Indice Anterior Siguiente
Rev Cubana Oncol 1999;15(1):67-9

Formato PDF Formato PDF

Notas breves

Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología
 

Clasificaciones histopatológicas de LOS linfomas.

Dra. María del C. Barroso Álvarez1
 

Las controversias que existen en cuanto a las clasificaciones de los linfomas, y en especial de los no hodgkinianos no son nuevas.

Los linfomas se conocen desde hace más de un siglo. A medida que fueron descritos por sus descubridores, se les fue dando un nombre que se basaba sobre todo, en el aspecto de las células, observadas con los primeros microscopios del mundo y con las técnicas de tinción de la época. Los primeros términos empleados fueron para distinguir entre la enfermedad de Hodgkin (que había descrito la entidad desde el punto de vista macroscópico) y el linfosarcoma,que después se dividió en linfocítico y linfoblástico. Después apareció el término reticulosarcoma y por último, el de linfoma folicular gigante o enfermedad de Brill Simmer. Hasta 1966 los linfomas se incluian en alguno de estos 4 tipos.

La clasificación de Rappaport fue la primera en aparecer en 1966 que se basó en el aspecto morfológico, e incluyó el patrón de crecimiento (nodular o difuso) y el aspecto de la célula con relación a su contrapartida celular normal de los órganos linfoides. Esta clasificación fue atractiva por su simplicidad y probó su utilidad clínica, aunque algunos términos no eran enteramente precisos desde el punto de vista científico. A partir de esta fecha los linfomas se clasificaron en 2 grandes grupos: los Linfomas de Hodgkin (LH) y los Linfomas no Hodgkianos (LNH). Aunque la clasificación de los LH también ha sufrido modificaciones, desde hace años está vigente la actual de Rye que es una simplificación de la de Lukes y Butler de 1966. Estos linfomas están caracterizados, desde el punto de vista histológico, por la aparición de las células de Reed-Sternberg (CRS) y sus variantes, con linfocitos pequeños reactivos y otras células inflamatorias. Las CRS son escasas, comparadas con las células reactivas, y aún se desconoce su extirpe celular, aunque en el subtipo predominio linfocitario, hay evidencias de su origen en células B. A pesar de todas las controversias que existen alrededor de su origen, los LH se consideran como una sola entidad, con 4 subtipos histológicos, caracterizados por la habilidad de las células neoplásicas de producir una considerable respuesta inflamatoria, pero también para escapar a su destrucción.1-4

En cambio, para los LNH es todo lo contrario. Se consideran como un grupo heterogéneo de enfermedades del sistema linforreticular, con un comportamiento biológico diferente de cada uno de ellos.

La intención de identificar la contraparte de las células normales de las entidades malignas se ve en la clasificación de Lennert de la Universidad de Kiel de 1978, que es la más empleada en toda Europa. Está sustentada en la composición celular más bien que en el patrón de crecimiento del linfoma, y emplea métodos citológicos e inmunológicos para la clasificación de entidades individuales. También tiene implicaciones pronósticas y se distingue entre linfomas de bajo y alto grado, basadas en el aspecto histológico del tumor. Las lesiones de bajo grado se designan como cíticas o citoides mientras que las de alto grado son blásticas.

La clasificación de la Formulación de trabajo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), conocida como working formulation (WF) de 1982, fue el resultado de un estudio internacional, multiinstitucional, auspiciado por el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) de los EE.UU. que intentó evaluar la relativa utilidad de varios esquemas de clasificaciones, que estaban siendo utilizadas por diferentes investigadores y grupos de trabajo. Aunque se intentó que fuera una traducción entre los varios sistemas existentes, se convirtió en una clasificación ampliamente aceptada en norteamérica, tanto por los clínicos como por los patólogos. Está basada en los aspectos morfológicos y no toma en cuenta los aspectos inmunofenotípicos. Esta clasificación también agrupa los linfomas en bajo, intermedio y alto grado de malignidad, basados en la correlación clínica de los casos incluidos en el estudio. Las principales críticas de esta clasificación fueron el hecho de que no se habían incorporado los datos moleculares y de inmunofenotipo, y que ésto podía considerarse un paso atrás en la comprensión de la linfomagénesis, que había sido sacrificada en aras de una clasificación simplificada.

Más recientemente en 1994, el grupo de estudios de los linfomas, abordó aspectos relacionados con nuevas entidades reconocidas como linfomas y publicaron un consenso sobre estas entidades. Este consenso, la clasificación Revised Euro-American Classification (REAL), ha sido introducido en la comunidad médica en varias publicaciones. Este sistema difiere de otras previas en que no clasifica, sino que incluye todas las entidades. Las neoplasias no están agrupadas en categorías de comportamiento clínico similar, sino que las enumera de acuerdo con datos morfológicos inmunofenotipos y moleculares, e identifica la contraparte celular normal. Esto indica que los estudios previos, como los del inmunofenotípicos, y los citogenéticos y genético-moleculares, desempeñan un importante papel en el diagnóstico y clasificación de los linfomas malignos.

Conocer el tipo específico de LNH es muy importante, y de ésto depende la conducta en cada paciente, aunque para esta decisión también se debe tener en cuenta el estadio de la enfermedad y las condiciones clínicas. Además, se requiere que se entregue al patólogo suficiente tejido para que pueda ser procesado correctamente, no sólo para técnicas normales de microscopia y tinciones habituales, sino también para el análisis de inmunofenotipo, citogenético y molecular, que incluyen la expresión de antígenos y clonalidad que se realizan por cotillearía de flujo con tejido fresco.

Cuando se sospecha un linfoma, debe planificarse con meticulosidad quién, de dónde y cómo se va a tomar la muestra del tejido, cómo se va a enviar al departamento de patología y quién va a recibir esta muestra, que también debe estar previamente informado, para crear las condiciones necesarias y lograr, de esta forma, un diagnóstico preciso, que permita un tratamiento correcto y, si no la curación del pacientes, al menos poder seleccionar el esquema de tratamiento adecuado que brinde mayores posibilidades de remisiones completas y estables.
 

Referencias Bibliográficas

  1. Harris NL, Jaffe ES, Stein H: A revised European-American classification of lymphoid neoplasms: A ptoposal from the International Lymphoma Study Group. Blood 84:1361-1392,1994.
  2. The Non0Hodgkin’s Lymphoma Pathologic classification project National Cancer Institute sponsored study of classification of non-Hodgkin’s lymphomas. Cancer 49:2112-21,1984.
  3. Lennert K, Mohri N: Histopathology and diagnosis of non-Hodgkin’s lymphomas, in Lennert K (ed): Malignant Lymphomas other than Hodgkin’s disease. Berlin, Springer, 1978,pp281-345.
  4. Koeppen H and Vardiman JW: New entities, issues and controversies in the classification of malignant lymphomas. Semin Oncol 25:421-434,1998.
  5.  

Recibido: 16 de octubre de 1998. Aprobado: 20 de octubre de 1998.
Dra. María del C. Barroso Álvarez. Instituto de Oncología y Radiología. Calle 29 esq. E, El Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba.

1 Especialista de I Grado en Oncología. Profesora Agregada.
 

Indice Anterior Siguiente