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Anafilaxia: tratamiento actual
Rogelio Alvarez Síntes,1 Roberto Alvarez Síntes,2
Guillermo Díaz Alonso3 y Bárbaro Pérez
Hernández4
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Especialista de II Grado en Medicina Interna y Cuidados Intensivos. Facultad
de Ciencias Médicas. "Calixto García". Ciudad de La Habana.
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Especialista de II Grado en Medicina General Integral. Policlínico
Docente "Antonio Maceo". Ciudad de La Habana.
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Especialista de I Grado en Medicina General Integral. Policlínico
Docente "Turcios Lima". Ciudad de La Habana, Cuba.
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Doctor en Ciencias Médicas. Especialista de II Grado en Farmacología.
Facultad de Ciencias Médicas "Calixto García". Ciudad de
La Habana.
RESUMEN
Abogamos por la educación a la población para prevenir la anafilaxia,
con el desarrollo de medidas de promoción y prevención de salud.
Pretendemos sensibilizar a nuestros médicos y enfermeras de la familia
en la necesidad del manejo adecuado en el sitio de ocurrencia.
Palabras clave: ANAFILAXIS/prevención y control; ANAFILAXIS/quimioterapia;
EPINEFRINA/uso terapéutico; MEDICOS; PERSONAL AUXILIAR DE SALUD.
INTRODUCCION
La anafilaxia se define como una reacción de hipersensibilidad inmediata
generalizada, propia de los vertebrados, que resulta de la sensibilización
de los tejidos por las células mastocitarias, las cuales liberan
anticuerpos citotrópicos después de la exposición
al antígeno.1,2
El riesgo estimado de la anafilaxia en la población general es
de un 1 hasta un 2 % en los alimentos y las picadas de insectos, con una
menor incidencia y prevalencia en los fármacos.3,4 En nuestro país
no existen datos precisos al respecto. Sin embargo, en nuestra práctica
asistencial se presenta con frecuencia, y es factible su prevención
y tratamiento adecuados, por el médico de la familia en el lugar
de ocurrencia.
DESARROLLO
Durante mucho tiempo se ha considerado a la epinefrina como el fármaco
de primera línea en la anafilaxia.5 Esto sigue siendo cierto a pesar
de reconocerse sus peligrosos efectos colaterales, dado por las equivocaciones
de algunos médicos. No obstante, el ejemplo clínico adecuado
de ésta ha estado limitado por el temor de algunos galenos a utilizarla.
Los tratamientos alternativos -como por ejemplo, los antihistamínicos,
el isoproterenol sublingual, y los corticosteroides sin epinefrina- no
han podido prevenir o aliviar las reacciones anafilácticas severas.6,7
En 1988, en el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos de
América se desarrolló un taller acerca de los cuidados emergentes
que se debían tener ante la picadura de insectos cuyas conclusiones
(aún vigentes y de gran valor para el trabajo del médico
y la enfermera de la familia en la promoción, prevención
y atención) fueron las siguientes:6
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Todas las personas son víctimas potenciales de la anafilaxia.
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La prevalencia y la frecuencia de la anafilaxia es mayor de lo que generalmente
se piensa.
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La mejor instrucción a la población resulta esencial y puede
evitar la mayoría de las muertes.
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Es necesaria la existencia mayor de epinefrina en el lugar donde se brinda
atención urgente por parte de todo el personal entrenado para esto.
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Resulta peligrosa la utilización de epinefrina sin prescripción
médica.
A pesar de esta última conclusión, la Academia de Alergia
e Inmunología, promulgó su empleo por personal paramédico
y personas adecuadamente instruidas.3,4
Nuestro Ministerio de Salud Pública establece en la Carpeta Metodológica
para el trabajo de la Atención Primaria de Salud8, la implementación
del Subsistema de Urgencia en la Atención Primaria, el cual se caracteriza
por una atención inmediata, próxima y regionalizada, de tipo
escalonado, integrada con otros niveles de atención en dependencia
de las necesidades de los pacientes, e incluye procedimientos que de no
realizarse con la rapidez y calidad necesarias pueden comprometer la vida
del paciente, por lo que hemos elaborado y sugerimos (de acuerdo con nuestro
Sistema Nacional de Salud) las siguientes recomendaciones hechas por el
Instituto Nacional de Salud y las Academias Americanas de Pediatría,
Alergia e Inmunología:9,10
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Los médicos debemos preguntar a nuestros pacientes acerca de cualquier
reacción anterior que hayan tenido a los alimentos, fármacos
o picadas. Si existen antecedentes de anafilaxia o de una reacción
grave, el riesgo que ocurra otra reacción es mayor. En caso de ser
afirmativa la respuesta, realizar el diagnóstico presuntivo e indicar
el control preventivo a largo plazo e incluir el evitar los alergenos desencadenantes
y valorar la necesidad de interconsulta con un experto (por ejemplo, alergólogo
y/o inmunólogo).
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El reconocer y tratar la anafilaxia debe formar parte del entrenamiento
en la resucitación cardiopulmonar de todos los programas de entrenamiento
a médicos y parámedicos y a la población en general.
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Sería óptimo que la epinefrina estuviera disponible en todos
los centros educacionales (círculos infantiles y escuelas) y laborales,
con médicos de la familia para su administración ante la
sospecha de una reacción anafiláctica.
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La epinefrina debe estar disponible también en todos los "botiquines"
médicos de urgencia que deben existir en los aviones, en los ómnibus,
en los trenes y en otras instalaciones públicas. Esta droga debe
ser utilizada por el personal entrenado, que puede evaluar en el lugar
de los hechos, la indicación, el beneficio y el riesgo del tratamiento
en cada caso.
En resumen, abogamos por la educación que debe darse a toda la población
para evitar que aparezca la anafilaxia y en caso de que se presente, prevenir
una nueva aparición, en el desarrollo de las medidas de promoción
y preventivas de la enfermedad, así como la sensibilización
al personal de salud para que promueva la actividad, disponibilidad y administración
de la epinefrina en el tratamiento de la anafilaxia.