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MEDISAN 2009;13(2)

 

COMUNICACIÓN  BREVE

Facultad de Enfermería

Valoración de la sexualidad en la adolescencia a partir de los estereotipos sexuales
Evaluation of sexuality in adolescence from the sexual stereotypes

Lic. Bismarys Lescaille Riverí, 1    Lic. Dayamí Odelín Veranes, 2    Lic. Maritza González, 3  Lic. Katia Alfonso Aguilera  4  y   Lic. Alina Arencibia Álvarez 5


Resumen

Se indagó acerca de la sexualidad y la procreación responsable en la adolescencia como perspectivas de análisis dentro de las ciencias médicas, desde un enfoque de género, y se expusieron  algunas consideraciones sobre la etapa de la adolescencia y los estereotipos sexuales.

Descriptores: ADOLESCENTE; SEXUALIDAD;  PLANIFICACIÓN FAMILIAR; IDENTIDAD DE GÉNERO; CONDUCTA SEXUAL 

Límites: HUMANO FEMENINO; HUMANO MASCULINO; HUMANO FEMENINO, ADOLESCENTE; HUMANO MASCULINO, ADOLESCENTE


Abstract

Sexuality and the responsible procreation in the adolescence were investigated as analysis perspectives within the medical sciences, from a gender approach, and some considerations on the stage of adolescence and the sexual stereotypes were exposed.

Subject headings:  ADOLESCENT; SEXUALITY; FAMILY PLANNING (PUBLIC HEALTH); GENDER IDENTITY; SEXUAL BEHAVIOR

Limits: HUMAN FEMALE; HUMAN MALE; HUMAN FEMALE, ADOLESCENT; HUMAN MALE, ADOLESCENT


     Los estudios de la sexualidad en la adolescencia constituyen en la actualidad una de las propuestas de análisis dentro de las ciencias médicas, enfocadas desde una perspectiva de género, objeto de estudio de las ciencias sociales  tanto en Cuba como en el resto del mundo.

     El término adolescencia que proviene del vocablo latino adolecer, significa padecer, se consideró solo un tránsito entre la infancia y la adultez, pero hoy existen motivos suficientes para considerarla como una etapa dentro del proceso de desarrollo del ser humano y exclusivo de nuestra especie. Para definir esta etapa, con criterios basados en sus límites de edad, se han encontrado serias dificultades, fundamentalmente en cuanto a la edad de terminación por la gran variabilidad que suele haber en este grupo. 1

     A lo largo de los siglos, nuestra sexualidad ha sido formada en la cultura del “NO”, la prohibición, la represión, el miedo, el silencio, los sermones moralizantes y la incomunicación. Tradicionalmente la han rodeado de un halo de perniciosidad, culpabilidad, represión y rechazo. Si estos criterios han sido profusamente aplicados a adultos de las más diversas edades, cómo será su práctica en niños, niñas y adolescentes.

     Cuando los niños se acercan a la pubertad, sus intereses y curiosidades son más complejas; para satisfacer aproximadamente estos requerimientos, los padres deben prepararse con mayor esmero, pues la educación de los hijos adolescentes debe incluir una amplia información sexual y orientación adecuada.

     Es necesario preparar al adolescente para que se valga por sí mismo, aprenda a pensar, valorar, tomar decisiones y actuar por cuenta propia. 1, 2

     De esta forma quedan identificados  aspectos básicos de la situación de los adolescentes, tales como: la deficiente preparación para la vida en pareja, el amor, el matrimonio y la familia, lo que genera problemas como embarazo precoz, abortos, matrimonios en edades tempranas e infecciones de transmisión sexual. 3, 4

     Nuestro país no escapa de esta situación, es por ello que consideramos que reflexionar sobre este tema e identificar cómo piensan los adolescentes acerca de su sexualidad representa una línea de investigación dentro de la atención primaria.

     Por este motivo decidimos realizar este estudio con el objetivo de que profesionales multidisciplinarios trabajen en la comunidad, así como en las escuelas y tengan un conocimiento más completo de la sexualidad en la adolescencia, desde una perspectiva de género.

Adolescencia: etapa importante dentro del proceso de desarrollo del ser  humano

     Durante mucho tiempo, la adolescencia se consideró solo un tránsito entre la infancia y la adultez, pero hoy existen motivos suficientes para considerarla como una etapa dentro del proceso de desarrollo del ser  humano y exclusivo de nuestra especie. Para definirla, con criterios basados en sus límites de edades, se han encontrado serias dificultades en cuanto a la edad de terminación, por la gran variabilidad que suele haber en este grupo.

     Durante los siglos XVIII y XIX, se desató en el mundo occidental, liderado por la iglesia católica y algunos sectores moralizantes, una verdadera cacería de brujas contra la sexualidad  en la adolescencia. Sanciones, castigos, represiones dirigidas a evitar la "degeneración" física y mental producida por sus inquietudes sexuales o peor aún por las prácticas eróticas solitarias o de pareja.

     Solo basta recordar los criterios de muchos médicos que bajo la influencia de Krafft Ebing, aún a inicios de este siglo, recomendaban como tratamiento a estos "trastornos" exponer los genitales de los adolescentes "desviados" al contacto con metales candentes u otras prácticas iatrogénicas. 2, 3

     Naturalmente en los inicios del tercer milenio, estas prácticas obsoletas parecen monstruosas y absurdas. En general, los criterios educativos se han flexibilizado, pero aún la educación de la sexualidad de niños, niñas y adolescentes continúa padeciendo graves deficiencias al mantenerse con un carácter sexista, estandarizada, despersonalizada y cargada de mitos y tabúes. Educación que le niega al adolescente la posibilidad de madurar en esta y otras esferas con un lenguaje y modo de expresión propios, particular, en correspondencia con sus potencialidades, necesidades y aspiraciones individuales. 4

     Una educación basada en el conocimiento, la aceptación y la comprensión, evita que se convierta en una etapa de crisis.

     Esta forma de educación, al negar la singularidad de cada adolescente, lo obliga a reproducir fielmente los modelos estandarizados, polarizados y contrapuestos que sobre lo femenino y lo masculino establece y dicta la sociedad patriarcal. 5

¿Qué es un estereotipo sexual y cómo surge?

     Es con el surgimiento de las sociedades patriarcales divididas injustamente entre ricos y pobres, que los hombres  se convierten en dueños de la propiedad privada, es decir, de las tierras, del ganado, las herramientas, comienzan a ser considerados erróneamente sexo fuerte y las mujeres, dedicadas desde entonces solo al cuidado de la familia, se convierten en el mal llamado sexo débil. Para poder garantizar el orden de desigualdad entre los sexos y discriminación de la mujer, todas las estructuras sociales han educado al hombre y a la mujer de manera que ellos aprendan desde edades tempranas a reproducir estereotipos sexuales, modelos sociales  que reglamentan cómo se deben comportar el hombre “fuerte y  poderoso” y la mujer “débil y sumisa “en toda situación de la vida.  6

¿Por qué mundo rosado?

     Se denomina mundo rosado al estereotipo femenino a partir del color con que se viste a las niñas cuando nacen, otros autores también lo relacionan con el pétalo de una rosa, se describe como símbolo de la debilidad, la ternura, la delicadeza,  otras cualidades de la personalidad que la deben caracterizar y no le permiten desempeñarse con éxito en las tareas sociales y laborales futuras de todo tipo.

     A la niñas se les socializa para la reproducción, de la mujer se espera que asuma la mayoría de las tareas reproductivas de la sociedad, es decir, todas las relacionadas con la reproducción de la vida en un sentido amplio, alumbramiento y crianza de los hijos, cuidados físicos y apoyo afectivo de la célula familiar (hijos, cónyuges y ancianos), razón por la cual se orienta hacia la intimidad, las relaciones interpersonales vinculadas por lazos afectivos. 6,7

¿Por qué mundo azul?

     El mundo azul es el estereotipo sexual masculino, por el color con que se viste al varón desde que nace y se simboliza con la masculinidad; dicho estereotipo lo obliga cuando sea mayor a desempeñarse social y laboralmente  de manera muy exitosa, fuerte, enérgico, aún cuando al ser pobre o en el caso de que como todo ser humano se enferma o sufre de determinado problema, se ve obligado a comportarse como un ser fuerte  y poderoso, pero sensible ante las situaciones de la vida. Este estereotipo lo obliga desde que nace a prepararse para asumir su función de proveedor, es decir, de la persona encargada de satisfacer él solo, las necesidades materiales de alimentación, ropa y vivienda de toda su familia.  6, 7

     Ser varón es considerablemente ventajoso, pues supone haber nacido en un sexo que inspira orgullo y prestigio, a estos por el simple hecho de serlos, se les ofrecen ventajas y se les presupone virtudes que las mujeres deben ganase a pulso, igualmente los varones disponen de mayores libertades y se les permiten más transgresiones. 8

     Si lo analizamos un poco nos percatamos que estos rasgos y cualidades que se adjudican al hombre o a la mujer no son inherentes a un solo sexo, sino que pueden formar parte de la personalidad y ser indispensables, tanto al varón como a la hembra, para prepararse para una vida plena y feliz.  9

     Los adultos les negamos, especialmente a las del sexo femenino, las vías de información; a los varones, los valores, los modos de conductas alternativas, cargados del afecto y comprensión que ellos necesitan. Con frecuencia, lejos de ponernos en su lugar, de tratar de comprender sus transformaciones, angustias, incertidumbres e inseguridades derivadas del proceso de crecer, consciente o inconscientemente, tratamos que sean el espejo en el que se reflejen nuestros propios tabúes, prejuicios y conflictos.

     El criterio educativo fundamental, a partir del cual pensamos que vamos a conducir por el buen camino la sexualidad de nuestros chicos y chicas, es a través de una combinación del silencio con las sanciones y prohibiciones moralizantes que supuestamente los preservará de los problemas y trastornos de la sexualidad. 9, 10

     Los métodos coercitivos se convierten en un incentivo, que además de exacerbar su natural curiosidad dirigida a esta esfera, los motiva a la búsqueda de la información y los valores indispensables para su maduración psicosexual, con sus coetáneos o con adultos no siempre bien intencionados o preparados al respecto. Los mayores, queramos o no, somos los artesanos que esculpimos en la materia prima que aporta individualmente cada adolescente, según sus propios espacios vitales, esa importante y hermosa manifestación de su personalidad que es la sexualidad.  10, 11

¿Cómo se forma la masculinidad y feminidad a partir de los estereotipos sexuales?

     Desde muy pequeños y pequeñas, toda conducta del varón o de la niña que reproduzca el estereotipo sexual (mundo azul o rosado) serán estimuladas por los padres, las madres y los adultos en general, a través de diversas formas de reconocimientos o premios, mientras que las conductas que no  cumplan con las exigencias y los rasgos del estereotipo correspondiente a su sexo serán rechazadas, sancionadas y a veces castigadas duramente; así aprendemos desde edades tempranas, aún cuando nos guste o no, a reproducir los modelos estereotipados de masculinidad y feminidad establecidos por las sociedades patriarcales. 9

     Comprendamos que ni el hombre ni la mujer dejan de ser masculinos o femeninos, solo por no cumplir con esos rasgos y cualidades estereotipados que dañan la sexualidad toda, al no permitir que cada persona según sus posibilidades y sus necesidades particulares, desarrolle cualidades que les son propias de manera auténtica, al armonizar con su personalidad y que  no tiene que estar ligada obligatoriamente a un sexo u otro.

     Al relacionar este tema con nuestro comportamiento para prevenir VIH/SIDA veremos que cada hombre o mujer deben tener la libertad de determinar su sexualidad y decidir cómo expresarla. Lo fundamental es que el adolescente o la adolescente  asuman la sexualidad de manera plena y responsable,  es decir, que su comportamiento y manifestaciones sexuales sean auténticos y no dañen ni afecten a las personas que los rodean. 12

Conclusiones

     El proceso de dirección del desarrollo sexual de nuestros niños, niñas y adolescentes comienza solo cuando los mayores estamos listos para crecer nosotros mismos en el sentido de penetrar, controlar y superar nuestras deficiencias y limitaciones, nuestros conflictos y contradicciones. Solo entonces estaremos en condiciones de convertirnos en verdaderos y eficientes educadores y orientadores sexuales. Nuestra máxima aspiración es potenciar en los adolescentes una vida sexual y social placentera, plena y responsable, a través de los senderos que ellos mismos se propongan y sean capaces de trazar. Es en ese sentido que dirigimos nuestro compromiso y nuestros mayores esfuerzos.

Referencias bibliogrÁficas

1.       OPS/OMS. Atención a las enfermedades trasmitidas sexualmente. Washington, DC: OPS/OMS, 2001:1-6.

2.       ----. Salud sexual y reproductiva. Factores que influyen sobre la salud sexual y reproductiva. Washington, DC: OPS/OMS, 2001:10-6.

3.       Fernández Pacheco R, Guerrero Borrero R, Socarrás de la Fuente S. Sexualidad y adolescencia. La Habana: Editorial Científico- Técnica, 2000:12-5.

4.       Peláez Mendoza J, Rodríguez Pons O, Bermúdez Sánchez R. Varón adolescente. Responsabilidad sexual y anticoncepción. Sexología y Sociedad 2002;(8):24-8.

5.       Del Río C, Uribe ZP. Prevención de las enfermedades de transmisión sexual y Sida mediante el condón. Salud Pública México 2001:42.

6.       González Hernández A, Castellanos Simons B. Sexualidad y género. Alternativas para su educación ante los retos del siglo XXI. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 2003: 16- 9.

7.       ----. Reconceptualización de la sexualidad masculina y femenina en los albores del nuevo siglo. Sexología y Sociedad 2004; 10(26): 9 -15.

8.       Lanza Águila MR, Bembribe Tablada R, Soto Cantero A, Martín Llamas G. Impacto del programa “Crecer en la Adolescencia”. Rev Cubana Med Gen Integr 2002; 15(1):32-5.

9.        Valdespino Breto F. Género y salud reproductiva. En: La salud reproductiva en el adolescente. Algunas consideraciones importantes. La Habana: Editorial de Ciencias Médicas, 2004: 29  – 33.

10.   Venenos AW, Chin J, Azor MS, Benealtt JE, Cross JH, Deusing AW.  Manual para el control de las enfermedades de trasmisibles.16ed. Washington, DC: OPS/OMS, 2001:5 (Publicación Científica No.564).

11.   Álvarez Lago R, Cheré C. El embarazo en la adolescencia. La Habana: Editorial Científico Técnica, 2005: 24-9.

12.   Alfaro A, García Roche R, Montera P, Fuentes J, Pérez D.  SIDA, adolescencia y riesgo. Rev Cubana Med Gen Integr 2006;16 (3):243-50.

Lic. Bismarys Lescaille Riverí.  Altos de Quintero No. 6,  Santiago de Cuba

Lic. Bismarys Lescaille Riverí


Licenciada en Enfermería.  Diplomada en Género y Familia.   Instructora
   Facultad de Enfermería, Santiago de Cuba, Cuba
2  Licenciada en Enfermería. Diplomada en Promoción de Salud Sexual y Reproductiva.     Profesora  Asistente
   Facultad de Enfermería, Santiago de Cuba, Cuba
Licenciada en Español- Literatura.  Instructora
   Facultad de Enfermería, Santiago de Cuba, Cuba
Licenciada en Psicología. Instructora 
   Facultad de Enfermería, Santiago de Cuba, Cuba
Licenciada en Enfermería. Instructora
   Facultad de Enfermería, Santiago de Cuba, Cuba

Recibido: 16 de septiembre del 2008
Aprobado: 5 de diciembre del 2008

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO

Lescaille Riverí B, Odelín Veranes D, González M, Alfonso Aguilera K,  Arencibia Álvarez A. Valoración de la sexualidad en la adolescencia a partir de los estereotipos sexuales artículo en línea] MEDISAN 2009;13(2). <http://bvs.sld.cu/revistas/san/vol13_2_09/san20209.htm>[consulta: fecha de acceso].

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