Indice Anterior Siguiente
Rev Cubana Med Gen Integr 2004;20(2)

Página Cultural

La primera mujer cubana graduada de médico en la Universidad de La Habana

José Antonio López Espinosa1

Si se considera la relación de la medicina con el hombre de la prehistoria, es fácil suponer que esta ciencia surgió prácticamente con las primeras manifestaciones de la necesidad de eliminar o aliviar los síntomas de malestar de aquel. A partir de esta consideración se puede advertir que la posibilidad de ejercer la profesión con carácter oficial le llegó a la mujer muy tardíamente, pues hubo que esperar hasta el otoño de 1847 para que una joven de 26 años pudiera matricular en la Escuela de Medicina de la Universidad estadounidense de Geneva, Nueva York. Ni la visión de un ser sobrenatural hubiera causado tanto asombro como el que originó la decisión de Elizabeth Blackwell (1821-1910) de hacerse médico por encima de cualquier prejuicio machista o feminista, y de convertirse en la osada iniciadora que abrió las puertas de las aulas de los estudios médicos a las mujeres de muchas partes del mundo.1 Para lograrlo tuvo que sobreponerse a la pobreza, al ridículo y al ostracismo social de que fue víctima en un principio hasta que, en 1849, se graduó a la cabeza de su clase gozando del respeto y la admiración de sus condiscípulos.2

La información disponible referente al ejercicio oficial del arte de curar por las mujeres en Cuba, da cuenta de que en 1612 se le impuso a la india curandera Mariana Nava la misión de brindar servicios médicos a los enfermos de la ciudad de Santiago de Cuba, que en ese tiempo tenía cerca de 4 000 habitantes y carecía de médicos, con un salario de 100 ducados anuales.3

Si se tiene en cuenta que no fue hasta 1634 que se institucionalizó este servicio, cuando se le otorgó la categoría de Protomédico al español Francisco Muñoz de Rojas (159?-1637),4 se deduce que esta mujer comenzó a ejercer la medicina, con el concepto que en ese tiempo se tenía de la profesión, 22 años antes de que se produjera dicho acontecimiento.

Dos siglos después tuvo lugar otro hecho de singular trascendencia en la historia de la medicina cubana en relación con la mujer, a saber, el de Enriqueta Faver (1791-1856), una médico de origen suizo que se disfrazó de hombre y como tal estudio y se graduó en la Universidad de París con el nombre de Enrique Faver y quien, con indumentaria masculina y la misma identificación, se estableció en la zona oriental de Baracoa en 1819, donde tuvo numerosa y distinguida clientela. Con motivo de su apariencia solapada se produjeron en su vida privada varios sucesos censurables, el peor de ellos, su matrimonio con una paciente de su sexo, que conllevaron un ruidoso proceso penal y la condena de diez años de prisión por perjurio y falsedad en documento público.5

En el curso de 1883 a 1884 se produjo en la Universidad de La Habana una sorpresa muy similar a la ocurrida 36 años antes en la Universidad de Geneva con Elizabeth Blackwell,1 cuando una adolescente habanera de apenas 14 años de edad matriculó en el alto centro docente las carreras de Licenciatura en Ciencias Físico-Matemáticas y en Medicina. Esta muchacha, nombrada Laura Martínez de Carvajal y del Camino (1869-1941) desafió, al igual que la joven norteamericana, los tabúes de su época para convertirse en la mujer cubana que ostenta para la posteridad la primicia en el ejercicio de la profesión médica con título obtenido en el país de su nacimiento. Como estudiante llamó la atención en ella el alcance de su inteligencia, expresada en la brillantez de sus calificaciones en las dos carreras que estudió de manera simultánea. De las 19 asignaturas examinadas en la de Ciencias Físico-Matemáticas, 17 se evaluaron con nota de sobresaliente y 2 con notable; mientras que en las 24 que tuvo que vencer en la de Medicina obtuvo también 17 sobresalientes, 7 notables y 1 bueno.6,7

Uno de sus profesores, el catedrático de Patología Quirúrgica doctor José Púlido Pagés (¿-1890) se refirió a ella en términos muy elogiosos, sobre todo, respecto a su formalidad, aplicación y modestia, así como en relación con el cariño que supo inspirar a sus compañeros, cuya conducta fue siempre fraternalmente respetuosa para con su persona. El doctor Púlido Pagés afirmó asimismo que no obtenía sus altas notas por galantería del profesorado, sino en clara justicia, porque estudiaba y dominaba los contenidos que se le impartían.8

Según consta en el Archivo General de la Universidad de La Habana, como simultaneó la Licenciatura en Ciencias Físico-Matemáticas con la de Medicina, se describió el expediente de esta carrera, que comenzó en 1883 y terminó en 1889, y a continuación el de aquella que, iniciada el mismo año que la anterior, finalizó en 1888 por cuanto abarcaba un año menos de estudio.

Con independencia de las notas obtenidas en cada asignatura de ambas carreras, alcanzó la calificación de sobresaliente en los ejercicios de grado de las dos; en la primera el 30 de junio de 1888 y, en la segunda, el 22 de junio de 1889. Su brillante expediente termina con el acta fechado ese día y firmado por el entonces Secretario General de la Universidad de La Habana, doctor J.Gómez de la Maza. En el texto de ese documento se lee:

"En La Habana, a 22 de junio de 1889. Reunidos los jueces que suscriben a la hora señalada por el Señor Decano de la Facultad y habiendo la aspirante examinado el enfermo número 23 de la Clínica le puso incomunicado. En el ejercicio oral diagnóstico la enfermedad de Fractura del antebrazo y terminado el acto de la operación quirúrgica que prescriben las disposiciones vigentes obtuvo la calificación de Sobresaliente.6

Hermoso preámbulo de un premio al empeño de una inteligencia y perseverante mujer, materializado definitivamente cuando el 15 de julio de 1889 se le adjudicó el primer título de Licenciado en Medicina y Cirugía conferido en Cuba a personas de su sexo.

Aun cuando este solo hecho bastaría para que perdure el recuerdo de su paso por la vida, justo es además señalar que como médico llegó a perfeccionar sus conocimientos al punto de hacerse también la primera cubana especialista en Oftalmología, a la que se consagró junto a su esposo, el eminente oftalmólogo Enrique López Veitía (1847-1910).9 Tal fue su competencia en esta disciplina que tuvo una numerosa clientela privada, con independencia de su intenso trabajo en la Policlínica que durante largo tiempo funcionó bajo la dirección de su compañero. Esa institución alcanzó el más alto nivel científico de su tiempo. En ella se trataban otras enfermedades, además de los trastornos de la visión, por varios destacados especialistas de entonces.

Esta extraordinaria mujer cubana colaboró en la preparación de "Oftalmología Clínica", famosa obra escrita por su esposo de la que vieron la luz tres ediciones en 1891, 1895 y 1906, así como en muchos de los 100 trabajos por él publicados sobre esa disciplina.10

El nombre de Laura Martínez de Carvajal y del Camino debe estar siempre en la memoria de quienes cultivan las distintas especialidades médicas, por cuanto en él ha quedado para la posteridad esculpido el primer precedente para los estudios científicos de la mujer cubana. Por ello se ha tratado con estas consideraciones de emitir, desde las páginas de la Revista Cubana de Medicina General Integral, el testimonio de consideración y respeto perenne a quien simboliza el esfuerzo inicial por la emancipación de la mujer en Cuba en la trinchera de las ciencias.

Referencias bibliográficas

  1. Garrison FH. An introduction to the history of medicine. Philadelphia:Saunder;1929:769-73.
  2. McCormick E. Vida ejemplar de una médica. Selecc Reader´s Digest 1950;19(111):67-71.
  3. Colcagno F. Diccionario biográfico cubano. New York: Imprenta y Librería de Ponce de León;1878:448.
  4. Delgado García G. El real tribunal promedicato, primera institución de administración de salud pública en Cuba (1711-1833). Cuad Hist Salud Publ 1996;(81):21-3.
  5. Archivo Nacional de Cuba. Expediente sobre la expatriación de Da. Enriqueta Faver. Bol Arch Nac 1930;29:91-9.
  6. Lara MJ de, Martínez de Carvajal y del Camino L. Cuad Hist Salud Publ 1964;(28):11-108.
  7. Delgado García G. Presencia de la mujer en la historia de la medicina cubana. Cuad Hist Salud Publ 1983;(66):45-68.
  8. Escobar B. Nuestros médicos. La Habana:Tipografía de "La lucha";1893:3-4.
  9. Lara MJ de. La medicina y la mujer. Rev Soc Cubana Hist Med 1958;1(2):1-9.
  10. Trelles CM. Contribución de los médicos cubanos a los progresos de la medicina. La Habana:A. Dorrecker;1926:210-1.

Recibido: 15 de mayo de 2003. Aprobado: 11 de julio de 2003.
Lic. José Antonio López Espinosa. Universidad Virtual de Salud de Cuba. Calle 27 No. 110 entre M y N, El Vedado, municipio Plaza, Ciudad de La Habana. Cuba. CP 10400. Correo electrónico: jale@infomed.sld.cu

1 Licenciado en Información Científico-Técnica y Bibliotecología. Universidad Virtual de Salud. Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas.

Indice Anterior Siguiente