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MEDISAN 2005; 9(1)

Centro de Cirugía Cardiovascular 

Supervivencia al tratamiento quirúrgico de los aneurismas de la aorta ascendente durante el período 1987-2004

Dr CM. Héctor del Cueto Espinosa, 1 Dr. José M. Castillo Martínez, 2 Dra. Ana D. Lamas Avila 3 y Dr. Fredy Torralbas Reverón 4  

La palabra aneurisma proviene del verbo griego que significa dilatar, ensanchar. Ya en el siglo II a.n,e,, Galeno señalaba la aparición de falsos aneurismas después de traumatismos arteriales. Desde fechas tan lejanas vienen registrándose en la literatura numerosos informes sobre los diferentes aspectos clínicos de los aneurismas aórticos en general  y de la aorta ascendente en particular, hasta que en 1953 Bahnson describió la primera exéresis exitosa de un aneurisma sacular en esta localización; y 3 años más tarde, Cooley y De Bakey notificaron la resección completa de la aorta ascendente con aneurisma fusiforme, utilizando circulación extracorpórea; hechos que dieron un giro total a la solución satisfactoria de esta temible entidad.  1 - 3

Los aneurismas de la aorta torácica  se diagnostican en 6 a 8 individuos de cada 100 000, con mayor afectación de la porción ascendente en alrededor de 60 % de ellos. Varias son sus causas: degenerativas, mecánicas, traumáticas, micóticas o sépticas y por disección; pueden presentarse con carácter crónico o electivo, de manera que se dispone de un mayor tiempo para su estudio y decisión quirúrgica, pero los últimos aparecen a veces de forma brusca, perforados o a punto de hacerlo, y constituyen verdaderas urgencias, con inminente peligro para la vida del paciente con cada minuto que pasa sin tratamiento alguno.  4        

De Bakey clasificó en 3 tipos los aneurismas disecantes: el tipo I se origina en la aorta ascendente proximal y se extiende hasta la aorta ascendente, arco e incluso continuar hasta la aorta abdominal; el tipo II, cuando está limitado a la aorta ascendente; y el tipo III, cuando toma la aorta torácica en diferente extensión, aunque algunos pueden extenderse en forma proximal y afectar la aorta ascendente.  2, 5

De cualquier forma y tipo que presente, la solución de un aneurisma de la aorta ascendente siempre será un reto para el equipo que lo trate y mucho dependerá de los medios para diagnóstico y los conocimientos de que se disponga en el centro que brinde la atención.  Esa fue la razón por la cual decidimos exponer los resultados en el Cardiocentro de Santiago de Cuba para mostrar la supervivencia de los pacientes con esta afección y la experiencia que se ha ido adquiriendo a través de los años. 

MÉTODOS 

Se revisaron los expedientes recogidos en el modelo computable del Centro (SINOCA) desde enero de  1987 hasta diciembre del 2004 y se obtuvo que 37 pacientes habían presentado aneurismas de la aorta ascendente, para 1,3 % de las 2 800 intervenciones con circulación extracorpórea, efectuadas en ese período

Se registraron las variables: edad, sexo, causa, métodos diagnósticos utilizados, clasificación de los aneurismas disecantes, forma en que se realizó la intervención, tipo de técnica quirúrgica empleada, uso de paro circulatorio durante la perfusión, complicaciones peroperatorias y posoperatorias, así como supervivencia general y atendiendo a cada una de las variables recogidas. 

RESULTADOS 

En los primeros años de trabajo, a todos los pacientes ingresados se les indicaba una aortografía; luego, al adquirir nuevos equipos, se les realizaba una ecocardiografía y, si no bastaba, se completaba el estudio con la aortografía.  En los últimos tiempos, al ampliarse los conocimientos y mejorar los mecanismos de la ecocardiografía transtorácica, la mayoría de los pacientes han sido diagnosticados exclusivamente con este método, pues la tomografía axial computarizada se ha empleado excepcionalmente como complemento diagnóstico y para ganar en experiencia

Treinta pacientes eran del sexo masculino (81,0 %), de los cuales fallecieron 11, para una supervivencia de 63,3 %, superior a la del femenino (71,4 %), pues 5 mujeres egresaron vivas.  Según grupos etáreos, el menor de 30 años tuvo una supervivencia de 70,0 %; el de 31 a 40, de 83,3 %; los de 41 a 50, de  50,0 %; y los de 51 a 60 y mayores de 60, de 66,6 %.

De acuerdo con el tipo de aneurisma, 17 pacientes estaban afectados por los disecantes, no letales en 10 (58,8 %), seguidos en orden por los micóticos o sépticos, producidos en 7 personas operadas con anterioridad a causa de afecciones cardiovasculares que requirieron circulación extracorpórea, para una supervivencia de 71,4 %; y en tercer lugar por los 5 de origen degenerativo, no mortales en 60,0 %.   Los 5 pacientes con aneurismas mecánicos egresaron vivos, así como 1 de los 3  con traumáticos, para 33,3 %.

De los 17 aneurismas disecantes, 8 eran del tipo I de De Bakey y los 9 restantes del tipo II, para una supervivencia  de 75,0 y 44,4 %, respectivamente.

Al analizar el tipo de intervención quirúrgica se obtuvo que 16 pacientes fueron operados en forma electiva, de los cuales sobrevivió 75,0 %; 15 intervenidos con carácter urgente, de los que 60,0 %  egresaron vivos; y  de los 6 cuyo acto quirúrgico se ejecutó con extrema urgencia, solo 33,3 %  permanecieron vivos después de ello.

Varias fueron las técnicas quirúrgicas realizadas según el tipo y la forma de presentación del aneurisma. Trece pacientes recibieron una sustitución vascular aórtica con prótesis de woven dacrón, por no existir incompetencia valvular aórtica y estar situado por encima del plano del nacimiento de las arterias coronarias, para una supervivencia de 61,5 %. Diez pacientes presentaban, además del aneurisma, una insuficiencia valvular aórtica que no afectaba la raíz aórtica, a quienes se les colocó una prótesis vascular y otra valvular, pero separadas (técnica de Wheat), de los cuales 60,0 % egresaron vivos; en los 14 restantes existía un aneurisma con dilatación de la raíz aórtica (ectasia) e insuficiencia valvular, de modo que se les practicó la exéresis del aneurisma y se sustituyó por un conducto valvulado (prótesis vascular de woven dacrón, en cuyo extremo inferior se sutura una prótesis valvular, ambos de los diámetros requeridos por el paciente, de forma que se implanta como un solo elemento),  que se fijó en el anillo valvular después de resecar la válvula dañada. Estos pacientes requieren el reimplante en la prótesis vascular de ambas arterias coronarias, que se desprenden de la pared aórtica aneurismática (técnica de Bentall DeBono); pero si las coronarias son algo cortas y hay peligro de tensión en el reimplante, se efectúa la modificación de Carbol con un tubo de dacrón más fino para unir el origen de las coronarias a la prótesis vascular. Este último grupo tuvo una supervivencia de 71,4 %.

De la casuística, 11 de sus integrantes requirieron paro circulatorio y 36,4 % sobrevivieron; de los 26 en los cuales no fue necesario, 71,4 % egresaron vivos.

Treinta y un pacientes sufrieron alguna complicación peroperatoria y 67,7 % sobrevivió al acto quirúrgico, pero no así 5 del total.

De los 32 que sobrevivieron a la intervención, 23 presentaron alguna complicación posoperatoria, para una supervivencia de 65,2 %; de los 9 restantes que no se complicaron, ninguno falleció.

En resumen, de los 37 pacientes intervenidos, 24 (64,9 %).egresaron vivos.   

DISCUSIÓN 

La literatura médica es rica en análisis de los métodos de diagnóstico ideales para un confirmar la presencia de un aneurisma, especialmente de la aorta ascendente, entre ellos: la aortografía, que a pesar de ser invasiva, requerir experiencia y resultar algo costosa, es el estudio que mejor precisa la anatomía aórtica hasta donde se extiende, alteraciones de los vasos supraórticos y las arterias coronarias, forma de la disección, toma de la raíz del vaso y existencia de insuficiencia valvular. También ha sido utilizada la tomografía computarizada contrastada, los estudios por sustracción digital y la resonancia magnética nuclear, esta última con el inconveniente de que no puede realizarse en personas con dispositivos metálicos, muchas veces necesarios en pacientes con marcada afectación del estado hemodinámico.

La ejecución de la ecocardiografía transtorácica y, mejor aún, de la transesofágica, puede aportar detalles precisos sobre el grado de afectación de la aorta y es fácil de realizar por su accesibilidad en la propia cama del paciente.  3,  6

De todas formas, el orden de indicaciones de estos exámenes dependerá de las posibilidades del centro asistencial y de la experiencia del equipo actuante.

El sexo masculino ha sido informado en todos los trabajos como el predominante, en una relación de 1,8:1 hasta 5;  3, 5 y es en los varones en quienes ocurren los procesos de mayor gravedad.  En nuestra serie, la proporción fue de 4:1, lo que se corresponde con lo notificado por otros autores, aunque la supervivencia resultó mayor en el femenino, de acuerdo con lo explicado.

La edad promedio comunicada es de 50 años, pero el rango puede ser amplio; aunque siempre primarán las edades mayores y continuarán aumentando a medida que se incremente la expectativa de vida. 3, 6  Nuestra estadística muestra una mayor supervivencia de los pacientes de hasta  40 años, pero a partir de esa edad disminuye ostensiblemente porque comienzan a padecer enfermedades asociadas y a reducirse la capacidad de respuesta al grave proceso morboso.

En cuanto a los tipos de aneurismas, se impone explicar que la supervivencia de los 5 pacientes con aneurismas mecánicos se atribuye a la cronicidad de esos procesos, que permite sean mejor estudiados y operados en forma electiva.  En las otras variedades, la sobrevida estuvo en consonancia con su gravedad. 7  Aparentemente contradictorio, los pacientes con aneurismas de   tipo I tuvieron una supervivencia de 75,0 %, a pesar de ser más extensos que los del tipo II (limitados a la aorta ascendente), de los cuales 44,4 % de los afectados egresaron vivos.  Ello depende en gran medida también de los hallazgos en la raíz aórtica y el tipo de técnica a seguir.  1, 2,  4

La forma de intervención quirúrgica no ofrece dudas entre la electiva, la urgente y la de extrema urgencia, cuyos porcentajes fueron disminuyendo según la categoría.

En cuanto a las técnicas quirúrgicas utilizadas, estas fueron variadas según el tipo de aneurisma y la forma de presentación, a saber: sustitución vascular aórtica con prótesis de woven dacrón, sin que existiera en ellos incompetencia valvular; técnica de Wheat, o sea, implantación de una prótesis vascular y una valvular, pero separadas; técnica de Bentall De Bono original o la modificación de Carbol, con implantación de las arterias coronarias en la prótesis vascular, de gran complejidad para ejecutarlas; procedimientos todos descritos y aceptados por diferentes autores.  1, 4, 5, 7 - 9

En los casos en que el aneurisma está roto o fisurado, o es muy complicado el mecanismo a efectuar, ha de realizarse un paro circulatorio a 25 ºC o menos,  para que se faciliten las maniobras quirúrgicas. El uso del paro circulatorio se explica por la extrema gravedad de estos pacientes con aneurismas fisurados o perforados en mediastino, cuya temperatura corporal debe hacerse descender marcadamente, realizar el paro circulatorio y entonces abrir el esternón para actuar rápidamente sobre el vaso roto.  10

El número de fallecidos y pacientes complicados durante y después de la operación revelan la gravedad de esta afección y la complejidad de su tratamiento quirúrgico, pero la supervivencia general de la serie estuvo en concordancia con lo expuesto en otros trabajos similares.  1, 2, 4, 5, 8, 9, 11 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 

1.       Campbell ChD. Aneurysms of the ascending aorta. En: Aortic aneurysms: surgical therapy. New York: Future, 1981: 19-78.

2.       Troitzsch D, Vogt S, Kleikamp G, Koerfer R. Aneurismas aórticos  torácicos y disecciones. En: Circulación extracorpórea en teoría y  práctica. Berlín: Pabst Science, 2003: 145-76.

3.       Roca Goderich R. Aneurismas arteriales. En: Temas de medicina interna. La Habana: Editorial Ciencias Médicas, 2002: 514-29.

4.       Kouchoukos NT, Dougenis D. Medical progress: surgery of the thoracic aorta. New Eng J Med 1997; 336 (26): 1876-88.

5.       De Bakey ME, Henly WS, Cooley DA., Morris GC, Crawford ES, Beall AC. Surgical management of dissecting aneurysms of aorta. J  Thorac Cardiovasc Surg 1965; 49:130-49.

6.       Cigarroa JE, Isselbacher EM, De Sanctis RW, Eagle KA. Medical progress. Diagnostic imaging in the evaluation of suspected aortic dissection. Old standards and new directions. New Eng J Med 1993; 328 (1): 35-43.

7.       Mahesh B, Caputo M, Angelini GD, Bryan A. treatment of an aortic fungal false aneurysm by composite stentless porcine/pericardial conduit: a case report. Cardiov Surg 2003; 11 (1): 93-5.

8.       Cabrol C, Pavie J, Gandjbakch I. Complete replacement of the ascending aorta with reimplantation of the coronary arteries: new surgical approach. J Thorac Cardiovasc Surg 1981; 81(6): 309-15.

9.       Marrero A, Camacho V, González N. Aneurisma de la aorta ascendente. Resultados quirúrgicos. Rev Cubana Cardiol Cir Cardiovasc 1993; 7(1): 41-7.

10.   Kaplan M, Yapici F, Erkan M, Sargin M, Demirtas M. Ascending  aortic dissection without intimal tear: a case report. Heart Surg  Fórum 2002; 5(4):39-41.

11.   Boettger PF. Hipotermia. En: Circulación extracorpórea en teoría y  práctica. Berlín: Pabst Science, 2003:232-42.  

Dr.C Héctor del Cueto Espinosa.        Independencia y Calle 6ta, Reparto Sueño, Santiago de Cuba


1  Especialista II Grado en  Cirugía General. Doctor en Ciencias Médicas.  Profesor Titular y Consultante
2  Especialista de I  Grado en Cirugía General. Profesor Asistente
3  Especialista de II  Grado en Anestesiología y Reanimación. Profesora Auxiliar
4  Especialista de I Grado en Cirugía  General y Residente de 3er. Año de Cirugía Cardiovascular

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO

Cueto Espinosa H del,  Castillo Martínez JM, Lamas Ávila AD, Torralbas Reverón F.  Supervivencia al tratamiento quirúrgico de los aneurismas de la aorta ascendente durante el período 1987-2004[artículo en línea]. MEDISAN 2005;9 (1). <http://bvs.sld.cu/revistas/san/vol9_1_05/san13105.htm> [consulta: fecha de acceso].   

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