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Rev Cubana Med Gen Integr 2005;21(3-4)


Página Cultural

Cíclopes: mitología, realidad, ficción e imaginación

Miguel Lugones Botell,1 Juan José Ríos Rodríguez2 y Luis Alberto Pichs García3


Como muchas veces ha sucedido y sucederá, no se puede obviar lo que ha representado la literatura, dentro de sus muchos significados, en el conocimiento, la aproximación,  y en muchas ocasiones,  también en la predicción  de los sucesos que han ocurrido, tanto en las ciencias como en las otras ramas del saber. Hay muchos ejemplos. ¿Realidad más allá de la ficción, o ficción más allá de la realidad...? Veamos un ejemplo más a tener en cuenta: los cíclopes.


Mitología

En “La Odisea” de Homero, los cíclopes eran pastores que vivían en Sicilia. Eran una raza salvaje, caníbal y fuera de la ley que no temía a dioses ni a hombres. El héroe griego Odiseo fue atrapado con sus hombres en la cueva del cíclope Polifemo, un hijo de Poseidón, dios del mar. Se cuenta que Odiseo lo cegó para escapar de la cueva en la que el gigante los tenía cautivos, y donde ya había devorado a varios de sus hombres. 

En la historia se dice que Ulises (Odiseo), rey de Ítaca y esposo de Penélope, de vuelta de la guerra de Troya y durante los diez años que duró su viaje, arribó con sus hombres al país de los cíclopes, rudos gigantes como montañas, con un solo ojo central, que vivían pastoreando cabras y elaborando quesos. Uno de estos, Polifemo "dotado de extraordinario vigor, salvaje e ignorante de la justicia y de las leyes", los hace prisioneros y mata a seis de los griegos  "…cogió a dos de ellos y los aplastó contra el suelo (...). Y los devoró (...) y no dejó ni sus entrañas, ni sus carnes, ni sus huesos...,"  encerrando al resto en la cueva con los animales. Odiseo consigue emborracharlo con vino,  y a la pregunta del gigante antes de caer rendido por el alcohol, de cuál era su nombre, le responde que Outys (nadie). Dormido Polifemo, los de Ítaca le clavan una estaca de olivo candente en el ojo,  y ante sus aullidos de dolor los demás gigantes acuden y le preguntan qué le ocurre.

-"¡Amigos! Nadie me mata con fuerza y con engaños", por lo que los demás cíclopes se retiran pensando que Polifemo grita en su borrachera. El ingenio de Ulises dio resultado.

Luego, tras salir de la cueva sujetándose a la lana del vientre de los carneros para no ser atrapados por Polifemo, el héroe de Troya y sus hombres llegan a la región de las sirenas. Ulises quiso escuchar el irresistible canto con el que atraían a los marinos hacia los acantilados para devorarlos, por lo que mandó a sus hombres que lo ataran al mástil de la nave sin soltarlo por más que clamara, y que ellos se taponaran los oídos con cera para no sufrir la incontenible seducción de aquellos seres mitad mujeres mitad peces, aunque en otros relatos mitológicos se refieren como mezcla de mujer y pájaro.

Hijos de Poseidón y Afrodita, raza de indóciles y salvajes pastores que habitaban en la isla de Trinacria (hoy Sicilia), y capitaneados por Polifemo, a quien cegó Ulises, de esta forma y como ya hemos señalado, describe Homero en “La Odisea” a los cíclopes, gigantes de fuerza hercúlea y con un solo ojo. Aunque los cíclopes forman parte de una de las muchas fábulas griegas perfectamente tramadas, la existencia de seres con un solo ojo central e impar sí que supera a la ficción, desmitificando, porque en este caso son crustáceos nadadores y dulciacuícolas del género Cyclops.

También en la Teogonía de Hesíodo, los tres hijos -Arges, Brontes y Estéropes- de Urano y Gea, personificaciones del cielo y de la tierra, eran cíclopes. Fueron arrojados al mundo inferior por su hermano Cronos, uno de los titanes, después de que él destronara a Urano; pero el hijo de Cronos, el dios Zeus, liberó a los cíclopes del submundo, y ellos, agradecidos, le regalaron el rayo y el relámpago, con los que derrotó a Cronos y a los titanes, y se convirtió así en señor del universo.

Los personajes mitológicos que Homero hace intervenir en su poema, han sido sacados de la realidad y modificados al encarnarlos en la literatura. La naturaleza ensaya, acierta, y a veces se equivoca, y muestra de ello, es el nacimiento de niños y niñas con malformaciones tan insólitas como los cíclopes y las sirenas. Si hoy día, a pesar del conocimiento científico acerca de lo que son los fallos en el desarrollo embrionario, aun siguen sorprendiéndonos estas infrecuentes monstruosidades (monstra: muestra del poder de los dioses), ¿cuál sería el pensamiento de los intelectuales del siglo IV o V a.n.e. ante estos hechos? Desconocedores de la más elemental biología de la diferenciación, recurrirían a los dioses del Olimpo y explicaban el nacimiento de estos niños como mensajes, advertencias y castigos, y según la interpretación libre de cada cultura... en unos casos eran adorados y en otros, eliminados. Es el ejemplo vivo de los errores de la naturaleza en su camino ¿ciego?, o quizás ¿en búsqueda de la perfección?


Lo científico, la realidad

Es clara la preferencia evolutiva de no encontrar en la naturaleza seres vivos que presenten en la región cefálica un solo ojo, mucho menos en humanos, aunque no por ello deja de ser posible, como ha ocurrido. El hecho de que la mayoría de los animales tengamos dos ojos y no uno solo, es una decisión tan importante como cualquier otra que haya permitido una ventaja evolutiva tan consensuada. La decisión de originar ambas vesículas ópticas tiene mucho que ver con el desarrollo del cerebro,  y concretamente con mecanismos particulares por los cuales se forma la porción más rostral del cerebro o prosencéfalo.

El desarrollo del prosencéfalo en humanos puede ser entendido siguiendo una serie de fases cronológicas, como son fases de inducción dorsal (3-4 semanas de gestación) y ventral (4-6 semanas), neurogénesis (8-16 semanas), migración (12-34 semanas), organización (de 24 semanas a postnatal) y mielinización (de 24 semanas a 2 años de postnatalidad), cada una de las cuales se caracteriza por particulares desórdenes durante el desarrollo. Elucidar los mecanismos por lo cuales tiene lugar cada fase nos permite comprender mejor los principales trastornos que ocurren en el desarrollo del cerebro en humanos, como pueden ser la anencefalia, la holoprosencefalia, la microcefalia, los desórdenes en la migración celular y las displasias corticales, entre otras.1

Factores de inducción del desarrollo, no solo del cerebro sino también de todo el embrión,  generan patrones espacio-temporales de expresión que van a determinar los ejes morfogenéticos del individuo. De esta manera, la organización estructural del tejido está marcada, principalmente,  por una inducción rostral y otra caudal (eje anteroposterior),  y por una inducción dorsal y otra ventral (eje dorsoventral). Pero además, intervienen factores cuyos ejes de organización permiten una bilateralidad de las estructuras, como ocurre con las vesículas ópticas y posiblemente con otros órganos simétricos.1

En los individuos cíclopes la unión del ojo puede ser completa, o pueden ser aún visibles diferentes grados de duplicidad. La diferenciación que da como resultado la ciclopía comprende generalmente otras estructuras de la región frontal de la cabeza. Comúnmente junto a la ciclopía se observa la nariz en forma de masa carnosa cilíndrica y similar a una trompa pendiente de la región nasal o de la frente. En muy raros casos los 2 esbozos nasales no llegan a unirse entre sí, y cada uno de ellos forma una masa carnosa cilíndrica que representa la mitad de una nariz. Estas trompas dobles pueden presentar extrañas relaciones con un ojo ciclópeo.1

La ciclopía (ojo único) y la sinoftalmía (fusión de los ojos) abarcan todo un espectro de defectos en los cuales los ojos se encuentran parcial o completamente fusionados. Estos defectos obedecen a la pérdida de tejido de la línea media en el período que va desde los 19 a los 21 días de la gestación, lo cual provoca el subdesarrollo del prosencéfalo y de la prominencia frontonasal. Invariablemente estos defectos están acompañados por defectos craneales, como la holoprosencefalia, en la cual los hemisferios cerebrales están fusionados parcialmente o en su totalidad.2,3

El fenotipo cíclope o parte de su espectro puede darse igualmente en las trisomías 13 y 18, en la deleción 13q o del brazo corto del cromosoma 18, en la triploidía, en el síndrome de Meckel Gruber o disencefalia esplacno-quística (encefalocele, polidactilia, riñones poliquísticos y herencia autosómica recesiva), en embriopatías (las mujeres diabéticas tienen un riesgo 200 veces superior de tener hijos con holoprosencefalia), por etanol (síndrome alcohol fetal), y también se ha encontrado relación con infección prenatal por citomegalovirus.2,3 Todas ellas implican una alteración del mesodermo procordal y con ello, un fallo en la inducción del desarrollo de la parte media de la cara y del cerebro anterior o prosencéfalo, con la consecuencia de un espectro malformativo llamado holoprosencefalia, y que genéricamente es el fallo en la formación de los 2 hemisferios cerebrales.3


Realidad y ficción

Uno de los tantos genios influidos  por la enfermedad fue el prolífico Claude Monet, pintor, que antes de cumplir 60 años se empieza a preocupar por un continuo escozor de ojos. En 1900 le diagnostican un principio de catarata, lo que afectaría al desarrollo de su pintura desde entonces. El año que es diagnosticado pinta por primera vez un puente japonés construido en el lago de su casa de Giverny. Este puente será retratado muchas veces, y es el testigo mudo de la pérdida de visión del pintor.4 Pero, ya en 1907 es evidente también su pérdida de visión a largas distancias, lo que para un pintor de paisajes es una verdadera tragedia.  En vez de realizar los cuadros completamente al aire libre, como hasta ese momento hacía, empieza a retocarlos en su estudio. En 1918, en otra pintura del puente japonés se aprecia cómo se difumina; y no es que tienda al abstracto, sino que no ve bien los detalles. La catarata del ojo izquierdo está formadísima y el ojo derecho le desenfoca.4

Tras 15 años con cataratas la obra del artista empieza a predominar por sus amarillos. Este cambio no se debe a ninguna razón estética, sino a que sufre una xantopsia que le desespera, por lo que le recomiendan unas nuevas gafas de cristal oscuro para apreciar de nuevo los colores, aunque desde entonces mucho más oscuros.4

Sus problemas visuales van degenerando, se opone a operarse por miedo, decide dejar de hacer cuadros pequeños y se dedica al gran formato, donde se siente más seguro. En los últimos años de su vida sus amigos le apodan el cíclope, porque a su falta de vista se une una hinchazón en su ojo derecho. Sin embargo, los problemas en los ojos, que le dificultaron tanto su trabajo, no fueron los responsables de su muerte. Fue tal vez su afición al tabaco -que, según Clemenceau, tiñó su barba de amarillo- la que le provocó un tumor pulmonar que le fue detectado en julio de 1926, y 6 meses después moría a los 86 años de edad.4


Epílogo: mitología, realidad, ficción  e imaginación

Como hemos podido ver, con el ejemplo de la ciclopía, hay mitología, ficción y realidad... La revisión que hemos hecho del tema me ha servido  para corroborar hasta dónde pueden quedar superpuestos todos estos elementos,  y al conocer lo sucedido al famoso pintor Claude Monet, también para saber que no fui yo solamente quien un día al mirar a una persona, y parecerme cíclope, así, de pronto, tan normal y solamente por pura imaginación o semejanza, y aunque por supuesto, no lo fue en realidad, sirvió para que decidiera actualizar el tema y realizar este artículo.


Referencias bibliográficas

  1. Patten MB. Embriología humana. Cooperativa del libro. Federación Estudiantil Universitaria. La Habana. 1961: 421.
  2. Sadler TW. Embriología especial: ojo. En: Langman. Embriología médica. 7ª. Edición. Panamericana. México. 1996: 343.
  3. Carlson MB. Problemas del desarrollo: causas, mecanismos y patrones. En: Embriología humana y biología del desarrollo. 2dª. Ed. Harcourt. Madrid. 2000: 148-50.
  4. Bartolomé A. Matisse y Monet: genios ‘tocados’ por la patología. Disponible En: www.diariomedico.com  11 de noviembre de 2003.

Recibido 12 de mayo de 2005. Aprobado: 20 de mayo de 2005.
Dr. Miguel Lugones Botell. Policlínico Docente “Playa”, municipio Playa, Ciudad de La Habana, Cuba.

1 Especialista de II Grado en Ginecología y Obstetricia. Profesor Auxiliar.   Diplomado en Ginecología de la Infancia y la  Adolescencia y en Investigación sobre Aterosclerosis.
2 Especialista de II Grado en Embriología y en Anatomía Patológica. Profesor Auxiliar de la Escuela Latinoamericana de Medicina.
3 Especialista de I Grado en Medicina Interna, verticalizado en Cuidados Intensivos. Profesor Asistente. Diplomado en Educación Universitaria en Ciencias de la Salud y en Salud. Vicerrector Docente del Instituto de Ciencias Médicas de La Habana.

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