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Rev Cubana Oncol 1996;12(1)

EDITORIAL

La oncología en la educación de pregrado

A medida que nos acercamos al siglo xxi, mayor atención y reflexión dedicamos a las tendencias y previsiones. Es el momento oportuno para abordar los problemas fundamentales que confronta el mundo actual; a los cuales no escapan los existentes en el campo de la salud.

La salud es un derecho de todo ser humano, es objetivo y condición del desarrollo a través de la cual se logra una ciudadanía sana, altamente efectiva, capaz de revitalizar y de transformar productivamente la sociedad.

Por tanto, no sería exagerado afirmar que es el eslabón fundamental para la verdadera paz social, y tan importante conclusión nos obliga a meditar si estamos preparados para enfrentar este problema.

En el mundo entero la cuestión de como preparar a los médicos para un presente Cque aún no recibe la suficiente atenciónC y un mañana cuyas necesidades todavía no son claras, suscitan una infinidad de preguntas e ideas.

Evidentemente las Universidades y las Facultades de Medicina deben identificar sus necesidades de reformas en sus planes de estudio en dependencia de tres elementos básicos:
 
1. Las necesidades de la sociedad.

2. Elevar el nivel de conocimiento científico-técnico del egresado acorde al desarrollo actual.
3. Graduar médicos con sólida formación ético-moral.
 
A la par las instituciones educativas encargadas de la formación de profesionales médicos dedicados a la atención del canceroso, están viviendo momentos de reflexión y de cambios, dirigidos a modificar los principales factores que inciden en el proceso educativo y en la formación de un profesional crítico, solidario, mejor equipado técnica y científicamente y capaz de ofrecer un óptimo servicio.

Los factores que afectan y modelan la enseñanza de la oncología son muy variados; por ello es decisivo identificar y escoger aquéllos sobre los que se puede actuar, con el propósito de desencadenar los cambios que permitan obtener servicios oncológicos más eficaces y calificados.

En el mundo desarrollado o en vías de desarrollo, el cáncer constituye en la actualidad un problema social por su alta morbi-mortalidad, que se agrava por su tendencia creciente tanto en la incidencia como en la mortalidad. Representa la quinta parte de las muertes por todas las causas.1 Se estima que para el año 2000 alrededor de 8 millones de personas fallecerán por esta causa.

En Cuba, el cáncer ha sido históricamente una de las primeras causas de muerte. En 1910 ocupaba el octavo lugar, con un aumento gradual de su tasa anual que lo lleva desde 1958 al segundo lugar que mantiene hasta el presente, sólo superado por las enfermedades cardiovasculares, como sucede en los países desarrollados.

Se prevee que esta situación sea más grave en los próximos años; debido a cambios ocurridos en algunos indicadores demográficos como son el aumento de la esperanza de vida de 58,79 a 73,45 en los últimos 25 años y tener el 30 % de la población total del país por encima de los 40 años.2-4 Cada año se producen entre 20 y 25,000 casos nuevos y de 13 a 14,000 fallecidos.5

La magnitud del problema CANCER demanda un esfuerzo nacional de similar dimensión; éste tiene muchos componentes, siendo nuestro objetivo de hoy llamar a la reflexión sobre la educación de pregrado en el campo de la oncología médica.

La educación de pregrado en el contexto de nuestra especialidad es insuficiente por carecer de identidad propia, al no ser reconocida como una asignatura en el plan de estudio. Esto trae consigo problemas tan serios como son: objetivos mal definidos, deficiente entrenamiento clínico-práctico -con el consiguiente desarrollo de habilidades-, así como el pobre conocimiento de programas de prevención primaria y secundaria tan importantes en esta especialidad.1

Se hace necesario ensanchar las fronteras de la formación médica básica. Esta formación médica acorde a las nuevas exigencias es un eslabón fundamental para una correcta educación pública que erradique mitos y falsas creencias acerca del cáncer; y para modificiar efectivamente aptitudes y comportamientos humanos en relación con los agentes causales y factores de riesgo dependientes del estilo de vida (tabaquismo, hábitos dietéticos, vida sexual y reproductiva, actitud hacia el diagnóstico precoz y otros).

Recordar que del 70 al 80 % de los tumores malignos pueden ser prevenibles.

En 1986, el Ministerio de Salud Pública aprobó el programa de Reducción de la Mortalidad por Cáncer, cuyos propósitos iniciales se basaron en la incidencia, mortalidad y precocidad del diagnóstico.6

Se tomaron en consideración un conjunto de indicaciones para la elaboración de programas de control del cáncer propuestas por la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC)7 y la experiencia de otros ya implantados, fundamentalmente en Estados Unidos y Francia.

Nuestro programa cuenta con un elemento privilegiado, en relación con los de otros países;y es justamente la posibilidad de planificar, implementar y controlar acciones de salud en el nivel de atención primaria a través del médico de la familia.8

Este médico recién graduado ya ubicado en su comunidad, es un componente central de este programa, como expresamos al inicio; es responsabilidad de nuestras facultades médicas identificar las necesidades de aprendizaje y promover reformas en los programas que respondan a la problemática actual. Es el momento de revisar los nuestros y concentrar los esfuerzos en darle a los egresados de nuestras facultades médicas una formación científica, profesional y social que le permita incidir sobre estos elementos en el campo de la oncología.

Este programa será realmente eficaz y tendrá un impacto significativo en el problema cáncer a mediano y largo plazo, si capacitamos adecuadamente los recursos humanos necesarios para llevarlo a efecto. De lo antes expuesto, llegamos a una conclusión fundamental: es necesario ensanchar las fronteras de la formación médica básica, y para ello debemos instrumentar la enseñanza de la oncología en la educación de pregrado.

Prof. Dra. Isabel Martínez Peñalver.

REFERENCIAS BIBIOGRAFICAS

  1. Martínez I. Formación de recursos humanos en Oncología. Rev Cubana Oncol 1992;8(2):76-7.
  2. Comité Estatal de Estadísticas. Compendio de cifras de mortalidad general, infantil y perinatal. Período 1960-1980. República de Cuba, 1983.
  3. Pascual MA, Lage A. Las investigaciones sobre el cáncer en Cuba. Panorama del quinquenio 1986-1990. Rev Cubana Oncol 1991;7(2):113-23.
  4. Lence J, Fernández L, Lezcano M et al. El riesgo de enfermar y morir por cáncer en las diferentes provincias de Cuba. Rev Cubana Oncol 1991;7(1):42-56.
  5. Rodríguez Salvá A, Martín A, Graupera M et al. Cáncer en Cuba 1986-1990. Registro Nacional de Cáncer. Cuba, 1995.
  6. MINSAP. Programa Nacional de reducción de la mortalidad por cáncer. La Habana, 1988.
  7. Clark RL et al. Guidelipes for implementing a National Cancer Program. UICC, Genova, 1985.
  8. Lage A. El Programa Nacional de reducción de la mortalidad por Cáncer. Reflexiones sobre el balance de 1988. Rev Cubana Oncol 1989;5(3):274-94.
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