BIOÉTICA
Y SIDA, EL SER HUMANO Y SU DIGNIDAD
BIOETHICS AND AIDS, HUMAN BEING AND HIS
DIGNITY
Félix Jesús Amador Romero 1
Jorge Heliodoro Mayor Rios 2
Zulayka Tosar Alonso 3
1 Licenciado
en Psicología. Especialista en Psicología de
2 Licenciado
en Psicología. Doctor en Ciencias Psicológicas. Master en Salud de los
Trabajadores. Departamento de Fisiología. Instituto Nacional de Salud de los
Trabajadores.
3 Médico
especialista de I grado en Neonatología. Servicio de Neonatología. Hospital Gineco Obstétrico ‘Ramón González Coro’.
Correspondencia:
Lic. Félix Jesús Amador Romero
Instituto Nacional de Salud de los
Trabajadores
Calzada de Bejucal km 7½, Apartado 9064, Arroyo Naranjo, Ciudad de
E-mail: felixz@infomed.sld.cu
RESUMEN
El presente trabajo tiene el propósito de
actualizar los conocimientos de la bioética a partir de su diferenciación con
los de la ética y la ética médica, identificando desde esta perspectiva los
problemas asociados con la infección por el VIH/SIDA. Se analiza cómo el
conocimiento de esta disciplina representa una solución más racional y
humanista a los complejos problemas que afronta la sociedad contemporánea,
entre ellos los numerosos retos presentes y futuros que, en el terreno
bioético, la epidemia de SIDA le está imponiendo a la humanidad asociados a
realidades como el estigma y la discriminación, la confidencialidad y la
privacidad, el secreto profesional, el encarnizamiento terapéutico, los
problemas relativos a la muerte, etc. Por último, se examina cómo a pesar de
todas las disposiciones vigentes por el estado cubano para proteger a las personas
infectadas por el VIH, aún subsisten violaciones, sobre todo en el ámbito
laboral, relacionados con la bioética, que denotan ignorancia, miedos y
prejuicios.
Palabras clave: Bioética, ética,
VIH-SIDA
ABSTRACT
This paper has the purpose to update the knowledge
about bioethics, starting with the differentiation between the knowledge of
ethics and medical ethics, identifying from
this point of views problems associated with HIV infection. It is
analyzed how the knowledge of this discipline represents a more rational and
humanist solution to the complex problems that the contemporary society has
to face, among them, the numerous present and future challenges that in the bioethics field AIDS epidemic is
imposing to humanity, associated to realities like stigma and discrimination, confidentiality and privacy, the professional secret, the therapeutic fierceness, the problems
related to death, etc. Finally, it is examined how in spite of all the arrangements in Cuba to
protect people infected by HIV, violations related
with bioethics, that denotes ignorance, fears
and prejudices, still subsist, specially in the
working place.
Key words: Bioethics, ethics, HIV-AIDS
INTRODUCCIÓN
El desarrollo científico de la última mitad del
siglo XX y principios del siglo XXI, no da tregua para una reflexión ética
serena; se puede afirmar que uno de los problemas más acuciantes de la
medicina contemporánea es de índole bioética.
Han pasado 50 años desde que se realizaran con
éxito los primeros transplantes renales en el Bringham Hospital de Boston; por esa época también se realizó el primer transplante de
pulmón. En la década del 60 se realizaron los primeros transplantes hepáticos,
aunque con una baja supervivencia, y específicamente en el año 1967
Christiaan Neethling Barnard en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, realizó con éxito su primer transplante del
corazón en un ser humano afectado por una cardiopatía mortal. Más
recientemente, en 1990, comenzó el proyecto del genoma humano, un esfuerzo
internacional por mapear completamente los genes
del hombre, que culminó en 2001 con su publicación por las revistas Science y Nature. En 1997 se
anunció el nacimiento de la oveja Dolly, el primer
ser vivo clonado a partir de células no sexuales de un mamífero adulto por el
equipo del genetista escocés Ian Wilmut.
Hoy muchas de estas técnicas se encuentran bastantes
perfeccionadas y se realizan con suficiente éxito; sin embargo, cada día se
discute en el ámbito de los profesionales de la salud con mayor fuerza, conceptos
tan controvertidos como calidad de
vida, muerte digna y dignidad de la
persona humana, entre otros, los cuales se interpretan de forma disímil
sin que se llegue a un consenso en su definición y aplicación. El desarrollo
científico en las llamadas ciencias de la salud resulta indiscutible, aunque
no siempre la aplicación práctica de todo este progreso científico es
ciertamente indiscutible.
La medicina actual continúa insistiendo en un modelo
biomédico en el que la salud es ausencia de enfermedad y ésta, a su vez,
tiene un origen monocausal, considerándosele como
un inadecuado funcionamiento de los mecanismos biológicos, excluyendo otros aspectos
como los psicológicos y los sociales. El ser humano sigue sin ser visto como
un todo en si mismo, y no se aprecia la relación mente-cuerpo como una fuerza
curativa intrínseca en conexión con el entorno.
La bioética, entendida como el estudio de las implicaciones
morales y sociales de las nuevas tecnologías que resultan del avance de las
ciencias, propone una metodología de solución racional a los complejos
problemas que afrontan los que tienen que tomar decisiones con respecto al
cuidado de la salud de las personas y de la comunidad. Surgida como una
necesidad de la época posmoderna, esta nueva disciplina supone asumir una actitud
reflexiva ante los aspectos éticos que, de alguna manera, están implícitos o
explícitos en las ciencias de la salud. Se caracteriza por un acercamiento
racional y humanista a los graves problemas existenciales que confronta la
humanidad en estos momentos.
El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), por
sus connotaciones de enfermedad social y potencialmente mortal, sitúa a las personas que la padecen en situaciones
peculiares, que son tributarias no sólo de un rápido diagnóstico y eficaz
tratamiento, sino también de acompañamiento durante todo el proceso que dure
la enfermedad. Los profesionales de la salud que traten con este tipo de
pacientes no sólo deben conocer este hecho, sino que deben estar dispuestos a
realizar este recorrido con paciencia, amor y profesionalidad.
El SIDA está presente en la sociedad porque existe
un virus que causa esta enfermedad (VIH: Virus de
Cuando esta confianza se abre paso, el profesional
se ve frecuentemente invitado a escuchar confidencias sobre problemas no
totalmente resueltos con anterioridad; es entonces cuando la comprensión y el
respeto ofrecen la mejor alternativa humana y terapéutica.
Otros problemas íntimamente asociados al SIDA son
el estigma y la discriminación que sufren las personas infectadas, los cuales
se ha constatado que son universales, puesto que ocurren en todos los países
y regiones del mundo. Estos son provocados por múltiples factores, entre ellos,
la falta de conocimiento sobre la enfermedad, los mitos sobre el modo de transmisión,
los prejuicios, las informaciones irresponsables de los medios de
comunicación sobre la epidemia, el hecho de que el SIDA hasta este momento
sea incurable, los miedos sociales en torno a la sexualidad, etc.
En muchas partes del mundo la vergüenza asociada a esta
epidemia ha silenciado el debate abierto sobre sus causas y las respuestas
adecuadas. Las consecuencias han sido que los afectados se sientan culpables
y avergonzados, no puedan expresar sus opiniones y teman no ser tomados en
serio.
El estigma y la discriminación asociados al SIDA
tienen muchos otros efectos. En particular, tienen grandes consecuencias
psicológicas sobre el modo en que las personas infectadas se perciben a sí mismas,
lo cual conduce en muchos casos a la depresión, el estrés, la falta de
autoestima y la desesperación. También socavan la prevención, pues hacen que
las personas teman averiguar si están o no infectadas por miedo a las
consecuencias sociales que esto les pueda acarrear
Los enfermos terminales, muy jóvenes muchos de
ellos, son abatidos por diversas dudas existenciales; con frecuencia no
comprenden bien las razones de su sufrimiento, les preocupa y le temen al
dolor, a la soledad en un trance de esta naturaleza y al miedo a que su vida
carezca de sentido. Es en estos momentos cuando una comunicación adecuada y
una compañía calificada juegan su mayor papel.
Recordemos que la angustia existencial que al
hombre tanto sano como enfermo le provoca el no saber a qué atenerse, es
fuente de una mayor angustia y preocupación; sólo la angustia vencida, la
duda resuelta y el dolor físico y moral asumidos logran la paz.
Aquellos pacientes que ‘mejor mueren’, son los que
tienen a un médico en quien confiar, un familiar con quien puedan compartir
sus dudas aun cuando éstas no sean totalmente resueltas, y un amigo en quien
depositar la pesada carga de sus tristezas.
El problema radica en que muchos facultativos no
han comprendido que tanta importancia tiene el arte de curar como el de cuidar al paciente. Esta obligación no se circunscribe solamente al familiar más cercano
o al amigo oportuno, tampoco lo es totalmente del psicólogo que trabaja con
pacientes críticos. Es un acto esencialmente de todos los profesionales de la
salud y, concientemente humano.
En consecuencia, con este trabajo nos proponemos
desarrollar los siguientes objetivos: actualizar los conocimientos de la bioética
a partir de su diferenciación con los de la ética y la ética médica, e identificar
desde la perspectiva de la bioética los problemas asociados con la infección
por el VIH/SIDA.
DESARROLLO
I.
Aspectos generales
de
·
Ética,
ética médica y bioética
La
ética es aquella rama del conocimiento científico que se interesa por las
obligaciones morales, la responsabilidad y la justicia social. La palabra
deriva de los términos griegos "ethikos"
y "ethos", que significan uso o
costumbre. Según Aristóteles, el término incluye la idea de carácter y
disposición. Así, la ética refleja el carácter del individuo y, desde un
punto de vista más actual quizás, el carácter de un grupo de individuos. Hay
muchas formas de definir la ética. Lo último que se ha dicho es que a través
del estudio de la ética la persona entiende y se guía según lo que está bien
o mal moralmente 1. Aun así, la controversia todavía persiste,
debido a las diferencias de valores y perspectivas. Lo que puede ser
éticamente bueno para una persona, puede ser malo para otra. Debido a esto,
la sociedad tiende a definir a la ética en términos de comportamiento. Por
ejemplo, una persona es considerada ética cuando procede de acuerdo con
renombrados principios morales basados en ideales tales como rectitud,
justicia y verdad. Estos principios gobiernan la conducta en los niveles
individuales y pueden estar basados en valores, cultura, religión e incluso
legislación. Los patrones éticos, en consecuencia, pueden cambiar, o al menos
ser influidos por los cambios legislativos o los valores sociales. A partir
del momento en que es posible que los modelos éticos cambien, alguien podría
preguntarse por qué la sociedad opera con ética. La respuesta no es tan
simple. La ética es un elemento esencial de éxito a nivel individual y
social. En la sociedad valoramos la libertad personal. Sin embargo, si, en
ejercicio de nuestra libertad, comprometemos nuestra ética, dañamos a esa
sociedad. Esto es, terminamos deteriorando nuestra libertad individual y el
goce de la de otros, así como nuestra base ética. De modo que la ética
constituye el basamento de la clase de persona que somos y de la clase de sociedad
que representamos.
En
el caso del ejercicio de la medicina, la ética médica tradicional desde los
tiempos de Hipócrates se ha basado en dos principios fundamentales: no dañar y hacer el bien. Estos dos
principios han sido exigidos a lo largo de los años a los médicos en
ejercicio, y a partir de finales del siglo XIX, se ha hecho extensivo su
cumplimiento a todos los profesionales de las ciencias médicas. Posteriormente, se le añadieron dos principios más: la fidelidad (al paciente), que obliga a cumplir con los compromisos
contraídos, y la veracidad, aun cuando su puesta en práctica pueda significar
dificultades para quien la ejerce 2.
La ética médica, dicho de otro modo, no
es otra cosa que preguntarse frente a un enfermo: “¿estoy haciendo con él lo
que me gustaría que hicieran conmigo de ser yo el paciente?”; la respuesta a
esa interrogante distingue un comportamiento ético de uno no ético, a veces
inmoral.
La bioética, en cambio, es una ética
particular más abarcadora que la ética médica. Esta nueva disciplina propone
abarcar el estudio ético de los problemas relativos a la vida y al ecosistema
propio de la época posmoderna: consecuencias de la revolución tecnológica mal
aplicada, el ultra desarrollo, la desigualdad y la globalización 3.
La relación de la bioética con la ética
médica tradicional debe ser concebida en términos de continuidad y ruptura;
de este modo, la bioética no es mas que ética médica, pero revolucionada, no
tradicional. Este nuevo paradigma constituye un estadio cualitativamente superior
en el pensamiento ético médico, lo que no quiere decir que descalifique a
este último; simplemente lo que restringe es su campo de acción. Por tanto,
el surgimiento de la bioética debe ser comprendido como un proceso de
diferenciación del pensamiento y el quehacer ético en medicina; con su
aparición se delimitan de manera precisa en la ética médica la deontología
médica y la bioética propiamente dicha. A cada una de ellas corresponden
funciones y formas organizativas específicas que se complementan mutuamente. Ambas
resultan imprescindibles para poder abarcar los múltiples y complejos
problemas de orden ético que se plantean hoy a la humanidad en la salud
humana 4.
Por otro lado, mientras que la ética en su
empeño de esclarecer el sentido de la vida es una disciplina estrictamente
filosófica y, por lo tanto, le es suficiente para intentar la búsqueda de respuestas
a las preguntas que se hace, valerse del método de la corriente pensamiento sobre la cuál
sustente esta reflexión; la bioética es una disciplina que se ocupa de
complejos problemas concretos, aunque éstos sean de carácter global y requieran
por tanto del concurso de los métodos de las ciencias particulares, de las
llamadas “ciencias duras o exactas”, lo que implica un enfoque necesariamente
multidisciplinario 5.
Básicamente, la bioética nace porque la
destrucción planetaria necesita de un marco ético para su discusión. Entre
los temas más controvertidos que se debaten en el terreno bioético figuran el
diagnóstico prenatal y el consejo genético, aborto, control de la natalidad,
eugenismo y esterilización, fecundación asistida, transplante de órganos,
ingeniería genética y terapias genéticas, eutanasia, experimentación con
seres humanos, técnicas de reanimación u orden de no resucitación,
testamentos de vida, psicocirugía y control de la
conducta, terapéuticas farmacológicas y drogas psicoterapéuticas, SIDA. Su
simple enunciación permite indicar el papel que le cabe al Estado en el
control de determinadas políticas, autorización o negativa a realizar ciertas
prácticas, influencia de permisos o prohibiciones en políticas de natalidad,
tasas de morbimortalidad y planes de desarrollo. La
bioética, como se puede ver, ha desbordado a la ética hipocrática para
situarse en el ámbito de las leyes, la política, la academia, la economía y
los medios de comunicación social. Ya no se habla sólo de bioética, sino
también de bioderecho, biojurisprudencia y biopolítica.
Según Thalía Fung, “…la bioética es un nuevo saber, al cual habrá que
ponerle varios calificativos y que requerirá de métodos cada vez más
complejos para la revelación de sus micro y macrocomplejidades.
La bioética, en este propio estadio epistemológico, tiende a revolucionar la
ciencia constituida, unifica el saber tradicional, el proceder tradicional,
lo axiológico ético y sus formas de comportamiento, y en esa conjugación se
originan el saber bioético…” 6.
Otros estudiosos del tema la
conceptualizan como: “…la disciplina que se ocupa del estudio y la reflexión
en torno a la dimensión e implicaciones humanísticas y éticas de los avances
en las ciencias, las profesiones de la salud y de las políticas relativas a
la atención de la salud y la ecología. Es, además, una metodología de solución
racional de los problemas que surgen de acciones y toma de decisiones que
comportan problemas y dilemas éticos en los escenarios científicos y
clínicos, tanto al nivel personal como colectivo” 7.
·
Evolución histórica del término bioética
Es
a principios de la década del 70 del siglo XX cuando aparece en los EEUU el
término de bioética. El primero que
acuñó esta palabra fue un oncólogo llamado Van Rensselaer Potter. Según él, se estaba produciendo una separación cada
vez más peligrosa entre el avance de la ciencia (especialmente en la biomedicina
y la tecnología) y la reflexión propiamente humanista. En 1971 escribió un
libro llamado "Bioética, un puente hacia el futuro". Allí definió a
la bioética como una disciplina que combina el conocimiento biológico con los
valores humanos y crea un diálogo (un puente) entre la ciencia y las humanidades. Para Potter, el respeto
por la naturaleza es esencial para la supervivencia de la especie humana, la
cual debe ser responsable ante los resultados de su obra, de sí misma y de su
entorno existencial presente y futuro. Posteriormente, su pensamiento se fue
radicalizando al percatarse que los puentes entre los conocimientos de las ciencias naturales y sociales no son
suficientes para alcanzar su ideal bioético de supervivencia, y comienza a
hablar de una bioética profunda, que permita una reflexión más penetrante
sobre el bien y el mal, que trascienda la inmediatez de los datos concretos y
cuantificables y se proyecte al futuro, evitándose de este modo, cometer el
error de priorizar los beneficios a corto plazo, en relación con una
prudencia a más largo plazo que permita evitar la extinción. Plantea la
necesidad del compromiso político de los estados nacionales, y de la
importancia de comprender que la naturaleza no es algo que se conquiste, sino
el lugar donde convivimos 8.
El
segundo empleo del vocablo pertenece a una institución, "The Joseph and Rose Kennedy Institute of Ethics for the Study of Human Reproduction and Bioethics", fundado por André Hellegers con el respaldo de la familia Kennedy en 1972
y que, a la muerte de aquél, se transformó en el Kennedy Institute of Ethics (1979). Si la
propuesta de Potter era holística,
la de Hellegers era más restringida, más
relacionada con la biología reproductiva aplicada a la mejora de la sociedad
humana; él definió a la bioética como una ética biomédica. Se plantea que a
partir de aquí es que comienza el proceso de medicalización de esta disciplina, que si bien fue una opción ante la crisis metodológica
por la que estaba atravesando la ética médica tradicional, significó un reduccionismo del ideal potteriano 8.
Durante
los años 80, las instituciones académicas, políticas y asistenciales de EEUU
acuñaron el término, aunque con algunas reservas. En los medios intelectuales
se advertía cierta confusión con su uso, se identificaba a la bioética con
una fundamentación biológica de la moralidad, contraria a la propuesta mayoritaria
de una ética aplicada a la biomedicina; y por otro lado, la extensión del
campo bioético al de la ética médica tradicional suponía distraerse del
objetivo social de la medicina y la atención de la salud. En cualquier caso,
el solapado debate por la comprensión y la extensión del concepto bioético
culminó con la aceptación del término. No sin reticencias este vocablo,
también en la década del 80, se introdujo en Europa. En Francia, por ejemplo,
se denunciaron los serios equívocos a que conducía la palabra y su polisemia;
no obstante, a pesar de la censura, se le aceptó. En los años 90, los países
latinoamericanos comienzan a asimilar la bioética, en el marco de una
realidad signada por un neoliberalismo rampante que conllevó a una alta inflación (altos precios de los productos de
primera necesidad en relación con los ingresos predominantes), alto
endeudamiento exterior (freno en el desarrollo, pobreza y desempleo) y a la
más desigual distribución del ingreso en el mundo. Precisamente debido a la
hegemonía de estas políticas mercantilistas y tecnocráticas,
se tolera la ausencia de una ética que garantice la vida saludable de sus
ciudadanos. La bioética en este contexto tiene que ser redimensionada
haciéndose énfasis en los conceptos de equidad, participación y sensibilidad.
·
¿Cuáles
son los principios que rigen la bioética?
En
Fueron
Beauchamp y Childress quienes, en 1979, ampliaron
este enfoque al ámbito de la medicina. De este modo la formulación de los
clásicos principios bioéticos quedó del siguiente modo:
1.
Beneficencia: Este principio o concepto, evidentemente, se refiere a
la búsqueda del bien o beneficio del paciente, a la protección de sus derechos,
a la obligación de socorro y a las decisiones que requieren a veces un
análisis de coste-beneficio en la toma de decisiones terapéuticas, evitando
tratamientos y medidas ineficaces o fútiles. Todo ello se deriva de que cada
paciente es un fin último en sí mismo, y nuestra actividad diagnóstico-terapéutica
es un instrumento a su servicio. Este principio va más allá de la clínica
médica y se extrapola a toda la sociedad (por ejemplo, el beneficio que un
avance médico específico le puede reportar a las nuevas generaciones). Según
el informe Belmont, este principio comprende el que
sigue.
2.
No maleficencia: Este principio, que ya era conocido y formulado desde la
época hipocrática, se refiere a la obligación de no hacer daño a los
pacientes, con la conocida frase de “primum non nocere”. Pero en nuestros días y con los medios
terapéuticos actuales, el respeto no sólo y absoluto a la vida en abstracto,
sino también a la calidad de vida y la voluntad expresada por los pacientes
con derecho a su autonomía en las decisiones, plantea nuevas formulaciones,
generando el respeto a la voluntad expresada en los llamados testamentos
vitales, la diferencia entre dejar morir y matar, la aplicación de terapias
ordinarias o extraordinarias, dejar morir dignamente, etc. Beauchamp y Childress lo distinguieron del anterior principio,
señalando que todos nos consideramos más obligados a no hacer el mal a otros
que a hacerles el bien, existiendo muchas ocasiones, sobre todo en medicina,
en que se puede estar obligado a no hacer mal a los demás, aunque no a
hacerles bien.
3.
Autonomía:
Prescribe
que todo ser humano debe ser considerado y respetado como un agente moral
autónomo, ordenando el respeto a la dignidad y a la autodeterminación de las
personas, debiendo acatarse la decisión del paciente competente adecuadamente
informado, cuya libertad no puede ser coartada; también regula la protección
de todas aquellas personas cuya capacidad de autodeterminación no es completa
o se encuentra restringida (pacientes incompetentes). El concepto del consentimiento informado ha aparecido como instrumento para
exponer la información al paciente y así, con más compresión de los hechos,
obtener su consentimiento ya instruido y más consciente. Todo ello supone una
garantía para los pacientes y también para los profesionales de la salud que
lo practiquen en situaciones de conflicto, siendo importante para eliminar y
evitar prácticas de “cobayismo” en los proyectos de
investigación, evitando que no se repitan los abusos espeluznantes vividos en
los campos de concentración nazis y algunas prácticas con presos, etc. En lo
que a la experiencia clínica se refiere, se recomienda la confección de
modelos de fácil comprensión en su redacción, huyendo de tecnicismos
crípticos que bajo cientificismos no expliquen lisa y llanamente al paciente
el procedimiento que se le va a aplicar, con sus ventajas e inconvenientes,
complicaciones y riesgos. En este procedimiento hay que distinguir dos
aspectos, el de la información que lleve a la comprensión y, posteriormente,
el de la decisión tomada libre y voluntariamente. Asimismo, no olvidemos que
también existen pacientes que por diversos motivos (miedos en muchas
ocasiones) renuncian a ser informados, decisión esta, que también hay que saber
respetar.
4.
Justicia: Se refiere básicamente a lo que los
filósofos denominan justicia
distributiva, es decir, la distribución equitativa de bienes escasos en
una comunidad, y a la competencia entre los distintos reclamos que es preciso
atender, evitándose todo proceder discriminatorio. En la relación médico-paciente prima la justicia conmutativa de
naturaleza contractual, (ejemplo, prestar al paciente el tratamiento
convenido, en las condiciones acordadas y no otro, en otras distintas, salvo
razones médicas justificadas que aconsejen variar el plan terapéutico
establecido ante la aparición de una alteración inesperada) 9.
·
Papel de la bioética en la formación del
profesional contemporáneo
Desde
nuestro punto de vista, el debate bioético contemporáneo puede plantear cuestiones
relevantes en la formación de los científicos y técnicos; es en este contexto
en el que se puede superar el reduccionismo profesional, superar la insensibilidad de cariz tecnocrático,
contribuir a la realización de verdaderos valores ciudadanos y expandir
socialmente los valores fundamentales que existen en el núcleo de la
actividad científico técnica. La formación
de los científicos y técnicos para asumir su responsabilidad social no puede
ser de ningún modo un asunto exclusivamente curricular, sino que debe
activarse en el seno de las organizaciones e instituciones profesionales,
donde se debatan profundamente problemáticas como el respeto a la dignidad
personal y el de la reverencia hacia la vida en todas sus formas.
·
Algunas interrogantes actuales a las que se tiene
que enfrentar la bioética a partir del desarrollo científico técnico
Según el Dr.
Juan Antonio Blanco, la revolución tecnológica que hoy vivimos ha aprisionado
a la humanidad en una arquitectura institucional local y mundial, que la
torna obsoleta e incapaz para responder con eficacia a los retos de la realidad
cambiante; la complejidad del actual orden mundial lo hace ingobernable a
partir de la institucionalidad que emergió al finalizar
1.
¿El material genético humano debe ser transformado todo lo que sea
posible por la biotecnología?
2.
¿Deben decidir sólo los científicos y los tecnólogos sobre el
desarrollo de la ciencia y la tecnología?
3.
¿Cómo afectan las nuevas tecnologías de la informática y la
comunicación la educación de los ciudadanos?
4.
¿Deben decidir sobre el futuro del planeta quienes disponen de la
tecnología?
5.
¿Son los seres humanos más felices cuando viven en entornos más
tecnificados?
6.
¿Mejoran realmente la ciencia y la tecnología la calidad de vida de las
personas?
II.
Aspectos
particulares de la bioética en la infección por el VIH/SIDA
·
Actualidad
de la epidemia en el mundo
Cumplidos veintidós años del
descubrimiento del VIH como agente causal del SIDA, y a pesar del rápido
proceso de descripción de los primeros casos, aislamiento del agente causal (como
nunca antes en la historia de la medicina) e innegables progresos en el
ámbito terapéutico, el impacto de epidemia continúa siendo devastador en todo
el mundo. Las poblaciones de todas las regiones del planeta, clases sociales,
credos políticos y religiosos, géneros, razas y culturas, han sufrido las graves
consecuencias de la expansión incontenible del VIH. Esta pandemia ha provocado
en las dos últimas décadas un aumento jamás visto de la morbimortalidad mundial; 20 millones de personas ya han muerto, existen 40 millones de seropositivos y cada año se
registra un promedio de cinco millones de nuevas infecciones, lo que
representa entre 14 000 y 15 000 personas al día. Las regiones más afectadas son, en primer lugar, el sur de África, con
casi 30 millones de infectados (el 20% son adultos); en segundo lugar, el sur
y el sureste de Asia, con entre 6 y 7,2 millones de personas
afectadas; en tercer lugar se encuentran América Latina y el Caribe, con 1,5
millones y 500 mil, respectivamente; en cuarto lugar, los países de Europa Oriental
y del Asia Central (Rusia, Kazajstán, Turkmenistán, Kirguizistán), con 1,2
millones de infectados. América del Norte (EE.UU. y
Canadá) se encuentran en quinto lugar, con 1 millón, y los pueblos de África
del Norte y del Medio Oriente, así como los de Europa Occidental ocupan el sexto
lugar con la misma tasa de prevalencia, medio
millón de personas.
Se estima que
en el pico de la epidemia una persona con SIDA contagia a otras cinco, pero
en un período de "estabilización", como ocurre en algunos países,
cada enfermo transmite el virus a un promedio de 1,5 personas. El SIDA se ha convertido en la primera
causa de muerte de los hombres comprendidos entre los 15 y los 59 años de
edad.
·
Conflictos
bioéticos relacionados con el VIH/SIDA
El SIDA es una enfermedad cargada de
dilemas éticos, por lo que hay que prestar atención tanto a sus aspectos
biológicos como bioéticos. A los compromisos de encontrar vacunas y tratamientos
efectivos se han sumado campañas para proteger los derechos humanos y la
dignidad de las personas infectadas por el VIH y(o) afectadas por el SIDA.
Al igual que, pongamos por caso, el
proyecto del genoma humano, el SIDA muestra también la inevitabilidad de la bioética por la complejidad de los temas que involucra.
A nivel práctico, se plantean problemas
en diversas áreas: confidencialidad, distribución de recursos, uso de sujetos
humanos en la experimentación, desarrollo de medidas sanitarias para las
escuelas, el lugar de trabajo, las prisiones y la sociedad en general,
campañas educativas, campañas de detección, consentimiento informado y un
largo etcétera. Ningún aspecto de esta epidemia está desprovisto de una
dimensión bioética.
·
El
debido respeto a los enfermos
Considerando que los problemas bioéticos
que se presentan en el caso de los enfermos de VIH/SIDA se deben analizar a
la luz del bien de la persona que se pone como centro y fin de la medicina, y
del actuar del profesional de la salud. Es fundamental insistir en la
obligatoriedad por parte del personal de salud de atender y apoyar a las
personas infectadas. La razón última de esta obligación se halla en que el enfermo
se encuentra en una situación de fragilidad y sufrimiento tal que le
corresponde, en primer lugar, que se le ayude a cuidar su salud y vida. Es en
este contexto en el que se revela el significado mismo de la profesión médica,
que más que un mero oficio que presta servicios a un "cliente", es
un mandato moral del que la sociedad reviste a alguno de sus miembros
formándolos con competencia y habilidades propias, para que, en virtud de la
función eminentemente social que ejercen, ayuden a todos aquellos que recaben
de sus servicios. Es ilustrativo al respecto el hecho de que el primer código
de
De igual modo, el paciente que sabe que
está infectado, está igualmente obligado a revelar su situación al personal de
salud que lo atiende.
La asistencia médica debe realizarse
aun en el caso de que la muerte del enfermo sea ya inminente. En el enfoque
paliativo, el objetivo fundamentar de la terapéutica es conseguir el máximo
bienestar posible para los enfermos y sus allegados, controlando los síntomas
y proporcionando la asistencia humana y espiritual que una situación de esta
índole merece. En todo momento se debe evitar el denominado encarnizamiento
terapéutico, consistente en tratar de alejar lo más posible la muerte,
prolongando la vida de un enfermo sin esperanzas de recuperación, utilizando
para ello no sólo medios proporcionados, sino también desproporcionados 11,
12.
Las unidades de cuidados paliativos no
son un lujo, sino la respuesta humana que las sociedades avanzadas han dado
al problema de la muerte bajo el influjo de la bioética. Su objetivo es
ayudar a vivir hasta que llegue la muerte. Es bueno aclarar que morir con
dignidad no significa morir sin dolor, pero inconscientemente debido a los
sedantes suministrados, sino con el menor dolor posible y con el máximo de
control permisible sobre la situación 11.
Todo enfermo en situación terminal tiene derechos que deben ser respetados, a
saber: ser tratado como un ser humano hasta el fin de sus días, recibir una
atención personalizada, participar en las decisiones que afecten los cuidados
que ha de recibir, que se le apliquen los medios necesarios para combatir el
dolor, recibir respuesta adecuada y honesta a sus preguntas, brindándosele
toda la información que pueda asumir e integrar, mantener su jerarquía de valores
y no ser discriminado por el hecho de que sus decisiones puedan ser distintas
a las de quienes les atienden, mantener y expresar, en caso de tenerla, su fe
religiosa, ser tratados por profesionales competentes que estén capacitados
para la comunicación y que puedan ayudarle a enfrentar la muerte, recibir el
consuelo de la familia y amigos que deseen acompañarle y morir en paz y, como
ya referimos, con dignidad.
En muchos casos, el paciente enfermo de
SIDA en estadio terminal es una persona muy joven;
es necesario entonces, para disminuirle la angustia existencial que su
situación le provoca, hacerle ver que su vida, aun siendo de corta duración,
tiene sentido y es importante, que entienda que el tiempo que le queda es
tiempo de vida y no una espera angustiosa de la muerte. Los especialistas que
atienden este tipo de problemas requieren de un compromiso y una sensibilidad
especial que los capacite para entender y proporcionar respuestas adecuadas a
dichas demandas.
·
Estigma
y discriminación
No todas las personas infectadas por el
VIH o enfermas de SIDA se contagian por su responsabilidad; pero incluso si
ello fuera así, no existe ninguna justificación legítima para estigmatizarlas
ni discriminarlas familiar, social o laboralmente. A los infectados por el
VIH y a los pacientes de SIDA se les debe tanto respeto y asistencia como a
cualquier otro enfermo, e incluso más, pues los enfermos con infección por
VIH muchas veces viven solos su dolencia y caen rápidamente en la depresión.
Los sentimientos de culpabilidad, rabia y ansiedad ante la incertidumbre y la
discriminación los acompañan en el diario vivir, por lo que requieren, más
que otros, de un particular apoyo.
Hoy se reconoce que existen tres fases
en la epidemia del SIDA en cualquier sociedad. La primera es la epidemia de la
infección por el VIH, la cual penetra en una comunidad de manera silenciosa y
sin que nadie se de cuenta. A continuación le sigue la epidemia del SIDA, que
aparece cuando el VIH provoca infecciones que amenazan las vidas. Por último
está la tercera epidemia, la del estigma, la discriminación, la culpa y el
rechazo colectivo. La estigmatización y la discriminación relacionadas con el
VIH/SIDA dificultan la prevención al hacer invisible y ocultar la epidemia.
El estigma tiene raíces muy antiguas;
se ha descrito como una característica que desprestigia considerablemente a
un individuo ante los ojos de los otros. También tiene importantes
consecuencias sobre el modo en que los individuos se perciben a sí mismos. La
estigmatización es un proceso. Las características a las que se fija el
estigma (color de la piel, la forma de hablar, las conductas), pueden ser muy
arbitrarias. Dentro de una cultura o un ambiente en particular, ciertos
atributos son tomados y definidos por otros como deshonrosos o indignos. Por
lo tanto, la estigmatización describe un proceso de subvaloración más que un rasgo 13.
Gran parte del estigma relacionado con
el VIH/SIDA se construye sobre concepciones negativas anteriores y las
refuerza. A menudo se cree que estas personas merecen su destino porque han
hecho algo malo. Con frecuencia estas “malas acciones” se vinculan con relaciones
sexuales o con actividades sexuales ilícitas o reprobadas por la sociedad, al
igual que el consumo de drogas. Los hombres infectados pueden ser percibidos
como homosexuales, bisexuales o clientes de prostitutas. Las mujeres son
percibidas como promiscuas o prostitutas. A menudo, la familia y la comunidad
perpetúan el estigma y la discriminación, en parte por miedo, en parte por
ignorancia y en parte porque resulta cómodo culpar a quienes se han visto
afectados primero.
Las imágenes que acerca de esta
epidemia aparecen en la televisión y medios de comunicación de muchas partes
del mundo, insinuando que se trata de una enfermedad de drogadictos,
homosexuales, negros, etc., también contribuyen a la estigmatización y la
discriminación al reforzar esos estereotipos y creencias, contribuyendo, de
esta manera, a sostener la indiferencia de muchas personas hacia la suerte de
las comunidades mas profundamente afectadas; esto es un problema bioético que
las autoridades sanitarias no pueden dejar pasar por alto.
También resultan evidentes la autoestigmatización o la vergüenza sentidas por estas personas
cuando internalizan las respuestas y reacciones negativas
de los demás; esto puede conducir a la depresión, el retraimiento y los
sentimientos de autodesprecio.
En última instancia, el estigma crea desigualdad
social, hace que algunos grupos se sientan subvalorados y avergonzados y que
otros se sientan superiores.
El estigma también es perjudicial
porque conduce a los individuos a hacer cosas o dejar de hacer cosas que
perjudican a otros, o a provocar que les nieguen servicios y derechos. Por
ejemplo, un trabajador puede ser despedido por un empresario por su condición
de seropositivo real o supuesto. Las familias y las
comunidades pueden rechazar y condenar al ostracismo a quienes tienen o
consideran que tienen el VIH. Tales actos constituyen una discriminación y violan
los derechos humanos de estas personas.
Pudiéramos decir entonces que la
discriminación se produce cuando se realiza contra una persona una distinción
que da lugar a que sea tratada parcial e injustamente por pertenecer o porque
se perciba que pertenece a un grupo particular.
El estigma asociado al VIH/SIDA y la discriminación
que se puede derivar de él, hace que con frecuencia se vean violados los derechos
de las personas afectadas. Esta violación de los derechos incrementa el
impacto negativo de la epidemia. En el plano individual, por ejemplo, provoca
depresión, angustia y desesperación excesiva, factores que contribuyen a
potenciar el avance de la enfermedad. En el plano de la familia y la
comunidad, provoca que las personas se sientan avergonzadas y oculten sus
vínculos con la epidemia. Y en el plano de la sociedad, la discriminación
contra estas personas refuerza la creencia errónea de que semejante proceder
es aceptable y que los infectados deben ser apartados y culpados.
En muchos lugares del mundo se han producido
numerosos ejemplos de semejantes violaciones. Las personas con el VIH/SIDA se
han visto segregadas en escuelas y hospitales, incluso en condiciones crueles
y degradantes (a menudo se han denunciado casos de tratos vergonzosos en
cárceles, donde los reclusos se ven confinados sin que se satisfagan sus
necesidades básicas, incluida la atención médica), se les ha negado el
empleo, el derecho a casarse, han sido asesinados a causa de su condición de seropositivos (en diciembre de 1999, una joven voluntaria
fue apedreada y golpeada hasta la muerte por sus vecinos, cerca de Durban,
Sudáfrica, por haber hablado en público acerca de su infección).
A pesar de que sobre estos asuntos se
ha legislado, todavía el bioderecho o biojurisprudencia tiene mucho que hacer en la protección
jurídica de estas personas.
·
Secreto
profesional y confidencialidad
Otro de los problemas bioéticos que se
han planteado en relación con la epidemia del SIDA, es el del
secreto profesional, pilar fundamental de la relación del médico con el paciente.
Dado que quienes son portadores del VIH
pueden infectar a terceros, muchos médicos se preguntan hasta qué punto están
obligados a guardar el secreto profesional si su silencio puede implicar que
personas inocentes se infecten. El problema, por lo tanto, consiste en saber cómo
compatibilizar el secreto profesional del médico y del equipo que atiende al
paciente, con la exigencia ética que surge de evitar un mal a aquellas
personas que, de mantenerse un riguroso secreto profesional, se van a contagiar
y corren peligro de morir.
Para resolver este conflicto, hay que
empezar reconociendo que la salud no es sólo un bien personal, sino también
un bien social. Es por ello que existe ahora cierto consenso en el sentido de
que el interés social de la salud exigiría la revelación del secreto
profesional cuando el silencio riguroso que en otras circunstancias se exige
pudiera hacer peligrar la vida de terceros. Así, una primera conclusión
importante es que, a la luz del valor de la vida humana, el secreto
profesional no es un valor absoluto, y que bajo ciertas condiciones puede ser
revelado.
Para
Esta tesis, que cada vez encuentra más
adeptos, se deriva de un principio de justicia, por cuanto lo que se pretende
es evitar un daño injusto a terceros inocentes.
Concretando, las condiciones para realizar la revelación
del secreto profesional son:
1.
Que la
necesidad de revelar nazca de la exigencia de proteger un bien y(o) un derecho
igual o superior a aquel que se quiere resguardar. En este caso sería la
vida.
2.
Que el médico
haya hecho toda tentativa para convencer al paciente de la necesidad de
revelar el secreto.
3.
Que se adopten
todas las cautelas y que se le ofrezca asistencia sicológica al informado.
4.
Que no se
revele más de lo que el fin de tal revelación exige.
5.
Que el
destinatario de la revelación sea la persona que está en peligro de contagio.
Dada la complejidad del tema y las implicaciones
que la revelación de una información de esta índole puede tener, es
importante un adecuado apoyo para el médico que se halla en la situación de
revelar o no un secreto obtenido en el ejercicio de su profesión.
·
La
encrucijada de los avances terapéuticos
Otro dilema bioético al cual tiene que
enfrentarse la humanidad con relación a esta enfermedad, proviene de la
paradoja de que lo que puede ser bueno a escala individual, quizás pueda no
serlo tanto a escala colectiva. En efecto, a menos que consigamos que las personas
infectadas practiquen siempre sistemáticamente estrictos comportamientos de
prevención y no de riesgo, la epidemia seguirá extendiéndose; en otras
palabras, al aumentar la calidad de vida de las personas infectadas, gracias
al desarrollo de las terapias antirretrovirales, incrementamos
el reservorio de virus en la comunidad humana, y así incrementamos la posibilidad
de que practiquen comportamientos de riesgo. Es decir, cuanto mayor sea la longitud
de vida de estas personas y mejor sea su calidad de vida, más tiempo y en más
ocasiones habrán de mantener sin resquicios sus comportamientos de riesgo; es
por ello que mas profundo deberán ser nuestros conocimientos de los procesos
psicológicos de cambio de conducta, así como de aquellos factores que facilitan
o dificultan dicho cambio y que ayudan a mantenerlo vigente a través de
periodos de tiempo prolongados.
En estos momentos consideramos que el
arma más eficaz para luchar contra la extensión de esta pandemia, es el
cambio de conductas a partir de la puesta en marcha de estrategias de
prevención rigurosamente diseñadas, y continuará siéndolo durante largos
años, a no ser que se modifiquen radicalmente las circunstancias presentes,
aun con la ayuda de medicamentos poderosos 11.
Otros problemas bioéticos a los que se
tienen que enfrentar los profesionales de la salud en su atención al paciente
VIH/SIDA, son los relativos a la reproducción humana, el aborto y la
anticoncepción, y el nacimiento.
·
Programa
cubano de control del VIH/SIDA
El programa cubano de prevención y
control del VIH/SIDA como tal, surgió en el año 1986. La estrategia cubana de
lucha contra el SIDA se basa en cuatro aspectos básicos:
1.
Estudio serológico de grandes grupos de poblaciones.
2.
Estudio
epidemiológico de los seropositivos para la detección
rápida de otros infectados.
3.
Ingreso al
sistema sanatorial de un por ciento elevado de los casos detectados para su
educación, garantizándole las mejores condiciones de tratamiento y así disminuir en lo
más posible la circulación del virus entre la población.
4.
Reincorporación
al medio social, laboral y familiar de los seropositivos responsables con su salud y con la de los demás.
5.
Desarrollo de
una estrategia preventiva en educación para la salud.
En 1994 se puso en vigor el Sistema de
Atención Ambulatoria (SAA). De este modo, los pacientes después de ser
detectados, confirmados, caracterizados integralmente por una comisión (constituida
por médicos, psicólogos, y trabajadores sociales) y verificado que su
convivencia fuera del sanatorio no entrañaba riesgos para su salud, ni para
las personas que con ellos se relacionan, tenían la posibilidad de acogerse a
recibir a una atención especializada ambulatoria, que les permitiera una
mejor integración a su medio sociofamiliar. Posteriormente, en enero del año
1998 se inició el ensayo de otra modalidad de atención sanatorial a los seropositivos, denominada Hospital de Día. Esta modalidad
tiene la peculiaridad de que las personas acuden al sanatorio por la mañana y
se van a sus hogares por la tarde durante 8 semanas, recibiendo la misma
atención, aunque mas intensamente.
En el año 2000 se inició en Cuba la
producción de los primeros medicamentos antirretrovirales,
los cuales se administran a todos los pacientes que los necesiten sin costo
alguno.
Estos son algunos de los elementos
esenciales que conforman la estrategia cubana de lucha contra el SIDA que ha
venido realizando nuestro país, y que ha permitido disminuir el ritmo de propagación
de la infección, impidiendo que se convierta en un importante problema de
salud para nuestra población.
Aun cuando son indiscutibles los logros
de esta política, a Cuba, en el plano internacional, se le ha objetado sobre
todo el control coercitivo que ha puesto en práctica con el aislamiento sanatorial,
reprochándosele cierto paternalismo despótico.
En realidad, el control de la epidemia
alcanzado por Cuba, las condiciones de vida y atención que gratuitamente
reciben los pacientes y la prolongación de su promedio de vida después de
diagnosticados, han hecho que paulatinamente estos criterios se hayan ido
modificando, al compararse nuestros resultados con el crecimiento geométrico
de la infección en otras partes del mundo y el pronóstico sombrío que le
espera a poblaciones enteras en los próximos años, donde se presagia una despoblación
total.
Por último, quisiéramos señalar que, a
pesar de todas las disposiciones vigentes para proteger a las personas con
VIH en Cuba, no por ello se ha estado exento de problemas relacionados con la
bioética en la atención a estas personas. Por ejemplo, algunas
administraciones, por desconocimiento y(o) prejuicios, han intentado separar
de sus empleos a trabajadores con VIH a través de las comisiones de peritaje
médico, ignorando las decisiones de las autoridades y los procedimientos
establecidos por
En una muestra de 80 trabajadores con
VIH acogidos al SAA, egresados del Sanatorio de Santiago de las Vegas, 16
fueron objeto de intentos de exclusión. De los doce que tenían contratos
permanentes, ninguno pudo ser separado, aunque uno, desalentado por los
problemas que esto le estaba acarreando, abandonó el litigio. Los 4 con
contratos temporales no pudieron continuar laborando, pese a que antes de
conocerse el diagnóstico eran considerados buenos trabajadores. Las
administraciones, en estos casos, se escudaron en falsos conceptos de
idoneidad, detrás de los cuales se escondían el prejuicio y el miedo. En
algunas ocasiones se ha argumentado hasta posibles daños a terceras personas
por la presencia de una persona con VIH, evidenciándose con este tipo de
argumento una colosal ignorancia, pues la situación más bien es al revés; son
las personas inmunodeprimidas las que se exponen al
riesgo de contraer alguna infección oportunista debido a la labor que
realizan o al ambiente laboral que frecuentan.
En algunos casos las manifestaciones de
rechazo son más sutiles. Se han ofrecido a los trabajadores con VIH opciones
tentadoras como pagarles el salario sin trabajar, bajo el pretexto de
cuidarlos y, en realidad, lo que se intenta es alejarlos del entorno laboral.
Las personas que se encuentran con
mayor desventaja son los jóvenes seropositivos que
no tienen vínculo laboral y deciden buscar empleo. Pese a que está
establecido por las Direcciones Municipales de Trabajo que hay que gestionarle
el empleo a estas personas (dentro de las posibilidades de cada territorio),
si ellos declaran su condición de seropositivos,
salvo excepciones, no consiguen empleo, aunque tengan la calificación
requerida.
Algunos empleadores, en una flagrante
violación, incluso de dictámenes internacionales, han establecido irracionalmente
como requisito preempleo el test del VIH. De ser éste positivo, no hay contrato posible; situaciones de este
tipo se han dado en la empresa empleadora de marinos mercantes y en la fundición
“Hermanos Ruiz Aboy”.
En el caso de los estudiantes, no han
existido dificultades con los centros de enseñanza de los Ministerios de
Educación, Educación Superior y Cultura, pero sí serias dificultades con
algunos alumnos de las escuelas de Enfermería pertenecientes al Ministerio de
Salud Pública, donde, al conocerse el diagnóstico, se les han hecho presiones
de todo tipo para que abandonen los estudios, sin que se den razones
científicamente argumentadas.
CONSIDERACIONES FINALES
·
Mientras que la ética es una ciencia filosófica y,
por lo tanto, suficiente por sí misma para intentar la búsqueda de respuestas a las
preguntas que se hace, la bioética es una disciplina que se ocupa de complejos
problemas concretos, aunque éstos sean de carácter global y requieran, por consiguiente,
del concurso de los métodos de otras ciencias particulares, lo que implica un
enfoque necesariamente multidisciplinario en su modo de hacer.
·
La relación de la bioética con la ética médica
tradicional debe ser concebida en términos de continuidad y ruptura. La
bioética es un enfoque cualitativamente superior, renovado, de la ética
médica tradicional, que trasciende el estrecho marco de la medicina para plantearse
el estudio de las implicaciones morales y sociales derivadas de la implementación
de las nuevas tecnologías resultantes del avance de las ciencias. Su enfoque
es holístico, en tanto los problemas de la salud y
la vida son analizados en el contexto de la compleja trama de las relaciones
naturales y sociales, individuales y colectivas.
·
La importancia del conocimiento de la bioética radica
en que ella propone una metodología de solución racional y humanista a los
complejos problemas que afrontan los que tienen que tomar decisiones con
respecto al cuidado de la salud de las personas, de la comunidad y de la
sociedad, en un mundo cada vez más inconsciente e irracional.
·
Numerosos son los retos presentes y futuros que, en
el terreno bioético, la epidemia de SIDA le está imponiendo a la humanidad. Asociado
al VIH/SIDA aparecen realidades como el estigma y la
discriminación, los problemas relacionados con la confidencialidad y la
privacidad, el secreto profesional, el encarnizamiento terapéutico y los
problemas relativos a la muerte, el desarrollo de nuevos medicamentos, etc.
La indefensión y vulnerabilidad a que se ven sometidas muchas de estas
personas en todos los ordenes, ha puesto sobre el tapete la incapacidad de la
sociedad contemporánea para lidiar con lo incontrolable y lo desconocido. La
bioética puede ser “el hilo de Ariadna” que nos permita probar que aún somos una
especie consciente en su acepción más amplia.
·
La estrategia cubana de lucha contra el SIDA ha mostrada
ser eficaz, en tanto se ha logrado disminuir el ritmo de propagación de la
epidemia. El control de la epidemia alcanzado por nuestro país, las
condiciones de vida y atención que gratuitamente reciben los pacientes y la
prolongación de su promedio de vida después de diagnosticados, son reconocidos
en cualquier parte del mundo. No obstante, a pesar de todas las disposiciones
vigentes por el Estado cubano para proteger a estas personas, aún subsisten
violaciones relacionados con la bioética que denotan ignorancia, miedos y
prejuicios.
BIBLIOGRAFÍA
1.
Barreras A.
Construcción de una teoría ética. En: Acosta R. Bioética para la sustentabilidad.
2.
Amaro M, Marrero A., Valencia M, Blanca S, Moynelo H. Principios básicos de la bioética. Revista Cubana de Enfermería 1996;12(1).
3.
González U.
Ubicación de la ética, la bioética y la ética médica en el campo del
conocimiento. Revista Cubana Salud Pública 2002;28(3).
4.
Pérez M, Pérez
A. Fundamentar la bioética desde una perspectiva nuestra en: Acosta R. Bioética desde una perspectiva
cubana.
5.
Acosta R.
Bioética. Una vez más. II Jornada Científica Estudiantil Virtual. Facultad de
Ciencias Médicas: “Comandante Manuel Fajardo”.
6.
Fung T. La bioética: ¿un
nuevo tipo de saber? En: Acosta R. Bioética para la sustentabilidad.
7.
Santos L. La
bioética como una disciplina crítica. En: Acosta R. Bioética para la sustentabilidad.
8.
Acosta R. La
bioética de Potter a Potter.
En: Acosta R. Bioética para la sustentabilidad.
9.
Blanco L.
Notas acerca de los procedimientos de toma de decisiones éticas en la clínica
médica. Cuadernos de Bioética. Disponible en: URL: http://www.bioetica.org.
10.
Blanco J. Ética y civilización: Apuntes para el tercer
milenio. En: Acosta R. Bioética
desde una perspectiva cubana.
11.
Bayés R. Sida y psicología. Editorial Libros Universitarios
y profesionales; 1995.
12.
Morales F. Psicología de la salud. Conceptos básicos
y proyecciones de trabajo.
13.
Aggleton P, Parker R. Marco conceptual y base para la
acción: Estigma y discriminación con el VIH/SIDA. ONUSIDA; 2002.
14.
Naciones Unidas. El VIH y los derechos humanos.
Directrices internacionales. Nueva York: Naciones
Unidas; 1998.
15.
Lugones M. Estrictamente confidencial. Rev Cubana Med Gen Integr 2003;19(2).