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Resúmenes
1
Albertsen PC. Las molestias urológicas: Cómo trabajar
y aliviar los síntomas en los hombres. (Urologic nuisances: How
to work up and relieve men´s symptoms). Geriatrics 1997; 52(2): 46-54.
Entre los trastornos urológicos en los hombres de mediana edad se
incluyen la obstrucción e hiperactividad del cuello vesical, así
como la abundante secreción de orina. La obstrucción puede
tener su origen en la hipertrofia benigna de la próstata o en algún
otro problema distal para el cuello vesical, como puede ser la estrechez
uretral. La hiperactividad puede estar inducida por situaciones de tensión,
el consumo de cafeína, o bien puede sugerir una enfermedad neurológica
o neoplasia del cuello vesical. La abundancia de orina puede tener su explicación
en un excesivo consumo de líquidos en el padecimiento de diabetes
insipidus o mellitus, o en su movilización por el uso de diuréticos
o por enuresis nocturna. La disfunción sexual puede tener también
su causa en las situaciones de tensión, aunque es más frecuente
que se origine por un trastorno vascular periférico. El pesquisaje
para el cáncer de próstata es polémico, el beneficio
de la prueba PSA es más efectivo en pacientes de alto riesgo, según
su raza y sus antecedentes familiares.
2
Aronow, WS. Subutilización de la aspirina en pacientes de edad
avanzada con infartos de miocardio previos al momento de ingresar en un
hogar de ancianos. (Underutilization of aspirin in older patients with
prior myocardial infarction at the time of admission to a nursing home).
J Am Geriatr Soc 1998; 46: 615-616.
Objetivo: Investigar la prevalencia del uso de la aspirina en pacientes
de edad avanzada con infartos de miocardio previos al momento de ingresar
en un hogar de ancianos. Diseño: En un estudio perspectivo
se investigó la prevalencia del uso de la aspirina en 350 pacientes
de edad avanzada con infarto de miocardio de onda Q comprobado y ninguna
contraindicación para el uso de la aspirina. Estos pacientes tenían
60 años o más al momento de ingresar en un hogar de ancianos.
Lugar: Un gran centro de atención de salud a largo plazo. Pacientes:
Entre los pacientes habían 231 mujeres y 119 hombres, con una media
de edad de 81± 8 años
(rango de 60 a 100). Mediciones y resultados principales:
De los 350 pacientes con infarto de miocardio de onda Q comprobado y ninguna
contraindicación para el tratamiento con aspirina, 60 (17 %) consumían
aspirina al momento del ingreso en el hogar de ancianos. Conclusión:
Existe una notable subutilización de la aspirina en el tratamiento
de pacientes de edad avanzada con infarto de miocardio previo comprobado
al momento del ingreso en un hogar de ancianos.
3
Baker SD, Grochow LB. Farmacología de la quimioterapia del
cáncer en la tercera edad. (Pharmacology of cancer chemotherapy
in the older person). Clin Geriatr Med 1997; 13(1):169-84.
Se han incrementado las poblaciones de ancianos y el cáncer se ha
convertido en una enfermedad muy común en ellas. Con la aplicación
más amplia y efectiva de la quimioterapia, son los pacientes de
edad avanzada los que se someten al tratamiento con citotóxicos.
Aunque se han analizado los principios generales de la farmacología
del cáncer en los ancianos, aún es escasa la información
disponible respecto a la influencia de la edad en la farmacocinética
y la farmacodinámica de cada uno de los agentes anticancerosos.
Esta información cuantitativa puede permitir la administración
óptima de agentes antitumorales, en un intento de incrementar la
probabilidad del efecto terapéutico y de reducir al mínimo
la posibilidad de toxicidad. En este trabajo de revisión se discuten
los factores relacionados con la edad que pueden alterar la disposición
del medicamento a lograr un efecto (farmacocinético y farmacodinámico)
en los ancianos, los adultos disponibles que demuestran los efectos de
la edad en el comportamiento farmaconinético de medicamentos antitumorales
específicos y la influencia de la edad en la toxicidad de estos
agentes.
4
Bennahum DA, Forman WB, Vellas B, Albarede JL. Esperanza de vida,
comorbilidad y calidad de vida. (Life expectancy, comorbidity, and quality
of life). Clin Geritar Med 1997; 13(1): 33-54.
En los ancianos con cáncer, las decisiones médicas deben
establecer un balance entre la esperanza de vida limitada, el posible riesgo
de complicaciones en el tratamiento, y los efectos generales de la enfermedad
y su tratamiento sobre la calidad de vida. Se brinda un contexto de referencia
para las decisiones médicas, que consideran de modo particular la
calidad de vida en los ancianos con cáncer. Desde la pasada década,
se le ha otorgado mayor importancia a los aspectos relacionados con la
calidad de vida de los pacientes con cáncer. En una reciente revisión,
se encontraron 29 exámenes clínicos de medicamentos anticancerígenos,
en los que se tenía en cuenta la calidad de vida de los pacientes.
A la hora de tomar una decisión para diagnosticar o tratar el cáncer
en cualquier edad, la intervención no debe tener consecuencias peores
que las de la propia enfermedad. Bien vale la pena evitar el ya tradicional
comentario de que la cirugía fue un éxito, pero el paciente
falleció. Aunque la incidencia del cáncer aumentara de manera
inevitable, en la población anciana no existe aún suficiente
claridad en cuanto al modo de lograr un balance entre las acciones asistenciales
y la curación. En una población que normalmente padece de
uno ó más síntomas crónicos que incluyen la
artritis, las deficiencias en la función renal y los trastornos
cardiovasculares, resulta en ocasiones difícil distinguir la enfermedad
comórbida y la disfunción en una crisis con amenaza para
la vida. Más de la mitad de todos los casos de cáncer, se
detectan en las personas mayores de 65 años. En esta población,
la preservación funcional y el mantenimiento de la calidad de vida
están muy relacionados y en ocasiones representan el objetivo principal
del tratamiento. Para ayudar al médico en esta tarea compleja se
revisan textos que abarcan los temas de esperanza de vida, la comorbilidad,
y la calidad de vida en la educación del tratamiento.
5
Boult C. et al. Evaluación y tratamiento del paciente
externo geriátrico. (Outpatients Geriatric evaluation and Management).
J Am Geriatr Soc 1998;46:296-302.
Se describe el desarrollo y la operación de un modelo práctico
de evaluación y tratamiento geriátrico por consulta externa
(ETG) para adultos de la tercera edad de alto riesgo y residentes en la
comunidad, a partir de un estudio realizado con beneficiarios de Medicare
de 70 años o más con un estado médico estable
aunque con mucha probabilidad de un ingreso hospitalario futuro (Pra>
0,40) (n = 248). Se midieron las características demográficas,
clínicas y de uso hospitalario de los pacientes, la naturaleza y
cantidad de los servicios de ETG, así como la satisfacción
de los pacientes y de sus médicos de atención primaria. Al
inicio del estudio el paciente promedio tenía 78,7 años de
edad, tomaba 5,0 medicamentos por prescripción facultativa a largo
plazo y era incapaz de realizar 0,5 (de 6) actividades de la vida diaria
(AVD) y 1,4 (de 7) AVD instrumentales. Muchos pacientes (71,3 %) informaron
días de hospitalización durante el año anterior. Cada
uno de los 3 equipos interdisciplinarios (geriatra, practicante de cuidados
geriátricos, enfermera y trabajador social) realizaron evaluaciones
integrales y después brindaron atención primaria y control
de casos a un grupo de 45 a 52 pacientes. Como promedio, la ETG requirió
de 6 meses, durante los cuales los pacientes visitaron el consultorio de
ETG 7,4 veces, fueron atendidos 10,4 de sus problemas activos, hablaron
a los miembros del equipo de ETG por teléfono semanalmente y fueron
remitidos a otros 2 especialistas. La mayoría de los pacientes (94,4%)
completaron el programa de ETG, 66,7 completaron directivas avanzadas.
Fue alta la tasa de satisfacción entre los pacientes y sus médicos
de atención primaria. El costo del personal de ETG promedió
unos 1 540 USD por paciente tratado. Se concluye que este modelo de ETG
por consulta externa brindó cuidados intensivos durante 6 meses
a un costo razonable.
6
Brummel-Smith K.V. Componentes esenciales de la atención geriátrica
por organizaciones encargadas de promover la salud. (Essential components
of geriatric care provided through health maintenance organizations). J
Am Geriatr Soc 1998; 46: 303-8.
El rápido incremento de ancianos atendidos en las organizaciones
promotoras de la salud (OPS) conlleva un sin número de oportunidades
y desafíos. Las personas mayores que reciben los beneficios de las
OPS tienen necesidades diferentes a las de los individuos más jóvenes,
entre ellas, las que parten de las condiciones médicas a su disposición,
de la probabilidad de tener deficiencias funcionales, y de las diferencias
en su adaptación a la vida. Además, sus necesidades asociadas
con la salud en ocasiones se extienden más allá de la atención
médica y pueden incluir las relaciones con los familiares, con las
personas encargadas de la atención a su salud, y con las agencias
de la comunidad. En este artículo se describen los tipos de servicios
de que deben disponer los ancianos en las OPS para promover su salud y
su independencia, así como para prevenir enfermedades y para mejorar
su calidad de vida. Los hallazgos están basados en deliberaciones
llevadas a cabo durante el pasado año por el grupo de trabajo de
las OPS sobre la forma de atención a la salud, convenidas bajo el
auspicio de la Fundación Robert Wood Johnson.
7
Burl JB. et al. Los geriatras en la práctica de la atención
a largo plazo: demostración de la efectividad en la atención
controlada. (Geriatric nurse practitioners in long-term care: demonstration
of effectiveness in managed care). J Am Geriatr Soc 1998; 46: 506-510.
Objetivo: Este estudio se realizó para analizar el impacto
de la utilización de equipos formados por un geriatra y un médico
(PAG/M) sobre los costos y la utilización de los servicios para
una cohorte de beneficiarios de una Organización de Mantenimiento
de la Salud (Health Maintenance Organization, HMO) perteneciente
al programa de Medicare. Estas personas residían en centros
de atención a largo plazo. Los resultados serían utilizados
por la organización para fomentar el desarrollo del Programa de
PAG. Diseño: Análisis retrospectivo durante 1 año
de los datos sobre los ingresos y costos para 1 077 participantes en una
HMO residentes en 45 centros de atención a largo plazo. Lugar:
Centros de atención a largo plazo con licencia, privados y no lucrativos,
en un área de servicios de la HMO de la región central del
estado de Massachusetts. Los centros incluidos en el estudio contaban con
camas de atención calificada (certificadas por Medicare)
y camas con custodia no calificada. Mediciones: Se recopilaron datos
retrospectivos sobre los costos generales, ingresos financieros, traslados
a unidades de urgencia (UU), días de hospitalización y días
de atención subcrítica. Resultados: De los 1 077 residentes,
414 fueron atendidos por equipos de PAG/M en comparación con 663
atendidos no sólo por médicos. La atención crítica
y los costos de las UU fueron significativamente menores para los pacientes
atendidos por un equipo PAG/M. Hubo una ganancia de 72 USD por residente
por mes (PRPM) con los pacientes atendidos por el equipo PAG/M, en comparación
con una pérdida de 197 USD PRPM en el caso de los pacientes atendidos
sólo por médicos. No se observaron diferencias significativas
en las prescripciones o los servicios auxiliares. Conclusiones:
El uso de PAG en colaboración con médicos redujo los costos
de la atención crítica y de UU en una cohorte de participantes
de HMO atendidos a largo plazo. Esto propició que las HMO apoyaran
el concepto de que la atención a largo plazo de los residentes en
centros atendidos por las HMO debe ser tarea de equipos formados por PAG/M.
8
Claver Martín MD. Actualización en la evaluación
y tratamiento del delirium. Rev Esp Geriatr Gerontol 1998; 33(4):227-35.
El delirium es un cuadro frecuente en la práctica geriátrica
y psicogeriátrica, sobre todo en pacientes hospitalizados. De su
rápida identificación, del estudio de los factores causales
implicados y su corrección, así como del adecuado abordaje
terapéutico, depende en parte la evolución. Se describe como
un trastorno agudo y reversible aunque cada vez son más numerosos
los estudios en los que se asocia con una evolución tórpida
que con frecuencia conduce a una pérdida de autonomía. Además
se asocia con una elevada mortalidad a corto y mediano plazo. En este trabajo
se hace una revisión sobre el diagnóstico y tratamiento del
delirium, con especial énfasis en los aspectos terapéuticos
ambientales que, aunque conocidos con frecuencia, no son tenidos en cuenta.
Se revisan también las distintas posibilidades de tratamiento sintomático.
9
Cambbell SS y PJ. Murphy. Relaciones entre el sueño y la temperatura
corporal en sujetos de mediana y avanzada edad. (Relationships between
sleep and body temperature in middle-aged and older subjects. J Am Geriatr
Soc 1998; 46:458-462.
Objetivo: Aunque se considera que los cambios en el sistema del
ritmo circadiano son un factor fundamental en la declinación de
la calidad del sueño que con frecuencia acompaña al envejecimiento,
pocos informes han analizado en detalle esta relación. Por causa
de que algunos tratamientos del insomnio relacionado con la edad se basan
en supuestos cambios circadianos, es importante ampliar la limitada base
de datos que trata en particular esta cuestión. Este estudio examinó
los cambios en el sueño vinculados con la edad así como las
relaciones entre esos cambios en el sueño y las alteraricones en
el sistema del ritmo circadiano en un grupo de sujetos de mediana y avanzada
edad. Diseño: Se estudiaron 60 hombres y mujeres saludables
con edades entre 40 y 84 años. Un subgrupo de sujetos de avanzada
edad (< 65 años) había informado trastornos del sueño
durante al menos 1 año antes de su participación en el estudio.
Se obtuvo una polisomnografía y se registró la temperatura
basal corporal de forma continua durante 24 h. Todos los registros se tomaron
en el Laboratorio de Cronobiología, Departamento de Psiquiatría,
Colegio Médico de la Universidad Cornell. Resultados: No
se observaron diferencias en la calidad del sueño entre los sujetos
de mediana edad y los de avanzada edad sin trastornos del sueño.
Sin embargo, la sincronización de la temperatura corporal mínima
se produjo más temprano en los de edad avanzada sin trastornos del
sueño, en comparación con el grupo de mediana edad. En contraste,
las personas de avanzada edad con trastornos del sueño presentaron
tiempos más cortos de sueño total, una reducción en
su eficiencia, un mayor tiempo despierto después del comienzo del
sueño y una reducción en la proporción del sueño
de MRO, en comparación con los sujetos de avanzada edad sin trastornos
del sueño. Sin embargo, no se observaron diferencias entre los 2
grupos de edad avanzada en el ritmo de la temperatura corporal. Para todo
el grupo, la edad se correlacionó negativamente con el tiempo total
de sueño, su eficacia, el porcentaje de sueño de fase 2 y
con la sincronización de la temperatura mínima. Conclusión:
Los resultados apoyan la noción muy extendida de que con el envejecimiento
se producen cambios en el sueño y en el ritmo circadiano. Sin embargo,
la hipótesis de que los cambios en el sueño vinculados con
la edad pudieran estar asociados con el envejecimiento del sistema circadiano
fue sustentada sólo en un grado limitado, lo que indica que los
trastornos del sueño vinculados con la edad es probable que tengan
múltiples causas. Por ello, puede que sean más efectivas
las estrategias terapéuticas que incorporan una combinación
de intervenciones.
10
Chandler JM. Hadley EC. El ejercicio como vía para mejorar
el comportamiento fisiológico y funcional en la tercera edad. (Exercise
to improve physiologic and functional performance in old age). Clin Geriat
Med 1996; 12(4): 761-84.
El ejercicio es una acción clave para promover la salud y la aptitud
física. La escuela de Medicina Deportiva de los EE.UU. ha establecido
recomendaciones bien definidas referidas a la calidad y cantidad de los
ejercicios que se requieren para desarrollar y mantener la fuerza, la flexibilidad
y la aptitud cardiovascular en los adultos sanos. Las investigaciones que
apoyan estas ideas se basan en estudios realizados en adultos jóvenes
y de mediana edad, todos sanos. Y ¿qué ocurre con los ejercicios
para el anciano sedentario y ya sin buenas condiciones físicas?
Pueden prescribirse ejercicios a los adultos de edad avanzada que mantengan
o mejoren su salud y la aptitud física? Y ¿cómo recomendar
ejercicios a ancianos cuya salud y condiciones físicas ya se encuentran
comprometidas? ¿Puede el ejercicio ayudar a reducir la fragilidad?
Estas preguntas ganan cada día más importancia cuando se
deja ver el impacto económico y social de una sociedad que envejece
rápido y se buscan medios rentables con los que evitar la fragilidad
y prolongar la independencia del anciano. La fragilidad relacionada con
los trastornos de la fuerza, la resistencia, el equilibrio y la movilidad
que aumentan la propensión a las caídas, las lesiones y la
mayor dependencia de otros, prevalece con el paso de los años. Las
evidencias científicas actuales indican que una porción de
la pérdida asociada con el envejecimiento se debe al no uso de esa
reserva y a la falta de acondicionamiento físico, lo cual puede
revertirse con el ejercicio. Las respuestas ante el ejercicio han variado
en los pacientes de la tercera edad. Las diferencias en el tipo y la intensidad
del estímulo aplicado por el ejercicio, el estado de salud de los
ancianos que participaron y los resultados evaluados, pueden en parte ser
responsables de la inconsistencia de las conclusiones.
11
Connel BR. Función del medio ambiente en la prevención
de las caídas. (Role of the environment in falls prevention). Geriatr
Med 1996, 12(4): 859-80.
Se ha reconocido que los factores de riesgo ambientales existentes en el
lugar donde ocurre una caída contribuyen a que los ancianos se caigan.
En la misma medida en que las condiciones ambientales realizan una función
en las caídas, las modificaciones de estas condiciones ayudan a
su prevención. En general, la facilidad, el costo y la factibilidad
de la modificación de las condiciones ambientales inherentes a las
caídas, es posible que no sean inferiores a los de las acciones
que se dirigen hacia otros tipos de factores de riesgo (factores que afectan
la salud como los trastornos de la marcha y el equilibrio y las conductas
riesgosas como el deficiente discernimiento de las actividades). A diferencia
de las acciones dirigidas a tratar factores de salud y de conducta para
modificar los riesgos de caídas en un solo sujeto, las acciones
que abordan los factores de riesgo ambientales tienen la potencialidad
de beneficiar a todos los sujetos que usan un espacio en el cual se han
introducido mejoras en la seguridad. Además, al incorporar los cambios
ambientales a las estrategias multidimensionales para la prevención
de caídas, éstos pueden complementar y reforzar el impacto
de las acciones para abordar los factores de riesgo en otros terrenos.
Por ejemplo, el mejorar la calidad y la cantidad de la iluminación
en el hogar y reducir las fuentes de deslumbramiento deben complementar
los beneficios que aporten las medidas médicas y de rehabilitación
que modifican los déficit visuales asociados con los riesgos de
caídas.
12
Devanand DP. Tratamiento de los trastornos de conducta en la enfermedad
de Alzheimer. (Behavioral complications and their treatment in Alsheimer´s
disease). Geriatrics 1997; 52(2): 37-9.
La agitación, las manifestaciones psicóticas y la depresión
son complicaciones comunes en los pacientes con la enfermedad de Alzheimer.
La agitación tiende a ser frecuente y persistente, mientras que
las psicosis son menos comunes y moderadamente continuas. La depresión
con signos vegetativos no es común y a veces no persiste. Los datos
limitados disponibles, obtenidos de exámenes controlados sugieren
que los neurolépticos deben ser la primera opción para el
tratamiento de las psicopatías y de la agitación. Los anticonvulsivos
como el valproato y las benzodiazepinas pueden utilizarse para tratar la
agitación, si hay ausencia de psicosis. La trazodona y el zolpidem
son hipnóticos efectivos y la buspirona sirve para tratar la ansiedad.
Los inhibidores selectivos de consumo de serotonina deben ser la primera
opción para tratar la depresión. Las bajas dosis de medicación
psicotrópica se indican en particular para los neurolépticos
y las benzodiazepinas. Los síntomas específicos y los efectos
secundarios potenciales deben identificarse y controlarse durante el tratamiento.
Las interacciones entre medicamentos pueden ser un problema y el uso de
medicaciones psicotrópicas múltiples no se recomienda, dada
su toxicidad neurológica potencial. Para evitar los efectos secundarios
a largo plazo, y el tratamiento innecesario de síntomas que pueden
ser transitorios, debe valorarse periódicamente la posibilidad de
disminuir o descontinuar la medicación psicotrópica.
13
Egbert AM. Tratamiento del dolor posoperatorio en los ancianos débiles.
(Prospective pain management in the fail elderly). Clin Geriatr Med 1996;
12(3): 583-600.
Los ancianos categorizados como débiles padecen disminución
de su estado funcional y de enfermedades crónicas además
de la pérdida normal de la función orgánica por el
paso de los años. El tratamiento del dolor posoperatorio está
cargado de complicaciones potenciales. Cuando éste es inadecuado
resulta psicológicamente dañino sobre todo en los ancianos
débiles. El clínico se enfrenta con la delicada tarea de
equilibrar la estrategia terapéutica y las posibilidades de los
enfermos. Algunos progresos recientes en el tratamiento del dolor agudo
pueden aliviar potencialmente estos problemas, aunque aún no se
han aplicado lo suficiente a los ancianos débiles. Se informan las
dificultades en el tratamiento del dolor posoperatorio y se analizan estrategias
terapéuticas beneficiosas. Se hace énfasis en los nuevos
medicamentos y se plantean métodos en general disponibles para el
médico de atención primaria, aunque también se describen
las técnicas habituales instituidas sólo por los anestesistas.
14
Ferrer Cascales RI, Ribera Domene D, Reig Ferrer A. Diferencias psicosociales
y de salud en personas mayores según el modo de participación
en un estudio. Rev Esp Geriatr Gerontol 1998, 33(1): 5-12.
Se describen las características diferenciales de las personas mayores
que han participado en un estudio sobre condiciones de salud, psicológicas
y sociales, según el modo de participación: entrevista por
correo frente a aquéllas que han tenido que ser visitadas posteriormente
en sus domicilios para obtener su colaboración. Los instrumentos
utilizados han sido: un cuestionario de detección de necesidades
psicosociales y de salud (de elaboración propia), y el Perfil de
Salud de Nottingham ([PSN], instrumento de medida de la calidad de vida
relacionada con la salud). Han participado 170 personas (81 hombres y 89
mujeres) de las 488 censadas en dicha localidad en enero de 1993. Se comprobó
que las personas que participaron inicialmente por correo en el estudio
son más jóvenes que las que han tenido que ser visitadas
después en sus propios domicilios (t = -2,15, p = 0,0327), autoevalúan
su salud como más positiva (X2 = 7,03, p = 0,0296), padecen
un menor número de enfermedades (t = -2,66, p = 0,0088), tienen
una mejor percepción de su vida actual (X2 = 6,13, p
= 0,0296), y desean realizar un mayor número de actividades de ocio
(t = 2,48, p = 0,0161). En cuanto a las escalas del Perfil de Salud de
Nottingham (energía, dolor, reacciones emocionales, sueño,
aislamiento social y movilidad física), no han aparecido diferencias
estadísticamente significativas entre ambos grupos, aunque las personas
que han sido visitadas en sus domicilios presentan más problemas
en la mayoría de las escalas del PSN, sobre todo en la escala de
energía. Se concluye que presentan mejores condiciones psicosociales
y de salud las personas participantes en el estudio inicial al responder
el cuestionario enviado por correo, que aquéllas que después
fueron visitadas en sus propios domicilios para conseguir su participación.
Esto es de enorme interés, pues las personas mayores que no participan
al iniciarse los estudios o programas, que se pierden, suelen ser las más
necesitadas de ayuda y con más problemas en las diversas áreas
de la vida.
15
Fox SA, Roetzheim RG, Kington RS. Barreras para la prevención
del cáncer en las personas de la tercera edad. (Barriers to cancer
prevention in the older person). Clin Geriatr Med 1997; 13(1): 79-96.
La comparación de las frecuencias de utilización de los procedimientos
de pesquisaje del cáncer entre distintos grupos demográficos,
brinda información importante para concentrar la atención
en las barreras potenciales para su aplicación. La interpretación
de las diferencias en estas frecuencias es compleja, pues para muchos procedimientos
de pesquisaje del cáncer no hay un consenso claro sobre el uso adecuado
de los servicios. Por ejemplo, casi toda la comunidad médica está
de acuerdo en que la pesquisa del cáncer de pulmón con radiografías
de tórax no es un medio efectivo para mejorar la salud. Sin embargo,
en otros procedimientos tienen incluso una amplia aceptación, como
el de la mamografía para detectar el cáncer de mama. Hay
en ocasiones divergencias significativas en los detalles de las recomendaciones
del pesquisaje entre los conjuntos de recomendaciones promulgadas por varias
organizaciones. La falta de consenso es importante, pues influye en la
identificación de los grupos demográficos, con independencia
de que puede tener implicaciones clínicas desfavorables al no aceptarse
que el uso del procedimiento en el pesquisaje tiene un impacto positivo
para la salud. Sin embargo, la evidencia sugiere un cambio sustancial en
el uso de los servicios de pesquisa preventiva del cáncer ampliamente
aceptados entre los grupos demográficos.
16
Gambert SR. Abuso de la ingestión de alcohol: efectos médicos
del alcoholismo en la tercera edad. (Alcohol abuse: medical effects of
heaving drinking in late life). Geriatrics 1997; 52:30-7.
¿Achaques de la vejez o alcoholismo? Se conoce que por razones fisiológicas,
las personas de edad avanzada son mucho más vulnerables a sufrir
en su organismo las concecuencias derivadas del alcoholismo, ya sea agudo
o crónico. Junto con la vejez, sobreviene el aumento de la frecuencia
de los latidos cardíacos y la vasodilatación periférica,
los cuales son factores que pueden dar lugar a serios problemas circulatorios.
También en el período de la ancianidad es mayor el peligro
de contraer trastornos metabólicos. Las personas que durante esta
etapa de la vida consumen alcohol constantemente pueden sufrir inflamaciones
en el aparato digestivo (estomatitis, gastritis, pancreatitis). Como consecuencia
de un daño hepático por la acción del alcohol, puede
producirse una serie de trastornos hormonales y hemáticos, aparte
de la posibilidad de que se desarrolle cardiomiopatía con isuficiencia
cardíaca consecutiva. Si a todo ello se agrega una nutrición
deficiente, el anciano puede ser víctima de trastornos producidos
por la carencia de elementos tan importantes como el ácido fólico,
la vitamina B12, la vitamina D y la tiamina, además de
las sustancias minerales. Hoy está en discusión si la carencia
de tiamina puede causar el Síndrome de Korsakoff, erróneamente
interpretado como demencia senil.
17
Israel-Ancori S. Los trastornos del sueño en los ancianos:
mitos para la cama. (Sleep problems in older adults: putting myths to bed).
Geriatrics 1997; 52(1):20-30.
Se cree que las personas de edad avanzada requieren dormir menos. Sin embargo,
más que la propia necesidad del sueño, es la capacidad de
conciliarlo lo que disminuye con la edad. Los ancianos objetivamente, duermen
más durante el día, lo cual indica que no duermen lo suficiente
en las noches. Su sueño se interrumpe por los cambios que se produzca
en su frecuencia cardíaca, por problemas respiratoriois (apnea),
por los movimientos involuntarios de sus miembros durante el reposo, por
padecer alguna enfermedad psiquiátrica, por el efecto de algún
medicamento, o por malos hábitos al dormir. Los médicos pueden
concentrar su atención en cada una de estas causas para tratar que
los ancianos aprovechen las horas nocturnas para su descanso y hagan un
uso adecuado del horario diurno.
18
Lee SW, Wei JY. Interacciones moleculares del envejecimiento y el
cáncer. (Molecular interactions of aging and cancer). Clin Geriatr
Med 1997; 13(1):69-78.
La incidencia del cáncer se incrementa de forma progresiva con la
edad. La vejez es uno de los mayores factores de riesgo para el desarrollo
del cáncer. La mayor incidencia del cáncer relacionada con
la edad se ha interpretado desde hace mucho para sugerir que los múltiples
cambios genéticos condicionan la aparición del mal. Las células
cancerosas se diferencian de las normales en muchos aspectos como son la
pérdida de la capacidad de diferenciación, de la mayor propensión
a ser invadida y la menor sensibilidad a los medicamentos. Los diversos
tipos de cáncer en los seres humanos en general se originan a partir
de una serie de alteraciones múltiples en el conjunto de genes específicos
que normalmente regulan el crecimiento y la diferenciación celular.
Estas alteraciones pueden conllevar la activación de oncogenes,
la desactivación de genes supresores de tumores o también
la activación de genes de factor de crecimiento y sus receptores.
En la génesis natural de los tumores en los seres humanos, los oncogenes
se originan a partir de genes celulares endógenos conocidos con
el nombre de foto-oncogenes, cuyo surgimiento tiene lugar por causa de
una variedad de eventos submicroscópicos, que pueden dar motivo
a una activación funcional inadecuada. El gen v-src fue el primer
oncógeno identificado capaz de convertir una célula normal
en tumoral. En 1976, una forma no oncogénica del gen v-src llamada
foto-oncógeno fue descubierta en las células normales por
el grupo de Bishop y Varmus. El gen celular apareció como algo normal
involucrado en el control del crecimiento celular. Se convirtió
en un oncógeno después de la mutación y fue entonces
que provocó tumores. El alelo mutado de un oncógeno es funcionalmente
superior a un alelo de tipo natural cuando ambos coexisten en una misma
célula. Docenas de foto-oncógenes similares se han identificado
hace poco en animales y seres humanos. Casi todos ellos tienen códigos
para las proteínas, presentes en los caminos de señalización
que regulan el crecimiento celular.
19
McCarten JR. Reconocimiento clínico de la demencia: De quién
se sospecha, a quién se analiza (Recognizing dementia in the clinic:
whom to suspect, whom to test). Geriatrics 1997; 52(2): 17-21.
La demencia, en particular la enfermedad de Alzheimer, afecta a millones
de americanos, cuesta miles de millones de dólares a la sociedad
y provoca un incalculable número de víctimas. A pesar de
estas asombrosas estadísticas, no se le brinda aún la debida
atención a este trastorno desde el punto de vista clínico.
Si bien se emplean muchos argumentos para justificar esta deficiencia,
no es menos cierto que existen muchas razones importantes para diagnosticar
el síndrome. Cuando la demencia no se reconoce, el paciente corre
el riesgo de tener muchas complicaciones, dadas por errores en la medicación,
o en una atención deficiente, con independencia de que puede llevarlo
al desastre financiero; a sufrir accidentes en la vía, en el hogar
y en el trabajo, así como provocar conflictos en sus relaciones
humanas con familiares y amigos. Con ello se le niega la oportunidad de
aspirar a un futuro más sano y feliz y a comprender mejor la naturaleza
y la forma de enfrentar su enfermedad. El reconocimiento de la demencia
progresiva debe ser una prioridad para todos los que tienen que ver con
la atención a la salud de las personas de edad avanzada.
20
Monane M, Avorn J. Medicamentos y caídas. Causas, correlación
y prevención. (Medications and falls. Causation, correlation and
prevention). Clin Geriatr Med, 1996; 12(4):847-58.
Una buena comprensión de la medicación y de las caídas
precisa de una apreciación correcta de la interrelación de
ambos aspectos en personas de 65 años y más. Se muestra la
literatura médica actual sobre estos temas y se introducen los métodos
para abordarlos. Además, se debaten los retos en las investigaciones
con sugerencias para la realización de investigaciones futuras.
La importancia creciente del medicamento en la tercera edad es en parte
consecuencia de tendencias demográficas. Si bien 13 % de la población
norteamericana tiene más de 65 años, este grupo de la tercera
edad consume casi 30 % de todos los medicamentos. Los ancianos también
representan 25 % de todas las consultas médicas, así como
32 % de todas las recetas de medicamentos extendidas. Los gastos nacionales
del sector de la salud en el renglón de los medicamentos se han
incrementado rápido, de unos diez mil millones de dólares
en 1965 a veinte mil millones en 1980, hasta llegar a casi sensenta mil
millones en 1995. La incidencia anual de las caídas en la tercera
edad es casi de 220 por cada 1 000 lo que implica unos siete millones de
caídas anualmente. En 1948, Sheldom realizó un estudio de
referencia por entrevistas, basado en una muestra aleatoria de ancianos
residentes en Inglaterra. En una larga serie de puntos relacionados con
la salud estaba la cuestión: ¿es propenso a las caídas?
43 % de las mujeres y 21 % de los hombres respondieron afirmativamente.
Desde ese momento, varios estudios han abordado los índices de caídas
en la comunidad.
21
Moore I. Vivir con la enfermedad de Alzheimer: comprensión
de la perspectiva familiar y del paciente. (Living with Alzheimer´s:
Understanding the family´s and patient´s perspectives). Geriatrics
1997; 52(2):33-6.
Con el envejecimiento, toda persona se afecta al deteriorarse algún
elemento físico, financiero, cognoscitivo, o psicosocial que ha
tenido alguna importancia durante su vida. Los pacientes con la enfermedad
de Alzheimer y sus familiares, en ocasiones presentan una complicada variedad
de necesidades. La actual interpretación de la enfermedad de Alzheimer
y de los problemas a ella asociados debe considerar la sensibilidad emocional
de las personas que sufren sus efectos. Un enfoque con la perspectiva familiar
y la del propio enfermo, constituye un factor crucial para el éxito
de todo plan asistencial.
22
Maddox M, et al. Enfoques positivos para la atención
de la demencia en el hogar. (Positive approaches to dementia care in the
home). Geriatrics 1997; 52(2):54-8.
Quienes tienen a su cargo la atención de la salud, deben seleccionar
las intervenciones adecuadas para los dementes, pues con ello ayudan a
los familiares a comprender los cambios que sufren sus seres queridos y
a aprender cómo enfrentar los desafíos que conlleva su cuidado.
Este Programa de Atención a la Demencia prescribe estrategias apropiadas
para desarrollar otras habilidades funcionales en el paciente mientras
disminuye su capacidad de percepción. La asistencia al enfermo con
un enfoque interdisciplinario y la terapia ocupacional permiten una evaluación
más integral a la aplicación de estrategias orientadas a
obtener mejores resultados y prevenir o reducir los trastornos de conducta
comunes en los dementes. El uso de los niveles cognoscitivos establecidos
por Allen brinda una estructura que permite planes de atención más
precisos e intervenciones más exitosas para los profesionales y
familiares que asisten a las personas con trastornos demenciales.
23
Monforte Porto JA, Fernández Rojo C, Diez Boizas J, Toranzo
Martín I, Alfonso Jiménez MM, Franco Martín MA. Prevalencia
de la depresión en el anciano que vive en residencias. Rev Esp Geratr
Gerontol 1998; 33(1):13-20.
La depresión constituye un problema sanitario y social frecuente.
La depresión en el anciano es cada vez mayor y afecta directamente
sobre la calidad de vida del que la sufre. Por este motivo se realizó
un estudio sobre la prevalencia de síntomas depresivos y depresión
en ancianos instucionalizados en la provincia de Zamora. Se estudió
un total de 558 ancianos a los que se aplicó el GDS, Zung-Conde
para la depresión e Índice de Barthel para la medición
de la autonomía personal. Se encontró que 30 % de los ancianos
padecen síntomas depresivos, y se estableció asociación
entre depresión y autonomía personal. Se concluye que es
muy importante conocer la existencia de depresión en el anciano
institucionalizado y proceder a su tratamiento. Ello mejoraría su
calidad de vida.
24
Nguyen DMT. Función de la medicina física y la rehabilitación
en el tratamiento del dolor. (The role of physical medicine and rehabilitation
in pain management). Clin Geriatr Med 1996; 12(3):517-30.
La práctica de la medicina física y la rehabilitación
se orienta hacia lograr la máxima recuperación funcional
posible del paciente con deterioro y discapacidad física. Este modelo
terapéutico se puede aplicar en los pacientes geriátricos
con dolor y con múltiples problemas médicos crónicos.
El dolor osteomuscular crónico que involucra a la espalda y a las
articulaciones apendiculares es más frecuente en los ancianos. Con
un estudio simple los dolores crónicos de los pacientes geriátricos
tienen más probabilidades de ser reconocidos como manifestaciones
de estenosis espinal, artritis y osteoporosis. Los pacientes con estas
dolencias, han mostrado una mejoría significativa con el tratamiento
recibido en un centro para el dolor, medido por las escalas de proporción
sobre la percepción del dolor, el estado funcional, y la habilidad
ocupacional en varias variables de comportamiento, discapacidades y en
las metas de modificación del centro para el dolor.
25
Olazarán Rodríguez J, Bermejo Pareja F. Tratamiento
farmacológico de la enfermedad de Alzheimer: logros y perspectivas.
Rev Esp Geriatr Gerontol 1998; 33(1):27-41.
Se presenta una visión panorámica de los tratamientos farmacológicos
más investigados en la enfermedad de Alzheimer (EA). En lo referente
al deterioro cognitivo, se presentan las pruebas de mayor relevancia realizadas
en pacientes con EA definida. Aunque sólo la tacrina y el donepezilo
han mostrado eficacia clínicamente significativa, cabe esperar que
pronto se disponga de fármacos de eficacia similar. En la segunda
parte se ofrecen algunas líneas de actuación para el tratamiento
farmacológico de los trastornos conductuales asociados, basadas
en las pruebas abiertas disponibles y en la experiencia de los autores.
26
Olmi P, Cefaro GA, Balzi M, Becciolini A, Geinitz H. Radioterapia
en los ancianos. (Radiotherapy in the aged. Clin Geriatr Med 1997; 13(1):143-68.
La esperanza de vida en los países industrializados ha llegado a
ser casi de 73 años en los hombres y de 80 en las mujeres. La esperanza
de una vida activa es de 10 y 8 años respectivamente para las personas
de 65 y 70 años de edad. Por otra parte, la población mayor
de 85 años es el segmento de más rápido incremento
de la población. Según los cálculos basados en las
tasas de crecimiento actual, las personas mayores de 85 años representarán
20 % de la población por encima de los 60 años para el año
2020. La neoplasia es una enfermedad muy difundida entre los ancianos.
En 1936, Bauer ya había planteado que "el problema del cáncer
coincide con el problema de senilidad". Hoy día se estima que cada
año surgen en el mundo siete millones de nuevos casos de cáncer.
De éstos, 50 % acontecen en los países industrializados,
donde reside la cuarta parte de la población total mundial y casi
las dos terceras partes de la población anciana. Se reporta la incidencia
de los tumores más frecuentes en la población de 65 años
de edad y más, para el año 1994 en los EE.UU., y se muestra
la proyección de los casos incidentes en este país hasta
el año 2030. Tratar el tema del cáncer en los ancianos requiere
algunos análisis. En primer lugar hay que establecer si las acciones
que resultan efectivas para reducir las defunciones por cáncer en
los pacientes más jóvenes son válidas para los ancianos
enfermos. Estas acciones incluyen el pesquisaje y la detección temprana,
la determinación adecuada de la fase del mal y su tratamiento. Segundo,
es necesario explorar formas de tratamiento que prometan resultados más
favorables en los pacientes de edad avanzada con reservas fisiológicas.
La radioterapia es una modalidad muy conveniente para los ancianos, por
su efectividad curativa y paliativa y su limitada toxicidad. Se analiza
la información actual relacionada con la efectividad y toxicidad
de la radioterapia en los pacientes ancianos, así como las posibilidades
para alcanzar aún mejores resultados con su aplicación.
27
Ortiz de Solórzano Aurora FJ, Yarritu Villanueva C, Obelar
Bernal L, Aguilera Sanz JJ, Fraile Jiménez E, Alvarez Rabanal R.
Hernias de Spiegel en el anciano: a propósito de siete casos. Rev
Esp Geriatr Gerontol 1998; 33(1):43-6.
Se presentan 7 pacientes a los que se les realizó cirugía
por una hernia de Spiegel, 6 mujeres (85,7 %) y 1 hombre, con edades comprendidas
entre los 66 y 93 años (media 74,5). En 4 pa- cientes (57,1 %) se
trató de una cirugía urgente por un episodio de estrangulación.
En 4 pacientes (57,1 %) la hernia se localizaba en el lado derecho. En
3 pacientes la ecografía de la pared abdominal detectó la
patología herniaria. Todas las hernias se encontraban en posición
infraumbilical y el saco herniario se localizaba por debajo del músculo
oblicuo mayor. El contenido herniario en 4 pacientes era intestino delgado;
fue necesario realizar una resección intestinal y una resección
de epiplón. No existió mortalidad y las complicaciones presentadas
fueron la infección de herida operatoria e infección urinaria.
La estancia posoperatoria media fue de 6,1 d. Durante el seguimiento no
se detectaron recidivas. En el trabajo se realiza una revisión de
la incidencia, clínica, diagnóstico y tratamiento de esta
hernia poco frecuente de la pared abdominal.
28
Ouslander JG. et al. Incontinencia urinaria nocturna e interrupción
del sueño entre residentes de hogares de ancianos. (Nigthtime urinary
incontinence and sleep disruption among nursing home residents). J Am Geriatr
Soc 1988; 46:463-466.
Se evaluó la relación entre los episodios de incontinencia
urinaria y la interrupción del sueño en una muestra de 73
residentes de 3 hogares de ancianos comunitarios. Se recopiló información
durante un período de estudio inicial y casi 2 meses después,
esto sirvió como control para los hogares donde se aplicó
la intervención conductual. Los episodios de incontinencia fueron
identificados por medio de almohadillas contra incontinencia conectadas
a un dispositivo para detectar humedad de 10 mL o más. El sueño
fue monitoreado por medio de actígrafos inalámbricos, colocados
en la muñeca. Los cambios de luz y ruido fueron monitoreados por
medio de dispositivos de registro colocados al lado de la cama. Los registros
cubrieron 403 noches durante las cuales se detectaron 1 715 interrupciones
del sueño a partir de 10 min consecutivos y se produjeron 1 168
episodios de incontinencia. Sólo 4 % de las interrupciones del sueño
se asocian con un episodio de incontinencia y nada más que 23 %
de los episodios de incontinecia se produjeron durante períodos
de al menos 10 min consecutivos de sueño. En cuanto a estos episodios
de incontinencia sólo 12 % de ellos pareció haber despertado
al residente. Estos datos plantean interrogantes respecto a la relación
entre los episodios de incontinencia y la interrupción del sueño
en residentes de hogares de ancianos con incontinencia crónica.
Los hallazgos deben ser interpretados con cautela, dadas las limitaciones
en las tecnologías y definiciones utilizadas para identificar el
sueño, las interrupciones de éste y los episodios de incontinencia.
Aunque son difíciles de realizar desde el punto de vista logístico
y técnico, se hacen necesarios los estudios donde se utilicen registros
polisomnográficos del sueño para estudiar de forma más
profunda estas importantes asociaciones.
29
Ravaglia G, Forti P, Maioli F, Boschi F, Cicognani A y Gasbarrini
G. Medición de la grasa corporal en hombres sanos de la tercera
edad: comparación de métodos. (Measurement of body fat in
healthy elderly men: a comparison of methods). The Journals of Gerontology
Medical Sciences, 1999; 54(2):M70-M76.
Antecedentes: La evaluación nutricional de las personas de
la tercera edad es muy importante. En la práctica clínica
se utilizan métodos de valoración de la composición
corporal que constan de 2 componentes como son la antropometría
y la impedancia bioeléctrica, pero es posible que sus postulados
fundamentales sean invalidados en la persona adulta mayor. La absorción
de rayos X y doble energía es un método bastante nuevo para
hacer mediciones directas y fiables de la masa corporal en sus 3 componentes
básicos: contenido total de mineral en los huesos del cuerpo (CTMHC),
masa de tejido magro sin minerales (MTM) y la grasa. En este estudio, los
estimados del porcentaje de grasa corporal derivados de la antropometría
y la impedancia bioeléctrica, encontrados en hombres de diversas
edades se compararon con las mediciones correspondientes a absorciometría.
Métodos: Se estimó el porcentaje de grasa corporal en
67 hombres entre los 20 y los 95 años por medio de mediciones antropométricas
(espesor de los pliegues de la piel, índice de masa corporal), impedancia
bioeléctrica y la absorciometría. Se utilizaron ecuaciones
por edad específica para la antropometría y la impedancia.
Se calcularon los límites de concordancia entre la absorciometría
y los demás métodos. Resultados: Las ecuaciones basadas
en el índice de masa corporal y en la impedancia bioeléctrica
sistemáticamente calcularon en exceso el porcentaje de grasa corporal
si se compara con el medido por la absorciometría en personas de
todas las edades. La diferencia entre métodos en lo referente a
la absorciometría y el espesor de los pliegues de la piel fue menos
marcada, pero en personas mayores de 80 años, el porcentaje de grasa
corporal señalado por las mediciones de los pliegues estuvo por
debajo del que correspondió a la absorciometría. La variación
entre los individuos relacionada con la edad en cuanto al CTMHC y en la
mineralización de la masa libre de grasa podría explicar
en parte las diferencias entre la absorciometría y los demás
métodos. Conclusiones: Por limitaciones prácticas,
la antropometría y la impedancia bioeléctrica a menudo constituyen
las únicas opciones disponibles para valorar la composición
del cuerpo en la rutina clínica, por lo tanto, se indica la necesidad
de un estudio posterior sobre la validez y el mejoramiento de estos métodos
aplicados en personas de la tercera edad.
30
Robinson B, Beghé C. El pesquisaje del cáncer en el
anciano. (Cancer screening in the older patient). Clin Geriatr Med 1997;
13(1):97-118.
El tratamiento de algunos tipos de enfermedades malignas ha sido mucho
más efectivo durante las últimas cuatro décadas y
su detección precoz ha posibilitado el logro de mayores índices
de supervivencia con mejoría en las tasas de supervivencia para
los tipos. Los índices de mortalidad por cáncer continúan
siendo elevados, y su proporción es mayor en las personas de edad
avanzada. Alrededor de la mitad de las defunciones por cáncer ocurren
en 12 % de la población mayor de 65 años. La identificación
y el tratamiento del cáncer en estado presintomático debe
orientarse básicamente a mejorar el estado de salud y el estado
de los pacientes, con especial énfasis en aspectos tan importantes
como su confort, sus relaciones interpersonales, la actividad física,
la autoestima y otros elementos que determinan la calidad de vida. Algunos
médicos consideran que la elevación de la supervivencia por
los esfuerzos clínicos en la identificación y el tratamiento
del cáncer presintomático ocasiona alguna reducción
en la calidad de vida de los pacientes sometidos a tratamiento. Esta reducción
puede tener su explicación por causa de la pérdida de tiempo,
la comodidad y el dinero invertido en la atención médica
necesaria para encontrar y tratar el cáncer. Un componente principal
del cuidado a los ancianos plantea que mientras se envejece son más
marcadas las diferencias. En los pacientes más jóvenes y
vigorosos, se pueden establecer a veces valores comunes con respecto a
la esperanza de vida. Las recomendaciones para el pesquisaje pueden definirse
con mayor facilidad para los grupos de la misma edad y sexo, en los cuales
se pueden hacer cálculos justos de los valores relativos a la esperanza
de vida. En las personas de edad avanzada y, en particular en relación
con su supervivencia, se reconocen diversos estados de salud y diferentes
filosofías clínicas.
31
Rubenstein LA, Josephson KR, Osterweil D. La prevención de
las caídas en los hogares de ancianos. (Falls and fall prevention
in the nursing home). Clin Geriatr Med 1996; 12(4):881-902.
Las caídas son particularmente problemáticas cuando ocurren
en hogares de ancianos. Al igual que la comunidad, las caídas en
los hogares de ancianos pueden suceder por diversas causas y se han identificado
múltiples factores de riesgo que las predisponen, no obstante, existen
aspectos exclusivos del hogar de ancianos y de su frágil población
que convierte las caídas en un especial desafío. Del mismo
modo que se deben evitar las caídas, hay que emplear un método
terapéutico sistemático para los que ya las hayan sufrido
y también prestar especial atención a la identificación
y reducción de los factores de riesgo entre las personas mayores
y frágiles, que aún no se han caído. Este artículo
presenta una revisión del problema de las caídas en el hogar
de ancianos y se concentra en las causas identificables, los factores de
riesgo y los métodos preventivos.
32
Salom IR. Control del peso y nutrición: saber cuando intervenir.
(Weight control and nutrition: Knowing when to intervene). Geriatrics 1997;
52(1):33-41.
El peso promedio de los adultos estadounidenses se incrementa, a pesar
de las altas sumas de dinero invertidas para tratar de disminuirlo. El
alto peso promedio en la mediana edad, se asocia con una mayor mortalidad
y morbilidad mientras pasan los años para cada individuo. Sin embargo,
existen diversos criterios en cuanto a los niveles de peso adecuados. Las
tablas actuariales comúnmente utilizadas no dan cuenta acerca de
si la forma en que las personas de mediana edad aumentan de peso es modesta
o normal. Por lo tanto, son más recomendables las tablas ajustadas
por edad. El tratamiento de la obesidad, uno de los trastornos de malnutrición
más frecuente, resulta difícil por lo que debe interpretarse
como una "enfermedad crónica", además de considerarse en
el contexto de otros riesgos para la salud.
33
Sheehan DC, Forman WB. Tratamiento sintomático de las personas
de mayor edad con cáncer. (Symptomatic management of the older person
with cancer). Clin Geriatr Med 1997; 13(1):203-20.
Más de 50 % de las enfermedades malignas afectan a las personas
mayores de 65 años. Muchas de ellas no se detectan a tiempo y requieren
un tratamiento que los ancianos no desean o no pueden tolerar. En relación
con esto, el control de los síntomas se convierte en el mejor recurso
terapéutico. Los síntomas en los pacientes con cáncer
avanzado pueden atribuirse a la forma de evolución de la propia
enfermedad, al tratamiento fijado, a la falta de vigor, a un estado nutricional
deficiente, o a otras ajenas al cáncer. En un estudio prospectivo
realizado recientemente con 1 000 pacientes, se pudieron establecer los
síntomas asociados con varios tipos de cáncer avanzados.
La edad promedio en los afectados de pulmón avanzado fue de 64 años,
de 61 en los pacientes con cáncer renal, y de 70 en los que sufrían
cáncer de próstata. Se demostró que los síntomas
más comunes eran también los más graves. El dolor
fue el más frecuente de todos los síntomas para ambos sexos,
la disnea afectó más a los hombres, mientras que la fatiga
precoz estaba más presente en las mujeres. La cantidad de síntomas
osciló entre 1 y 27, con una media de 11 y hubo diferencias significativas
por sexo o por la localización primaria del cáncer. En un
estudio retrospectivo anterior realizado con 100 pacientes, se obtuvo que
durante la última semana de vida 99 % de ellos se quejaba de dolor,
46 % de disnea y 39 % sufría otras perturbaciones. Los síntomas
que no se logran aliviar pueden producir un impacto negativo, en la calidad
de vida, pues ejercen su efecto en la morbilidad y causan estados depresivos,
trastornos del sueño; además de influir en la reducción
de la participación del enfermo en actividades sociales, en su malnutrición,
en su disfunción cognoscitiva, en el uso excesivo de fármacos,
en el desarrollo de trastornos de locomoción y en el sufrimiento
frecuente de caídas.
34
Smyrnios N. Estrategia de 6 partes para el tratamiento del asma en
los ancianos. (Asthma: A six-part strategy for managing older patients).
Geriatrics 1997; 52(2):36-44.
El asma es una enfermedad común y seria en los ancianos que en ocasiones
se diagnostica mal y no se trata correctamente. Las estrategias terapéuticas
recién publicadas por los grupos de consenso son efectivas y con
algunas modificaciones, se pueden aplicar en el tratamiento de las personas
de la tercera edad. En el diagnóstico diferencial se deben considerar
la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la bronquioestasis y
el fallo cardíaco congestivo, los cuales pueden confundirse con
el asma. Así todos los pacientes con sospecha de asma deben someterse
a un estudio de función pulmonar. El tratamiento se basa en una
estrategia a 6 partes, consistente en la educación, la medicación
objetiva de la función pulmonar, el control ambiental, la medicación
para el control del asma aguda y crónica, y su seguimiento regular.
Las consideraciones especiales en los pacientes ancianos incluyen las medidas
para mejorar su actitud ante el tratamiento y sobre esa base poder concentrar
la atención en la interacción de los medicamentos y las enfermedades
coexistentes.
35
Thom D. Variación en los estimados de la incidencia de incontienencia
urinaria en la comunidad: Efectos de las diferencias en la definición,
las características de la población y el tipo de estudio.
(Variation in estimates of urinary incontinence prevalence in the community:
Effects of differences in definition, population characteristics, and study
type). J Am Geriatr Soc 1998; 46(4):473-480.
Los estimados de la incidencia de incontinencia urinaria entre los adultos
en la comunidad varían de 2 a 55 %. Se estudió la literatura
para conocer el grado de las diferencias en la definición de la
incontinencia por edad y sexo de las poblaciones estudiadas, tasas de respuestas,
las técnicas de medición, o la locación pueden explicar
las diferencias en las incidencias informadas. Se realizó una búsqueda
bibliográfica para localizar todos los estudios publicados en inglés
que abordaban la incidencia de la incontinencia urinaria en muestras poblacionales
de adultos. Se resumió la información para adaptarla al estudio
encaminado a definir la forma de manifestación de la incontinencia
urinaria y su incidencia por grupos de edad y sexo. También se resumió,
donde fue posible, la incidencia por tipo de incontinencia. La estratificación
se aplicó para obtener los estimados de incidencia específicos
por edad, sexo y frecuencia de la incontinencia. Se examinaron los datos
para establecer asociaciones entre las incidencias y el tipo de investigación,
la tasa de respuestas, el año y el lugar de la investigación.
Un total de 21 estudios coincidieron en los criterios. La estratificación
de la incidencia por frecuencia, sexo y edad redujo, significativamente,
la variación en los estimados de incidencia. Para las mujeres ancianas,
la incidencia estimada de incontinencia urinaria en un rango de 17 a 55
% (valor medio = 35 %, promedio unificado = 34 %) y en la incontinencia
diaria se obtuvo un rango de 3 a 17 % (valor medio = 14 %, promedio unificado
= 12 %). Para los ancianos del sexo masculino, la incidencia de la incontinencia
se estimó de 11 a 34 % (valor medio = 17 %, promedio unificado =
22 %), y de 2 a 11 la incontinencia diaria (valor medio = 4 %, promedio
unificado = 5 %). Con el estudio se demostró que la incidencia de
la incontinencia fue en general de 1,3 a 2,0 veces mayor para las mujeres
que para los hombres comprendidos en este grupo de edad. Entre los adultos
más jóvenes y los de mediana edad, la incidencia de incontinencia
estuvo en un rango de 12 a 42 % (valor medio = 28 %, promedio unificado
= 25 %) para las mujeres y de 3 a 5 % (valor medio = 4 %, promedio unificado
= 5 %) para los hombres. La proporción de la incidencia de la incontinencia
en las mujeres y los hombres en este grupo de edad se comportó en
general dentro del rango de 4,1 a 4,5 %. La incontinencia por estrés
predominó en las mujeres jóvenes, mientras que la incontinencia
activa y la mixta fue más frecuente en las ancianas. Hubo una tendencia
de los estudios a utilizar las entrevistas en persona para reportar las
incidencias más altas. Se concluye que un estimado preciso de la
incidencia de la incontinencia urinaria depende específicamente
de la definición de incontinencia y de los grupos de intereses por
edad y sexo.
36
Vokonas RS, Kannel WB. La diabetis mellitus y la cardiopatía
coronaria en la tercera edad. (Diabetes mellitus and coronary heart disease
in the elderly). Clin Geriatr Med 1996; 12(1):69-78.
La diabetes mellitus y la cardiopatía coronaria son situaciones
clínicas muy entrelazadas, especialmente en las personas de la tercera
edad. La cardiopatía es la manifestación clínica más
común de la aterosclerosis relacionada con la diabetes, la mayoría
de los fallecimientos en pacientes diabéticos, son atribuibles a
las cardiopatías coronarias. Por lo tanto, sería muy útil
una revisión detallada de las múltiples facetas de esta interrelación
para comprender las complejidades de estas enfermedades y el desarrollo
de métodos encaminados al control clínico y preventivo, tanto
de los pacientes diabéticos ancianos con riesgo de desarrollar una
cardiopatía como de aquellos que padecen de diabetes y de cardiopatía
a la vez.
37
Wolinsky FD. et al. Secuelas de la hospitalización por
accidentes vasculares encefálicos en ancianos. (The sequelae of
hospitalization for ischemic stroke among older adults). JAGS 1998; 46:577-582.
Se calculó el efecto independiente de la hospitalización
por accidentes vasculares encefálicos isquémicos sobre el
estado funcional, la posterior hospitalización y la mortalidad de
personas de la tercera edad. A tal efecto se hizo un análisis secundario
del estudio longitudinal sobre el envejecimiento de representatividad nacional.
La información obtenida en entrevistas iniciales (1984) se vinculó
con los registros de defunciones y de hospitalizaciones de Medicare
para el período 1984-1991 y con los informes sobre el estado
funcional en 3 seguimientos bienales. Las entrevistas fueron personales
y telefónicas y se realizaron a 6 071 ancianos no hospitalizados
de 70 años o más. La hospitalización por accidentes
vasculares isquémicos fue definida por haber sufrido uno o más
episodios con códigos ICD9-CM de alta primaria de 433,0-434,9, 436
y 437,0-437,1. Se utilizaron 2 grupos de referencia: los hospitalizados
por razones diferentes a accidentes vasculares encefálicos y los
que no fueron hospitalizados. Los métodos estadísticos empleados
fueron los riesgos proporcionales multivariables, los métodos logísticos
y la regresión lineal. El cociente de riesgos ajustado por haber
tenido un diagnóstico primario en el alta hospitalaria de accidente
vascular encefálico con referencia a la mortalidad fue de 7,57 (IC
95 % = 6,47 a 8,85) vs. 3,67 (IC 95 % = 3,28 a 4,10) por haber sido
hospitalizado por otro motivo diferente a un accidente vascular encéfalico
(ambos cocientes comparados con la categoría referencial de aquéllos
que no fueron hospitalizados) No fue significativamente elevado el producto
cruzado ajustado por una hospitalización posterior, asociada con
un diagnóstico primario en el alta hospitalaria de accidente vascular
encefálico isquémico (comparado con la hospitalización
por otro motivo diferente (PCA = 1,16, IC 95 % = 0,94 a 1,42). Sin embargo,
fueron significativos (p < 0,001) los aumentos porcentuales en la cifra
posterior de episodios hospitalarios del precio total y del tiempo de estadía
total para aquellos que fueron hospitalizados por un accidente vascular
encefálico isquémico, en comparación con aquellos
que lo fueron hospitalizados por otras causas. Estos incrementos porcentuales
fluctuaron entre 16,3 y 39,0 %. La hospitalización por un accidente
vascular encefálico isquémico también se relacionó
significativamente con mayores incrementos en la cifra media ajustada por
regresión de actividades instrumentales de la vida cotidiana y de
limitaciones funcionales de la parte inferior del cuerpo en el seguimiento.
Se concluye que la hospitalización por accidentes vasculares encefálicos
isquémicos de adultos de la tercera edad, incrementa de forma significativa
el riesgo de su posterior mortalidad, el volumen de consumo de recursos
hospitalarios y de un mayor deterioro funcional, incluso cuando se compara
con la hospitalización por otras causas. Por esta razón es
necesario prestar una mayor atención a la prevención y el
tratamiento de los accidentes vasculares encefálicos isquémicos.