Hospital Pediátrico Universitario William Soler. Cardiocentro
Dra. Raquel Maciques Rodríguez,1 Dra. Berta L. Castro Pacheco,1 Dr. Omar Machado Sigler1 y Dra. Dania Manresa Gómez1
Se informa que la neumonía asociada a ventilación mecánica es un tipo particular de infección nosocomial frecuente en los pacientes críticos y se asocia con altas tasas de morbilidad y mortalidad. Su origen es polimicrobiano y depende de múltiples factores de riesgo como: edad, días de ventilación, poca movilización, alcalinización gástrica, trauma, coma y uso de medicamentos como: sedantes y bloqueadores, entre otros. Las estrategias fundamentales para la prevención de esta entidad, tienen como objetivo reducir el impacto de los factores de riesgo ya sean intrínsecos o extrínsecos. Su pronóstico depende del momento de aparición de los síntomas, por lo que se clasifica de inicio temprano, aquella que aparece antes de los 4 días de ventilación, producida por los gérmenes de la orofaringe, se asocia a baja mortalidad y generalmente es de buen pronóstico y la de inicio tardío que aparece después de los 5 días de apoyo ventilatorio, producida por cepas multirresistentes y de muy mal pronóstico. El diagnóstico es difícil por los múltiples criterios propuestos a través de los diferentes estudios realizados. Los emitidos por la Sociedad Americana del Tórax en 1999 son más específicos, pues reúnen las condiciones clínicas, microbiológicas y no microbiológicas, las cuales no son invasivas, resultan fáciles y rápidas de recoger y pueden aplicarse a cualquier grupo de edad, independientemente de la causa que provocó la enfermedad. El análisis microscópico directo y el conocimiento del mapa epidemiológico de cada servicio, permiten el inicio de un tratamiento empírico más efectivo. Aunque la tendencia actual en el tratamiento es la monoterapia, no existe un antibiótico ideal que cubra la totalidad del espectro de los microorganismos responsables de esta entidad.
DeCS: NEUMONIA; INFECCION HOSPITALARIA; RESPIRACION ARTIFICIAL.
La neumonía nosocomial asociada a la ventilación mecánica
(NAV) es un tipo particular de neumonía nosocomial (NN). Es la principal
infección en los pacientes intubados y se asocia a altas tasas de mortalidad
y morbilidad, a pesar de la introducción de agentes antimicrobianos de
amplio espectro, del desarrollo de modalidades de apoyo complejas y del uso
de medidas preventivas.
Su etiología es polimicrobiana, debido a múltiples factores que
predisponen a la aparición de la entidad, el diagnóstico clínico
es una tarea compleja para el intensivista y difícil de documentar, por
lo que existen múltiples criterios que definen la presencia de esta entidad,
lo que ha permitido clasificar la neumonía de acuerdo con el grado de
severidad al tener en cuenta: días de ventilado, edad y factores de riesgo
asociados.
A pesar de los diferentes trabajos realizados, la NAV continúa siendo
temible para el especialista en Cuidados Intensivos y un reto para realizar
el diagnóstico lo más precoz posible, iniciar terapéutica
efectiva y evitar las múltiples complicaciones que de ella se derivan.
Establecer un diagnóstico rápido y el inicio del tratamiento
efectivo ayuda a mejorar la supervivencia y disminuye el riesgo de mortalidad.
Motivados por la necesidad de aumentar el conocimiento acerca de esta complicación, es que decidimos realizar esta revisión bibliográfica.
El mecanismo principal en la patogenia de la NAV lo constituyen las microas-piraciones
repetidas de microorganismos que colonizan las vías aéreas superiores
a través del espacio virtual comprendido entre el balón de neumotaponamiento
del tubo endotraqueal y la pared de la tráquea. La procedencia de estos
microorganismos ha sido fuente de gran controversia.1
Se han realizado múltiples estudios, en los cuales se sugiere que la
presencia en cultivos de Enterobacterias proviene principalmente de la flora
endógena del paciente, mientras que los bacilos gramnegativos no fermentadores
proceden de fuentes ambientales principalmente las manos del personal sanitario
o de nebulizadores contaminados.1,2
Las vías más importantes para la contaminación del tracto
respiratorio bajo, en los pacientes críticos, son la aspiración
de las bacterias que colonizan la orofaringe y con menor frecuencia el estómago.3,4
En el paciente ventilado aumenta la colonización por la fuga de secreciones
alrededor del manguito endotraqueal o por inoculación directa. El trauma
local, la inflamación traqueal y la presencia del tubo endotraqueal impiden
el aclaramiento de microorganismos y secreciones del tracto respiratorio inferior.4
La respuesta de las defensas pulmonares del huésped a la invasión
de los microorganismos, juega su papel en la patogénesis y resultado
de la infección. El aclaramiento mucociliar y mecánico en la vía
aérea superior, así como la habilidad de los macrófagos
y de los leucocitos pulimorfonucleares en eliminar las bacterias patógenas,
constituyen los factores más importantes en el mecanismo de defensa frente
a la infección.3,4
La alcalinización gástrica produce sobrecrecimiento bacteriano
en el tracto gastrointestinal superior, que a su vez da lugar a la colonización
de la vía aérea por aspiración de jugo gástrico.
Por otra parte ciertos factores bacterianos (Pili) y especialmente el fallo
de los mecanismos de defensa del huésped (en especial la fibronectina),
tienen un papel importante en el proceso de colonización, pues favorece
la adherencia de cocos grampositivos y previene la de las bacterias gramnegativas.5
Existen otros factores de riesgo como son la edad, enfermedad de base, poca
movilización, aguas contaminadas, uso de medicamentos como: sedantes,
bloqueadores neuromusculares, que desempeñan un papel importante en la
aparición de la entidad, por lo que la profilaxis específica de
estos ayuda a disminuir su incidencia.3,5
Las estrategias fundamentales para la prevención de esta entidad, tienen
como objetivo reducir el impacto de los factores de riesgo ya sean intrínsecos
o extrínsecos.4,5 En nuestro medio los
fundamentales son la edad, presencia de enfermedad crónica de base, las
inmunodeficiencias, trauma de cráneo, politrauma, cirugía abdominal
o torácica, uso de sedantes y bloqueadores neuromusculares, uso de antiácidos
y bloqueadores H2 como profilaxis de la úlcera
de estrés, entre otros. El tubo endotraqueal favorece la entrada de bacterias
en la tráquea, disminuye el aclaramiento de bacterias y secreciones de
la vía aérea inferior, y aumenta significativamente el riesgo
de adquirir neumonía.
El uso de nutrición enteral contra nutrición parenteral, parece
reducir el riesgo de NAV, pues ayuda a mantener el epitelio gastrointestinal
y prevenir la traslocación bacteriana, pero no está exenta de
riesgo porque puede contaminarse durante su preparación, producir distensión
gástrica, colonización y aumentar el riesgo de aspiraciones.5,7
Las medidas preventivas para disminuir la presencia de los factores de riesgo,
constituyen un eslabón fundamental para el intensivista, en la disminución
de su incidencia y letalidad.
En la literatura médica se encuentran grandes diferencias en cuanto
a los agentes causales de NAV, y en estudios clínicos en los que se ha
utilizado el lavado broncoalveolar se ha comprobado que el 25 % es polimicrobiana,6
y son las bacterias los patógenos que comúnmente la producen.
Los gérmenes responsables de este tipo de neumonía pueden proceder
de diferentes fuentes: la flora endógena del paciente, de otros pacientes,
del personal, de equipos contaminados o del entorno.3,4,7
Este amplio margen se debe a la diversidad de pacientes ingresados y
a los diferentes criterios diagnósticos utilizados.
Para hablar de los factores pronósticos podemos agrupar a la NAV en 2 grandes grupos:
Existen patógenos oportunistas no bacterianos como el Neumocistys
carinii y los virus (Citomegalovirus y herpes virus), que no deben considerarse
como verdaderos causantes de NAV, en pacientes sin severa inmunosupresión.
La Candida es causa infrecuente excepto en pacientes severamente neutropénicos,
aunque el tratamiento con antibiótico previo favorece su aparición.
El Aspergillus produce neumonía de evolución fatal en pacientes
neutropénicos o con tratamiento de esteroides.3,5,7
A través de los años se han propuesto múltiples criterios
para el diagnóstico de la NAV. En 1987 Johanson y otros8
plantean que la fiebre, leucocitosis, secreciones traqueobronquiales purulentas
y la presencia de nuevos infiltrados pulmonares en la radiografía de
tórax pudieran resultar útiles en la orientación del diagnóstico
de la entidad. Posteriormente se demostró que estos criterios no eran
ni muy específicos ni muy sensibles, pues no se identifica el origen
infeccioso, y es difícil hacer una definición para una estrategia
óptima en pacientes con solo la sospecha clínica de la infección.1,5
Debido a esto, en 1992 durante el Consenso de Menphis,9
se llegó al acuerdo sobre el diagnóstico de esta entidad, y se
dieron a conocer los criterios de seguridad y probabilidad de NAV, los cuales
también resultaron difíciles de aplicar al tratarse de una entidad
que necesita diagnóstico rápido e inicio de tratamiento precoz,
para evitar el desarrollo de las complicaciones que esta entidad provoca.
En 1999, la Sociedad americana del Tórax,10,11 emitió los nuevos criterios para el diagnóstico de la NAV, los cuales consisten en:
a) Clínicos:
b) Pruebas diagnósticas suplementarias:
Esta última clasificación es la más completa pues agrupa
los criterios clínicos y microbiológicos, y permite de esta forma
identificar el germen causal e iniciar una terapéutica lo más
rápida y certera posible. Además puede ser aplicada en nuestro
medio.
También se utilizan para el diagnóstico de NAV, técnicas
invasivas como cepillado protegido (CP), lavado broncoalveolar (LBA), lavado
broncoalveolar protegido y técnicas no broncoscópicas a través
del catéter de Metras, lavado broncoalveolar a ciegas con catéter
de Swan-Ganz, mini LBA protegido y catéter telescopado sin cepillo, las
cuales están dirigidas al diagnóstico microbiológico.12,13
A pesar de los numerosos estudios en este campo, la utilidad de estas técnicas
persiste incierta, ya que son de una baja sensibilidad y existen numerosos aspectos
que impiden establecer una distinción fiable entre la presencia o ausencia
de neumonía.
Para comprender la estrategia de diagnóstico más adecuada para
la NAV, hay que tener en cuenta que muchas entidades imitan este proceso en
pacientes gravemente enfermos. Existen criterios clínicos que hacen sospechar
la existencia de la NAV, como: aparición de secreciones traqueobronquiales
purulentas, presencia de infiltrados pulmonares nuevos o cambiantes en la radiografía
de tórax, y signos de inflamación sistémica: fiebre y leucocitosis,
quedan confusas, pues no puede identificarse de forma precisa la causa infecciosa.
De hecho la colonización de la vía aérea por organismos
patógenos se produce en la mayoría de los pacientes sometidos
a VM prolongada, por lo que las secreciones purulentas no es un indicador fiable
de NAV.14
Existen otras entidades ya sean infecciosas o no, que se presentan con un cuadro
similar, porque se manifiestan con síntomas de inflamación sistémicas
e infiltrados radiográficos, entre las que se encuentran: traqueobronquitis,
neumonía eosinofílica aguda, infartos, hemorragias o trombosis
pulmonar, broncoaspiración, distress respiratorio agudo o fibroproliferativo,
atelectasia, aspiración, edema pulmonar atípico, derrame pleural
y cáncer. Algunas de estas alteraciones son benignas y mejoran en menos
de 48 horas y sin secuelas, aunque no se traten específicamente. Desafortunadamente
muchos de los otros diagnósticos no son evidentes hasta que el paciente
ya ha recibido varios días de tratamiento antibiótico empírico.
Un conocimiento del diagnóstico diferencial y un análisis detenido
de los datos disponibles favorecen al diagnóstico positivo y mejoran
la morbilidad y mortalidad.14,15
Además, debemos tener en cuenta que existen otros aspectos que impiden definir la presencia o ausencia de neumonía tales como:
2. Características inherentes a la NAV:
3. Características inherentes a la técnica broncoscópica:
La mayoría de las veces los pacientes están recibiendo tratamiento
antibiótico cuando se sospecha la NAV, lo que puede influir en el cultivo
cuantitativo de las muestras broncoscópicas y de pulmón.
Por su importancia y frecuencia, merece la pena abordar sobre el síndrome
de distress respiratorio agudo (SDRA) y la neumonía nosocomial.
Ambas entidades comparten propiedades etiológicas, fisiopatológicas
y diagnósticas similares. Se han publicado múltiples trabajos,15-17
acerca de la NN como complicación del SDRA, pues estos pacientes
requieren de ventilación mecánica prolongada, la que por sí
misma aumenta el riesgo de aparición de la neumonía.
El diagnóstico de NN en pacientes con distress continúa
siendo un reto. La fiebre, leucocitosis o leucopenia pueden estar presentes
incluso en ausencia de neumonía. Las secreciones purulentas tienen poco
valor, ya que pueden existir falsos positivos y falsos negativos. Los primeros
se explican fácilmente porque todos los pacientes con VM prolongada desarrollan
bronquitis purulenta y los falsos negativos pueden deberse a focos de neumonía
periférica sin paso de secreciones a las vías aéreas centrales.
Además, el grado de purulencia, la presencia e incluso el volumen de
secreciones traqueales son parámetros subjetivos difíciles de
sistematizar.15
La radiografía de tórax no siempre puede revelar nuevos infiltrados
en pacientes en los cuales por su condición de base, ya viene definido
por infiltrados bilaterales. Aún permanece sin aclarar el exceso de mortalidad
causado por la neumonía en pacientes con SDRA. es posible que esto se
deba a la mortalidad precoz de los pacientes con el síndrome.18
Por otra parte permanece incierta si la alta incidencia de NN en pacientes con
SDRA es debida a una mayor susceptibilidad para la infección pulmonar
o simplemente al efecto de la VM prolongada.15
A pesar de los avances en el tratamiento antimicrobiano, el manejo de los pacientes
con NAV es aún una tarea difícil y compleja. La rápida
identificación del paciente infectado y una selección adecuada
del fármaco para iniciar el tratamiento en esta entidad, son objetivos
clínicos importantes, debido a que la selección del manejo adecuado
produce un mayor impacto en la mortalidad y morbilidad.17
Antes de analizar en detalle el tratamiento antibiótico de los pacientes con NN, deben comentarse 4 puntos primordiales:
Se deben considerar algunos factores importantes que pueden ayudar en la mejor selección del tratamiento antibiótico inicial óptimo,17-21 los cuales son:
La duración del tratamiento antibiótico recomendada por muchos
autores,10,15,21,25 queda imprecisa y recomiendan
que la duración sea adaptada a la severidad de la enfermedad, al tiempo
de la respuesta clínica y al microorganismo responsable.
Existen 3 desventajas para una duración larga del tratamiento:
El riesgo de ciertos efectos adversos se incrementa con la duración
de la administración de los antibióticos, especialmente los aminoglucósidos.
Para los betalactámicos estos efectos están dados por reacciones
inmunoalérgicas de hipersensibilidad retar-dada, colitis pseudomembranosa
y trombo-patía, las fluoroquinolonas provocan principalmente complicaciones
neurológicas y tendinosas.15,21
Un tratamiento largo de un mínimo de 14 a 21 días, es preferible
para situaciones como: afectación multilobular, malnutrición,
cavitación, neumonía necrotizante por gramnegativos, cuando se
aisló Pseu-domona o Acinetobacter, la cual se justifica con el riesgo
teórico elevado de recaída. Un tratamiento corto que dura entre
7 y 10 días, se recomienda para neumonías producidas por St.
aureus o H. influenzae.15
Una pauta de duración insuficiente puede ser fuente de fallo terapéutico
o recaída, definidos como la aparición de los signos de neumonía
y el aislamiento del mismo patógeno que ha adquirido o falta de resistencia.
Es posible que este fallo o recaída sea aún mayor cuando la concentración
de bacterias en el lugar de la infección sea muy elevada. Disminuir la
cantidad de antibióticos administrados a los pacientes hospitalizados
en UCI es, en efecto, un objetivo primario de todas las estrategias orientadas
a la reducción de la aparición y disminución de tales bacterias.26,27
En conclusión podemos decir:
It is reported that pneumonia associated with mechanical ventilation is a particular type of nosocomial infection that is frequently found among critical patients and it is related to high morbidity and mortality rates. Its origin is polymicrobial and depends on multiple risk factors, such as: age, days of ventilation, little mobilization, gastric alcanilization, trauma, coma and use of drugs as sedatives and blockading agents, among others. The fundamental strategies to prevent this disease are aimed at reducing the impact of the intrinsic or extrinsic risk factors. Its prognosis depends on the moment of appearance of the symptoms, so it may be classified as of early onset when it appears before the 4 days of ventilation. It is produced by germs from the oropharynx and is associated with low mortality and its prognosis is generally good. The late onset pneumonia arises after 5 days of ventilatory support. It is caused by multiresistant strains and its prognosis is very poor. The diagnosis is difficult due to the multiple criteria proposed in different studies. Those made by the American Thorax Association, in 1999, are more specific, since they have the clinical, microbiological and non-microbiological conditions, which are non-invasive, they may be established easily and fast and can be applied to any age group, independently of the cause of the disease. The direct microscopic analysis and the knowledge of the epidemiological map of each service, allow to use a more effective empiric treatment. Although monotherapy is the present trend, there is not an ideal antibiotic covering the whole spectrum of microorganisms responsible for this entity.
Subject headings: PNEUMONIA; CROSS INFECTION; RESPIRATION, ARTIFICIAL.
Recibido: 21 de enero de 2002. Aprobado: 13 de marzo de 2002.
Dra. Raquel Maciques Rodríguez. Hospital Pediátrico Universitario
William Soler, calle 100 y Perla, Boyeros, Ciudad de La Habana,
Cuba.
1 Hospital Pediátrico Universitario William Soler.