La frecuencia real de la enfermedad es difícil de asegurar, dados los diferentes criterios de diagnóstico existentes. De acuerdo con la detección de la hiperglicemia en ayunas, su frecuencia se estima entre el 1 y el 2 %.2 Con la utilización de la prueba de la tolerancia a la glucosa, se ha calculado una prevalencia de la diabetes en los Estados Unidos del 6,6 %, y se estima que el 11,2 % de las personas presenta una tolerancia alterada a la glucosa. Dentro de la población de diabéticos, se calcula que los insulinodependientes constituyen la cuarta parte de todos los enfermos, mientras que las tres cuartas partes son diabéticos no insulinodependientes. Esta proporción varía con la edad y es mayor entre los jóvenes y mucho menor en la población adulta.
La población diabética no es homogénea y se distinguen varios síndromes que delimitan la enfermedad. Los criterios de clasificación son por tanto diferentes. Ello implica que se presenten en ocasiones diferencias en los datos de prevalencia en distintas regiones y países; aunque esto ha variado a partir de las definiciones de la OMS y sus dependencias regionales, los grupos de expertos en esta enfermedad. Según la OPS, se considera que en las Américas viven unos 30 millones de personas con diabetes.1
En Cuba, la prevalencia de la enfermedad, según datos de dispensarización, alcanzó cifras de 1,9 % en 1996,3 con mayores índices en los mayores de 60 años. Del total de diabéticos, el 88 % son no insulinodependientes, y de ellos casi las dos terceras partes comenzaron a padecer de diabetes después de los 60 años (64 %). Según algunos estudios, los principales problemas de salud asociados en estos enfermos son la hipertensión arterial (HTA) (57 %) y la cardiopatía isquémica (30,6 %). Según análisis del Instituto de Nefrología, aproximadamente el 25 % de los pacientes con insuficiencia renal son diabéticos. De acuerdo con investigaciones efectuadas por el Instituto Nacional de Endocrinología, alrededor del 26 % de los diabéticos presenta retinopatía, y el 4 % es proliferativa, de los cuales entre el 2 y el 3 % llegan a la ceguera.4
Por otro lado, se reporta que entre el 1 y el 2 % de estos enfermos son sometidos a amputaciones, fundamentalmente de los miembros inferiores; y de, forma general, la mitad de las amputaciones de tipo vascular se efectúan a los diabéticos.
La mortalidad por diabetes en nuestro país muestra una tendencia ascendente desde hace varios años, con una tasa de 23,4 x 100 000 habitantes en 1996. Las principales causas de muerte asociadas a la DM en nuestro país varían según el tipo de diabetes. En los insulinodependientes, la principal causa de defunción es la insuficiencia renal, que se presenta en casi la mitad de los fallecidos (48,6 %), mientras que aproximadamente el 10 % muere por cetoacidosis diabética. En los pacientes con DMNID, el 46 % de las muertes son de causa cardiovascular, principalmente por cardiopatía isquémica.
La diabetes es en sí misma una causa principal de morbilidad, discapacidad y muerte, y a la vez un factor de riesgo de otras enfermedades, que al igual que ella misma tienen repercusiones importantes sobre la calidad de la vida de las personas que la padecen, así como para su familia; ello la hace potencialmente más nociva para la salud individual y familiar. Además, representa un problema para el sistema sanitario y la sociedad en general, que debe sufragar los gastos de atención sanitaria y el costo de sus consecuencias.
Ante esta situación, en nuestro país se ha establecido un grupo de acciones para el control de las enfermedades no trasnmisibles, entre ellas la DM, a partir del perfeccionamiento del Programa de Control de esta enfermedad y acorde con la estrategia internacional de la atención y el manejo de la entidad.5 Según estos líneamientos, las áreas fundamentales de acción son:
El éxito de esta labor radica en la integración de todos los factores y en el despliegue de un continuo accionar, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de estos enfermos.
Referencias bibliográficas