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Apuntes biográficos del médico militar Antonio Luaces Iraola.

Biographical notes of the military doctor Antonio Luaces Iraola.

Kenia Téllez Frandín(1), Anisulis Cabrera Sánchez(2), Francisco Sandoval González(3), Manuel Zada González(4).

Resumen

Realizamos una investigación sobre la biografía de Antonio Luaces Iraola, nombre glorioso del hospital provincial de Ciego de Avila. Camagueyano, graduado de medicina y Cirugía en los Estados Unidos el cual se incorpora a la guerra de los Diez Años bajo el mando de Ignacio Agramonte y luego de Máximo Gómez. Participa en numerosos combates no solo como médico sino como un soldado más, demostrando en ellos su carácter humanista y el respeto a los derechos de los prisioneros de guerra. Al morir ostentaba los grados de coronel. En este trabajo se muestran anécdotas de su vida realizadas en el territorio camagueyano, basados en la recopilación de datos de fuentes bibliográficas que abordaron esta temática.

Palabras claves: HISTORIA DE LA MEDICINA, BIOGRAFÍA.

  1. Especialista de MGI. Profesor Instructor.
  2. Especialista de MGI.
  3. Especialista de MGI.
  4. Estudiante de Medicina
Dirección: Carretera Morón. Circunvalación Nort

INTRODUCCIÓN

La Revolución de 1868 o Guerra de Los Diez Años, como también la ha denominado la historiografía cubana inicia el ciclo de las revoluciones de Liberación Nacional en Cuba y fue el resultado de la agudización de contradicciones gestadas en un largo proceso histórico. La guerra de los Diez Años, primera gesta por la independencia de Cuba, constituyó una etapa esencial en el proceso de formación de la nacionalidad cubana.

Mucho se conoce de la participación de algunos médicos en nuestras guerras independentistas contra España, primero como conspiradores y luego como activos miembros del Ejército Libertador, en el que no solo integraron la sanidad militar mambisa sino que actuaron en los combates como heroicos soldados, para llegar a obtener en muchas ocasiones altos grados militares como es el caso del coronel y médico Antonio Luaces Iraola.

DESARROLLO

Antonio Luaces Iraola nació en Puerto Príncipe el 11 de junio de 1842, en la casa marcada con el número 8 de la calle San Francisco, hoy Luaces 55, a su memoria. Hijo de José Martín Lorenzo Luaces y Concepción Iraola. Las primeras letras las estudió, en su hogar y el bachillerato en el colegio de los Padres Escolapios|. Antonio Luaces era de buenas carnes, mediana estatura, piel muy blanca y suave, el cabello muy fino y rizoso, rubio con tonos castaños, frente convexa, ancha y luminosa, el bigote espeso, la nariz con ligera curvatura de pico de águila, los ojos de un gris azuloso, el rostro ovalado, de líneas muy puras y colores muy armoniosos y suaves. Es enviado por su familia a cursar estudios en los Estados Unidos, donde se gradúa como médico y cirujano, privilegio de su tiempo que le propicia la desahogada posición económica de la familia En el año 1865 se dirige a París, Francia con el objetivo de ampliar sus conocimientos como médico. En París un fotógrafo a sus espaldas copió el negativo en un retrato al óleo que expuso como modelo en uno de sus escaparates, lo que fue causa de un litigio porque la modestia y seriedad de Luaces se sintieron lastimadas en aquella exhibición de su severa y varonil belleza.

A la edad de 23 años se bautiza de fuego en la guerra de Secesión de los Estados Unidos, en la que prestó servicios en el cuerpo de sanidad del Ejército Federal, que defendía el presidente Abraham Lincoln . Al concluir la campaña terminó con experiencia militar, vocación abolicionista y los grados de coronel. Por estos motivos al regresar a Cuba no puede incorporar su título de médico en la universidad de La Habana. En su expediente universitario solo aparece una solicitud de su madre reclamando sean incorporados los estudios de filosofía realizados por su hijo en el extranjero, solicitud que le es denegada.

En Septiembre de 1868, al enterarse de la revolución que existía en España para derrocar del trono a Isabel II embarca con varios amigos para auxiliar en esa obra a algunos antiguos condiscípulos que le pedían su ayuda llegando a Cádiz poco después de haberse producido la caída del trono de la mencionada reina. Aquí se entera de la insurrección en Cuba por lo que regresó rápidamente a los Estados Unidos donde se alistó en la expedición del vapor Perrit que organizó Francisco Javier Cizneros Betancourt y que mandaba el general Thomas Jordan. Venían además otros médicos, entre ellos el amigo de Luaces Sebastián Amabile. Arribaron a las costas cubanas el 11 de Mayo de 1869 por la península de Ramón situada en el interior de la bahía de Nipe. Al pisar tierras cubanas tuvieron los primeros encuentros con las tropas españolas teniendo una lamentable pérdida la de su amigo Sebastián Amabile al que Luaces atendió hasta que dejó de existir.

Poco después va a Camagüey donde se incorpora a la guerra, integrando las fuerzas mambisas junto a las tropas del general Ignacio Agramonte, de quien ya no se separa, a pesar de que el presidente Céspedes lo designa como jefe de sanidad de Oriente, el 4 de Abril de 1869, al mando del general Francisco Vicente Aguilera.

En noviembre de 1870, el secretario de la guerra Rafael Morales dictó la siguiente orden: Intimar al ciudadano Antonio Luaces Iraola y que se realice su pase inmediato a la zona de Bayamo a la que ha sido destinado por el gobierno, advirtiéndole que de no efectuarla será conducido por la fuerza. El mayor Agramonte al enterarse de esta orden le dice al portador de la misma: deje sin efecto su cumplimiento, diga que no le ha encontrado porque Luaces no irá a ser víctima del capricho del presidente Céspedes y los jefes de Bayamo.

Las tropas camagueyanas fueron golpeadas por la feroz ofensiva española, en más de una ocasión trataron de conseguir su rendición al enemigo En enero de 1871 un amigo desde Camagüey le escribe a Luaces invitándole que en unión de sus hermanos Emilio y Ernesto se presente a los españoles. En respuesta a la misma le responde así: "... Aconsejarnos que cometamos una infamia, por dios ¡ acuérdese de los principios más sencillos de la moral, acuérdese que aun la vida tiene su valor y hay cosas que valen más que la vida, hay manchas en la reputación de un hombre honrado que infunden mas terror que la muerte ".

En el combate de "El soldado" fue herido el mayor Ignacio Agramonte, presentando una gran herida entre ambos omoplatos, inmediatamente fue atendido por el doctor Luaces quien le hizo la primera cura y lo curó con los escasos recursos que tenía a su disposición, a pesar de los agudos dolores que presentaba el mayor y no contar siquiera con analgésicos para aliviar su dolor. En esta acción fue herido de dos balazos en la tibia el teniente jefe de la tropa española Luis González Esquevez que prisionero de los cubanos esperaba ser rematado, quien otra cosa no podía imaginar en aquellos momentos ante la furia de los mambises por el jefe herido. Tan pronto terminó la cura de Agramonte fue atendido por el propio doctor Luaces a quien Agramonte le ordenó responder por la vida y seguridad del prisionero con la suya. Luaces obedeciendo las instrucciones del mayor se presentó a practicar las curas del teniente español, con quien departió amigablemente sobre generalidades de la guerra, mencionando incidentalmente que en la guerra de los Estados Unidos se había acostumbrado a poner en libertad a los prisioneros bajo palabra de honor de no volver a empuñar las armas. El teniente González que parecía meditar aquellas palabras se volvió al doctor diciendo: a propósito de prisioneros ¿no es verdad que Francisco I fue un gran rey a pesar de haber caído prisionero?. Luaces tan culto como era, le contestó jovialmente que caer herido y prisionero no era sino un capricho de la suerte. Momentos después el propio Agramonte visitaba al jefe español preguntándole como estaba y diciéndole: Se le ha atendido a usted con nuestros escasos recursos, con la eficacia que las leyes de la guerra determinan en obsequio de los prisioneros dignos a quienes le es adversa la tortura. A lo que respondió el prisionero español : si así no lo reconociera no sería ni militar ni caballero.

Al pie de su hoja de servicios autorizada por Agramonte, éste gran tacaño de alabanzas –porque todo le parecía poco ante los merecimientos de su idolatrada Cuba- le pusiera la nota de calificación única que estampó a todo temor ’‘valiente a toda prueba’’.

Y esos dones suyos de hombre que se debe a la causa suprema de la patria lo distinguieron en el rescate del Brigadier Julio Sanguily el 8 de octubre de 1871 , donde participó como un soldado más, en una terrible lucha cuerpo a cuerpo desafiando la muerte junto a la vanguardia de la tropa logrando arrebatar de las manos de los españoles a su querido amigo, quien luego de abrazarle lleno de euforia y emoción le atendió ahora como médico de una herida en la mano y otra herida abierta del tobillo. Atendió luego aun soldado mambí que resultó herido como consecuencia del encuentro con la tropa enemiga.

Participó en otros combates como: El Jacinto, El Salado, Loma del Vapor, Buey Sabana, Sao de Lázaro, La Soledad de Acheco, Cocal del Olimpo donde obtuvieron grandes victorias.

A principios del año 1873 liquidaron las tropas comandadas por el coronel Abril quien murió en la acción . El mando español para vengar la muerte de los caídos envió 700 hombres a Jimaguayú, lugar donde se encontraba el campamento de Agramonte en ese momento. En este combate muere Ignacio Agramonte lo que significó un duro golpe para las tropas cubanas y especialmente para Luaces quien lo estimaba grandemente, los que desesperadamente buscaron durante horas el cadáver del mayor pero no pudieron encontrarlo pues los españoles trasladaron sus restos a la ciudad de Camagüey donde fueron incinerados y finalmente esparcidos sus cenizas al viento.

Muerto Ignacio Agramonte pasa a formar parte en las filas del General Máximo Gómez, el cual fue designado para ocupar la jefatura de la región de Camagüey. A las órdenes de éste no fue menos en el combate y con escasos recursos cuidó de los heridos cubanos y españoles con igual desvelo. Así ganó un espacio en las consideraciones del Generalísimo, quien le creyó hombre de costumbres muy puras y con un corazón lleno de benevolencia y bondad.

El 9 de noviembre de este año, se produce la famosa acción de" La Sacra" donde los cubanos tuvieron una gran victoria, con solo 400 jinetes se enfrentaron a más de 2000 hombres causándoles 100 muertos. En este combate cayó prisionero el jefe de la sanidad de las tropas españolas el doctor Naranjo, disponiendo el general Gómez que fuera puesto a disposición del Dr. Luaces, que lo atendió como colega y no como adversario, diciéndole: hágase cargo de su compañero, que ya tendrá usted hambre de hablar sobre medicina. Dense gusto y si él lo necesita, dale ánimo. Luaces con su habitual finura hizo disipar todo temor a su colega. Al día siguiente fue puesto en libertad con todos los prisioneros del combate.

Máximo Gómez estimaba grandemente al Dr. Luaces, tanto es así que escribió en su diario de campaña: Al separarme del doctor Luaces, esta vez primera desde que llegué aquí al Camagüey a hacerme cargo del mando por muerte del malogrado Agramonte justo es diga dos palabras, pues yo creo que pocos conocen al doctor Luaces como conocerlo puedo yo que es mi compañero de tienda, que es en realidad como se conocen a los hombres ,cuando su vida es intima: Luaces hombre profundamente honrado es de un delicadísimo trato, virtuoso hasta donde pueden serlo los hombres, de costumbres muy puras y con un corazón lleno de benevolencia y bondad, se capta la simpatía de todo el que como yo llegare a tratarle. Es de muy buen juicio y bastante talento y sobre los conocimientos que pueda tener de su profesión, como no soy voto en su materia no puedo formar opinión.

En la batalla de Palo Seco, donde Gómez se cubre de gloria, se rinde el comandante español Martitequi, basado en la ley de regularización de la guerra: respetar la vida del rendido. El Tte. Coronel Rafael Rodríguez acepta y lo hace prisionero, pero la documentación que se le encuentra es comprometedora, entre ellas la derogación de la ley reglamentaria que bajo sus preceptos se acogió y que le impulsa a fusilar al prisionero. Son conducidos los prisioneros a una zona de llanura limpia de cadáveres, donde fueron encerrados en un círculo de centinelas. En tanto deliberaba un consejo de oficiales convocado por Gómez, entre los oficiales se distinguían el Coronel Antonio Luaces que reunía en su simpática persona la instrucción del hombre científico, la cortesía del caballero de salón y el valor del soldado. El doctor Luaces médico de las universidades de New York, París y Madrid, era respetado por las condiciones envidiables que en él concurrían, su opinión siempre era atendida por sus compañeros. Todos debatían si los prisioneros debían ser ejecutados o perdonados. Al tomar la palabra en aquella reunión habló como siempre, con dulzura inclinando la opinión de sus compañeros a favor de los rendidos, pidiendo sin vacilar la vida de todos porque creía que por encima de todas las leyes, había que colocar el humanismo y el honor del Ejército de la República. Produjo en sus compañeros el efecto que se había propuesto alcanzar: decidir el problema por votación. La junta del consejo de guerra votó casi por unanimidad por el perdón de los vencidos, quienes fueron puestos en libertad después. Se anotaban otra gran victoria, en éste combate murieron más de 300 españoles incluyendo altos oficiales, mientras por la parte cubana solo hubo 3 muertos y 17 heridos.

A principios del año 1875 queda al mando del brigadier Henry Reeve al que llamaban " El Inglesito", a quien Agramonte había designado para que lo sustituyese en el mando en caso de morir.

El 17 de abril se encontraban acampando en el campamento establecido en ángulo opuesto al potrero La Crimea el jefe y tres ayudantes, entre los que se encontraba Luaces, esperando la llegada de un visitante. Serían las ocho de la mañana cuando un centinela empinándose sobre los estribos de su caballo avanzaba rápidamente hacia ellos, volviendo la cabeza dando muestras de azoramiento y gritando: brigadier por ahí viene mucha gente. Luaces muy tranquilo dijo: será el presidente que ha anticipado su viaje. Y echó a andar sin armas ni sombrero para el sitio en que pastaba su caballo, el cual era el más distante de todos. De pronto se dan cuenta que sobre el camino la extrema vanguardia de una fuerza española avanzaba sobre ellos, era el grupo de Los Doce Apóstoles, organizados por el brigadier español Ampudía. Eran doce desertores del ejército libertador, aventureros y encarnizados matadores. Aquella era una situación muy grave. Totalmente indefensos, trataron de escapar de aquel lugar, pero todo esfuerzo fue inútil. Luaces monta inmediatamente su caballo y echa a andar a todo galope siendo perseguido por el feroz enemigo, un tiro mata al agitado animal y éste cae bajo el mismo. Recobró su varonil serenidad y se resignó inmutable a afrontar la muerte que escogieran sus aprehensores. Un campesino llamado Carmenate había sido hecho prisionero y conducido a la ciudad de Puerto Príncipe conjuntamente con Luaces, entrando en ella el día 20 a la una de la tarde. Llevados a la presencia del brigadier Ampudía, éste interrogó primeramente al campesino y como éste empezara a balbucear la denuncia apetecida, Luaces le interrumpió diciendo: ¡tenga usted decoro¡. Entonces Carmenate repuso : yo digo lo que diga el doctor. Ampudía se dirigió a Luaces al cual le dijo que si estaba dispuesto a servir como médico del ejército español le perdonaba la vida. A lo que rápidamente respondió –Si yo hubiese tenido lugar de ceñir mis armas me hubiera ahorrado la vergüenza de escuchar tales preguntas, el suicidio me hubiera evitado el ultraje que usted acaba de inferirme.

La mayoría de los oficiales españoles y señaladamente el doctor Naranjo, aquel que Luaces salvó la vida en el combate de La Sacra, el vecindario, el clero, todos se reunieron para salvar la vida del caballeresco cautivo. Aquel clamor de tantos corazones agradecidos fue a estrellarse en el corazón de piedra del brigadier español quien confió la suerte de Luaces a la decisión de un consejo de guerra el cual tras prolongado debate decretó su muerte.

El 21 de Abril de 1875 fue conducido al paredón que existía en la carretera de Pueyo, en la misma ciudad de Puerto Príncipe. Aceptó un tabaco que le diera un oficial español y solo exclamó: No es verdad que siempre es hermoso morir por una causa justa. Y serenamente se dirigió al lugar indicado donde una descarga tronchó su vida. Recién cumplía los 33 años de edad.

Los Insurrectos que consideraban a Luaces como un Mártir más que ofrendó su vida por la libertad de la patria , le ofrendaron sentidas plegarias y exhalaron justas quejas. cuya lectura ruboriza todo sentimiento de la dignidad.

ABSTRACT

We made an investigation on the biography of Antonio Luaces Iraola, glorious name of the provincial hospital of Ciego de Avila. Camagüeyan, graduated as Medicine and Surgery in the United States which gets up to the war of the Ten Years under the command of Ignacio Agramonte and after Máximo Gómez. He participates more in numerous battle nonsingle like doctor but like a soldier, demonstrating in them his character humanist and the respect to the rights of the prisoners military. When dying he showed the coronel degrees. In this work are anecdotes of their life made in the Camaguey’s territory, based on the data summary of bibliographical sources that approached this thematic one.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  1. Algunos médicos en la vida revolucionaria de Máximo Gómez. Cuaderno de Historia de la Salud Pública. La Habana: Ciencias Médicas; 1993. Pág. 74.
  2. Guerra Sánchez R. Guerra de los 10 Años. La Habana: Ciencias Sociales, 1972.
  3. Apuntes biográficos de Antonio Luaces Iraola. Bohemia 1954; vol. (4).133-139.
  4. Fernández de la Cruz M. Episodios de la Revolución Cubana. La Habana: Instituto Cubano del libro. Ciencias Sociales;2001.
  5. Archivo Histórico Provincial. Ciego de Avila. Biografía Antonio Luaces Iraola.
  6. Figueredo Socarras F. La revolución de Yara: 1868-1878. La Habana: Instituto cubano del libro. Ciencias Sociales; 2000.