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Rev Cubana Med Gen Integr 2002;18(1):73-5

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Comunicación breve

La naturaleza, el hombre y el magnetismo

Alberto Pérez Govea1

"La tierra es un gran imán", esta aseveración brotó súbita y contundente al conocerse los estudios realizados por el Sputnik III, mediante los cuales se detectó el campo magnético de la Tierra a más de 100 000 km. Sin embargo, las características magnéticas de nuestro planeta fueron estudiadas y utilizadas por el hombre desde tiempos remotos, la brújula es un ejemplo de ello. Se ha estudiado y se conoce la influencia que sobre todos los organismos vivientes -humanos, animales y vegetales- ejerce el campo magnético de la Tierra. Este campo y su intensidad fueron evaluados por Gauss, ilustre astrónomo alemán, de quien toma el nombre la unidad de medida que lo cuantifica. El desarrollo de la vida está indisolublemente ligado a las radiaciones magnéticas y todos los organismos vivos son afectados, para bien o para mal, por este fenómeno.

El cuerpo humano es una máquina electromagnética, cuya fuente energética principal se origina en el magnetismo terrestre, aunque esta no es la única vía. El oxígeno, los alimentos, la propia actividad celular, la actividad física y mental, el fluido de los líquidos y los factores bioquímicos constituyen una producción constante de "energía biomagnética". Por todo ello, resulta comprensible que la aparición o cura de muchas enfermedades tengan como causa o como consecuencia, cambios en el potencial biomagnético del organismo.

Muchos años de investigación permitieron al doctor Kioichi Nakagawa, científico japonés, formular su teoría del "síndrome de deficiencia de campos magnéticos". Esta afección se produce en personas que permanecen gran parte de su tiempo dentro de edificaciones cuyo soporte lo constituyen inmensos enrejados de cabillas (todos los edificios modernos) que apantallan las líneas de fuerzas del campo magnético terrestre, de manera similar a lo que les ocurre a las ondas de radio cuando pasan por debajo de un puente.

El síndrome puede ser eficazmente combatido si se garantiza un mayor contacto con la naturaleza en ambientes abiertos y alejados de edificaciones, equipos y tendidos eléctricos. Caminar descalzos por el césped con frecuencia es una terapia muy recomendable para todos los que viven en las ciudades bajo las condiciones descritas. Los síntomas de esta enfermedad "moderna" son, entre otros, malestares no registrados por los exámenes clínicos y físicos; entre ellos, rigidez en los hombros, espalda y cuello, dolores en el pecho, jaquecas, pesadez en la cabeza, insomnio y cansancio general.

Las afecciones citadas anteriormente, y un gran número de enfermedades más, pueden ser curadas con una técnica terapéutica denominada magnetoterapia, sistema clínico en el que los padecimientos son tratados y curados mediante la aplicación de campos magnéticos artificiales sobre el cuerpo del paciente. En esta terapia las medicinas se consideran improcedentes. Constituye un sistema naturalista, pues persigue principalmente reforzar las potencialidades autocurativas del organismo. La magnetoterapia puede aplicarse usando equipos eléctricos generadores de campo magnético (electromagnetoterapia) o utilizando imanes permanentes (imanterapia).

El imán permanente puede obtenerse artificialmente en una industria o de manera natural, está constituido por el mineral llamado magnetita. Su uso terapéutico data de la Edad Media cuando se le atribuían a la magnetita ciertas virtudes como vigorizante y fortificadora, para detener los procesos de envejecimiento y las hemorragias, así como curar la gota, la hernia y otras enfermedades.

En su primera obra, editada en 1766, el médico Frederik Franz Antón Mesmer (1734-1815) manifiesta que los imanes tienen un alto poder curativo, ya que todos los seres animados tienen una fuerza semejante a la que denominó "magnetismo animal". Ya antes, el doctor William Gilbert (1540-1603) notable médico inglés y presidente del Colegio Médico de la Reina Isabel I había escrito un libro titulado "El magnetismo", que tuvo gran difusión. Ambos científicos recibieron la influencia de un médico y alquimista suizo llamado Paracelso, quien a principios del siglo XVII inició los estudios científicos sobre las fuerzas magnéticas de la naturaleza y su influencia sobre el hombre. A pesar de estos antecedentes y muchos más, Occidente impuso otros métodos terapéuticos que potenciaban su industria farmacéutica. No obstante, durante los últimos 50 años biomagnetistas de Estados Unidos, la antigua URSS, Japón, Inglaterra y Francia, han realizado extensas investigaciones sobre la naturaleza y alcance del campo magnético, así como sus efectos sobre los seres vivos.

La magnetoterapia transita hoy por dos vertientes fundamentales: magnetización del agua a ingerir por las personas y aplicación directa de un campo magnético a todo el cuerpo, parte de él o zonas específicas donde se localice alguna afección.

La aplicación de un campo magnético al agua provoca cambios físicos en ella, como la disminución de la viscosidad, la tensión superficial y la acidez, entre otros. Además, propicia aumento de la solubilidad, la conductividad eléctrica y la velocidad de disolución. Pero su efecto no es solo sobre el agua magnetizada, también tiene acción desincrustante y detergente. La ingestión de agua magnetizada puede mejorar la presión arterial y problemas digestivos y renales entre otros.

La aplicación de un campo magnético al organismo permite aliviar, en períodos sorprendentemente cortos, enfermedades que han desafiado otros métodos de tratamiento, entre ellas, el asma, dolores de espalda, artritis crónica, hipertensión arterial, fatiga mental, reumatismo, dolores de dientes, insomnio, disfunciones renales y otras.

Sin embargo, el efecto más importante, tal vez esté en el campo de la prevención, sobre todo en lo que respecta a las afecciones del corazón, los riñones y el hígado. Una detallada revisión bibliográfica sobre el tema arrojó, además de las consideraciones anteriores, en cuanto a las investigaciones con campos magnéticos que las ramas médicas más estudiadas son la neurología, la oncología y la ortopedia.

Los principales efectos de los campos magnéticos que les permiten ser usados en procesos terapéuticos son: efectos bioestimulantes, analgésicos, antiinflamatorios y antiedematosos.

Actualmente existen varias sociedades internacionales que promueven los estudios y el uso de la magnetoterapia. En Cuba se han usado equipos importados, sobre todo de la antigua URSS y Canadá, desde la década de los 70. En estos momentos numerosos centros asistenciales del país utilizan equipos importados o construidos en Cuba, guiados por el Grupo Coordinador Nacional. Son muchos también, los científicos que investigan y aplican este tratamiento que va más allá del circunstancial déficit de medicamentos, para proyectarse como una opción naturalista, eficaz, reforzadora de las potencialidades biológicas del ser humano.

Recibido: 2 de enero de 2002. Aprobado: 10 de enero de 2002.
Ing. Alberto Pérez Govea. Fábrica de Piezas Electrónicas, Pinar del Río, Cuba.

 

1 Ingeniero Termoenergético. Jefe de Área de Magnetismo de la Empresa de Componentes Electrónicos.

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