de Noviembre al conocer que el Conde de Balmaseda avanzaba sobre el ferrocarril de Nuevitas decide atacarlo. A las once de la mañana se inicia la lucha entre españoles y cubanos, Angel se bate gloriosamente como todo un veterano. Derrotado, Balmaseda se retira y Angel inicia inmediatamente la persecución. El primero de Diciembre se adelanta emboscándose en las márgenes del río Saramagullón, desde donde hostiliza nuevamente el paso del feroz conde. El diez de Diciembre le vuelve a tender una emboscada en su ingenio "La Unión". Al fracasarle sus propósitos y ser desalojado por los españoles de las posiciones que ocupaba le prendieron fuego a su propiedad destruyéndola por completo.

El cinco de Mayo de 1869 ataca y toma el pueblo de San Miguel de Nuevitas reduciéndolo a cenizas, abasteciendo completamente a su pequeña tropa de alimentos y armas. En este combate se le reconoce el grado de General de Brigada. Participa luego en combates como "El Saladillo" y Belén, donde se destaca también por su lealtad y valentía.

Participa en la histórica Asamblea de Guáimaro el 10 de abril de este mismo año, siendo uno de los voceros más destacados y en la cual se llenan sus ojos de lágrimas al promulgarse la primera ley fundamental de Cuba y unificarse el movimiento revolucionario de todo el país.

A finales de Junio se le designa Jefe de la Segunda Brigada de Camaguey. Su pariente, Enrique Loynaz del Castillo le llamaba "El Rey Cubano" y los españoles le apodaban "El Aquiles Cubano" por el coraje demostrado en todas las acciones en que participaba.

Al morir el general Honorato del Castillo, caído en una emboscada que le preparó el teniente coronel español Ramón del Portal, en Los Naranjos (actual municipio de Ciro Redondo), cerca de Morón, Angel lo sustituye en el mando de las fuerzas espirituanas por órdenes de Agramonte por lo que debe abandonar Camagüey. Honorato había fijado como centro de sus operaciones la zona oriental de la ciudad, preferentemente los partidos de Morón y Ciego de Avila.

El día 7 de agosto obtiene la información de que el coronel del Portal se dirigía desde el puerto de Júcaro hacia el poblado de Ciego de Avila conduciendo un convoy de víveres y demás avituallamientos y armas, custodiado por 500 españoles por lo que inmediatamente marchó a su encuentro. Prepara una hábil emboscada en el camino más adelante de donde tenía emboscada a su gente, con la orden de que nadie disparase hasta dar él la señal con su revólver, colocó unas estacas para impedir la marcha de la caballería. Llega el enemigo y suponen que los patriotas están después de las estacas, se abre la caballería en dos alas y la artillería comienza a cañonear a los patriotas que juzgan enfrente, entonces el bravo general dispara su revólver y se lanzan los cubanos al camino con el machete en mano y sin esperar el resultado de la acometida, Angel seguido del estado mayor se echa al claro con su arma, derriba a los artilleros y se apodera del cañón, se monta sobre él y produce bajas considerables a la tropa enemiga, desconcertándolos por completo. El jefe español herido se rinde, las fuerzas se desbandan en retirada presos del pánico, dejando armas y convoy. La victoria había sido completa, Honorato estaba vengado. El cañón brindó útiles servicios a la causa cubana y fue bautizado con el nombre "Angel" en honor del vencedor. Más de 150 españoles entre soldados y oficiales quedaron en el campo de batalla. Del Portal prisionero no satisfacía los anhelos de venganza de lo soldados. Inmediatamente las fuerzas emprendieron la marcha para acampar a las ocho de la noche lejos de allí, procediendo a formar consejo de guerra al teniente coronel español. La reciente y dolorosa muerte de Honorato hizo inútiles los esfuerzos del defensor de Portal, capitán médico Manuel Pina Ramírez, para salvar la vida del jefe español, el cual fue condenado a ser pasado por las armas aquella misma noche, a fin de evitar el refuerzo de las columnas españolas que operaban conjuntamente tratando de rescatar al prisionero.

Al día siguiente Angel dispone la marcha de sus fuerzas para internarse en la juridisción de Camagüey, acampando en la finca "Los Guanales", a unas seis leguas de la ciudad de Puerto Príncipe. Durante esa marcha se presenta en las tropas insurrectas la epidemia del cólera. El cólera del año 69, que tantos estragos causara al país apareció entre las tropas de Angel a pocas horas de su brillante hazaña. Antes de terminar la jornada fallece unos de los rifleros, luego aparecen otros casos, todos instantáneos y mortales. A las veinte horas después de haber llegado a la finca pasaban de cien los muertos y enfermos. Entonces el general Castillo, en consulta con los doctores José María de Castro, Emilio Mola y Manuel Pina, determinó abandonar el campamento, diseminando las fuerzas por todo el territorio del Camagüey a fin de cortar así la epidemia que amenazaba destruir la columna. Existía un gran desconcierto y perturbación entre la tropa, los hombres caían al suelo y morían unas horas después entre convulsiones terribles. Aquella inseguridad y zozobra de la vida ante el peligro sin defensa posible contra un enemigo silencioso y exterminador, la alarma, la angustia, el pavor, helaban el corazón de todos, no se quería más que huir de aquel lugar de desolación y muerte. Los más valerosos desde el general hasta el soldado parecían sombras que vagaban y se agitaban confusos entre el tumulto de aquella sorpresa del cielo enemigo, pálidos como los de los atacados estaban los semblantes de los que los veían morir. Permanecer allí era terrible e imposible quedarse y sin embargo era necesario que algunos permanecieran en aquel cementerio pues había esparcidos por su superficie más de 60 cadáveres y otros tantos moribundos que necesitaban cuidado y sepultura ¿quién se quedaría voluntariamente, ya que era criminal obligar a nadie a quedarse en aquella desolación?, ¿con qué derecho iba el general Castillo a condenar a muerte a hombres que por ningún concepto la merecían? Aquel no era sino un caso de conciencia y la conciencia le aconsejaba al general en primer término no dejar en ese abismo de mortandad a ninguno de los supervivientes de sus fuerzas. Pero había muertos que enterrar y sobre todo moribundos que asistir en su desamparada agonía. Así combatían las dudas y la responsabilidad el alma del general Castillo, suspenso entre decidirse a mandar o a suplicar a alguien que se quedase. Por fin se decidió a suplicar, diciendo: "señores, ¿habrá entre nosotros alguno o algunos, que se atrevan a quedarse voluntariamente en este horroroso lugar para asistir a los moribundos y enterrar a los muertos, los cuales serían pasto de las auras o de otros animales si los abandonáramos por completo?. A esta voz de suplica solo contestó el silencio. Por segunda vez el general hizo la pregunta y todos aun callaron, más de 400 hombres en fila permanecieron mudos y cabizbajos. Pero una voz segura respondió desde la última fila de las clases de oficiales: "general, yo me quedo". Era el capitán Serafín Sánchez Valdivia. Quince soldados de su fuerza le acompañaron. Luego un oficial seguido de cinco hombres más decidieron quedarse. Después de cuarenta y ocho horas de agonía solo lograron escapar del cólera, siete hombres de los veintidós que se habían quedado, los cuales abandonaron el campo de muerte para incorporarse otra vez a las fuerzas del general Castillo en un lugar acordado. Al disponer Angel la dispersión de sus hombres como medida radical para aislar la epidemia y salvar en lo posible la integridad de sus fuerzas, se producía en concordancia con su misión de jefe. Tan angustiosa debió ser para él la drástica medida adoptada que su propio hermano el coronel Nazario Castillo fue la última víctima de la terrible peste.

Repuestas sus tropas vuelve a la lucha con noticias de que el fuerte de Lázaro López (norte de Jicotea) estaba convertido en un depósito de armas y municiones y decidió arrebatárselas al enemigo. El 9 de Septiembre antes del amanecer reconocía las inmediaciones del caserío. Pudo haberlo destruido por el incendio, lo que era fácil, pero su objetivo consistía en la ocupación de los pertrechos de guerra allí almacenados. Iniciado el ataque los españoles difundieron la alarma y se prepararon para la contraofensiva. Angel creyó que con un fuego de frente podía distraer a los españoles y que sería realizable el asalto por los fosos del desagüe, comprendió luego la imposibilidad de ocupar las trincheras tanto por su excesiva altura como por el mortífero fuego y metralla que de ellas salía. Al observar que muchos de sus hombres vacilaban se despojó de su capa, la echó al lado y avanzó al frente gritando: ¡vengan a ver como pelea un general cubano! Una descarga española le privó de la vida, cayendo mortalmente herido, señalando al frente con su espada, la misma que le había rendido como trofeo de guerra al coronel del Portal. Su tropa no pudo ocupar el frente a pesar de los esfuerzos realizados. Su ayudante Agüero ayudado por dos soldados trasladan el cadáver hacia las lomas del Cerro Pelado donde le dieron sepultura secretamente.

Después de establecida la república son encontrados sus restos, los cuales fueron identificados por la espada que había ganado en uno de sus combates. Actualmente existe en el sitio donde cayó un obelisco que por suscripción popular e iniciativa de los vecinos de Lázaro López, se construyó en el año 1949.

Si en algún cubano el patriotismo le determinó a sacrificarlo todo en aras de la patria, muchos como el general Angel del Castillo Agramonte, pueden exhibir tan honroso mérito. Algunas escuelas de nuestro país llevan su nombre en honor a este gran patriota, su ejemplo ha servido de guía a todo un pueblo y su amor a la patria ha sido y será un digno ejemplo para las futuras generaciones.

CONCLUSIONES

El 10 de octubre se inician las luchas por la independencia de Cuba con el gesto libertario realizado por Carlos Manuel De Céspedes en su ingenio "La Demajagua" en las cuales se destacaron muchas personalidades entre ellas Angel Del Castillo Agramonte, graduado de cirujano dentista en la universidad de Nueva York en el año 1854 ejerciendo esta especialidad en su ciudad natal Camagüey. Al estallar la guerra del 68 se incorpora a la misma, no como estomatólogo sino como un patriota más, siendo uno de los primeros conspiradores por la independencia de Cuba. A pesar de su corta participación en la guerra demostró ser un hombre de excepcional abnegación y valor, destacándose en todas las acciones combativas en que participaba alcanzando el grado de General de brigada al morir.

 

ABSTRACT

An investigation about Angel del Castillo Agramonte biograph, dentist that incorporated to the 1868 war quitted his profession with the aim of knowing anecdotes of his life and the great heroism in battles developed in Camagüey and Ciego de Avila provinces. Bibliographical and documentary sources about this issue were used. He was one of the first conspirators for cuban independence, he was a man of great abnegation and character. He was outstanding in all combative actions in which he participated thus he obtained the Brigade General rank. Rank that he maintained whwn he died.

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